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Full text of "Historia de la lengua y literatura castellana"

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http://www.archive.org/details/historiadelaleng12ceja 



HISTORIA DE LA LENGUA 



Literatura castellana 

COMPRENDIDOS LOS AUTORES HISPANO-AMERICANOS 

(ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA: 1888-1907.) 
(ÚLTIMA parte) 



POR 



D. JULIO CEJADOR Y FRAUCA 

CATEDRÁTICO DE LENGUA T LITERATURA LATINAS 
DB LA UNIVERSIDAD CENTRAL 



TOMO XIÍ 




lo-S ^' 



MADRID 

TIP. BS LA «REVISTA DE APCH. BIBL.Y MUSEOS 

0/ó^fl^a, i.~Te¡éfono S. 1.385. 



?Q 



AL GRAN NOVELISTA Y CRÍTICO ARGENTINO 

DON MANUEL GALVEZ 

COMO LIVIANO RECUERDO DEL MUCHO CARIÑO 
QUE LE TIENE SU AMIGO 

Julio Cejador. 



ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA 

(1888-1907) 

(fin) 

150. Año ipoi. José María Gabriel y Galán (1870- 
1905), tal vez el poeta popular lírico-épico más grande nacido en 
Castilla, trazó con estos breves rasgos la historia de su vida en 
carta escrita poco antes de fallecer á la condesa de Pardo Bazán : 
"Nací, de padres labradores, en Frades de la Sierra, pueblecillo 
de la provincia de Salamanca. Cursé en ésta y en Madrid la 
carrera de maestro de primera enseñanza. A los diez y siete 
años de edad obtuve, por oposición, la escuela de Guijuelo (Sa- 
lamanca), donde viví cuatro años, y después, por oposición tam- 
bién, la de Piedrahita (Avila), que regenté otros cuatro años. 
Contraje matrimonio con una joven extremeña; dimití el car- 
go que desempeñaba, porque mis aficiones todas estaban en el 
campo, y en él vivo, consagrado al cultivo de unas tierras y al 
cuidado y al cariño de mi gente : mi mujer y mis tres niños. 
Tengo treinta y cuatro años y a escribir coplas dedico el poco 
tiempo que puedo robar á mis tareas del campo. Comencé á 
escribir poesías para Juegos Florales, y me dieron la flor na- 
tural en los de Salamanca, Zaragoza y Béjar, y otros premios 
en Zaragoza, Murcia y Lugo. Y nada más, si es que todo ello 
es algo. Mis paisanos, los salamanquinos, y lo mismo los ex- 
tremeños, me quieren mucho, me mim.an. Yo también les quie- 
ro con toda mi alma, y con ella les hago coplas, que sa'ben, me- 
jor que yo, de memoria, porque las recitan en todas partes, y 
hasta las oigo cantar diariamente á los gañanes en la arada." 
Para que cantase un poeta como Gabriel y Galán era me- 
nester que la moda del clasicismo español de los siglos xvi 



2 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

y XVII pasase, que pasase el romanticismo del siglo xix y que 
no llegasen a la tierra donde había de nacer ninguno de esos 
sones franceses, parnasianos, naturalistas, simbolistas ni mo- 
dernistas. No se parece, pues, ni a fray Luis de León ni a Me- 
léndez Valdés; tiene una más honda sinceridad que ellos, por- 
que no mira, como eños, ni á Horacio ni á Anacreonte, sino 
al terruño y á su corazón de padre y de esposo, fuentes harto 
más puras que Anacreonte y Horacio, únicas fuentes de popu- 
lar y verdadera poesía. El huerto que por su mano tenía plan- 
tado fray Luis era, al cabo, huerto; Galán vive en la besanaj 
en la ancha Castilla. En el huerto de fray Luis soplaba un ce- 
firillo agradable de renacimiento, de remozado clasicismo, de 
fantasía mística y de recuerdo añejo, platónico; la besana 
de Galán oréanla los vientos castellanos, puros y limpios de 
todo viejo recuerdo, de toda fantasía mística, de todo extraño 
aroma. Gabriel y Galán es, pues, más español que los clásicos 
de todos los tiempos y que los románticos; es enteramente na- 
cional. Su realismo es el del Mío Cid y el de los viejos roman- 
ces; la profundidad y verdad de sentimientos es la de las co- 
plas populares españolas. En los tiempos primitivos, de incons- 
ciencia, no se da la lírica, sino la épica, y en los tiempos refle- 
xivos no se da la épica, sino la lírica. Pero la épica de Home- 
ro, ó de nuestras gestas y romances, encierra sentimientos lí- 
licos en lo más hondo de la narración; y la lírica moderna, si 
es española sobre todo, por el realismo de nuestro carácter, 
arrastra muchos elementos épicos. Homero no podía ser más 
que épico; Gabriel y Galán sólo pudo ser lírico. Mas el li- 
rismo español, á fuerza de ser realista y descriptivo, es lirismo 
épico. Por eso le he llamado poeta lírico-épico, como nuestras 
gestas y romances son épico-líricos. El aprendió, como dice, 
"de las guapas | tonas de mi tierra, [ continas y dulcís, | que 
paecen zumbíos de abeja" ; aprendió de Los pastores de mi 
abuelo, "buscando en sus sentires algo bello que decir", y todo 
lo que canta en aquella composición, donde declara su criterio 
estético enteramente popular, el mismo de aquellos campesinos 
"que la vida buena vieron y rimaron el vivir". Y mientras este 
poeta, alegre y sano, veía tan risueña la vida, andaban por 
Francia, lamentando sus decadentes desesperaciones, otros abu- 
rridos poetas. Y nuestra juventud se pasmaba ante ellos y los 



S. XX, I9OI. JOSÉ M.^ GABRIEL Y GALÁN 

imitaba, sin saber que dentro de la misma España, donde ellos 
decían que jamás se había dado verdadera poesía lírica, vivía 
y cantaba Gabriel y Galán. ¡ Tanto puede y ciega la moda ! Hay, 
sin embargo, en muchas composiciones de este poeta popular 
bastante elemento literario, que huele á erudición de maestro, 
y las pone más abajo de las que inspiró la familia y el campo 
puramente. Gabriel y Galán leyó mucho, y de sus lecturas se 
le pegaron no pocas cosas, que al punto se distinguen de la ins- 
piración popular. Pero pueden escogerse media docena de poe- 
sías que alcanzan la cima poética y sufren el cotejo^ con las 
mejores de los más excelsos vates. 

El Cristu henditu, El Embargo, Cara al cielo, entre las Ex- 
tremeñas; El Ama, Castellana, El poema del gañán, entre las 
Castellanas; Las Sementeras, Los Pastores de mi abuelo, El 
Himno al Trabajo, entre las Nuevas Castellanas, son las mejo- 
res poesías de Gabriel y Galán, y de ellas las regionales escri- 
tas en el dialecto extrempño, por saber más al terruño y ser 
más poptilares. 
» 

151. Nació el 28 de junio de 1870 y falleció en Guijo de Grana- 
dilla el 6 de enero de 1905. Su padre, Narciso Gabriel, labrador acomo- 
dado de lo más riquillo del pueblo; su madre, Bernarda Galán. En Pie- 
drahita es donde se formó, de los diez y seis á los diez y nueve años, en 
la escuela, que estaba en una dependencia del palacio del Duque de Alba. 
Carteábase en verso con su madre, mujer muy castellana, que le formó 
en sus primeros pasos poéticos, escribiencío en verso á sus dos hijos. Pu- 
blicó desde allí sus primeras composiciones en el periódico d^e Avila. Al- 
ma delicada entre los brutos de Piedraliita, que le llamaban hipócrita, que 
para ellos era lo que católico creyente y práctico. Premiáronle en Za- 
ragoza unos versos al amor en 1896 ó 97, y de aquí se lanzó á escribir 
El Ama, pensando en su madre y apoyado por el Obispo de Salamanca. 
La Montaraza representa á su mujer, Desideria García Gascón, con 
quien casó en Guijo de Granadilla (Cáceres) el año 1898, mujer tra- 
bajadora, honrada, cristiana, cariñosa y seria, sobrina de un su tío, cu- 
yos bienes se fué á administrar. En aquel idilio doméstico tuvo cuatro 
hijos de su esposa y dióse con más ardor á la poesía. Escribió El Cristu 
henditu al nacerle el hijo primero. Envió á El Lábaro la llamada Cas- 
tellana. Fué premiado en los Juegos Florales de Salamanca (1901) por 
El Ama, escrita á la muerte de su madure. El padre Cámara recogió 
(1902) ésta, con otras poesías, en un folleto. Publicó después Castellaa 
ñas, con prólogo de Villegas {Zeda), Extremeñas y Campesinas, mien- 
tras ganaba premios en Salamanca (1901), Zaragoza (1902), Lugo, 
Béjar (1903), Sevilla, Buenos Aires (1905). Publicó poesías en la Re-. 



4 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

vista de Extremadura. Una de sus aficiones fué la caza, y distinguióse 
como tirador. Cuando maestro, era á la vez amigo de sus discípulos. 
En su conversación mostrábase ameno, satírico, bonachón y chispeante. 
Leyó á Balmes, al padre Ceferino, fray Luis de León, Zorrilla, Núñez 
de Arce y Vicente Medina, con cuya Cansera le ocurrió escribir en jerga 
extremeña dialectal. Dejó al morir en Guijo tres criaturas. Su her- 
mano Luis conserva todas las cartas que le escribió y copia de cuanto 
compuso. Don José González Castro (Crotontilo), médico de Béjar, 
redactor de El Adelanto, de Salamanca, publicó una serie de cartas de 
Gabriel y Galán y posee una colección muy extensa. También guardan 
cartas la familia del señor Méndez Polo, que fué bibliotecario de la 
Universidad de Salamanca; su hermano dton Baldomcro Gabriel y Ga- 
lán (Ferraz, 1-3, Madrid), don Miguel de Unamuno, don José Sánchez 
Rojas (Alba de Tormes). Su discípulo don Mariano de Santiago Ci- 
vidlades ha publicado un Epistolario de G. y G., Madrid, 1918, y desea- 
ría continuarlo en otros tomos. Don Mariano de Santiago, su discípulo, 
en cartas al autor: "Don José María G. y Galán nació el año 1870 en 
Frades de la Sierra, particfo de Sequeros. Sus padres eran acomodadas 
labradores, de lo más riquillo del pueblo, teniendo dos hermanas casadas 
y tres hermanos, el mayor, Baldomcro, es abogado del Estado en Ma- 
drid, y el pequeño, Luis, fué siempre labrador; ya no está en Fradts; li 
hermana que vive ha sido desgraciada en su matrimonio con id medico 
del pueblo, del que se separó después de tener varios hijos.'Es-os disgus- 
tos hicieron gran mella en la vida del poeta, ya muy propenso a disgus- 
tarse por cualquier cosa, y en sus cartas también hace referencia á ello. 
A los doce años de edad vino á Salamanca y entró como dependiente en 
un comercio. Un día me contó que vendieron en el comercio una man- 
tilla y dijo uno de los dependientes : "Ya sacamos para el almuerzo", 
y su alma delicada le impidió seguir en esa profesión, creyéndola incom- 
patible con su honradez. Comenzó la carrera de maestro, que hizo con 
gran provecho; á los diez y siete años ganó la escuela de Guijuelo, y 
allí practicó por vez primera. Siempre fué la religiosidad lo distintiva 
de sus enseñanzas, pues su lema era educar el corazón antes que la 
inteligencia. El exceso de trabajo en estas oposiciones minó su salud, 
y estuvo muy delicado, padeciendo siempre fuertes dolores de cabeza, 
corno su madre, que fui muy guapa e inteligente, y también tenía afi- 
ciones poéticas. Su padre, á quien llamaban el montaraz, casi siempre 
vistió de calzón; era bajito y nervioso, bien relacionado con los políti- 
cos del partido, y con tanto amor propio, que al casarse Baldomcro 
con una señorita de Zamora, parece que la familia de ella, emparen- 
tada con la aristocracia, se sentía algo humillada con la boda, y al ele- 
gir reina de los Juegos Florales de Salamanca, dijo al poeta: '-Elige á 
tu cuñada." Y con el traje de reina la dijo: "No se te olvide que si 
eres reina es por un charro." Siendo maestro normal hizo oposicio- 
nes, y el primer lugar estaba indeciso entre el hoy sacerdote don 
Manuel Marín Rojo, maestro de Cantalapiedra, y él; el presidente del 
Tribunal hizo que el ejercicio oral durara doble que lo acostumbrado^ 




JOSÉ MARÍA GABRIEL Y GALÁN 



S. XX, I90I. JOSÉ M.^ GABRIEL Y GALÁN 5 

por oírle hablar, y esto decidió el triunfo. Para hablar, su mímica era 
expresiva, y su temperamento nervioso hacía matizar muy bien sus 
donaires y frases chispeantes. Imitaba muy bien á cualquiera, y como á 
los chicos los quería como amigos, llevábalos consigo de paseo y le que- 
ríamos más que á la familia, influyendo mucho sobre nuestra manera 
de ser. Tendría veintitrés años cuando fué á Piedrahita; allí vivió con 
patrona, quedándose siempre hasta altas horas de la noche leyendo; 
leía la Biblia, á Balmes y los clásicos. Zorrilla era su poeta predilecto, 
y Núñez de Arce. Cuando publicó versos. La Cansera, de don Vicente 
Medina, le gustó tanto, que me dijo: "Daría mis composiciones por 
esa sola." En Madrid me dijo después que él valía más que Medina, 
y no le gustaba al decirle que él le había imitado. Había conocido una 
chica extremeña en un viaje que hicieron á Castillos sus tíos, y ésta De- 
sideria García, fué su mujer, de Granadilla, que era sobrina de la mu- 
jer de su tío, á quienes han heredado los hijos del poeta. De seis á siete 
años estuvo en Piedrahita, y un curso después de casado se marchó 
con sus tíos al Guijo de Granadilla, como administrador de los tíos de 
ambos," Epistolario : "Perduran las impresiones cuando el espíritu que 
las recibe está puro, cuando es ingenuo y fresco... En ese mismo Ma- 
drid, por ejemplo, tan magnífico y brillante, me ha sido siempre imposi- 
ble sentir una emoción pura, de las que quedan. Nos pagamos con la mis- 
ma moneda, que es brillante, pero es falsa. Me muestra él sus gran- 
dezas inmensas y yo se las contemplo con inmensas admiraciones... de 
la propia clase que sus grandezas. Así se explica que en medio de Ma- 
drid recuerde con ansia el pueblo y no me acuerde de Madrid en la 
tremenda monotonía del lugar. No son estas cosas cosas de tempera- 
mento, sino más bien estados de alma^' (pág. 72). "Unos hombres muy 
brutos, disfrazados de personas durante el resto del año, se pusieron 
esos días (de Carnaval) trajes muy en armonía con sus respectivas in- 
clinaciones." "Me río ahora mismo al pensar que á lo mejor me estaba 
hablando el vaquero de un choto que se ha quedado pellejnino y na 
relamhio, ó el porquero me hablaba de algún garrapo zamarrio y arreco- 
gío, mientras yo hacía tres oficios á un mismo tiempo : oír al que habla- 
ba, mirar al choto ó al cerdo y componer y escribir en la cartera una re- 
dondilla. Y claro, así saldría ello. Pero así se lo envié" (pág. 126). 
"De teatro, nada; ni pienso en ello, por falta de tiempo y de humor 
para meterme en ese género de aventuras que, por otra parte, no se 
han hecho para mí. No cifro mis aspiraciones, como crees, en que se 
me conozca en Madrid. Tiro á otro blanco" (pág. 161). "Si algún día 
oyera usted que en el teatro se decía o se cantaba algo mío, puede ase- 
gurar dos cosas: que yo había perdido algo muy bueno y que el arte 
no había ganado absolutamente nada. Mucho me place hacer coplas; 
pero no son de ese género las que yo hago con el alma. Y bien sabe que 
no podrá hacer cosa buena el que no pone algo del alma en esas cosas" 
(pág. 219). "¡Escribir yo una novela! Menester será decirle á usted 
quién soy yo, literariamente, para que no vuelva usted á darme sustos 
como ése. Nada, no; no soy ningún... (iba á decir Unamuno)" (página 



6 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

221). Fernando Iscar Peyra, Vestigios, pág. 12: "El Ama es la cumbre 
de la obra poética de Galán, "escrita de un tirón" (según confesaba el 
mismo) ; influido por la muerte de su madre, llegó al Jurado de los 
Juegos Florales que se preparaban en Salamanca, y era de tal fuerza 
y de tan extraordinario valor, que á los pocos dias, mucho antes de 
celebrarse la fiesta del certamen, estaban propagados entre la gente 
de la ciudad los magistrales versos del poema, que se recitaban con 
gozoso asombro. Memorable fecha la de aquellos Juegos Florales, ett 
que, por si no bastara para señalarla en el recuerdo de todos la reve- 
lación de tan excelso poeta, aún tuvimos, para que fueran colmados 
los más ambiciosos anhelos, el discurso de Joaquín Costa, donde el por- 
tentoso talento dijo con voz de emoción, temblona y llorosa, sus deses- 
peranzas y temores en palabras (i que ojalá no sean proféticas !) sobre 
el negro destino de la Patria. Galán es único en la lírica española, y 
no se le encontrarán parentescos ni filiaciones, por mucho que se es- 
fuercen en hallar vínculos y descubrir influencias los tenaces investi- 
gadores de estirpes y linajes. Los poetas con quienes se le pretende 
emparejar cantaron el campo más por hastío y queja de la ciudad que 
por apasionado amor á la naturaleza. Versos de convalecientes, en los 
que parecen verter su agradecimiento al tónico consuelo de la campiña 
que suaviza el dolor del alma y alivia el padecer del cuerpo; A^ersos de 
descanso, alto en la lucha, remanso de quietud!, tregua en la pelea, 
cuando el ánimo caído y tronchado por el vendaval de la batalla se 
adormece y se entumece en el "nirvana" con las brisas que son calma 
y paz y sosiego interior. Versos remilgados y pulidos de égloga, con 
zagales rubios y corderos de Belén, con paisajes candidos y figurillas 
ingenuas; versos d^e blandujería y artificio, sin olor de heno, perfuma- 
dos con femeninas esencias; versos de turismo ó de jira campestre, 
de filosofías librescas injertadas en los árboles, colocadas al margen de 
los senderos ó sembradas por la sabiduría de los poetas cultos, que lleva- 
ron á los campos libres la impresión literaria de los párrafos, donde la 
naturaleza disecada está entre las palabras, como una flor marchita en- 
tre las páginas de un libro. Ni el maestro fray Luis, que fué hombre 
muy de ciudad, según me han enseñado los libros claustrales de aquella 
Universidad salmantina, favorecida por su brío y sus pasiones ; ni fray 
Luis, que por ser muy generoso de sus ímpetus en las polémicas de la es- 
cuela sintió crecer con bello egoísmo su alma en las soledades de la Fle- 
cha ; ni mucho menos Meléndez Valdés, en el que la ilustre Condesa de 
Pardo Bazán ha creído ver un ascendiente de nuestro poeta, están en el 
plano de José María Galán, porque fueron muy otros los rumbos de su 
inspiración. Galán es Castilla, y de él se puede decir con el romancero 
que la tierra llana se va ensanchando delante de su lira, que todo lo abar- 
ca. En él, el amor es fecundidad, hacer y criar hijos, sembrar cosecha, 
para que rebosen los graneros y paneras; amor creador, varonil, po- 
tente, que le lleva a veces hasta los bordes del realismo más atrevido 
— sobre todo en sus admirables trabajos en prosa — , sin que pueda re- 
frenar su vehemencia y sin que quiera buscar hipócritas tapujos y ho- 



S. XX, I90I. JOSÉ M.^ GABRIEL Y GALÁN 7 

jas de viña para cubrir la bella honestidad del desnudo. Las poesías 
extremeñas de Gabriel y Galán tienen menos paisaje, pero más emo- 
ción que muchas de las castellanas. Ese lenguaje que llamó Maragall 
"desarrapado", temado al oído con todas sus corrupciones y destem- 
planzas, es lenguaje que parece hecho para expresar dolores y angus- 
tias del pueblo aldeano, porque su música arrastrada, gutural, áspera, 
honda, como si fuera el hervor del alma, que en torpe y primitiva ex- 
presión se traduce y expansiona, suena en los trances dramáticos como 
aullido ó lamento de fiera castigada y sabe en los episodios entrañables 
á bondad de gentes infantiles para quienes la suerte de sus hijos y de sus 
ganacíos — todo revuelto — , la muerte de la compañera ó la desdicha de 
los negocios, les daña el corazón, produciendo esos ayes de trágica so- 
briedad ó esas ingenuas cavilaciones con que los espíritus rudos mues- 
tran la viveza y malicia más ó menos despierta de su instinto." Mar- 
tín D. Berrueta (El Lábaro^ núm. extraord.) : "Galán ha amontonado 
tesoro de palabras para la poesía, ha traído al sabor y deleite expre- 
siones y términos no manoseados, de vigoroso sentido, cargados de 
dulzura... El realismo de Galán es espiritualista, y es realismo verda- 
dero : ha logrado decir con palabras lo que Dios ha criado para recreo 
del alma, embeleso del sentimiento y bendición de su Providencia. Es- 
cribía Galán en el campo, á la vista de sus encantos, presenciando las 
magníficas escenas de la vida campesina, pacífica y amable. Se han re- 
cogido todos sus cuadernos^ los que él llevaba al campo y llenaba de 
sus hermosas canciones mientras presidía desde el repecho la semen- 
tera y encauzaba las labores de sus cuidados y fatigas. En el campo 
lo escribió todo, y salían aquellas estrofas esculturales de una tirada, 
sin enmienda. Cuando volvía á casa, en el austero cuarto de su escri- 
torio ponía en limpio las cuartillas y contestaba á sus amigos y admi- 
radores... En esos cuadernos quedan inéditas muchas composiciones: 
ensa3'os también de mayores empresas, pues no eran poco insistentes 
los ruegos de amigos y literatos ilustres para que Galán dedicase su 
inspiración á la leyenda y al teatro. Se ha encontrado el plan y varios 
fragmentos de un poema titulado Ana María, pintura de los campos 
castellanos y del alma de sus moradores, dividido en cuatro cantos, con 
el título de las cuatro estaciones, y los comienzos también de otro poema 
titulado El Avio. Un libro de poesías, preparado ya para la imprenta, 
compuesto, entre otras, de las siguientes, inéditas: Las Repúblicas, Los 
Sedientos, Treno, El Barbecho, Noche fecunda, / Trisca, vaquerillo !, Las 
Sementeras, La Barada de los tres, ¿Qué tendrá?, y algunas más; Can- 
to al trabajo y A la montaña, premiados en Buenos Aires, y Las Se- 
quías, El Cantar de la chicharra y otras ya publicadas en revistas y 
periódicos. Como prosista esmeradísimo también ha de ser conside- 
rado Galán: el difícil estilo epistolar fué fácil y llano para nuestro 
poeta, y varios son los afortunados que guardan coleccionadas las car- 
tas de Galán, y algunas han sido publicadas en estos días de su muerte. 
Escribió en prosa bellísimas historietas; en la Revista de Extrema- 
dura he leído Quijotada, Majada blanca, El Vaquerillo y otras, y en 



8 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I9O7) 

El Adelanto publicó la sabrosísima del Tío Gorio. Lo último que com- 
puso parece averiguado fué la Canción, que ha corrido por toda la 
Prensa." Juan Marr.gall, pról. á Extremeñas; "Lector: He aquí un li- 
bro de poesía. Y no sería menester más prólogo que estas seis palabras, 
si los que solemos llamarnos poetas ó críticos no profanáramos cien ve- 
ces al día el santo nombre de Poesía y no te hubiéramos hecho perder 
con ello el sentido de esta palabra tan grande. Te ofrecemos á cada 
paso el juego de unas cuantas palabras muertas, arregladas con arti- 
ficio de embalsamadores de cadáveres en un determinado ritmo de so- 
noridad exterior, y te decimos: Ahí tienes poesía. ¡Mentira!... Tú 
lees ú oyes recitar juegos de palabras que halagan más ó menos tu 
sentido musical y hasta á veces tu sentido ideal ; este superficial halago 
te entretiene un rato y, si no dura demasiad!o, te hace prorrumpir en 
exclamaciones de aplauso. Pero en seguida que ha cesado la cantilena, 
sientes como una liberación, te parece que has recobrado la libertad de 
tu vida, y vuelves á tus pensamientos, al hilo de tus preocupaciones, á 
tus quehaceres ordinarios, sin que aquella cantilena haya dejado en 
ellos ni en ti mismo otro rastro que el de un vago entretenimiento ó 
gusto de los sentidos; como si hubieras jugado á un juego ameno ó 
hubieras tomado un helado... Todo el libro es así, vivo; todo él escrito 
en ese lenguaje desarrapado, es decir, vivo; escrito en dialecto, como La 
Ilíada y la Divina Comedia; porque no son las lenguas las que hacen las 
obras, sino las obras las que hacen las lenguas. Y la poesía grande, la 
viva, la única, gusta mucho de brotar en dialectos... ; dialecto es la cons- 
tante germinación de las lenguas en boca del pueblo, que es, como si 
dijéramos, la madre tierra de las palabras: todas salen de ella y todas 
vuelven á ella; allí nacen, allí mueren, allí se transforman, se modu- 
lan, se combinan y renacen, y se mueven, en fin, en toda la libertad de 
su naturaleza. El pueblo siempre habla en dialecto, es decir, en liber- 
tad, en perpetuo movimiento; y cuando una lengua quiere definirse en 
una fijeza de perfección y desecha la compenetración con sus dialec- 
tos, con el pueblo, aquella lengua muere momificada en su perfección. 
Pues bien, la poesía no es otra cosa que la palabra viva, la palabra 
palpitando todavía el misterioso ritmo de su origen divino en la boca 
del pueblo, que es su madre tierra. ¿Qué irá á buscar el poeta en las 
hojas de herbario de un Diccionario de Academia? ¿Flores secas bien 
clasificadas? No; el poeta va á la vivacidad de los campos, á la boca 
del pueblo, á su dialecto, rural ó ciudadano, porque la vivacidad de éste 
es la condición de la verdadera poesía, de la palabra palpitante de sen- 
tido... La pasión humana, sincera y viva, él la sentía brotar en el am- 
biente popular que respiraba, en esa lengua extremeña de las gentes 
sencillas que le rodeaban, de cuya vida él participaba con amor, que es 
el alma de la expresión humana ; de esas gentes para las que él era un 
padre, que le contaban sus cuitas, que le sometían sus conflictos, que 
le pedían coplas para sus cantares, que le adoraban en vida, y que 
después de su muerte vigilaron la tumba por temor á que les arreba- 
taran su cadáver para darle otra sepultura de más gloriosa apariencia. 



S. XX, I9OI. JOSÉ M.^ GABRIEL Y GALÁN 9 

Estas buenas gentes presintieron bien que aquel hombre era suyo aun 
después de muerto, que era su verbo, la voz de su alma extremeña." 
Miguel Unamuno, Pról. á El Poema de la tierra, de C. Rodríguez Pi- 
nilla: "Quisieron hacer creer á los ingenuos y los incautos que Galán 
era una especie de flor bravia silvestre, casi sin cultivo y que sintió y 
vio el campo en sentimiento y visión inmediatos y como si él lo hubiese 
estéticamente descubierto. Nada más lejos d'e la verdad. Galán, que fué 
maestro de escuela y estudiante de magisterio, leyó mucho, mucho 
más de lo que quieren hacernos creer esos sus inconsiderados incensa- 
dores, y su sentimiento del campo tiene, afortunadamente para él y 
para su obra, mucho de culto, de cultural, de literario. La literatur" 
nuestra clásica literatura, fray Luis sobre todo, y no pocos poetas con- 
temporáneos, ya españoles, ya extranjeros, le enseñaron á ver y á sentir 
el campo." Pardo Bazán, Pról. á. Nuev. Castellanas: "Este poeta tan es- 
pañol, pero tan del terruño, Gabriel y Galán, consiguió lo que no han lo- 
grado otros de tronido y campanillas, qne han sido ministros, grandes 
cruces y académicos de todas las Academias, pero á quienes al morir no 
les llora más que su familia..., pertenece al número de los que encarnan 
el país en que nacieron. Lo encarna, lo representa, no porque sean 
tema de su poesía las costumbres, las descripciones del paisaje, la vida 
exterior castellana, en suma, sino por algo más entrañable, más del es- 
píritu, por la esencia tradicional, penetrante como un perfume antiguo, 
que emana de sus versos. Lo tradicional es lo íntimo de un pueblo, lo 
que un observador y sentidor delicado aprecia, desdeñando tal vez lo 
pintoresco, el color local, elemento secundario... No es menos curioso 
relacionar la impresión directa del campo en el maestro León, en Me- 
léndez Valdés, en Gabriel y Galán. El aristocrático, el estético, el ar- 
tista, es el Maestro; el razonador, y, por consiguiente, el prosaico, Me- 
léndez ; pero el espontáneo, el que trasciende á terrón removido, el ver- 
dadero campesino, es el poeta charro." Conrado Muíños, Gabriel y 
Calan, 1905 (en Ciudad de Dios, LXVT : En 1901 fué cuando) "salió 
una voz robusta y vibrante que entonaba un canto antiguo y nuevo, 
conocido y desusado... y cuando se abominaba de la meseta central 
en que se elaboró nuestra Historia, se levantaba á vindicarla brioso 
hasta en aquello que ya se tenía por inconcuso: su absoluta, su irre- 
mediable falta de toda belleza y de toda poesía". 

Gabriel y Galán: Cuentos, 1901 (en Rev. de Extremadura). El 
Cristu hcnditu, 1902 (en Esp. Mod., mayo). Poesías, Salamanca, 1902. 
Extremeñas, ibid., 1902, 1905 (3.' ed.). En fahla del lugarejo, 1903 (en 
Esp. Mod., marzo). Campesinas, Salamanca, 1904, 1906 (3." ed.). Can- 
ción, 1905 (en Esp. Mod., febr.). Nuevas Castellanas, Salamanca, 1905. 
Religiosas, ibid., 1906. Obras completas, Madrid-Sevilla, 1909, 2 vols. ; 
Madrid, 1912, 1917. Epistolario de G. y G., por Mariano de Santiago, 
Madrid, 1918. Cartas y poesías inéd., ed. Castro Blanco Cabeza, Ma- 
drid, 1919. Consúltense : E. Pardo Bazán, Retratos y apuntes literarios 
{Obras compl., t. XXXII, págs. 82-116). Conrado Muíños, G. y Galán, 
en La Ciudad de Dios, LXVI, págs, 177-187, 265-279, 400-408, 485-494, 



10 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

574-583. B. Rodríguez, Memorias sobre J. M, G. y G., París, 1913 (en 
Revite Celtique). J. Sánchez Rojas, Elogio de G. y G., 1913 (en Nues- 
tro Tiempo). Las Dos joyas de G. G., 1905 (en Ciudad de Dios, LXVI, 
210-220). Hipólito González Rebollar, El Poeta de Castilla, á la me- 
moria del malogrado don J. G. y G., Salamanca, 1905. E. Pardo Bazán, 
Discurso, Salamanca, 1905. Ángel Guerra, G. y G., 1905 (en Nuestro 
Tiempo (V. 336-345). El Lábaro, número extraord.. Salamanca, 20 en. 
1905. Francisco Moran, Por Gabriel y Galán, conf., 1905. Alberto y 
Arturo García Carrafa, G. y G., Madrid, 1918. Juan Neira Cancela, 
Confer. á la memor. del poeta J. M. G. y G., IMadrid, 1905. Padre Luis 
Herrera, G. y G., 1910 (en Razón y Fe). En Plasencia (1913) fueron 
premiados dos trabajos en certamen literario, uno de La Fuente, otro 
de Santiago Cividad'es. F. García, Gabriel y Galán, 1918-19 (en Ciudad 
de Dios). 



152. Año igoi. Juan Ramón Jiménez (n. 1881-), de Mo- 
guer (Huelva), uno de los fundadores de Helios (1903), cola- 
borador de Electra (1901) y de otras revistas, es el poeta más 
modernista de España y el miejor en España de los poetas mo- 
dernistas ; es una clara prueba de lo descaminado de aquella es- 
cuela decadente y fué en la primera mitad de su vida literaria 
triste y dolorosa víctima de ella. Por propio temperamento es poe- 
ta sencillo y sentimental, quiere decir becqueriano. Enamorado 
de la infantil poesía se halló al nacer. En las flores becqueria- 
ñas libaba con ansia, cuando los brillantes destellos del moder- 
nismo le arrastraron, deslumbrado cual inexperta mariposa. 
Al desaparecer aquellas artificiosas fosforescencias, que dura- 
ron lo que la breve fulguración del rayo, volvió á sii propio 
ser. Echó de sobre los hombros de su Musa la deslumbrante 
vestimenta, cargada de falsa pedrería, y cayó de rodillas, es- 
pantado de la no vista antes hermosura que ofrecía su natural 
desnudez. El mismo nos lo ha dicho galanamente : 

"Vino, primero^ pura, 
vestida de inocencia; 
y la amé como un niño. 
Luego se fué vistiendo 
de no sé qué ropajes; 
y la fui ocíiando, sin saberlo. 
Llegó a ser una reina^ 
fastuosa de tesoros... 
¡Qué iracundia de hiél y sin sentido! 



S. XX, I90I. JUAN RAMOX JIMÉNEZ !!■ 

...Mas se fué desnudando, 
y yo le sonreía. 

Se quedó con la túnica 
de su inocencia antigua. 
Creí de nuevo en ella. 

Y se quitó la túnica, 
y apareció desnuda toda... 
¡ Oh pasión de mi vida, poesía 
desnuda, mía para siempre !" 

Encarémonos con el poeta modernista que fué. De sensi- 
bilidad delicada y hasta enfermiza, de vaga visión, conforme á 
los cánones de la escuela, bordó con palabras bonitas y epíte- 
tos de color y de olor un tisú, visto á tan poca luz que no se 
distinguen bien los dibujos, notándose tan sólo el chispear de 
luces y el rasguear de líneas, alguna linda frase, algún verso 
halagador, sonando luego otros no tan bien sonantes versos y 
otras harto descosidas frases. Sensaciones vagas del campo, de 
las estaciones, del amanecer, del caer de la tarde. Crepuscular- 
y otoñal poeta, juega mucho de los colores, acopla sensaciones 
y epítetos que no casan bien, menudea algunas palabras que- 
evocan cosas ricas ó delicadas, oro, rosas, lirios, color malva, 
y las mezcla en todas partes, con lo que las varias impresiónen- 
se confunden y son tan generales que no dejan mella en el re- 
cuerdo. Tiene metáforas atrevidas, gongorinas; epítetos im- 
propios y enigmáticos. Algunos versos suenan á desvencijados. 
Hay que poner á veces muchísima atención y fatigarse para 
entender y á veces no se alcanza la idea del poeta. En suma, 
insinuar, como los modernistas decían, con vaguedad y oscu- 
ridad y hasta con indescifrable logogrifo. Y, sin embargo, 
entre el desgrane de lindas palabras y las irisaciones de un de- 
cir calidoscópico' casi sin ideas, trasparentase algo de sensa- 
ción delicada y finamente poética, que pregona ser verdadero 
poeta el que nos habla. Tiene visiones deliciosas y sentimien- 
tos sutiles. "El campo duen-ne, temblando | en su celeste tris- 
teza." ¿Qué significa aquí celeste? ¿Y qué en "Hay una ti- 
bia pradera | celeste, de luna pálida"? "Y en un remanso hay 
un sapo I extático y mudo, que ama, 1 tristemente, desde le- 
jos I á no sé qué estrella blanca." Pase que el poeta sepa que 
ese sapo ama á una estrella blanca, y no á su sapa ; pero siendo 
de noche y estando mudo, ¿cómo ve que hay en el remanso taK 



I a ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

sapo y que está extático? Los antiguos dirían que eso es una 
tontería, y... lo imismo decimios los niiodernos. "Y el cielo es 
violeta y triste, | un cielo de abril, un bello cielo violeta." 
¿No hay impropiedad en que el cielo sea triste, violeta y de 
abril, bello á la vez ? Abril y triste no casan bien. " Sueñan y la- 
ten los pájaros." El latir es del perro ó del pulso; de los pá- 
jaros no se entiende. "Cuando mayo | pone al alma de los ár- 
boles I un oro tibio y romántico." ¿Qué alma será ésa y qué 
oro ese romántico? "Fragancia cruda y mojada" : este juntar 
cosas que nada tienen que ver se llama en romance disparatar. 
¿Qué es una fragancia cruda F ¿Qué una fragancia mojada? 
"El mundo es un confín | con tres verdores vagos y una rosa 
de seda." Diríase acertijo por descifrar, ¿Qué significa "el 
sol en flor", "la brisa azul", "color de elegía", "jardín de oro, 
espectral, amarillo", "lívida soledad", "húmeda calma", "ver- 
dor con ritmo", "paz doliente y de míúsica", "perfume do- 
liente", "auroras de poniente", "sur de nieve", "perfume de 
distancia", "cristalinas flores", "nostálgica azucena", "sueño 
de plata", "áurea fragancia"? O son adivinanzas ó cubileteo 
de epítetos que pasan de una mano á otra y se arriman al azar 
á los nombres. Y con todo eso este poeta hizo en su primera 
época algunas composiciones, en las que se olvidó del moder- 
nismo y se acordó de lo popular. ¡ Ay !, entonces venios al 
poeta : 

"Ya estaba la noche azul > 

sobre los campos de trigo... 
i qué olor más bueno traía 
la noche por los caminos ! 

Andábamos monte arriba, 
bañados de luna... Tú 
me diste, Blanca, ¿te acuerdas? 
un ramo de almoraduj." 

Increíble parece sea el mismo poeta el que compuso "A mi 
mejor amigo", que puede verse en la página 136 de la magní- 
fica edición de sus Poesías escogidas (1917), y que yo no he lle- 
gado á descifrar por más que me he puesto á discurrir. Pasó 
la época y la racha modernista; hízose el poeta más traspa- 
rente cada vez, jugueteó menos con palabritas, ahondó en las 
ideas, allegóse en tono y metros no pocas veces á la poesía po- 




JUAN RAMÓN JIMÉNEZ 



S. XX, I90I. JUAN RAMÓN JIMÉNEZ 1 3 

pular y fué poeta sencillo, hondamiente sentido y humanO', sin 
dejar de ser imlpresionista y delicado; bien que siempre exqui- 
sito, aristocrático y con alguna vaguedad. Si no fuera por es- 
tas huellas que del modernismo le quedaron, ó que con él re- 
nacieron, tendriamos en él á uno de los continuadores de Béc- 
quer, en lo sencillo y sentimental. Que á esto han vuelto tras 
el modernismo todos los verdaderos poetas. Realmente, para 
volver á lo becqueriano, que era su propia manera, no había 
para qué haberse andado varios años tras los mlodemistas y 
decadendistas franceses, cantando lindamente vaciedades y lo- 
gomaquias. Aiños miserablemente perdidos para el arte. Véase 
esta sencilla y admirable composición (pág. 305) : 

"Limpio iré a tí, 
como la piedra del arroyo, 
lavacío en el torrente de mi llanto. 
Espérame tú, limpia 
cual una estrella tras la lluvia 
— la lluvia de tus lágrimas — ." 

"De lo íntimo que, aparte de los verso?, puede interesane. 
— >me escribía el autor hará dos años — , no le diré más sino que 
toda mi vida marcha hacia lo que considero la belleza y la 
verdad, sin trabas que dependan de mí. Todo lo resuelvo con 
estas tres normas: Amor, Belleza y Verdad." Así es. Tal fué 
siempre Ramón Jiménez como verdadero poeta. Sino que du- 
rante unos años le deslumhró el decadentismo modernista, cual 
si fuese la Belleza y la Verdad, influyendo acaso algunos des- 
arreglos fisiológicos disculpables. Aquello pasó ; ahora bien pue- 
de decir: 

"i Oh pasión de mi vida, poesía 
desnuda, mía para siempre." 

Platero y yo, libro' en prosa de candorosa é infantil naturali- 
dad, veteada de fino y elegante humorismo, es una de sus me- 
jores obras. Ramón Jiménez, repitamos, el poeta más moder- 
nista de España y el mejor en España de los poetas modernis- 
tas, es una clara prueba de lo descaminado de aquella escuela- 
decadente y fué en la primera mitad de su vida literaria triste- 
y dolorosa víctima de ella. 



14 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

153. Arturo Marasso Rocca, en Nosotros, febr., 1916: "Jiménez, 
.autor de algunas preciosas composiciones en medio de una floresta 
.artificiosa de amoríos irreales y rimados." Cansinos Assens, Los Her- 
tnes, 1916, pág. 155: "De los" moradores en la torre de marfil, este 
fino y doliente Juan Ramón, cantor de las ninfas sutiles, es acaso el 
más puro..., su aposento es el más alto y recóndito... y los jardines 
en que su leve sombra vaga no son visitados sino de la luna..., perma- 
nece siempre retraído y lejano y solo..., no ama sino á la dulce luna: 
y de las mujeres, nada, sino la sombra tenue... Las virtudes esenciales 
del nuevo poeta : el amor ingénito á la sencillez, tanto en el fondo como 
en la forma..., la melancolía noble y casta, el sentimiento de la égloga 
y de la pastoral... Este horror al profano ruido le hizo recluir su es- 
píritu en la torre de marfil; y su cuerpo, en que su alma está enferma 
de un mal de selección, en blancos y quietos sanatorios... Su rareza 
está toda en el espíritu... Vamos á verle... á aquel Sanatorio del Rosa- 
rio... J. R. es quieto y frío como una sombra, impasible hasta cuando 
nos muestra el retrato de Verlaine. Y pulcro como un mármol- Lleva 
ya la barbilla faunesca, á lo Rubén; viste de oscuro, con la elegancia 
de un dandy y es como un Musset juvenil, pálido y fino... Todo es 
pulcro en él y á su alrededor. Todo, hasta las cuartillas que nos mues- 
tra, de un noble papel rígido, en que él escribe sus versos con una fina 
letra vertical..., la firma, con una simple raya por toda rúbrica... J. R. 
está poseído por el anhelo de lo sutil, de lo exquisito, de lo raro. Este 
anhelo será el que determine sus mayores extravagancias líricas, que 
vendrán después de Rimas y de Arias tristes y de Jardines lejanos en 
aquellas primavclerías con que saluda á Rubén, duque de melancolía, y 
en aquellos libros publicados descíe la provincia. Hojas verdes. Ele- 
gías lamentables (1908), Baladas de primavera (1910), y este anhxlo 
es el que determina ya en Rimas, libro sencillo y claro, la aspiración á 
dar sensaciones cromáticas tenuísimas y á reproducir diluidos matices 
celestes de ocasos y nocturnos. Este anhelo suyo de lo exquisito, que re- 
fina en un tono más menor, aprendido acaso de Samain y Guerin y 
Verlaine; la voz algo bronca que trajo del Mediodía y cubre de una 
niebla del Norte sus luces de sol, le hace amar... los tenues colores y 
el lunático silencio del otoño, la serenidad y limpidez de los ponientes 
y esa vaguedad septentrional que tienen sus paisajes, apenas florecidos 
de nacientes violetas... J. R. ha sido el poeta del otoño... De 1900 á 
1908, Rimas (¡oh, el recuerdo de Bécquer!), Arias tristes. Jardines 
lejanos, son los libros en que se explaya con profusión y acaso con mo- 
notonía, esa ternura melancólica del poeta... En el fondo, toda esta 
ternura sin objeto preciso, este místico retraimiento, este miedo del mun- 
do y de la vida, esta aprensión de la muerte, tocio esto por lo cual J. R. es 
considerado como un ultradecadente. . . no es sino una crisis de la puber- 
tad, la congoja con que un corazón joven, delicado y sutil, aguarda la 
llegada, fatalmente segura, de la mujer... En Arias tristes ya la esperadla 
ha hecho su aparición. Hacia 908 J. R. retorna á la provincia, y desde 
;allí publica Las Hojas verdes. Elegías intern%edias, Elegías puras, etc. 



S. XX. 190 1. CASILDA DE ANTÓN DEL OLMET 1 5 

La visión de la aldea... Baladas de primavera, lleno de ingeniosidades 
aldeanas..., se hace aquí aún más sencillo..., se hace también más con- 
ceptuoso y alambicado. En los libros de esta época es donde está lo ver- 
daderamente raro de J. R., las expresiones ultragongorinas, las visio- 
nes estrábicas... Pero de esta época es también Melancolía (1912), 
■donde está esa admirable sinfonía En tren, en que el poeta, por la pri- 
mera vez, se encara resueltamente con la realidad... Y... ese humo- 
rismo fino y afectuoso... en que, en Platero y yo, cuaja aquella sonrisa 
irónica..., ese humorismo benévolo de los místicos al referirse al cuer- 
po, al asnillo..." Obras de J. R. Jiménez: verso: Almas de violeta^ 
1900. Ninfeas, 1900. Penumbra, 1901. Rimas de sombra, J902. Arias 
tristes, 1903. Jardines lejanos, 1904. Pastorales, 1905. Olvidanzas, 1907. 
Elegías, 1908. La Soledad sonora, 1908. Poemas mágicos y dolientes, 
1909. Arte menor, 1909. Laberinto, 1911. Poemas agrestes, 191 1. Me- 
lancolía, 191 1. Poemas impersonales, 191 1. Libros de amor, igi2. El 
Dolor solitario, 1912. Domingos, 1912. El Silencio de oro, 1912. La 
Frente pensativa, igi2- Bonanza, 1912. Pureza, 1912. Unidad, 1913. 
Estío (1915), 1917. Sonetos espirituales (1914-15), 1917. Poesías esco- 
gidas (1899-1917), Madrid, 1917 (600 ejempl.). Eternidades, 1918. Um- 
brales, 1918. Piedra y cielo, 1919. Prosa: P'ulabras románticas, 1906. 
Comentario sentimental, 1908. Ideas líricas, 1908. Paisajes líricos, 1908. 
Recuerdos, 1911. Insomnio, 1912. Pensamientos, 1912. Odas libres, 1913. 
Platero y yo, elegía, andaluza, 1914, 1417. Los Ojos abiertos, 1916. Dia- 
rio de un poeta recién casado (1916), 1917. Verso y prosa: Baladas de 
primavera, 1907. Baladas para después, 1908. Diálogos, 191 1. Esto, 191 1. 

154. Año igoi. Sixto Celorrio y Guillen (n. 1870-), 
de Calatayud, abogado y diputado en Zaragoza, gobernador de 
Granada, es tenido por el prim-er coplero aragonés gracias al 
ingenio y sabor baturro de sus cantares, ó cantas, verdaderas 
cantas, de las que llegan al pueblo y, olvidado el autor, corren 
á poco como populares y anónimas. De pocas ternezas en la 
expresión amorosa, como suelen ser las que en Aragón se can- 
tan; pero, como ellas, de honda y sincera verdad, con sus pun- 
tas de socarronería, tan inocentona, al parecer, como fina é 
ingeniosa. 

José Ortiz de Pinedo (n. 1881-), de Jaén, colaborador 
de la Rev. de Arte y át A B C (1903), etc., prosista natural, cas- 
tizo y ameno, siempre agradable y que retrata la realidad bien 
condensada; poeta bien sentido. 

Casilda de Antón del Olmet (n. 1871-), sevillana, hija 
de don Fernando de Antón del Olmet y hemiana de los dos 
escritores de este apellido, mujer varonil y desengañadamente 



l6 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

serena, pero que encubre hondos sentires en su alma, estrena 
En conciencia, comedia, 1901, y publicó Cancionero de mi tie- 
rra, Madrid, 191 7. Son del tono popular en lo escueto, natu- 
ral y sobrio de la fomia, en lo sentido del fondo y hasta en la 
sencillez del ritmo, que á veces di j érase poco apretado, suelto 
al desgaire, todo lo cual enaltece sobremanera á la poetisa po- 
pular. La mayor parte de ellos son dolientes y desengañados^ 
como los del pueblo andaluz, y á veces atina por tan acabada 
manera, que parecen cantares realmente populares. 

José de Maturana (f 191 7), argentino, mediano sainete- 
ro, pero poeta hrico que ganó mucho con su viaje á España, 
como se ve en Naranjos en flor, en La Canción del molino,. 
melancólico recuerdo del pasado castellano, y otras poesías. 

155. Eusebio Blasco: "Lo que más me ha chocao á mí es lo bien 
que hace usté las canciones pa cántalas á la guitarra. En eso, que no 
se cansen ni se den tozoladas los otros, que paice que ha nacido usté 
cantando. ¡ Rediez, qué cancioncicas ! ¡ Si me se figura que hi vuelto 
á cuando era estudiante y salía de ronda !" Los Quinteros, Pról. á 
Jotas: "Libro de jotas sano, fuerte y sabroso, como fruto de su país..., 
eco de cien rondallas, en que dos poetas cultos, al imitar los cantares 
diel pueblo, no han hecho sino regalarle algunos más con que enrique- 
cer su vario tesoro...; libro de gotas de sangre, de tragos de vino, de 
granos de sal, de flores de los campos... Lo que no hallarás en nin- 
guna jota verdadera es nada que trascienda á malsano sentimentalis- 
mo, á flaqueza, debilidad ó cobardía de ánimo, á enfermizas torturas 
del corazón; pero noble pasión, ternura honda y serena, lágrimas que 
queman el rostro, dolor intenso, ¿cómo ha de discutirse que se en- 
cuentran en muchas jotas dignas de tal nombre?... Otro interesante 
aspecto de la jota, acaso en el que estriba su más fuerte é indiscutible 
originalidad, se refiere á las creaciones de la musa burlesca, satírica, 
maliciosa á ratos, á veces candorosa, pero siempre chistosa é inespe- 
rada en sus o.nanaup? y salieras de tono." J. Celorrio: Paella aragonesa, 
cantares, cantos, etc., Zaragoza, 1901. Jotas, cantares aragoneses (con- 
Alberto Casañal), ibid., 1912. 

Emiliano Ramírez, en Helios, t. III, pág. 367: "En Dolorosos, úl- 
timo libro del poeta Ortiz de Pinedo, he visto fielmente transparentarse 
su alma. Y ella tiene grande semejanza con la mía, porque es un alma 
sin oriente y sin consolación, que duda, rebusca, implora, solloza, aco- 
metida de un vago anhelo, quintaesencia de todas las nostalgias y de 
todos los presentimientos...; cada poesía suya es una gota de su alma 
y de su sangre..., es la poesía efe la pesadumbre, la poesía del llanto... 
Pinedo piensa como Lamartine, y piensa bien...; sueña mucho y sue- 
ña con todo..., espera el amor..., y también sueña con mayo... Pero...,. 




SIXTO CELORRIO. — ALBERTO CASAXAt 



S. XX_, I90I. JOSÉ DE MATURANA 1 7 

siente ¡más la amargura del vivir..., es la confesión intensa y sencilla 
de un alma." Ortiz de Pinedo, en carta al autor: ''Reproducir la vida 
con toda fidelidad... y sin retórica; tal debe ser — en mi opinión — el 
ideal del arte ; pero — aquí de la misión artística — copiando de la rea- 
lidad solamente aquello digno de copia, esto es, excluyendo lo feo y 
lo avieso, que de ambas cosas no puede el arte, por buena voluntad que 
tenga, extraer algún placer estético. Decir, sí, toda la verdad de la 
vida, pero cuidando de poner un poco de luz sobre sus miserias y do- 
lores; porque pintar por pintar lo feo y repugnante es convertir el 
arte de señor en esclavo, y el arte debe ser soberanía." J. Ortiz de Pi- 
nedo: Poesía: Canciones juveniles, Madrid, 1901. Poemas breves, 
ibid., 1902. Dolorosas, ibid., 1903. Huerto humilde, ibid., 1907. La 
Jornada, ibid., 1910. Prosa: Las Feas, com., 1909. De la realidad y 
del ensueño, Madrid, 19 10. EL Pobre amor. La Dulce mentira y Con 
el corazón no se juega, ibid., 191 1 (t. LXXV de Bibl. Patita). Farsas 
de amor, ibid., 1913. 

Pedro Novo y Colson, Pról. al Cancionero : "Predominan en su 
alma (de Casilda) la sinceridad y una delicadeza de sentimientos con- 
movedora..., nunca asiente con una palabra á femeniles maledicen- 
cias... Yo presencié las sátiras y saña imponderables con que accgió 
este drama un público taurino. Y luego diescubrí en el rostro demu- 
dado de la joven autora tal mezcla de estupor, amargura 3^ altivez, 
que pude vaticinar sus propósitos : Casilda no volvería nunca á es- 
cribir para el teatro. Las desi.usiones, tan crueles en la juventud, im- 
pusiéronla desde entonces un silencio absoluto. Pero algo superior á 
la voluntad más firme le hizo al fin coger la pluma de cuando en cuan- 
do, cada vez por breves mementos, hasta encontrarse escrita insen- 
siblemente esta colección de cantares... Dice Rosalía en Amores catí- 
tivos : 

"Era dolor y era cólera, 

era miedo y aversión, 

era un amor sin medida, 

era un castigo de Dios." 

Estos versos podrím servir de epígrafe sentimental á los que con- 
tiene el presente libro, pues casi todos parecen condensadcs en tan 
amarga estrofa... Su temperamento es tranquilo, hasta el punto de 
no haber amado nunca... Yo dudo un poco de la insensibilidad amoros?» 
de Casilda y vislumbro algo de sacrificio hecho en aras de una in- 
mensa ternura filial." 

Roberto F. Giusti, Nuestros poetas jóv., 1912, pág. 116: "Si Ma- 
tur na sólo hulñese e^c•.■ito las colecciones dj sonetos, Cromos (1901) 
y Poemas de color (1902), y las composiciones de Lucila (1902) — ¿y 
hubo quienes las aplaudieron? — , en verdad que no merecería que se hi- 
ciese mención de su nombre. Son sonetos y poemas que están... más 
allá del bien y del mal. En ellos Clío escribe rondeles, el piso se llama 
(plafón y todo anda de la misma manera: cabeza abajo. Hacen una 

Ti Mü XII. — 2 



l8 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

algarabía tal de neologismos, ripios y monstruosos acoplamientos de 
palabras y de imágenes que acabarían por trastornar el seso al más im- 
penitente lector de vcrs.ficadores decade. ;tes y analfabetos. Doblemos 
la hoja. Posteriormente un cierto progreso ha habido en su manera de 
expresarse. Se advierte en su último libro, Las Fuentes dA Cüinnj, 
en el cual reunió, en 1909, todos los "poemas de combate, de esperanza 
"y de amor", escritos en el correr de unos cuantos años. No demues- 
tra, es cierto, haberse corregido completamente de la hueca fraseología 
de antaño, ni que aiin haya alcanzado la debida propiedad del len- 
guaje y la estricia coherencia de las imá^^cnes; sin embargo, no es 
corta la distancia que media entre los Poemas de color y las más acer- 
tadas poesías de Las Fuentes del camino. Es difuso, no sabe ceñirse; 
de ahí su inhabilicíad en el soneto, que inútilmente se esfuerza por 
dominar; al contrario suele portarse, si no ccn gloria, al menos sin 
mengua, en los versos sueltos ó simplemente asonantados, por los cua- 
les su caudaloso estro se expande con 1 bertad. Su musa más inspi- 
rada es la que le sostiene en el combate; donde Maturana suelta mejor 
la voz es en las imprecaciones, en sus cantos de rebeldía, si bien más 
enfáticos que vigorosos. Cantos monótonos, ya lo he dicho, que giran 
continuamente en el mismo círculo de tropos y de ideas, que adolecen, 
además, de todos los defectos de la poesía de circunstancias ; pero que 
siquiera le dan im carácter á su autor: el de poeta social." José de 
Maturana: Cromos, sonetos, B. Aires, 1901. Poemas de co^or, ibid., 
1902. Lucila, 1502. Las Fuentes del camino, poemas de comíate, de 
esperanza y de amor, 1909. Naranjo en flor, Madrid, 1912; B. Aires, 
1918. Canción de primavera, poema rústico, Valencia (1913), obra de 
teatro bien recibida. La Vuelta de Sócrates (poema sin acabar), 1918 
(en Nosotros, jun.). 

156. Año I por. Felipe Trigo (i 864-1916), de Villanue- 
va de la Serena, estudió Medicina en Madrid, retratando des- 
ptiés su vida de estudiante en su novela En la carrera. Dióse á 
conocer como escritor en El Globo y en El Imparcial, como mé- 
dico en Trujillana, cuya vida puede verse en El Medico rural. 
Logró entrar en Sanidad Militar y fué destinado á la fábrica 
de Trubia; luego, como voluntario, pasó a Filipinas, donde 
hizo actos verdaderamente heroicos y le machetearon, dejándole 
por muerto, mutilándole la mano izquierda é hiriéndole en 
otras partes, como trágicamente cuenta en La>s Ingenuas. Vuel- 
to á España, hizo una campaña periodística en pro del gene- 
ral Blanco, lo que le valió la amistad de Cánovas y entrar en 
Inválidos con la categoría de teniente coronel. Fuese á Extre- 
madura y allí escribió Las Ingenuas (1901), obra que le dio 
100.000 pesetas. Fué durante su vida el autor más leído en Es- 



S. XX, I9OI. FELIPE TRIGO 1 9 

paña, llegando á ganar con sus novelas 60.000 pesetas al año; 
pero había tiempo que se hallaba neurasténico y una mañana 
sorprendió á todo el mundo la noticia de que en su propia casa 
se había suicidado descerrajándose un tiro de pistola. Médico 
y gran observador de la vida y de los hombres, habíase for- 
mulado científicamente un sistema sociológico acerca del amor 
como clave de regeneración de la humanidad. Profesaba el 
naturalismo ético de los autores del Román de la Rose, de 
Rabelais y de Rousseau. El mundo es bueno, los hombres son 
buenos, la madre naturaleza manifiesta el bien al hombre y lo 
que le conviene por la voz de sus naturales instintos. No tiene 
más que seguirlos ; pero la educación cristiana de diez y nue- 
ve siglos le ha hecho creer que el instinto y la naturaleza son 
malos y van contra la razón, glorificando á ésta y glorifican- 
do la castidad y abatiendo en cambio y anatematizando el na- 
tural instinto. La pasión y la lujuria son formas patológicas 
del amor que el hombre debe refrenar: pero el amor, puramen- 
te sensual en la antigüedad, ha de espiritualizarse por el cris- 
tianismo, en vez de condenarse y reprimirse, como se ha hecho 
durante diez y nueve siglos. Armonizado ese amor sensual con 
e! espiritual, idealizada Venus por el místico resplandor de la 
Oncf'p-cióii mrra'^ula'^a, será el amor \.\ potencia civilizadora 
de la humanidad futura, en vez de ser el azote del mundo y de 
las almas. Todas las regiones y filosofías, desde la dualista irania 
hasta la de Schopenhauer, parten del principio innegable de la 
lucha entre el instinto natural, propio de la animalidad, y la 
parte superior del alma, entre la carne y el espíritu que con- 
viven en el hombre, y han proclamado las doctrinas de la éti- 
ca natural, que dicta desde la conciencia las leyes por las cua- 
les la razón, señora de este "animal político" llamado hombre, 
ha de refrenar y tener á raya los instintos desbocados de la 
bestia. La doctrina del pecado original, desconocida por Trigo, 
es para el mismo Schopenhauer la explicación más satisfacto- 
ria de esta dualidad del bien y del mal, irreconciliable para to- 
dos menos para Felipe Trigo. Acaso vio al fin él mismo esta 
verdad, ya que al suicidarse dejó escrito un papel en que re- 
conocía su fracaso y engaño. De todos modos, sus generosos 
intentos quiso ponerlos en práctica en sus novelas: en las de 
la primera época estudiando el amor condenable, el amor de 



20 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1S8S-I907) 

las mujeres españolas, para él Ingenuas, que tienen que luchar 
entre el instinto y la educación y costumbres sociales, que lle- 
van á ocultarlo ; en las segundas, proponiendo modelos del amor 
futuro, glorificación del amor libre. Pensaba y repensaba, tra- 
maba, discutía, perfilaba con mucho estudio y vagar cada una 
de sus obras. Entregábase á la observación de la realidad. Des- 
pués, con toda la franqueza, sinceridad y valentía de quien 
estaba persuadido de la verdad y bondad de su sistema, descri- 
bía el amor y las relaciones sexuales entre hombres y muje- 
res, sin veladuras ni miramientos de ningún género. De hecho 
es el novelista que más vivamente comunica al lector el fue- 
*5"o de sus enardecidos afectos, no sólo del amor, sino del odio, 
del horror, del miedo, de lo noble, de lo asqueroso. Toda la 
escala afectiva, de lo más fuerte á lo más tierno, la tiene en su 
mano. Sentía recio y sabía hacer sentir recio : no hay en Espa- 
ña quien en este punto le aventaje. Trama de la acción, perso- 
najes, situaciones, todo está despaciosamente pensado y dis- 
puesto, y todo es real, humano. Cierto, en el mundo hay más ; 
no todos son monstruos de lujuria, la honestidad todavía no 
ha desaparecido de sobre la haz de la tierra; pero en el fondo 
asístele á Trigo la razón, por desgracia, sobre todo en la vida 
urbana y moderna que él describe, y de todos modos él tenía 
que atenerse á eso, al amor lascivo y feo en sus primeras nove- 
las, al amor libre en las segundas, porque de eso trataba, á ese 
viso quería mirar la vida y los hombres. Puédesele achacar el 
no ver en personas eclesiásticas y cosas religiosas más que lu- 
juria también, fanatismo é hipocresía, como si no fuera Cristo 
el que trajo al mundo la guerra contra la hipocresía, el fanatis- 
mo y la lujuria, y no hubiese florecido la honestidad entre cris- 
tianos como en ninguna otra sociedad de hombres. Pero Trigo 
no pintaba el cristianismo ideal, sino el pueblo cristiano y aun 
para él, conforme á su sistema, el cristianismo había venido á 
deformar el amor, á abrir más honda brecha entre la razón y el 
instinto. El cristianismo tenía que ser el adversario nato de su 
sistema. Siendo éste filosóficamente falso, sus doctrinas tenían 
necesariamente que fallar, y sus novelas, quieras que no, tenían 
que ser eróticas y desmoralizadoras para la gente común, que no 
se alzaba á la altura de sus intentos. El amor sin cortapisas ni ve- 
laduras, con toda la verdad, tal como brota y tiende á maní fes- 



S. XX, I9OI. FELIPE TRIGO 21 

tarse en el estado de naturaleza; la fuerza del pincel, el realis- 
mo, lo humano de las novelas, que en otros asuntos las harían 
admirables, despertando, por lo frágil de la humana naturaleza, 
los más bajos instintos y encendiendo el fuego sensual y fisio- 
lógico, sofocan las más ^"eces el efecto estético, dando por resul- 
tado todo lo contrario de lo que el arte y probablemente el mis- 
mo autor se proponía, convirtiendo sus obras, de artísticas que 
son técnicamente, en estéticamente malas y reprobables. Bueno 
y laudable poner en la picota los vicios sociales; pero no meter 
€n sus novelas más que hombres viciosos y regodearse en des- 
cubrir el vicio en las personas religiosas parece exageración 
sectaria contra la religión más casta que hubo jamás, y con in- 
tento de poner en el padrón de ignominia la lascivia, diríase abrir 
■escuela donde se enseñen las más soeces porquerías y se encien- 
dan los fuegos de la más desapoderada lujuria. Tal vez no sea 
eso describir la sociedad, sino reducirla á un manicomio de fre- 
néticos y de sátiros, con la coleta de achacar solapadamente esa 
satiríasis frenética y loca á la religión cristiana, la única que 
cabalmente predicó en el mundo la castidad y pureza de cos- 
tumbres. Las ideas que tan vivamente supo exponer Trigo las 
creía sinceramente el autor moralizadoras. La ética moderna 
sobre el amor, la ética del amor libre, en el fondo le hacía ver 
con malos ojos á la mujer española, no dejándole penetrar en 
los tesoros de nobleza que encierra, convirtiendo en vicios hasta 
algunas de sus virtudes, descubriendo con sutil sagacidad y exa- 
gerando los vicios, é interpretando las virtudes aviesamente, con 
su doctrinarismo sectario. De aquí también que, sin querer ser 
inmoral, lo sea de hecho, llevando la descripción realista del amor 
más allá de donde el arte parece debiera contenerle, si el arte 
ha de ser decoroso y ha de atemperarse á los gustos sociales, 
que, séanse como sean, han de dar la norma ética al obrar, al 
hablar y al escribir para el público. Saltar por esos gustos y 
esa ética social, sea cual fuere, es indecoroso y, por consiguien- 
te, parece feo y antiartístico. Con sólo borrar un par de esce- 
nas quedaban, por ejemplo, libres Las Ingenuas de esta tacha 
de pornografía, que justamente se le critica, y sin perder nada 
la obra, campearía harto más esplendoroso el noble intento que 
la alienta. La sinceridad y la valentía no han de estar reñidas 
con la discreción; la prudencia ha de señorear las demás vir- 



22 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-T907) 

tudes, SO pena de convertirse en vicios. El respeto á la ética so- 
cial de un pueblo debe exigirse en las obras de arte. Si un pen- 
sador tiene algo contra ella, escriba una obra científicofilosófica 
para pensadores, no obra artística para el común de las gentes. 
Tal exigen, no sólo la dignidad del escritor y el respeto al pú- 
blico, sino el mismo arte, que busca bellezas que agraden y huye 
de doctrinas que repugnen al buen gusto de la sociedad. 

Técnicamente sólo tiene Trigo una tacha: la de descuidar 
el castellano, sobre todo la sintaxis, escribiendo oscuramente, 
por tanto. Ese descuido no lo fué para él. Parece ser que fué 
un descuido harto cuidado, que él escribía así de propósito para 
tener estilo personal y para que su sinceridad de escritor se 
manifestase más palpablemente. Engañóse si tal liizo. Cuesta 
trabajo entenderle á veces y siempre hay que leerle despacio y 
aunque releer algunos párrafos y hasta va uno saltando por 
ellos sin acabar de saber lo que quiso decir. Es una genialidad 
suya de la que no era fácil se curase, si la creía necesaria para 
parecer sincero. Cierto que á la sinceridad ha de sacrificarse 
todo; pero lo primero que ha de sacrificarse á la sinceridad es 
el rebuscamiento y afectación de parecer sincero. Si para serlo 
tenía que escribir oscuro, sin rebuscarlo ni afectarlo, señal de 
que adolecía su cabeza de alguna dificultad elocutiva. Algunos 
tornillos ó algunos artejos estarían roñosos, oxidados. Reme- 
dio hay para los más de tales defectos y médico se era él que los 
sabría. Tanto peor para su arte, si, pudiendo, no quiso reme- 
diarlos. 

15 7. En carta al autor: "En el prólogo de Las Ingenuas escribí 
esta frase como lema de toAis mis ideales visiones de porvenir: Ve- 
nus con el místico resplandor de la Conepcijn Inmaculada. En La 
Sed de amar escribí: El término de la civilización será el retorno á un 
salvajismo sin barbarie. Ambas cosas, que parece que no tienen conexión 
una con otra, son idénticas. En efecto, Venus, la griega, y la de hoy, 
que continúa desnuda cfebajo de sus ropas, son unas salvajes que ha- 
bían de ennoblecerse por la divina inteligencia. El salva jinij infe- 
lectuado, por cuyas fases vamos pasando en la penosa marcha de 
los siglos, será la fórmula de verdad y de armonía en donde se en- 
cuentren al fin el hombre primitivo y el hombre-dios. Manando esta 
duplicidad humana, que llegará á unidad, el sabio y el bruto, el místico 
y el sensual se han perpetuado paralelamente por la Historia. Cerrar 
los ojos ante la histórica tenacidad de esa brutalidad humana en la 
misma civilización, para no considerarla esencialmente propia del hu- 



S. XX, I9OI. FELIPE TRIGO 2 3 

mano ser, con tanto derecho como su intelectualidad! y su misticismo, 
sena m^ensato. \o la he recogido en mi ñlosolia y en mis novelas á 
guisa de trascendental elemento antitético, con el cual amasada la su- 
prema intelectualidad, dará por resultado la única y gran síntesis de 
todas las civilizaciones futuras. Recogiéndola, armonizándola, no he 
hecho mas que recogerme y armonizarme á mi mismo; porque en mí 
también, como en todos, está constantemente debajo del hipermistico 
el hipubestia. Y esto quise expresar en el dicho prólogo de Las In~ 
genuaSj cuando añadi: "Los cuarenta siglos de civilización pagana 
"fundidos á los veinte siglos de c.viliz.aciun cristiana, darán la lógica 
"é inevitable continuación de la Historia en que se haga la humanidad 
"completamente digna de Dios, del universo." Felipe Trigo se suicidó 
con un tiro de revolver. Había tiempo que andaba neurasténico y no 
muy cabal, á ratos, de la razón. Dejó esta carta: "Perdonadme todos. 
Yo estoy seguro de que nada os serviría más que para prolongar algu- 
nos meses vuestra angustia viéndome morir. Pencad que en esta ca- 
tástrofe fué el motivo el ansia loca de crearos alguna posición más 
firme. Perdonadme, perdonadme. Consuelo (su esposa), mártir mía; 
hijos de mi alma. Si mi vida fué una equivocación, fué generosa. Con 
la única preocupación vuestra por encima de todos mis errores. Que 
sirva esta de mi voluntad de testador para declararos herederos míos 
de todos mis derechos. Perdón. Felipe Trigo." La Esfera, año II, nú- 
mero 82: " — Tú rechazas el juicio que sobre ti tiene parte de la crí- 
tica, calificándote de escritor pornográfico. — Felipe sonrió, amargado. 
— ¡Bah!... Pero ¿es que aquí hay ciítica... de nacía? No cunfundamos 
los revisteros con los críticos cultos y serenos, que desaparecieron con 
Clarín... Poco caso he hecho yo^ como podrás ver, de esa crítica... 
Sigo caminando por el mismo terreno que empecé y tengo para mis 
consejeros y críticos el más piadoso de mis desdenes. "Hombre, Trigo, 
" — me dicen los amigos con frecuencia — ; ¡qué lástima que su último 
"libro no lo pueda leer mi hija!" "Lo siento por ella — respondo 
"siempre — . Yo no escribo para niñas sin entendimiento, sino para 
"mujeres con cerebro, ¿sabes?... Mis hijas son las primeras lectoras 
"de mis novelas. A ellas las tengo dedicados mis mejores libros... Ya 
"ves." — Caso raro. Al mismo tiempo que el novelista español contem- 
poráneo más leído, eres también el más discutido, el más combatido. 
— Ciertamente, junto á los juicios que muchos críticos de España y de 
fuera de España han emitido acerca de mi obra, tan encomiásticos, 
que difícilmente puedan sobrepasar los que jamás hayan dedicack) á 
no importa qué otros escritores, algunos, en Madrid exclusivamente, 
me han hecho objeto de la más rabiosa obsesión de sus ataques. Y 
entre otros lugares comunes repiten que yo escribo como escribo, 
"pornográficamente", "adulando las bestiales pasiones", "por ganar di- 
"nero", "por vender"... — ¿Y tú qué dices de eso? — ...Figúrate. Me 
produce el más absoluto desprecio, ese desprecio que merecen quienes 
sistemáticamente afirman una falsedad sin demostrarla... Que prueben 
ó intenten, siquiera, probar que una sola frase, que un solo concepto de 



»4 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

mis libros, no encierra lo que encierra, es decir, tocio lo contrario; un 
odio mortal á la pornografía y al vicio y á las bajas y groseras pasiones; 
que prueben que hay una sola línea en mis no\elas donde nj palpite 
el ansia de la dignificación de la mujer, y entonces ya discuiiríamos. 
Pero esos revisteros rehuyen la discusión á que yo les he dado propicias 
ocasiones en varias de mis novelas, y especialmente en la conferencia 
autocrítica que leí en el Ateneo, y juzgando idiota al público, dan 
rienda suelta á sus vaciedades, sin comprender que el público nos lee 
á ellos y á mí, y rebelde á las tutv.las dogmatxas, tiene el sobrado cri- 
terio para otorgarle el ridiculo á los que intentan volverle negro lo 
blanco, por la sola fe de sus palabras. Como no es cosa de salir á cada 
momento protestando, y, además, no me interesa la protesta, yo me 
callo. Y, ó yo no sé lo que me pesco ó si me guiase el escribir un espíritu 
comercial, ganaría más suprimiendo en mis novelas algunos pasajes 
vivamente apasionados y adaptando mi "manera" al gusto general. 
¿No?... Pues bien: como en mi obra todo eso constituye su esencia, 
yo, antes que abdicar d¿ mi personalidad, por miras comerciales, doy 
de lado á todos los éxitos de crítica y de traducciones extranjeras y 
sigo mi marcha. — ¿Cual es tu ideal estético, Felipe? — Te lo con- 
cretaré en pocas palabras. Es el de la glorificación de la integridací 
de la Vida — espiritual y maternal — , el de la divinización del Amor, 
clave única de todas las sociologías del porvenir; el de la redención 
de la mujer, hoy esclava de todas las hipocresías y de todas las con- 
cupiscencias y vicios bárbaros del hombre. En el prólogo de Las In- 
genuas tracé mi camino literario, recuerdo que con estas frases, que 
no se borrarán jamás: "El amor, como ideal supremo, el amor Todo, 
"el amor integrado por la fusión de los des grandes sentimientos, 
"pagano y cristiano, que se han repartido el imperio de los siglos, pre- 
"tendiendo también partir el ser humano, ó absorberle, mejor dicho, 
"unas veces la intelectualidad y otras la animalidad. El cielo bajando 
"á la tierra con su azul. Venus ennoblecida por el místico resplandor 
"de la Concepción Inmaculada"... Esto es todo. Yo creo, en suma, 
que no pueden ser perdidos los cuarenta siglos de civilización pagana 
y los veinte siglos de civilización cristiana. > que fundidos pasarán al 
porvenir... La intelectualidad de este pensamiento, nuevo en litera- 
tura, cuando menos, tal vez sea la de vía especie de dinamita que en 
el lago social donde nos vamos ahogando no puede manejarse sin pe- 
ligro; pero la dinamita misma, ¿ha de dejar de emplearse en las mi- 
nas y trabajos capaces de beneficiar la tierra, porque también la tor- 
peza ó la maldad de algunas gentes no vean en ésta más que la vio- 
lenta fuerza utiiizable para el daño ó para el crimen?... Si este pro- 
pósito me impone el estudio del amor y la pasión para ir aclarando 
lo que contenga de divino ó despreciable, no es culpa mía que por 
verlo del revés vean en mis novelas "pornografías comerciales" algu- 
nos miopes de inteligencia ó ciegos de voluntad. El Caballero Andas.'* 
El amor, como raíz que es de todas las pasiones, se había tratado 
siempre en la literatura; pero como de soslayo, en sus manifestacio- 



S. XX, I9OI. FELIPE TRIGO 2 3 

lies y consecuencias. Hasta los paganos, entre cuyas adoraciones la 
más vieja y honda era la de la fecundidad, simbolizada en la Diana de 
Efeso, toda mamas, en los mitos de Júp ter ó cielo fecundador de 
Hera, la madre tierra, etc., etc., detuviéronse, en la época de su ma- 
yor cultura, en la superficie, adorando la hermosura corporal de Ve- 
nus, dejando para los misterios y para sus iniciados las reconditeces 
más sin velos de las más añejas y orientales doctrinas religiosas to- 
cantes á la fecundación. Frases más ó menos amorosas en Safo, des- 
cripciones más ó menos escabrosas en Petrcnio, humorísticos versos 
priapeyos, cual rastros del viejo culto, es lo más que puede citarse 
entre griegos y romanos. El amor entre hombre y mujer, represen- 
tado en todos sus grados y maneras, con todos sus matices, en toda su 
desgarrada desnudez, sólo fué llevado últ mámente á la literatura por 
los franceses. La llamada novela pornográfica, la literatura de alcoba, 
es moderna y francesa de origen, hija de la filosofía sensualista del 
siglo XVIII. Por principio estático no pensaron en ella ni los mismos 
paganos ; el cristianismo, que tiene á la carne por uno de los tres ene- 
migos del alma, contuvo no menos á los escritores de la cristiandad. 
El renacimiento pagano de Florencia fué, en esta parte, más libre y 
descocado que el propio paganismo, por haber sido un paganismo ar- 
tificial, de pega, imitado, no espontáneo, y como de reacción contra 
la modestia y pudor cristiano. Pero hasta estos tiempos jamás se es- 
cribió de propósito sobre las relaciones sexuales, como asunto litera- 
rio. Pedro Aretino es una caricatura de Luciano en sus Diálogos de 
las meretrices y de los demás autores paganos ; y con todo, no llega 
-adoncía han llegado los modernos. El naturalismo francés llevó como 
por la mano á los noveladores franceses á la novela pornográfica. Si 
todas las fealdades, si las heces sociales todas eran dignas de estudio 
documentado y de representarse tal cual se hallan en la vida real por 
medio de la novela naturalista, de su peso se caía que el amor, en 
cuanto tiene de más feo, bestial y natural, como unión de los sexos 
con todas las reales manifestaciones de los instintos bestiales en las 
gentes desvergonzadas de la sociedad francesa, podía y debía de ser 
asunto importantísimo de la novela. Algunos atisbos de este género li- 
terario se atrevió á poner ya en las suyas Pardo Bazán, á pesar de 
""Ser señora y aristocrática y de escribir para e-pañoles, que no habían 
llegado á ese nauseabundo estado social que se huele y apesta en 
Franc'a. Felipe Trigo, médico y seguidor de las doctrinas científicas 
modernas, que no ven en el hombre más que un animal evolucionado, 
por consiguiente, enteramente terrestre, sin un más allá antes de ve- 
nir al mundo ni después da caer en la huesa, sin alma espiritual de 
otro más elevado origen y destino, trajo á E'-pafía este género fran- 
cés de novela erótica pornográfica, con toda la valentía y libertad de 
que es capaz un español cuando tiene bien asentado su juicio en una 
doctrina. En la obra del jesuíta Sánchez pudimos leer las porquerías 
más puercas que puedan fantasearse acerca de este asunto; pero 
como están tratadas científica y fríamente, á lo moralista, para des- 



26 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

lindar la licitud ó ilicitud de los casos que puedan ocurrir en los actos 
naturales de los cónyuges, el alma del lector no se empaña y hasta 
asquea de lo que va leyendo. Algo de esto les pasará á algunos lecto- 
res de las novelas de Trigo, ya por su frialdad fisiológica, ó por lo 
machucho de su edad ó firmeza de hábitos y virtudes contrarias; pero 
lo común y casi universal es que la mayoría de los lectores de tales 
novelas se dejen arrebatar de la conmoción sensual, del instinto bes- 
tial de la carne, y se regodeen, y se refocilen, y se recalienten en sen- 
timientos que nada tienen de estéticos. Si esto no es así, confieso que 
voy errado en cuanto voy discurriendo; pero, puesta la mano en el 
pecho, dígame el lector si no cree que la lectura de tales novelas no 
enciende en los más los espíritus carnales y al fuego dievorador de 
esta terrible é indomeñable pasión del instinto sexual, la más fuerte 
del hombre, la raíz de todo su ser fisiológico, como lo es de la especie 
humana, todo otro afecto más levantado y espiritual no queda sofo- 
cado y desaparece sin dejar rastro de sí. El efecto estético que la her- 
mosura artística representativa pudiera llevar al alma del lector, 
cuanto más es de delicado, levantado y sublime, tanto más fácilmente 
se borra del alma, oscurecido por la negra humareda del instinto se- 
xual. Por algo nuestros ascetas, á quienes se les entendía harto de 
este menester, proclamaban con todo acierto que si las demás tenta- 
ciones se habían de combatir haciéndoles rostro, yendo contra ellas 
Cara á cara, sólo la tentación de la carne se podía vencer huyendo, 
d&ndo la espalda. Este enemigo halagüeño comienza desarmándole á 
uno, haciendo con su dulcedumbre que se le caiga la espada de la ma- 
no y el broquel del brazo, y atrae y arrastra como el imán al hierro, 
quieras que no. La fiereza de esta pasión, que arraiga en lo más hon- 
do de la especie, es tal, que señorea al triste individuo y le lleva y 
trae como el vendaval arrastra una pajuela de la era y le oscurece y 
ciega la razón, robándole lo que le hace hombre y dejándole tan sólo 
en su ser de puro animal, que con todas sus fuerzas fisiológicas y sus 
instintos mañosos requiere y busca, loca y d'esapoderadamente, la satis- 
facción d^el apetito brutal y fisiológico. Esto lo proclama hoy la cien- 
cia, y con sus hechos lo pregonó siempre la historia y nos lo grita la 
experiencia de la vida. El arte, que pretende la elevada conmoción es- 
tética, no puede caer en el lazo que este bajo instinto le tiende. He 
aquí por qué los artistas griegos de la buena época, más sueltos en 
todo género de lujuria que los cristianos, jamás pensaron en mirar 
cara á cara á esta pasión, como los modernos; j?más trataron el amor 
sino de soslayo y en sus consecuencias y manifestaciones, nunca en 
su misma raíz de amor sexual y en las relaciones francas y desembo- 
zadas entre hombre y mujer, tales como realmente se desenvuelven 
y sobre todo en el fin que tienen, en el acto mismo sexual y sus in- 
mediatos pasos. Porque eran ante todo artistas. Los modernos bus- 
can tan sólo la fuerte conmoción, sin pararse á deslindar si es esté- 
tica ó puramente sensual, ás: carnal lujuria, que son tan encontradas 
como el ángel y la bestia, el espíritu y la materia, la belleza, ofijeto 



S. XX, I9OI. FELIPE TRIGO 27 

del arte, y la utilidad, objeto de los instintos animales y fuerzas de 
la naturaleza. ¿ Quién me podrá hacer creer á mi que Safo no tenía 
facultades para pintar esas cosas con el mismo realismo con que en 
un par de estrofas, conocidas de todos, pinta los efectos del amor en 
el semblante y gestos del que ama? Pero los griegos buscaban la 
conmoción estética, que es puramente humana y está sobre la parte 
animal del hombre; que es fruto de la razón, que hace hombre al 
hombre; y no iban á mover esos instintos puramente animales, que 
ciegan la razón y señorean al hombre, convirtiéndole en pura bestia. 
Las novelas de Felipe Trigo son técnicamente artísticas : el realismo, 
el desmenuzamiento de los afectos, la fuerza de pincel, la verdad sin- 
cera que chorrea por todas partes, la viveza del diálogo, hasta el mis- 
mo descuido del lenguaje, todo contribuye a que sean novelas admi- 
rables de vigor, color y verdad. Pero por lo mismo son malas, horri- 
blemente malas novelas. No ya moralmente, que eso no es de nues- 
tra incumbencia, sino literariamente malas de remate. Jamás la pa- 
radoja más paradoja fué menos paradoja. Lo que suelta la paradoja 
de ser ninlas á fuerza de ser buenas, lo que da la razón de no ser 
obras artísticas por serlo tanto, queda ya harto declarado. Porque por 
el asunto, la conmoción sensual, animal, fisiológica, sofoca el efec- 
to estético, y el fin del arte es el efecto estético ; porque la bestia 
señorea al hombre, y el arte es goce del hombre y no de la bestia. 
Cualquiera diría que Trigo se hizo estas reflexiones : Sólo en Fran- 
cia han tenido valor los novelistas para descubrirnos el amor tal cual 
es; en España jamás se atrevieron á entrar en la alcoba; han sido unos 
cobardes los novelistas españoles, y los franceses han sido los úni- 
cos novelistas sinceros. Con ellos me voy. Y se fué, efectivamente, y 
como tenía el don de expresar reciamente la realidad, la expresó como 
pocos. Permítaseme que salga por los escritores españoles y de todos 
los pueblos que han pensado de otra manera, pues en valer y en nú- 
mero tienen más derecho que los franceses para mantener su contra- 
ria opinión. No está la sinceridad en decir todo lo que se siente, sino 
en decir con sinceridad! y como se siente lo qU3 es decoroso y conve- 
niente decir. Decirlo todo puede ser desvergüenza, impudor; callar a 
veces no es falta de sinceridad ni cobardía. No es punto de sinceridad 
d^esvergonzada ni de desvergonzado atrevimiento este del arte, sino de 
la prudencia, que está entronizada sobre el mundo moral v estético de la 
belleza en la expresión que eleva el ánimo. ¿ Eleva el ánimo, moviéndolo 
estéticamente, la literatura de alcoba? Por estéticamente hecha que esté 
la de Trigo y la de cualquier otro erótico, de los desvergonzados, á 
lo que mueve es á sensualidad, á lujuria, movimiento enteramente 
opuesto al estético que levanta y serena el ánimo. Dígase que esa li-- 
teratura halaga á las pasiones, que bon los movimienos brutales, ani- 
males del hombre ; pero no que eleva halagando la parte más noble, 
la inteligencia y el corazón del hombre, en cuanto hombre ó ser ra- 
cional, intento único del arte. Ni se diga que toda realidad es fuente 
artística de belleza, porque lo será si está vivamente expresada ; perc 



•28 ÉPOCA REGIOXAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

■si como en nuestro caso, lo bajo del apetito animal se sobrepone á lo ra- 
cional y la lujuria á la serenidad estética, el efecto total no seta esté- 
tico, sino animal, ni la obra de arte que tal efecto produzca será bella 
y artística, sino antiartística y fea. Aun suponiendo que el amor no 
sea esencialmente y en su raíz otra cosa más que la inclinación fisio- 
lógica sexual, si pertenece al arte es en cuanto el hombre idealiza esa 
animal inclinación, mirándola como fuente de penas y deleites del 
alma no como deleites y (iolores del cuerpo. Que al alma, no al cuer- 
po, tira la estética del arte. Por eso también son fuentes artísticas las 
demás pasiones fisiológicas, apetitos v operaciones naturales: la ven- 
ganza, el miedo, el dolor, el hambre, etc., etc. ¿ Qué artista se ceñiría 
€n una novela á tan feas operaciones como la del regoldar, del vo- 
mitar, del descomer? ¿Por qué, pues, hay literatura cíe alcoba y no la 
hay de letrina? Porque aquélla halaga á la lujuria y ésta no halaga 
á cosa que de apetecer sea. No es, pues, con intento alguno estct'co 
Tii. humano, sino puramente lujurioso y animal, por lo que hay litera- 
tura de alcoba. Los tipos degenerados, casos teratológicos de neuro- 
patía y psicopatía, podrán caber en una obra, como todo personaje 
feo, como las sombras que hacen resaltar más los personajes hermo- 
sos y nobles, siéndolo los mismos feos por la manera viva de pintar- 
los: pero reducir una obra artíst'ca á un rebaño de semejantes ti- 
pos degenerados ni es cosa que agrade, entretenga y levante el ánimo, 
aunque sea Zola su autor, ni lo ha hecho, fuera de él, ningún artista 
sano en tiempo alguno. Sólo tratándose de tipos degenerados, cuanto 
á la lujuria, ha habido toda una legión de novelistas franceses : por- 
que á la fealdad teratológica se sobrepcne el halago de la sensuali- 
dad. Los hombres y mujeres que Trigo pinta en Las Ingenuas y en 
Sed de amar pertenecen al tipo degenerado, á la neuropatía ó psico- 
-patía; son machos v hembras insaciables, cuyo único anhelo es co- 
habitar, cosa puramente animal y tan fea, por el consiguiente, como 
el regoldar, el vomitar y el descomer; sino que, aunque no serene el 
ánimo ni lleve á la conciencia del lector la persuasión de su grandeza y 
dignidad, pero irrita, en camb'o. su sensualidad, moviéndola con ape- 
titosos cosquilieos de ciega y furiosa bestia. ¡ Fin, por cierto, dieno 
del arte, que si para algo se inventó fué para idealizar la vida y en- 
noblecer y hacer más hombre al hombre, haciéndole olvidar, en cuan- 
to cabe, que es animal y que tiene que emplearse a sus tiempos en 
acciones puramente animales! Fruto el arte materialista moderno del 
-materialismo filosófico y del vivir material y del material gozar. Pero 
arte y materialismo cosas son que se dan de cachetes. No sé cuánto 
se deleitaría Felipe Trigo con la lectura de Santa Teresa ó de San 
Agustín; lo que sé es que, las cocotas, ingenuas ó no ingenuas, no 
arrostran con tan para ellas sosas lecturas. Bien se me alcanza que 
si, como quiere Croce y supone Zola, el arte consiste solamente en 
exi^resar, sin el antiguo aditamento helénico de que sea belleza lo que 
exprese, el arte de Zola y de Trigo es verdaderísimo arte. Pero el 
-arte, el expresar, está sometidio, como todo en lo humano, á otra más 



S. XX, 1901. FELIPE TRIGO 29 

soberana y universal categoría, que es la prudencia, reina entronizadac- 
sobre todas las virtudes, la cual señala en cada época los límites de 
lo decoroso, acotando de esta manera el campo del arte, y siempre y 
eternamente dirá á todo hombre que el arte es, ciertamente, expre^ 
sión, pero expresión humana, de hombres y para hombres, y ser hom- 
bre es saber domeñar los desapoderados instintos de la bestia que en 
sí lleva, enderezándolos conforme á los dictámenes de la razón, que 
es la que en el hombre ha de legislar, y que hacer arte que desenf re- - 
ne esos instintos animales y arrollen y cieguen a la razón, no es ha- 
cer arte hnviano, es hacer obra de bestias. He oído por ahí que la 
obra de Trigo no pasará, que ha sido moda efímera. Yo soy de muy 
contrario parecer. Claro es que ya no volverá á ser de actualidad ni 
á estar de moda: el agua que corre jamás vuelve en el río á subir. 
Las modas vuelven, se dice, pero no son enteramente las mismas que 
pasaron. Lo que hubo en ellas de eternamente bello, volverá y volve- 
rá una y mil veces y flotará siempre scbre lo puramente efímero de 
las modas. Yo entiendo que cabalmente la obra de Trigo tiene más 
de eterno que de efímero. Lo efímero de ella fué lo que tenía de 
literatura de alcoba, que de moda estuvo acá y aún sigue estando; pero 
hay algo más en Trigo, que si no habría muchos Trigos en la hora 
de ahora, que los alcobistas andan por ahí á puntapiés. Hay en Trigo 
un grito de la naturaleza bruta que sale por sus fueros, contra la ra- 
zón de la moral de hoy, que la tiene á raya. Ese grito de la natura- 
leza quiere llegar á ser una moral social, oficial, admitida por todos. 
¿ Quién nos asegura de que no llegará á serlo ? Entonces volverá á 
estar Trigo de moda, por ese eterno grito de la naturaleza brutal que- 
sale de su obra. ¿ Que no llegará á admitirse esa moral, ó inmorali- 
dad, si se quiere? Pues la lucha entre el bruto y la razón seguirá erv 
las almas humanas dando astmtos trágicos á los poetas, y como esa 
lucha es la que pinta Trigo, volverá á estar de moda ; seguirá, mejor 
dicho, estand'o de moda. ¿ Que no será del gusto de todos la novela de 
Trigo? Ni hay escritor que á todos agrade. Pero dentro del arte, 
dentro de la fuerte expresión de la viva realidad, quedará Trigo para. 
los lectores sensibles á toda belleza estética como uno de los exce- 
lentes novelistas, que, dadas sus doctrinas filosóficas, equivocadas ó 
no, supieron aprisionarla entre los hilos de oro de sus novelas. Las 
filosofías, las doctrinas, los asuntos, son poca cosa en el arte, donde 
sólo priva la verdad expresiva, la certera expresión de la realidad. 
Y ésa está en las novelas de Trigo para darles vida artística impere- 
cedera. No hay que confundir su arte con la chabacanería de escri- 
tores eróticos mercachifles ó ignorantes. El intento de que se den es- 
trecho abrazo Venus y la Inmaculada, débese á un hondo pensamiento 
y á un generoso anhelo de Felipe Trigo. Dios, autor de la carne como 
del espíritu y que puso en la unión de los sexos la fuente de la vida- 
y la conservac'ón del universo, no puede ser enemigo de la carne ni 
de la unión sexual. Ni el cristianismo pensó jamás en tamaño dispa- 
rate. Lo que sí condenó siempre fué la carne rebelada contra el es- 



3o ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

píritu, que en tal sentido la llama pecado San Pablo: y siendo esa 
carne rebelada contra el espíritu lo que el paganismo llamó Venus, 
y siendo la Irunaculada símbolo de la pureza espiritual y camal, del 
señorío de la razón sobre la carne, pretender que Venus y la Inmacu- 
lada se den amistoso abrazo es pretender que se lo den la luz y las 
tinieblas, lo blanco y lo negro, la verjad y el error; es pretender lo 
metafísicamente imposible. Con toda sana intención, erró manifiesta- 
mente Trigo en este su intento. Lo que él de hecho pretendía era des- 
esclavizar á la mujer española del pudior, que, según él, era velo hipó- 
crita con el cual ocultaba las mayores lascivias. Pero el velo ese del 
pudor lo puso la naturaleza con la conciencia humana, á manera de 
tabú, para enfrenar la concupiscencia y como palanca de la cual la 
razón se valiese para reglar los instintos sexuales. Querer aTancar 

•ese velo es ir contra la misma naturaleza. Que la lascivia señorea 
entre cristianos, ¿quién lo duda, si lo proclama la Iglesia misma? Pero 
¿no señorea más entre los neopaganos, doctrinarios del amor libre 
y no señoreó en el paganismo muchísimo más, hasta el punto de que 

. apenas podemos formarnos hoy idea ? Vea el gabinete secreto del 
museo de Ñapóles el que quiera conocer el cieno universal Jo aque- 
lla civilización y no podrá menos de dar gracias al crisC'anismo que 
de ella supo sacar el mundo. Entonces se comprenderá cuánto va de 
la pagana Venus á la cristiana Inmaculada. Felipe Trigo se engañó 
en sus generosos intentos. "£ra un aire suave..." Podcmo:, decirlo 
hasta de Felipe Trigo. El sátiro brutal hase refinado... merced, según 
creo, a ese aire suave de poesía soñadora que cual impalpable polvi- 
llo de oro vuela por entre los escritos de nuestros literatos de estos 
últimos años. El polvillo ese dt oro sopló del Norte. Es algo ideal, 
fantástico, evocativo, que en poetas menos realistas, como Valle-In- 
clán, da el tono y señorea las obras; en escritores de estirpe m:''s es- 
pañola solamente orea y aroma la superficie, sin idealizar ni eva- 
porar la reciura castiza del fondo. Tal sucede en la novela de Trigo 
Sí sé por qué, más poética, más delicada que las anteriores. Siempre 
adivinábase en Trigo algo poético, bien que raras veces flotase afue- 
ra, y no era el menor obstáculo el menosprecio que afectaba cuanto á 

Ta pureza del idioma. A pesar de este defecto de lenguaje ha sacado 
afuera en la última novela bastante más poesía que en las anteriores. 
Hay otra novedad en ella. La psicología vence a la fisiología, que 
antes señoreaba. Trigo se ha espiritualizado más y ha hecho más psi- 
cológica su manera de novelar. Erotismo agudo y enfermizo en hom- 
bres y mujeres era siempre el asunto de sus obras. El mundo para él 
dij érase un lupanar. En el nacimiento y crec'miento del amor había 
más de material fisiología que de psicología humana. Realmente más 
que hombres y mujeres parecían bestias : eran faunos y ninfas de los 

'bosques traídos á la vida moderna. En la pr-mcra parte de la nueva 
novela. Adamar, personaje neurasténico, y Rocío, entablan un poéti- 
co idilio, verdadero idilio de inocencia y candnr, de naturalidad y hon- 

«da psicología. La vida bonaerense está pintada á maravilla en la 



S. XX, I9OI. FELIPE TRIGO 3 1 

segunda parte y el antiguo anagnorisis de dramas y novelas, recurso 
eterno del arte, porque lo es de la naturaleza, alza de nuevo su ca- 
beza con modernos atavíos, sensaciones nuevas. Otro idilio de armo- 
nía de amores, de la sociedad campestre, de la naturaleza, acaba en la 
tercera parte la obra, entonando el autor un himno á la piedad, con- 
vencido de que ella es la única clave de la felicidad y el lazo armó- 
nico de los contrapuestos adversarios que rigen la vida, despeñando 
á los hombres en la desgracia: el amor sensual y la inteligencia. Sí sé 
por qué la humana piedad será la red^ención de la humanidad. No el 
amor, no la inteligencia. Pero sí el sentimiento, que sólo puede nacer 
de la inteligencia y del amor cuando se funden. Esta novela corona 
el intento de las suyas anteriores, declarado en el prólogo de Las In- 
genuas: la dignificación de la mujer, la glorificación de la integridad 
de la vida, espiritual y maternal ; la divinización del amor, clave úni- 
ca de todas las sociologías o'el porvenir; la redención de la mujer hoy 
esclava de todas las hipocresías y de todas las concupiscencias y vi- 
cios bárbaros del hombre. En suma: "El amor, como ideal supremo, el 
amor todo, el amor integrado por la fusión de los dos grandes sen- 
timientos, pagano y cristiano, que se han repartido el imperio de los 
síítIos, pretendiendo también partir el ser humano ó absorberle, mejor 
dicho, unas veces la intelectualidad y otras la animalidad. El cielo ba- 
jando á la tierra con su azul. Venus ennoblecida por el místico res- 
plandor de la Concepción Inmaculada." Dii;^na de estudio particular 
sería esta unidad de las novelas todas de Trigo, de este pensamiento, 
verdaderamente sociológico, filosófico, hnmano, que habrá desenvuel- 
to en sus obras con mayor ó menor maestría, más ó menos sofística- 
mente á veces (ignorante é inconscientemente, diría yo mejor), á ve- 
ces con más fisiología y ardores lascivos que psicológica espiritualidad, 
pero que es pensamiento grande y hondo, verdadera clave del vivir 
humano, individual y socialmente considerado. Los que con las otras 
novelas suyas sentían acaso bascas ó se rebujaban pudorosos tirándo- 
las al fuego, pueden leer la última novela de Trigo sin temor de que 
sus pudores, farisaicos ó sinceros, que de todo hay, se perturben en 
lo más mínimo. H. Peseux-Richard, Felipe Trigo : "Es preciso recono- 
cer, en efecto, que las (teorías) de que él espera la regeneración del 
mundo, nos llevan á un porvenir terriblemente alejado. Antes efe llegar 
á esta v'da nueva es preciso que la Humanidad se vaya transformando, 
que olvide la mayor parte de sus vicios, que quede toda entera armoni- 
zada en la práctica del bien y en el ideal de una belleza universal- 
mente reconocida. Cek.brnndo así las delicias de la edad futura, Fe-» 
upe Trigo se arroga el derecho de flagelar las ignominias del pre- 
sente ; pero al mismo tiempo extiéndese sobre ellas con interés, si no 
con complacencia; se ampara bajo un pabellón que puede cubrir así 
toda clase de mercancías ; en buena lid puede de esta manera no de- 
tenerse ante ningún horror, y manifestar al desnudo las más sanio- 
sas plagas sociales... No le consideremos, pues, únicamente como el 
novelista erótico por excelencia, como el introductor en España, se- 



32 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (188S-1907) 

gún se le acusa, del género sicaptilico ; tomémosle, si no por lo que 
él es, por aquello que quiere ser; es decir, ante todo, un sociólogo, 
un hombre de sistema. No olvidemos tami^oco que fué médico, y com- 
prenderemos sus hábitos d¿ vigor científico, su preocupación de la te- 
sis, sus cualidades de composición y de receta que llaman la atención 
desde luego... Combate enérgicamente las teorías hereditarias de los 
antropólogos italianos que se oponen á su causa; con Rousseau, es par- 
tidario de la bondad nativa del hombre y le atribuye á la educación un 
poder ab:3oluto y bienhechor... Una sola fuerza es irresistible é irre- 
formable : el amor. Por fortuna, no se trata de reformarla, sino de 
no empeñarse más en deformarla. Hasta ahora se la ha comprendido 
mal, se la ha confundido con la pasión ó con la lujuria. La una y la. 
otra no son más que formas patológicas del amor... El amor..., pura- 
mente sensual en la antigüedad, se espiritualiza con el cristianismo. 
La fusión de estos dos elementos dará la característica del amor fu- 
turo. "Venus idealizada por el místico resplandor de la Concepción 
"Inmaculada." El amor concebido así constituye la potencia civiliza- 
dora por excelencia, lejos de ser el azole del mundo, según la exe- 
crable locura de los románticos, y se le aparece á Felipe Trigo como 
el más perfecto de los lazos sociales... La infidelidad cesará de ser 
una traición amorosa desde que se haya acordado que no se la con- 
sidera como tal. Hecho esto, se pondría fin á una farsa indigna, ya 
que es contada la mujer que en el fondo de su alma permanece, sin 
desfallecimiento, fiel á un solo hombre... En cuanto á la despropor- 
ción de la falta dt la mujer y la del hombre, puros sofismas... Des- 
pués del triunfo del socialismo, importaría poco que los hijos fueran 
de tal padre ó de tal madre, puesto que, suprimida la herencia, el 
hogar sería distinto en absoluto al que ahora conocemos... Los celos 
son un resto de barbarie..., hermanos de la vanidad...; no conocen 
el verdadero amor; sufren, no del abandono de la amada, sino de su 
propia desconfianza... No habría ya más sitio en el mundo para lo 
obsceno el día que, gracias á una educación común..., todas las mu- 
jeres fuesen bellas y amables... Divídense (sus obras) en dos partes: 
la una estudia esta forma imperfecta y condenable del amor que nos 
es familiar, procedente, sobre todo, de la observación; la otra propó- 
nese iniciarnos en los arcanos del amor futuro, verdadera llave <íe 
nuestra redención... Alma en los labios, La Altísima, Del frió al fue- 
go.... Las Posadas del amor. Las Evas del Paraíso..., La Bruta... La 
obra de Trigo no acompaña á una evolución de. sus ideas : su tesis 
es anterior á sus escritos, y éstos no son otra cosa que su desarrollo... 
Su deseo de crearse un estilo personal le ha desconcertado: cuando- 
«u fuerte individualidad se habría claramente afirmado sin ciertas ex- 
travagancias y ciertas incorrecciones... Parécenos alta y noble su con- 
cepción del amor; la osadía de sus procedimientos sobrepasa un tanto 
la medida." Vargas Vila, en Cervantes, t. ITI, pág. 9: "Les faltaba la 
gracia y la belleza del Estilo... y Trigo no era un Artista, en el Esti- 
lo... y acaso d!e ese defecto nacía su máxima cualidad; la de tener, comc^ 



S. XX, I90I. PEDRO DE REPIDE 



33 



los grandes y muy raros escritores, un estilo propio, un estilo personal 
exclusivamente suyo; abrupto, violento, guijarroso, de difícil domi- 
nio, pero suyo, exclusivamente suyo; él había forjado el instrumento 
para su labor, ese cincel tubalcainesco, con el cual cincelaba sus crea- 
ciones, extrañas, monstruosas, como hechas en una roca virgen, pero 
de una Vida Interior Relampagueante... La literatura de Trigo es 
una literatura clínica que merece y ocupa un lugar aparte en la Li- 
teratura española; no fué una literatura de liberación espiritual, con 
tendencias á un Idealismo fecundo, ó á un ensueño ermobleced'or y 
visionario, ¡ no ! ; ; fué una literatura d'e reflexión experimental, de emo- 
ción sensual, cuya repercusión nerviosa no sube más allá de la cin- 
tura y llega penosamente al corazón... esa literatura, á base patoló- 
gica, no se ejerció sino en un solo radio de acción: los nervios de las 
mujeres; era un admirable neurólogo ese novelista; él sabía que la 
mujer tiene el alma en el sexo, y pintaba á maravilla las luchas del 
Alma de la Mujer; por eso fué el autor preferido de ella... El Médico 
no murió nunca en él ; cada una de las protagonistas de sus libros 
fué un caso clínico... Fué un realista; un enorme y opulento escritor 
realista." 

Felipe Trigo, ediciones de Madrid: La Campaña filipina, 1897. Las 
Ingenuas, 1901. La Sed de amor, 1902. Alma en los labios, 1902. La 
Altísima, 1903. Del frío al fuego, 1903. La Bruta, 1904. La de los 
ojos de color de uva, 1905. Sor Demonio, 1905. En la carrera, 1906. 
Socialismo individualista, estudio, 1906, La Llave, 1907. El Amor en 
la vida y en los libros, estudio, 1908, Las Evas del Paraiso, 1909. Las 
Posadas del amor, 1909. Cuentos ingenuos, 1910. Los Abismos, 1911. 
El Médico rural, 1912. Jarrapellejos, 1914. La Crisis de la civiliza- 
ción, estudio, 1915. Sí sé por qué, 1916. Las Sonatas del diablo en ca- 
misa rosa (póst), 1916. En mi castillo de luz, igiy, salió á su nombre, 
pero es obra de su hija Julia. Consúltese H. Peseux-Richard, M. F. Tri- 
go, en Revue Hisp., XXVIII, págs. 317-389; traducido al castellano 
En mi castillo de luz, 1917. El Amor en los libros de F. Trigo, Haba- 
na, 1916. Manuel Abril, F. Trigo, su vida, su obra, ^u moral, Madrid. 
1917. Julio Cejador, F. Trigo (en La Tribuna, sep., 6, 10, 14 y 18). 

158. Año igoi. Pedro de Répide (n. 1882-), de Madrid, 
bautizado en El Escorial, estudió en la Central hasta los diez y 
siete, logró un premio en El Liberal (1906) con su primera no- 
vela La Enamorada indiscreta y se hizo popular con la Del Ras= 
tro á Maravillas (1907). Grande erudición y mucha lectura su- 
ponen los conocimientos que muestra de la historia de España 
y particularmente de la historia de Madrid; pero su poderosa 
fantasía le permitió recoger de la historia lo que no suelen ver 
los eruditos y lectores comunes : lo típico, lo pintoresco y todos 
los elementos artísticos, con que de la historia española y de la 

TOMO XIl. — 3E 



34 S. XX, I9OI. ÁNCEL CARNEVALI MONRREAL. 

madrileña en particular ha sabido fraguar sus novelas, cuentos 
y anécdotas. Es, sobre todo, el novelador del Madrid histórico. 
No hay rincón en la villa y corte cuya historia no conozca y 
del cual no nos haya contado algún acaecimiento novelesco. De 
la misma lectura ha sacado su estilo y lenguaje, que no es otro 
que el castizo de antaño, como hoy lo emplearían nuestros anti- 
guos novelistas, con sabor rancio y á la vez moderno, sin la 
menor afectación de antigüedad y sin perder por eso el espíritu 
del habla antigua. Del Madrid viejo pasó luego á describirnos 
el Madrid moderno, mayormente el de los barrios bajos, que 
tiene recorrido y frecuentado, exprimiendo en sus novelas el 
espíritu de las gentes que lo habitan, sin falsear la realidad, 
pero con un cariño tan entrañable que diríase considerarlas 
como de su familia ó de su íntima amistad. Por esta nota de 
intimidad y de cariño distínguense sus narraciones de las de 
los demás noveladores madrileños. Pasan por ellas lo apicaradoi 
lo pizmiento, lo chillón del pueblo bajo, los tugurios, cafetines, 
tascas y tabernas, donde la gente del bronce traga vino y es- 
cupe dicharachos, donde se fraguan crímenes, se sacian vicios, 
se cuaja la carne de presidio; y con todo eso deja entrever 
siempre el autor en el fondo de aquellas almas un no sé qué de 
alteza moral envuelta en lodo, algo de bondad ingénita, á la 
par que del garbo y elegancia en porte y modales, dotes todas 
que caracterizan á las más bajas gentes de nuestro pueblo. Su 
estilo, siempre suelto j castizo, ameno y colorista, señoril y 
ahidalgado. 

Gabriel Miró Ferrer (n. 1879-), alicantino, es cultiva- 
dor de la prosa de los que podemos llamar impresionistas, que 
saben comunicar impresiones sugiriendo; escuela derivada del 
simbolismo francés. No sugiere, sin embargo, mediante los so- 
nidos, musical ó instrumentalmente, como los simbolistas, sino 
pictóricamente. Es pintor impresionista en prosa, solazándose, 
por consiguiente, en la descripción del paisaje, menudeando epí- 
tetos y usando vocablos pintorescos, escogidos y raros, de color 
local y de provincia. El realismo de que sería capaz tan vivo 
pintor queda abrumado en sus libros por la tendencia, más que 
simbólica, idealista, que le lleva á evaporar en brumas, bonita- 
mente matizadas y de sosegados sentimientos, personajes y 
escenas, algo así á lo Valle-Inclán y Maeterlink; pero que pa- 




PEDRO DE REPIDE 



S. XX, 1 90 1. LUIS ESTESO 35 

recen despegarse de las tierras levantinas, adonde se echan y 
donde el sol las deshace en un punto. Este tinte de impresión 
ideal, vaga, tenue y placentera, ribeteada de misterios, falsea 
no poco los personajes, dejándolos medio á oscuras, sin diseño 
bien perfilado, y la acción no menos, haciéndola floja y tramada 
de casos, ó poco verisímiles ó de ningún relieve. Pero esta 
escuela sólo parece pretender dar cierta impresión general más 
ó menos simbólica, con sus puntas y ribetes de misterio, sin 
bien tramada acción, con escenas y sensaciones fragmentarias, 
y esto lo consigue, ciertamente, el autor, aunque perdiendo en 
vigor y realismo castizo. Su prosa es muy exquisita, demasiado 
exquisita, hasta rebuscada y artificiosamente infantil; muy re- 
pulida, variada y musical, como de parnasiano francés, bien que 
casta y limpiamente española. Es Miró un cincelador de la 
frase más que otra cosa, que toma pie del paisaje y de algunas 
almas, bien metidas en él, para despertar sensaciones suaves y 
vagas, como las que la música despierta. Lírico en prosa, y como 
lírico poco atado á la acción una, á los caracteres, á los grandes 
afectos, sólo mira á comunicar estados de su propia alma. 

Francisco Acebal Labiada (n. 1866-), de Gijón, compuso 
cuentos y novelas psicológicas, de la escuela realista española, 
descubriendo las almas y el vivir de la gente humilde y menuda. 
Fundó La Lectura (1901) y a poco se retiró casi de las letras. 

Luis Esteso y López de Haro (n. 1881-), actor y autor 
cómico, que compone y representa en varietés, es en sus piezas, 
todas gordas, bastante bvrdo y verde, como para su público; 
pero no carece de gracejo, de sal y pimienta y aun pimentón. 
El buen humor y chocarrería, el chiste, comúnmente de concepto 
5 contraste, más bien que de palabras, aunque de palabras otras 
veces y puro retruécano, hicieron asiento en su ingenio burles- 
co, reidor y bohemio, como su vida, que se la ha pasado reco- 
rriendo el murdo y haciendo reír al mundo tpdo. Cualidad ésta 
del buen humor, de la chunga y del chiste, tan de España, que 
hasta no parece vinculada á la raza, puesto que, por lo común, 
no se trasparenta en los escritores americanos, demasiadamente 
seriotes y empaquetados. Esteso es un escritor sin hueras ufa- 
nías, que ha logrado su propósito de escritor : hacer reír : Podrán 
decir que llega en el chiste hasta la necedad; pero los mismos 
que lo digan no leerán dos párrafos suyos sin reír franca y 



36 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (iSSS-IQO?) 

desahcgadameilíe. Agradezcamos á \m autor libros que nos des- 
ahogan, nos ponen la risa en los labios y nos hacen pensar que 
no todo es tristeza y melancolía en el mundo. Esteso es cómico 
de pies á cabeza, hombre y escritor amasado con elementos có- 
micos ; y lo cómico és un ingrediente del arte literario. A nadie 
hace daño, á todos hace bien y los hace más hombres, puesto 
que sólo de los hombres es el reír. 

159. Répide en carta al autor: "Mi género preferido es las nove- 
las. Creo que es el más artístico y el más verdad. La historia también 
me interesa, porque toda mi atención está en el espíritu del pueblo y 
en la marcha de la raza, que va bastante diespacio, la pobre. Mi ideal es 
hacer novela española, no con un falso y acantonado casticismo, sino 
con el verdadero del nervio y de la sangre de la variadísima familia 
hispana. Lo pintoresco de las costumbres populares y la extraña pi- 
caresca que perdura en el alma de la raza, atraen mi interés. Quiero 
un mejoramiento, no sólo material, sino moral para el pueblo, y con 
un ideal de amor, de justicia, y de bien, creo que el libro debe ser 
eco de necesarias rebeldías, y recoger las crudezas y los dolores jun- 
to á las bellezas y escasas dulzuras de la vida;" Andrés González 
Blanco, Hist. nov., pág. 870: "Pedro de Répide, el exhumador (íel 
arcaísmo sonoro y musical, el desenterrador de los preciosos cachi- 
vaches de antaño, el idólatra de chisperos y manólas, el conocedor 
del Madrid viejo, desentrañadlor de su alma, mejor que muchos ar- 
chiveros y cronistas con estipendio oficial, el adorador de toda mo- 
dernidad perversa y amable, el que vierte el vino nuevo en odres 
viejos." Cansinos Assens, Las escuelas literarias, 1916, pág. 108: "Pe- 
dro de Répide, que ha escrito Las Canciones de la sombra, lleno de su- 
tileza ultramoderna, se nos revela como un clasizante en un libro, 
Agua en cestillo...; es un resuelto arcaizante..., se hace desde enton- 
ces el cantor de lo antiguo... Pero Répide, lleno de espíritu y de buen 
gusto... es más moderno en lo antiguo; y galante y fino, su corte so- 
ñada es la corte dieciochesca..., está mentalmente en el siglo xviii y 
es un galano abate rasurado, de finos hábitos sutiles y de rosadas ma- 
nos...; su estilo, no contorsionad*o ni enrevesado como el de otros ar- 
caizantes, no tan primitivo é ingenuo como el del maestro (Valle- 
Inclán), es el estilo sempiterno de los buenos escritores, llano y pul- 
cro, de un clasicismo convenido, de siglo xviii, ya rejuvenecido en sus 
leños severos por la primavera de las rosas de Francia..., un clasicis- 
mo de buen tono, elegante y sencillo... En la moda arcaizante él pone 
un paréntesis lleno de gracia hacia la sutileza moderna; y en él se 
hace nuevo lo antiguo y lo nuevo se ennoblece con una e^.egancia an- 
tigua, ya sutil y moderna, como devanada en los finos husos de gracia 
del siglo XVIII... P. de R., el creador de la moderna novela madrile- 
ña..., el cantor de las cosas antiguas y cercanas." Pág. 133: "La es- 



S. XX, I9OI. GABRIEL MIRÓ FERRER Sj 

cuela madrileñista ha surgido en nuestros días como una rectificación, 
con más pura gracia é intención más fina de los antiguos cuadros de 
costumbres, á lo Mesonero Romanos y á lo Ricardo Sepúlveda. Inicia 
este renacimiento... Pedro de Répide con su admirable novela DqI 
Rastro á Maravillas, que perdurará como un dechado de la novela de 
ambiente y de costumbres... P. de R. ha puesto en ella su fina gracia 
castiza, su sentido estético de lo antiguo y su percepción sutil de lo 
moderno." P. Répide, ediciones de Madrid: Libertad, poema, 1901. 
Las Canciones de la sombra, 1903. Novelas; La Enamorada indiscreta. 
Agua en cestillo. No hay fuerza como el amor (1907). Del Rastro á 
Maravillas (1907). El Solar de la Bolera (1908). El Madrid de los abue- 
los (1908). Noche perdida (1908.) Paquita Candil (1909). Del rancio 
solar (1910). Los Cohetes de la verbena (1910). Cuentos de viejas 
(1910). El Duende de la corte (1910). Las Cartas de la azafata Cloe 
(1911). Un conspirador de ayer (1911). La Buena fama (1911). La 
Corte de las Españas (1913). El Puesto sereno (1913). Chamberí por 
Fuencarral, La Venganza de Julia, La Torre sin puerta, Noche per- 
dida (1913). La Desazón de la Angustias (1914). Costumbres y devo- 
ciones madrileñas (1914). La Negra (1915). El Regalo de la madrina 
(1916). Los Espejos de Clío (1918). El Maleficio de la U (1920). La 
Lámpara de la fama, cuestiones ¡históricas (1920). Para el teatro: Los 
Majos de plante, saín. (1908). La Llave de la Araceli, com. (1908). 
La Casa de todos, dr- (1908). Cadenas de rosas (1909). Veteranos, 
cuadro dram. (1917). 

En una carta de Miró á A. González Blanco, en Los Co)itemporá- 
neos. I.'' ser.: "Amo el paisaje desde muy niño. No olvido nunca mis 
largas temporadas pasadas en la enfermería de un colegio de jesuítas, 
desde cuyas ventanas he sentido las primeras tristezas estéticas, vien- 
do en los crepúsculos los valies apagados y las cumbres de las sie- 
rras aún encendidas de sol. Después, á los diez y seis ó diez y ocho 
años, sin atender las voces de mi alma, me casi mezclé en la compañía 
de señoritos insustanciales ó de mozos divertidos; fui estudiante de 
leyes en \^alencia y Granada. Pero pronto supe que no servía para eso 
ni era mi vocación. Fui reconcentrándome en mí mismo, escuchándo- 
me, y comencé á saber que sentía lo que antes sentía sin saberlo. Pa- 
sablemente yo sería pintor, si no hubiera muerto el maestro Lorenzo 
Casanova... Sin barruntos de condiciones para la música, ha sido este 
arte de los que más emociones me han dado. Oyendo á Kuhllik me han 
conmovido celos feroces. A los diez años, cuando ya conocía muchos 
autores griegos y latinos (traducidos, pues olvid'é estas lenguas) y ha- 
bía leído á nuestros clásicos, hice un volumen de artículos; en uno de 
los cuales me detuve tanto, que me salió un libro : La Mujer de Ojeda 
(1900). ]\Iuchos remordimientos artísticos me cuesta. Lo escribí li- 
vianam nte. Luego he visto que de mis líneas postreras he podido ex- 
traer la verdadera novela. De las obras anunciadas, sólo he hecho una 
mitad de Las Cerezas del Cementerio (mi primera novela) (1910), aun- 
que la sepa toda. Hilván de escenas (1901) y Del vivir (1903) las debo 



38 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (188S-I907) 

á dos viajes por algunos pueblos de esta provincia. La región leprosa 
la visité dos veces... Ocre, apenas comenzado, renuncié á publicarlo; no 
me gus'.aba... Al empezar un libro no me propongo nada. Quiero ex- 
presar ideales. Tendencias, no las tengo ni las inicio, por antiartísticas. 
Proceden de conveniencias ó de teorías profesadas más ó menos seria- 
mente; pero ¿no pudieran estar todos completamente equivocados?... 
Ansié siempre viajar. Grecia y Atenas han sido los pueblos en que 
con más veneración y amor he pensado. No los he visto nunca; no los 
visitaré. La idea de visitarlos como turista me ha repugnado, por irres- 
petuosa... Detesto piadosamente á los escritores pomposos, fatuos y 
brillantes. No me arrepentiré nunca de haber fingido sensibilidad. Ya 
tengo veintiséis años. Nunca he escrito ni verso ni una comedia..," 
Esta manera de escribir dista mucho de la que emplea Miró en sus li- 
bros, donde la naturalidad y llaneza están ausentes y han tomado su 
lugar lo rebuscado y artificiosamente infantil. Es Miró pesimista de- 
cad'ente, digamos, en los asuntos y manera de tratarlos: El Abuelo del 
rey presenta caracteres tan abúlicos, que dicen, tan fracasados, tan 
sin voluntad, como La Voluntad, de A::orin, y no lo son menos las de- 
más de sus novelas. Desconsolada manera de ver á la raza hispana, que 
responde en parte á la realidad de hoy y en parte la exagera. Es de 
los escritores á quienes por su afeminada educación a la francesa des- 
alentaron los acontecimientos de 1898. Leída una de sus novelas queda 
uno desconsolado, desmayado: sale de ellas un vaho de desaliento 
maléfico y dañino. Nuestros escritores decadentes enflaquecen la fibra 
nacional, en vez de vigorizarla y alentarla. Es fruto del arte literario 
francés, que ha hecho mucho daño. Los personajes de El Abuelo del 
rey no tienen, además, realidad ninguna; son muñecos ideales fragua- 
dos en la fantasía; no son españoles, ni creo que de ninguna nación... 
¿No es hora ya de volver al realismo español y de esperanzar á la 
raza, dejándose los escritores de lloriqueos y de idealismos decadentes 
y ñoños? Los más así lo han entendido; Miró sigue atrasado, llori- 
queando poéticamente. Lástima grande en tan gran poeta. En su úl- 
tima obra, Figuras de la Pasión del Señor, ya no se nota el pesimismo; 
antes bien, un aire suave de sanidad sopla por doquier. Las escenas 
evangélicas en tierras de Palestina, caldeadas por el sol y alumbradas 
tan esplendorosamente, son asunto muy apropiado para que IMiró luzca 
su rica paleta levantina, que chorrea colores, brillos orientales y sua- 
vidades aromáticas. La vaguedad en el tono de las palabras evangéli- 
cas, como de tan remota lengua y espíritu, cuadra al justo al estilo de 
Miró. El Rabí Jesús resulta delicadamente esbozado, y no menos los 
demás personajes; pero, sobre todo, el paisaje toma gran relicA-e mer- 
ced á las voces propias, á los epítetos pintorescos y á las menucíencias 
en que se entretiene. Echa mano de cuanto pueda impresionar los cin- 
co sentidos, como fino impresionista; así que, no solamente se ven, sino 
que se huelen, se gustan y se tocan las cosas. Es un poema vago, lírico- 
descriptivo, en prosa, con todos los matices de la poesía. Sin embargo, 
nótase al punto la manera decadente, rebuscada y extrañamente ex- 



S. XX, I9OI. GABRIEL MIRO FERRER 39 

quisita del modernista escritor. Trasparentase el prurito de ser origi- 
nal y de parecer infantil y primitivo. Ramón María Tenreiro, La 
Lectura, set, 1915: "Gabriel Miró... caracterízase, en lo interno, por 
su amarga inclin?xión á historiar caducidades y decadencias; sus hé- 
roes son siempre fracasados, y lo que de ellos se nos cuenta son sus 
pasos cara á la ruina. El mundo es como un molino cruel, en cuya tolva 
van cayendo los más selectos y exquisitos espíritus..., una maquinaria, 
despiadada y estéril, que destruye sólo por destruir. Caracterizase el 
arte de Miró, en lo externo, por un lenguaje rico en vocablos; lírico, 
sencillo, altamente emotivo, florecicío en imágenes, personal, apartado, 
sin escándalo, de las tradicionales formas literarias; imo de los más 
insignes instrumentos expresivos que poseen nuestras letras de hoy. 
En ambos sentidos : por la desconsolada visión del imiverso como so- 
lar de ruinas, y por el ansia de vigorizar el poder emocional de las 
palabras, huyendo de la petrificación que deja en ellas el uso de los 
siglos, Gabriel Miró es el Benjamín de la generación literaria de 1898. 
Bien patente está ello en las páginas de El Abuelo del rey..., obra 
hermana de las de la juventud de Azor'm y Baroja, el último libro, en 
orden cronológico, no en méritos, de la memorable serie de la amarga 
literatura del desastre. Enlaza con el Azorin de La Voluntad por la 
irónica pintura de un vulgar ambiente d; pueblo, en el que languide- 
ce, falto de aire, el protagonista; por las resignadas y tristes figuras 
femeninas que pasan por el libro, sin revelar el misterio del silencio. 
Enlaza con el Baroja de Camino de perfección y de Silvestre Paradox 
por el desequilibrio psicológico de sus héroes, dotados de grandes cua- 
lidades, pero incapaces de todo perseverante y lógico esfuerzo; propios 
para pudrirse de fastidio en el panteón de un casino de pueblo ó lan- 
zarse locamente por el mundo creando y derrocando imperios. El secu- 
lar carácter nacional, tal como lo definieron los hombres de 1898 en 
sus estudios patrióticos... El escaso asunto es lo de menos. Lo que im- 
porta es la poesía melancólica que envuelve al episodio más pequeño, 
la suavidad y delicadeza con que están trazados los retratos de mujer, 
y, sobre todo, el carácter personal y vivo de la prosa en que está na- 
rrado el libro, sus evocadoras imágenes, la fuerza emocional que cada 
frase contiene, por la cual, acabada la lectura, quedamos por mucho 
tiempo impregnados en la blanda tristeza del espectáculo de la cadu- 
cidad! y perecimiento de tantas cosas que, por sus virtudes, debieran 
haber sido eternas." ídem, ibid., set., 1918: "Gabriel Miró es el último 
de los escritores de la generación del 98; el último en orden á la edad, 
no á los méritos. Tiene de común con ellos el interés por las vidas os- 
curas, fracasadas, inútiles; por los estados crepusculares de concien- 
cia, por los pueblos semimuertos. Además, escribe como ellos en modo 
menor, huyendo por sistema de los esplendorosos, amplios y sonoros 
párrafos de la tradicional elocuencia castellana, en una prosa muy per- 
sonal, muy delicada, muy expresiva, rica en vocablos y en giros, insu- 
perable para encarnar la clase de emociones que el autor ha querido 
verter en ella. Sigüenza es como un hermano menor del Antonio Azo- 



40 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

rín de la primera época y del protagonista barojiano de Camino de 
perfección... Un héroe romántico, sin fuerza para romper las innume- 
rables pequeñas ligaduras que en el mundo de fuera y en el de su 
débil espíritu le prenden á una vana existencia adocenada. Yo no sé 
qué nuevas realidades nos traerán tiempos ya próximos, cuyos pri- 
meros vagidos á estas horas suenan en nuestro oído. Mas en la Es- 
paña de la Restauración el tipo superior nacional fué este Sigüenza, 
este Antonio Azorín, de quienes hemos conocido miles de encarnacio- 
nes en la oscura languidez de las salas de todos los casinos de pueblo; 
almas semiparalíticas, incapaces de acción, pero que, desdeñosas de 
la miseria que las rodea, guardan celosamente un ideal de gloria en 
el fondo de su estéril y triste vivir. ¿No será tiempo de gritarles: 
¡Arriba los dormidos!?" G. Miró: La Mujer de Ojeda, Alicante, 1901. 
Hilván de escenas, 1903. Del vivir, 1904. La Novela de mi amigo, 
1908. Las Cerezas del cementerio, 1910-11. El Huerto provinciano, 
1912. El Abuelo del rey, 1915. Los Amigos, los amantes y la muerte, 
1915. Dentro del cercado, 1916. Figuras de la Pasión del Señor, 
1916-1917, 2 vols. El Libro de Sigüenza, 1917. El Libro de amores, 
1917. Consúltense: Andrés González Blanco, Los Contemporáneos, i." 
serie, París; J. Cejador, Valle-Inclán y Gabriel Miró, 1919 (en Nuevo 
Mundo, abril). 

Acebal, Huellas de almas, proem, : "Mi confesión de ideal estético, 
un poco frío, sin golpes de color, nebuloso y opaco, la confesión de 
ese ideal de hombre del Norte que ha de trabajar, sin embargo, para 
un pueblo meridional, la hallé al frente de Fierre et de Jean, no obs- 
tante las brillanteces levantinas que impregnan los hermosos libros de 
Maupassant. Estaba allí tan clara, tan sencilla, mi confesión, que, al 
releerla me pareció leer uno de esos manuales de examen de concien- 
cia, que todo nos lo dan cocidito y amasado. Con traducir bastó. ¿ Era 
preciso añadir algo á esto? El novelista que transforma la verdad bru- 
tal, desagradable, para conseguir una aventura excepcional y seduc- 
tora, debe, sin cuidarse demasiado de la verosimilitud, manejar los su- 
cesos á su antojo, prepararlos y combinarlos para agradar al lector, 
conmoverle ó enternecerle... Por el contrario, el novelista que pretende 
darnos una imaeen exacta de la vida debe evitar con cuidado todo 
encadenamiento de sucesos que parezcan excepcionales. Su fin no es 
contarnos una historia, divertirnos y enternecernos, sino forzarnos á 
pensar, á comprender el sentido profundo y oculto de los sucesos. A 
fuerza de haber visto y meditado, mira el universo, los hechos y los 
hombres de un cierto -mocío que le es peculiar y que resulta del con- 
junto de observación. Esta visión personal del mundo es la que in- 
tenta comunicarnos, reproduciéndola en un libro... La habilidad de su 
plan no consistía en la emoción ó en el encanto, en un principio atrac- 
tivo, ó en una catástrofe conmovedora, sino en el agrupamiento sagaz 
de hechos menudos, de donde se desprenda el sentido definitivo de la 
obra...; tales son los hilos sutiles, casi invisibles, empleados por cier- 
tos artistas modernos, en vez del cable único que tenía por nombre 



S. XX_, 1 90 1. LUIS ESTESO 4 1 

La Intriga. En suma : el novelista de ayer escogía la crisis de la vida, 
los estados agitados del alma y del corazón ; el novelista de hoy escribe 
la historia del corazón y del alma en su estado normal." Memento 
autobiográfico, en A. Gonz. Blanco. Los Contemporáneos, i.^ serie: 
"Nací, hace muchísimos años, en un pueblo costeño del Cantábrico. 
Recuerdo mi infancia y mi adolescencia como dos edades tristes. Fui 
un infante seriecito, formalote y aplicado, con lo cual me preparé una 
juventud sin alegría. Sólo en la virilidad me percato de que la vida 
es una obra nuestra, una novela más que nosotros hacemos, algo á 
nuestro gusto, algo al gusto ajeno: al gusto de la mujer que se inter- 
pone. Yo hallé una. Otra mejor no pude hallarla, porque es el equi- 
librio de mis sueños de poeta. Soy, naturalmente, inclinado á la vida 
plácida. Esquivo por igual á la burguesía y á la bohemia; creo, como 
Porto-Riche, que esta última es la forma social del raté. Tengo una 
idea turbia de haber cursado las aulas universitarias, unas aulas sucias, 
polvorientas y embrutecedoras. En literatura obtuve la honrosa cali- 
ficación de suspenso, que me adjudicó un señor que llamaban Moguel. 
Mi vida de escritor comenzó en periódicos provincianos, hasta que 
Sánchez Guerra me llevó á escribir en El Español, no como redactor, 
ni de plantilla, sino como cronista. Probé mi pluma de novelista en un 
concurso de Blanco y Negro, y en vista de que no me suspendieron, 
seguí escribiendo. Seguiré escribiendo, porque sólo escribiendo vivo." 
Francisco Acebal: Huella de almas, nov., Madrid, 1901. Aires de mar, 
ídem, 1901. De buena cepa, id., 1902. De mi rincón, id., 1902. Doloro- 
sa, id., 1904. Cuentos. El Calvario, nov., 1905. Nunca, com., 1905. Re- 
belde, id. A la moderna, id., 1914. El Amigo Manso (de Galdós), dra- 
ma, 1917. 

Luis Esteso: Madrid Cómico, 1901. El Cantor de los amores, poe- 
mas, Villena, 1904. Reír que alegra, poesías, 1906. La Influencia del 
tango, entremés, 1907. La Pobre Dolores, saín., 1907. Diálogos de tea- 
tro, 1908, 1913, 1919. La Loca, zarz., 1908. El Asesinato de la cupletista 
Ombligúete, nov., 1910. Monólogos excitantes, 1910. Monólogos pica- 
rescos, 1910, 1913. La Reata humana, alaridos plebeyos en aleves ro- 
mances, 191 1. Chistes, 191 1. Monólogos picantes, 191 1. Monólogos ale- 
gres, 191 1, El Palacio de las musas, 191 1. Quince romances en chufla, 
191 1, 1917, 3.* ed. Lecherías, diálogos y monólogos, 191 1. La Bella 
Pendonccte, nov., 1911-12. Cartas para todos, 1912. Alaridos eróticos, 
obras completas, 1912. Viaje cómico por España, 1913. Entremeses, 
1913. Chascarrillos y epigramas, 1913. Joselito tiene miedo, 1913. La 
Vida de Belmente y algo más, 1913. Los Caminos del amor, poemas, 
1913. Para que rían las mujeres, 1913, 1918. Cartas amorosas, 1913. Ma- 
lagueñas y cantares, 1913. Rebuznos, lecherías, alegres y excitantes, 
50 monólogos verdes, 1914. El Rival de Belmente, 1914. Monólogos 
nuevos, 1914. La Vida cachonda, memorias de una cupletista, 1914. El 
Turbión de la risa, 1914. Para que rían los curas, 1914. Consulta gra- 
t^'^, jug., 1914. El Señor catalán, juguete (con Ignacio Muñoz), 1915. 
Pancho y Mendrugo, sain., 1915. La Mujer del primo, jug., 1915. Al 



42 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

volver de las capeas, entr., 1915. Examen de chistes, entr., 1915. Los 
Mejores monólogos, 1916. Conferencias cursilonas. Monomanía to- 
rera y la Cateta. 1916, Receta para casarse. Los Matones, 1917. No hay 
dicha sin amor, 1917. Monólogos picarescos, 1917. La Madre Señora, 
sain., 1917. Una conquista militar, entr., 1917. Nuevo viaje al Parnaso, 

1917. Oigan las mujeres guapas, 1918. Cartas de novias y amantes, 

1918. El Nieto de don Quijote, 1918. El Pequeño derecho, 1918. Cartas 
amorosas y cartas para todos, 1918. Cancionero de chistes, 1918. No- 
velas picarescas. Alaridos eróticos, Monólogos escogidos, 1919. Ani- 
males caseros, 1919. Nuevas cartas amorosas, 1919. Para que rían las 
mujeres. Los Caminos del amor, 1919. Teatro ligero, 2.!" ed., 1919. 

160. Año igoi. Carlos Octavio Bunge (1874-1918), ar- 
gentino, abogado, catedrático de la Universidad de Buenos Ai- 
res, tradicionalista y aristócrata por carácter, amplio y liberal 
en ideas, sociólogo que estudió la conciencia de la educación, 
historiador del Derecho de su tierra, pensador genial, infa- 
tigable lector y trabajador continuo, mezcla de alemán y de 
español en sangre y espíritu, pero más español que alemán 
en ambas cosas; compositor de música, crítico, dramaturgo, 
novelista, gran conocedor de nuestra literatura, cuyo espíri- 
tu de la época clásica se había apropiado y cuyo casticismo 
fué cada día en él creciendo. Su estilo es de añeja estirpe caste- 
llana, trasparente y sencillo, sobresaliendo en la narración, en 
la cual muéstrase ameno, movido, suelto y elegante. Fué uno 
de los más serios literatos y escritores americanos, polígrafo y 
muy erudito en varias disciplinas, 

Claudio González Rucavado (n. 1882-), de Heredia (Cos- 
ta Rica), profesor de Derecho en el Liceo de Costa Rica (1904- 
12), diputado (1912), co fundador del Ateneo, es uno de los me- 
jores escritores y novelistas de su tierra, de tonalidad regional 
en el pintar de las costumbres, en el empleo del idioma y en el 
poner de manifiesto el espíritu de ciudadanos y campesinos. 
Hay en Escenas costarricenses "un poema, cuyo protagonista, 
Quirco, es una creación llena de vigor y de intensidad", como 
escribió Zorrilla de San Martín. 

Manuel Ugarte, argentino que vive en París, colaboró en 
periódicos madrileños y se apropió la manera francesa y el es- 
tilo modernista ; es prosista de color y vida, ligero y superficial ; 
ha cultivado el cuento, la poesía, la crónica, la novela, dándonos 
la sensación del París galante y liviano. 



S. XX, I9OI. CARLOS OCTAVIO LUNGE 43 

161. Andrés González Blanco, Escritor, repres. de América^ 
igiy, pág. 219: "La Novela de la sangre,... como una epopeya sar- 
cástica de aquella época terroríficamente sanguinaria (de Rosasj. Diré 
mejor: más que novela, es resumen elegante y ameno de históricos 
episodios, con el aditamento d'e una fabulación no muy intrincada... 
Su estilo es visiblemente tacitiano. Al modo de Tácito y de Carlyle, 
Bunge escribe en un estilo cortado, rudo ó ligero, según conviene, y 
sobre todo resonante. Por medio de sabias y oportunas aliteraciones, 
sus periodos toman á veces la forma incisiva y enérgica de los versos 
heroicos y homéricos." Ern. Quesada, Nosotros, 191S (jul.) : "Mezcla 
singular de atavismo germánico y éuscaro, criollo hasta la medula de 
los huesos, heleno por el singular refinamiento de sus gustos, erudito 
profundo y trabajador infatigable, "superhombre" en el concepto 
nietzschiano, en cuanto desenvolvió su existencia con absoluta pres- 
cindencia de la tiranía hipócrita del "qué dirán" social : Bunge era en 
realidad un soñador con ojos despiertos, que andaba siempre pensa-- 
tivo y elevado, y discurría fantásticamente durmiendo en lo que pen- 
saba velando. Tenía cabal conocimiento y plena posesión de su valer : 
seguro de sus fuerzas, exento de prejuicios, dedicó su vida al estudio 
constante, incansable siempre en una labor cuasi hercúlea; nunca 
airado, sino risueño, lleno de fe y placidez, sin envidias ni rencores, 
salió con lo que pretendía y realizó el ideal de su existencia tal cual se 
lo puso en la imaginación, sin que jamás le erizara los cabellos el pen- 
sar en el aplauso ó la crítica de los demás... No concertaba pactos in- 
dignos coa lo que consideraba un error, y no temía hacer campo uno 
solo contra todos, y estuvo valiente á todos los asaltos. Pero, sea en 
defensa de sus propios ideales ó en lucha con los ajenos, si bien su 
palabra, hablada ó escrita, era neta y enérgica, sin desfallecimientos 
ni salvedades, había heredado la nobleza con la sangre y jamás des- 
cendió al terreno del personalismo : combatía exclusivamente por ideas, 
y la persona del adversario, sobre todo cuando era visiblemente sin- 
cero, le daba derecho riguroso á toda su consideración y respeto... 
Tenía echada en su vida tan hondas raíces la conciencia de lo sagrado 
de la producción intelectual, que consideraba á ésta como un culto, 
con sus ritos y sus dogmas: era un cuasi iluminado, un místico, un be- 
nedictino laico. No comprendía cómo otros podían en esto obrar con 
indiferencia, pues para él era un bien donde se encierran todos los 
bienes; ni vadeando un piélago profundo alcanzaba á entender la sin- 
gular elasticidad de aquellos retóricos de la decadencia, de quienes el 
satírico latino ha dicho que eran maestros eximios en exponer con 
igual eficacia el pro y el contra de todas las cosas. Bunge se erguía 
todo entero y le centelleaban los ojos cuando de tal cosa se hablaba, 
y manifestaba sin ambages, en términos que hacían escocer las orejas, 
su desdén profundo por la producción careciente de sinceridad. Esta 
cualidad era, á sus ojos, la más esencial y típica de toda obra... Como 
todo hombre consciente de su propio valer, era bueno, fundamental- 
mente bueno, porque no le hacía sombra nadie y creía á macha mar-- 



44 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

tillo que había lugar para todos á la luz del sol: su exterioridad algo 
brusca á veces, y su incorregible sinceridad, que le impedía d'isimular 
sus impresiones ó fingir lo que no está en el ánimo, posiblemente le 
conciliaron poca benevolencia en algunos ó aun le atrajeron la ani- 
mosidad de otros, quienes lo proclamaron orgulloso ó malo... Prefirió 
la triple modesta semioscuridad del tribunal, de la cátedra y del libro, 
que tienen sólo un círculo limitado de personas como auditorio ó apre- 
ciadores." Man. Gálvez, Nosotros (1918, jul.) : "De los cuatro abue- 
los de Octavio, tres eran argentinos, y uno, el de su apellido, belga, 
el cual desempeñó durante muchos años el cargo de encargado de Ne- 
gocios de los Países Bajos en Buenos Aires... Por su espíritu, Oc- 
tavio era profundamente latino. Amaba á España y á su arte y á su 
literatura. En el Ateneo Hispanoamericano pronunció una conferen- 
cia del más sincero españolismo... Nuestra América es, sin disputa, 
un libro genial. Hay en sus páginas ciertas observaciones de una rara 
novedad, de una penetración profunda. Su valer fué reconocido en 
la época de aparición... Su voluntad para el trabajo era única. No he 
conocido nada comparable. Ha muerto á los cuarenta y tres años, de- 
jando veintidós tomos... En diciembre, hallándose en mi casa, aseguró 
que se confesaría, y no sé si fué en ese mismo día ó una ó dos sema- 
nas después, que afirmó no haber nunca dejado de creer. Solía decir 
que todas las noches, antes de dormirse, rezó siempre un Avemaria y 
varios meses antes de morir confesó que también rezaba el Credo... 
Un mes antes de morir, y sin que nadie se lo pidiera, hizo llamar á 
monseñor Terrero, pariente suyo, y quien le preparó, hacía treinta y 
cinco años, más ó menos, para la primera comunión. En la segunda vi- 
sita de Terrero, se confesó y comulgó. El acto de recibir los santos Sa- 
cramentos fué un espectáculo emocionante y de una augusta solem- 
nidad... Durante un mes, desde el día que habló con monseñor Te- 
rrero, sus palabras, su actitud, sus sentimientos, fueron los de un ad- 
mirable cristiano. Había una gran bondad en todo lo que decía. Es- 
peraba la muerte con absoluta resignación, sin temor ni protesta... 
Los postreros días del maestro que escribió Nuestra América y El 
Derecho, fueron dignos de sus libros. Fueron dignos de su alto es- 
píritu y de su sano y fuerte cerebro." C. O. Bunge : El Federalismo 
argentino (tesis), Buenos Aires, 1897. El Espíritu de la educación, 
ibid, 1901 ; Madrid, 1902 (con título de La Educación), 1903 (3 vols., con 
título de Principios de Psicología individual y social) ; Buenos Aires, 
1907; Valencia, 1909. Nuestra América, ensayo de psicología social, 
Barcelona, 1903; Buenos Aires, 1905, 1911 (4.^ ed.). Principios de 
psicología individual y social (extractado de La Educación), Madrid, 
1903. Xarcas Silenciario, nov., Barcelona, 1903. Educación de la m,u- 
jer, ibid., 1904. La Novela de la sangre, Buenos Aires, 1904; Valencia 
(1904) 1907; Madrid, 1913. Teoría del Derecho, Buenos Aires, 1905, 
1907 (con título de El Derecho), 1909, 1915-16, 2 vols. Thespis, no- 
velitas y cuentos, Buenos Aires, 1907. Los Colegas, dr., 1908 (en 
Nosotros) ; Buenos Aires, 1909. Viaje a través de la estirpe y otras 



S. XX, I9OI. MANUEL UGARTE 43 

narraciones, ibid., 1908, 191 1, Historia del Derecho Argentino, 2 vo- 
lúmenes, ibid., 1912-13. El Derecho en la literatura gauchesca, disc.^ 
Í913. Vicente G. Quesada, 1914. Obras completas preparadas, de ellas 
antes publicadas : Estudios filosóficos, Estudios pedagógicos (2 vols.), 
Draynas (2 vols.); inéditas: Los Envenenados, noy.) El Capitán Pérez,. 
narraciones vulgares (2 vols.). La Sirena, narraciones fantásticas (2 vo- 
lúmenes). El Sabio y la horca, narraciones ejemplares (2 vols.) ; Versos 
Sarmiento, Memorias autobiográficas. Consúltese: Nosotros (núm, ex- 
traordinario, julio, 1918). 

C. González Rucavado: El Hijo de un Gamonal, nov., 1901. Esce- 
nas costarricenses, nov., 1906, 1907, 1913. De Ayer, cuentos, 1907. £»- 
sayos sobre Moral y Política, 191 1. Egoísmo, nov., 1914. 

Romerto F. Giusti, Nuestros poetas jóv., 1912, pág. 124: "Poeta- 
muy simpático es Manuel ügarte. Este convencido creyente en la mi- 
sión social de la literatura, idea á cuya defensa ha consagrado gran 
parte de sus escritos, es, por contradicción no rara, cuando escribe, 
uno de los literatos menos trascendentales que darse puedan. Ahí 
están para atestiguarlo sus novelas, ó lo que sean, y sus versos. Este 
soñador, con ribetes de sociólogo, de un futuro mejor, es en poesía 
sobre todo un galante madrigalista, y acaso nada más que eso. En vano 
ha intentado hacer resonar en sus versos las protestas y los ensue- 
ños del pueblo. Su musa no conoce el acento de la rebelión; se siente 
á sus anchas en los salones, no en las barricadas. Más que para dis- 
parar tiros á los burgueses, Ugarte ha nacido para ofrecer flores á las 
damas; más que para vomitar la injuria que latiguea, para susurrar 
el requiebro que acaricia. Razones estas de su triunfo en el madrigal. 
Es inútil que le declare á su marquesa que no lo fascina al referirle 
las aventuras de sus ascendientes las que pecaron en Versalles y mu- 
rieron en el cadalso. ¡ Oh, también ellas leían á Rousseau, de quien 
él se ampara, y sin embargo pecaban lo mismo, á despecho de las 
virtudes domésticas de Julia. La marquesa, si era despierta, le ha- 
brá contestado de seguro: "En Versalles, amigo mío, usted hubiera 
"sido mi abate." Bueno; estamos; un abate madrigalista del si- 
glo xviiij lleno de lecturas filantrópicas, caído en el bulevar en pleno 
siglo XX. Eso es Manuel Ugarte. No ha escrito muchos versos, y en- 
tre los mismos que ha escrito ha escogido con bastante cuidado los de 
su único libro. Vendimias juveniles (1907). En la graciosa "Dedica- 
toria á la primavera" de que los ha precedido, Ugarte, al damos una 
feliz caracterización de su obra, nos advierte : "Son en realidad los 
"primeros y probablemente los últimos versos que publico. Con ellos 
"mato mi primera juventud, y echo la llave á los cuentos imposibles. 
"Porque estas vendimias juveniles no marcan en mi vida literaria más 
"que un intermedio de la acción, un á cote. En los tiempos de lucha 
"por que atravesamos, el hombre se debe casi más á la justicia y á 
"la verdad, que al ensueño y á la belleza. Su arma es la prosa fle- 
"xible y ágil..." ¿No ven ustedes? El abate, sintiendo escrúpulos de 
haber escrito versos en los abanicos, quiere volver á sus disertacio- 



46 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

nes sobre la desigualdad del género humano. Recuerdo ahora que al- 
guna vez lo reprendí á ligarte — ¡y hasta en latín! — de semejante 
declaración. Puede diarnos otro ó cote, que no se lo reprocharemos. 
Se leen siempre con deleite tales versos de primavera, claros, frescos, 
ligeramente tiernos, amablemente ingeniosos, que tienen el frivolo en- 
canto de la espuma ó el encaje." Andrés González Blanco, Hist. nov., 
pág. 872 : "Manuel Ugarte, espíritu alto y vigoroso, con talento robus- 
to de sociólogo, fantasía de creador artístico y rebusca inquieta de un 
estilo propio y seguro." Amadeo Almada, Vidas y obras, 1912, pági- 
na 140: "Escritor y novelista..., prosista vigoroso..., elegante, narrador 
admirable y observador delicado y sutil de todos los múltiples ma- 
tices de pasión y sentimiento que caracterizan el alma trabajada y 
compleja de las modernas sociedades... En cuanto al estilo, es claro, 
fluido y elegante ; en cuanto al lenguaje, es rico en imágenes, muchas 
de ellas originales y casi todas apropiadas." Man, Ugarte : Paisajes 
parisienses, París, 1901. Cuentos de la Pampa, ibid., 1902. Crónicas del 
bulevar, ibid., 1903. La Novela de las horas y de los días, ibid., 1903. 
Visiones de España, Valencia, 1904. El Arte y la democracia, ibid., 
1905. Las Mujeres de París, 1905. La Joven literatura hispanoameri- 
cana, antología, París, 1906, 1912. Vendimias juveniles, poesías, ibid„ 
1907. Las Nuevas tendencias literarias. Valencia, 1909. Los Estudian- 
tes de París, Barcelona, 1911. El Porvenir de la América latiría, la 
ra:a, etc., Valencia, 1911. Tarde de Otoño, sinfonía sentimental, cuen- 
tos. Burbujas de la vida. América Latina para los latinoamericanos, 
conferencia, Lima, 1913. Una Carta sensacional al Presidente de los 
Estados Unidos, ibid., 1913. El Porvenir de la América Latina, Mé- 
jico, 1918. En Esp. Mod.: Dos Sonetos (1900, jul.). Sol de saugre (1901, 
julio). La Cautiva (1903, maxo). 

163. Año 1901. Joaquín López Barbadillo^ de Sanlúcar de 
Barrameda, redactor de El Imparcial, croniquefo ameno é ingenioso, 
crítico de toros autorizado y chispeante; pero se ciñó después á edi- 
tar y traducir las obras eróticas y verdes más celebradas. El Fin del 
mundo, juguete, 1901. Camino de flores, zarzuela, 1907. El Mirlo, en- 
tremés (con Dióg. Ferrand), 1908. Comedia del Herrador, de Pedro 
Aretino, trad., 1908. Romance pastoril, com., 1908. El Traje de Ve- 
nus, com. (con A. Custodio), 1909. Piel de oso, nov. escénica (con A. 
Custodio), 1909. La Danza de la muerte, (con id.), 1911. El Hongo 
de Pérez, juguete cómico (con Antonio F. Lepina), 1911. La Perra 
gorda, jug. (con id.), 1912. Los Caprichosos diálogos del divino Pe- 
dro Aretino, trad., 3 vols., Madrid, 1914. Cancionero de amor y de 
risa, recogido por..., Madrid, 1917. Nicolás Chorier, La Academia de 
las damas llamada "Sátira sotádica de Luisa Sigeá", trad., 1917. Al- 
fredo de Musset, Gamiani ó dos noches de pasión, 1918. La Tercera 
Celestina, tragedia de Lisandro y Roselia, 1918. Las Delicias de los 
(Césares, trad, 1919. El Culto secreto de las matronas romanas, 1919. 
Pedro Jara Carrillo (n. 1876-), de Alcantarilla (Murcia), redac- 



S. XX, I9OI. JENARO garcía 47 

tor de El Correo de Murcia (1902), director de El Liberal de la misma 
ciudad, fué poeta laureado en Murcia (1907) y en otros muchos cer- 
támenes; compuso acabados sonetos, hermosos y castizos cuentos y 
algunas obras teatrales. Siemprevivas, versos, Murcia, 1901. Relátn- 
pagos. Gérmenes, cuentos y versos, pról. de Rueda, ibid., 1903. Co- 
cuyos. El Libro de las canciones, ibid., 1910. Besos del sol, ibid., 
1912. Palabras y cuentos viejos, ibid., 1918. 

Leónidas N. Yerovi (1881-1917), peruano, poeta festivo y humo- 
rístico, comediógrafo y periodista, de los escritores más genuinamen- 
te nacionales por su chispa criolla, su sentido de lo cómico y su vena 
regocijada; en verso, ágil, travieso y alado, mariposea sacando de 
cualquier tema algo burlesco. Escribió mucho en periódicos y revis- 
tas, sobre todo en La Prensa, con seud. El joven X. La de cuatro 
mil, comedia de costumbres (1904). Salsa roja. Álbum Lima, Domingo 
siete, saínetes y zarzuelas. La Gente loca, comedia estrenadla en Bue- 
nos Aires. Inéditas y picarescas son las comedias La Casa de tantos 
y La Pícara suerte. Murió trágicamente, asesinado por un desconocido 
en una reyerta, frente á las puertas de La Prensa. "Olvida delibera- 
damente las melodías aprendidas á Rubén", para retozar en disloca- 
cios versos. Su facilidad para el saínete, para la copla leve, es prodi- 
giosa... continúa la vena de Caviedes, de Fuentes, de Ricardo Palma". 
(Vent. García Calderón.) 

Ramón de Godoy y Sala (1867-1917), coruñés, colaborador de Vidd 
Nueva (1902) y La Correspondencia (1903), robusto y armoniso poe- 
ta, publicó Aspiraciones, poemas, Madrid, 1901. El Eterno burlador, 
drama, 1915. La Tirona, dr. (con López Alarcón), 1915. En el cami- 
no, com. 1917. Los Jácaros, comedia premiada por el Ayuntamiento 
(con José Ignacio Alberti), 1917. El Viaje entretenido. La Canción 
sin esperanza, com. (con Navarro). La Quimera, dr. (con López Alar- 
cón). 

Jaime Fitzmaurice-Kelly, inglés, profesor de literatura caste- 
llana en Londres, gran hispanista, publicó The Ufe of Miguel de Cer- 
vantes, Londres, 1892; ó Miguel de Cervantes Saavedra, a metnoir, 
Oxford, 1913; traducción española, 1917. Don Quixote, trad. inglesa 
íie Shelton, con introducciones, 4 vols., Londres, 1896. Historia de la 
Literatura española, trad. por A. Bonilla, Madrid, 1901, 1913, 1916, 
1919. Chapters on Spanish literature, Londres, 1908. Lecciones de Li- 
teratura Española, traducción por Diego Mendoza, Madrid, 1910. Bi- 
hliographie de l'hisfoire de la littcrature cspagnole, París, 1913. The 
Oxford Book of Spanish verse, Oxford, 1913. Editó las obras de Cer- 
vantes y publicó en revistas artículos muy celebradlos. 

Jenaro García, mejicano, díirector del Museo Nacional, muy erudito, 
publicó Carácter de la conquista española en América..., según los tex- 
tos de los historiadores primitivos, Méjico, 1901. Dos antiguas rela- 
ciones de la Florida, ibid., 1902. Documentos inéditos ó muy raros 
para la historia de México (con Carlos Pere3'ra), 36 vols., ibid., 1902- 
05-11. Porfirio Días, ibid., 1906. Don Juan de Palafox y Mendoza, su 



48 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-IO07) 

virreinato en Nueva España, ibid., 1906. Leona Vicario, heroína in- 
surgente, ibid., 1910. Documentos históricos mexicanos, obra conme- 
morativa del primer centenario de la Independencia, 6 vols., ibid., 
19 10. Los Periódicos insurgentes, reprod. facsimile. Crónica oficial 
de las fiestas del primer centenario de la Independencia, ibid., 1911. 
Documentos inéditos del siglo xvi para la historia de México, ibid., 
1914. 

163. Año ipoi. Academia de la Historia, fundada en Bogotá, 1901. 
Ha editado: Los Comuneros. Recopilación historial. Relaciones de 
mando. Certas de Caldas, por E. Posada. Obra de Caldas, por id. El 
Tribuno de 1810, por A. León Gómez, La Convención de Ocaña, por 
J. J. Guerra. Cronología de Colombia (en preparación). Vida de 
José I de Múrqiiez, por C. Cuervo Márquez, 3 vols. Páginas de Histor. 
Diplomática, por Francisco J. Urrutia. Francisco de Miranda, por 
Robertson, traducción de D. Mendoza. Epistolario de Rufino Cuer- 
vo, por L, A. Cuervo (en prepar.), Archivo Santander, 18 vols. (con- 
tinuará). 

Isidoro Aguilar publicó La Tarjeta, comedia, ,1901. La Cuarta 
plana, pasatiempo novelesco, Irún, 1909. Anhelos y rutinas, iiovelas, 
IQ14. — ^Aurelio Aguirre publicó Poesías selectas, Coruña, 1901. — 
José Aguirre Acha (1875-), boliviano, cónsul en New-York, publicó 
De los Andes al Amazonas, historia (1901), y es autor de los saínetes 
La Lira y la Vara y La Capital disputada, y del monólogo El Centi- 
nela de Riosinho. — Roberto Alarcón Lobos^ por seud. Galo-Pando, 
Cuquin, De Brik, chileno, pintor de escenas nacionales que revela 
buenos conocimientos folklóricos ó demosóficos, retratando el habla 
y natural dicharachero y alegre de los rotos, escribió en Comedia 
Humana, en el género jocoserio, humorístico, con gracia fina y natu- 
ral, y publicó La Fruta prohibida, nov., Santiago, 1901. Horas festivas 
de un hombre grave, cuentos nacionales, anécd., epigr., etc., 1902, 3 vo- 
lúmenes. Gente alegre, cuentos, ibid., 1912. Bilbao y su tiempo, 1913. — 
R. Albornoz publicó Por Electro..., novela, Barcelona, 1901. — Ál- 
bum de Javier, recuerdo de la inauguración de la iglesia elevada en 
honor de S. F. Javier, Madrid, 1901. — La Vida de Alburquerque (vi- 
lla), Badajoz, 1901. — Antonio Miguel Alcover y Beltrán (1875- 
191 5), de Sagua (Cuba), publicó El Periodismo en Sagua, Habana, 
(1901, 191 i). Bayamo, 1902. Historia de la villa de Sagua, ibid., 1905. 
La Rep-ública de Nicaragua, Guatemala, 1910. Los Libros de produc- 
ción latinoamericano, Habana, 191 1. — Enrique Allende Ríos, mé- 
dico chileno, publicó Amor, copas y sangre, nov., Santiago. 1901. El 
Subterráneo del crucificado, ibid., 1906. — Federico Andrés y Sal- 
vador Gisbert publicaron Leyendas y tradiciones turolenses, Teruel, 
ic^oi. — Jesús Aramburu publicó Corleaduras y Pavones (1901). — 
Orestes Araujo (1854-1916), de Menorca, que vivió en Montevideo 
dado á la educación popular según la reforma de José Pedro Várela, 
inspector, cated'rático de la Universidad, director de la Escuela Ñor- 



S. XX, 1 90 1. ÁNGEL CARNEVALI MONREAL 49 

mal, publicó Diccionario geográfico del Uruguay, Montevideo, 1901, 
1912, 3 vols. Nuestro país, cuadros descriptivos por autores naciona~ 
les y extranjeros. La Batalla de Sarandí, foll. Dicción, pop. de His- 
toria de la Rep. Or. del Uruguay, Montevideo, 3 vols., 1903. Histoiia 
compend. de la civilización uruguaya, 2 vols., ib id., 1907. Nueva His- 
toria del Uruguay, 2 vols., ibid., 1909. Geografía económ. d^l Uru- 
guay, ibid., 1910. Historia de los charrúas, Barcelona, 191 1. — Juan 
E. Arcia (n. 1864?), venezolano, poeta de corrección preciosa y cier- 
to color muy marcado de idealidad. Su mejor poesía. La Canción de 
la bruma, y su mejor obra poemática, Sangre del Trópico. Hizo tra- 
ducciones, que publicó en periód.cos, y dos discursos en la Academia. 
Vestigios, poes. orig. y trad., Caracas, 1901. Sangre del Trópico, poe- 
ma, ibid., 1904. Almas en ruina, poema, ibid., 1907. Discurso en el 
ceíitenario de Fermín Toro (mediano), 1907. — Manuel Areu estre- 
nó Episodios de la vida de un actor, gloria y miseria, boc. dram., Ha- 
bana, 1901. — Serafín Arroyo y Fernández publicó Un Crimen venga- 
do drama, 1901. — Arte y Letras, rev., Madrid, 1901. — Joaquín Báguena 
Y Lacárcel (n. 1866-), murciano, publicó Aledo, su descripción é historia; 
Madrid, 1901. — Bardos cubanos antología, Boston, 1901. — Basurto : El 
Arzobispado de Méjico, ibid., 1901. — Daniel Eerjano Escobar publicó 
Poetas placentinos contemporáneos de Lope de Vega, Cáceres, 1901.— 
Bibliografía Española, rev. gen. de la Librería, Madrid, desde 1901 obra 
útilísima, aunque deficiente. — Pascu.-\l Boronat y Barrachina publicó 
Los Moriscos españoles y su expulsión. Valencia, 1901, 2 vols. El Beato 
Juan de Ribera y el R. Colegio de Corpus Christi, ibid., 1904. — Joa- 
quín Bravo Rial publicó Titania, poema bárbaro, Madrid, 1901. Olínt- 
pida, poema, 1902. — Juan de la Brete, chileno, publicó Mi tío y mi 
cura, nov., Santiago, 1901. Regina de Lavalle, ibid., 1901. — José Car- 
los Bruna, malagueño, autor de novelas, obras dramáticas y poesías, 
director de El Fvlletín, de Málaga, publicó La Virgen de carne, Má- 
laga, 1901. Cantares del campamento, ibid., 1909. Cincuenta canta- 
res de la guerra, ibid., 1914-15. — Joaquín Buitrago y Hernándb-z 
publicó Las Ordenes religiosas y los religiosos, estudio jurídico 
sobre su existencia legal y capacidad civil en España, Madrid, iqui. 
— Juan Esteban Caicedo, colombiano, publicó la novela Julia, de cos- 
tumbres de Tolima, 1901. — Jerónimo de la Cal, poeta y periodiistíi 
de Jaén, publicó Cantares, Jaén, 1901. — Cantos de la montaña..., ar- 
monizados por el M. Rafael Calleja, Madrid, 1909. El Statu quo, 
sain., 1914. — José María Campo y García publicó Narraciones lor- 
quin-as, tradiciones y leyendas, Lorca, looi. — José de Campos publi- 
có Ella, novela, Madrid, 1901. Ilusión, ibid., 1902. Represalias, 1906. 
Lo que el dinero no compra, zarz., 1909. Un caso extraordinario, 
1910. — Agustín Cannobio G., chileno, publicó Refranes cIiiLv.os, 
Santiago, 1901. — Cantos de la Moníaña, canciones popidares de San- 
tander, Madrid, 1901. — Andrés P. Car; em\l publicó Oro y barro, 
¿cuentos?, Bilbao, K 01. — ■ Ángel Carnevali Monreal (n. 1858?-), 
venezolano, publicó Bolivita en El Correo de Aragua (La Victoria, 



5o ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-IO07) 

1901), novclita corta de espíritu criollo, muy sincera y realista, na- 
tural, de bien delineados caracteres. Es orador tribunicio, ad.más, 
vehemente, pomposo y sonante, periodista y escritor amigo de nues- 
tros clásicos. Publicó también dos discursos apologéticos del general 
Antonio José de Sucre, otro sobre el poeta Pcrcz Bonalde, otro soi.re 
el Libertador, que dicen por allá, y varios de política, siendo presidente 
del Congreso, y varios folletos de política y polémica ardiente. Escri- 
tor de buen gusto, de fantasía y muy correcto. Imita en el estilo á 
Montalvo. Lástima que no se dedique más á obras literarias. — José 
María Carre publicó De Castilleda, novela, Madrid, 1901. — Pablo 
Cases estrenó Aguanieve, monólogo, 1900. La Huelga, drama social, 
1901. El Número XIII, 1902. Emigrantes, 1905. El Cristo de la Luz, 
zarz., 1910. — Catálogo de documentos del Archivo de Indias en Se- 
villa, referentes á la historia de la Rep. Argentina (1514-1810), Bue- 
nos Aires, 1901, 3 vols. — José M. Collantes (n. 1877-), de San Cris- 
tóbal (Cuba), abogado y periodista en Santander (1902), publicó Re- 
jas y pálidas, Habana, 1901. Un vucltabajero ilustre, conf., iro2. Ju- 
lián de Casal. — Juan Luis Cordero, poeta ecuatoriano, publicó Eró- 
ticas, poesías, Cáceres, 1909. Mi patria y mi dama, poesías, Barcelo- 
na (1913). Cosas de la vida, Madrid, 1917. En Esp. Mod.-. poesía á 
Olegario V. Andrade (1901, jun.). — Isidoro Corzo y Príncipe, ma- 
drileño, publicó Cervera y su escuadra, Habana, 1901. El Bloqueo de 
la Habana, 1905. Mi proceso, 1905. La Locura de Maupassant, inji. 
Entre sorbo y sorbo, novelas, 1914. — Armando Chirveches (n. 1880-), 
boliviano, hizo primero poesías modernistas, más bien parnasianas: 
después, novelas regionales. Lili., La Paz, 1901. Cantos de Primavera. 
Noche estiva, 1904. Celeste, nov., 1905. La Candidatura de Rojas, 
ídem, 1908. Casa solariega, id., 1917. — Diógenes Decoud publicó Atlán- 
tida, estiidio de historia americana, B. Aires, 1901 (2.^ ed.). — José De- 
leito y Piñuela (n. 1879-), madrileño, catedrático de la Universidad d^e 
Valencia, sagaz crítico en La Lectura, desde 1906, escribió prosas y 
versos en periódicos desde los doce de su edad. Publicó La Sociedad 
española en tiempo de Felipe IV, iqoi-2 (en Rev. Contemp.). La Mu- 
jer moderna no existe, diisc, Valencia, 1908. La Tristeza de la lite- 
ratura contemporánea, Madrid, 191 1. Fernando VII en Valencia el 
año 1814, ibid., 191 1. El Aislamiento de España en el pasado y en el 
presente, conf., Valencia, 1915. Historia universal, resumen por E. La- 
visse, trad., Madrid, 1916. La Vida y las doctrinas de Sócrates (traduc. 
de Memorias, Apología y El Banquete, de Jenofonte), Valencia, 1918. 
La Enseñanza de la Historia en la Universidad esp., disc, Valencia, 
1918. La Emigración política en España durante el reinado de Fer- 
nando VII, disc, 1919: con este título prepara una obra lata, además, 
unas Lecturas americanas, de critica. — El Desastre nacional y los ti- 
cios de nuestras instituciones militares, por Efeele, Madrid, 1901. — 
Francisco Díaz Silveira^ habanero, publicó Fugitivas, poesías. Ha- 
bana, 1901. — Domingo Diez, presbítero, publicó Escala del pulpito, ó 
sea colección de sermones para todas las dominicas y festividades del 



S. XX, 190 1. JUSTO GARCÍA SORIAXO 5l 

año, Madrid, 1901. — Manuel Domínguez^ paraguayo, abogado, vice- 
pres-dv;nte de la República, historiador y escritor d.is.tinguido, publicó 
Estudio sobre '•'La Atiántida ' del doctor Diógenes Decoud, Asunción, 
1901. El Algodón... en el Paraguay, ibid., 1903. La Sierra dj Ij, Pla- 
ta^ primeros pasos de la Conquista, ibid., 1904. La Constitución del Pa- 
raguay, ibid., 1909. 2 vols. EL Alma de la raza, ibid., 1914. Paraguay. 
Bolivia. Cuestión de límites. El Derecho de descubrir y conquistar el 
Paraguay ó Río de la Plata. Ruina de la segunda tesis boliviana, 2.^ 
conf., ibid., 1918. — Mariano Domínguez Berrueta (n. 1873-), de Sala- 
manca, catedrático de Ciencias íisicoquimicas de los Institutos de Cuen- 
ca y León, redactor de El Lábaro (1901) y colaborador de la Rev. Con- 
temporánea (1897-99), novelista regional salmantino, alabado d¿ Pereda 
*'por el amor que siente á la tierra nativa, por lo certero de la mirada 
con que descubre su lado pintoresco, así como el de sus habitantes, y por 
la soltura y verdad con que traslada sus impresiones al lienzo, madera 
de los buenos pintores de costumbres regionales". Publicó Crónicas del 
campo (ios dos cuentos El Carro y El Misterioso), Salamanca, icoi. 
V aldejimena, cuento novelesco y de costumbres, ibid., 1908-1909. Por 
los suelos, com., 1909. Tierra salamanquina. Semblanzas ¿a.amanqui- 
nas. El P. Manovel y El Conde de Francos, biografías. Historias de 
don Qaijote, Burgos, 1913. — Luis Doreste publicó Primeras estro- 
fas, Madrid, 1901. — Fenelon Eguino publicó El Manchay-Puitv {Nu- 
bes de tempestad), áv., B. Airts, 1901. Ragas biográficos del docor 
José M. Escalier, discurso, 1904. — Abelardo Farrés (f 1906), ma- 
tancero, publicó Guajiras, Habana, 1901. — Enrique Fernández Gu- 
tiérrez, colaborador de Madrid Cómico, Misceláneas (1900), etc., 
estrenó La Modelo, diálogo (con E, Gómez Gereda), 1901. La An.i- 
gua Roma, sonetos, 1903. — Jesús Fernández González publicó Prosa 
de la vida, Orense, 1901. Senda de am,:.rgura, nov. (1911). — LÁ aro 
Floro publicó De Valencia á Cádiz, apuntes de mi cartera, Valer.cia, 
1901. — Esteban Foncueva (n. i88i-), habanero, poeta de la tristeza, 
publicó Penas y alegrías. Habana, 1901. Melancolías, 1902, Sentimen- 
tales, 1903. Horas de olvido, 1907. Quimeras, 1910. Laurel, 191 1. La 
Huérfana, mon., 1912. El Cancionero cubano, por un Guajiro de la 
Habana (décimas originales), 191 5. Victoria de las Tunis, 1916.» — ■ 
María Gabriela (seud.), publicó Mi libro ^ miscelánea en pro^a y zer- 
so, México (s. XX). — Rafael Galváx y Candela, colaborador de El 
Descanso Dominical (1903), estrenó Gonzalito, monólogo, 1901. Leso 
de unión, comedia (con E. G. del Castillo), 1904. — Eduardo García 
publicó Versos viejos (con G. Ou;ja:'a), Sevilla, 1901. — JUA.v Pío 
García y Pérez publicó Indicador de varias crónicas religiosas y mi- 
litares de España, Madrid. 1901. — Justo García Soriano (n. 1884-), 
de Orihuela, redactor de El Parlamentario (1914-15), publicó Espe- 
ranza, poema, Orihuela, looi. Orihuela diirai'.e la guerra de la Inde- 
pendencia, 1908 (en La Hiieta). El Colegio de Predicaiores y la 
Universidad de Orihuela, Murcia, 1908. El Humanista Francisco Cas- 
cales, su vida y su obra, Madrid, 1918-19 (está saliendo en Rev. de 



52 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA ( 1 888- 1 (JO/) 

Filosofía y Letras y aparte. — Miguel García y Teijeiro publicó 
Sor Ana María de la Concepción, Luarca, 18S4. Casa-solar de Villa- 
mil, Barcelona, 1898. El Patronato de Barres, Ribadeo, 1899. Monu- 
mentos niegalíticos de Porcia, Lugo, 1900. Apuntes históricos de Fi- 
gueras de Asturias, t. I, Lugo, 1903. Notas descriptivo-arqueológicas 
de la Catedral de Lugo, ibid., 1905. Hijos ilustres del Occidente de 
Asturias, 2 vols., ibid., 1906. Lugo, ibid., 1906. Tol y su convenio, Ma- 
drid, 1907. Alzamiento del principado de Asturias en 1808 y memo- 
rias del regimiento de Infantería de Castropol, Castropol, 1908. Ri- 
badeo, Lugo, 1914. Castroverde, Lugoi, 1918. — Vulgaridades, diccio- 
nario cómico satirio o, por Manolita Gázqucz y el Abogado Ache, Al- 
mería, 190 1. — Ernesto Gisbert y Ballesteros publicó Historia de 
Orihuela, ibid., 1901-1903, 3 vols. — L. Gómez Solano publicó Perfiles 
sociales, Sevilla, 1901. — Román Gómez Villafranca, archivero, cola- 
borador del Nuevo Diario de Badajoz (1902), publicó Historia y bi- 
bliografía de la Prensa de Badajoz, ibid., 1901, Extremadura en la 
guerra de la Independencia, ibid., 190S-09. — El padre Vicente Gó- 
mez Bravo, jesuíta, publicó Noche-Buena en familia, poesías y diálo- 
gos, Madrid, 1901. Tesoro poético castellano de los siglos xii á xv, 
191 i. Tesoro poético castellano del siglo xix, Madrid, 1902, 6 vols. — 
Luisa González Téllez y Ruiz_, de Villaclara (Cuba), publicó Flores 
secas, Cartagena, 1901. — Matías González Lafuente publicó Guzmán 
el Bueno, dechado de regeneradores, Madrid, 1901. — Mario Graells 
DE Ramos publicó Secretario galante y consejero de enamorados, 
Barcelona, 1901. — Eernando G. y Grave de Peralta, cubano, publi- 
có La Toma de Tunas, canto, Gibara, 1901. Tiempos preJ¡istó,icos de 
Cuba, 1903. Sarina, cuento, Puerto Padre, 1909. — Ángel D. Guerra 
publicó Bocetos, Zamora, 1901. — Juan Héctor Picabia publicó La 
Leyenda andaluza, cuentos y crónicas, Sevilla, 1901. La Mano del 
doctor X, Madrid, 1914. — León Ichaso (n. 1869-), de Durango, pe- 
riodista y profesor en Cuba, adonde fué en 1896, publicó Desde el 
alma, Habana, 1901. Notas y vibraciones, artíc. crít., 191 1. Los Abu- 
rridos, com. El Am,or libre, dr. La Escuela del periodismo, dr. (con 
Manuel Pinos, 1905). La Real moza, zarz. (con Julián Sanz, 19 10). 
El Cacique, id. (con id., 1909). La Flor del camino, dr. (con id., 1914). 
Amar á ciegas, com. (con id., 1914). La Reina de los cantares. El Co- 
meta de Halley, Tragedia feliz, Premio y castigo. Día de recibo (todas 
piezas teatrales, con id.). Rosalba, com., 1916 (con J. Sanz). — Tomás 
Lama publicó Colección de artículos sobre la batalla de Ayacucho, 
Lima, 1901. — Tristán Larios estrenó Coplas y vino, pieza andaluza, 
1901 (mús. de Serrano). — Fernando José de Larra y Larr\ (n. 1882-), 
madrileño, estrenó Los Dos charlatanes (1901). ¿Cuál de las dos? El 
Secreto (1902). El Lunes de Carnaval (1908). Invocación á Shake- 
speare (1910). — La Lectura, revista, dirigida por Erancisco Acebal, 
Madrid, desde 1901 (continúa). — Serapio Liso y Estrada, presbítero,, 
publicó Leyenda de Nuestra Señora de Valverde, Madrid. 1901. — Er- 
nestina A. López publicó ¿Existe una literatura americana? B. Aires, 



S. XX, I9OI. FR. JERÓNIMO MONTES 



53 



1901. — Juan José López Serrano, colaborador de Los Madriles (1903), 
publicó L'n Libro más, cuentos, Valladolid, 1901. Fábulas p.na un Rey, 
ibid, 1902. — Carlos de Luque estrenó La Noche de boda, entremés 
(ccn J. Cuesta Villaseca), Má aga, 1901. — Ricardo Luque y Fernán- 
dez publicó Peripecias, juguete cómico. Jerez, 1901. — José Marco é 
Hidalgo, de Villalengua (Zaragoza), ya fallecido, Registrador de la 
propiedad en Alcaraz, escribió la historia de esta ciudad, premiada por 
la Academia de la Historia, en cuya Biblioteca se conserva, y descu- 
brió documentos sobre doña Oliva Sabuco ci'e Nantes. Doñi OH: a de 
Sabuco no fué escritora 1903 (Revista de Archivos, tomo VK, 1-13). 
Biografía de doña Oliva de Sabuco, Madridl, 1900. — Fernando L, 
Marcos, matancero, publicó Vibraciones, poesías, Matanzas, 1901. 
El Gladiador, poema, 1906. — Fray Plácido María del Pilar, car- 
melita descalzo, publicó Aromas del Ciármelo. Floredllas del Car- 
melo, Madrid, 1901. Y otras obras piadosas. — Rafael Marot, director 
de Madrid Satírico, estrenó ¿Se lo doy?, monólogo, 1901, — Pedro Pa- 
blo Martín publicó Adelina, nov. hist. Habana, 1901, 1903. — José 
Luciano Martínez, montevideano, abogado y militar, teniente coro- 
nel (1916), escribió artículos y biografías militares, y sobre todo la 
vida militar d'e los generales Enrique y Gregorio Castro (1901). 
Hombres y batallas, Madrid, 1912. Teniente general Lorenzo Batlle, 
1918. — Juan Martínez Liso publicó La Virgen de la Llana y el cau- 
tivo de Peroniel, leyenda..., Madrid, 1901. — Joaquín Mas y Guindal 
publicó Memorándum de sinonimias, procedencias, nombres científi- 
cos y vidgares de los productos químicos, vegetales ó animales... de 
aplicación á la Farmacia, Madrid, 1901. — Juan Cancio de Mena, funda- 
dor, con J. Nombela, de El País Vasconavarro (1870), estrenó Casa 
de dormir, juguete, 1901. El Testamento de don Sisebuto, 1901. Un 
hijo de Sínger, 1901. El Ama de huéspedes, 1901. Para medicina, un 
palo, 1904. El Monaguillo de Guadalupe (con C. Guerrero), i'"04. 
Agencia matrimonial, zarz., 1907. — Méndez Alvarez estrenó B ndera 
blanca, zarz., 1901. — Luís G. de Mendoza publicó Cyrano de B:rgerac, 
novela, Barcelona (1901). — José Menéndez Agusty (1875-1901), ma- 
drileño, por seud. Tyagiis, director varias veces de El País, colaborador 
de Vida Galante, publicó La Hija de don Quijote, novela, Barcelona, 
1901. Las Ligas de Juanita, 1903. El Cazador de doncellas, 1903. La 
Viuda inconsolable, 1903. Marín de Abreda, 1905. — Fernando Mira- 
LLEs Meseguer, presbítero, publicó Tortosa y su comarca, geografía, 
historia..., Tortosa, 1901. Tortosa y sus arrabales, 1901. — IManuel 
Miranda y Marrón publicó La Reconquista de Sevilla, canto épico, 
Méjico, 1901. — Fray Jerónimo Montes (n. 1865-), de Matanza (León), 
agustino, entendido penalista, publicó La Justicia humana, nov., Ma- 
drid, 1901. Estudios fisonómicos de antiguos escritores españoles en 
relación con el tipo criminal de la escuela antropológica, Madrid, 
1904. El Alma de don Quijote, nov.. Mndr'd. 1904, 191 1. E^ Destino, 
recuerdos de la guerra, 2 vols., nov., ibid., 1904, 191 1. El Desastre 
nacional, ibid, 1904. Estudios de antiguos escritores españoles sobre 



54 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (188S-I907) 

los agentes del delito, ibid., 1907. Precursores de la ciencia penal en 
España, ibid., 1911. Derecho penal español, Madrid, 1917, 2 vols. En 
Ciudad de Dios: El Japón y los jaj oncscs ddcritos por los españoles 
del siglo .vvj (LXVI), y otros artículos. — Vidal Morales y Mora- 
les (1848-1904), cubano, publicó Iniciadores y primeros mártires de 
la Revolución cubana. Habana, 1901. Nociones de Historia de Cu- 
ba, 1903, 1906.— Silvestre Moreno (n. 1837-), de Orizaba (Méjico), 
escribió estudios literarios y biográficos, que se publicaron en Obras, 
t. I. Opúsculos\'arios, México, 1901 (t. XXXII de la Bibl. Autor. 
Mexic). La Crítica literaria en México, Orizaba, 1908. — Pedro 
J. Naon, poeta argentino, ya fallecido en plena mocedad, cinceló pa- 
cientemente sus estrofas de versos largos, modernistas; fué paisajista 
miniaturista de álbumes y publicó Siemprevivas, 1894. Eglaatinas, 1901. 
Trovas breves, 1909. Marfiles (inéd.). — Adolfo Navarrete, de la 
Armada, a'irector de La Vida Marítima (1902), colaborador del Mundo 
Naval (1897-99). ■^^^- Gen. de Marina (1898), publicó Historia 
marítima militar de España, Madrid, 1901, 1907, 2.' ed., aumentada 
(1492-1700). — Eloy Navarro Tar^^zona publicó Lecciones de Histo- 
ria primitiva, Zaragoza, 1901. — Novelas cortas de varios autores, t. I, 
de José Joaquín Pesado, Ignacio Rodríguez Galván. J. M. Lafragua, 
J. R. Pacheco, M. Navarro, etc.. México, 1901 ; t. II, de Félix M. 
Escalante, Ramón de la Sierra, M. Treio, Eufemio Romero. Luciano 
Muñoz, Miguel Martel, etc., 1901. — Nuestro Tiempo, reiista men- 
sual, Madrid', d=sde igor feo tinúa). — Rafael Ochoa^ asturiano, es- 
cribió Poesías, Segovia, 1901, póst. — Orlos Luis Olmedo_, revistero 
taurino, por seud. Farolillo, en El Noticiero Sevillano (1898, etc.), 
estrenó ¡A los toros de Sevilla!, saínete^ 1901. Los Arrepentidos, co- 
media, 1901. Maldición gitana (con Greg. Escolar), 1902, 1903. — Da- 
niel Ortiz (-j- 1903), montañés, por seud. Doys y S. O. Elidan, re- 
dactor en Barcelona de La Publicidad (1887-905), fundador de El 
Busilis (1884), colaborador de Barcelona Cómica (1895-96), El Gato 
Negro (1898), publicó Chirigotas, Barcelona, 1901. Chirigotas y epi- 
gramas, 1902. — Tomás Orts-Ramos, escritor taurino, por seud. El Niño 
de Dios, colaborador de La Lidia, publicó La Alegría de amar, Bar- 
celona, 1901. Confusiones de mujeres, 1904. Eróticos y sentimentales, 
1905. — Antonio Osete y Férez_, poeta murciano, premiado en Juegos 
florales, colaborador de La Ilustr. Esp., publicó Flores de octubre, 
Murcia, 1901. Los Huertanos, zarzuela, 1905. Aires de la sierra, zar- 
zuela, 1909. El Poder de la ilusión, nov., 1909. La Crus de Mayo, 
zarzuela, 1909. Casa prohibida, 191 1. La Bola de Mariquita, jug., 1912. 
Lo Bello y lo útil, 1912. La Cola de la marquesita, jug., 1912. En 
Tranvía, cuentos dramáticos, 1913. Contra la corriente, poesías, 1914. 
— José Otero y Gómi?z (-j- 1910), español, publicó Filosofía moral, 
aforismos, proverbios, pensamientos, escogidos de autores ilustres. 
Habana, 1901. Opiniones sobre el libro Filosofía moral, 1909. — Eede- 
Eico Pastor y Lluis^ publicó Narraciones tortosinas, páginas de His- 
toria y Biografía, Tortosa, 1901. — Fray Elvirq J. Pérez^ agustino, pu- 



S. XX, I9OI, JOSÉ M.^ RUANO Y CORBO 55 

blicó Catálogo biobibliográfico de los religiosos agustinos de la pro- 
vincia del Santísimo Nombre de Jesiis de Filipinas, Manila, 1901. — 
Francisco Pérez Fuentes, cubano, canciller en Barcelona, por seu- 
dónimo Saint Louis, publicó Leyendas sentimentales, Gibara, 1901 (en 
prosa). Elegías en prosa, Barcelona, 1905. — Andrés Piles Ibars 
publicó Valencia árabe, ibid, 1901. — Adolfo Pons ümbert (na- 
ció 1873-), barcelonés, colaborador de periódicos, publicó Cánovas, 
Madrid, 1901. Vagando, ibid. 1903. — Pedro Portillo, coronel pe- 
ruano, publicó Las Montañas de Ayacucho..., Lima, 1901. — Miguel 
Portóles, redactor del Diario Universal (1903), estrenó ¡Me gustan 
todas!, juguete, 1901. La Tentación, 1909. La del alba seria, entr., 1918. 
— Eduardo Posada, bogotano, investigador histórico, publicó con Pe- 
dro María Ibánez: La Patria Boba, Bogotá, 1901. El Precursor, ibid,, 
1903. Vida de Herrón, capitidos para una historia de Bogotá, ibid., 
1905. De por si : Narraciones, ibid., 1906. Peregrinación de Omega, 
ibid., 1908. Discursos y conferencias, París, 1908. El 20 de julio, Bo- 
gotá, 1914. Biografía de Córdova, ibid., 1914. La Imprenta en Santa 
Fe de Bogotá en el siglo xviii, Bogotá-Madrid, 1917. Bibliografía 
Bogotana, t. I, Bogotá, 1917; t. II, en preparación. Apostillas á la 
Historia Colombiana, Madrid, 1918. — Razón y Fé, revista de los pa- 
dres de la Compañía de Jesús, Madrid, desde 1901. índice de los 
quince tomos de 1906 á 1911, Madrid, 1913. — César Real y Rodrí- 
guez, residente en Salamanca, estrenó Un Hombre corrido, saínete, 
Salamanca, 1901. Frivolidades, ib:d., 1902. — Diego B. Regidor, publi- 
có Melancolías, versos, Cáceres, 1901. — Revista Española de Litera- 
tura, Historia y Arte, dirigida por Emilio Cotarelo, 1901. — Orlando 
Ribero, montevideano, publicó Recuerdos de Paysandú, apuntes his- 
tóricos (1864-65), iQOí. Azares, episodios de la guerra civil. — Fray José 
Rodríguez de Prada, agustino, publicó Memorias de un prisionero du- 
rante la revolución filipina, Madrid, 1901. — El Romancero esjañol, 
poema regenerador con introducción y epílogos simbólicos..., Gijón, 
1901. — Bernabé Romeo y Belloc, publicó Patria con honra, origen de 
las palabras castellanas, Madrid, 1901. Patria con honra, origen de las 
lenguas, leyes, usos y costumbres españolas, 1902. — Águila Antonio 
Ro.<;ales, de Sagua (Cuba), publicó Apuntes para la historia de las le- 
tras villaclareñas, 1901 (Cuba y América). Siluetas políiico-^ociales, 
Sagua, 1901. Idilio y tragedia, nov., ibid., 1903. El Salto atrás, jug. 
— Jerónimo Roselló, publicó Ramón LuU, obras y textos orijinales 
con notas y variantes, Palma de Mallorca, 1501-1903, 3 vo'úmenes. 
— Fray Agustín Roulin, francés, benedictino de Silos, publicó L'An- 
cien trésor de l'abbaye de Silos, París, iroi. — José María Ruano y 
CoRBO (n. 1870-), salmantino, catedrático (1902) de los Institutos de 
Santiago y Badajoz (1915), publicó El Alma, est. metaf., 1901. Estu- 
dio de la Poesía dramática en el teatro Ayala, Consuelo, 1902. La 
Fe, la Patria y el amor en el Q'uijote, 1905. San Francisco de Asís 
como poeta, 1909. Palmes apologista, 1910. Estudio bibliográfico de 
las obras de Santa Teresa, 1914. Albores de la vida, lecturas, 1915, 



56 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-T907) 

1917, 1919. Preceptiva literaria, 1917. Historia general de la Litera- 
tura, 1918 (4.' ed.). Obtuvo la flor natural en los Juegos florales de 
Ciudad Rodrigo con una poesía. Ha publicado ya de las Obras del 
padre Estanislao de la Virgen del Carmen, su hermano, 2 vols. — Jaimb 
Salvador estrenó La Conquista del vizconde, zarz., 1901. — Eugenio 
SÁNCHEZ DE Fuentes y Peláez (n. 1865-), de Puerto Rico, publicó El 
Primo Basilio, dr.. Habana, 1901. Matrimonios modernistas, com., 
1909. Cnha monumental, 1916. — Fray Bertoldo Ignacio de Santa Ana, 
carmelita, publicó Vida de la madre Ana de Jesús, coadjutora de Santa 
Teresa en la reforma del Carmelo y fundadora de la Orden en Francia 
y en Bélgica, Burgos, 1^01, 2 vols. — Emilio Santacana y Men-ayas 
publicó Antiguo y moderno AIgcciras, ibid.. iqoí. — Juan Sieiro, pu- 
blicó en Esp. Mod. (1501, marzo) El Panentheismo. — Eugexio Sierra 
estrenó El Código penal, zarzuela (con J. Abati), 1901. — Siluetas con- 
temporáneas, por varios, Mad.id, 1901. — Fedro Socci y Marcos Gon- 
zález Caballero, Memorias históricas de la ciudad de Arcos de la 
Frontera, ibid., 1901. — -Sociedad de autores dramáticos y maestros 
compositores, para la defen-a de sus derechos y administración de 
sus obras se formó este año de 1901 por Sinesio Delgado, promove- 
dor de ella, con Ramos Carrión, Vital Aza, López Silva, Selles, Ar- 
niches, Sierra, Francos Rodríguez, hermanos Quinteros, Chapí, Val- 
verde y Torrcgrosa. Cada año sale un Almanaque compuesto por los 
dramáticos de la sociedad. — Francisco de Asís Soler (f 1903), falle- 
cido joven, fundador en Barcelona de la revista artística Luz y en 
Madrid de Arte joven, redactor jefe de La Música Ilustrada, compuso 
Carne, boceto dramático, Madrid (1901). El Hogar frío, id., 1902. — 
B. Tavera Agosta, de Ciudiad Bolívar (Venezuela), publicó allí Amazo- 
nas, memoria de igoo-igoi. Impresiones y recuerdos, poesías. Apun- 
te; i'Ora la Historia, Revolución de ipo2-ipos. En el Sur (dialectos 
indígenas de Venezuela), 1907. El Libro de mi Alba, Cartagena, 1908, 
La Monarquía Colombiana, Ciudad Bolívar, 1912. A Través de la 
Historia de Venezuela, 1913. Anales de Guayana, t. I, 1914. — Benigno 
Teijeiro Martínez publicó Gallegos ilustres en América durante el 
descubrimiento y conquista. Buenos Aires, icoi. — Eduardo Tejerina 
Gat/.arra, colaborador de Pluma y Lápiz (1902), publicó Primaverales, 
poesías, Valladolid, 1901. Juan José, el explorador, aprop., 1917. — El 
Duque de Tetuán publicó Responsabilidades del desastre colonial, Ma- 
drid, 1901. Apuntes del ex Ministro de Estado..., 1902, 2 vols. — Al- 
berto J. DE Thous Moncho, director en Badajoz de El Águila Ex- 
tremeña (1899), publicó Badajoz á través de la historia patria, ibid., 
1901. — Julio Víctor Toncey, por seud. León Fogoso, director en Bar- 
celona de una Agencia periodística, publicó Cosas baturras, Barcelo- 
na, 1901. Alegría en conserva, 1004. Prosica baturra, ibid., 1904. Es- 
cenas aragonesas, ibid.. 1906. — Miguel Toro y Gómez, residente en 
París, publicó Nuevo Diccionario enciclopédico ilustrado de la len- 
gua castellana, París, 1901. La lengua de Cervantes, 1916 (Rev. Univ. 
B. Aires). — Francisco de Torres publicó La Mosquita muerta, no- 



S. XX, 1902. xMAXUEL MACHADO Y RUIZ Sy 

vela, Sevilla, 1901. Nube de verano, entremés, 1903. Se le gratifi- 
cará, diálogo (con D. Ferrand), 1903. La Capa, 1903. El Campeón (con 
R. Pérez del Castillo), 1904. La Boca del león (con J. López Barba- 
dillo), 1905. El Amigo del alma (con C. Cruselles), 1905. Las Suegras, 
1907. Blanca, nov. Renglones, artículos. El Ciirita. Fonocromofoio- 
gras. Certamen de bellezas. Dos Palabras. El Tres de mayo. Cuadros 
al fresco. La Ola verde. La Chántense. La Antorcha de Himeneo. La 
Suerte de la fea. Lo más serio es reír, páginas humorísticas, Madrid, 
1913. — Manuel Torres y Torres, obispo de Plasencia, publicó Tierra 
Santa, ecos de viaje, Córdoba, 1901. Palcstini, ecos de viaje, Madrid, 
1914. — El Marqués de Torres Cabrera publicó Villanueva de la Se- 
rena, Badajoz, 1901. — Gabriel Vázquez compuso Micaela, tragedia, 
Palma, 1901. — Primo F. Velázquez (n. 1860-), mejicano, publicó 
Opúsculos varios para la Historia de San Luis de Potosí, México, 
1901 (t. XXXIV de la Bibl. Autor. Aícxic.) — J. Veral García publicó 
¡Pobre Carmen!, novela, Madrid, 1901. — Juan Antonio Vicente Bajo, 
chantre de Salamanca, publicó Episcopologio salmantino. Salamanca, 
1901. — El padre Remigio Vilariño Ugarte (n. 1865-), de Bilbao, je- 
suíta, escribió poesías y artículos en el Mensajero. Intenciones, Bil- 
bao, 1901-05. Curiosidades, ibid., 1905 y sig. Vida de Nuestro Señor 
Jesucristo, ibid., 1910, 1912. De Broma y de veras, ibid., 191 1. El Caba- 
llero cristiano, devocionario, ibid., 1915. — La Duquesa de Villaher- 
MOSA publicó Álbum de Javier, Madrid, 1901. Álbum cervantino ara- 
gonés de los trabajos literarios y artísticos con que se ha celebrado en 
Zaragoza y Pedrola el HI centcna-io del Quijote, M-'drid. IC05-09. 
— Manuel Vivas Tavero pu' licó Glorias de Zafra, Madrid, 1901. — 
J. Williams Rebolledo publicó Guerra del Pacífico (1865-66), San- 
tiago de Chile, 1901. 

164. Año IQ02. Manuel Machado y Ruiz (n. 1874-), 
hermano del poeta Antonio, nació en Sevilla; á los nueve de 
su edad vino á Madrid con sus padres, donde estudió hasta los 
diez y ocho; después Letras en Sevilla, hasta licenciarse (1896). 
Estuvo en París, luego en Madrid (1902), y es ahora oficial del 
Cuerpo de Archiveros en la Biblioteca Nacional. Desde 1898 se 
dio á la literatura; fundó, con otros, Electra (1901), Renaci- 
miento, Rev. Ibérica, Rev. Latina y colaboró en muchas revis- 
tas y periódicos. Manuel Machado es menos poeta que su hermano 
Antonio y su reverso en el tono general : Antonio, grave y hondo, 
súmese en lo misterioso y de trascendental raigambre ; Manuel, 
ligero }'■ superficial, revolotea de flor en flor. En los demás, es 
como él, un temperamento poético sevillano, brillante y colorista, 
que afinó en París su ya delicada é impresionable sensibilidad, 
el esmero en cincelar sobriamente la estrofa, buscando las voces 



58 



ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (188S-I907) 



propias para la impresión que pretende dar, y la moda del versa 
libre modernista. Cada vez se le vio tender más al canto popular, 
como su hermano, y ha compuesto coplas excelentes. Heredó este 
gusto de su padre y aún piensa dar á luz notables trabajos de- 
mosóficos, para los cuales está muy capacitado, por sentir hon- 
damente la poesía del pueblo andaluz. 

María Enriqueta Camarillo de Pereyra (n. 1875-), de 
Coatepec (Mié jico), colaboró en Revista Azul, El Mundo Ilus- 
trado, Revista Moderna, Argos, Nosotros y Revista de Re- 
vistas, y sin literaturas ni compadrazgos, publicó poesías en 
estilo llano, castizo lenguaje, sin afectación de ning-ún géne- 
ro, sobre asuntos comunes de la vida, pero con frescura, rea- 
lismo pictórico y sus ribetes de filosofía sencilla y seria. Vive 
años ha en Madrid. 

Emilio Frugoni (n. 1881-), montevideano, abogado (1909), 
catedrático de Literatura en la Universidad, diputado' (1911-14), 
crítico teatral de El Diario Nuevo, La Prensa, El Día, con 
seud. Urgonif, articulista de La Razón con título de Pido la 
palabra; fué poeta socialista al principio, después poeta de in- 
timidades, confidencias y recogimiento en la propia alma; can- 
tó en tonos suaves y de crepúsculo, con melancolía y delica- 
deza de expresión, con verdadero sentimiento y decir correcto 
y elegante, El eterno cantar, De lo más hondo. Más tarde si- 
guió á Verhaeren, ensalzando la fuerza y la vida en El Mensaje 
de Mayo, y finalmente á Ghil, cuanto á la técnica del verso, en 
El Rancho. 

Luis Rosado Vega (n. 1876-), de ValladoHd (Méjico), 
poeta de honda tristeza y descorazonamiento filosófico, cantó 
con delicada sencillez, elegante dejo y firmes expresiones las 
cosas comunes de la vida. 

Eduardo de Ory y Sevilla (n. 1884-), gaditano, gran 
colaborador de periódicos y revistas, entre ellas La Alhamhra 
(Granada, 1903), discípulo de Manuel Reina, como poeta, ar- 
monioso y galano cantor de amoríos y de la tierra andaluza. 
Manuel Magallanes Moure, chileno, hizo teatro poético 
en La Batalla, Santiago, 1911. Es poeta modernista, de limpia 
forma, rompe los ritmos, conforme a la escuela, y suena á re- 



S. XX, I9O12. MANUEL MACHADO Y RUIZ Sg 

ñuscado; á veces es ininteligible, como en Maese Salomón, que 
:ada cual' interpretará á su modo, y Madre mía, que nadie inter- 
)i etará, porque no se entiende. 

16 5. No puede negarse que la copla popular tiene mucha sol- 
ura en el ritmo, es menos atada que la erudita; acaso esto contribu- 
'^era en Machado para que aceptase el verso libre. Pero abusó de esta, 
endencia modernista. De ella dijo nada menos que Verlaine : "De 
non temps on appelait cela de la prose." Y prosa hizo á veces Ma^ 
luel Machado queriendo hacer versos : "Sueña un león, junto á las 
;res palmeras se amansa el sol, existe agua y Dios deja un momento ■ 
jue los pobres camellos se arrodillen junto á las tres palmeras. El 
irabe tendido al fin sonríe y suspira. Damasco, lejos aún, le aguar- 
la..." Si esos son versos de ninguna especie, venga el árabe ese y lo 
v^ea, ó el león, ó los camellos: que lo mismo da para lo que han de 
ver. Gracias que d'espués no abusó, y en las coplas copió muy bien 
;1 suelto ritmo popular. Como crítico impresionista es excelente : su 
Drosa da la impresión que él pretende, acaso mejor que sus versos. 
Manuel Machado, La guerra liter., 1914, pág. 118: "Los talentos poé- 
;icos que más me asimilo son Poe, Heine, Verlaine, nuestro Bécquer, 
iventureros del ideal á través de las pasiones amargas y de la vida 
"Ota. Congenio con ellos, pero no los amo. Mi gusto sería vivir y es- 
cribir las serenidades bucólicas de un Virgilio...; en todo caso, ser un 
Horacio á lo fray Luis. ¡ Cuan lejos de todo eso me veo yo mismo en 
El mal poema y cuánta vergüenza me causa, en el fondo, haber dado 
3. la estampa algo que pueden parecer cinismos de un libertino, no 
5Íendo en realidad más que impresiones de un ingenuo archisensible !"' 
Cansinos-Assens, Los Hermes, 1916, pág. 185 : "En la pléyade de 
poetas que han reformado nuestra métrica, M. M. descuella por su 
sutil inspiración, por el aristocratismo de su léxico y por la insupe- 
rable elegancia de la forma. M. M. es el poeta de la gracia... Cante 
la noche ó la mañana, una gracia alada resalta en los versos de este 
sxtraordinario poeta, que hace rimas pequeñitas, infantiles, de las 
cosas más graves y tenebrosas. La pena más negra y atormentada se 
convierte, al pasar por su alma, en una elegante melancolía, esa me- 
lancolía que sienta bien á un espíritu ligero. Tristeza de copla an-- 
íaluza, esa es la tristeza de M. M., que por eso las ha hecho tan her- 
mosas y populares. M. M. es un poeta sevillano en el que se encar- 
nan cuantas cosas bellas y finas contiene ese nombre de Sevilla : cie- 
lo azul, vino de oro, aire sutil y perfumado. Y, sobre todo, esa divina 
ligereza que en Sevilla pone alas aun al alma alada de Andalucía... 
M. M., fino y sonoro... desdeña en sus versos cuanto pudiera ser una 
ampliación retórica. La emoción y nada más que la emoción es lo que 
hay en ellos. La emoción reducida á sus rasgos más elementales y 
más certeros, como en una copla andaluza ó en una rima verlainia- 
na. Y ved por dónde este poeta sevillano parece á veces, sin remi- 



6o ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

-niscencias ajenas y sin el menor propósito imitativo, un poeta del 
sutil París. En el sutil Paris de los Moreas y los La Jeunesse... re- 
finó M. M. su fina sensibilidad andaluza... M. M. nos trae de Pa- 
rís el impresionismo poético, ese arte de describir las cosas con sus 
rasgos más esenciales, que nadie ha dominado entre nosotros como 
él y que en vano ha sido imitado. El nos trae la pura gracia verlainia- 
na..., el encanto de la rima breve y alada. De él han aprendido su 
técnica los que luego se han llamado detallistas, los poetas realistas, 
sentimentales á lo Carrére... Su mejor libro. Alma, está lleno de 
gérmenes que tienen su primavera florida y su agosto colmado en 
múltiples obras imitativas. Con su Romance del Cid afirma y robus- 
tece la orientación hacia Castilla que han iniciado los escritores del 
98. Con sus evocaciones del París finamente bohemio, de los poetas 
y los pintores y las mimís rubias y las locas Colombinas y el cham- 
pagne, influye en la formación de la escuela bohemia que acaudilla 
-Garriré. Su segundo libro, Apolo, inicia el guíto por las semblanzas 
.poéticas efe los personajes representativos del siglo xvii... De este 
modo, cada momento de nuestra lírica ha recibido su incitación de 
este poeta, tan contenido y parco... El mal poema, libro singular lleno 
<ie mala tristeza..., que tanto recuerda á Sagesse, ha dado M. su 
nota más seria, aproximándose á la gravedad fundamental de su her- 
«lano Antonio, aunque sin llegar á sus solemnes orquestaciones. La 
virtud predominante de M. M. ha sido siempre la brevedad y la li- 
gereza. Su risa se qieda en sonrisa, y sus lágrimas no llegan á rom- 
per la nube de emoción... Canciones y dedicatorias, en que su lira se 
muestra aún más afinada, más sobria..." Man. Machado en Próloj^o 
á Cante hondo: "Manes del Filio, del Perote y de la Andonda... 
Sacratísimas sombras de Silverio y el Chato de Jerez... y vosotros, 
felices continuadores de la verdadera tradición del cante... Provecto 
Juan Breva, insuperable Chacón, celebérrima Antequerana. Nombres 
gloriosos de la Trini y la Paloma, de el Canario, el Pollo Santa Ma- 
ría, Andrés el Mellizo, Temas el Papelista, por no despertar á toda 
la ilustre legión de los muertos... Pastora la de los tientos, Revuelta, 
Manolo Torres, Fosforito, Niña de Cabra. Ramón el de Triana, Mo- 
chuelo, Prada, entre los vivos. Por vosotros y para vosotros se ha 
eácrito este libro. Y también para ti. sobre todo para ti, hermano Juan 
-del pueblo, Juan andaluz, Juan sevillano, por excelencia. Mal digo que 
se ha escrito, porque las coplas no se escriben: se cantan y se sien- 
ten; nacen del corazón, no de la inteligencia, y están más hechas de 
gritos que de palabras... Sólo la costumbre de llorar cantando, propia 
de nuestro pueblo, es capaz de encerrar tanta pena y tantos amores 
en los tercios de una malagueña ó en el canto llano de una seguiriya. 
No, no se escriben las coplas ni son tales coplas verdaderas hasta que 
no se sabe el nombre del autor, i Y este glorioso anónimo es el pre- 
mio supremo de los que tal género de poemas componen ! Yo he oído 
en boca del pueblo los cantares de Ferrán, de Trueba, de Montoto, 
los de Alfonso Tovar y Enrique Paradas, sin que el pueblo conociese 



S. XX, 1902. EMILIO FRUGONI 6r 

estos nombres, honor de nuestra literatura... Yo mismo, andaluz, se- 
villano hasta la médula (de allí soy, de alli mis padres y mis abuelos), . 
canto al estilo de mi tierra los sentimientos propios, sin otra idea que 
la de aliviarlos ó exaltarlos, según me duelen ó me complacen... Si 
estos sentimientos, por humanos, son á veces los de todos ó los de 
muchos, y la expresión les acomoda para cantarlos como suyos, ahí 
quedan mis coplas, suspiros en el viento, gotas de agua en el mar 
de la Poesía del Pueblo... Cantadlas. Y no hayáis miedo de que yo 
reivindique la propiedad. Un día que escuché alguna de mis soleares 
en boca de cierta flamenquilla en una juerga andaluza, donde nadie 
sabía leer ni me conocía, sentí la noción de esta gloria paradójica 
que consiste en ser perfectamente ignorado y admirablemente sentido 
y comprendido, y no quiero más." Man. Machado: Alma, poesías, 1902. 
Caprichos, id., 1905. La Fiesta nacional, poema, 1906. Alma-Museo 
y los Cantares, 1907. El Mal poema, 1909. Apolo, poesías, 1911. Cante 
hondo, igi2, 1916. Trofeos, 1913. El Amor y la muerte, novelas, 1913. 
La Guerra literaria (1898-1914), prosa, 1914. Canciones y dedicato- 
rias, poesías, 1915. Un Año de teatro, 1918. Sevilla y otros poemas, 
1918. Día por día, de mi calendario, 1918. Verlaine, Obras, trad., 1919. 
Consúltese: Andrés González Blanco, Los Contemporáneos, i.^ serie,. 
París. 

"No me he ded'icado á estudio de literatura de ningún género", dijo 
María Enriqueta. Victoriano Salado Alvarez : "Años ha que me lla- 
maron la atención en un periódico de provincia unos versos que di- 
puté por femeninos; no adolecían, en verdad, de la sensiblería que 
se ha dado en creer propia de las poetisas ; pero en la forma se no- 
taba no sé qué rebeldía contra los cánones prosódicos que les comu- 
nicaba algo de frescura femenina, y en el fondeo una vaga tristeza, 
una unción sincera y profunda, una serena y mansa conformidad y 
grandes toques de color que denunciaban que la autora poseía el don 
divino de la vista... ¿Y qué era lo que inspiraba á la poetisa? Lo 
que está á la vista de todos...: un atardecer melancólico, un chicuelo 
que pasa, el presentimiento de la fatalidad, el viento que brama, el 
perro que late asustado á med'ia noche... Lee, toca el piano, borda 
y atiende á las cosas de su estado como cualquiera otra ama de casa, 
y jamás se las ha echado de ser no comprendido..." Publicó: Las Con- 
secuencias de nn sueño, poema, Méjico, 1902. Rumores de mi huerto, 
1908. Rosas de la infancia (lectura escolar), París, 1914, 4 vols. Mir- 
litón, el compañero de Juan, Madrid, 1917 (1918 en la cubierta). Sainte- 
Beuve, La Mujer y el amor en la literatura francesa del siglo xvii,. 
trad., 1918. Jirón del mundo, Madrid*, 1919. El Teatro clásico francés, 
de Sainte-Beuve, trad., ibid., 1919. Los Canfores de la naturaleza, 
ibid., 1919. 

Raúl Montero Bustamante, El Parnaso Oriental, IQ05 : "Existen 
los descendientes de la lírica italiana moderna, presididos por Emilio 
Frugoni, el poeta más correcto de la actual generación... realiza una 
forma de arte noble y sereno." Carlos Rexlo, Hist. Liter. Uruguay,. 



62 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-1907) 

t. V^ll, pág. 116: "La lir¿i del amor resuena, entre sus manos, como 
un salterio pródigo en melodías arrobadoras. Es ardiente, melancó- 
lico, suplicante, siempre correcto, siempre castizo, tan feliz en la oda 
como en el madrigal... En la hora actual ác nuestro parnaso ninguno 
le supera ni en la ideación ni en el metrizar." Em. Frugoni : Bajo tu 
ventana, poema. De lo más hondo, versos, 1902. El Eterno cantar, ver- 
sos, 1907 (3.* ed.). Los Himnos, versos, 1916. El Mensaje de mayo. EL 
Rancho. El Deber de amar (teatro). 

Sixto Osuna, A propósito de un libro, Mocorito, 1907: "Un sen- 
timiento pesimista informa la poesía de Ros:ido Vega. Su concepción 
del mundo puede resumirse así: la vida es un mal irremediable..., abdi- 
cación de la voluntad... Tiende siempre á la sencillez de expresión, 
rehuye el énfasis declamatorio y los contrastes bruscos ; sus versos ge- 
neralmente son firmes, compactos y dejan una expresión de suavi- 
dad; tienen cortes inesperados y elegantes que alejan del libro cual- 
quiera sensación monótona; las palabras en ellos se buscan, se fun- 
den y cantan una delicada armonía... Sentimiento de profunda tris- 
teza, expresado en exquisita' sencillez, al que sirve de motivo no un 
hecho extraordinario ó recóndito, sino un meteoro que todos hemos 
podido observar: esa lluvia pertinaz y monótona de los días inverna- 
les." L. Rosado: Sensaciones, versos, Méjico, 1902. Alma y Sangre 
{Las Peregrinaciones, Del Amor y del ensueño, Otras visiones y otras 
ansias, Los Poemas), poesías, Mérida, 1906. Libro de ensueño y de 
dolor {El Alma de la tarde, En el misterio y en el dolor. Del Camino), 
poesías, ibid., 1907. Consúliese Jenaro Estrada, Poetas nuevos^ 1916. 

Ed. de Ory: Plumaditas, cuentos, Cádiz, 1902. Aires de AndaUícía, 
poesías, Cádiz, 1904. Laureles rosas, íd., ibid., 1905. El Pájaro amil, 
id., París, 1906. La Primavera canta, id., ibid., 1907. Bouquet de asic- 
ccnas, sonetos, Zaragoza, 1908. La Musa Nueva, antología española, 
ibid., 1908. Gómez Carrillo, París, 1908, Mariposas de oro, poesiías, 
ibid., 1908. Alma de luz, poesías, ibid., 1909. Lo que dicen las campa- 
nas, id., Cádiz, 1909. Desfile de almas, prosa, ibid., 1909. El Regi- 
miento infantil, zarz., 1910. Caraz'aiia de ensueño, poesías, Valencia, 
1911. Mármoles líricos, sonetos, 191 1. Parnaso Colombiano, Cádiz, 
1914. Hacia las cumbres, ibid., 1916. Manuel Reina, ibid., 1916. Rubén 
Darío, ibid., 1917. Amado Ñervo, ibid., 19 18. 

Madre mía: "^: Eres la madre mía? | digo á cada mujer. | Y unas 
suspiran y otras | ríen sin comprender.^' Y no veo por qué las imaíj 
suspiran. La pregunta d^el primer verso, donde parece está la clave de 
la composición, me suena á despropropósito. Véase la primera estrofa: 
"Me siento como un niño | extraviado en la fiesta. | ¿ Dónde estás, ma- 
dre mía? I No eres ésa ni ésta." ¿Cómo ha podido brotar afecto de lo 
que no se entiende? Rodolfo Polanco Casanova, Ojeada crít., 1913, 
pág, 40: "Man. Magallanes Moure... no es un poeta lírico, sino todo 
lo contrario, descriptor paisajista i en el último tiempo posta sugesti- 
vo, que así se ha revelado en su libro La Jornada. Hai en este libro 
;.poesías magníficas, como la que lleva por título Viaje de ensueño, can- 



S. XX, 19O12. ENRIQUE GARCÍA VELLOSO 63 

ción de fondo i forma heinianos... Tiene, en cambio, otras que ado- 
lecen de graves defectos, cual Macse Salomón... en el fondo i la su- 
perficie, las ideas i el estilo, que es forzado i antirrítmico. En la tarea 
modernista, á que se entrega con ardor el poeta, díe ensamblar los 
dísticos, cortando el epíteto del nombre que caracteriza, al fin de cada 
renglón, en el afán de rehuir los acentos hasta convertir las estrofas 
en prosa rimad'a, Magallanes se nos presenta artificial i poco espon- 
táneo. Pierc^e las más valiosas i salientes características de su poética: 
la naturalidad i sinceridad, la encantadora sencillez de otras páginas, 
escritas á toda alma, á todo sentir... Por lo demás, bard'o es Maga- 
llanes que ocupará siempre distinguidísimo lugar en el Parnaso chi- 
leno." Facetas, versos, S:intiago. 1902. Matices, versos, 1904. La Jor- 
nada, versos, 1910. ¿Q^uc es amor?, novelas cortas, 1914. La Casa 
junto al mar, versos, 1918. 

166. Año 1902. Ramón Asensio Mas (1878-1917), de 
Crevillente (Alicante), á los pocos meses en Madrid, donde es- 
tudió el bachillerato, dióse al periodismo y á publicar versos, 
hasta que para poder vivir hizo obras teatrales, que fueron des- 
atendidas por los empresarios. Con Fernández Shaw estrenó, 
al cabo, El Tirador de palomas (1902) y luego otras propias del 
todo, logrando entrada en los teatros y alcanzando su mayor 
triunfo, que le sacó de apuros, con El Piiñao de rosas, compues- 
to con Arniches y estrenado el mismo año. Desde entonces 
estrenó de setenta á ochenta actos, los más hechos en colabora- 
ción. Los últimos años fué con Cadenas empresario de Eslava 
y del teatro Reina Victoria, que edificaron con el propósito de 
ensanchar el negocio de los arreglos que venían haciendo de 
operetas austríacas, tan gustadas por el público ligero y ham- 
briento de alimentos verdes, vistosos y musiqueros. Ellos in- 
trodujeron el género en España y con él la desgana del públi- 
co por otras obras más serias y españolas. Estaba casado Asen- 
sio Mas con la tiple Julia Mesa. La necesidad luchando con el 
amor de la gloria y venciéndola al cabo, explican la carrera tea- 
tral de este autor del género chico y género ínfimo, que no ca- 
recía de dotes para brillar de por sí en el puro arte, como pue- 
de verse en La Prosa de la vida, comedia de fina observación, 
estilo expresivo, ligero y realismo tan verdadero como de quien 
lo ha vivido y es un trasunto de sus pasadas penalidades en 
la carrera teatral. 

Enrique García Velloso, argentino, catedrático de Lite- 
ratura en el Colegio Nacional de Buenos Aires, compuso el 



64 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

drama criollo, con notas simbolistas, Jesús Nazareno (1902) y 
otras, más de cincuenta, piezas teatrales. Bien documentado en 
la historia de su tierra, publicó el primer tomo de una Historia 
de la Literatura Argentina, con imparcialidad, elevada crítica, 
fácil y castizo lenguaje. 

16 7. Asensio Más en carta al autor: '"Xací ó me nacieron, como 
dijo Fígaro, en la villa de Crevillente (Alicante), y si la memoria de 
mi madre no falla, debió ser el acontecimiento allá para fines de no- 
viembre de 187S. Meses más tarde rm trajeron á Madrid, donde crecí 
como tock) el mundo; cursé el bachillerato, y en vista de que mis pa- 
dres se nesgaron á que ingresase en la Armada (pues toda mi aspira- 
ción consistía en pertenecer á la Marina de guerra), adopté la pere- 
grina determinación de dedicarme al periodismo, y durante cuatro ó 
cinco años sembré de artículos 5- versos la Prensa madrileña y gran 
parte de la provinciana. Murió mi padre, llevándose la llave de la (des- 
pensa, y entonces tuve que trabajar de veras para vivir y para sacar 
adelante á los míos. Viendo que los versos no daban para ello, apunté 
al teatro; pero tan inútilmente, que todos los disparos me fallaban; 
esto quiere decir que ninguna empresa quería tomarse el trabajo de 
leer mis comedias con propósito de representarlas, y así continuaría, 
seguramente, si mi querido amigo Carlos Fernández Shaw, que co- 
nocía mi situación y leía todos mis trabajos, no se hubiera erigicío en 
protector mío y amantísimo padre literario. Honróme asociando su 
firma á la mía, y estrenamos juntos en Apolo El Tirador de palomas. 
Aquello me abrió de par en par las puertas del teatro, y á partir de en- 
tonces el porvenir se me presentó menos negro. Aquel mismo verano 
de 1902 estrené en el teatro Eldorado Las Grandes cortesanas, tam- 
bién con ¿xito. y á principios de invierno, en Apolo. El Punzo de ro- 
sas, que vino á resolverlo todo para mí. Habré estrenado desde en- 
tonces unos 70 ú So actos." Escribió en La Lidia (1895), BarccLona- 
Cómica (1806), La Correspondencia (1CO3). Publicó De telón adentro,, 
novela. La Tierra madre, nov. escénica. La Afrancesada, opereta (con 
Miguel Chapí, mus. de Vicente Zurrón), 1900. El Tirador de palo- 
vías, zarz. (con Carlos Fernández Fhaw. mus. de Am.adeo Vives), 1902. 
Las Grandes cortesanas, opereta (con id., mus. de Valverdte. hijo),. 
1902. El Puñao de rosas, zarz. (con Carlos x\rniches. mus. de Ruper- 
to Chapí), 1902. ¡Viva Córdoba!, sain. (con Carlos Fernández Shaw, 
mus. de Valverde hijo), 1903. Recuerdos de tiempo viejo, dial., 1903. 
El Pelotón de los torpes (con Paso, mus. de Rubio y Serrano). 1903. 
La Torería (con Paso, mus. de Serrano). 1904. Género chico, humo- 
rada (con José Juan Cadenas, mus. de Chapí y Valverde. hijo^i. 1004. 
Lluvia menuda, dial., 1904. La Tragedia de Pierrot, zarz. (con José- 
Juan Cadenas, mus. de Ruperto Chapí), 1904. La Noche del Pilar, 
zarz. (mus. de Cassadó), 1906. La Edad de hierro, pasatiempo (con 
Carlos AmJches y Enrique García Alvarez, mus. de Hermoso y Gar- 



S. XX^ 1902. ENRIQUE GARCÍA VELLOSO 65 

cía Alvarez), 1907. La Antorcha de himeneo, humorada (con Francis- 
co de Torres, mus. de Giménez), 1907. La Eterna revista, huniora». 
da (con Jacinto Capella, mus. de Chapí y Giménez), 1908. El Trust 
de las mujeres, humorada (con id., mus. de Giménez), 1908. El Ga- 
rrotín, entrem. (con id. mus. de FogHetti), 1908. Los Dos rivales, zarz. 
(con id, mus. de Giménez), 1908. La Tribu gitana, farsa lirica (con 
Paso, mus. de Mariani), 190S. Biscnit-Glacé, entremés lírico-bailable 
(con Jacinto Capella, mus. de Foglietti), 1909. Tropa ligera, zarz. 
(continuación de Los Granujas) (con José Jackson Veyán, mus. de 
Saco del Valle), 1909. Abanicos japoneses, humoradia (mus. de Ca- 
lleja), 1909. La Pajarera nacional, revista (con Joaquín González 
Pastor, mus. de Foglietti y Córdoba), 1909. El Dios del Éxito, fan- 
tasía (con íd.j mus. de Rafael Calleja), 1910. Las Romanas capricho- 
sas, opereta bufa (con José López Silva, mus. de Manuel Penella), 
1910. El Género alegre, humorad'a lírico-fantástica (con Carlos Ar- 
niches, mus. de Penella y García Alvarez), 1910. El Ronierito, com. 
(mus. de Calleja y Luna), 191 1. Los Juglares, poema escénico (con 
Carlos Fernández Shaw, mus. de Giménez), 191 1. La Noche de las 
hogueras, zar. (mus. de Córdoba), 1912. Poca Pena, ¿ain. (mus. de 
Torregrosa y Alonso), 19 12. Los Molinos cantan..., opereta holande- 
sa (del maestro Van Oost, versión, con José Juan Cadenas), 1912. La 
Prosa de la vida, com., 1913. La Misa del Gallo, melodr., 1913. El Bue- 
no de Guzmán, zarz., 1913. Los Hombres de genio, saín, (con Miguel 
Chapí), 1913. La Alegría del amor, fantasía. La Señorita Capricho, 
vodevil, arreglo. El Millón, com., arreglo. Las Pildoras de Hércides, 
opereta arreglo. La Modista de mi mujer, vodevil, arreglo. ¡A ver si 
cuidas de Amelia!, vodevil, arreglo. El Príncipe Carnaval, fantasía. 
Colombina se salva, zarz. Mi amiga, humorada. El Genio de Vela:!' 
ques, humorada (1915). El Capricho de las damas, vodevil, 1915. La 
Invitación al vals, opereta, 1915. La Mujer ideal, opereta, 1915. Los 
Trovadores, com., 191 5. El Abanico de la Pompadonr, opereta, 1916. 
La Reina del cine, 1916. 

Jean Paul, Teatro argent., T917. pág. 81 : "Pero si considerada en 
conjunto la obra del señor García Velloso se resiente de falta de equi- 
librio, mirada en el detalle es la producción de un hombre de teatro 
extremadamente experto, cuya observación burlesca se halla impreg- 
nada de la más franca alacridad." Pág. 115: "A quien la dramaturgia 
nacional le debe algunas de las piezas que quedaron y constituyen tal 
vez el mejor éxito de la temporada." Pág. 117: "Son de alabarse la 
laboriosidad y el entusiasmo d'e este escritor, cuya tenaz dedicación 
á las cosas del espíritu no cesa de manifestarse... en las brillantes y 
fecundas actividades del period'ismo, del escenario y de la cátedra." 
Alfredo A. Bianchi, en Nosotros, dic, 1917: "Cuando en 1902 — hace 
sólo quince años — se inició con el drama del señor Enrique García 
Velloso, Jesús Nazareno, la segunda época de nuestro teatro nacio- 
nal, la era ciudadana, como en otra oportunidad la he calificado, en 
contraposición á la era gaucha, que agonizaba ante la indiferencia de 



66 KPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

públicos que no sentían ya como cosa propia mocíalidades que no les 
pertenecían, nadie hubiera creído que una evolución que empezaba tan 
moci'estamente, con una compañía de artistas en formación y en un 
teatro, aunque central, de tercer orden entonces, llegaría en tan poco 
tiempo al resultacl'o que hoy anotamos, esto es, á que los teatros que 
cultivan la producción nacional en toda la República hayan alcanzado 
este año á recaudar la gruesa suma de tres millones de pesos. Sin em- 
bargo, este innegable progreso material no creo que esté de acuerdo 
con el adelanto de nuestro teatro, en cuanto á obras se refiere. En 
realidad, de diez años á esta parte el teatro rioplatense no ha hecho 
otra cosa que retrogradar. No quiere diecir esto qua durante este 
tiempo no se hayan escrito comedias dignas de consideración, algunas 
quizás notables; pero, en conjunto, puede afirmarse categóricamente 
que este largo período ha sido muy inferior en su producción al que 
comprende los primeros cinco años que corren desde 1902 á 1907." 
Enr. García Velloso: Jesús Nazareno, dr., 1902. Marta Zibelina, com., 
1913. El Tango en París, 1913- Los Amores de la Virreina, dr., 1914. 
Fruta picada, El Zapato de cristal, com., 1915. Mamá cnlepina, 1916. 
Veinticuatro horas de dictador, 1916. El Casamiento de Laucha, igiy. 
La Victoria de Samotracia, dr., 1917; Madrid, 1918. El Mascotón, 1917. 
Instituto Internacional de Señoritas, 1917. La Loca del Azul, 1918. 
En la tierra de la paz y del amor, 191 8. Historia de la Literatura Ar- 
gentina, t. I, B. Aires, 1914. 

168. Año ipo2. Mauricio López Roberts (n. 1873-), 
nacido en Niza (Francia), diplomático (1896) en París, Ber- 
na (1907), Lisboa (1908), Constantinopla y Tánger^ hasta 
•.1918, novelador realista, psicólogo, de los mejores que en su 
tiempo se dieron á conocer. Desentrañó almas al parecer vul- 
gares, pero que encierran su propia poesía, que el arte saca 
afuera ó que acaso les metió dentro, ya que la poesía no parece 
estar en las cosas ni en las almas descritas por el poeta, sino en 
el alma del poeta mismo que se la comunica, valiéndose de 
ellas como de espejo donde deja caer y reflejar la belleza de 
la propia alma : bien así como los colores de las cosas no están 
en las casas por la luz pintadas, sino en la luz que en ellas los 
pone al reflejarse generosa y hermosamente. Fué más cuida- 
doso del estilo en sus principios, pero más hondo psicólogo des- 
pués, sobresaliendo en La Familia de Hita. 

Luis Valera, marqués de Villasinda, hijo del insigne es- 
critor don Juan, es un claro trasunto de su padre. Hale bebido 
su espíritu sutil y fino, su exquisito gusto, su discreción y cor- 
tesanía en el conversar como en el escribir. Tan sólo le falta 



S. XX, 1902. FRANCISCO DE SALES PÉEEZ 67 

aquella buena sombra que en sus niñeces y mocedades tomó de 
Andalucía el padre y de la cual no pudo gozar el hijo, criado 
en otras diversas ciudades de Europa y América. Su cultura es 
grande; sus aficiones, muy castizas. Siempre hay hondo pensa- 
miento y originalidad amena de fomia en sus obras. Desde 
la primera llegó hecho y maduro á las letras, con un estilo tan 
castizo y galano y muy parecido al de su padre. Lástima que 
ocupado en sus viajes y tareas diplomáticas haya dejado, tiem- 
po ha, de escribir. Sus viajes á Oriente dieron cierto tinte mis- 
terioso, del que no menos participó la labor de su padre, y co- 
lor de flores, resonar de florestas y gorgoritear de aves, á sus 
novelas fantásticas, en que nos pintó á maravilla aquellas re- 
giones. 

Jesús Castellanos y Villagelici (1878-1912), de la Ha- 
bana, abogado, cultivador del cuento y la novela corta, realis- 
ta y analítico, de costumbres cubanas, crítico artístico y litera- 
rio. Estuvo en Méjico (1896-98), fué periodista en La Discu- 
sión (1901), donde escribió Una semana menos y Patria (1901), 
donde publicó Cabezas de estudio, siluetas políticas, publicadas 
las cincuenta y dos mejores en 1902. 

Emilio Constantino Guerrero, de La Grita (Venezue- 
la), escritor ilustrado y conocedor de nuestros clásicos, de ele- 
vado pensamiento, pujante fantasía, estilo brioso, galano y 
atildado, fácil de expresión y diestro manejador del cas- 
tellano, se apropió bastante bien el tono de Lamartine, sin 
imitarle servilmente; pero sobresalió más por sus novelas. En 
Lucía hay recuerdos de la María, de Isaacs; es novela de sen- 
timentalismo delicado, sin demasiados lirismos, con atisbos filo- 
sóficos, en estilo brillante y señoril. Vale todavía más, por la 
viva descripción de costumbres regionales andinas. El Táchira, 
que es su mejor obra. 

Francisco de Sales Pérez (n. 1836-), de Caracas (Vene- 
zuela), académico y bien enterado del castellano, de su natural 
espontáneamente chistoso, criollo en el fondo filosófico, más 
bien que en la expresión, de estilo llano, claro, insinuante y 
ameno, gran observador, crítico sincero de lacras sociales; es- 
critor de costumbres, en suma, de los más originales de su tie- 
rra. Publicó Ratos perdidos, costum,hres venezolanas, Cara- 
iras, 1902, 1908. 



68 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Efrén Rebolledo (n. 1877-), de Actopam (Méjico), abo- 
gado y diplomático en Guatemala y el Japón, colaborador de la 
Rev. Moderna, El Mundo Ilustrado, Rev. de Revistas, Vida 
Moderna, escritor rico en colores, suntuoso y musical, ha pu- 
blicado cuentos muy celebrados y, como poeta, poesías esme- 
radamente cinceladas, armoniosas y cargadas de color, pero 
algo frías y de poco original inspiración. 

Martín Aldao (Luis Vila y Chaves), argentino, excelen- 
te novelador, nada psicológico, pero sí objetivamente descrip- 
tivo al menudeo, bastante relamido en el decir. 

Emilio Carrére (n. 1880-), madrileño, escritor de vida 
bohemia y ninguna cultura literaria, lírico y novelista, de 
privilegiado ingenio para saberse inspirar en las obras de los 
maestros, tomándoles asuntos, maneras y hasta expresiones, 
yendo, por consiguiente, a la zaga de ellos, bien que compo- 
niendo buenas misceláneas propias. En la lírica siguió á los 
modernistas, con dejos añejos todavía y cierto htmiorismo pri- 
mero, después más conforme á la moda, que iba ya pasando. 
Menudea, pues, tanto ideas como frases y palabras manidas, que 
han perdido su lustre por el continuo roce y no dan otra im- 
presión que la del recuerdo de haberse ya oído, cual eco que 
retiñe de vieja cantilena. Como novelista, pinta el hampa ma- 
drileña y regodéase en escenas de lupanar con todo el realismo 
de la vieja picaresca española, aunque sin pizca de aquella ho- 
nestidad, de aquella paciencia estoica y hasta alegría sana, tan 
de alabar en los antiguos. El estilo, suelto y vibrante; el ha- 
bla, la propia de tal gentuza. Todo es triste y amargo en estas 
novelas, en que el autor ha ido a recoger las heces de la so- 
ciedad madrileña en las cloacas de figones, sotabancos, bohar- 
dillas, lupanares y hospitales. 

16 9. López Roberts en carta al autor: "La novela ha de ser, an- 
tes que nada, entretenida, leíble, grata. Todas las otras condiciones vie- 
nen después, y la novela puede instruir, moralizar, filosofar, regene- 
rar, etc„ etc., á condición de que, como ciertas medicinas, oculte el 
amargor con algfo de dulce, que en la novela es el interés. En princi- 
pio, el primer lector á quien la novela entretenga ha de ser el autor 
mismo. Si no sucede esto, la novela casi seguramente se caerá de las 
manos." Andrés González Blanco, Hist. nov., pág. 876: "Ha escrito 
novelas sangrantes de viáa, intensas de emoción, que no tienen pre- 
cedentes en la literatura española contemporánea. Uniendo á lo paté- 



S. XX, 1902. LUIS VALERA 69 

tico la sobriedad realista, sus novelas son dramas con exclusión de 
todo artificialismo, es decir, son dramas con todo lo mejor que tiene 
el arte escénico, y sin sus cualidades depresivas. Dramas vulgares, 
porque lo que le interesan son esos seres oscuros que pasan por la 
vida desapercibidos, como transeúntes nocturnos por callejón sólita^ 
rio... L. R, no les da proporciones terribles ni grotescas: los presenta 
en su abrumadora vulgaricíad, sin nada que pueda realzarles... Los 
seres insignificantes de la vida, al pasar á la novela se agrandan, to- 
mando proporciones epopéyicas cuando un fiel observador, como 
L. R., nos dice sus vicisitudes y, sobre todo, nos hace penetrar en su 
interior..., el triunfo del psicologismo... sobre el naturalismo escueto 
consiste en esto: que, reproduciendo fielmente los actos reales, escru- 
ta, sin embargo, sus móviles íntimos... La obra de L. R. que mejor 
realiza el destino señalado á la novela realista es su último libro, don- 
de hay más vicía, aunque menos estilo, que en Las de García Triz... 
Descendió un grado en la escala de los estilistas con El Porvenir de 
Paco Tudela, verdadero desacierto en cuanto al estilo... En La No- 
vela de Lino Arnáh hay ciertos retoques en la dicción: pero ésta no 
se restaura en su primitiva exquisitez... L. R. es, ante todo, novelista 
psicólogo... En esto, su última novela es la más notable... La novela 
más intensa del volumen y que más estudio supone es La Familia de 
Hita..., lo más completo que ha hecho L. R. Nunca llegó á tan alto 
grado su poder de observación, su fino instinto humorístico, su len- 
guaje expresivo, sin retorcimientos... En El Porvenir de Paco Tu- 
dela L. R. sacrifica el estilo á la exposición dramática. La obra es más 
m.oviíía y menos cuidada... En La Novela de Lino Arnáiz hay más 
psicología." Las de García Triz, ]Madrid^ 1002. El Porvenir de Paco 
Tudela, IMadrid, 1903. La Novela de Lino Amáiz, Madrid, 1905. Doña 
Martirio, Madrid, 1906. Las Infanzonas, Madridí, 1907. Noche de 
Animas, Madrid, 1907. La Esfinge sonríe, Aladrid, 1908. El Wagón 
de Tespis, Madrid, 1908. El Verdadero hogar, 1917. Cuentos de vie- 
jas, 1 91 7. 

Andrés González Blanco, Hist. nov., pág. 996 : "Reflorece en sus 
obras (de Valera) aquella galanía de dicción que orna las inmortales 
novelas y los imperecederos estudies d^e su padre... Con planta fija y 
sólida guió sus pasos desde un principio por una ruta ya prevista.,., 
entró en la palestra literaria ya formado y hecho. Pronto se alzó con 
el crédito, bien merecido, de galano estilista y exquisito novelador...; 
digno émulo de su padre en esto de acordar los períodos con armonía 
y soltura y en lo de engarzar los enjoyados conceptos en estuche dte 
rico y numeroso lenguaje." L. Valera: Sombras chinescas, recuerdos 
de un viaje al Celeste Imperio, Madrid, 1902. Visto y soñado, nov., 
ibid., 1903. Del antaño quimérico, ibid.. 1905. Un alma de Dios, 1906. 
El Filósofo y la tiple, ibid., 1908. De la muerte al amor, ibid., 1910. 

Jesús Castellanos, Los Optimistas, pág, 283: "Cuando se ve que 
hemos dado lugar de dioses mayores á ese anémico y soporífero Va- 
lle-Inclán, á ese cómico malabarista Martínez Sierra, á ese vacuo é 



yo ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

insoportable poseur Asorín, á ese grotesco fauno Felipe Trigo, á ese 
popular trompetero Dicenta, á todos esos juglares dte la literatura que 
han envenenado el gusto de la juventud, es cuando se advierte la ne- 
cesidad urgente de imponer los buenos modelos presentando de una 
vez al Maestro..., á Fray Candil.''^ Rodó: "Castellanos es uno de los 
narradores de más fina sensibilidací y más hermoso estilo entre cuan- 
tos cultivan en América la pintura de la naturaleza y las costumbres 
de estas tierras." J. Castellanos: Cabezas de estudio, Habana, 1902. 
'De tierra adentro, cuentos, ibid., 1906. La Conjura, novelas cortas, 
ibid., 1909; Madrid, 1917, su mejor libro, premiado. Motivos de Pro- 
teo, de Rodó, conf., Habana, 1910. La Manigua sentimental nov. de 
costumbres, Madrid, 19 10 (en El Cuento Seman.). El Norte y el Sur 
1911 (en El Fígaro). Obras póst., t. I, Los Optimistas, Habana, 1915; 
Madrid, 1919'; t. II, Los Argonautas, La Manigua sentimental, cuen- 
tos, 1916; t. III, De la vida internacional, 1916. Consúltese Max Hen- 
ríquez Ureña, La Vida y las obras de Jesús Castellanos, 1912 (en 
Rev. Bini. Ctib.). 

E. C. Guerrero: Campaña heroica (1902), en que parafraseó los 
Episodios, de Jerónimo Maldlonado. Sangre patria (1903). Lucía, nov. 
(1904). El Táchira físico, político é ilustrado (1905). En torno á la 
cuna (1910), su mejor poesía, lamartiniana. La Despedida, poema. 
Poesías, Sao Paolo (Brasil), 1918, con prólogo de Jerónimo Maldo- 
nado y notas de Félix Díaz y Aguiar. Además, trabajos sobre His- 
toria, Filosofía, Gramática y Derecho civil. 

Amado Ñervo, sobre Cuarzos (Rev. Mod., 1902) : "Yo le llamaría 
más bien alto artífice que alto poeta. Fríamente cincela, funde, pule, 
labra. Disloca, ductiliza, engarza. Conoce muchos hondos secretos del 
ritmo y de la rima. El verso es su esclavo. Paciente obrero, tenaz 
obrero, Rebolledo persigue días y noches una cadencia nueva, y cuan- 
do la ha encontrado, hallamos todos que es buena, la amamos por bien 
pergeñada ; pero le falta acaso la santa melancolía, la aureola <íe la 
honda emoción, lá excelsa nobleza de la pena. Rebolledo es casi siem- 
pre un modernista de alma parnasiana... De los poetas novísimos es el 
más artista." José Juan Tablada, en El Mundo Ilustrado, 1914: "Des- 
pués de una crisis romántica exteriorizada en Heder de ingenuo ero- 
tismo y en rondeles indecisos y tímidos, E. R. se reveló bruscamente 
como un vigoroso poeta artista, dueño de sutil virtuosidad y de técnicas 
triunfadoras. Rebolledo entró á la literatura por la puerta gótico- 
flamante que Huysman erigió como arco monumental de triunfo, y 
por eso su numen fraterniza con Des Esseintes en dilecciones, ama 
lo extraño, lo impoluto, lo virginal, así lo encuentre en el nectario de 
una flor maldita ó en el carapacho rutilante del quelonio gemado. bestia 
familiar en el larariiim del héroe paradójico... Hasta hoy E. R. se ha 
revelado como un acímirable poeta artista. Su estudio, su labor obsti- 
nada, han hecho de su numen el de un alquimista transmutador, que 
con un puñado de arcilla ha hecho, al fuego de sus crisoles, el lapis 
'philosophonim, el oro espléndido y triunfante." Efrén Rebolledo: Cuar- 



S. XX, I9Q2. MARTIN ALDAO 7 1 

scs, versos^ Guatemala, 1902. Más allá de las nubes, ibid., 1903. Hilo 
de corales, versos, ibid., 1904. Joyeles, versos, París, 1907. Estela, pro- 
sa y verso, Méjico, 1907. El Enemigo, nov. corta, ibid., 1908. Rimas 
japonesas, Tokio, 1909, Nikko, Méjico, 1910. Hojas de Bambú, nov., 
ibid., 1910. Libro de loco amor, versos, ibid., 1916. El Desencanto de 
Dulcinea, cuentos, ibid., 1916. Águila que cae, trag., ibid., 1916. Tra- 
dujo de Osear Wilde: Intenciones, Méjico, 1916. El Crimen de lord 
'Arturo Saville, ibid., 1916. Consúltese Jenaro Estrada, Poetas Nuevos, 
1916, donde cita los artículos que de él tratan. 

Man. Gálvez, La Vida múltiple, 1916, pág. 229: "Juzgando el libro 
{La Novela de Torcuato Méndez) por lo que contiene, hay que con- 
venir en que es casi perfecto. Está sabiamente compuesto; no se halla 
en él una palabra innecesaria. Todo lo que hay allí está bien. Pero 
si observamos lo que le falta, el juicio ya no puede ser tan benévolo. 
Los personajes, salvo uno, el de Manequito, no están suficientemente 
individualizados, y en las primeras páginas especialmente, el lector 
los confunde unos con otros. Tal vez contribuya á ello el exceso de 
personajes secundarios, sobre todo si se tiene en cuenta la relativa- 
mente reducida extensión del libro. Estos personajes secundarios lle- 
nan la novela. En Buenos Aires ó en Mar del Plata conversan en pe- 
queños diálogos, no (dejando lugar para el desarrollo del asunto. Po- 
dría decirse que lo que falta en esta novela es precisamente la no- 
vela. Las escenas culminantes han sido suprimidas ó tratadas con de- 
masiada brevedad. En esto no veo sino una prudencia ó un temor 
quizá excesivos de parte del autor. Claro es que un novelista incipien- 
te debe tener gran prudencia, pero no hasta el punto de reducir tan- 
to los pasajes difíciles d?e la acción. El mayor defecto de esta novela 
reside, a mi entender, en algo que debiera ser una virtud: su exce- 
siva objetividad... Aldao reproduce, con objetividad casi fotográfica, 
una sociedad harto insignificante y superficial. Los personajes son me- 
diocres; y mediocres son sus conversaciones. Si la novela tuviera un 
asunto característico, nada habría que objetar. Aldao pudo haber re- 
tratadlo esas gentes tan banales burlándose de sus aficiones, de sus ne- 
cedades, de su criterio. La ironía es un gran recurso para levantar la 
condición vulgar de la novela demasiado objetiva. Aldao refiere los 
diálogos mediocres de la sociedad distinguida con toda minuciosidad, 
exactitud y seriedad; jamás tiene una palabra de ironía para sus su- 
perficiales personajes... Aldao no ha creado almas ni ha escrito un 
libro realmente humano. Con todo, el valor literario de La Novela de 
Torcuato Méndea, me parece considlerable. He alabado ya su compo- 
sición y ahora quiero alabar su estilo. Aldao ha logrado resolver un 
problema que muchos escritores jóvenes argentinos persiguen sin ha- 
berlo conseguido sino en parte : reunir el más puro casticismo á la ele- 
gancia, la precisión y la armonía francesas. Se dirá que en el libro 
de Aldao no hay en realidad estilo, que su prosa no tiene carácter ni 
personalidad. No importa. Aldao ha prestado un verdadero servicio 
á la literatura americana, demostrando cómo se puede poner las cuali- 



72 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

dades francesas al servicio de un buen castellano." Escenas y perfi- 
les, colecc. de escritos sueltosj de agudo ingenio, Buenos Aires, 1902. 
Reseña histórica de los guerreros de la independencia, ibid., 19 10. La 
Novela de Torcuafo Méndez, de costumbres bonaerenses, su mejor 
obra, ibid., 1912; Madrid, 1913. El Caso de "La Gloria de don Rami- 
ro", ibid., 1913. Durante la tragedia, 1917. Consúltese Alvaro Mellan 
Lafinur, Literatura contcmpor., 1918. 

Cansinos Assen, Las Escuelas liter., 1916, pág. 145 : "Con Emilio 
Carrére... entra en la novela madrileñista la visión de los figones in- 
mundos, en que se consumen los manjares indescriptibles de los tugu- 
rios epitalámicos, en que se ama una sombra sobre un esqueleto; de los 
dormitorios promiscuos, en que se sueña con la muerte, y de las salas 
de hospitales en que la ve llegar al fin... Carrére es exaltador die 
toda esta miseria evangélica, de toda esta inocente negrura, de este 
dolor sin belleza ni esperanza y lo atavía con las preseas de su estilo 
y lo ilumina con la sonrisa de la ironía, que es como el sol de invier- 
no de esta escuela bohemia, de la que Carrére es el pontífice entre 
nosotros. Las grisetas se han convertido en francas rameras... y los 
poetas y pintores ha tiempo que olvidaron todo anhelo de arte para 
pensar sólo en vivir. Y nunca truena la alegría bohemia. Esta es la 
compañía de la gallofa, la hermandad de la pirueta...; el estilo del 
autor, de un preciosismo arcaico... Ironía bohemia, donaire picaresco, 
demagogia moderna se amalgaman en estas novelas madrileñistas en 
que E. C. ha recogido la tristeza más negra de Madrid, la amargura, 
no ya de la bohemia, sino de la hampería literaria..." Em. Carrére: 
Románticas, poes., Madrid, 1902. El Caballero de la muerte, poemas, 
1909. El Encanto de la bohemia, 1911, 3." ed. Los Ojos de la Diablesa, 
leyenda madrileña, 1913. La Tristeza del burdel, 1913. La Madre ca- 
sualidad, 1913. Del Amor, del dolor y del misterio, poemas, 1915. El 
Reloj del amor y de la muerte, ley. madrileña, 191 5. Elvira la espiri- 
tual, 1916. Dietario sentimental, ]\Iadrid, 1916. La Corte de los poetas, 
antología de poesías hispanoamericanas, con prólogo. La Voz de la 
conseja, colección de novelas breves y cuentos de varios, 1917. Flo- 
res de meretricio, 1917. La Rosa de Alhaicin, nov., Madrid, 1917. Edgar 
Poe, trad., 1918. La Copa de Verlaine, 1919. Almas brujas y espectros 
grotescos, 1919. 

170. Año 1Q02. Julio Puyol y Alonso (n. 1865-), de León, doctor 
en leyes (1S90), secretario del Instituto de Reformas Sociales (1903), 
académico de la Historia (1914) y de Ciencias Morales y Políticas 
(1918), erudito de grande autorid'ad y escritor castizo, de estilo recio é 
irónico, escribió con Adolfo Bonilla San Martín con el seudónimo, co- 
mún á entrambos, de El Bachiller Alonso de San Martin, la hermosa no- 
vela histórica La Hostería de Cantillana (1902) y Silva de varia lec- 
ción (1909), Sepan cuantos (1910). De por sí publicó: Cantos populares 
leoneses, Nueva York, 1905. Estado social que refleja el "Quijote", dis- 
curso, Madrid, 1905. El Arcipreste de Hita, ibid., 1906. Una Puebla en 



S. XX^ 1902, CRISTÓBAL DE CASTRO yS 

el siglo XIII, estudio histórico sobre las Cartas de población de 'El^ 
Espinar. Égloga trovada por Juan del Encina á la Natividad de Je- 
sucristo, arreglo. Glosario de algunos vocablos usados en León. Cantar 
de gesta de don Sancho II de Castilla, Madrid, 191 1. La Crónica po- 
pular del Cid, ibid., 191 1. El "Cid" de Dozy, La Pícara Justina, texto 
y estudio, 3 vols., Madrid, 1912. Las Hermandades de Castilla y León, 
con las Orden-ansas de Castronuño de 1467, ibid., 1913. Vida y aven- 
turas de don Tiburcio de Redín, ibid., 1913. Un Álbum romántico, 1915 
(en Rev. CHt. Hisp.-Amer.). El Abadengo de Sahagún, ibid., 1915. 
El Supuesto retrato de Cervantes, ibid., 1915 {R^v. Crit. Hisp.-Amer., 
1915, I, 157-168; 1916, II, 137-174); ídem. Resumen y conclusiones, 
1917. Elogio de Cervantes, disc, 1916. La Vida Política en España. 
Elogio de la estulticia, trad. de Erasmo, 1917. 

Cristóbal de Castro (n. 1880-), de Iznajar (Córdoba), por seudó- 
nimos Zacarías de Uceda y Abate Marchena, redactor de La Corres- 
pondencia y Heraldo, imitador de Garcilaso y aún algo más que imi- 
tador de Castillejo, publicó Las Niñas del regidor, nov., 1902. El Amor 
que pasa, poesías, 1903. Rusia por dentro, 1904, 1905. Gerineldo, obra 
teatral (con Enr. López Alarcón), 190S. Luna lunera, poesías, 1908. 
Las Insaciables, nov., 1909. La Luna de la sierra, refundición de Vé- 
lez de Guevara, 1909. Las Manos largas (con Enr. López Alarcón), 

1909. La Bonita y la fea, nov., 1910. Antología de las Cortes de 1820, 

1910. Cancionero galante, París, 1910. Antología de las Cortes de 18 ¿p 
á iSóSj 191 i. Antología de las Cortes de 1888, 1912. Antología de las 
Cortes de ipoj, 1913. El Anzuelo de Fenisa, refundición de Lope, 
1913. Cortesanos y cortijeras, Barcelona, 1915. Catálogo monumental 

y artístico de España, Álava, 1915. Biografía política y parlamentaria 
de don Nicolás María Rivera, 1915. Las Mujeres, 1917. El Abanico 
de lady Windermore, com. de Osear Wilde, trad, 1919. Cansinos 
Assens, Las Escuel. liter., 1916, pág. 72: "En C. de C. brilla el genio 
legítimo del periodismo, con todas sus amplitudes y con todas sus li- 
-mitaciones : con todo su sentido efímero de h'mno fugitivo y de ver- 
dad provisional, con todo su sentido restrictivo del momento. Y bri- 
lla en él sobre todo el genio del aturdimiento periodístico, el brillo 
de los vanos fuegos fatuos, de la lírica circunstancial y de la ciencia 
improvisada, sin libros ni documentos. C. de C. se ha formado úni- 
camente en la escuela del periodismo, es un hijo del periódico. Aquí, 
en esta escuela del conocimiento "parcial, sucesivo y fragmentario", 
según decía Pascal ; en esta escuela de la ciencia del momento, de la 
intuición y del ardor imaginativo, se ha formado casi únicamente este 
cronista y poeta y novelista y pensador. Sus primeras obras cotidianas 
son el triunfo de lo nativo, la floración de la primera savia natural, la 
gran eclosión del germen rústico. Más adelante, C. de C, después de 
haber leído sólo periódicos, leerá libros, se hará una cultura, se for- 
mará un gusto, procurará orientarse. Pero por el pronto, sólo periódi- 
cos lee; y de esas hojas diarias que ha de nutrir con su espíritu, toma 
•él su nutrimiento. Pero toda su vida guardará los resabios de esta 



74 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

formación espiritual, sin métocío ni ordenaciones intermedias...; pri- 
mero en El Evangelio y después en La Correspondencia..., C. de C. 
lo saca todo de si mismo y sigue la moda del instante. Y es un poco 
republicano y otro poco arcaizante : y escribe la crónica frivola y la 
crónica de reivindicaciones sociales..., los madrigales á Flérida y los 
cromáticos cuadros andaluces, según el gusto de Rueda... Será siem- 
pre un espontáneo, un naturalmente fervoroso, un hijo del periodismo, 
algo embastecido por el diario contacto con las muchedumbres, como 
los hombres que viven en los arrabales, todo lo contrario cíe un ex- 
quisito. Y del periodismo tendrá siempre la nota ambigua de la mul- 
tiplicidad y el abigarramiento... Funámbulo sobre todas las cuerdas de 
la divina lira, no único y extático en ninguna. Pese á elegancias poste- 
riores, este escritor poliforme conservará siempre un rudo fermento 
democrático. Y cuando, sustentado con posteriores lecturas, en esa 
época en que sus artículos están llenos de citas, quiera elevarse á las 
cátedras sociológicas, no podrá alzarse de su pupitre de periodista y 
no escribirá sino artículos." 

Elias Tormo y Monzó (n. 1869-), valenciano, catedrático en las 
Universidades de Salamanca (1902), Granada y Madrid, muy erudito 
en Historia del Arte, cuya cátedra desempeña, publicó Del Conven- 
cionalisr/to en las Artes y en las Letras, Madrid, 1902. Desarrollo de la 
pintura española en el siglo xvj; Las pinturas de Goya y su clasifica- 
ción cronológica, ibid., 1902. La Escultura antigua y moderna, Barce- 
lona, 1903. Álbum cromolitográfico de la decoración de las salas re- 
gias del Alcázar de Segovia, Madrid, 1905. El Monasterio de Guada- 
lupe y los cuadros de Zurharán, ibid., 1905. Las Tapicerías de la Co- 
rona de España, 1." parte, ibid., 1906. La Pintura de la Escuela fla- 
menca del siglo xv en Castilla la Vieja, Valladolid, 1906. Las Bellas 
Artes, Madrid, 1909. Villacis, ibid., 1911. Catálogos de las tablas de 
primitivos españoles de la colección ¡turbe, ibid., 1911. Vélazquez y el 
Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro, ibid., 1911. Gaspar Be- 
cerra (no ultimada). De la suprema intimidad, singularidad estética de 
la Música pura, disc, 1913. Un Museo de primitivos: las tablas de las 
iglesias de Játiva, 1912. La Inmaculada y el Arte Español, 1913. Jaco- 
mart y el arte hispanoflamenco cuatrocentista, 1913-14. Don Vicente Ló- 
pez y la Universidad de Valencia, 1914. Monasterio de Guadalupe : el 
Arte en España, Barcelona, 1915. Datos documentales para la Histo- 
ria del Arte español (van publicados 3 vols.), Madricí, 1914-16. Un 
gran pintor valisoletano : Antonio de Pereda, Valladolid, 1916. Las Vie- 
jcbs series Icónicas de los Reyes de España, IMadrid, 1916-17. En las 
Descalzas Reales, estud. hist., iconográficos y artísticos, fase. 1.°, 1915- 
17. Trabajos de investigación elaborados por los alumnos en ¡a clase de 
Historia del Arte^ 19 18. 

José Augusto Escoto (n. 1864-), de Matanzas, publicó La Instruc- 
ción pública en Cuba en el s, xvi. Habana, 1902. Ensayo de una Biblio- 



S. XX, 1902. VICENTE BORRAS Y ANTOLI 75 

teca Herediana, 1904. La Conspiración de 1844, 1909. G. Gomes de. 
Avellaneda, cartas inéd. y documentos. Matanzas, 1912. Revista hist.,. 
crít. y bibliográf. de la Literatura cubana, ibid., 1916. 

171. A fio 1902. — Pascual Abellán ]\íartínez publicó Rarezas de 
la lengua española, Madrid, 1902. — Max d'Abrantes, seud. de un ura- 
guayo, publicó Tarsila Verr'átherherz, leyenda oriental, Santiago de 
Chile, 1902. — Pedro Joaquín Acacio Duarte estrenó ¡Sin mujeres!, 
'zarzuela, 1902. — Fernando y Manuel Acedo escribieron Gástalo, estu- 
dio histórico, Madlrid, 1902. — R. Acevedo G. estrenó Gaupolican, ópe- 
ra-baile, Santiago, 1902. — ^Juan Agosta estrenó Los Sentimientos de 
una cubana en Sevilla y su regreso á Cuba, com.. Cárdenas, 1902. — 
A. Aguilar y Mora publicó Tres verdades fin de siglo, Madrid, 1902. — 
Daniel Aguilera Camacho, por seud. Morsamor, director de El De- 
fensor de Córdoba (1903), publicó S. Eulogio, vida y obras, Córdoba, 
1902. — El Alano, poema anónimo del s. xvii, Sevilla, 1902. — Juan Al- 
calde (n. 1864-), de San Sebastián, catedirático del Instituto de Cama- 
güey (Cuba) y músico notable, publicó Lolita, nov.. Puerto Príncipe, 
1902. Nena, nov., Camagüey, 1903. Haz bien sin mirar á quién, jug.. 
1907. Pro Patria, nov., 1910. La Señorita inconveniente, jug., 1915. — 
Antonio Alonso García estrenó jA las tablas ó á la iablaf, monólogo 
1902. — Enrique Altamirano y Salcedo, gobemadior de Cagayán, pu- 
blicó Relato histórico de actos y hechos realizados en los últimos días 
de nuestra dominación, Madrid, 1902. — Antonio Alvaro de Morales 
estrenó Agencia de negocios, comedia (con F. Páez Serrano), Segovia, 
1902. — Jaime Andreu y Pont (f 1904), catalán, director en Barcelona 
de El Suplemento (1894), La Opinión (1896) y La Opinión Independien- 
te (1898), publicó Catálogo de una colección de impresos referentes á 
Cataluña, s. xvi á xix, Barcelona, 1902. — Apuntes históricos del Peni, 
Lima, 1902. — Antonio Arévalo (n. 1876-), de Buj alance (Córdoba), 
poeta elegiaco tan hondamente dolorido como modesto, publicó Mis 
canciones, 1902. Para el teatro: La Fuga, Trabajar por lo contrario y 
El Rosal del sentimiento, zarzuelas. Mis canciones, Madrid, 1912. — 
Santos L. Asensio Navarro estrenó El Ajuar, diálogo, 1902. El Orde- 
nanza (con L. Pérez Giralde), 1904. La Pastora, sainete (con id.), 1905. 
— D1ÓGENES F. Barrera (-j- 1904), novelista chileno contemporáneo-, 
muerto trágicamente en un crimen pasional, publicó Amor y lágrimas, 
nov.. Chillan, 1902. — Juan Barriobero y Armas publicó La Nobleza es- 
pañola, Madrid, 1902. Aristocracias, notas y observaciones, 1915. — Juan 
Manuel Bellido Carbayo, presbítero, publicó Colección de homilías.... 
Salamanca, 1902. — Juan Bautista Bernabeu publicó Ecos manchegos, 
poesías, Ciud-ad Real, 1902. — Saturnino Blanco publicó Poesías (con 
Juan Illescas), Madrid, 1902. — M. Bolaños Cacho^ mejicano, publico 
Ritmos, 2.* ed., 1902. Sonetos y sonatas, 1918. — Boletín de Historia y 
Antigüedades, órgano de la Academia Nacional de Historia, Bogotá, 
desde 1902. — Boletín del Instituto Bibliográfico Mexicano, Aléjico, 
1902-07, 3 vols. — Vicente Borras y Antolí estrenó El Juramento, 1902^. 



76 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

— Carolina B. Bourland, norteamericana, profesora de Smith College, 
publicó Comedía muy exemplar de la Marquesa de Saliisia, llamada 
Griselda, por Navarro, 1902 (en Rev. Hisp.). Boccaccio and the Deca- 
meron in Castilian and Catalán Literature, 1905 (ibid.). An Unknown 
Manuscript of the Calda de Principes, 1908 (ibid.). The Unprinted 
Poems of the Spanish Canciuneros in the Bibliotheque Natioiíale (Pa- 
rís), 1909 (ibid.). La Doctrina que dieron á Sarra. Poema de Fernán 
Pérez de Gtizmán, 1910 (ibid.). Las Paredes oyen, de Alarcón, N. York, 
1914, — Ricardo Calvo, hijo de Rafael Calvo, sobrino d'e Ricardo Cal- 
vo y nieto de José Calvo, tres grancíes actores y gran actor como ellos, 
publicó, antes de darse al teatro, el libro de poesías Evocaciones, Ma- 
drid, 1902. — Rubén M. Campos (n. 187Ó-), de Guanajuato (Méjico), es- 
cribió en El Demócrata (1895), de Méjico; en la Rev. Moderna, Gaceta 
Musical; fué profesor de Literatura en la Escuela Nacional y muy en< 
amorado de la música, poeta modernista y cuentista y novelador nota^ 
ble. Publicó Zulema, libreto de ópera, México, 1902. Claudio Oronoz, 
nov., 1906. Los Conciertos del cuarteto Bruselas, 1907. En preparación: 
La Flauta de Pan, versos (véase Poetas Nuevos, 1916). El Bar, nov.; 
Cuentos mexicanos. Consúltese Jenaro Estrada, Poetas Nuevos, 1916. — 
Joaquín Cansino estrenó Trinidad, comedia, 1902. — Alfredo Carmo- 
NA (Martes), del arma de Infantería, redactor de El Liberal d'e Sevi- 
lla (1902), estrenó El Conquistador, comedia, Sevilla, 1902. Apolo, sá- 
tiro, nov. arqueológica para andar por casa-, ibid., 1916. — ^José M. Car- 
penter publicó Ensayos poéticos juveniles, Madrid, 1902. — JosÉ Carré 
Alvarelles (1884-1904), de La Coruña, publicó M-acias O Namorado, 
por Hugo Albert Rennert, traducido y anotado por..., Lugo, 1902; Co- 
ruña, 1904. — Fray Raimundo Castaño publicó El Orador sagrado. Ver- 
gara, 1902, 2 vols. (preceptiva). — F. Norberto Castilla^ seudónimo de 
Francisco Navarro y Calvo (véase año i?84), tradujo Los Doce Césa- 
res, por Cayo Suctonio Tranquilo, Madrid, 1902, 1912 (Bibl. Ciás.). 
Cartas de Cicerón á Ático, 1885 (ibid.). — Juan de Castro publicó Epi- 
sodios militares, Toledo, 1902. La Novatada, comedia, 1905. Los Hijos 
del aire, zarz., 1911. — ]\Ianuel Cidrón^ subjefe de la cárcel de Segovia, 
publicó La Mala sombra, novela, Mad'rid, 1902 (?). Los Escribientes, 
pasillo, 1915. — Benito Coll y Altabas, L. V. López Puyóles y J. Va- 
LENZUELA La Rosa ; El Diccionario aragonés, vocabularios premiados 
en los Juegos Florales, Zaragoza, 1902-3. — Antonio Correa Fernán- 
dez, médico, publicó Historia fin de siglo, descripción histórico -geo- 
gráfica de la provincia de Lugo, con las biografías..., Lugo, 1902, 2 ve- 
lúmenes. — Costa Rica en el s. xix, por varios, San José, 1902. — David 
M. Chu>l\ceiro publicó Adelfas (1898), poesías, Curacao, 1902. — En- 
RiQUE d'Almonte publicó Someras notas para contribuir á la descrip- 
ción física, geológica, etc., de la isla de Fernando Póo y de la Guinea 
continental española, Mad'rid, 1902. — Laureano del Monte (f 1908), cu- 
bano, escribió unas cien obras bufas. Artilleros y colegiales, zarz., Haba- 
na, 1902. — Diego Díaz estrenó El Bufete, sainete (con J. Moyrón), 1902. 
-■ — Emilio Dují, periodista, estrenó Los Amores de la Inés, sainete, 1902. 



S. XX, 1902. ALFREDO GARCÍA SÁNCHEZ 77 

— ^JUAN Pablo Echagüe, por seud. Jean Paid, argentino, de la provin- 
cia de San Juan, revistero teatral en El País de B. Aires desde 1902^ 
durante cinco años, publicó Puntos de vista, crónicas de biografía y. 
teatro, Barcelona (1905). Prosa de combate (crón. teatral, 1905-07), 
1910. Teatro Argentino, impresiones de teatro (1912-15), Madrid, 1917. 
— Gabriel Enciso y Núñez publicó A la libertad, oda patriótica, 1902. 
La Corte del pecado, versos, Madrid', 1912. Poemas de la democra- 
cia, 1919. — Enrique y Silva publicó Ensayo de una Bibliografía Iiistór, 
y geográfica de Chile, Santiago, 1902. — Rafael Errázuriz Urmeneta 
(n. 1861-), de Santiago de Chile, abogado (1881), diplomático y minis-- 
tro del Gobierno, orador y escritor castizo, publicó Escandinavia, San- 
tiago, 1902. Mi vida en Dresde, 1902. Rmna, 1904-06, 2 vols. La Ciudad 
de los Dux, Roma, 1907, 2 vols. Florencia, Roma, 1909-10, 3 vols. — ' 
Miguel Escalada publicó Pensamientos de Alberdi, B, Aires, 1902. 
Las Epopeyas, crítica, Genova, 1915. — Federico Escobar (1861-1912), 
de Panamá, carpintero y poeta premiado (1889) por su oda al 28 de no- 
viembre, colaborador de El Lápiz, El Heraldo del Istmo y Nuez os Ri- 
tos; publicó, además, El Renacimiento de un pueblo, oda á Cuba, Pana-- 
má, 1902. Patrióticas. Madre, poema. — Juan Fábregas Sinter compu- 
so Corona de espinas, Mahón, 1902. El Tenorio y el poeta, drama, 
1902. Quien á buen árbol se arrima..., 1904. — Fray Benigno Fer- 
nández Alvarez (n. 1866-), de Santa Eulalia de Manzaneda (Asturias), 
agustino (1882), bibliotecario del Escorial (1895), publicó Antigua lista 
de mss. lat. y griegos inéditos del Escorial, Madrid, 1902. D. Fr. Ber- 
nardo Oliver (en Ciudad de Dios, ts. LXIX-tLXXII). Tipografía y bi- 
bliografía españolas del s. xv, 1909 (ibid., t. LXXVII...). Incunables 
españoles de la Bibl. del Escorial, 1911-12 (ibid.). Impresos de A' cala 
de la Bibl. del Escorial, 1916. La M. Cándida de San Agustín y la 
guerra europea, 1918. — Carlos Fernández Ortuño, colaborador de 
La Correspondencia (1903), publicó La Corona de espinas, Madrid, 
1902, — Guillermo Fernández y González estrenó Tragaldabas, jugue- 
te, 1902. El Número lOO, 1903. — Jesús l ernández Martínez (n. 1869-), 
de Gijón, publicó Orígenes y estado actual de la Biblioteca del Insti- 
tuto de Jovellanos de Gijón, Gijón, 1902. — José Luis Fernández, cola- 
borador de la Rev. de los Tribunales (1902-03), publicó El Mulahacen, 
poema, Madrid, 1902. — Pascual Ferreiro, gallego, publicó Mesa re- 
vuelta ó Las Fiestas de Alacranes en 1901, Habana, 1902. — Flores á la 
Virgen María, himnos, letrillas..., por un sacerdote de las Escuelas 
Pías, Madrid*, 1902. — Elias Gago Rabanal, leonés, ha publicado Estu- 
dios de Arqueología protohistórica y etnográfica de los Astures Lancien- 
ses (hoy Leoneses), León, 1902. — Emilio Gallegos del Campo, poeta 
ecuatoriano modernista, poco ha fallecido en su juventud, publicó Ma- 
nuel Gutiérrez Nájera, poesía (en Esp. Mod., 1902, en.). Honra de obre- 
ro, dr., Guayaquil, 191 1. Almas errantes, poesías, ibid., 1913. Algo de 
Literatura, ibid., 1914. — Alfredo García Sánchez, colaborador en El 
Gato Negro (1898), publicó ...y pocas nueces, versos, Macírid, 1902. 
...3; salir trasquilado, jug., 1908. La Vuelta, zarz., 1908. — Clemente. 



78 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

"García Machado compuso El Carbonero de Salamanca, comedia, Bur- 
gos, 1902. Los Países prósperos, id., 1903. — Laura García de Giner, 
colaboradora de La Mujer Moderna (Tarrasa, 1904), publicó La Sa- 
tnaritana, novela, Barcelona (1902). Valentina, id., 1904. — Luis García 
Guijarro publicó Teorías acerca del origen de la sociedad, Valencia, 
1902. El Socialismo católico, ibid, 1902. Escuela valenciana del si- 
glo XVIII, Agustín Sales, Madrid, 1908. La Guerra de la Independen- 
cia y el guerrillero Romeu, ibid., 1908. Bases del Derecho iiimjbiliario 
en la legislación comparada, ibid., 191 1. Notas americanas (viajes), 
ibid., 1913. — Concepción Godo y de Martínez, cubana, publicó Espe- 
ranza, nov., Santiago de Cuba, 1902. — Eduardo Gómez Gereda, redac- 
tor artístico del Heraldo (1903), colaboradior út A B C (1903), estrenó 
Los Hombres serios, juguete (con Antonio Soler), 1902. Los Sabios de 
Grecia (con id.), 1903. M' hacéis de reír, don Gonzalo (con id.), 1904, 

1906. El Corsé de Venus (con id..), 1907. Imposible l'hais dejado (con id".), 

1907. Los Gatos, sain. (con id.), 1908. — Luciano Gisbert y Hóel^ cate- 
drático del Instituto de Córdoba, publicó Teoría y análisis de la oración 
gramatical, Madrid, 1902. — Félix Gómez Pombo publicó Colmenar Vie- 
jo en la antigüedad, perfiles históricos y estudios del ganado bravo, Ma- 
drid, 1902. — Antonio González Rojas Falencia publicó La Heroína 
de Scgovia, narración histórica, Madrid, 1902. — Federico A. Gutié- 
rrez, argentino, poeta anarquista, bastante sencillo, publicó en Ideas 
y Figuras, que dirig-ía Ghiraldo, unas poesías tituladas Entre el pue- 
blo, bien sentidas, tiernas y que llegan al alma, con no poco de humo- 
rismo y aun de amarga burla. Gérmenes, B. Aires, 1902, obra de com- 
bate, "rebelde, audaz, irónica, sombría." Barreda: "Musa feroz, con 
ojos muy buenos, dice cosas terribles en versos por lo general impe- 
cables y en imágenes de una encantadora originalidad." — Simón Gu- 
tiérrez DE LA Higuera estrenó La Confesión de don Tiynoteo, drama, 
1902. — T0AL\s Gutiérrez Perrín (n. 1881-), poeta vallisoletano, cate- 
drático de Histología en Méjico, ha publicado Trébol, poesías (en cola- 
boración), 1902. ¡Lo mismo!, entremés, 1906. El Cabo Noval, 1910. — 
Fernando Halcón S. de Tejada publicó Sonetos, Sevilla, 1902. — Ho- 
jas Selectas, revista, Barcelona, desde 1902. — Fray Bonifacio Hom- 
PANERA (n. 1 868-), de Muñeca (Falencia), agustino, publicó Píndaro y 
la lírica griega, disc, Madrid, 1902. El Helenismo en España durante 
la Edad Antigua, disc, 1905. Líricos griegos y su influencia en Es- 
paña (en Ciudad de Dios, ts. LXI-LXVHI). La Fábula griega y sus 
imitadores en España (ibid., LXV). El Helenismo en España (ibid., 
ex, CXII). La Novela en Grecia y sus imitadores en España (ibid., 
CXIV). — Miguel Hoyos Julia publicó Variedades, verso y prosa (con 
E, B. Pardo), Valladolid, 1902. — Fernando Iglesias Calderón, me- 
jicano, pul^licó Rectificaciones históricas, Méjico, 1901. La Traición 
de Maximiliano y la capilla propiciatoria, ibid., 1902. Rectificaciones 
históricas, ibid., 1906-07. Supuestas traiciones de Juárez. Cesión de 
^territorio. Generalísimo americano. Antón Lisardo. El Estado, ibid., 
'5907. — Juan José Illa Moreno, uruguayo, poeta modernista, publicó 



S, XX, 1902. LAURA MÉNDEZ DE CUENCA 79 

Rubíes y amatistas (1902 ?). — Jesús Alfredo Iniesta Díaz del Casti- 
llo publicó Los Alfonsos, poema, Madrid, 1902. De otros tiempos, le- 
yendas, Inclusero, dr., 1909. — Alfonso Jara publicó Naderías, cuentos 
y artículos de historia y arte, Madrid, 1902. De Madrid á Tetuán, 1903. 
Fuente Ovejuna, 1908. Don Gil de Albornos, 1913 (en Rev. de Hist. y 
Genealog. Esp.). Albornoz en Castilla, 1914. — Publio Latino publicó 
Patria, en pos de una raza, B. Aires, 1902. — Narciso José Liñán y 
Herrera (n. 1881-), madrileño, hijo de los condes d!e Doña-Marina, ar- 
chivero y jurisconsulto, publicó Baltasar Gradan, Madrid, 1902. El 
Tercer Duque de Rivas y un crítico apasionado, 1904. Significación 
arqueológica del arte heteo, 1905. Los Duques de Rivas... como poetas, 
1905. Manifestaciones políticas del Quijote, 1905. Los Mosaicos de 
Fernán Núñes, 1908. Bibliografía del padre Alejandro Fanel, 1913. 
Monedas inéditas, 1914. — Pedro Lira publicó Diccionario biográfico 
dajoz, publicó Extremadura y España^ Badlajoz, 1902. El Genio litera- 
de pintores, Santiago de Chile, 1902. — José López Prudencio^ de Ba- 
ño de Extremadura, ibid., 1912. Diego Sánchez de Badajoz, Madrid, 
1915. — Ramón Losada Rodríguez publicó Cuentos pedagógicos, Cáce- 
res, 1902. — Federico Luceño estrenó El Mixto de Alicante, jug., 1902. 
— Francisco María Martínez Marín publicó Breve noticia histórica y 
descriptiva de las imágenes de la Santísima Virgen veneradas en Gita~ 
dalajara, ibid., 1902. — Gustavo A. Martínez Zuviría, por seud. Hugo 
Wast, novelista argentino, algo folletinesco, político y periodista, cam- 
peón del catolicismo criollo, fecundo escritor, de estilo bastante des- 
cuidado, pero que sabe interesar con la trama é intriga de sus novelas, 
y que con poca descripción lo encomienda todo al diálogo, publicó Los 
Dos grumetes, artículos de polémica (1902). El Naturalismo y Zola, 
conferencias (1902). Fantasías y leyendas, cuentos (1903). La Creación 
ante la Pseudo-Ciencia (1903), Rimas de am,or, poesías (1905), Alegre, 
nov. (1905-1909), 2 vols. Golondrinas de presidio, cuentos (1908), Flor 
de Durazno, nov. El Perfume de la dama vestida de negro, nov. (en 
La Nación). La Casa de los cuervos, nov. Fuente sellada, nov. El 
Enigma de la vida (1913). Ciudad turbulenta, nov. (1919). — Alejan- 
dro Bhér (n. 1864-), de Sepúlveda (Segovia), por nombre propio 
Mariano de Mazas, escritor de ciencias matemáticas, colaborador 
con su esposa en muchas obras literarias, publicó Abrígame, novela, 
cuentos exóticos y semicuentos, Macírid, 1902. Fracasados, trilogía: 
i.°. El mismo drama que...; 2.°, Labora (1910) ; 3.°, La Pintaíca. El 
Bobo, com. (1912). Dostoieusky, Humillados y ofendidos, trad., 1917. 
— Antonio Mediz Eolio (n. 1884-), de Mérida (Yucatán), publicó 
Invocaciones, versos, Mérida, 1902. Alma bohemia, dr., 1905. Rayo 
de sol, com., 1906. La Guerra, 1906. El Derecho de huelga, Mérida, 
1907. La Suerte perra, zarz., 1907. El Verdugo, comedia, 1910. Vien- 
tos de montaña, dr., 1910. El Sueño de Iturhide, poema escénico, 1910. 
Mirza, opereta, 1911. Palabras al viento, versos, Mérida, 1915. El 
Marqucsito enamorado, opereta, 1916. La Flecha del Sol, dr. En mi- 
tad del camino, versos, Méjico, 1919. — Laura Méndez de Cuenca (na- 



8o ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-IQO7) 

cida 1853-), poetisa mejicana, publicó Simplezas, Ligugé (1910). En 
Esp. Mod., Invierno (1902, mayo). — Guillermo de Montagú y Vi- 
vero (n. 1882), dte San Juan y Aíartínez (Cuba), publicó A Cuba, 
poes., Pinar del Río, 1902, A la pairia, oda, ibid., 1908. Iris, versos, 
1909. Martín Peres, el soñador, novela cubana, 1912. — Luis Monte- 
mar, redactor de Vida Galante (1903), publicó Treinta noches de amor, 
Barcelona (1902). Semana de amor (1903). El Misterio de Lucia, 1903. 
La Señora del entresuelo, 1903. — Carlos Moreno publicó Ocios, León, 
1902. — Antonio Muñoz del Portillo publicó El Toque de Ángelus, 
Salamanca, 1902. — José Muñoz Escámez^ redactor de El Movimiento 
Católico y La Correspondencia, colaborador de El Mundo de los Ni- 
ños (1890), Blanco y Negro, La Ilustración Católica, La Naturaleza, 
director de El Médico Práctico (1902), publicó Cuentos azules, Madrid, 
1902. Azul celeste, cuentos morales, 1902. Cuentos infantiles, 1902. El 
Recreo de mis hijos, cuentos morales, 1902, — Julián Navarro com- 
puso La Mujer del obrero, comedia, Madrid, 1902. — Luis Nevé Gar- 
cía DE LA Mata^ colaborador de El Noticiero Salmantino (1901), estre- 
nó Entre estudiantes, diálogo (con A, de la Villa), Salamanca, 1901. 
La Romería de Miravalles, 1902. — Aurelio Noboa publicó Rep. del 
Ecuador, colección de Tratados, Guayaquil, 1902, 2 vols. — Fray Ber- 
nardo OcAMPo (1850-1913), franciscano de Sonsón (Colombia), publicó 
'Apuniaciones biográficas sobre el general Braulio Henao, ]\Iedellín, 
1902. Informe de la provincia de San Juan B. de Santa Fe de Bogotá^ 
ibid., 1902. Conferencias y disertaciones, ibid., 1905. — Joaquín A. 
Olivan de Garcés, mécíico de la Armada, colaborador de La Ilustra^ 
ción Española y Boletín de Medicina Naval (1897), publicó Merced, 
novela histórica argentina, Valencia, 1902. — Pedro Pacheco Muñot 
estrenó Del Cielo al Manicomio, juguete, 1902. — IManuel de Palacios 
Olmedo, colaborador de El Liberal (1903), publicó En las alturas, poe- 
sías, Madrid, 1902. Rielar de ideas, Madrid, 1912. — Federico Parreño 
Ballesteros, médico español, publicó En columna de camino, recuer- 
dos, notas y perfiles de la guerra de Cuba, Alicante, 1902. — Partes 
oficiales y documentos referentes a la guerra de la Independencia Ar- 
gentina, B. Aires, 1902. — Eloy Pedrajas y Núñez-Romero (f 1913),. 
de Cabeza del Buey (Badajoz), presbítero, publicó Guadalupe, im- 
presiones artísticas y literarias, Badajoz, 1902. — Emilio Pedrero pu- 
blicó La Chulomaquia, romance heroico en varios cantos y algunos 
ripios, 1902. — Vicente Pedromingo, red'actor de El Atalaya de Gua- 
dalajara (1896), Flores y Abejas (1897...), -^^ Colmena (1902), es- 
trenó El Primer ensayo (con M. Rueda), 1902. Esbozos literarios, Gua- 
dalajara, 1905. — Rafael Pera y Peralta publicó Ensayo geográfico 
e histórico de Santa Cruz del Sur, 1902. ídem del término municipal 
de Sania Cruz del Sur, 2." ed aum,. Habana, 1913. — Manuel Pereira 
Y Medina, matancero, periodista, publicó Chismes y carcajadas, ar- 
tículos de costumbres, Matanzas, 1902. — Fray Ángel Pérez, agustino, 
publicó Igorrotes, Manila, 1902. Relaciones agustinianas de las razas 
del Norte de Lu'zón, ibid!., 1904. Adiciones y continuación de "La Im- 



s. XX, igo2. JOSÉ no sagastume bf 

prenta en Manila", de D. J. T. Medina..., Manila, 1905 (con fray Ce- 
cilio Güemes). — G. Pérez Arroyo publicó Cuentos e historias. Valen- 
cia, 1902. — Ismael Pérez Giralde estrenó Un día felia, comedia, Se- 
villa, 1902. Mala semilla, id. (con J. A. Vázquez Pérez), ibid., 1907. — 
José Ramón Pérez publicó Verdades amargas a Platt con sus carbo- 
neras, décimas cubanas. Ciego de Avila, 1902. — M. Pérez de la Manga, 
colaborador de Blanco y Negro, publicó El Azahar de l-a boda..., cuen- 
tos amorosos, Madrid, 1902. — Rogelio Pérez Olivares, colaborador 
ác la prensa sevillana (1903), estrenó Ustedes dirán, monólogo, Bar- 
celona, 1902. Marujilla, zarzuela, Sevilla, 1903. El Sino perro (con 
P. Pérez Fernández), 1906. La Corte de Jiípiter, 1906. Los Celosos, 
jug., 1907. La Canción de la vida, com., 1908. Me dijiste que era fea..., 
comedia-saiuete (con P. Pérez Fernandez), 1912. — Valeriano Perier 
publicó Fruslerías, Albacete, 1902. — Poptdus. ¡Cantos de España!, con- 
memoración de la historia de diez y seis años de regencia (i88¿-ipo2), 
Madrid, 1902. — Enrique Povedano, colaborador áe Germinal (1903), 
publicó Albores, poesías, Madrid, 1902. Salón Moderno, aprop., 1910. 
Diccionario epigramático, 1912. — José Quesada Martínez puljlicó Con- 
fidencias, versos, Almería, 1902. — Ambrosio Luis Ramasso (n. 1873-), 
montevideano, abogado (1898), vicepresidente de la Cámara de repre- 
sentantes, publicó Nuestra política, Montevideo, 1902. La Unificación 
colorada, 1903. El Licenciado Aldabón, novelita, 1905. El Estadista, 
1905. — Fernando Ramos Navarro publicó Ernestina, nov. (con Marce- 
lino Bravo González), Vigo, 1902. Alma y carne, nov. (con id.), Bad'ajoz, 
1906. Albuera, boceto lírico dramático (con id.), 1907. — Fernando Mar- 
tín Redondo {F . M. D'Ornedo) publicó Fábulas cuasi morales, Madrid 
(1902). — Revista de Costa Rica en el siglo xix (bibliografía, obras 
frtiblicadas en el extranjero acerca de Costa Rica), San José, 1902.— 
Justo Pastor Ríos (n. 1870-), colombiano, colaborador de El Fígaro, 
publicó Brotes, poesías. Habana, 1902. — Luis Romano, poeta salman- 
tino contemporáneo, ha publicado Horas grises. Salamanca, 1902. De 
la Vida, Tardes de Otoño, poesías, ibid., 1908. — Federico Rubio, ga- 
ditano, célebre médico, escribió además de obras profesionales, La 
Mujer gaditana, póst., Madrid. 10,02. Memorias de mi niñee y juven- 
tud, ibid., 1912 (póst.). — José Miguel Ruiz publicó Sucesos y cuentos. 
Ciudad Real, 1902. Poesías (1908). — Pedro Ruiz Aldea, chileno, publicó 
Los Araucanos y sus costumbres, Santiago, 1902. — Rafael RuIz Ló- 
pez, redactor de Vida Galante, Pluma y Lápiz (1902), etc., publicó El 
Burro del tío Antón, nov., Barcelona, 1902. Historias de amor, Bar- 
celona, 1907. Amor heroico, Madrid, 1912. Guía espiritual del Inge- 
nioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, Buenos Aires, 19 16. Sone- 
tos y rimas, ibid., 1917. — Ai-ítonio Sáenz y Sáenz estrenó Piquito de 
oro, cuadro de costumbres andaluzas, iq02. La Virgen de Utrera, zar- 
zuela, 1907. Adiós, Málaga la bella, zarz., 1908. Un consejo de amigo, 
entr., 1914. — Cesáreo Sáenz Balmaseda, riojano, publicó Ecos de R 0- 
ja, poesías, Logroño, 1902. Riojanas, poesías, ibid., IQ06 — José Pío 
Sagastuke publicó Bocetos criollos. La Plata, 1902. Benjamín, mis- 

TOMO XII —6 



82 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

celánea, ibid., 191 1. Ráfagas de la Pampa, cuentos, ibid., 1913. Raza 
que viuere^ cuentos en estilo criollo, Buenos Aires, 1913. — Felipe 
SÁNCHEZ Calvo, redactor di El Imparcial (1901-04), estrenó Hacer 
bien por carambola, juguete (con E. Luque), 1902. Que viene el coco 
(con id.), 1904. — Juan Gaspar Sánchez Muñoz publicó Diario Turo- 
lense de la primera mitad del siglo xvi, Madrid, 1902. — Manuel Sán- 
chez MÁRMOL, mejicano, publicó Las Letras patrias, México, ifpa. — 
Mariano Sánchez de Enciso publicó El Balcón de la Alpujarra, Cá- 
diz, 1902. Don Quijote en América, escenas de la andante españolería, 
Madrid, 1913. Zarpa de hiena, novela, 1915. — Javier Santamaría pu- 
blicó Poesías escogidas, París, 1902. — José de Santiago publicó Bayona 
(de Galicia) antigua y moderna, Madrid, 1902. Linaje de los Polo de 
Bernabé, Huesca, 1913. — Claudio Sanz y Arizmendi (n. 1879-), sevi- 
llano, catedrático de aquella Universidad, publicó Organización social 
de Sevilla en el reinado de Alfonso XI, Sevilla. 1902. — Raimundo Se- 
bunde publicó Joyas de la mística española, Madrid, 1902. — Ramón 
Sempau publicó Esclavas del oro, novela, Barcelona, 1902. — Francisco 
Serrano Anguita, por seud. Tartarín, colaborador de Pluma y Lápiz 
(1902) y Los Teatros (1903), publicó Primicias, Jaén, 1902. Canalejcts, 
su vida y sus obras, Habana, 1912. La Alegría de los otros, estr. en 
1919 (con Maximiliano Clavo). — Carlos Servert Fortuny, redactor 
dte Las Dos Provincias (1892), publicó Leyendas toledanas, Madrid, 

1902. Cruz, égloga dramática (con R. Ginard de la Rosa), 1902. El Co- 
llar de perlas, 1906. Una Lección provechosa, 1906. Noche de nieve, 
zarz., 1910. — Manuel Sevilla R. de Matas publicó Desde la Atalaya, 
cuentos, Madrid, 1902. Eslabones de carne, novela, 1904. — C. Sigüenza 
Y Góngora, Infortunios de' Alonso Ramírez Hennepin, relación de la 
América Septentrional, Madrid, 1902 (Libr. rar. de Amér.). — Luis Igna- 
cio Silva Arriagada, chileno, publicó Bibliografía Iiist. y geogr. de 
Chile, Santiago, 1902. Cristóbal Colón en Chile, 1902. La Isla de Pascua, 

1903. El Camino de Vuriloche, 1904. El Sargento Candelaria, 1904. Es- 
tudios geogr. é hist. de don Francisco Vidal Gormaz, 1905. Revista 
Nacional, 1906-07. La Novela en Chile, 1910 [Biblioteca de Escritores 
de Chile). — Oriol Solé Rodríguez (n. 1860-), montevideano, médico 
y diplomático, publicó Leyendas guaraníes, pról. de Samuel Blixen, 
Montevideo, 1902. — José M.* Tatay, español, estrenó La Mano de Dios 
o Román el Enmascarado , dr., Habana, 1502. — Augusto Thomson, no- 
velista chileno, cuentista muy moderno, amigo de lo enigmático e in- 
cierto y del estilo evocador, que ha influido en otros jóvenes, publicó 
Juana Lucero, Santiago, 1902. La Lámpara en el molino, ibid., 1915.—- 
Francisco Tristán y Larios estrenó La Mazorca roja, zarzuela, 1902. 
Los Ojos verdes, 191 1. — El padre Luis LTbeda y Gallardo, escolapio, 
publicó La Redención de un padre ó un rasgo de amor filial, cuadro 
Itricodraniático, Madrid, ico?. Bautismo de- sangre ó Martirio de los 
niños Justo y Pastor, 1907. Una vara de castigo, jug,, 1908. Telegrafía 
sin hilos, zarz. 1912. — Urquidi publicó Compendio de la Historia de 
Bolivia, 1902. — Juan Miguel Vargas Martel, abogado en Utrera, pu- 



S. XX, 1903. ANTONIO MACHADO Y RUIZ 83 

blicó CLarita Mártir, novela, Madrid, 1902. — Carlos Vaz Ferreira 
(n. 1873-), montevideano, profesor d¿ la Universidad, abogado, emi- 
nente pensador, publicó Cuestiones escolares, 1902. Ideas y obserzct- 
ciones, 1905. Los Problemas de la libertad, 1907, 1913. Conocimiento y 
acción, 1908. La Exageración y el simplismo en pedagogía, 1908. Mo- 
ral para intelectuales, igog, 1910. El Pragmatismo, 1909. Elementos de 
psicología experimental. — Adelardo C. Vázquez estrenó Portfolio del 
desnudo (con M. Bezares), 1902. — Pedro Nolasco Vázquez, chileno, 
publicó Voces de mi tierra, Santiago, 1902. — Vicente Ver.v y López, 
por seud. Doctor Hispanus, catedrático de San Isidro, director de Los 
Vinos y Aceites, colaborador sobre todto de El Impar cial, á quién re- 
presentó en la guerra del Transvaal (1900-1901) y rusojaponesa (1904), 
y de La Ilustración Artística, de Barcelona, ha publicado un hermoso 
libro titulado Un Viaje al Transvaal durante la guerra, Madrid, 1902. 
Con Saturnino Huerta Rodrigo: Cataluña, sin a. (1907). Amenidades 
científicas, 1914. Viajes y recuerdos, 1918. — José F. Vergez publicó 
Recuerdos de Méjico, Barcelona, 1902. — Antonio Vico^ célebre cómi- 
co, escribió Mis memorias, cuarenta años de cómico, Madrid (1902). — 
Ernesto de Vilches y Marín, colaboracíor de La Alcarria Ilustrada 
{Jadraque, 1901) y Nuevo Mundo, publicó Libro de oro de los apellidos 
españoles, su etimología, genealogía y heradica, Madrid, 1902, Cer- 
vantes, apuntes históricos de este apellido, ibid., 1905. — Raimundo F. 
Villaverde, político, publicó La Escuela didáctica y la poes'a polí.ica 
ne Castilla durante el siglo xv, Madirid, 1902 fdisc. rec. Acad. Esp.). — 
Fernando Zayas publicó Amorosas, versos. Habana, 1902. Sueños de 
Rosa, id., ibid., 1906. Prosa y versos, 1909. 

172. Año 1907. Antonio Machado y Ruiz (n. 1875-), 
de Sevilla, vivió en Madrid de los ocho á los treinta de su 
edad, dos en París y en 1907 ganó por oposición la cátedra de 
Francés del Instituto de Soria, donde se casó y perdió a su mujer; 
de allí pasó en 19 12 á desempeñar la de Baeza y Segovia (1920). 
Su padre Antonio Machado y Alvarez trajo á España los estudios 
folklóricos y su abuelo Antonio Machado y Núñez fué rector de 
la Universidad de Sevilla y murió siendo catedrático de la Cen- 
tral. Es hermano nuestro poeta de Manuel, también poeta y 
crítico. Antonio Machado, de su natural grave y serio, recon- 
centrado y taciturno, amigo de la soledad y del silencio, 
había nacido poeta de tan recio y particular temple, que 
su voz se distinguió al punto cuando entre la parloteado- 
ra garrulería de los livianos y mariposeadores poetas que 
ños atronaban los oídos en los días de la mayor borra- 
chera modernista, publicó su libro Soledades (1903). Era aqué- 
iJa una poesía seria y grave, de hondo y trascendental pensa- 



84 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I9O7) 

miento, sincera y sencilla, que chocaba con el gorgoriteo aflau- 
tado, soberbioso y falso de los demás. De su estancia en Paris 
tomó una cierta como veladura simbolista que cuadraba con el 
pensar hondo y la afición al misterio á que su natural concen- 
trado y silencioso propende; y no menos el gusto exquisito de 
la fonna, propia de los parnasianos, que igualmente entalla á su 
íi.idole de sobriedad, grave ponderación y escasez avara en lo 
poco que habla ó escribe. Escasas han sido sus obras, graves en 
el fondo, sobrias tn la forma. Apenas se le puede considerar 
como modernista, fuera de algunas poesías sueltas y de suelto 
ritmo que ha publicado en revistas, cabalmente después de pa- 
sada la época de aquella escuela. Lo que de ella tomó venía tan 
al justo con su propio temperamento que no hizo más que afir- 
marlo y robustecerlo. Más tarde publicó su segundo libro Cam- 
pos de Castilla (191 2), viviendo en Soria, y este su tempera- 
mento, grave y concentrado, sobrio y ceñido, hallóse encu'a- 
drado en el marco del ambiente más apropiado y justo que pu- 
diera desear. Entonces brotaron espontáneamente las cualidades 
de raza del poeta y no parece sino que revivió en él la demosofia 
de su padre. Es poeta becqueriano de suyo, sin haber, acaso, pre- 
tendido imitar a Bécquer. Efectivamente, sus mejores piezas son 
las hechas en romances y demás versos octosílabos ó versos cor- 
tos ; busca la sencillez en la expresión y la profundidad en el sen- 
tir. Difiere de Bécquer en los asuntos, no ya del amor desenga- 
ñado, sino de otras ideas sobre la vida, aunque trate también por 
lo mismo, como Bécquer, el tema de la muerte; además diferen- 
ciase por mirar más al campo, á la naturaleza y al ambiente, ar- 
riTonizando el exterior que se ve con su íntimo sentir, al modo 
de Martínez Sierra. Es Antonio Machado el poeta contempo- 
ráneo que más lindamente ha sabido apropiarse en Campos de 
Castilla el espíritu de los romances populares que siempre se 
componen en España, escribiendo La tierra de Alvargonzálea casi 
con el mismo castizo aliento y arte consumado de los inconscien- 
t?es juglares del romancero. Es igualmente de los que mejor com- 
prendieron la lírica popular, escribiendo cantares. Por algo es 
hijo de quien fué nuestro mejor folklorista. Épico y lírico 
á la par, tiene una delicadeza y melancolía propias de poeta que 
sabe lo que es pasar por estrecheces, dormir al sereno y sin des- 
ayunarse y que al propio tiempo resbala sobre estas impurezas 



S. XX, 1903. ANTONIO MACHADO Y RUIZ 



85 



del vivir casi sin sentirlas, enajenado en sus pensamientos. Na- 
tural, sencillo, esmerado y castizo en estilo y lenguaje, es un ver- 
dadero discípulo de las gracias helénicas sin haber estudiado otro 
arte griego del que encierra el alma popular castellana. 

Luis de Tapia (n. 1871-), de Madrid, por seud. David, re- 
dactor de El Evangelio, El Nuevo Evangelio, Nuevo Mundo 
(1903), El Imparcial (1916), es el mejor satírico de nuestro tiem- 
po, en prosa y verso, popular y enteramente castizo en espíritu, 
tono y lenguaje. Rebosando gracejo, desenfado y bravosía, en 
estilo picante y galano, con un gusto purísimo, helénico, echa á 
broma nuestras lacras y las miserias humanas, porque no hay 
mejor manera de sobi elle varias, satirizándolas festiva y bené- 
volamente. 

173. Ant. Machado, Páginas escogidas, igiy, pág. 15: "Las com- 
posiciones (de Soledades)... fueron escritas entre 1899 y 1902. Por 
aquellos años, Rubén Darío, combatido hasta el escarnio por la críti- 
ca al uso, era el ídolo de una selecta minoría. Yo también admiraba 
al autor de Prosas profanas, al maestro incomparable de la forma y 
de la sensación, que más tarde nos reveló la hondura de su alma en 
Cantos de vida y esperanza. Pero yo pretendí (y reparad en que no 
me jacto de éxitos, sino de propósitos) seguir camino bien distinto. 
Pensaba yo que el elemento poético no era la palabra por su valor fó- 
nico, ni el color, ni la línea, ni un complejo de sensaciones, sino una 
honda palpitación del espíritu; lo que pone el alma, si es que algo 
pone, ó lo que dice, si es que algo dice, con voz propia, en respuesta 
animada al contacto del mundo. Y aun pensaba que el hombre puecíe 
sorprender algunas palabras de un íntimo monólogo, distinguiendo 
!a voz viva de los ecos inertes; que puedte también, mirando hacia den- 
tro, vislumbrar las ideas cordiales, los universales del sentimiento. No 
fué mi libro la realización sistemática de este propósito; mas tal era 
mi estética de entonces." Pág. 149: "Cinco años en la tierra de So- 
ria, hoy para mí sagrada — allí me casé; allí perdí á mi esposa, á 
■quien adoraba — , orientaron mis ojos y mi corazón hacia lo esencial 
castellano. Ya era, además, muy otra mi ideología... Me pareció el 
romance la suprema expresión de la poesía y quise escribir un nuevo 
Romancero. A este propósito responde La Tierra de Alvar gonzálcz...; 
mis romances no emanan de las heroicas gestas, sino del pueblo que 
las compuso y de la tierra d'onde se cantaron ; mis romances miran á 
lo elemental humano, al campo de Castilla y al Libro primero de Moi- 
sés, llamado Génesis." G. Martínez Sierra, Helios, I, pág. 499: 



86 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (l888-'.Q07) 

"Dije á la noche: Amada mentirosa, 
tú sabes mi secreto, 
tú has visto la honda gruta 
donde fabrica su cristal mi sueño." 

Y esto es todo el libro (Soledades) de A- Machado. Un sueño de cris- 
tal. Claro, fresco, lleno de sol, pero cuajado en lágrimas. Rebosante 
de un dolor viejo, viejo como el muñeco, el dolor inefable del vivir, 
pero alentado por brisas de abril : "Abril florecía frente á mi ventana" ; 
y rimado en el verso diáfano que enseñó al poeta el rumor de una 
fuente... ''Graciosa musa y fresca." Cansinos Assens, Los Hernies, 1916, 
pág. 140: "El ha sido entre nosotros el silencio y sólo en sus versos 
ha cantado. Con ese gesto grave que hoy le veis y que le daba ya un 
aire de primogénito en nuestro coro juvenil, él ha subrayado nuestras 
palabras y les ha da(ío su ponderación y como una salvaguardia pater- 
nal ante el porvenir. Pero á nuestro gárru'o verbo rara vez le dio her- 
manos efímeros. Así nada trivial ni liviano recordamos en él, y pa- 
rece un poeta que siempre hubiese hablado con la dignidad del verso. 
Silencioso y soñador, voluntariamente desvanecido, borroso como un 
sueño, con su aire antiguo y noble, distraído y lento, con ceniza sobre 
las solapas, con líneas antiguas en el traje, con el aire de un hombre 
que no ha dormido nunca ó duerme todavía...; mientras los demás ha- 
blan ruidosamente..., calla y sueña... Este poeta meditativo y sereno 
es un poeta clásico, cuyos versos florecen con la cuajada dulzura de 
los frutos tempranos de primavera fuerte... Soledades — ¿no hay que 
pensar en Góngora? — es un libro algo extraordinario en aquella épo- 
ca (1903) ; un libro sin retorcimientos ni extravagancias, con todas sus 
partes vaciadas en los nobles moldes clásicos, con hipérbaton y con 
el clásico anhelo sintético, tan distinto de ese afán de análisis que con- 
sume á la nueva generación y disloca sus formas líricas... Es un li- 
bro clásico por su sobriedad y perfección de formas, por la belleza apo- 
línea, por la seriecíad de la voz que canta en sus versos... Misterio es 
el alma de este libro, en el que cada estrofa tiene un sentido evoca- 
dor y una resonancia d'el otro país, como voces dadas en el confín de 
los dos mundos... Con este primer libro se reveló A. Machado como un 
poeta simbolista, que posee también la perfección parnasiana; como 
un romántico que sigue la última evolución de la escuela... Es el poeta 
hombre que habla en el tono admonitorio d'e nuestra conciencia y no 
canta en las gárrulas fiestas de la poesía...; ha sido desde el primer 
momento un poeta adulto, cíe voz grave y de rostro serio. Por eso sus 
formas líricas son tan sobrias y parcas, y tienen ima concentración tan 
absoluta y un sosiego tan clásico. Y por eso cada una de sus palabras 
tiene un sentido tan profundo y tan largo poder evocador...; nos ini- 
cia en los más inquietantes y trágicos misterios de la vida y de la 
muerte y rasga para nosotros, más de una vez, los velos de la ilusión 
eterna... Desde 1903 hasta 1908 este gran poeta guarda un noble silen- 



S. XX, 1903. ANTONIO MACHADO Y RUIZ 87 

cío..., se ha hecho catedrático... y está allá en Soria..., encuentra el 
paisaje propio para su alma meditativa... y escribe ese libro Catnpos 
de Castilla... Con este libro... colabora en el movimiento de renaci- 
miento castellanista... Ningún poeta contemporáneo, excepto acaso 
Unamuno y JMaragall, tan serio y humano como este poeta que nun- 
ca se dejó vencer por el amor al preciosismo de los poetas de su época 
ni alzó la voz para decir nada nuevo. En la pléyade modernista, tan 
frívo!a y aturdida algunas veces, él representa el anhelo de sinceridad, 
que fué uno de sus aspectos. Verdad y sencillez son las condic'oncs 
fundamentales del autor de Soledades." Azorín, Clásicos y Modernos, 
pág. 118: ^'■Campos de Castilla, Una colección de paisajes castellanos 
son los poemas recientes de Machado. El paisaje adquiere su plenitud, 
su cabal desenvolvimiento en el nuevo libro del poeta... En Campos de 
Castilla se halla todo su espíritu y del libro entero lo más representa- 
tivo, lo más característico... Campos de Soria. No otra cosa que una 
serie de breves paisajes es esa poesía: breves é intensas visiones de 
unos lomazos pardos, de... La característica de Machado, lo que mar- 
ca y define su obra es la objetivación del poeta en el paisaje que des- 
cribe... Paisaje y sentimiento, modalidad psicológica, son una misma 
cosa; el poeta se traslada al objeto descrito, y en la manera de des- 
cribirlo nos da su propio espíritu. Se ha dicho que "todo paisaje es 
un estado de alma", y á esta objetivización del lírico se alude en di- 
cha frase. Al grado máximo de esa objetivización llega A. M. en sus 
poemas. Nada de reflexiones ó incisos é intromisiones personales hay 
en esos versos; el poeta describe minuciosa é impersonalmente la Na- 
turaleza. Sus paisajes no son más que una colección de detalles. Y, 
sin embargo, en esos versos sentimos palpitar, vibrar todo el espíritu 
del poeta. Rubén Darío, en su retrato de Machado... no nos dice es, 
sino era: era misterioso y silencioso; tenia la miradla penetrante, pro- 
funda; se veía arder en él la luz de sus pensamientos... Rubén está ha- 
ciendo el retrato de un hombre que fué. Sí, fué; de su envoltura te- 
rrenal no queda nada. Y estos versos de ahora, estas visiones de los 
campos de Soria, no están trazados por una mano carnal, sino que son 
tan sutiles, tan aladas, tan etéreas, y al mismo tiempo tan reales y tan- 
gibles, que diríase que es el propio espíritu del poeta, no su cuerpo, el 
que alienta en esos paisajes." Ant. Machado, Campos de Castilla: 

"Mi infancia son recuerdos die un patio de Sevilla, 
y un huerto claro donde madura el limonero; 
mi juventud, veinte años en tierra de Castilla; 
mi historia, algunos casos que recordar no quiero. 

Ni un seductor Manara, ni un Bradomín herido 
— ya conocéis mi torpe aliño indumentario — ; 
mas recibí la flecha que me asignó Cupido, 
y amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario. 



88 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-IQO7) 

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina; 
pero mi verso brota de manantial sereno ; 
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina, 
soy, en el buen sentido áe la palabra, bueno. 

Adoro la hermosura, y en la moderna estética 
corte las viejas rosas del huerto de Ronsard; 
mas no amo los afeites de la actual cosmética, 
ni soy un ave de esas del nuevo gay trinar. 

Desdeño las romanzas de los tenores huecos 
y el coro de los grillos que cantan á la luna, 
A distinguir me paro las voces de los ecos, 
y escucho solamente entre las voces, una. 

¿Soy clásico ó romántico? No í-^ Dejar quisiera 
mi verso, como deja el capitán su espad'a, 
famosa por la mano viril que la blandiera, 
no por el docto oficio del for'ador preciada. 

Converso con el hombre que siempre va conmigo 
— quien habla solo, espera hablar á Dios un día — ; 
mi soliloquio es plática con este buen amigo 
que me enseñó el secreto de la filantropía. 

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito. 
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago 

el traje que me cubre y la mansión que habito, 
el pan que me alimenuí y el lecho en donde yago. 

Y cuando llegue el día del último viaje 

y esté al partir la nave que nunca ha cíe tornar, 
me encontraréis á bordo, lisero de equipaje, 
casi desnudo, como los hijos de la mar." 

Ant. Machado fué colaborador de Helios, Helectra, Germinal, etc. 
Soledades, Madrid, 1903 (poesías compuestas de 1899 á 1902) ; aumen- 
tado en Soledades, Galerías y otros poemas, ibid., 1907. Artículos va- 
rios, 1904. Campos de Castilla, ibid', 1912. Canciones y dedicatorias, 
1914. Páginas escogidas, 1917. Poesías completas, 1917. Soledades, Ga- 
lerías y otros poemas, 1919. 

Tapia, en carta al autor: "Encerrar en fórmulas poéticas fáciles, 
breves, sintéticas y populares (jamás groseras ni chabacanas) un fondo 
ético, un contenido de justicia social, es, á mi entender, el ideal que en 
arte ha de perseguir el poeta satírico. Nace la sátira de un desequili- 
brio entre lo que las cosas son y lo que debieran ser. Del contraste 
entre un mundo ético ideal y un bajo mundo de mezquinas realidades, 
brota una lágrima. Esa lágrima, dulce ó amarga, resignad'a ó rebelde, 
candente á las veces y á las veces abrasadora, es siempre el fondo de 
toda composición satírica. El pueblo ha sentido, en todos los tiempos, 
la inquietud que emana del eterno divorcio en que se hallan la moral y 
la vida. Concretar ese sentimiento popular en formas de llana cota- 



S. XX, 1903. ENRIQUE GONZÁLEZ MARTÍNEZ 09 

prensión, gráciles y concisas, mordaces ó agresivas, es la misión del 
poeta satirice. Si, además, consigue el fin dinámico de mover al pueblo 
€n contra de esas eternas injusticias y en dirección al bien, el ideal 
artístico del poeta se hallará cercano á su realización. El fondo, pues, de 
la sátira es altamente moral. La forma ha de ser revulsiva, cáustica, 
mordaz y casi siempre incorrecta. La incorrección en poesía satírica es 
lógica. Cuando el acero se emplea en fabricar dardos no puede dedicár- 
sele á construir limas." Galdós, Pról. á Bombones y caramelos-, "Ocho 
años ha^ si mal no recuerdo, el soberano cronista Mariano de Cavia 
trazó el perfil crítico de un poeta de inspiración risueña, de estilo pi- 
cante y frescachón como el aire que nos besa la frente en las alegres 
mañanas de abril y mayo. Era Luis de Tapia; un joven que por aque- 
llos días nos dio recopilados los Salmos que publicara en El Evange- 
lio, composiciones breves, epgramáticas, remedand'o la labor de las 
menudas abejas, que simbolizan el picor y la dulzura... Con su desen- 
vuelta ligereza y su donaire garboso, el moderno David nos resultó un 
gran satírico, con sus miajas de profeta. El encanto mayor de los Sal- 
mos, así como el de los Bombones y caramelos... consiste en la fragan- 
cia de actualidad que despiden estos versos juguetones, reflejando la 
inflexión cómica de nuestra política, día por <íía... Al nacer á la vida 
del arte, Luis de Tapia trajo en su talento la marca de las visceras de 
la madre España. Bien claro lo dice su gracejo, su desenfado, su bra- 
via sinceridad y el contento inefable con que ablandaron las durezas 
de la vida los grandes ingenios, el Arcipreste de Hita, Quevedo, (ion 
llamón de la Cruz. En Tapia no caben las melancolías deprimentes ni 
la eterna visión de los tonos grises ó de las imágenes desmayadas y 
lloriconas. Español es por su sangre, por la pasmosa agilidad" de su 
entendimiento ; español, por la picardía de su mirada y por el centelleo 
de sus rimas donosas. No se ha dejado inyectar el suero de ninguna 
de las modas literarias traídas por los innovadores pálidos... Tapia 
•consagra su ingenio vivaracho á los casos y personas de su tiempo, 
persiguiendo la ridiculez allí donde la presunción ó la incapac'dad le 
ponen constantemente d!e relieve... En los lindos versos, reidores j 
saltarines, de nuestro popular poeta, he visto siempre una fiel repro- 
ducción de figuras de Tanagra, helénicas por la armonía de las he- 
churas, de castizo españolismo por su indumento." Luis de Tapia: Sal- 
mos, Madrid, 1903; 2.* serie, 1904. Bombones y caramelos, 1911. Co- 
plas, 1914. Poesías escogidas de Quevedo, 1914. Así vivimos, en prosa, 
cuadros satíricos, 1916. Coplas del año, 1917. En casa y en la calle, 
1917. Coplas del año (1918), 1919. 

174. Año 190^. Enrique González Martínez (n. 1871-), 
de Guadalajara (Méjico), estudió en el seminario é hizo versos 
desde niño; fué médico (1893) y ejerció su profesión quince años 
en Sinaloa, dirigiendo en Mocorito la revista Arte; afincóse en 



90 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Méjico (1911), donde fundó Argos (1912), colaboró en El Im^ 
parcial (1912), fué presidente del Ateneo (1912), secretario del 
Gobierno en Puebla y profesor de Literatura en la Escuela Pre- 
paratoria. Es el mejor poeta mejicano de estos últimos tiempos, 
con mayor seriedad, mayor castidad artística en ritmos y ler- 
guaje que los pasados modernistas; en la técnica, colorista y 
armonioso, y va por días mejorando en lo denso, sobrio, hondo 
y caliente. Es poeta del silencio, que canta la muerte del cisne, 
dando la espalda á las lentejuelas rubenianas de esplendorosas 
y sonantes lejanías aparenciales, para meterse silencioso dentro 
del alma de las cosas hasta llegar á lo hondo de la propia ahiia 
y en ella ver espejado el mundo convertido en metáforas y tra- 
bado por reconcentración panteística en un todo. Desde 191 5 
que llegó á Méjico, con sus cuatro libros, desde las provincias 
donde había pasado su mocedad, es en la capital el dechado de 
los poetas jóvenes, acatado por la Academia y el Ateneo. Puede 
tenérsele por simbolista y por místico á la moderna ; pero el enig- 
ma, la oscuridad, la vaguedad no empañan su poesía, trasparente 
como un rayo de luz y su forma parnasiana y helénica. El pensa- 
miento poético se nutre en él del "ocio atento", del "silencio 
dulce". Oye á las cosas que le hablan, "busca en todos los seres- 
una blanda sonrisa, un dolor inefable ó un misterio sombrío".. 
Logra entender su lenguaje y se baña en la sosegada embriaguez 
del panteísmo: "En el santo abandono de un éxtasis pro- 
fundo, palpitaré al unísono con el alma del mundo y me 
hundiré en el sueño inefable y profundo." Cada vez se 
nota en este poeta mayor serenidad, mayor sinceridad y 
más severo y hondo concepto de la vida : por estas tres co- 
sas sigue opuesto camino del de Rubén, en el que hay "dema- 
siados cisnes, demasiado -artificio, demasiada superficialidad " = 
"Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje... Mira al buho 
sapiente. . . El no tiene la gracia del cisne, mas su inquieta pupila, 
que se clava en la sombra, interpreta el misterioso libro del si- 
lencio nocturno." El espíritu, verdaderamente mejicano, del 
autor, ha hecho salir á flote de las influencias extrañas con que 
se educó como poeta, esa melancolía serena y ese como despo-- 
sorio poético con la naturaleza y la humanidad entera, que son 
notas del arte de su tierra y suenan á no sé qué de teosófico, de 
misticismo naturalista, de melancólico soñar ultramundano. 




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S. XX, 1903. ENRIQUE GONZÁLEZ MARTÍNEZ QI 

Ernesto Mario Barreda (n. 1883-), de Buenos Aires, ex- 
celente poeta que sabe como pocos comunicar las impresiones 
que en su alma despierta la naturaleza americana, valiéndose 
de todos los sentidos, con metáforas fuertes, sensacionales y 
estilo á la vez amplio, brioso y conciso. Canta con sano empuje 
nobles y educadores pensamientos que las cosas le sugieren. Su 
lenguaje es casto y muy rico. 

Ismael Parraguez, chileno, por seud. Misad Guerra P., 
K.aestro, prosista y poeta, junta la música con la pintura, lo 
plástico con lo psicológico, en sus poesías ; de recia hebra y 
íirme aseveración en U-rbe; de gran discreción en las difíciles 
Poesías infantiles, género en el cual pocos le igualarán en len- 
gua castellana. Maneja no menos magistralmente la pro'sa que el 
verso, aunque en éste sobresale más. 

Ricardo Miró (n. 1883-), de Panamá, es de los poetas jó- 
venes americanos que más prometen. Contempla la naturaleza 
y sin detenerse á describirla despierta cualquier cosa en su alma 
un pensamiento trascendental relativo á la vida, á la muerte, al 
destino, al misterio. Sobresale en la forma por su fantasía audi- 
tiva, aunque por la visual y metafórica no sea menos admira- 
ble. Sonoro y elegante, es sencillo á la par. Posee sensibilidad 
exquisita no menos que inteligencia comprensiva y elevada. Los 
Segundos preludios, 1916. Los primeros Prehidios publicólos 
siendo todavía un niño. Véase Antonio Burgos, en Nuevo Mun- 
do, 10 mayo, 191 8. 

Alberto Mauret Caamaño, chileno, poeta erótico y hasta 
sensual, de subido color, tiene calor y fantasía; pero en saliendo 
del amor decae, como en Héroes y Patricios, libro que publicó 
con motivo del Centenario. En la forma ha sido cada vez más 
suelto, sonoro, esmerado y parnasiano. 



•' 175. Sixto Osuna, Prólogo á Silcntcr: "Aquí, en este retiro pa- 
triarcal, donde tranquilamente puedien observarse hombres y cosas, dé- 
jase guiar por su instinto creador, tiende su oído por diversos rumbos 
y sacia su retina ávida de todos los colores. Y así, pacientemente, sin 
más esfuerzos que el árbol que produce frutos, va enhebrando versos y 
forma un poema, reúne sus poemas y concluye un libro. Su inspiración 
no es atormentada, ni premiosa, ni difícil. Es su señor y la domina; la 
llama y acude como las aves al reclamo. Es una dicha la producción. 
sin dolor... Su obra corresponde á una concepción hedonista de la vida^. 



92 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

_A. veces, una débil queja se escapa de sus labios; pero este estado de 

-ulma pasará pronto... Vivere vitam, que es una confesión franca de su 
manera de entender la vida... G. M. ha franqueado el período de la 

-imitación. En este l.bro es donde ha pue.'^tj más de sí mismo, más de 

;su yo íntimo. Ha elaborado sus propias sensaciones fundidas en imá- 
genes, y ha percibido y cantado algo de la armonía infinita de los mun- 
dos. Sfn ser un practicante rabioso de las nuevas doctrinas, trabaja en 
el campo conquistado por la revolución métrica de nuestros días. Se- 
guro de sí mismo, artífice por convicción, recorre todos los ritmos con 
igual maestría... Las palabras se suceden como perlas hermanas uni- 
das por el hilo de oro de la inspiración. No puedte decirse que sea inte- 
riorista ó exteriorista exclusivamente, porque á veces es lo uno y á 
veces es lo otro, con preferencias quizás á la segunda manera, por 

•adonde le guía su espíritu imaginativo, que pertenece al tipo vi.mal... 
Vase también por el campo de las ideas generales, para producir esos 

■ efectos vagos é imprecisos, en que, al arrullo de la música del v.rso, se 

; sugieren estados de alma emocionales, á la manera de los -imholistas. 
Irás sobre la vida de las cosas es de este género." Alfonso Reyes, Pró- 
■logo á Los Senderos ocultos: ''Rafael López y González Martínez son 
•el tránsito entre la generación pasada y la venidera; ó, más brevemen- 
te, son la generación actual: de los pasados, de Ñervo, Tablada, Ur- 
l)ina, Urueta, tienen las excelentes facultades literarias, las virtudes 
técnicas, las facilidades, que en la nueva legión, la que hoy apenas se 
nutre y alista, parecen un tanto adormecklis. De ésta, en cambio, 
.anuncian ciertas condiciones de seriedad, de castidad artística, que no 

-supieron mantener los pasados... Casi tod'as las poesías vuelven como 
á su centro, á esta fuente mística que canta apenas y refresca el aire 

'de los senderos ocultos. El poeta, por instantes, anhela cierta miste- 
riosa compenetración con el mundo... El alma, en la soledad, se derra- 
ma en amor, y, á veces, preservado de todo frío ascetismo, por su con- 

-dición de poeta, sus acentos cobran una piadosa dulzura franciscana... 
Cuando su pensamiento se vuelve á las cosas humanas, se le oye ja- 
dear entre sus hermanos... Este poeta pone música á todos los instan- 
tes de la suya, y sobre la escala d'e sus notas los hace deslizarse hacia 

-ese misticismo central que los coordina." Pedro Henríquez Üreña. Pró- 
logo á Jardines de Francia: "Imagino así la ruta espiritual de este 
poeta. Parte de la múltiple visión de las cosas, de la riqueza de imá- 
genes necesarias al hombre de arte, y, camino adentro, llega á su filo- 
sofía de la viaVa imiversal. Su poesía adquiere doble carácter: de indi- 
-vid ali=mo y panteísmo á la vez." Ernesto A. Guzmán, en Nosotros, 
nov. 1917: "La Muerte del cisne es una sana protesta contra todo exa- 
ger-^do forma''s-i^o de retórica reciente y antigua; denuncia un pro- 
pós'to y una realización de ^abor fecunda y viva; tiende á hacer de la 
■p' labra lo aue la pal ibra debe ser: envoltura palpitante y cálida de 
■una individualidad que goza y sufre, que siente y piensa, siempre como 
sí misma, y con originalidiad diferenciada y potente... Este libro me- 
ritorio nos habla de un poeta íntimo, intenso y fuerte; de un hombrt 



S. XX, 1903. ERNESTO MARIO BARREDA 93 

«que expresa serenamente su visión y su sentir, sin complicaciones de- 
ninguna especie y en una frase sencilla y espontánea. Un melancóLco 
tinte ilota en el ambiente de sus estrofas, á que sirve de unión intima- 
*in apacible pensamiento panteista lleno de resignación y de suave con- 
formidad. Nada hay en ellas de aparatoso y ficticio; antes están satu- 
radas de una interna bondad humana, que las encamina á presentarse- 
cálidas de emoción en la mansedumbre d'e su armoniosa f acuidad.. ,- 
Este poeta se ha sumergido en la vida... Se identifica con todas las 
cosas exicriores y nada le parece desdieñable : su corazón se acerca al. 
imperceptible latido de las pequeñas existencias inferiores, y con in- 
genua sabiduría descubre la similitud de sus propios afanes y aspira- 
ciones con los de ellas... Lleno entonces de apacible unción, conmo-- 
yido por las palpitaciones de la vida humilde y hasta entonces ignorada^ 
convierte su piedad á la aspiración nazarena, de una enorme caridad^ 
que llegue hasta la fuente y la nube, y gozar asi de lo que el pensa- 
miento humano tiene de eternidad, de majestuosid'ad." E. González 
Martínez: Preludios, versos, Mazatlan, 1903. Lirismos, Mocorito, lyo/;. 
Silenter, ibid., 1909, pról. de Sixto Osuna; Méjico, 1916. Los Sende- 
ros ocultos, Mocorito, 1911; Méjico, 1916, pról. dt Alfonso Reyes;: 
ibid., 1918. La Muerte del cisne, Méjico, 1915. La Hora inútil (poemas-, 
escogidos de Preludios y Lirismos), ibid., 1916. Jardines de Francia,. 
traducciones, Méjico, 1915, pról. de Ped'ro Heniíquez U^eña. El Libro 
de la fuerza, de la bondad y del ensueño, igiy. Parchólas y otros poe- 
mas, Méjico, 1918. Poemas de ayer y de hoy, 1918. Prologó las Lámpa- 
ras en agonía, de L. G. Urbina, 1914. Consúltese Jenaro Estrada, Poetas.- 
nuevos, 1916, donde se hallarán los artículos sobre G. Martínez. 

Roberto F. Giusti, Nuestros poetas jóv., 1912, pág. 97: "Solicitare- 
mos del autor (de Ern. M. Barreda) que haga un sacrificio, que arda 
sus (dos) primeros libros... Hacia Oriente no es un libro detestable... 
Pero es indigno de Barreda: carece de carácter, de mesura, d^e emo- 
ción; es frío, desigual é insincero; está hecho, como mil otros, según 
la receta decadente... El poeta siente intensamente el campo, lo ab- 
sorbe por todos sus sentidos. Aun á riesgo de pedantear, obser /aré que 
Barreda nos presenta el caso poco común de una igual vivacidad de- 
la imaginación visual, la auditiva y la olfativa, con lo que ganan en ple- 
nitud sus evocaciones... Surge el campo de la evocación, palpitante,, 
luminoso, oloroso, sonoro... Y no sólo eso, que también se siente en- 
estas estrofas la presencia del poeta, gozando de su exuberante salud,, 
respirando á plenos pulmones, viviendo la vida, según su propia expre- 
sión, como se bebe un vaso de leche... El poeta es feliz, ¿quién lo duda? 
Un sano optimismo, una robusta confianza alientan en su canto. Na* 
siempre fué así. Tiempo hubo, y no muy lejano,, en que su alma era- 
presa del desaliento. Era la época de Talismanes... Su ansia de be- 
lleza, su amor á la natura lo han salvado, debían salvarlo ; sólo nece- 
sitábase que las circun.'^tancias favoreciesen la transformación. ¿ Cuá- 
les circunstancias? ¡Líbreme Dios de contrahacerlo á Sainte-Beuve 
metiéndome en indiscretas averiguaciones ! Señalaré : ¿ Acaso la salud- 



94 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

recobrada? ¿Acaso la mujer, alma del mundo?... Barreda es sincero y 
tiene, adem.ás. las necesarias cond. clones del artista: de ahí mi aplau- 
so. Versiíica con seguridad; es sobrio y exacto; describe con fuerzi» 
y riqueza de detalles; acuña siempre sus ideas, poéticamente, en el tro- 
quel elegante del tropo ; aunque llano en la expresión por lo común, 
sabe remontarse cuando quiere en alas cíel entusiasmo; es, para con- 
cretar, uno de nuestros más completos y simpáticos poetas." ídem, 
Nosotros, dic. 1916: "Su poesía (de Barreda), profundamente humana, 
es, ante todo, como debe serlo la lírica, expresión de sus ansias, de sus 
ternuras, de sus odios, efe sus amores; pero también de los nuestros... 
Usted alirma que "la Poesía es obra de bien", y como poeta convierte 
su ensueño en esta enseñanza: Trabajar y amar. Ante el dolor del 
mundo usted tiene la convicción que él pudo ser más hermoso y mejor. 
Pues lo será. Lo harán tal los sembradores de granos y de ideas : todos 
hermanos sobre la tierra redimida, en la libertad y la democracia... 
Este es el valor de su libro Un camino en la selva, que no abre hori- 
zontes insospechados al arte, enseñándole la ruta de lo futuro; pero 
que traduce d'ignamente los afanes, las inquietudes, los anhelos del 
alma argentina... Igual vivacidad de la imaginación visual, auditiva y 
olfativa, con lo que ganan en plenitud sus evocaciones, de las cuales 
surge el campo palpitante, luminoso, oloroso, sonoro... El tono de su 
libro, de un realismo completo." Nicolás Coronado, ibidem: "No quie- 
re decir que sus estrofas son simples y vulgares, sino que todo su es- 
píritu está en ellas y que ese espíritu es franco, vigoroso, sin compli- 
caciones, fácil á la emoción de las cosas externas é incapaz de perse- 
guir en sí mismo el complejo mecanismo de un estado de alma... Sus 
versos diescubren siempre las impresiones que le han producido las co- 
sas del ambiente." E. M. Barreda: Prismas líricos, B. Aires, 1903. Hn- 
cia el Oriente, ibid.. 1905. Talismanes, ibid., 1908. La Canción de un 
hombre que pasa, ibid., 191 1. Nuestro Parnaso, colección de poesías ar- 
gentinas, 4 vols., con apuntes críticos y biográficos, ibid., 1913. Un ca- 
mino en la selva, ibid., loió. Las Rosas del mantón, 1917. 

Rodolfo Polanco Casanova, Ojeada crit., 1913, pág. 41 : "Creemos 
que á Ismael Parraguez no se le ha hecho justicia completa todavía. 
Tenérnosle por uno de los más talentosos poetas de la actual generación. 
Sus puntos de vista son orijinales i sus sentidos mui refinados... Pone 
á contribución todas las bellas artes i en sus poesías suele enlazarlas ar- 
moniosamente, juntando el panorama con el sonido, la plasticidad con 
la sicolojía... Pero donde Parraguez se eleva á mayor altura, ocupando 
el primer puesto entre sus colegas de Chile y Sud-América, es como 
poeta de la infancia. En este punto los que han querido seguir sus aguas 
se han quedado mui atrás del que escribió Poesías infantiles. Es este 
tm admirable libro, en que á cada paso tropezamos con fidelísimos cua- 
óritos que trasparentan las índoles, idiosincrasias ó sicolojías de la ni- 
ñez, estudiadas prolijamente i exteriorizadas con majistral sencillez." 
ídem, pág. 65: "Es un estilista elegante, orijinal y discreto. Sus chistes 
son de buena leí; sus caricaturas, placenteras i picarescas, nos hacen 



S. XX, 1903. MANUEL LINARES RIVAS Y ASTRAY qS 

reír con franqueza i saludable risa, porque son hechas sin dañada in- 
tención ni malevolencias personales." Ism. Parraguez: Un iailio me- 
nos, poema, Santiago, 1903. Poesías infantiles^ 1907. Cantos infantu 
les, 1907. Cantos, 1908. Flora chilena, poesías, 1908. Metodología del 
canto, 1908, 1912. De dulce i de grasa, cuentos i versos festivos, 1909. 
Flora exótica, poesías, 1910. Musicolojía, literatura musical, 1912. 
Historia de la música, 1912. Cancionero del Scoiit, 1914. Urbe, poema, 
1915. La Araña, nov., 1915. Esperanza, nov., 1916. 

Rodlolfo Polanco Casanova, Ojeada crít., 1913, pág. 51: "Imajina- 
ción florida i fogosa (la de Mauret), que se ha distinguido en el jénero 
erótico, su especialidad. Criticable es que el erotismo se torne en va- 
rias de sus poesías en sensualismo subido de color. Escitar la lujuria 
no nos parece que sea la misión del poeta. Últimamente, con motivo 
del Centenario, quiso Mauret pulsar otra cuerda; pero produjo un so- 
nido destemplado i chillón. Su libro Héroes i patricios ha sido un fra- 
caso." Alma, poesías, Valparaíso, 1903. Notas críticas, estud. literario. 
Héroes y patricios, sonetos. En el regazo de Venus, poesías, Santiago, 
1914. Por el azul, poesías, ibid., 1917. 

176. Año 100^. Manuel Linares Rivas y Astray 
(n. 18Ó7-), de Santiago de Galicia, hijo del político y ministi-o 
don Aureliano, dejó la carrera judicial por las letras y la polí- 
tica, siendo diputado y senador, pero ante todo dramaturgo sa- 
tírico, de ironía indulgente y de sales y buenos dichos, que me- 
nudea en sus diálogos, como si su principal intento fuese entre- 
tener á los espectadores en culta y agradable conversación. Plan- 
tea siempre en sus dramas problemas morales serios, sin resol- 
verlos con sangre ni... de otra manera. Es discípulo de Bena- 
vente, aunque con independencia, aventajándole en la técnica 
teatral, en la trama y acción dramática, ya que no en la alteza 
-de pensamiento, ingenio y paleta variadísima. Estrenó desde 
J903 bastantes comedias, con asunto, comúnmente, de la clase 
media urbana. Mantiénese en su nivel medio y discreto, á lo 
Moratín, sin grandes efectos cómicos, peí o también sin aba- 
tirse. Distingüese por el tino en engarzar las partes y 
episodios de la fábula, haciéndola interesante; por el rea- 
lismo sano de cosa vivida, más bien que aéreamente fanta- 
seada, en escenas y figuras ; por el ingenioso, fino, suavemente 
irónico y siempre ameno dialogado, recargado tal vez de chis- 
tes, bien que ingeniosos y cultos, que hacen festivos á la mayor 
parte de los personajes, y por el castizo, esmerado y nada rebus- 
cado lenguaje. Sus defectos principales, un cierto amaneramiento 



gÓ ÉPOCA REGIONAL Y MODERXISTA (1888-I9O7) 

en los personajes, que todos son ocurrentes, satíricos y de buea 
humor, pareciendo de hecho ser el autor el que por todos ellos, 
habla sin esconderse ni trasvestirse de ninguna manera; y 
mía cierta timidez ó falta de valentía en no chocar con las 
opiniones y rutinas sociales de su público, contento con entre- 
tenerle sin levantar el vuelo á mayores audacias ; aunque últi- 
D.amente quiso mostrarse audaz, por ejeniplo en La Garra, y 
faltó verisimilitud y cimiento sólido á la obra, además de resul- 
tar doctrinaria ó de tesis en demasía. La Casa de la Troya, ins- 
pirada en la novela de Pérez Lugín, es la obra acaso mejor de. 
Linares Rivas, por el sabor regional, el movimiento, vida y 
color. 

Florencio Sánchez (1875-1910), de Montevideo (Uru- 
guay), vivió en Buenos Aires desde 1903 y fué de los más aplau- 
didos dramáticos del Plata. No tuvo estudios ni aprendió á es- 
cribir, fué periodista y leyó poco y mal. Su teatro es de tesis^ 
de ideas anárquicas é inmorales, destructoras de la familia. 
Pero, aunque acumulaba las situaciones á su talante algo falsea- 
das para llegar al propósito doctrinario que se proponía, tuvo el 
instinto natural de nutrirse de realidades criollas, bajunas, bien 
tomadas y mejor sentidas, como en Un buen negocio (1909),. 
Moneda falsa, M'hijo el Dotor, Los Muertos, Nuestros hijos. 
Cuando sube á clases miás elevadas alcanza tan sólo á pintar 
caricaturas. Sombrío, hondo, algo ibseniano, real y recio, rebel- 
de y bohemio incorregible. Es uno de los mejores dramáticos. 
am.ericanos, el primero que saca ^1 teatro ríoplatense de la bar- 
barie y bajeza en que yacía, entregado todo él á un género, 
gauchesco bastante falso y tremebundo. 

m- Su propio nombre es Manuel Linares Astray, sino que, á. 
poco de firmarse así, mudó la firma en la de Linares Rivas, apellido de 
su padre, más conocido. Produce efecto en el público este autor por 
la espontaneidad, frescura, gracia é ironía en el diálogo, en lo que 
gana mucho á Benavente, el cual deja demasiado trasparentar el in- 
genio y aun lo quiebra de sutil. Pero incurre Linares Rivas en un de- 
fecto, á Benavente bien ajeno, y en que cayó siempre Enrique Gas- 
par, en ser todos sus personajes uno mismo, esto es, el autor, en lo 
ocurrentes y .'■a' íricos en el estilo y lenguaje. El mérito del autor está en 
quedarse á espalda- di sus personajes, qu: n:) se le vea en ellos. Pera 
gana también á Benavente en la trama y desenvolvimiento del asunto 
y aun en el pensamiento en que arraiga. Comedias docentes las llama. 




LUIS DE TAPIA 




LINARES KIVAS 



S. XX, 1903. MANUEL LINARES RIVAS Y ASTRAY 97 

el autor, como hubiera podido llamarlas Moratín y Bretón, por en- 
trañar una moralidad. Mas no lo son en el mal sentido; no son come- 
dias predicadoras, ni discursivas, como la mayor parte de las de Be- 
navente, sino obras en que el pensamiento moral se ha hecho carne en 
acción cómica y personajes reales. Abolengo es una díe las mejores. Es 
notable el parecido que ofrece Linares Rivas con Campoamor en la 
mezcla, verdaderamente peregrina y extraña, de doctrinas y conducta. 
Entrambos conservadores, burgueses pacatos en la vida, y, sin em- 
bargo, en el pensamiento de sus escritos revolucionarios y disolven- 
tes. Esta nota de osadía ha llevadlo Linares Rivas á sus dos últimas 
obras, La Garra y Los Fantasmas, no con la fina discreción é ironía 
de Campoamor, sino con un descaro, llamativo, sí, pero de descocado 
sofista. Persona honradísima y bienintencionada, es lástima se haya 
cegado esta vez, mancillando su obra literaria. Un marqués español 
se casa canónicamente en América; divorciase á instancias de su mu- 
jer, que se casa con otro y vuelve a la patria, viviendo retraído y des- 
consolado, hasta que, por consejos de un amigo, desecha la tristeza y 
pide la mano de esposa á ¿"oña Sol, la sobrina de un cardenal, come- 
tiendo la infamia de encubrir á todos que su primera esposa vive, de 
lo cual tampoco se enteran, según el autor, ni el cardenal ni la Curia 
eclesiástica, cosa que no suele suceder, dadas las pesquisas que se ha- 
cen en estos casos y la notoriedad de la persona del marqués. Sobre tan 
flacos fundamentos construye el autor la acción de La Garra, que se 
reduce á que, años después del segundo matrimonio, siendo felices y 
con hijos, en una discusión filosófica de familia, dice uno, sin saberse 
cómo ha sabido lo que la Curia no pudo averiguar, que el mg,rqués se 
casó en América ; pregúntaselo la sobresaltaba esposa, y él se lo confie- 
sa de plano, á pesar de estar enamoradísimo de ella. No parece que 
haya hombre que pueda cometer tamaña necedad en el mundo, mani- 
festando de buenas á primeras, sin el menor apremio y tan tontamente, 
lo que tan fementidamente tuvo que negar cuando al casarse hubieron 
de preguntárselo cien veces. Sobre un tan necio como fementidío caba- 
llero recae, por consiguiente, toda la honda pena y terrible dolor de la 
desventurada esposa, que, no ya como cristiana, que sabe que "lo que 
Dios juntó el hombre no puede apartar", sino como señora honrada, 
que se llama á engaño, y como amante, que se entregó á un desleal ca- 
nalla, razonable y cristianamente pensand'o debe apartarse de él; y 
no menos cae sobre tan mal bicho la deshonra de la familia y de cuan- 
tos intervinieron en la bocía, por no haberse enterado de cosa que 
tanta obligación les corría y tan fácil era de saber. El autor, sin em- 
bargo, achaca toda la culpa á la indisolubilidad del matrimonio cristia- 
no, que echa su garra sobre la familia, y clavando en ella sus uñas, la 
hund'e en la desgracia. No hay apenas acción; todo es un sermoneo y 
un alegato en favor del amor libre y contra la santidad del matrimonio, 
que, no el Concilio de Trento solamente, como el autor le hace decir 
nada menos que al Lectoral, sino Cristo terminantemente y Dios al 
crear á Ad^án y Eva, proclamaron fuese indisoluble. Pero es lo bueno. 



gS ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

quiero decir lo más contra todo derecho natural, que no se insinúa ni la 
menor de las razones que asisten al derecho divino que tal legisló, sino 
que, dejándole sin abogado, lo es el autor en todo el drama de los apeti- 
tos brutales, tejiendo un alegato cite sofismas y creyendo quedar vence- 
dora tan perdida causa con el argumento Aquiles que el marqués expo- 
ne á su esposa de que la quiso y la quiere, poniendo así los derechos de 
la pasión animal sobre los de la razón, que hace al hombre hombre y 
señor de los animales, y sobre los del derecho divino y áe la revelación, 
que encumbra al hombre hasta hacerle hijo de Dios, según la cristiana 
doctrina. Cuanto atañe á personas y cosas religiosas lo afea el autor; 
aunque no logre hermosear ni hacer agradable siquiera el amor y la pa- 
sión, cosa tan fácil de lograr para la bien dispuesta concupiscencia de 
los espectadores. El marqués, abogado del amor libre, no siente amor; 
es frío como un témpano, tan frío como Alvaro, otro enamoradlo del 
drama. Las supersticiones de una vieja criada gallega pónense á la 
cuenta de la religión, como si no fuese la religión católica la única que 
las ha anatematizado y perseguido con todas sus fuerzas. Y el autor, 
con todo eso, dase por cristiano y católico y hasta somete á la censura 
eclesiástica su drama. En suma: un d^ramón de café cantante, que pre- 
tende deshacer la familia cristiana; que ensalza el brutal apetito y le 
pone sobre la conciencia religiosa y sobre la razón humana ; un alegato 
contra toda la filosofía de todos los tiempos, contra Cristo y contra 
Dios; pero un alegato ó dramón tejido de sofismas y que no permite 
defensa alguna al reo, y, finalmente, fondado en hechos que común- 
mente no suceden y en im carácter de marqués que en el mundo no 
se da. Es lo que tiene querer supeditar el arte á la enseñanza, ha- 
cerlo didáctico, conforme á lo que fuera de España se hace hoy en 
el teatro y nunca se hizo acá por nuestros castizos dramaturgos. 
No es plantear, siquiera, un problema, sino darlo por resuelto con 
la más brutal, antifilosófica y anticristiana solución, lo que el autor 
ha hecho en La Garra. Los problemas filosóficos y religiosos no tie- 
nen que ver con el arte, y menos con el teatro, el arte más popular. 
Pero, además, está muy mal tramado el drama, técnicamente. No 
hay acción, sino diiscusión y pura crítica de sofistas ; los fundamen- 
tos son falsos, como el que la Curia eclesiástica no se entere de que 
un marqués de arraigo en un pueblo español y persona de tanto viso 
se haya casado y divorciado en América y su americana esposa se 
haya vuelto á casar con otro; los caracteres, inauditos, como el de un 
marqués español, que no sabe que el matrimonio es indisoluble de 
derecho divino, y que engaña á una muchacha y á una familia por ca- 
sarse, y luego, sin más ni más, confiesa á la primera lo que antes tanto 
ocultó; la expresión cíe los sentimientos amorosos, única palanca qu« 
el autor tenía que mover para hacer buena su tesis, no parece por 
ninguna parte. Contra La Garra vive y vivirá siempre El Juez de los 
divorcios, de Cervantes, que acaba cantando: "Más vale el peor con- 
cierto ¡ que no el divorcio mejor." Malas lenguas dicen por ahí que Li- 
nares Rivas ha pretendido siempre seguir como la sombra á Bena- 



S. XX, 1903. MANUEL LINARES RIVAS Y ASTRAY Ql 

vente. Conviene, efectivamente, con él cuanto al sistema de descender 
<ie las ideas á los hechos ; pero es todavía más rectilíneo. Si Benavente 
•es un sofista disertante. Linares es á veces un matemático demostrador 
de un teorema. Y el teorema está encerrado en el título de cada una de 
sus obras dramáticas. Los buenos dramaturgos han solido buscar el título 
después de acabada la obra, y comúnmente alude á cualquier cosa se- 
cundaria, como Las Nubes, Las Ranas, de Aristófanes. Linares, al re- 
vés, propone el título como teorema á demostrar. Los personajes que 
lian de demostrarlo andan al puñete con las fórmulas y xned'ios de de- 
mostración, y así suelen ser parecidos en el modo de discurrir y de ha- 
blar: son letras algebraicas ó guarismos por quienes siempre habla el 
autor. Del teatro cíe Linares y del de Benavente no sale uno nunca 
enamorado de alma alguna que en las tablas se haya atraíd'o las aficiones 
de los espectadores, por su nobleza y sus reveses. Ahora bien, drama, y 
aun arte en general, es eso, simpatizar con alguien y sufrir con él, por 
haberle llegado al alma su grandeza y sus desgracias; todo lo demás 
serán conferencias ingeniosas ó exactas matemáticas, no drama ni arte. 
Andrés González Blanco, Hist. nov., pág. 870: "El curioso y entrete- 
nido dramaturgo cómico-lírico-bailable, con decoraciones á lo Bena- 
vente, marid'os á lo Paul de Koch, señoras á la última moda de París; 
el gran mercero de la escena, que tiene un surtido inagotable y varia- 
dísimo de frases mejor o peor hechas y chistes de ocasión... Linares 
Rivas.'' ídem, Los Dramát, cspañ., 1917, pág. 189: "No se anunció como 
tal, vaudevillista divertido y trapalón L. R., sino como comediógrafo 
fino y culto, que á veces acudía á la frase de ingenio, al chisporroteo 
meridional del piropo y del madrigal, del cual se contagian hasta los 
extranjeros que vienen á España, ó que la anhelan desde lejos... El 
diálogo de L. R. es incomparable y sólo un Tristán Eernard en Fran- 
cia puede superarle en gracia, fluidez y viveza; tiene en derredor 
esa aureola, ese no sé qué tan característico de sus comedias, que 
se reconocieran sin su firma... María Victoria, obra intensamente dra- 
mática... consolidó el crédito del autor... Una de las obras que pro- 
dujeron más emoción, tuvieron éxito más discutido y suscitaron po- 
lémicas de prensa, fué El Caballero Lobo..., á propósito del cual se 
diiscutió la prioridad del argumento sobre Chantecler de Rostand. Evi- 
dentemente, anterior es la obra de Linares, una de sus obras más fuer- 
tes é intensas... En el género de la comedia fina y aristocrática ha 
obtenido grandes éxitos L. R. y es donde su individualidad se afir- 
ma... Ha seguido ese camino de la comedia de sociedacJ, la comedia 
que aspira al aplauso sincero y grave de los espectadores sin preten- 
siones de dogmatizar ni teorizar... La antinomia paradójica de este 
senador conservador que en sus dramas propaga tesis avanzadas, ha 
chocado la atención de muchos. Este representante de las clases de 
orden es un demoledor... Un gran éxito de L. R. ha sido pintar mara- 
villosas figuras de mujeres... L. R. ha conseguido alcanzar el desi- 
derátum áél drama moderno; un drama ingenioso en sus datos y com- 
binaciones, picante y fino en su diálogo y sin carecer de estas tres 



100 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

características cíe un temperamento cómico: la jovialidad, la indul- 
gencia y el optimismo. Jamás ha introducido en sus comedias esa 
falsa sensiblería que afea otras muchas producciones contemporá- 
neas... Tampoco es una de esas organizaciones turbulentas, impreca- 
torias y espumeantes que predican desde la escena... Es una orga- 
nización de mundano escéptico, propia de quien ha vivido la vida 
intensamente y que hoy, ya fatigacío, con una sonrisa de hombre sa- 
tisfecho y desencantado á la par, contempla el espectáculo del mun- 
do... Ha viajado mucho, conoce idiomas, ha vivido intensamente, ha 
tenido pasiones y borrascas de juventud, ha vivido la vida intensa- 
mente, ha sido un hombre pleno y perfecto, conoce los resortes escé- 
nicos como pocos y depurado de tales ó cuales abusos de la ingenio- 
sidad, de cierto excesivo discreteo en el diálogo, de una renuncia á 
la constante tensión de sonrisa del auditorio, de una mayor penetra- 
ción en la dramaturgia honda, puedle llegar á ser... el más perfecta 
hombre de teatro y el dramaturgo para los hombres y las mujeres 
de mundo, cuyas vidas, entre frivolas y dolorosas, él sabe interpretar 
tan admirablemente." Aire de fuera, com., 1903. El Abolengo, come- 
dia, 1904. María Victoria, com., 1904. Porque sí, jug., 1904. La Es- 
tirpe de Jiipitcr, com., 1904. La Divina palabra, com. dram., 1904. La 
Cizaña, com., 1905. Lo Posible, jug., 1905. En Cuarto creciente, ju- 
guete, 1905. El ídolo, com., 1906. Bodas de plata, com., 1906. Año- 
ranzas, com., 1906. La Fragxia de Vidcano, zarz., música del maes- 
tro Chapí, 1906. El misino amor, com., 1907. El ídolo, com. (refundi- 
ción). Nido de águilas, com., 1907. Santos e Melgas, zarz., música de 
los maestros Lleó y Baldomir, 1908. Cuando ellas quieren..., come- 
dia, 1908. Lo que engaña la verdad, paso de comediia, 1909. El Caba- 
llero Lobo, 1910. La Magia de la vida, comedia lírica, música del 
maestro Ruperto Chapí, 1910. La Fuente amarga, com., 1910. Clavito, 
paso de comedia, 1910. El Buen demonio, com., 1911. La Raza, co- 
media, 1911. Lady Godiva, com., 1912. Doña Desdenes, com., 1912. 
Flor de los Pazos, com., 1912. Camino adelante, com., 1913. La Ra- 
zón de la sin razón, 1913. Como buitres, com., 1913. La Fuerza del 
mal, com., 1914. La Garra, dr., 1914. Toninadas, com., 1915. Fantas- 
mas, 1915. Lo Difícil que es ir al Cielo, nov., 1915. El Señor Sócra- 
hs, saín., 1917. Como hormigas, com., 1917. Las Zarzas del ca- 
mino, 1917. El Conde de Valmoreda, 1917. En cuerpo y alma, com., 
1918. Cada uno á lo suyo, 1918. Cobardías, com., 1918. Cuentos de amor 
y de amores, 1918, Porque sí, 1918. La Casa de la Troya, 1919. Los 
Aventureros, novela infantil^ 1919- El Caballero Lobo^ 1919- 

En M'hijo el Dotor, obra desmesuradamente alabada, el primer 
acto es una acabada pintura á^ costumbres; pero en los otros dos se 
falsean los caracteres mirando á efectos teatrales por manera des- 
atinada. Jesusa es mujer incomprensible para nosotros los españoles, 
y mucho más paha las españolas. Es un muñeco falso que no creo 
pueda hallarse en la mujer argentina, so pena de que allí no haya 
mujeres que merezcan así llamarse. Eso no es mujer, es una borrega 




FLORENCIO SÁNCHEZ 



S. XX, 1903. FLORENCIO SÁNCHEZ 10 1 

sin corazón ni seso. Julio es de una perversidad inconcebible y sus 
doctrinas frisan en lo bufo. Eloy no es de este mundo y menos de 
nuestra raza. Los cambios de ideas en Julio y Jesusa, en el tercer 
acto, son falsos y nada naturales. Los Muertos es drama de más re- 
cia construcción y de situaciones menos falsas merced al tipo del 
borracho, de la mujer casquivana y del joven bohemio, que son los 
principales personajes, anómalos, en los que cuadran bien los desati- 
nos y desplantes. Hay mucho movimiento y vida y el habla es el de 
la sociedad rioplatense. Amadleo Almada, Vidas y obras, 1912, pági- 
na III : "No es un hábil, no es simplemente un técnico, no es un 
manipulador de muñecos escénicos y d'e sorpresas impresionantes. Es 
sencillamente un maestro, cuya ascendencia intelectual, por decirlo 
asi, no debe buscarse en Scribe ni en Sardou, sino más bien en Sud- 
derman, con quien tiene algunos puntos de contacto... Lo mejor, lo 
más fuerte... es el primer acto de M'hijo el Dotor, acto verdadera- 
mente magistral, de una concepción y ejecución admirables con su 
reproducción tan exacta como poética del ambiente, con la concisión y 
armonía de los parlamentos, con el dibujo vigorosísimo de los carac- 
teres, con la verdad y la lógica de las situaciones y con el vivo con- 
traste que forman allí la sencillez de los procedimientos y la fuerza 
dramática en creciente tensión, hasta llegar, en el final, á la suprema 
emoción artística." Raúl Montero Bustamante, El Uruguay á través 
de un siglo, pág. 437: "Sólo han superado el éxito de Demarchi las 
obras de Florencio Sánchez. Es verdaderamente interesante la evo- 
lución de este temperamento excepcional, que va desde la tentativa 
de la comedia plebeya hasta el drama de caracteres y pasiones, orien- 
tado hacia las grandes literaturas extranjeras. Sánchez posee en alto 
grado el sentimiento de la realidad y de lo dramático. Sus dos con- 
diciones madres son la intensicíad y la eficacia. Toda la primera eta- 
pa de su brillante carrera, realizada en la observación de un medio 
inferior y acaso poco estético, está saturada de este salvaje deseo de 
llevar á las tablas la vida real con procedimientos sumarios, inge- 
nuos á veces á fuerza de ser espontáneos y sinceros. Después de un 
largo noviciado en un género que sin duda no está díe acuerdo con 
su temperamento, el autor de M'hijo el Dotor, Canillita, La Gringa y 
algunas otras piezas de suburbio, ha hallado en Los Muertos, Nuestros 
hijos y Los Derechos de la salud la nota honda y humana que antes 
que él hizo vibrar Samuel Blixen. Como en Agena, de Blixen, vuelve 
á cuajar el espíritu de la época en estas obras, donde de nuevo se 
proponen los mismos problemas morales, idénticas inquietudes y pa- 
siones, el mismo feroz y casi sanguinario egoísmo que parece ser el 
rasgo característico de este siglo violentamente ind^ividualista." Vi- 
cente A. Salaverri, Flor. Sánchez, Obras, 1918: "Era un sentimental, 
por encima de todo. Fué rebelde á impulsos de su corazón, un sano, 
tin enorme corazón de niño. Aniñadas eran sus facciones: grandes y 
extáticos los ojos; meditabunda la frente; amargo el rictus que sus 
labios dibujaban. Bohemio de alma, incorregible, lleno de peculiarida- 



102 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

des. Vivía con tremendos apremios. Tras el éxito del estreno, vendlía 
la obra por un miserable puñadlo de pesos, que se iban de sus manos 
con la celeridad con que los cobrara. Como Verlaine, Sánchez canta- 
ba las excelencias del ajenjo... No fué, sin embargo, un bebedor con- 
suetudinario... Comenzó por exhibir un panorama de la existencia 
rural. Las más típicas manifestaciones de la vida en la campaña há- 
Uanse presentadas en M'hijo el Dotor, La Gringa y Barranca abajo. 
La pintura es exacta, de una maravillosa precisión. Luego, el dramatur- 
go nos conduce á través d!e la ciudad, y como hace notar uno de los 
escritores uruguayos dotado de más fino instinto crítico, don Emilio 
Frugoni, esas obras "nos franquean los interiores domésticos de la 
urbe civilizada ó instálannos en los centros del vicio y en los bajos 
fondos miserables..." Vinieron luego las obras de tesis: Nuestros hi- 
jos. Los Derechos de la salud... Antes que nada, un fotógrafo estupendo. 
Sus escenas quedan, para las generaciones de mañana, como un conjun- 
to de documentos gráficos maravillosos, en los que se ve hasta qué pun- 
to clavó su fiero arpón la vida en el alma de nuestros contemporáneos. 
Al hablar de Orosman Moratorio (año 1885) tratamos algo de la 
primera era gauchesca del teatro argentino. Consúltese Vic. A. Sala- 
verri, Del picadero al proscenio, Montevideo, 1913. José Podestá, con. 
toda su familia de payasos, pusieron mímicamente en los circos Juan 
Moreira, de Gutiérrez. Gustó tanto, que la estrenaron con palabras 
en Chivilcoy el año 1886, en Montevideo el 1889, en Buenos Aires el 
1890. A poco representaron Martin Fierro, de Elias Regules, y la 
adaptación de Juan Cuello; en 1892, Julián J imenes, de Aroztegui, y 
después El Entenado, de Regules, con el que el género gauchesco sal- 
vaje tradicional, se suavizaba algún tanto. Moratorio les dio Juan 
Soldao; Pérez Petit, Cobarde y Tribulaciones de un criollo; Marti- 
/niano Leguizamón, Calandria, de extraordinario buen suceso. De- 
María y Trejo les proporcionaron piezas en un acto. Al fijarse en Bue- 
nos Aires necesitaron todo este variado repertorio. En 191 1 represen- 
taban de Velloso, Pacheco, Castillo y Cayol obras que distaban ya 
bastante del primitivo género gauchesco. Pablo Podestá y Blanca Po- 
destá trabajaron con José Podestá, creando prácticamente el teatro 
criollo ríoplatense. Con ellos brillaron Luis Vittone, Florencio Parra- 
vicini, actores cómicos, y Orfilia Rico, acabaAi artista criolla. Tales 
fueron los comienzos del teatro criollo. Con M'hijo el Dotor (1905), de 
Florencio Sánchez, tomó el teatro criollo nuevos rumbos, pasando de 
lo gauchesco primitivo á lo criollo presente. Alfredo Bianchi, en El 
Teatro argentino en el año igij (Cine-Mundial, pág. 124), pone el co- 
mienzo de la era ciudadana, segunda del teatro argentino, en 1902, 
con Jesiís Nazareno, de Enrique García Velloso. Forencio Sánchez es- 
trenó de 1903 a 1907 obras que le dieron fama de primer dramaturgo de 
su tierra; de ellas, unas seis bastante buenas. Según el mismo autor, esta 
segunda era gloriosa abarca de 1902 á 1907, y desde entonces no hizo 
más que decaer. Suponiéndole bien enterado, mejor que nosotros los es- 
pañoles, seguiré extractándole ; pero he de hacer una excepción para Er- 



S. XX, 1903. FLOREXCIO SÁNCHEZ I03 

nesto Herrera, el mejor dramaturgo, en mi opinión, del Río de la Plata, 
aunque fué montevideano. Brilló desde 1910. En la Argentina, realmen- 
te, la época de 1902 á 1907 es la más gloriosa para el teatro. Además de 
Florencio Sánchez, Roberto J. Payró estrenó Sobre las ruinas y Marco 
Severi; Enrique García Velloso, La Cadena; Otto Miguel Cione, El Ar- 
lequín; David Peña, Facundo; Alberto del Solar, El Faro y Chacabuco; 
Alberto Ghiraldo, Ahua gaucha; Nicolás Granada, Al campo y La Ga- 
viota; Alfredo Méndez Caldeira, Sacrificio y El Fruto sano; Arturo Ji- 
ménez Pastor, La Rendición; José León Pagano, Almas que luchan; 
Víctor Pérez Petit, La Rondalla; Gregorio de Leferrere, Las de Ba- 
rranco; Martín Coronado, La Piedra de escándalo. En estos cinco años, 
desde Jesús Nazareno hasta Los Derechos de la salud, se escribieron 
muchedumbre de obras, muchas malas y otras mediocres ; pero con todo, 
añadiendo a las dichas unas cinco ó seis de Florencio Sánchez y alguna 
de jNIartín Coronado, tenemos una veintena de buenas obras. En los 
cinco años siguientes, hasta el estreno d'e La Montaña de las brujas, de 
Julio Sánchez Gardel, la mejor, después de fallecido Sánchez, sólo unas 
seis merecen tenerse en cuenta; los mejores autores fueron Alfredo 
Duhau, Roberto Cayol, Vicente Martínez Cuitiño, Camilo Muniagu- 
rria, Pedro E. Pico, César Iglesias Paz. Después de La Montaña de 
las brujas comienza la decadencia, los géneros híbridos y falsos, el 
"de gran espectáculo", á base de escenografía y cinematógrafo. Las 
compañías se dividen y derraman por los cafés cantantes. A pesar 
de los directores artísticos, escogidos entre autores y críticos de 
nombre, los que decidían, sin contar con ellos, eran los cómicos. Luis 
Bayón Herrera y Carlos Schaefer Gallo comenzaron bien estos últi- 
mos años, con Santos Vega y Siripa el primero, el segundo, con La 
Novia de Ziipay y La Leyenda del Kacuy; pero presto se dejaron 
arrastrar dte la corriente. Reina gran desorientación, triunfa el "teatro 
para reír" y las revistas, como en España, ó se vuelve al gauchaje. 
Exceptuánse Roberto Gaché, autor de El Error de San Antonio y 
Nuestras dueñas; Samuel Linning, de La Túnica de fuego, y Alberto 
E. Uriburu, de Rejas de oro. Algunas piezas cómicas hay, de chiste 
discreto y argumento no disparatado: Las Curas milagrosas (1914), 
de Diego Ortiz Grognet; El Distinguido ciudadano (1915), de Casa- 
riego y Saldías ; El Movimiento continuo (1916), de Discépolo y De 
Rosa; El Tío soltero (1917), de Ricardo Hicken, e Instituto interna- 
cional de señoritas (1917), de E. García Velloso. Todas eilas se hicie- 
ron para Casaux y Parravicini. 

Otras obras de F. Sánchez : Pobre gente. Moneda falsa. El Pasado. 
Canillita. La Hora. La Tigra. Cédulas de San Juan. Nuestros hijos. 
M'hijo el Dotor (1905). Los Derechos de la salud. Barranca abajo. Mar- 
ta Gruni, sain. La Gringa (1909). En Familia. Los Muertos (1913). Pu- 
blicáronse las más en La Revista Teatral de Buenos Aires. El Teatro 
Uruguayo. Florencio Sánchez, tres de sus mejores obras (M'hijo el 
Dotor, Los Muertos, Nuestros hijos), Valencia, 1917. Barranca abajo y 
Los Muertos, 19 18. 



104 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-IOO7) 

178. Año 190S. Concha Espina de Serna (n. 1877-), 
ele Santander, estuvo en Chile, casóse y enviudó ; volvió á su tie- 
rra, donde se dio á conocer por unos artículos cuando el vuelo del 
MachicJiaco, colaboró en revistas y periódicos en Santander y Ala' 
drid, donde ahora vive. Modesta y muy cristiana, amante de la 
casa 3^ de sus hijos, es Concha Espina señora muy á la an- 
tigua española y muy n'xoderna á la vez ; de arraigadas creencias, 
de nobles sentimientos, observadora de las almas, talento fina- 
lícente artístico. Ha publicado novelas henchidas de vida y em- 
papadas de un cierto sentimiento melancólico y como de desen- 
gaño filosófico, nada duro, antes suavemente tierno y compa- 
sivo. Son obras psicológicas que ahondan en las almas y obras 
de mujer. El tono muy personal y característico, la discreción y 
dignidad, admirablemente casadas con la valentía de las pince- 
ladas; el color y el sentir, la fuerza de impresión del medio, de 
los lugares, del espíritu de cuanto fomia las escenas, lo vivo y 
humano de personajes y situaciones, el estilo elegante, el habla 
castiza, son en ella dotes de sobresaliente novelista. 

Antonio de Hoyos y Vinent (n. 1.885-), madrileño, hijo 
de don Isidoro, Marqués de Hoyos, grande de España, direc- 
tor de Gran Mundo y Sport, crítico en El Día, trajo á la nove- 
la castellana la pintura naturalista y atrevida de la lujuria fre- 
1. etica con todos sus horrores, crueldades y amarguras; con sus 
monstruosidades psiquiátricas, desatada locura, sanguinario sa- 
dismo, canallesco afeminamiento y brutal trato, encarnada en 
todo linaje de hembras perdidas y de hombres viciosos, corte- 
sanas de alto y bajo bordo, podridos amantes y cínicos favorece- 
dores, que viven tanto en la molicie de los salones como en la peci- 
na de los lupanares, y con gran fondo negro en el cuadro, entre la 
que se vislumbra inisteriosaimente la muerte, sobre la cual se atre- 
ve á saltar y triunfar el amor lascivo, arrastrado de las furias 
todas del infierno. Es Hoyos en la novela lo que Goya en sus 
horripilantes aguas fuertes y Zuloaga en sus terribles pinturas 
de la hez bajuna de harapientos y monstruosos tipos castellanos. 
Gusta de todo lo horroroso y feo, de lo más crujiente y chillón 
que cabe en los bajos fondos sociales, atráele lo típico nausea- 
bundo, encántanle los contrastes de la más desaforada lujuria 
con la más refinada crueldad. No es la sociedad general y común, 
la que pinta, ni de ordinario la sociedad española ni madrileña. 




CONCHA ESPINA 



S. XX, 1903. ANTONIO DE HOYOS Y VINENT I05 

aunque en España y en Madrid ponga sus escenas; es un pe- 
dazo de esa sociedad, de esa suciedad mejor diremos, porque 
es el pedazo más puerco y feo, el harapo, las cazcarrias, la pa- 
dre, ya habite en palacios, ya en mazmorras, asi en casinos ele- 
gantes y estancias de exquisito placer, como' en cafetuchos, tascas 
y buhardas de mal vivir. Su Madrid es un Madrid en parte quimé- 
rico, de pura fantasía, que desgraciadamente lo será con el tiem- 
po, pero que todavía no lo es, con todas las perversidades exóti- 
cas y refinados goces lascivos, revueltas las personas de extre- 
1» adas clases sociales, asi como el lujo con la miseria, los tugu- 
rios con los palacios. Sus héroes y heroínas comienzan á lle- 
gar acá, con todo el matalotaje de la refinada perversi- 
dad de las glandes y podridas ciudades europeas que el 
autor fantasea, trasplantadas á nuestro' Madrid alegre y 
frivolo, cortesano y bohemio, bien que sólo por excep- 
ción mancillado de esa modernísima lepra de obscenidad 
refinada y canallesca. Pero ese retazo, el más feo retazo 
de la sociedad, c^ue Hoyos retrata condensando lo más típico y 
extremado y generalizándolo y aumentándolo con el anteojo de 
su fantasía y el empuje desaforado de su temperamento vigo- 
roso, lo lleva á sus novelas con tal fuerza de colorido, con tan bri- 
llante pincel, que toda alabanza parece corta para ensalzar su va- 
ler expresivo y artístico. Sus cuadros frisan las más veces en cari- 
caturas : los personajes, las pasiones que en sus almas hierven, 
los excesos á que ellas les arrastran son cosas monstruosas, ca- 
ricaturas del vicio, carátulas de lo más feo y horrible que tanto 
en lo físico como en lo moral alcanza á fantasear la osada ima- 
g'nación del autor; pero la fuerza del trazo que eso pinta, lo 
denso de la visión calentiurienta, que se estampa entera en la 
cuartilla cual en la imaginación se nació, la intensidad del horror 
que al lector sobrecoge, es innegable triunfo del arte. Son obs- 
cenas las más de esas pinturas, porque el pintor pone al desnudo 
las cosas como son, y esas cosas, obscenas son de suyo; pero el 
autor no encomia el vicio que pinta; las pinturas no encienden la 
lascivia, antes provocan náuseas en los lectores de paladar deli- 
cado. En el fondo de tanta maldad yacen ansias de alma ator^ 
mentada, aunque lectores habrá que lean tales libros tan sólo 
para alimentar con la evocación de lo obsceno el hervidero gu- 
saniento de su corrompida sensualidad. No es, pues, autor in- 



106 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

njoral de suyo, puesto que sus obras antes bien ponen al vivo la 
íealdad del vicio para que la conciencia del lector se alce contra 
ella y se desengañe de la vida, mostrando lo huero de los pla- 
ceres, el término hediondo de las pasiones mal reprimidas y le lle- 
\e con ellos al recuerdo de la muerte y de la nada de este 
mundo. Efectivamente, junto al placer pone siempre Hoyos el 
dolor; junto al frenesí de la vida, la fatalidad de la muerte: 
tales son los dos quicios sobre los cuales se mueven y rodean 
sus novelas y cuya cifra está en la titulada El Horror de morir, 
que puede pasar por obra mística de cartujo, del Morir habe- 
rnos. Sus últimas novelas cortas, con título de Llamarada, son 
mejores que las largas, entre las c[ue llevan la prima La Vejez 
de Heliogáhalo y El Árbol genealógico. Suele en las largas can- 
saf , por el hacinamiento de horrores ; en las cortas es más fuer- 
te, por único, el efecto intenso, por más que la crítica eche presta 
de ver el procedimiento caricaturesco y extremadamente con- 
densad© del autor. Descuidado y poco correcto en sus primeras 
obras' por atender solamente á las cosas y no al modo de de- 
cirlas, ha ido ganando el escritor cada vez más en propiedad 
y brío, en limpieza y soltura castiza de lenguaje. Cuatro pin- 
celadas le bastan para plantar de cuerpo entero un personaje. 
El dialogado es más de maravillar por su naturalidad, si se tiene 
en cuenta que el escritor ha debido adivinarlo, ya que desde sus 
primeros años perdió enteramente el oído y sólo dispone del 
órgano de la vista para observar la realidad y su gran talento 
para suplir lo demás. 

José Francés (n. 1883-), por seud. Silvio Lago, de Madrid, 
novelista y crítico, ha publicado bastantes obras y muchos ar- 
tículos en revistas y periódicos. Discípulo de Blasco Itóñez, por 
el natural mismo, que le lleva á lo recio y colorista, enamoróse 
al principio de los naturalistas y aun decadentistas franceses; 
pero ese mismo natural de recia hebra le volvió presto y ente- 
ramente al realismo sano y á la sinceridad española. Fué ganan- 
do en sobriedad y condensación y hoy es de los escritores espa- 
ñoles de más brío, color y soltura de estilo, de los más inafec- 
tados, con un tono varonil y de verdad que contrasta con los 
melindres de otros escritores afrancesados, que no han tenido 
bastante nervio personal y aun coraje de hombres de pelo en 
pecho para despedir extraños andadores y caminar de por sí 



S. XX, 1903. CONCHA ESPINA DE SERNA IO7 

y á pie firme. Sus aficiones al dibujo y á la pintura le han lle- 
vado á emprender la crítica artística, que redacta con tino y 
gusto cada año en un tomo, y á trabajar en la historia de la ca- 
ricatura en España, sobre la cual adelantó un esbozo en hermo- 
sa conferencia leída en el Ateneo. 

M. CiGEs Aparicio (n. 1873-), de Enguera (Valencia), di- 
rector de El Progreso en Zaragoza, corresponsal de El Impar"^ 
cial en París, soldado en la guerra de Cuba, fué preso (1896). 
por una correspondencia que escribió relatando las operaciones 
de Weyler y encerrado en la Cabana dos años, lo que le dio pie- 
para escribir dos obras de recio impresionista, que llega hasta, 
sacudir demasiado los nervios, algo así como las Mié Prigioni 
de Silvio Pellico. Admirable por la impresión que brota de las 
descripciones y por el brío de algunos episodios, flaquea en 
los caracteres, situaciones y acción. El lenguaje es esmerado, 
poético, con epítetos é imágenes, hasta pecar por sobradamente, 
estufado y retóricamente pomposo, merced á la fuerza de fan- 
tasía, aunque le falte la blandura de los poetas. 

179. Concha Espina, en carta al autor: "Mi ideal artístico, en la. 
Literatura, es hacer, d'entro de la novela, una labor realista y firme, á 
la española, tomando de la misma cantera humana personajes que en 
mis libros vivan con el alma y el cuerpo una existencia merecedora de 
llamarse real, porque en ella palpiten la carne y el espíritu, y artística, 
porque abunde en nobleza y salud propias de una pluma reciamente cris- 
tiana. Creo que el arte literario debe ser limpio y fuerte, labrado con el 
sentimiento y el idealismo que son realidad lo mismo que la pasión, y 
encaminada á dejar en las almas una huella de ternura y de luz," Posee, 
extraña inventiva para tramar acciones interesantes y no menor para 
redondear caracteres complejos ó que complejos parecen, siendo tipos 
bien definidos de psicopatía, generalmente hereditaria. Con esto su 
penetración halla rico minero de afectos é instintos humanos, que sa- 
gazmente descubre en las almas y saca á luz, no sin sus puntas y co- 
llares de honda filosofía de la vida, con que avalora sus novelas. La 
Niña de Luzynela fué el primer tipo de este género, que esbozó; pero- 
Regina en Agua de nieve pasa de esbozada y llega á personaje de 
gran relieve, tallado con fina maestría. La tercera y última parte de 
esta novela es fruto de gran madurez filosófica y de no menor senci- 
llez de recursos novelescos y de expresión. El defecto de entrambas 
novelas está en ser parto de la imaginación cuanto á la trama, si ya. 
no cuanto á los personajes, que están tomados del natural. De aquí 
ciertos recursos de sueños, de ilusiones, y otros fantásticamente no- 
velescos y por consiguiente alguna falta de realismo, de cosa vivida. 



I08 ÉPOCA REGIONAL Y ^MODERNISTA (1888-I9O7) 

'Ó vista en estas dos novelas; mientras que en La Esfinge Maragata la 
jealicíad del terruño, de los tipos, de su habla, libraron á la autora 
de caer en semejantes defectos. La musa de la novela provinciana y 
local, ataviada de su basquina colorada, su dengue airoso, su pañuelo 
floreado sobre la rica mata de pelo, ha intimado y acompaña a Cen- 
cha Espina. Ella ha recogido la herencia de la Fernán Caballero, ro- 
busteciendo su manera; la herencia de Pereda, suavizando sus tonali- 
dades. Más varonil que aquélla, más mujeril que éste, tiene un tér- 
mino medio, pinta con vigoroso trazo, sin dureza de líneas; siente con 
alma de hembra delicada. La Esfinge Maragata le ha descubierto toda 
su alma y ella nos la ha dado á conocer, como Pereda el alma monta- 
-ñesa y la Fernán Caballero el alma andaluza. La Rosa de los vientos 
es novela de fina psicología, que saca del fondo de las almas nobilísi- 
mos sentimientos con delicadeza verdaderamente femenina, y que en- 
cierran en el fondo terribles tragedias, silenciosas las más, de esas 
que pasan en las almas sin llegar al público. Concha Espina : Mis Flo- 
res, versos, Valladolid, 1903. Tronos de vida, cuentos, Madrid, 1906. 
La Ronda de los Galanes, nov. corta, ibid., 1909 (en El Cuento Sema- 
nal). La Niña de Luzmela, nov., ibid., 1909. Despertar para morir, no- 
vela, ibid., 1910. ^gua de nieve, nov., ibid., 1911. La Esfinge Maraga- 
ta, id., ibid., 1913 (premiada por la Acad. Esp.). La Rosa de los vien- 
ios, id., ibid., 1915. Cuentos de Patria (con otros), ibid., 1915. El Amor 
de lus estrellas, ibid., 1916. Ruecas de marfil, ibid., 1917. El Jayón, 
drama, 191 8. 

Ant. Hoyos, en La Esfera, 5 febr. 1916: "Mi sordera tiene in- 
ñuencia, naturalmente, en mi arte... ¿Qué es lo que más te inquieta é 
interesa de la vida?... El pecacío y la noche... Y tú habrás visto que es 
el leimotif de casi todos mis libros. ¡ Vagar por las calles extraviadas 
á las altas horas de la madrugada, curiosear todos los rincones, aso- 
marse a los antros!... Novelas vividas casi todas... Hay tres cosas que 
en literatura me han apasionado infinitamente: el misterio, la lujuria y 
el misticismo... En mis libros el amor es una cosa horrenda y esca- 
lofriante." ídem, pról. al Oscuro dominio: "He aquí un libro amargo 
como la hiél, ácido como el zumo del limón. Es un libro abominable 
y triste. No es inmoral, porque el dolor no es inmoral nunca. Inmo- 
rales pueden ser las lecturas livianas que loan el amor y la voluptuosi- 
dad; pero jamás los horrendos calvarios de la pasión y el vicio. Este 
libro es casi una obra de penitencia y de espiritual maceración ; es como 
esas santas de la vieja leyenda, todas perfumadas de amor, que para 
convertir á los pecadores salaces rasgaban sus vestiduras y mostraban 
-el pecho roíd^o de lepra. Es el libro del vicio, del pecado y del dolor." 
J. Benavente, Pról. á El Martirio de S. Seb.; "Es un fuerte escritor... 
•atormentado como los místicos, como los santos penitentes. Como 
ellos, él sabe cuánta es la pesadumbre del pecado sobre la luz espiri- 
tual, que en el más bajo y despreciable barro humano palpita tem- 
blorosa, con ansias de rasgar espesores y sombras. Como ellos, él sabe 
<ñe nuestro divino origen espiritual y de nuestra miserable condición 



S. XX_, 1903. ANTONIO DE HOYOS Y VINENT IO9 

humana. Como ellos, él sabe de celestiales asmiciones, en que la más ■ 
baja criatura llega á confundirse con Dios, y de caídas abismadoras, ea 
que los ángeles de luz se hundlen en las negruras del infierno. El sabe, 
de todos los desfallecimientos y de todas las sublimidades, de todos los. 
egoísmos y de todos los sacrificios... Antonio de Hoyos, á pesar d'e sa 
público, tal vez — yo no lo creo — ■, á pesar suyo, es un escritor místico, 
de un misterioso é intenso misticismo." Cansinos Assens, Las Escuela 
liter., 19 16, pág. 141 • "Es ya el Madrid del Palace y del Ritz, elegante 
con nueva elegancia, que ya presiente el próximo arribo del nuevo cor- 
tejo de la perversidad, en el que llegan esas mujeres estilizadas por 
las finas plumas de los Marín, de los Zamora y los Penagos, Esta per- 
versicíad nueva Antonio de Hoyos y Vinent la descubre y la canta en sus- 
novelas de ambiente madrileño. Es ya la perversidad nueva y cosmo- 
polita introducida en el cuadro tradicional de las ligeras sensaciones - 
eróticas... Las heroínas de Hoyos y Vinent, las rubias y aristocráticas 
damitas que se apasionan de los toreros morenos y ofician con vinos 
andaluces en las orgías flamencas... ; se muestra fiel á sus principios de 
autor de la novela <íe escándalo aristocrático á lo padre Coloma. Sólo 
por la intención más acre de gozar sensaciones nuevas ; sólo por la vo- 
luntad consciente de degradarse y sucumbir; sólo por esta voluntad 
masoquista de hundirse en los densos lodos de las últimas capas socia- 
les y esta curiosidad resulta de los enlaces íntimos y afrentosos; por 
este elemento psíquico que se ha dado en llamar perversidad* y que ca- 
racteriza fijamente á una variedad de la novela erótica, con un matiz 
nuevo y más vivo de la antigua y sencilla voluptuosidad; sólo por este 
nuevo elemento emotivo, tomado de las últimas obras del género — de 
Lorraine y Willy Rachilde — que las impulsa á descender á los ba- 
rrios bajos de la ciudad y á franquear todos los tugurios del amor, 
diferéncianse estas heroínas de Hoyos de sus antecesoras las incons- 
cientes y alocad!as duquesitas de otro tiempo... En estas páginas 
perversas muéstrasenos la faz más cínica y dura de la ciudad, olvidada- 
de su ligereza y frivola sonrisa antigua...; muéstrasenos la riiáscara 
tenebrosa de una gran ciudad! moderna, con barrios para el vicio y 
para la miseria, llenos de sombras dolorosas y de larvas siniestras que 
en la noche forman otra ciudad distinta, quimérica y fantasmagórica... 
Nos revela el vicio ínfimo de la ciudad, el vicio vergonzoso y obsceno, 
que une á los seres más extraños en afrentosos racimos copulativos." ' 
Pág. 182: "En el autor de El Crimen de un fauno aparece el elemento 
anormal de lo morboso y lo raro; el hechizo demoníaco de los instin- 
tos, la fatalidad mágica d'e los emblemas sensuales idolátricos, apa- 
rece la idea fija perturbadora que tuerce el haz de los deseos y lo des- 
vía de su término claro para hundirlo en las zonas tenebrosas de la 
aberración. Pasan por sus libros la sombra del señor de Focas y todos 
los fantasmas taciturnos de Lorrain... A. de H. trae á la literatura 
erótica la manía pasional, el fetichismo voluptuoso, las adoraciones 
parciales de la carne estéril. El antiguo hechizo tenebroso de las viola- 
ciones bajo las frondas negras de las florestas : el dem&nismo de las mu-- 



no ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

sas negras, sobre carnales aras profanadas; la atracción fatal de los 
abismos sensuales más hondos é hirvicntes de los negros templos eróti- 
cos, en los cuales se practican en secreto ritos infamantes, cuya nefanda 
alegría, saboreada bajo velos de misterio, nubla de llanto los ojos de los 
oficiantes; tocia esta parte negra de la liturgia sexual tiene su expre- 
sión literaria en las novelas de este singular escritor, tan inquietantes, 
en las que se agitan con gesto djlroso, pidiendo su parte en el placer 
de los hombres y las mujeres las pobres larvas humanas, los ex hom- 
-bres y las protomujeres. Un ambiente de pesadilla eimegrece las pá- 
ginas eróticas ác estos libros tristes y tenebrosos que se llaman EL 
Crimen del fauno. El Martirio de San Sebastián." Ramón Maria Ten- 
reiro, en La Lectura, enero, 1914: "Su creciente señorío sobre los 
medios expresivos de la lengua castellana y el progresivo ensancha- 
miento del orbe de sus representaciones. Esto no obstante, tampoco el 
más entusiasta admirador de Hoyos podrá pretender, con justicia, que 
la prosa de este autor sea puesta al lado de la de los contadisimos cro- 
nistas que pueden decirse hoy maestros cfel idioma, ni dejará de encon- 
trar cierta uniforme deformación caricaturesca, de segunda mano, en 
cuantas figuras y situaciones el narrador inventa... Pero escriba como 
quiera..., vengan de donde vinieren sus inspiraciones (de la vida ó de 
^Monsienr de Phocas), peque de más ó menos unilateral, rígida y te- 
nebrosa, la visión de esta pobrecita humanidad, que baila el tango ar- 
gentino con enojo d'e los grandes amos del cotarro celestial y terreno, 
del Kaiser ó San Pedro, el caso es que, si los relatos largos de Hoyos 
suelen pecar por la cuasi identidad de personajes y escenas y por el 
invariable tono catastrófico en que el cuento va contado, capaz de eri- 
zarle de terror la melena á uno de los leones de la Cibeles, entre sus 
historias breves no faltan extrañas, intensas y emocionantes narra- 
ciones. Por la estrechez del escenario, no hay lugar en ellas para que 
asome la habitual monotonía del novelista, y los trompetazos del Jui- 
cio final que el autor adora, en una corta historia, en vez de aturdir 
y marear, d'an fuerza trágica á lo velado... No cada español es capaz 
de gozar en las ediciones del Mercure de las ultraselectas y decaden- 
tes sensaciones europeas, que Hoyos ofrece adaptadas á nuestra tos- 
quedad nacional en sus opiados electuarios." Ant. de Hoyos: Cnieslióri 
■de ambiente, nov., 1903. Mors in vita, nov., 1904. Frivolidad, nov., 1905. 
'A flor de piel, nov., 1906. Los Emigrantes, nov., 1908. Del Huerto del 
pecado, cuentos, 1909. La Vejes de Heliogábalo, nov., 1912. El Pecado 
y la noche, cuentos, 1913. El Horror de morir, nov., 1914. Oro. seda, 
sangre y sol, novelas, 1914. El Momento crítico, nov., 1915. El Mons- 
truo, nov., 1915. La Casa de modas, nov., 1916. El Oscuro dominio, 
1916. Las Hetairas sabias, nov., 1916. Los Cascabeles de madama Lo- 
cura, cuentos, 1917. Novelas aristocráticas, novelas, 1917. Meditacio- 
■nes, 1918. El Pasado, 1918. El Árbol genealógico, 1918. El Secreto de' 
la ruleta, 1919. La, Zarpa de la esfinge, 1919. Del huerto del pecado, 
cuentos, 1919. El Crimen del fauno, 1919. La Trayectoria de las re- 
'.voluciones, 1919. El Pasado, nov,, 1919. La "Colección Llamarada": 



S. XX, 1903. JOSÉ FRANCÉS I I I 

I, El Caso clínico, prólogo del doctor Gimeno, 1917; II, La Procesión 
del Santo Entierro, prólogo del Caballero Andas, 1917. III, Los Toreros 
íde invierno, prólogo de Vicente Blasco Ibáñez, 1917. IV, La Dolor osa pa- 
sión, prólogo de Manuel Linares Rivas, 1917. V, El Martirio de San 
Sebastián, prólogo de Jacinto Benavente, 1918. VI, La Atroz aventura, 
prólogo de la Condesa de Pardo Bazán, 1918. VII, El Hombre que vendió 
su cuerpo al Diablo, prólogo de Unamuno, 1918, VIII, El Retorno, prólo- 
go de Julio Cejador. Colabora en las principales revistas de España y 
América. Ha dirigido Gran Mundo y Sport y es en la actualidad crítico 
de Arte y Literatura en El Día. Obras teatrales : Frivolidad, comedia en 
tres actos. Una cosa es el amor..., en dos actos y colaboración con Mel- 
chor Almagro. Un alto en la vida encanta, comedia en tres actos, en 
colaboración con Ramón Pérez de Ayala. El Fantasma, drama gran 
Guiñol en nn acto (1912). Novelas cortas publicó muchas en El Cuento 
Semanal, Los Contemporáneos, La Novela Corta, La Novela de Bol- 
sillo. Las principales : Bohemia triste. Mandragora, La Torería, Las 
Cortes de la muerte. Los Héroes de la Puerta del Sol, Bestezuela de 
■amor. Una aventura de la Condesa, La Zarpa de la esfinge, La Recon- 
quista, Mi alma era cautiva. La Estocada de la tarde, San Sebastián, 
Citerca, El Capricho de Estrella, Las Memorias de un neurasténico. 
La Hora de la caída, La Primera de abono. El Retorno, La Paz del 
■alma. Los ladrones y el amor. La Marquesa y el bandolero. 

Andrés González Blanco, Hist. nov., pág. 869: "José Francés, el 
joven más hecho, más descollante entre los de la nueva generación, el 
que ha sabido encontrar su estilo : un estilo inquietante y extraño, mez- 
cla atrevida de las impetuosidades naturalistas y de las alucinaciones 
■decadentes; un estilo que combina en sabia fusión la vehemencia de 
tm Zola ó un Blasco Ibáñez con las dulzuras de un Regnier, novelista, 
ó de un Martínez Sierra; un estilo que da la sensación precisa de la 
vida, de la vida de los seres innominados, de la vida oscura y áspera á 
ras de tierra, de la vida gris que llevan la mayoría de los tristes hu- 
manos, i de la vida que es tan cotidiana, como pensaba el inmortal La~ 
forgue!..." José Francés: Dos cegueras, nov., Madrid, 1903. Abrazo 
mortal, id., Barcelona, 1903. El Alma viajera, nov. corta, 1907 (Cuento 
Seman.). Miedo, cuentos, Valencia, 1908. Mientras las horas duermen, 
nov. corta, 1908 {Cuento Seman.). El Alma cansada, nov. corta, 1908 
(Los Contempor.). El Redactor, id., 1909 (Cuento Scm.). El Teatro 
.asturiano, conf., Madrid., 1909. Bilitis, las canciones eróticas pucstai 
en prosa castellana. Valencia, 1909. La Venganza del río, nov. corta. 
1910 (Cuento Sem.). La Guarida, nov., Mad^rid, 191 1. Sulamita, nov. cor- 
ta, 191 1 (Cuento Galante). En busca del amor, ion (ibid.). El Hombre 
que veía Iq, muerte, 191 1 (Cuento Seman.). El Crimen del Kursaal, 191 1 
{ibid.). Páginas de amor, cuentos, Madrid, 1912. La Ruta del sol, ídem, 
1912. El Delito de soñar, nov. corta. 1912 (Cuento Ilustrado). El Hijo 
de sí mismo, íd,, 1912 (Los Contempor.). El Sabor de la sangre, ídem, 
1912 (El Libro Popular). La Débil fortaleza, nov., Madrid, 1913. La 
Tragedia errante, nov. corta, 1913 (El Cuento Levantino). Su Majestad, 



112 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

ídem, 1913 {El Libro Fop.). La Danza del corazón, nov., Valencia, 1914, 
El Círculo vicioso, nov. corta, 19 14 (La Novela de Bolsillo). La Es- 
tatua de carne, nov., Madrid, 1915. El Hijo de sí mismo, id., Barcelona, 
1915. La Mujer de nadie, id., Madrid, 1915. La Telefonista, nov. corta, 
J915 {Los Contempor.). La Caricatura esp. contemp., conf., 191 5. El 
Misterio del Kursaal, nov., Madrid, 1916. La Mmerte danza, ibid., 1916. 
El Alma viajera, nov., 1917. La Peregrina enamorada 1917. Mientras 
el mundo rueda, glosario sentimental, id., 1917. El Libro del mes, el 
espejo del diablo, 1917. Como los pájaros de bronce, nov., 1918. La 
Danza del corazón, 1918. Edgar Fve, Historia extraord., un tomo trad., 
1918. El Splecn de París, trad., 1919. Para el teatro: Giiignol, teatra 
para leer, 1909. Más allá del honor, dr. La Bondad en el engaño, co- 
med*ia, 1909, Cuando las hojas caen, com., 1909. La Moral del mar, co- 
media, 1909. La Doble vida, dr., 1910. Libro de estampas, 1910. El 
Corazón despierta, com., 1911. Lista de Correos, sain., 1914. Teatro 
de amor, obras escogidas, Valencia, 1913. El Año artístico, 1915-19, 
5 vols. Prepara Historia de la caricatura española desde sus orígenes. 
Consúltese Andr. González Blanco, Los Contemporáneos, 2." serie. 
París. 

Andrés González Blanco, Hist. nov., pág. 831: "Las propiedades 
intelectuales que nos dan la génesis del perfecto novelista...: a), visión 
poética del mundo exterior (común con el poeta lírico); b), habilidad, 
para encontrar la acbecuada proporción de figuras y escenario (co- 
mún con el poeta épico) ; c), el manejo del diálogo (común con el drama- 
turgo), y d), de los recursos patéticos (ídem). El señor Ciges Apa- 
ricio... las que son comunes al dramaturgo y al novelista no las posee 
este laborioso estilista... Es un buen impresionista..., es un gran es- 
critor fragmentario, para impresiones, como las de su hermoso libro 
Del cautiverio, admirablemente escrito y trabajado..., consigue con- 
mover con lo patético de los relatos; pero como aquí nunca necesita 
apelar á la mecánica teatral, se salva del reproche de mal armador^ 
que podría hacérsele en esta otra obra: El Vicario. El estilo del señor 
Ciges, mezcla de valleinclanismo modernísimo, tan influyente en Es- 
paña, y de la severidad de los periódicos usados en el año 50, no podría 
definirse con exactitud... Con frases rápidas, punzantes, se obtiene una 
intensa sensación de encogimiento, de terror presidiario... La origi- 
nalidíad más prestigiosa de Ciges... es, pues, la de un novelista de gé- 
nero; !a de haber sabido dar hechas dos novelas de una clase determi- 
nada: la novela de la prisión militar y la novela del clérigo. Otra ori- 
ginalidad... es la introducción de lo malsano y de lo macabro en el 
arte, cosas aquí poco cultivadas. El señor Ciges exacerba á veces sus 
sensaciones hasta llegar á la hiperestesia, meta suspirada de todo sus- 
pirante artista. Llega un momento en que no se pueden leer sin ti- 
rantez de nervios algunas páginas de este elegante prosadlor. Las cons- 
trucciones se entrelazan; los adjetivos ayudan á la fuerza del período;, 
las cláusulas concurren con tal vigor al relieve de la idea; en fin, todos 
los efectos están tan maravillosamente combinados, que no pueden se- 




JOSÉ FRANCÉS 



S. XX_, 1903. RODOLFO SCHÉVILL Ii3 

pararse, y al final el lector experimenta una fugitiva sensación de tris- 
teza ó de amargura, ó hasta de revulsión... Es un impresionista; un 
cultivador de la novela episódica y fragmentaria, proAxcto reciente 
del arte literario, pero no un novelista que cree personajes y maneje 
las situaciones." M. Ciges Aparicio: El Libro de la vida trágica. Del 
Cmitiverio, Madrid, 1903, 1906. El Vicario, ibid, 1905. El Libro de la 
crueldad, Del Cuartel y de la guerra, ibid., 1906. El Libro de la vida 
doliente. Del Hospital, ibid., 1906, El Libro de la decadencia, Del Pe- 
riodismo y de la política, ibid., 1907. Las Luchas de nuestros días. Los 
Vencedores, ibid., 1908. Los Vencidos, nov., ibid., 1910. La Romería, 
nov., Valencia, 1912. Entre dos compañías, Madrid, 1912. Los Dioses y 
los héroes (con F. Peyró Garrió), Madrid?, 1912. Villavieja, id., 1914. 
Consúltese Andr. González Blanco, Los Contemporáneos, i." serie, 
París. 

180. Año 1903. — Julián Juderías y Loyot (1877-1918), madri- 
leño, redactor jefe de La Lectura, colaborador dfe Nuestro Tiempo, La 
Esp, Moderna, etc.; diplomático, discípulo de Menéndez y Pelayo, eru- 
dito sociólogo é historiador, publicó El Obrero y la ley obrera en Ru- 
sia, Madrid, 1903. Rusia contemporánea, ihid., 1904. La Miseria y l<í 
criminalidad en las grandes ciudades de Europa, ibid., 1906. Un pro- 
ceso político en tiempos de Felipe IIL Don Rodrigo Calderón, su vida, 
su proceso y su muerte, ibid., 1906. La Protección a la infancia en el 
extranjero, ibid., 1908. El Problema de ¡a mendicidad en los grandes 
centros de población, ibid., 1909. Los Hombres inferiores, ibid., 1909. 
Don Pedro Franqueza, conde de Villalonga, ibid., 1909. La Higiene, 
ibid, 1910. La Infancia abandonada, ibid., 191 1. La Juventud delin- 
cuente, ibid., 191 1. España en tic/upo de Carlos H, ibid., 1912. Páginas 
eslavas, cuentos, ibid., 1912. Don Gaspar Melchor de Jovellanos, su 
vida, su tiempo, sus obras, sa influencia social, ibid., 1912. La Le- 
yenda negra y la verdad histórica, ibid., 1914, 1918. Gibraltar, ibid., 
1915. La Reconstrucción de la Hist. de España desde el punto de vista 
nacional, 1918 (disc. Acad. Hist.). Gonsúltese J. Bécker, Don Jitl. Ju- 
derías, 1918. (en Bol. Acad. Hist.). 

Rodolfo Schévilí,, catedrático de la Universidad de Galifornia, 
humanista, hispanófilo y de los más insignes cervantistas, publicó El 
Niño de la bola, de P. Alarcón, ed., N. York, 1903. The Comedias of 
Diego Ximencz de Enciso, 1903 (en Piiblications of Modern Layigua- 
jes Assoc. of Am.). An Impression of the Condition of Spanish-Anie. 
rican Libraries, 1905 (en Mod. Lang. Notes). On the Bibliography of 
the Spanish Comedia, 1907 (en Román. Forschungen). Studies in Cer- 
vantes Pcrsiles y Sigismundo, 1908 (en Pnblications of Yah Uníver- 
sity). A Note on El Curioso impertinente, 1910 (en R<ev. Hisp.'^. El 
B^en aviso y portacuentos de J. Timoneda, 191 1 (ibid.). Ovid and the 
Renascence in Spain, Berkeley, 1913. Three Centuries of don Qui- 
xote, 1913 (en University of California Chronicle). The Dramatic art 
of Lope de Vega together with La Dame boba, Berkeley, 1918. M. Fe- 

TO.MO XII. — 8 



114 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

layo y el estudio de la cultura esp. en los Estados Unidos^ disc, 19 19. 
Cervantes, N, York, 1919. Con Bonilla está publicando la admirable 
edición d?e las obras de Cervantes, desde 1914. 

Alejandro Andrade Coello, de Quilo (Ecuador), fundador de La 
Rev. Nao. (Quito, 1913), escritor de obras didácticas gramaticales, ati- 
nado critico, correcto f/rosista, poeta delicado, publicó Rodó, Motivos 
de Proteo, Quito, 1903, 1913, 1917 (4." ecR). Maldonado, Mejía, Mon- 
talvo, Quito, 19 II. La Tentación, versos en agraz, ibid., 1912. Vargas 
Vila, 1912, 1918. Vulgata Higiénica, 1913 (2." ed.), 1915. Las Brumas 
de Antonio C. Toledo, cstud. crit., 1913. El Viacrucis del orador, 1913. 
Nociones de Literatura general, Quito, 1914 (2." ed., refund.). El 
Ecuador intelectual. Muerte de Mcntalvo. Nociones de oratoria. Al- 
gunas ideas acerca de educación, 191 5 (2," ed.). Bellezas de los siete 
tratados. Federico González Suárez, 19 17. Tragedia floral, Quito, 
1918. Don Manuel J. Calle, Quito, 1918. Antonio Zozaya, ibid., 1918. 
El Doctor Man. Benigno Cueva, 1918. Al margen de '^El Camino de 
Paros^', 1919. índice intelectual (sobre la presente literatura ecuatoria- 
na), B. Aires, 1919 (en Rev. del Ateneo y en El Magisterio Ecuato- 
riano). 

José Antonio Román (n. 1873-), de Iquique (Chile), abogado, que 
viajó mucho y es narrador de paleta colorista é imaginación viva, algo 
inclinado á lo ideal y soñador, sin dejar por eso de ser realista. Publi- 
có Hojas de mi álbum, cuentos, Madrid, 1903. Almas inquietas, 1915. 
Sensaciones de Oriente, 1917. Fracaso, nov. peruana, Barcelona, 1919. 
Horacio Olivos y Carrasco^ uno de loá primeros poetas que lle- 
garon al modernismo en Chile, de versos puros, sentidos y ardorosos, 
de numen imaginativo y soñador, aficionado, como Rubén Darío, á 
voces extrañas y aun estrafalarias, y más que nada á la mitología grie- 
ga, anda entre ninfas y sátiros, tras Venus y Diana, como si en el mun- 
do de hoy no hubiera luchas, problemas y cosas más graves que aque- 
llos vejestorios tan lindos. Publicó Neuróticas, Valparaíso, 1903. Fale- 
ñas. Cromos helenos, Afrodisias, Inflorescencias, De la tierra, Ritos, 
ed. póst., Valparaíso, 1917. 

Antonio Sánchez Ruiz, por seudónimo Hamlet-Gómcz, granadino, 
original pensador y valiente en expresar cuanto piensa, caluroso dia- 
logador, varón corrido, que ha viajado por Europa y América, cola- 
borador de El País (1903), publicó hacia 1908 la novela Misterios del 
anarquismo en Caras y Caretas; además, Inri y El Pantano, juntas en un 
tomo (1908). Cosas de Hamlet-Gómez, novela primera, Madrid, 1903. Del 
alma de Andalucía, novela y cuentos, ibid., 1909. Verdes, negros, azules, 
rojos, cuentos, ibid., 1910. Por un corazón, monól., 1916, 

Arturo R. Carricarte y de Armas (n. 1880-), de la Habana, edu- 
cado por Esteban Borrero Echevarría, bachiller (1894), estudió tres 
años Medicina y ganó el grado de maestro (1900) ; pero partióse á Mé- 
jico (1912), estuvo como diplomático (1909) en Montevideo; y en la 
secretaría de Gobernación (1911-13) y en el despacho dú Senado 
desde 1916. Fundó á los diez y seis de su edad la Rev. Habanera, des- 



I 



S. XX, 1903. EDUARDO ACEVEDO Il5 

pues Helios (1904) en Marianao, y Rev. Critica (1906) en Veracruz; 
fué redactor y colaboracíor de periódicos. Fundó (1906) la Asociación 
Luterana Internacional Americana, que presidió. Es novelista vigoroso 
y vivo. Publicó Siluetas pedagógicas, Habana, 1903. Noche trágica, 
nov., ibid., 1903. La Novela en Cuba, 1907 (en América). El Naciona^ 
lismo en América, Montevideo, 1909. La Novela en Cuba, bibliografía, 
1912 (en La Prensa), Un centenario. Habana, 1914. Historia de un 
vencido, nov., ibid., 1914. Nuestro año intelectual, ipi^ (en Heraldo 
de Cuba, 1° ener. 1915). Balance literario de Cuba en ipi¿ (ibid., 1916). 

Eugenio Carré Aldao (n. 1859-), de La Coruña, redactor de la 
Rev. Gallega, secretario de la Academia Gallega, publicó Efemérides 
comerciales coruñesas, 1888. Apuntes para la historia de la im- 
prenta y el periodismo en La Coruña, Coruña, 1901. La Literatura 
gallega en el siglo xix, Coruña, 1903. Páginas del periodismo ga- 
llego {1820-182^), Coruña, 1907. Idioma y Literatura de Galicia, Coru- 
ña, 1908. Alzamientos de La Coruña {un siglo de historia local, 1808- 
1908), Coruña, 1908. La Literatura gallega, Barcelona, 191 1. Influen- 
cias de la literatura gallega en la castellana (estudios críticos y biblio- 
gráficos), Madrid, 1915. Guerra de l-a Independencia: El Alzamiento 
contra los franceses en Galicia (1808-1809), Coruña, 1915. 

José Ingenieros (n. 1877-), de Buenos Aires, publicó desde 1896 al- 
gunos estudios de sociología y antropología criminal ; se graduó en Me- 
(íicina (1900), de la que escribió obras desde 1897 ^ 1908; después pu- 
blicó obras filosóficas (1908-18) ; es profesor de la Universidad* de Bue- 
nos Aires, director, desde 1915, de la Rev. de Filosofía, editor de Cultu- 
ra Argentina; filósofo y literato, que con su gran talento ha sabido 
apropiarse la sustancia dte los antropólogos italianos y posee vasta cul- 
tura filosófica. La Psicología en el arte-, 1903. Al margen de la ciencia, 
1906, El Hombre mediocre, Madrid, 1913. Principios de Psicología 
biológica, ibid., 1913. Sociología argentina, ibid., 1913. La Envidia, 1914. 
La Filosofía científica en la organización de las Universidades, Wash- 
ington, 191 5. La Cultura filosófica en la España medioeval, conf., 1916 
(en Rev. FU.). La Cultura filosófica en la España teocrática, id. (ibid.). 
La Renovación de la cultura filosófica española, id. (ibid.). La Cultura 
filosófica en España, 1916. Ciencia y Filosofía (seis ensayos), Madrid, 
1918. Proposiciones relativas al porvenir de la Filosofía, B. Aires, 1918. 
La Evolución de las ideas argentinas, t. I, La Revolución, 1918. Ideales 
viejos é ideales nuevos, 1918, Simulación de la locura, 8." ed, 1918. La 
Moral de Ulises, 1919. Las Doctrinas de Ameghino, B. Aires, 1919. 

181, Año 1903. Manuel R. Abella estrenó La Deshonra del lu- 
gar, drama, 1903. — Mariano Abril publicó Sensaciones de un cronis- 
ta, literatura, viajes, semblanzas, cuentos. Puerto Rico, 1903. — Eduar- 
do Acevedo (n. 1858-), de Buenos Aires, abogado, rector de la Univer- 
sidad d!e Montevideo (1904-6), ministro de Industrias (1911-12), pu- 
blicó Economía Política y Finanzas, Montevideo, 1903. Historia eco-- 
nómica de la República Or. del Uruguay, 2 vols., ibid., 1903. La En- 



Il6 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

señanza universitaria en ipo¿, ibid, 1906. El Libro del pequeño ciuda- 
dano, igoy. Artigas, 1909. Manual de historia uruguaya, i<)iy. — La 
Condesa de Agramonte publicó La Cara ajada, novela, Madrid, 1903. — 
Adriano M. Aguinar publicó Varia, cuentos, Montevideo, 1903. — El 
Padre José Manuel Aicardo (1861-), de Jerez de la Frontera, jesuita, 
publicó Autos anteriores á Lope, 1903 (en Razón y Fe). En tomo á Lope, 
1904-07 (ibidem). De literatura contemporánea, Madirid, 1905. Pala- 
bras y acepciones castellanas omitidas en el Diccionario académico, 
ibid., 1906. El Corazón de Jesús y el Modernismo, sermones, ibid., 1909. 
El Poder de Dios y el poder de los hombres, discursos, ibid., 1914. 
Comentarios á las Constituciones de la Compañía de Jesús, t. I, 1919. — 
Octavio P, Alais, argentino, amigo de lo criollo, publicó Libro Criollo, 
1903. Vida del campo, 1904. — Germán Aliaga publicó Compendio de 
la Historia de Bolivia, La Paz, 1903. — María Alicia publicó Sin Pró- 
logo, versos y prosa. Habana, 1903. — Alma Española, semanario, Ma- 
drid, 1903. — Melchor Almagro publicó Sombras de la vida, Madrid, 
1903, pról. de Valle-Inclán, — Fernando Almansa y Láinez publicó 
La Patraña del regimiento, zarzuela, Sevilla, 1903. — Alfredo C. Al- 
TAMiRANO, uruguayo, publicó Reseña histórica de Sud-Amcrica, t. I, 
Santiago, 1903. — Ángel Altolaguirre y Duvale publicó Cristóbal 
Colón y Piablo del Pozzo Toscanclli, Madrid, 1903. Relaciones geo- 
gráficas de la Gobernación de Venezuela {iy6y-68), ibid., 1909. Vasco 
Niiñez de Balboa, 1914. — Alejandro Alvarez Quirós (n. 1876-), de 
San José de Costa Rica, abogado, presidente del Ateneo, literato 
muy culto y buen critico, publicó Piedras preciosas, traducciones, 
1903. Lilas y resedas, cuentos franceses traducidos, San José, 1912. 
Bric-á-brac, artículos, ibid., 1914. Bocetos (artistas y hombres de le- 
tras), 1917. — Manuel Alvarez Naya estrenó Balcón corrido, juguete, 
1903. El Ultimo recurso, com. (con L. de Olive y Lafuente), 1906. — José 
Amstller y Viñas (f 1902), médico, compuso Alfonso de Aragón en 
Italia y la crisis religiosa del siglo xv, póst., Gerona, 1903. — Francisco 
Ariño estreno Los Viejos, juguete (con R. Sanjuán), Zaragoza, 1903. 
— Alfonso de Armiñán publicó Narraciones, Madrid, 1903. El Cuento 
de la esclava Rexana, cuento, 1916. — Enrique Arroyo y Lamarca^ me- 
diano autor, estrenó Viaje de novios, diálogo (1903). Fotografías de 
exposición, juguete (1904). ¡Hide ! (1904). Cartas de novios (1907). Flo- 
res de la huerta (con Vic. Castilla, 1908). La Babucha de Mahoma, 
café-concert (con Eug. Rodríguez Arias), 1911. Lo que debe saber la 
mujer, monól. (1912). La Mujer de goma (con Carlos Dotesio, 1914). — 
Francisco de Aynat publicó Pequeñas novelas, Almería, 1903, 2 vo- 
lúmenes. — Cecilio Báez publicó La Tiranía en el Paraguay, Asunción, 
1903. Resumen de la Historia del Paraguay desde la época de la con^ 
quista hasta el año 1880, ibid., 1910. Ensayo sobre el Doctor Francia y la 
dictadura en Sud-Amcrica, ibid., 1910. — Pedro Baños y Fernández (na- 
ció 1874-), de Villanueva de la Serena (Badajoz), archivero, estrenó 
Guillermo Tell, 1903. El Trono de Vesta, 1904. Películas madrileñas, 
1907. Cosas del querer, 1908. — Luis Barthe y Zelayeta publicó Unas 



S. XX, 1903, JOSÉ CIURANA MAIJO II7 

cuantas páginas^ Madrid, 1903. — José Betancourt y Cabrera, de Lan- 
zarote (Canarias), diputado (1912), por seud. Ángel Guerra, publicó 
Al sol, nov. canaria, Barcelona (1903). Literatos extranjeros. Valencia 
(1903). La Hermana fea, nov. Carnios, nov. (1905). Agua mansa (1906). 
Polvo del camino (1907). Mar afuera (1907). En Esp. Mod.: Cancione- 
ros de amor, 1906 (CCXI). Evolución de la moral en nuestro tea- 
tro (CCVI). — Andrés Blanco y García, director de El Criterio Mur- 
ciano, publicó El Tesoro de la reina, novela. Murcia (1903). — Fray 
Gilberto Blanco Alvarez (n. 1872-), de Valencia de Don Juan, ag^Js- 
tino, publicó Flores de mayo, Madrid, 1903. El Cinturón de Morid', 
191 1. — ^DoMiNGO Blasco estrenó La Enfermedad de Anita, juguete^ 
1903. — Boletín de la Biblioteca Nacional de Santiago de Chile, ibid., 
1903-05. — Marcelino Bravo y González, extremeño, estrenó Prome- 
sa cumplida, episod. dram., Badajoz, 1903-04. El Espejo de la juven- 
tud, com., 1904. Ley y Nieves, nov., ibid., 1904 (con Fernando Ramos). 
Sacrificio estéril, nov. dram., Madrid, 1914. Nolo y Nardo, 1916. — Ni- 
canor F. Brochado estrenó Por fin me caso, juguete, San Sebastián, 
1903. — Manuel Caba estrenó El Arte lírico ó géneros de uso, Barce- 
lona, 1903. A. S., dispar, (con José Alba), 1915. El Bastón de alcalde 
(con id., 1916). La Trápala (con id.), 1918. — José C. Calón estrenó 
Llorar riendo, monólogo, Salamanca, 1903. — Félix Callejas, de Bo- 
gotá, premiado en 1904, publicó Vibraciones, versos, Habana, 1903. 
Vox patriae, 1908. Arreglando el mundo, 1914, artículos festivos. Ama 
de casa, com. — Pedro Erasmo Callorda (n. 1879-), de San José (Uru- 
guay), abogado, diputado (1910-13), diplomático, poeta campoamoriano 
en el poema Marta (1903). Ha cultivadlo el género erótico bastante 
sensual. Cantares de aldea. El Testamento del Quijote, Méjico, 1918. 
El Marqués de Campo publicó Cantares, 1903. Alma glauca, 1904. 
Estampas , Orientales, Helénica, etc., 1907. — Caras y caretas, sem- 
blanzas en verso, por Tres Ingenios de esta corte, Madrid. 1903 ; 2.^ 
serie, 1904; 2)-'' serie, 1904. — Miguel Carrión (n. 1875-), habanero, ha 
publicado El Milagro, Habana, 1903, novela psicológica de la vida 
religiosa, de las mejores escritas en Cuba. La Ultima voluntad, 1903, 
cuentos. El Principio de autoridad, nov.. Las Honradas, nov., 1917, 
1919. — Santiago M. del C. Casanova y Patrón (f 1914), gaditano, re- 
dactor del Diario de Cádiz, colaborador de Revista Teatral (1898) y Dia- 
rio de la Marina (1903), premiadlo por un estudio sobre el pintor Anto- 
nio del Castillo (1903), publicó Anales gaditanos... desde los tiempos más 
remotos á 1905, Cádiz, 1905. El Oratorio de San Felipe Ncri, Pala- 
cio de las Cortes, 1812, ibid., 1911. — Manuel Castellanos Abreu 
(f 1914). director de un periódico en Guantánamo (Cuba), publicó Brisas 
del Guaso, poesías, Guantánamo, 1903. — Aureliano del Castillo 
(n. 1873-), de Granadla, catedrático del Seminario de Guadix, luego 
pasó a Madrid!, y en 1905 fué nombrado archivero de la Biblioteca Uni- 
versitaria de Granada. Es poeta, novelista, crítico y ha ganado premios 
en certámenes (1907-1911), publicó Mari-Gracia, novela, Macírid, 1903. 
— José Ciurana Maijó, colaborador del Semanario Católico, de Reus 



Il8 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

(1903), publicó Una penitencia, novela, Reus, 1903; Madrid, 1908. El 
Debut de un juez..., novelas, 1908. Las Románticas, nov., 1911. Gratitud, 
nov., 1912. — José Contreras publicó A orillas del Genil, bosquejos. Mur- 
cia, 1903. — María del Pilar Contreras de Rodríguez, sevillana, delica- 
da poetisa, directora de El Amigo del Hogar (1890), publicó Páginas 
sueltas, poesías, Madridí, 1903. Entre mis muros, id., ibid., 1907. Roman- 
ce, 1909. Obra poética, mis distracciones, 1910. El Ensayo general, saí- 
nete, 191 1. Teatro para niños, t. I, 191 1; t. II, 1912; t. III, 1915; t IV, 
1917 (con Carolina de Soto y Corro). La Caja dotal, com., 1912, A través 
de mis lentes, versos y prosa, 1912. Niños y flores, zarz., 19 14. Los Pi- 
caros intereses, sain., 19 14. Muñecos y muñecas, zarz,, 1917. Domés- 
ticas... y sin domesticar, sain., 1917, ¡Qué cosas tienes, Benita!, 1917. 
Los Caprichos de doña Casimira, com., 1917. — ^V. Cortés y Cortés 
publicó Jaras, novela, Badajoz, 1903. — Juan Cruz Busto publicó Glo- 
rias riojanas ó Compendio geográficohistórico de la Rioja, Logroño, 
1903, 1906. — Bonifacio Chamorro de Luis, colaborador de El Diario 
de Avila (1903), publicó Aleteos, poesías, Talayera, 1903. Nubecillas, 
colección de plumadas, cantares y madrigales, Avila, 1904. — Virgilio 
DÁviLA (n. 18Ó9-), poeta portorriqueño, ha publicado Patria, poesías 
(1903). Aroma del terruño, poesías (1916). — Diccionario de Arquitec- 
tura, Madrid, 1903. — José Domínguez Manresa estrenó Morirse á 
tiempo, juguete, 1903. Los Mendigos, 1903.— Alfonso Duran (naci- 
do 1883-), sacerdote y poeta argentino, ha publicado Hojas del cora- 
zón y páginas del alma, 2.* ed., Buenos Aires, 1913. — Alberto Edwards 
publicó Bosquejo histór. de los partidos políticos chilenos, Santiago, 
1903. — Fray Samuel Eijan^ O. J. M., publicó Poesías religiosas, Bar- 
celona, 1903. La Cuestión de los Santos Lugares^ escenas palestinianas, 
ibid., 1905. Narraciones y leyendas de Oriente. Segunda serie. Flores 
y espinas, ibid., 1909. Pensamientos de San Francisco de Asís, Madrid, 
1910. España en Tierra Santa, 1910, 191 5. España y el Santuario del 
Cenácido, Madrid, 1914. — Joaquín Espín Rael, de Lorca, publicó Es- 
tudio históricodescriptivo de los edificios de Lorca, ibid., 1903. — Aure- 
lio M. Espinosa, nacido d*e padres españoles en los Estados Unidos, 
publicó El Gran galeoto, áe Echegaray, ed. crít., Boston, 1903. El Po- 
der de la impotencia, áe id., ibid., 1906. Los Conianches a spanish hc- 
roic play of 1780, 1907 (en Bull. of the University of New México). 
Studies in New Mexican Spanish, 1910-14 (en Rev. de Dialectologie 
Romane, tres partes). New Mexican Spanish Folklore, 1910-15 (en 
Journal of American Folklore). Consuelo, de Ayala, N. York, 191 1. 
The Spanish Language in New México..., 191 1 (en Bndl. of N. México 
Historical Society). Cuentitos populares nuevoniejicanos, 1912 (en 
'Rev. Dialectol. Romane). Nombres de bautismo nuevoniejicanos, 1913 
(ibid.). Comparative Notes on Mexican and New Mexicam Spanish 
Folktales, 1914 (en Jornal of Amer. Folklore). Elementary Span. Gram- 
mar (con C. G. Alien), N. York, 1915. Notes en the Versification of El 
Misterio de los Reyes Magos, 191 5 (en Rom. Review). Romancero 
nuevomejicano, 191 5 (en Rev. Hisp.). Traditional Ballads from An- 



S. XX, 1903. ANTONIO FERNANDEZ LEPINA I ÍQ 

dalucia, 1916 (en The Flügel Memorial Volnme). — Luis Falcato, co- 
laborador de Madrid Cómico, Misceláneas (.1900), El Iris (1903), Ac- 
tualidades (1903), ha escrito para el teatro y publicó Para damas y 
galanes, prosa rimada, Madrid, 1903. — Josefa María Parnés, catala- 
na, por seuA Miguel Alcántara, Camelia, Sorel, Román, Demonfield, 
Doctor Lokanal, escribió en periódicos y publicó La Fnmilia del ajus- 
ticiado, novela, Madrid, 1903. — Luis Fernán Cisneros (n. 1883-), nacido 
en París,, periodista, poeta y escritor satíricopolítico, colaboró en El 
Tiempo y El País, fué cofundador de La Prensa, que dirigió en 1908; 
director y fundador de Actualidades, haciendo notable su sección Ex-ca- 
tJiedra, director de la Empresa Periodística, El Perú, Don Lunes, Excel- 
sior; compuso hermosos sonetos, como Véspero y otras poesías líricas, 
elegantes y tiernas, como la Elegía á Jorge Chaves (191 1). En La Prensa 
escribió Ecos satíricos de buena vis cómica. En Esp. Moa.: Mi alma 
en el mar (1901, oct.). Gonzalo Zaldumbide, Letras, enero, 1913 : "Pro- 
duce poco... No practica el narcisismo, familiar á los líricos de oficio... 
Risueño para observar á los demás, grave sólo para cantar, sus versos 
son el contraste de sus Ecos... Su risa es un perdón, cuando no una 
escéptica condescendencia... Pero su alma secreta sólo se delata en sus 
versos; sin duda le vienen de lo hondo y traen de la profundidad en- 
trañable de donde brotan un inconfundible sabor de sinceridad. Ni 
verbal ni imagfinoso su verso conserva cierta heredada amplitud clá- 
sica." Vent. García Calderón, La Liter. Peruancí, 1914, pág. 89: "Ar- 
diente, hiriente, cuando en sus ágiles maledicencias le periocüsta se 
burla de la comedia política, olvida su sonrisa en la casta melancolía 
del verso. Poesía es la suya y nunca huraña, pero altiva y reticente, 
que conserva la nobleza, la sobriedad de Aurora Amor. Para las más 
altas latitudes tiene pulmón y ala. Su Elegía á la muerte de Jorge Cha- 
ves es admirable." — Antonio Fernández Lepina, director de Los Ma- 
driles (1903), redactor de El Impar cial, estrenó Estrella, jug,, 1903. La 
Mujer de cartón, humor, (con Ant. Plañiol), 1905. Hilvanes, entr. (con 
ídem), 1906. La Fea del ole, sain. (con id,), 1907. Don Gregorio el Em- 
plazado (con id.), 1907. Chiquita y bonita, entr. (con id.), 1908. Los 
Cuatro trapos, saint. (con id.), 1908. Suspiros de fraile, opereta (con 
ídem), 1908. El Mantón de la China, saín, (con id.), 1909. La Corte de 
los milagros, zarz. (con id), 1909. Los Envidiosos, zarz. (con id.) 1909. 
La señora Barba-Azul (con id.), 1909. El Hongo de Pérez, del franc. 
(con López Barbadillo), 1910. La Loca fortuna (con A. Plañiol), 1911. 
Pathé, Frcres (con id.), 191 1. El Jipijapa (con id.), 191 1. La Perra gorda 
(con López Barbadillo), 191 1. La vocación de Pepito (con Antonio 
Plañiol), 1913, El Nuevo testamento (con id.), 1913. El Caballo de Espar- 
tero (con ídem), 1913. El Servicio domestico (con ídtem), 1913. Las Sa- 
gradas bay aderas (con ídem), 1914. Los Chicos de la calle (con íd'em y 
Enrique García Alvarez), 1914. El Señor Duque, 1914. Una Buena 
Miichacha, comedia (del italiano, con Enrique Tedeschi), 1915. La 
Ultima opereta, zarzuela (con Ricardo G. del Toro), 1915. La Maja 
de los Madríles Ccon Antonio Plañiol), 1915. Lxilti, com. (del italiano). 



120 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

191 5. La Rosario (id.), 1915. Cl Valiente capitán (con R. G. del Toro), 

1916. Mario y María (dtel ¡tal.), 1916. La Eva ideal (con id.), 1916, La 
Embajadora, zarz. (con id.), 1916, El Palacio de la marquesa (del ita- 
liano), 1917. La Aventura del coche (id.), 1917. Mariposa, com., 1917. 
Un lío del otro mundo, 1918. El Drama de la botica, com., 1920. — 
'Fernando Fernández de Córdoba escribió Mis memorias íntimas, 
Madrid, 1899- 1903, tres vols. — Fernando Fernández Ruiz estrenó 
El Portero del 7, juguete, Sevilla, 1903. — José Fernández y García 
estrenó El Señor nos libre, Sevilla, 1903. — Ansemo Fletes Bolaños 
publicó Ajiaco, Barcelona, 1903. Cuentos del tío Doña, Nicaragua, 
1913. Recuerdos de los treinta años, ibid, 1904. — Ventura Fraga, no- 
velista chilenno de exquisito refinamiento y crítico musical, vació 
los recuerdos de su vida artística en la novela Krach, Valparaíso, 
1903- — Francisco Galindo Torres publicó La-Quauktemoida, poema 
épico. Zapotlan, 1903; Guad^alajara, 1912. — Alberto Gallego García 
publicó Placeres y penas, novelas cortas, Madrid, 1903.— Eugenio García 
Barbarín, maestro en Madrid, colaborador de La Escuela Moderna 
(1897), publicó Historia de la Pedagogía española, Madrid, 1903. 
Prosa y verso, tronos escogidos, 1904. Gloria á Cervantes, 1905. 
Cuentos de la maestra, 1907. Veladas de la maestra, 1908, Veladas 
del padre Lorenzo, cuentos orientales antiguos, 1911. Historia ge- 
neral contemporánea, Gerona, 1916. — ^TsidOro García Flores publicó 
Reseña histórica de la villa de Torre de Esteban Hambrón (con 
Juan Manuel, su hermano), Madrid, 1903. — Benjamín Garrido estre- 
nó Abismos, drama (con Rogelio Hermida), 1903. — Alberto Gayé pu- 
blicó Santander y su provincia, ibid., 1903. — Alberto Gómez é Iz- 
quierdo (n. 1870), presbítero, de Zaragoza, catedrático de la Univer- 
sidad de Granada, publicó Historia de la Filosofía del siglo xix, Za- 
ragoza, 1903. Nuevas direcciones de la Lógica, Madrid, 1907. — J. Gó- 
mez LÓPEZ publicó Letras rimadas, Madrid, 1903, — Aurelio Gonzá- 
lez Rendón estrenó El Señorito Pepe, monól., 1903. Rusia y Japón, 
1905. La Partida del Vivillo, 1906, La Niña mimada, opereta, 1910. 
Los Apaches, melodrama, loii. Chumbos entre jazmines, 1911. España 
pintoresca, 1912. El Plombre que hace llorar, cuasi monól., 1912. Y 
llegué á ministro, novela picaresca, 1912. Los Amos del mundo, revis- 
ta, 1918. — Eduardo González Hurtebise, archivero, publicó El Arte 
tipográfico en Tarragona durante los siglos xv y xvi, Tarragona, 1903. 
Libros de tesorería de la Casa Real de Aragón, 2 vols., Barcelona, 
1911-1912. — Lidio González publicó Flores de cardo, poesías, Cripta- 
na, 1903. — Nicolás Augusto González publicó Nuestros héroes, epi- 
sodios de la guerra del Pacífico (1879-83), Lima, 1903. Desde el llano, 
Guatemala, 1912. — Santos González de Villazón compuso Caridad, 
tragedia, Logroño, 1903. — José Guzmán Guallart estrenó Alboradas, 
drama lírico. Valencia, 1903. — Helios, revista modernista, 1903-04, 4 
tomos. Firmaron la presentación Pecfro González Blanco, Juan R. Ji- 
ménez, G. Martínez Sierra, Carlos Navarro Lamarca y Ramón Pérez 
Ayala. — Tomás Herrero y Herrero, prebítero, publicó Literatura, cío- 



S. XX, 1903. LEÓN MARTIN SÁNCHEZ 121 

•cuencia y oratoria, con doce discursos complementarios, Logroño, 19OJ, 
— Teodoro de Iriarte Reinoso publicó Pal guitarrico, colección de 
cantares baturros y poesías, Zaragoza, 1903. Pepitoria, poesías, ibid., 
1903. Los de Parálete en Zaragoza, cuentos baturros, Zaragoza, 1913. 
Cuadros baturros, 2.^ tanda, I\íadri,d (1913). Viajeros de alforja... pa- 
ginas htimoristicas de costumbres aragonesas, Zaragoza, 1913. — José 
A. Jara López compuso El Condenado á muerte, monólogo. Murcia, 
1903. Pnces del alma, poesías, ibid., 1907. — Luis Lagomasino (n. 1865-), 
de Sancti Spiritus (Cuba), publicó Mujeres de la Historia, Cienfuegos, 
1903-04. Espirituanos ilustres, S. Spiritus, 1907. — Isidoro Lagunilla 
publicó La Peor obra de Dios, apuntes novelescos, Madrid, 1903. — 
Manuel Lastra estrenó La Mocita de Triana, saínete, Barcelona, 1903. 
C'olillita, 1905. — Carlos Alberto Leumann, argentino, periodista, crí- 
tico, poeta romántico rezagado y todavía en formación cuando publi- 
có El Idilio del valle, 1903 y El Libro de la duda y los cantos inge- 
nuos, 1903. Tiene cierta frescura infantil y retozona en los últimos, 
asi como escepticismo lúgubre en el primero. "Leumann — dijo Gius- 
ti — tiene trazada su senda en la poesía ligera y sentimental." El Novi- 
cío, com., 1918. — Rafael Leyda publicó Valle de lágrimas, Madrid, 
1903. Tirano amor, 1906. Los Paldones dé Mexia, nov., 1908. De siete 
á ocho, com., 1910. Andrés González Blanco. H'ist. nov., pág. 872: 
^'Rafael Leyda, cuentista ya acreditado en su bello libro Valle de lá- 
grimas, obra de un espíritu artista, que sabe ver la vida en su reali- 
dad." — Nicolás de Leyva publicó Cuentos en papel de oficio, Madrid, 
1903. — Antonio López Carb.^lleira, canónigo de Toledo, publicó 
León XIII restaurador de los estudios teológicos y de los estudios 
históricos, 1903. Mujeres cervantinas, 1905. Jidiano apóstata, 1907. 
Misterio de la Trinidad, disc, 1908. San Rosendo, Santiago, 1909. Car- 
denal Martín de Herrera, 1909. La Mujer, 1910. Esbozo biográfico de 
Antonio López Perreiro, Compostela, 1911. Religión comparada, 1918. 
— J. D. LÓPEZ publicó Colección de poesías, Sevilla, 1903. — Perfecto 
LÓPEZ Campaña (n. 1881-), de San José (Uruguay), periodista, publicó 
Nerviosismos, páginas y estudios, Montevideo, 1903. Panf arria de pre- 
juicios, ibid., 1907. El Triunfo del sol, com. — Fray Tirso López Bar- 
üÓN publicó Monastici Augustiniani R. P. Pr. Nicolai Crusenii conti- 
nuatio atque ad illud additamenta, sive Bibliotheca manualis augusti- 
niana (1620-1700), 2 vols.. Vallad*olid, 1903. — Andrés Luera Fernán- 
dez, matancero, publicó Ensayos poéticos. Matanzas, 1903. — Anasta- 
sio Machuca Diez publicó Los sacros, ecumén. Concilios de Trcnto 
y Vaticano, Madrid, 1903. — Malditos sean los hombres, novela, Barce- 
lona, 1903. — Rafael Martí publicó Sueño de primavera, comedia de 
magia, ]\Iadrid. 1904. — Rafael Martí Orberá (n. 1881-), valenciano, 
excelente dramaturgo en su lengua y en castellano, publicó Sueño de 
provincia, poema fantástico, Madric?. 1003. Vida, versos, Toledo, 1904. 
En pro del arte regional, confer., 1908. Teatro, 3 vols.. Valencia, 1914- 
19. La Oveja perdida, Madrid, 1917. La Deuda, ibid,, 1917. — León 
Martín Sánchez estrenó Tres bodas en una hora, juguete, 1903. — 



122 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (188S-I907) 

José M.' Medina y García publicó Reflejos del alma, cien sonetos, 
Madrid, 1903. Romancero español-cristiano , la conquista de Granada, 
1904. — Pablo Minelli González (n. 1883-), montevideano, dii)lomá- 
tico, poeta verleiniano, publicó Mujeres flacas, Montevideo, 1903. El 
Alma del rapsoda, poema, i<;;o5. Canto otoñal, Roma, 1909. — Ramón 
MiQUEL Y Planas (n. 1874-), barcelonés, erudito editor catalán, inspi- 
ró la publicación de la Rev. Ibérica de Exlibris, 1903-1906 y publicó 
la Biblioteca Catalana (11 vols.) de obras antiguas, diesde 1908, Biblio- 
teca Folklórica catalana 1909. Bibliofilia, t. I, 1911-14. Cangoner sa- 
tirich valencia deis scgles xv y xvi, Barcelona, 191 1. Obres de Roig 
de Corella, 1913. Editó otras varias obras antiguas catalanas. — Nica- 
nor MoLiNARE Gallardo, chileno, por seud. Nemegé, publicó Apuntes 
para la historia del Ejército y la Marina de Chile, Santiago, i<y02,. Los 
Colegios militares de Chile, 191 1. Batalla de Tarapacá, 191 1. Asalto y 
toma de Arica, 191 1. Asalto y toma de Pisagua, 191 1. En revistas véa- 
se Rev. de Bibliogr. chilena, abril 1914, pág. 148. — Francisco Bautis- 
ta MoNSERRAT, corrcsponsal de El Imparcial en Murcia (1903), publi- 
có Cantos en prosa. Murcia, 1903. — Eugenio Montello y Rizot es- 
trenó Los Mineros, melodrama, 1903. — Julio ]\.íonteschi. Obras, dra- 
mas, Madrid, 1903. — ^Carlos Morla Vicuña, chileno, publicó Estudio 
histórico sobre el descubrimiento y conquista de la Patagonia y la Tie- 
rra del Fuego, Santiago, 1903. — P. Mudarra y Párraga catedrático 
en Madrid, publicó Lecciones de Liter. gral. y española^ Madrid, 1903. 
2 vols. — Miguel Nieto publicó Historia general de la villa de Navas 
de San Juan (Jaén), Madrid, 1903. Los Castizos, entr., Madrid, 1917. 
— La Nueva lira criolla, guarachas, canciones, etc., Habana, 1903. — ; 
Pedro S. Ocaña y Acedo-Rico publicó El Robledal de Ruidías, no- 
vela, Plasencia, 1903. — José María Octavio de Toledo (f 1890), ma- 
drileño, archivero (1854), redactó el Catálogo de la librería del Ca- 
bildo Toledano, manuscritos, 2 vols., Madrid, 1903-1906. — A. Or- 
tega Martínez publicó El Tren mixto, poema en dos cantos, Reus, 
1903. — Hermenegildo Ortega compuso Amantes verdaderos. Burgos, 
1903. — G. Ortiz publicó Un cuento que podría ser historia, novela... 
de G. O. M., Sevilla, 1903. — Juan Ortiz del Barco publicó Cartas 
marítimas, Covadonga, 1903. Crónicas motrileñas. Los Franciscanos, 
San Fernando, 1908. Los Moreno de Salcedo, ibid., 1910. Batiborrillo 
motrileño, Cádiz, 1912. — Luis de Oteyza (n. 1883-), de Zafra, cola- 
borador de La Nación (1903), Cálínez (1904), director de Madrid 
Cómico (1904), redactor de El Liberal (1915-19), publicó Flores de 
almendro, poesías, INIadrid, 1903. Brumas, id., ibid., 1905. En tal 
día..., crónicas, ibid., 1915; 2.' serie, 1919. Galería de obras famosas, 
ibid., 1916. Las Mujeres de la literatura, ibid., 1917. Frases históricas, 
ibid., 1918. Animales célebres, 1919. Anécdotas picantes, 1919. — José 
Parada y Santín (n. 1857-), madrileño, médico y pintor de historia, 
director de Para Todos (1903), publicó Las Pintoras españolas, Ma- 
<írid, 1903. Mujeres judías escritoras castellanas, 1905 (Ilustración es- 
pañola, LXXX). — Pedro París, francés, publicó Essai sur l'Art et 



S. XX, 1903. TOMAS THAYER OJEDA 

l'industrie de l'Espagne primitive, 2 vols., París, 1903-04. L'archéologie 
en Esp. et en Port., 1913 {BiM. Hisp.) — David Peña, argentino, fun- 
dador de Atlántida y diel Ateneo Nacional, estrenó Próspera, comedia 
sociológico-política, 1903. Facundo, dr. hist., 1912. Linicrs, dr. histó- 
rico, 1917. ¿Qiíe dirá la sociedad? Las dos últimas obras se atribuyen, 
por errata, á Olegario Víctor Andrade, en el t. VIII, pág. 272. — Dio- 
nisio PÉREZ publicó Ensayo de Bibliografía y tipografía gaditanas, 
Madrid, 1903. Los Precursores españoles del Canal Interoceánico (con 
Pablo Nougués), Madrid, 1915. — Ítalo Eduardo Perotti (n. 1883-), 
montevideano, periodista, publicó Las Horas suspensas, poesías. Rodó 
y su obra. Aspectos sociales norteamericanos. — Escritos sobre Puerto 
Rico, noticias históricas, poesías, artículos, Barcelona, 1903. — José 
PuiGDOLLERs Maciá publicó PoT los Pirineos, impresiones de un viaje, 
1903. — Jenaro Ramos Hernández, extremeño, por seud. Hipócrates, 
escribió en la Rev. de Extremadura (1903) y publicó Las Siete plagas^ 
poesías, Torrejoncillo (1903). Saetazos y... lágrimas, poesías, ibiA, 
1906. — CoALiNA Recio y Agüero estrenó Declaración de amor, dial., 
Puerto Príncipe, 1903. — R'elación de las ceremonias y ritos y pobla- 
ción y gobernación de los indios de la provincia de MecJmacan hecha 
al ilustrísimo señor don Antonio de Mendoza, virrey y gobernador de 
esta Nueva España, por S. M. (?) G., Madrid, 1875; Morelia, 1903 (ma- 
nuscrito autógrafo del Escorial). — Revista ibérica de Ex libris, Barcelo- 
na, 1903. — Atanasio Rivero, asturiano, periodista en Cuba, publicó Due- 
los y quebrantos. Habana (1905). El Mallorazgo de Villahueca, nov.,. 
ibid!., 1904. Pollinería andante, cuento, 1905. El Secreto de Cervantes, 
artículos en El Imparcial, de Madrid, 1916 (rebatido, véase J. Ruiz Cas- 
tillo) ; ó sea El Crimen de Avellaneda, memorias maravillosas de Cer- 
vantes, i9i6j — Francisco Rodríguez Benavente publicó Sanos con- 
sejos á los adultos, colección de cuentos para las escuelas rurales, Ma- 
drid, 1903. — Manuel Rovira y Serra, abogado, estrenó El Parador de 
las golondrinas, zarz., 1903. Lucrecia, zarz.. 1907. La Fe que muere, 
drama, 1909. Cómo deben ser, com,, 1909. Río abajo, dr., 1909. La 
Venus negra, com., 1909. — Eduardo Soler y Pérez publicó Sierra Ne- 
vada, las Alpujarras y Guadix, notas de viajes, Madrid, 1903. Por el 
Júcar, notas y apuntes de viaje, Barcelona, 1905. — Fernando SomOza 
Vivas publicó Historia de la guerra legitimista de Honduras en 1903, 
Tegucigalpa, 1903. Guía de Honduras, ibid., 1905. — 'Víctor Suárez 
Capalleja (f 1903), médico y archivero, publicó Odas religiosas, Ovie- 
do, 1903. — Tesoro del Parnaso Americano, Barcelona, 1903, 2 vols. — 
Toms Thayer Ojeda^ chileno, archivero é historiador, publicó Memo- 
ria hist. sobre la familia Alvarez de Toledo en Chile, Santiago, 1903. 
Santiago durante el s. xvi, 1905. Los Conquistadores de Chile, 3 vols., 
1908-13. Las Antiguas ciudades de Chile. Diario del doctor don Fer- 
nando Antonio de los Rios, 1913. Observaciones acerca del viaje de 
don García Hurtado de Mendoza á las provincias de Los Coronados 
y Ancud, 1913. Las Bibliotecas coloniales de Chile, 1913 {en Rev. de 
Bibliografía chilena). Los Archivos históricos chilenos en ipis (ibid.. 



124 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

iiiarzo, 1914). Artículos, véanse en Ricv. Bibl. Chil., dic, 1913, pág. 406. 
— C. Torres Fornes publicó Sobre voces aragonesas usadas en Se- 
gorbe. Valencia, 1903. — Rafael Ángel Trovo (f 1910), de Cartago 
^Costa Rica), publicó Terracotas, cuentos. Ortos, estados del alma, San 
José de Costa Rica, 1903. Poemas del alma, 1906, Topacios, cuentos 
y fantasías, 1907. Corazón joven, nov. psicológica. — Pedro Trujillo 
Y Miranda (n. 1875-), de La Laguna (Canarias), periodista, publicó 
. Alma cubana. Habana, 1903. Cepas y tripas, cuentos de tabaquerías, 
ibid. (1903). Caridad del cobre, nov., 1912. Una Noche de los mil y 
. un cuentos, 1916. La Novela del viajero, 1916. — AIariano Urbano La- 
. NASPA publicó La R<ibalera, novela regional, Zaragoza, 1903. — Pedro 
Urbano González de la Calle, catedrático en Salamanca, publicó Se- 
bastián Fox Morcillo, Madrid, 1903. Varia, notas y apuntes sobre te- 
mas de literaturas clásicas, ibid., 19 16. — Gustavo Valledor Sánchez, 
poeta chileno, sencillo y sentimental, publicó Cantos sencillos y poe- 
mas, Santiago, 1903, cíe las primeras obras modernistas de Chile. — 
Benigno Várela (n. 1882 -), zaragozano, infortunado periodista. Qui- 
jote en tiempos harto sanchopancescos, director de La Monarquía, 
novelista descuidado, pero que escribe con toda el alma; precipitado 
y sin estudios, pero espontáneo y recio, publicó Novelitas, estrellas 
xon rabo, IMadrid, 1903. El Sacrificio de Margara, 1909. Senda de 
íortiira, 1909. Yo acuso ante S. M., 1910. Isabel, distinguida coronela, 

1910. Volcanes de amor, cuentos, 1910. Corazones locos^ 1910. Los que 
conspiran contra el Rey, 1910. Mi Evangelio, 1910. Fiebres amorosas, 

191 1. Cuartillas para mi Rey, 191 1. Mujeres vencidas, París, 1912. Por 
algo es Rey, 1913. Horas trágicas de vivir, cuentos de guara, 1915. 

Xo perdonaron Dios y el Rey. Así es nuestro Rey. — M. Nemesio Var- 
gas publicó Historia del Perú independiente, 7 vols., Lima, 1903-16. — 
Gabino de J. Vázquez publicó El Buscapié cervantino, Mérida de Yu- 

• -catán, 1903. — Salvador Viada y Vilaseca (1843-1904), cubano, pu- 
blicó Diccionario de la lengua española, Madrid, 1903. — Miguel Vi- 
CIANA, sargento de carabineros, publicó Leonor ó una víctima del hip- 
notismo, novela dramática, Almería, 1903. — Benjamín Vicuña Su- 
BERCASEAUX, fallecido hacia 191 1, joven chileno malogrado, generoso 
y noble, hijo cí.l famoso historiador B. Vicuña Mackenna, pero no 
conservador como él, sino liberal avanzado y ecléctico, de estilo cas- 
tizo y recio, publicó Un país nuevo, cartas sobre Chile, París, 1903. 
La Ciudad de las ciudades, correspondencia de París, Santiago, 1905. 
■ Gobernantes y literatos, ibid., 1907. La Producción intelectual de Chi- 
le, para la exposición de Quito. El Socialismo revolucionario y ¡a cues-- 
tión social en Europa y en Chile. Crónicas del Centenario, visión his- 
tórica, 1910. Días de campo, cuentos. 1914. Recopilación de artículos 
sueltos, 1918. — PANFILO DE ViLLABOBA publicó Vibracioncs, ecos anda- 
luces, etc., Madrid, 1903. — Pío Viquez (1850-1899), de Cartago (Costa 
Rica), profesor de Gramática y de Derecho, subsecretario de Relacio- 
nes exteriores, dirigió diez años El Heraldo de Costa Rica, publicó 
Miscelánea, prosa y verso. San José de Costa Rica, 1903. — Carlos 



S. XX, IQ04. FR. PEDRO FABO DEL CORAZÓN DE MARTA 12^ 

P. Wagner, de la Universidad de Michigan (Estados Unidos), publico 
The Sources of El Cavallcro Cifar, 1903 (en Rev. Hisp.). — Alfredo 
Weber publicó Chiloej Santiago de Chile, 1903. — Miguel de Zárraga 
(n. 1882-), mackileño, redactor del Diario de Avisos, El Adelantado, La 
Tempestad, de Segovia, publicó Gérmenes malditos, Segovia, 1903. Eva, 
comedia, 1906. El Compañero de viaje, 1907. El Germen, dr., 1910. EL 
Coto real, com., 1910. Faldas y pantalones, com., 191 1. 

182. Afio 1904. José de Diego (f 1918), portorriqueño;, 
presidente de la Cámara de Delegados de Puerto Rico, el hom- 
bre más notable de la isla por su clara inteligencia, vasto saber, 
entereza de carácter y actividad emprendedora, grande amigo 
de España, propulsor de la unidad antillana y de la independen- 
cia de la isla contra el nefasto protectorado norteamericano, pu- 
blicó poesías de su mocedad, compuestas de estudiante en Barce- 
lona y que habían salido en los periódicos, titulándolas J ovillos, 
co pullas de estudiante, Barcelona, 1916. Tienen la soltura y gra- 
cia de las mejores del Madrid Cómico y La Semana Cómica. En 
Puerto Rico había publicado otras añejas propias, tituladas Po" 
mar rosas j 1904; Barcelona, 1916. Últimamente Cantos de re^ 
hcldía, ibid., 191 6, de estro patriótico y sociológico, en que vierte 
sus nobles ideas con brío poco común, arranques fogosos, en es- 
merada fonna, ritmo suelto y castizo lenguaje. No menos que 
en el verso, distingüese en la prosa por el aliento elocuentísimo 
y de acerada fuerza, en defensa de las mismas ideas: Nuevas 
campañas, independencia de Puerto Rico, unión antillana, soli= 
daridad iberoamericana, Barcelona, 1916. El plebiscito porto=- 
rriqueño, 191 7. 

Francisco García Calderón (n. 1883-), peruano, 'adalid 
de los jóvenes escritores de su tierra, de espíritu curioso, sin lle- 
gar a inquieto, grave y entendido que huye de fáciles literaturas 
de adorno y del dilettantismo, peste de América, vive en París, 
entregado á la filosofía manual, sociológica y del día, que sabe 
aderezar en artículos y libros, en críticas y estudios, de variado 
tono y movimiento, con arte ameno, algo medio entre Sainte- 
Beuve y Taine, y tendiendo siempre á generalizar en grandes 
cuadros, sin dogmatismos ni pedanterías. Su obra El Perú con- 
temporáneo, de encendido patriotismo y de abierta esperanza,- 
fué premiada por la Academia Francesa. 

Fray Pedro Fabo del Corazón de María (n. 1873-), de 



3 26 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Marcilla (Navarra), agustino (1SS9), en Colombia desde 1895, 
donde fué misionero de Casanare (1896), prior en Bogotá 
(1904), director de la misión de Chameza (1906-10); volvió á 
España y es vicario-prior del colegio de Sos, Definidor general 
(1914) y cronista de la Orden. Poeta excelente de variadas tonali- 
dades ; novelador, filólogo americanista y, sobre todo, historiador 
muy erudito, que trae entre manos obras importantes, á más de 
las ya publicadas. 

183. J. de la Riva Agüero, Pról. á Bajo la luna, de J. Gálvez: 
' "Los García Calderón y José Gálvez son los más altos y genuínos repre- 
sentantes de la nueva generación... Francisco G. Calderón, con sus 
artículos y crónicas de tan rica variedad, de tan fecunda levadura, que 
traen á nuestro pesado y monótono ambiente los vivos ecos del movi- 
miento intelectutl europeo, y sobre todo con El Perú contemporáneo, 
obra át encendido patriotismo, de inquebrantable fe en los destinos 
nacionales, comparable por el espíritu que le anima y los ideales que 
encarna á aquellas de Balbo y Gioberti, precursores del Risorgimiento 
italiano." F. García Godoy, La Litcr. av.ier., 1915, pág. 96: "En este 
volumen {Profesores de idealismo) están magistralmente tratados, sin 
asomos de pedantería, sin pretensiones de alta sapiencia, con muy apre- 
ciables condiciones de claridad y galanura de expresión, asuntos filo- 
sóficos, sociales, artísticos y literarios de indiscutible y permanente im- 
portancia. Su distinguido autor conoce hasta en sus más leves y cu- 
riosos detalles la marcha evolutiva del movimiento filosófico moderno... 
Hombres e ideas de nuestro tiempo, con prólogo muy expresivo del 
insig'ne E. Boutroux, es el más importante por los asuntos á que se 
^^ontrae y por la serenidad y firmeza de los juicios... La inteligencia 
de García CaFderón, amplia, serena, independiente, abierta á tocios los 
vientos del espíritu, desprovista por completo de ataduras escolásticas 
ó de dogmatismos sectaristas, se pasea, á guisa de viajero que sólo pre- 
tende reflejar simple y sinceramente sus impresiones, por el vasto cam- 
po de la filosofía moderna." Rodó, El Mirador de Próspero (1913, 
pág. 324) : "García Calderón empieza manifestando cualidades del jui- 
cio, ó más generalmente de la personalidfad, que suelen ser el premio 
de largas batallas interiores, el resultado de una penosa disciplina del 
espíritu. Este escritor nuevo, sin dejar de ser muy juvenil por su her- 
moso y noble entusiasmo, nos da anticipados sabores de madurez. Su- 
ple con su talento firme la obra del tiempo, sin las inferioridades que 
éste suele traer como reverso de sus dones. Y además de la aptitud 
cierta, manifiesta lo que es aún menos frecuente en tierras, como las 
nuestras, inhospitalarias para las cosas desinteresada» del espíritu : 
ese hondo arraigo del amor á las letras, por el cual puede afirmarse 
que el entusiasmo que ha engendlrado estas primeras páginas no ser? 
pasajera nube de la juventud. Yo veo en él una de las mejores es- 



S. XX, 1904. RAMÓN PÉREZ DE AYALA 1 27 

peranzas de la crítica americana. Es á la crítica adonde le destinan, 
claramente, las disposiciones de su espíritu." Francisco García Calde- 
rón: De Litteris (crítica), con prólogo de Rodó, Lima, 1904. Le Pérou 
contemporain, París, 1907. Hombres é ideas de nuestro tiempo, prólogo 
de Emile "Boutroux, Valencia, 1907. Les conrants philosopíiiqucs dans 
i'Amcrique latine, París, 1908, Profesores de idealismo, ibid., 1910. Les 
■démocraties latines de l'Amérique, pról. de Raymond Poincaré, París, 
1912; trad. al inglés (1915) y alemán (1913). La Creación de un conti- 
nente, París, 1914. Consúltense: F. García God'oy, Americanismo lite- 
rario, Madrid, 1918. Alvaro Mellan Lafinur, Literatura contemporá- . 
nea, 1918. 

Fray Pedro Fabo: El doctor Navascués, novela de costumbres ca- 
sanareñas, Bogotá, 1904; ]\Iadrid, 1917. Septenario de la Virgen de 
.los Dolores, de Manare, ibid., 19 19. Discursos sobre la Virgen del Ro- 
sario, Tunja, 1910. Discurso sobre Nuestra Señora del Sagrado Cora- 
zón, Bogotá, 1910. Restauración de la Provincia de la Candelaria, Bo- 
gotá, 191 1. Idiomas y Etnografía de la región oriental de Colombia, 
Barcelona, 191 1. Novena al Patriarca de la Iglesia San Agustín, Ma- 
-nizales, 1912. Ejercicio del beato Querubín de Aviliana, ibid., 1912. 
Novela á la Virgen de la Consolación, ibid., 1912. Rufino José Cuervo 
y la Lengua castellana, 3 vols., Bogotá, 1912. Historia de la Provincia 
de la Candelaria, 2 vols., INIadrid, 1914. Corazón de oro, novela de cos- 
tumbres americanas, Madrid, 1914. Los Aborrecidos ó en defensa de 
la vida religiosa, Madrid, 1914. Liheraladas de una revolución. Pam- 
plona, 1914. Ruiseñores, poesías, Barcelona, 1914. El Convento de San 
Millón, Cádiz, 191 5. Los Agustinos recoletos y la Francesada, Grana- 
da, 1915. Un Sabio del siglo xix, Madrid 1915. Novena á la Virgen 
del Plu, Pamplona, 1916. Olor de santidad (datos para el tomo II de 
la biografía del padre Ezequiel Moreno), Madrid, 1916; tomo II, 1917. 
La Autora de la mística Ciudad de Dios, estudio crítico de la V. Ma- 
dre de Agreda, Madrid, 1917. Historia de Marcilla, Madrid, 1918. 
Historia general de la Orden de Agustinos Recoletos, t. V, Madrid, 
1918. (Los cuatro tomos anteriores, que abarcan de 1588 á 1688, se 
publicaron ha más de v.n siglo, el último en 1756.) 

184. Alio i()04. Ramón Pérez de Ayala (n. 1880-), de 
Oviedo, estudió con los jesuítas en Carrión, después Leyes en 
la Universidad de Oviedo, cultivando á la par el trato y ma- 
gisterio de Clarín; estuvo algún tiempo en Inglaterra y se de- 
dicó en Madrid á escribir en revistas y periódicos, desde Helios 
hasta El Imparcial y El Sol. Fundó con Enrique de ]\íesa la 
casa editorial de la Biblioteca Corona. Bien enterado de las 
literaturas modernas extranjeras y leído en nuestros clásicos, 
•de quienes tomó riqueza y propiedad de lenguaje, es Pérez de 



128 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Ayala de temperamento sensiblemente artístico, que se dejó 
arrastrar algo en sus primeros pasos por el modernismo, bien 
que sin perder su natural y propio carácter, y después ha bri- 
llado libre de ajenos influjos en sus novelas por la expresión 
sincera de su exquisita sensibilidad poética, el fino humorismo 
y la castiza elegancia de dicción. Crítico bien razonado y de 
elevadas miras, va poco á poco logrando la serena imparciali- 
dad y el tono frío y severo de los grandes maestros, á pesar de 
su natural algún tanto jactancioso y apasionado, que á veces 
se trasluce en artículos efímeros y de poco empeño. Poeta en 
parte modernista, sobre todo por la afición al verso libre y por 
alguna que otra rareza y afectación en su primer libro Paz del 
sendero (1904) y por la oscuridad del simbolismo y misticismo 
en el último, El sendero innumerable (1916), que tomó de la 
estética de su amigo Valle Inclán; pero de temperamento ver- 
daderamente poético, de sensibilidad exquisita y muy perso- 
nal, que trasciende de sus versos con un cierto aroma de can- 
dor y de frescura, entreverado graciosamente de sutil humo- 
rismo á la inglesa, en parte filosófico y grave en el fondo ; pero 
no menos castizo por lo jovial, juguetón y ligero en la forma. 
Novelista de buena cepa castellana, serio en el intento, realista, 
bien colorido y variadamente matizado en la manera, de es- 
tilo galano, lenguaje rico y castizo, sobresaliendo por el humo- 
rismo, que campea, más todavía en ellas que en sus poesías, 
y sin el menor dejo de ese amargo descorazonamiento ó 
de esa comezón por lo anormal, psiquiátrico y feo con que el 
naturalismo y el pesimismo han mancillado las más de las no- 
velas contemporáneas españolas. Hay sana robustez de ideas 
y fresca naturaHdad de estilo y expresión, hay castizo y ele- 
gante decir en cuantas obras ha escrito Pérez de Ayala. Sobre 
todo sus últimas novelas cortas Prometeo, Luz de domingo. 
La Caída de los limones (1916), son tres poemas en prosa, tres 
dijes de sutil humorismo, de narración suelta y donairosa, de 
elegantísimo lenguaje, en donde campean las grandes cualidades 
del escritor como llegadas ya á perfecta madurez. Descuella Pé- 
rez de Ayala entre los escritores contemporáneos, como ameno, 
delicado, sensible y, sobre todo, humorista narrador. 




KAMO.X PÉREZ DE AVALA 



S. XX, 1904. ALVARO ARMANDO VASSEUR I 29 

Ramón de Solano Polanco^ santanderino, abogado, pu- 
blicó muchedumbre de cuentos y de poesías en revistas, sobre 
todo en Los Contemporáneos, según la manera castiza en pen- 
samientos, estilo y knguaje, de verdadera inspiración poética 
é intachable hechura. Dos solas novelas ha publicado, premiadas 
ambas y admirables : La Tonta (1994) y Amor de pobre (1907). 
La segunda, sobre todo, es de las mejores que en castellano se 
han escrito, por lo profundo del pensamiento, por lo bien trama- 
da, por la pintura de caracteres y, sobre todo, por la intensa afec- 
ción y el decisivo convencimiento, que lleva al alma, de la farsa 
social. Verdadero Onijote en pequeño. Pintura real, viva y en 
estilo y lenguaje llano, natural, sin la menor afectación. Mane- 
ja diestramente el dificultosísimo y, al parecer, fápil romance. 

Manuel Pérez Curis (n. 1884-), montevideano, librero y 
laborioso publicista, fundador de La Aurora, Frou-Frou, Apolo 
y El Sagitario; poeta muy sensible y exquisito de forma, autor 
en prosa y verso, vigoroso, sueltO' y muy personal; maleado, des- 
graciadamente, por un sectarismo furioso contra la religión y la 
tradición española. De los Poemas de la carne dijo Vicente Gar- 
cía Calderón que era poema "sanguíneo y retador". La Can- 
ción de las crisálidas es sentimental y de égloga. Sincero y re- 
cio escritor cuyos desaciertos, muy lamentabas, débense á prin- 
cipios sectarios, profesados de buena fe. 

Alvaro Armando Vasseur (n. 1878-), montevideano, por 
seudónimo América Llanos, hijo de franceses, colaborador á los 
veinte de su edad en el Mercurio de América (Buenos Aires), 
cónsul en Bilbao, fué de los que con Darío y Lugones introdu- 
jeron el simbolismo en aquella República. Escribió en El Tiempo 
(1898) semblanzas de Roberto de las Carreras y de Daniel Mar- 
tínez Vigil, respondiéndole agriamente el primero. Tradujo muy 
bien á Walt Whitman, y en él se inspiró en sus últimas obras 
épicas, no menos que en Verhaeren. Cuentista, novelador y poe- 
ta, al principio superficial y ligero, modernista de educación, que 
gustaba de versos ó muy largos ó muy cortos, ligeramente rít- 
micos, lindantes con la prosa, con salidas de tono extravagan- 
tes, inesperadas, y como románticas en pensamientos, palabras 
y frases, en que el brillar desusado gana á la fuerza expresiva y 
propia. 



1 3o ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

18 5. Memento autobiográfico, en A. Gonz. Blanco, Los Contem- 
poráneos^ serie 1.°: "He nacido, si no me engañan, el año de 1881. De 
donde se deduce que tengo veinticinco años, es decir, que estoy en 
camino de perd^er la juventud, esc divino tesoro que ha llorado nues- 
tro divino Maestro. Lo que no sabe usted, y es muy importante, es 
que he perdido hace algún tiempo otro divino tesoro, que es la fe. 
Pero en cuanto le diga que estudié seis años con jesuítas ((ios en Ca- 
rrión de los Condes y cuatro en Gijón), se explicará usted fácilmente 
esta segunda pérdida. He escrito algunas vagas ideologías en revistas 
y periódicos, las cuales no gustaron cosa á mis enemigos (que tengo 
algunos, aunque pocos, por mi desgracia), y muchísimo menos 4 mis 
amigos. He publicado un librito de versos, titulado La- Paz del sen- 
dero, que ha tenido el honor de que se propalara subrepticiamente que 
estaba robado de Francis Jamnies. Quizá no escriba más versos, por- 
que no los hallo suficientemente hermosos en ningún autor para apro- 
piármelos. Tengo en preparación unas novelas, que acaso no publique 
porque no merece la pena — fíjese que se lo digo en singular — . Soy 
hombre que se acomoda bien con la vida, aunque se aburre en todas 
partes. Ordinariamente estoy alegre por fuera. Las únicas grandes 
tristezas que he experimentado en mi vida han sido con ocasión de la 
muerte de mi madre, la de Clarín y la de Maoliyo, el Espartero.'' Fué 
colaborador de La Lectura, Hojas Selectas (1903), Alma Española 
(1903), Helios (1903), Blanco y Negro (1903)) ABC (1903), El Im- 
parcial, España, etc. Conocíle yo á Ramonín en Carrión, viví una tem- 
porada en su casa de Oviedo, donde estuve dos años recién salido de 
la Compañía, y sigo en estrecha relación con él en Madrid. El cariño 
como de padre que le tengo no me ciega al juzgarle, y así diré lo 
mismo sus vicios como sus virtudes. Aquel niño, escuchimizado de cuer- 
po y amarillo d'e rostro, estudiaba siempre, deseando ser el primero de 
su clase, como de hecho lo era. Había dentro de aquel corpezuelo una 
ambición grande de sobresalir, que se le leía en los ojos vivos y cen- 
telleantes. A poco se desenvolvieron sus aficiones artísticas; en Ovie- 
do pintaba; me hablaba admirado de una puesta de sol, del verde de 
las praderas, de la vaca que pastaba filosóficamente ; tocábamos el pia- 
no y gozaba él comprendiendo á Chopín, Mozart y Beethoven. Por 
entonces andaba enfrascado en la literatura francesa y recitaba los 
'últimos versos de Rubén con fruición admirativa. El me llevó á casa 
de Clarín, cuyo humorismo educó el suyo nativo y que luego acabó de 
perfeccionar en Inglaterra, donde aprendió á maravilla el inglés, y 
su literatura ha sido desde entonces la que más ha gustado. Una te- 
rrible desgracia tronchó en flor muchas esperanzas, haciéndole volver 
precipitadamente á España. Su padre, honradísimo castellano, no supo 
sobrellevar un percance comercial de la casa, una de las más nombra- 
das de Oviedo, en el cual no tuvo la menor culpa, y se suicidó. Ra- 
món quedó á merced de los recursos de su propio ingenio, él, que es- 
taba hecho á vivir á lo grande. Sus luchas en Madrid por la vida le 
Uan impedido trabajar en la literatura como él hubiera deseado; pero 



S. XX, 1904. RAMÓxN PÉREZ DE AVALA l3l 

ni la abandonó ni hubiera servido para cosas más prosaicas. Casó con 
una gentil doncella norteamericana, á quien conoció en un viaje á 
Italia en Florencia, idilio que él cuenta en La Pata de la raposa. Ra- 
món es de un temperamento artístico exquisito y sensible; tiene las 
grandes ambiciones del artista y es un lector infatigable. Conoce muy 
á fondo las literaturas francesa, italiana, española y, sobre todo, la 
inglesa. De todas ellas ha tomado notables elementos artísticos: de la 
francesa, la sensibilidad modernista, juntamente con la demasiada li- 
bertad métrica; de la italiana, la elegancia florentina del Renacimien- 
to; de la inglesa, el humorismo y la seriedad de fondo que hay en 
cuanto escribe; de la castellana, la riqueza y galanura cíel decir y el 
aire picaresco y zumbón que hace que si su humorismo tiene mucho 
de inglés, no tenga menos de castellano. Su defecto capital es cierta 
jactancia, nacida óe sus altas aspiraciones y juveniles fervores, y el 
consiguiente menosprecio de lo que otros escriben, si íio es muy bue- 
no. Hasta conmigo se sobrepasó á veces en discusiones estéticas ó de 
otro jaez, creyéndose más enterado que yo. Esta especie de soberbia 
se debe, en parte, al espíritu pedante de la generación del 98, áe aque- 
llos jóvenes que creían no había habido nada bueno en España hasta 
que ellos nacieron. Es, además, descreído, abandonó y despreció la Fe 
que le enseñaron sus padres y maestros, por un acto de rebeldía in- 
consciente, arrastrado d'e lecturas frivolas en edad en que sólo hala- 
gan ideas de soltura y libertad mal entendida. De estos dos vicios, so- 
berbia desmedida y falta de respeto á la Religión, el tiempo y los des- 
engaños se cuidarán acaso de curarle. En sus críticas se mete á in- 
ventar originales filosofías estéticas, en las que á veces acierta y des- 
barra á veces; pero, sobre todo, suele mostrarse apasionado y ligero 
en demasía. Es lo más flaco de su labor literaria. La Faz del sendero 
fué la primera obra de Pérez de Avala y la primera en verso. Yo creo 
que debiera haber seguido por ese sendero, pues para mí es más poeta 
que novelista. Retraído en una casa de campo en Asturias, llena la ca- 
beza de lecturas modernistas francesas, quiso hacer poesías modela- 
das en este extraño troquel de versificación poco rítmica y que re- 
meda artificiosamente los desmaños de nuestros versificadores medie- 
vales, sobre todo de Berceo. Torneemos, como lo escogió el poeta, el 
artificioso troquel : en él vació el poeta verdadera poesía, poesía sin- 
cera, que hace hablar á las cosas, al campo, á los animales, á las vie- 
jas casas, á los muebles viejos, poniendo en las cosas las delicadezas 
de sentimiento que el recuerdo de tiempos mejores, de doctrinas y 
filosofías, de afectos antiguos, trae al alma del poeta. Es tanta su 
sinceridad afectiva, que parece sencillez berceana lo que, cuanto á 
la forma, es sólo imitación erudita: 

"Con sayal de amarguras, de la vida romero, 
Topé tras luenga andanza con la paz del sendero. 
• Fenecía del día el resplandor postrero. , 

En la cima de un álamo sollozaba un jilguero.** 



l32 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (iSSS-IQO/) 

El pareado suena á sencillez; pero es monótono, tanto que en Es- 
paña sólo se usa en aleluyas, poesía de niños y de burlas. Berceo y los 
demás de antaño tomaron el alejandrino con su machaqueo del pa- 
reado de los franceses; los metros españoles prefieren la rima alter- 
nada. Va en la diferencia musical cíe los idiomas: el castellano es de- 
masiado musical para que nos venga á martillar el oído el enfadoso 
pareado, que al poco musical francés le viene de perlas. Luego las 
disonancias buscadas á drede por los modernistas, á imitación de los 
franceses, en cuya lengua se dan como nacidas, pueden pasar en los 
viejos y poco duchos versificadores ; en los modernos saben á chochez 
de viejos que vuelven á ser niños. Véase esta estrofa, donde la deli- 
cadleza del sentir y la hondura del pensar corren parejas con la ñoñez 
del cojitranquear de los versos: 

"Aún albea su estela, y es un resplandor vago, 
lechoso: diríase el camino de Santiago. 
Bajo la luna en las praderas sin reproche 
las vacas graves son los genios de la noche.'' 

Lo de "sin reproche" será una salida muy mo<íernista, que llama la 
atención; pero prosaica, compensada, á Dios gracias, por el verso final, 
que con su olor á panteísmo indiano, vale cualquier cosa. Poesía ver- 
daderísima se halla por dondequiera que el libro se abra: 

"La parra es una de esas pobres parras ancianas 
Que pueden verse en todas las casas aldeanas ; 
Son seniles, caducas, y su tronco rugoso 
Parece retorcerse con esfuerzo penoso 
Para tomar el sol; se acurrucan temblonas 
Bajo el alero de las casas infanzonas. 
Son viejas frioleras, tiritan ateridas. 
Si los lobos del viento salen de sus guaridas." 

Por más que digan, eso de poner el acento en la preposición ^e : 
"Bajo el alero dé | las casas infanzonas", echa á perder el verso, 
porque va contra el idioma, en el cual el acento de las casas está en la 
sílaba cá; lo demás es desquiciarlo, y todo desquiciamiento es feo, más 
que piensen ó digan los modernistas. Con versos del todo españoles y 
sin esas extravagancias modernistas hubiera hecho Pérez de Ayala poe- 
sías maravillosas, porque su sensibilidad poética es grande y tan gran- 
de la generosidad con que sabe comunicarla á los demás: 

"Y así mis versos, vasos pulidos, muy bellos, 
ó cántaras de barro, yo me derramo cu ellos.'' 

La hermosura del segundo verso nos hace olvidar el desgarbo del 
primero. En £Z Sendero innumerable falta la ingenuidad de niño, la 
frescura de sentimiento y el realismo de cosas vistas y sentidas, que 



S. XX, 1904. RAMÓN PÉREZ DE AYALA I 33 

inspiraron La Paz del sendero. En cambio, hay en la nueva obra más 
simbolismo, más idealismo, algo de trascendente, propio de quien es 
más filósofo que poeta. En su primera obra fué poeta, con la más 
honda filosofía que en la poesía se encierra ; en la segunda ha sido 
filósofo poético ó poeta filósofo : ha querido sacar aquella filosofía en- 
cerrada en la poesía, discutirla más, ponerla en primera línea, y así la 
filosofía sobrepuja á la poesía. Lo cual sucede siempre que el arte deja 
el realismo para hacerse trascendental, idleológico, simbólico. Rubén 
Darío (1913) : "Don R. P. de Ayala es un poeta asturiano, pero que 
es castellano, pero que es cosmopolita, joven, luego rico en primavera, 
luego sonriente, luego ágil de pensamiento, luego amador de la liber- 
tad, luego soñador. Don Ramón Pérez de Ayala tiene un nombre que 
trasciende á líricas vejeces, á pergaminos venerandos, á flores secas 
halladas en un breviario de arcipreste enamoradlo de las musas. Don 
Ramón Pérez de Ayala es un poeta absolutamente del siglo xx, con 
igual educación estética que nuestros mejores poetas hispanoamerica- 
nos actuales, y con una hermosa independencia de espíritu que le hace 
decir lo que quiere, cantar de la manera más sencillamente posible. 
Mas hay que ad'vertir que la sencillez es en este caso lo más dificul- 
toso. Ahora todos queremos ser sencillos... Todos nos comemos nues- 
tro cordero al asador después que lo hemos tenido encintado en el 
harnean de Versalles. El señor Pérez de Ayala se expresa, a veces, 
con reminiscencias clásicas, arando en el antiguo y fecundo campo con 
los apacibles bueyes de Berceo y dfe Juan Ruiz; y su arado, de mo- 
dernísima fábrica, hiere la tierra con igual virtud que los venerables y 
rudos hierros viejos. He leído La Paz del sendero, manifestación primi- 
genia de esta fragante alma. Tiene el autor demasiado talento para que 
sonriamos ante la premura de un dolor fatal, apenas entrevisto. Desde 
esos primaverales años clama una voz de hondo y meditabundo poeta, 
animado por el infuso saber, amargo don del destino. Es una prima- 
vera sentimental color de otoño. Hay después sensaciones rurales y 
familiares que tan solamente pueden compararse á las de Francis 
Jammes. Son cíe una modernidad intensa, y en su manera clara y en 
su ingenuidad desnuda hay mucho de lo que complica en nuestro es- 
píritu el acendrado cultivo mental. \ Cuan extraordinario es encontrar 
en las almas nuevas de todos los puntos del mundo la alegría ! Pérez 
éo. Ayala no es una excepción. He de señalar, sobre todo, una cosa : 
Pérez de Ayala, de abolengo literario que obliga, es, en la generación 
á que pertenece, de los poetas que piensan." R. Pérez de Ayala : La 
Paz del sendero, poemas, 1904. Tinieblas en las cumbres, nov. 1907. 
A. M. D. G., nov., 1910. La Pata de la raposa, nov., 1912, 1917. Tro- 
teras y danzaderas, nov., 1913. La Paz del sendero y El Sendero in- 
numerable, poema sobre el mar, 191Ó. Prometeo, Luz de domingo, La 
Caída de los limones, novelas cortas, 1916. Las Máscaras, crítica tea- 
tral, 1917. Hernán encadenado, notas de un viaje á los frentes del 
Isonzo, La Carnia y El Trentino, 1917. Política y toros, 1918. Las 



1 54 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Máscaras, t. II, 1919. Consúltese Andr, González Blanco, Los Con- 
temporáneos, I.* serie. Paris. 

Solano y Polanco: La Tonta^ novela, Madrid, 1904, 1917. Amor de 
pobre, id., 1906. Las Domadoras, comedia, 1910. VíarCrucis, en verso, 
y otras poesías en periódicos. Romancero de Cervantes, premiadb, 19 16. 

Es Pérez Curis im temperamento fuertemente artístico, un gran 
talento y un incansable trabajador. Tres cualidades que hubieran he- 
cho de él un enorme literato y un artista notable. Pero es el tipo del 
americano que, por inquina á la tradición española y á la Religión, se 
entrega en cuerpo y alma ai espíritu literario francés, queriendo ha- 
cer literatura castellana. Es discípulo de Vargas Vila, como él ateo y 
tal se proclama, sin venir á cuento, en El Marqués de Santillana, cíon- 
de, cegado de su inquina á lo español y católico, da palos de ciego á 
Menéndez y Pelayo, Amador de los Ríos, Cejador, etc., é interpreta 
por manera extravasante el carácter del Marqués. Es obra escrita en 
buen castellano y tiene observaciones minuciosas, mayormente sobre 
técnica métrica, asunto en el cual es verdadtera autoridad. Tiene Pérez 
Curis fama de poeta muy decadente y afrancesado, que cree aristo- 
cratizarse huyendo de las voces castizas y familiares, de los metros 
castellanos tradicionales, de la claridad, naturalidad y sencillez y 
busca lo afectado, lo precioso, lo extraño, lo francés, lo del hastío y 
malhumor de que hacen gala las musas de Francia. Sobre El Marqués 
de Santillana véase el juicio crítico de J. Juderías en La Lectura, 1917, 
405-410, que contrasta con el de R. Menéndez Pidal, en la siguiente 
carta á Pérez Curis (2 abr. 1917), por éste publicadfa: "Muy distin- 
guido señor mío : Perdone usted no le haya agradecido antes el envío 
de su excelente obra acerca del Marqués de Santillana. La falta de 
tiempo me pone en el trágico dilema de escoger entre proseguir mis 
largos trabajos ó cimiplir con mi correspondiencia, y ésta casi siempre 
es la preterida. Sólo ahora, en estas vacaciones de Semana Santa, 
hallo alfifo de tiempo para despacharla. Eso, claro es, que no quita que 
haya leído con mucho gusto y provecho su libro en cuanto lo recibí, 
saboreando en él el buen gusto constante y la erudición guiadora. Muy 
bien venido es su trabajo, enderezador cíe los tuertos de varios que se 
llaman críticos. Largamente hablé de usted con Enrique de Mesa en uno 
de nuestros frecuentes paseos por la Sierra de las Serranillas. Le da 
enhorabuena muj^ cordial y se ofrece de usted atento servidor y amigo." 

Francisco Contreras, Mercure de France, núm. 481, año 1918: 
"M. Pérez y Curis, uruguayo, es un letrado inquieto y vehemente, de 
una fogosidad que llega algunas veces á la improvisación, y de un ar- 
dor que confina á menudo con la violencia. Se ha manifestado como 
poeta vibrante y flúicío, aunque, por momentos, poco intenso y des- 
colorido; y como comentador cíe la producción literaria, entusiasta y 
bien intencionado, aunque frecuentemente apasionado y poco justo. 
Enemigo del clasicismo, ha dicho que "el culto de la tradición" es 
"absurdo", y que, por consiguiente, "no debe aconsejarse á nuestros 
"jóvenes que necesitan un campo ilimitado donde desarrollar sus facul- 



S. XX, 1904. MANUEL PÉREZ CURIS 135 

"tades"; mientras que, adversario de toda crítica severa, ha escrito 
que nadie tiene el derecho de censurar, porque eso significa "matar en 
"flor las nobilísimas aspiraciones de la juventud que sueña". Muy 
laborioso, ha sostenido cíurante varios años una revista pequeña, pero 
selecta, Apolo, publicación de vanguardia, que defendía la noble causa 
de la libertad del arte y del pensamiento. A la vez ha publicado algu- 
nas colecciones de poemas, La Canción de las crisálidas, El Poema de 
la carne, Heliotropos, Alma de idilio, expansiones líricas fáciles, ar- 
moniosas, de su alma tierna y violenta, ó, como él diría, de su "corazón 
"de pájaro zahareño". Ha formadlo una colección de impresiones crí- 
ticas, Por jardines ajenos, fulminantes diatribas contra los que él llam.a 
"los neocríticos" de su país, y loas entusiastas de ciertos nuevos es- 
critores sudamericanos ó españoles de méritos relativos y muy di- 
ferentes. Pero he aquí que este escritor revolucionario y apasionado 
acaba de publicar un libro sobre una de las más altas figuras de la 
vieja literatura castellana, trabajo sólido, concienzudo, que le ha colo- 
cado de golpe en la primera fila de nuestros verdaderos críticos nuevos. 
Esto no nos ha sorprendido, porque si este escritor "d'e real talento ha 
incurrido en excesos, fué por horror de todo lo que significa traba y por 
fervor hacia todo lo que es estimulante para los esfuerzos sinceros 
de los jóvenes. Su nuevo libro. El Marqués de Santillana, Iñigo López 
de Mendosa, es un estudio profundizado y completo, en el cual nos 
presenta al gran poeta castellano del siglo xv como hombre en su vida 
individual (biografía), en sus relaciones con la sociedad (medio y épo- 
ca), y como escritor bajo su triple aspecto de creador (poeta original), 
de renovador (ad'aptante de nuevas formas en la poesía castellana) y 
de reproductor (imitador del alegorismo italiano). Y todo esto con un 
método riguroso, extendido á los más sutiles aspectos, v una minucio- 
sidad escrupulosa, llevada á los detalles más mínimos. Pero él va más 
lejos aún. Al mismo tiempo que juzga por su propia cuenta, comenta 
los juicios de todos los críticos que escribieron sobre su autor: A. de 
los Ríos, B. Sanvisenti, Menéndez y Pelayo, J. Cejador, Fitzmaurice 
Kelly, Ticknor, etc. De manera que su obra es, además de un acabado 
estudio sobre el ilustre autor de las Serranillas, un comentario com- 
pleto de su vasta bibliografía ; lo que la hace preciosa para quien hoy 
desee ocuparse de aquella persona. Por desgracia, su temperamento 
apasionado hace incurrir á las veces á M. Pérez y Curis, no diremos 
en errores, en exageraciones de juicio que perjudican sus conclusiones 
generales. Así se esfuerza en diemostrarnos que López de Mendoza 
introdujo el endecasílabo en nuestra literatura y que fué hábil, si no 
extraordinario, sonetista. Es verdad que fué el primero en hacer en 
castellano ese verso; pero si el título de iniciador debe darse á aquel' 
que ha sabido adaptar y generalizar una forma nueva, él corresponda 
á Boscán. Es igualmente exacto que dejó algunos bellos sonetos; pero 
hizo más desmañados, introduciendo, además de versos imperfectos, 
endecasílabos llamados provcnzales, juzgados, con razón ó sin ella, 
impropios y dactilicos, que el mismo Pérez y Curis considera como ta- 



1 36 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

les, Ó rimando separadamente dos versos del segundo cuarteto según 
el esquema ABBA-ACCA, que ciertamente no constituye una inno- 
vación sino un relajamiento. Asimismo M. Pérez y Curis emplea en 
el comentario de los críticos de su autor un tono violento, mordaz ó, 
por lo menos, incivil, inconveniente en un trabajo que, como es natu- 
ral, debiera ser sereno. Además, hace ostentación, entre otras ideas 
extremas, de un antipatriotismo que lo induce en error." Man. Pérez 
Curis : La Canción de las crisálidas. El Poema de la carne, Monte- 
video, 1905. Heliotropos, poesías, ibid., 1906. Rosa Ígnea, cuentos, ibid, 
1906. Alma de idilio y Rimas sentimentales, ibid., 1909. Por jardines 
ajenos {Letras hispanoamericanas), -Barcelona, 191 1. El Poema de los 
besos, París, 1912. Páginas de estética: I, Arquitectura del verso, Pa- 
rís, 1913. El Gesto contemplativo, poesías, París, 1914. Etica del Pan- 
fletismo, 1914. El Marques de Santillana, estudio crítico, 1916. La Epo- 
peya de la vida (en prensa). 

Véase esta composición de Armando Vasseur : "Si | dentro de Ti | 
irradia algún sol | de CoU | y Vehí | no admitas la col | ni | la i ! | — Y |: 
si I alguien protesta? | — Le riegas la cresta. | — Con? | — Perdón. — ¡ 
Pi, I Pü..." Por supuesto, que para que versos haya debiera escribii- 
se: "Si dentro de Ti | irradia algún sol de Coll y Vehí, | no admitas 
la col ni la i ! | Y si alguien protesta? | — Le riegas la cresta. | — Con? 
— Perdón. — Pi, Pi!" Léanse en El Vino de la sombra (!) las páginas 
37-38, 135-147, etc. "Evocar" dicen los modernistas. ¿ Qué evoca este 
verso? : "Imagen peregrina, digna de un nuevo cul !" Raúl Montero Bus- 
tamante, El Parnaso Oriental, 1905 : "Su inspiración dual ha cantado 
con igual originalidad las mórbidas sutilezas de su refinada psicología 
ó los tonos objetivos, amplios y universales. Su musa sentimental co- 
noce el secreto de exteriorizar con arte las vagas sensaciones de las 
almas inquietas. Empezó su carrera literaria en la Prensa argentina. 
Sus versos se hallan dispersos en diarios y revistas del Continente. Es 
un escritor de estilo, que también se ha preocupado de los grandes 
problemas sociales." Arm. Vasseur: Cantos augúrales, Montevideo, 
1904. Cantos del Nuevo Mundo, ibid., 1907; Valencia, 1912. A flor de 
alma, 1908. El Memorial, prosas rítmicas, Madrid, 1908. Cantos del 
Otro y Yo, 1909. El Libro de las Horas, cuentos. Nuestra Señora de 
la Tentación, nov. Atlántida, poema. El Vino de la sombra, Madrid, 
1918. Prosas, de Soren Kierkegaard, trad., Madrid, 1918. Fantasmas 
de la China y del Japón, de Lafcadiio Hearn, trad., 1918. Estudios de 
liter. ingl. é ital., de Federico Olivero, trad., 1918. Gloria, aventuras 
peregrinas, Madrid, i9if. De profundis. El Alma del hombre, Máximas, 
Madrid, 1919. 

186. Año 1P04. Pedro Mata y Domínguez (n. 1875-), 
madrileño, nieto del* doctor Pedro Mata, fué redactor de El Es- 
pañol (1901), Agencia Fabra (1902), El Nacional (1903); es- 
cribió novelas y estrenó algunas piezas dramáticas. Culto escri- 



S. XX, 1904. PEDRO MATA Y DOMÍNGUEZ 1 3/ 

tor, que conoce bien las tierras, costumbres y habla popular, 
como agudo observador; sabe mover los afectos y maneja el 
idioma con corrección, facilidad y elegancia, sin efectismos ni 
melindres. Es de la sana escuela de Palacio Valdés, á quien 
más se parece, sin llegarle en el nei'vio y color de caracteres y 
situaciones; pero es joven todavía y puede hacer mucho por ir 
muy bien encaminado. La Goya es bonito drama, de realidad y 
sentido. 

Ramón Gómez de la Serna^ espíritu inquieto, curioso y 
siempre á caza de novedades y maneras artísticas desusadas y 
raras, muy amigo de Silverio Lanza, cuyas obras editó y estu- 
dió con honda penetración ; fué el último modernista dirigiendo 
Prometeo, cuando todos habían ya abandonado sus teres de 
marfil. Hoy es excelente escritor, suelto, humorístico, que des- 
cribe aspectos madrileños con novedad y gracia original. Di- 
ríase poseer un microscopio particular para agrandar, dar re- 
lieve y llamar la atención sobre las menudencias en que los de- 
más no reparan, hacer sutiles observaciones sobre ellas y edi- 
ficar una filosofía amena é instructiva sobre nonadas. Colabora 
con Variaciones ú obserA- aciones candorosas acerca de Madrid 
al día en La Tribuna, desde 1919. 

Isaac Muñoz Llórente (n. 1885-), malagueño, estudió en 
el vSacro-Monte y en la Universidad Central Filosofía y Letras, 
después en la Escuela Superior de Argel y en la Universidad 
del Cairo ; archivero, redactor del Heraldo de Madrid, donde es- 
cribió crónicas sobre Marruecos. Tiene exaltación lírica, en 
prosa, del alma castellana, es adorador de la imagen, oriental por 
educación y enamorado de todo lo semítico, de estilo pintado 
de arabescos y fuerte colorido. 

18 7, Ramón María Tenreiro, La Lectura, 1913 (nov.) : "Pedro 
!M.'\ta es uno de los escritores mozos que con mayor garbo rasguean 
hoy con la pluma por los ámbitos de la prosa castellana; sabe, además, 
traducir en sus diálogos, con muy viva justeza, los giros y maneras 
del habla popular de los Madriles y conoce á maravilla la vida y cos- 
tumbres d!e ciertas alimañas de la baja fauna social cortesana. Con es- 
tos elementos, en Cuesta ahajo, y más aún en La Catorce (su mejor 
obra en cuanto yo conozco), ha acertado á componer un relato palpi- 
tante de realidad, d'enso de ambiente, hasta el punto de que muy pocos 
de los escritos novelescos publicados recientemente merecen compa- 



1 38 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-IQO7) 

rársele: á las mejores narraciones chulas de Pedro de Rtpide habría- 
mos de ascender para encontrarle pareja. Semejantes condiciones ha- 
cen que Pedro Mata sea hoy el más fiel discípulo (salvo en fecundi- 
dad) de la escuela artística de don Benito Pérez Galdós, tal como se 
manifestó en Tormento, Fortunata y Jacinta y otras Novelas españo- 
las contemporáneas de la época puramente realista del venerado maes- 
tro." "Mi ideal (dice en carta al autor) es de una simplicidad primitiva. 
Creo en la juventud, en el amor, en el bien y, sobre todo, en la alegría 
de vivir. Creo en la justicia inmanente é inexorable de la vida. Creo 
que toda la filosofía de la humanidad se puede compendiar en dos as- 
piraciones: perfeccionar la moral y mejorar el bien vivir: hacernos 
más felices y más buenos. Este es mi ideal artístico como "finalidad". 
Como procedimiento, también es muy sencillo : interés, ingenuidad, sin- 
ceridad, emoción... Nada más." P. Mata: Ganarás el pan, nov. premia- 
da, Barcelona, 1904, 1919. La Catorce, Madrid, 1913. Corazones sin rum- 
bo, nov., 1916. Un grito en la noche, nov., 1918. Cigarrillos del Duque, 
nov., 1918. Para ella y para ellas, versos, 1919. Novelas cortas : Ni amor 
ni arte, 1907. Cuesta abajo, 1908. La Celada de Alonso Quijano, 1909. El 
Misterio de los ojos claros, 1912. Los Cigarrillos del Duque, 1913. Tea- 
tro: El Deber, com. (con Ricardo J. Catarineu), 1906. La Otra, comedia, 
(con id.), 1907. En la boca del lobo, dr., 1909. La Coya, dr., 1910. La 
Sombra, dr. (con Catarineu), 191 1. Uno menos, dr., 1912. El Torren- 
te, com., 1913. 

Gómez de la Serna, en carta al autor: "No me acuercío cuándo 
nací, ni lo he podido encontrar. Ideal artístico, ninguno. (Ninguno, por 
no incurrir en uno.) Quizás nace todas las mañanas y muere todas las 
noches. Un respeto que me enmudece he recogido en mí ante este ideal 
tan repentino y tan mortal, no consintiendo en perpetuar el cíe hoy so- 
bre el de ayer ó el de mañana." Cansinos Assens, Las Esciiel. liter., 
1916, pág. 292: "Después de 1900 no hay otra verdadera noved'ad li- 
teraria sino la aparición de este joven. Con Ramón Gómez de la Serna 
vuelve á encenderse una nueva antorcha de entusiasmo puro y á mani- 
festarse una nueva voluntad de arte. Ramón Gómez de la Serna es 
el continuador auténtico de las intenciones modlernistas, el joven en 
quien esas intenciones ya cansadas vuelven á hacerse prolíficas con 
nuevo y acrecido vigfor y en cuya obra, de entrelazadas y audaces lí- 
neas, se entrevén nuevas buenas venturas artísticas. Con Ramón Gó- 
mez de la Serna se anuncian las nuevas promesas y presagios. El sen- 
tidío estético en que se aquietan los primeros furores de los noveten- 
tistas se enriquece en la obra de este escritor con nuevas voluntades. 
El nos anuncia las últimas veleidades literarias, el nuevo anhelo 
de los futuristas de Marinetti. Su obra literaria se corresponde con las 
nuevas tendencias pictóricas de cubistas é integrales. Es algo que su- 
pera ya nuestra más alta ambición estética, y hasta podría decirse nues- 
tra más amplia facultad de comprender. Es ima obra verd*aderamente 
pánica, de cuyo afán de representación nada queda excluido y en que 
ningún aspecto de las cosas es olvidado por el artista. Gómez de la. 



S. XX, 1904. RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA I Sg 

Serna tiene la miracía de los cubistas frente al modelo. Aspira á in- 
terpretar el dinamismo de la vida y á reflejar la vida como un torbelli- 
no de átomos materiales ó sentimentales. Su mundo de la representa- 
ción es asi un mundo abigarrado é inquieto, en el que todas las cosas 
se manifiestan casi simultáneas, casi como se ofrecerían á la vista de 
los nautas aéreos. Su obra es como una ciudad en la que todas las ave- 
nidas pudiesen verse con una sola mirada y el transeúnte no tuviese 
nunca delante un muro aislador. La visión parcial, embellecida por la 
intención y expresada en formas extáticas de perfección absoluta ; la 
visión parcial que creó los géneros literarios y las especies zoológicas, 
es sustituida aquí por una visión total en que los fenómenos efímeros 
no son retenidos por una predilección que los elige para dar su peren- 
ne sentido al momento, sino fijados un instante para lanzarlos de nue- 
vo, con su interpretación literaria — tal las moscas que los niños cazan 
y sueltan luego con una banderita de papel — al torbellino de la vidla, 
que nunca descansa, según la representación epicúrea. Alcánzase así 
una literatura que tiene la simultaneidad de la cinta cinematográfica. 
Pero las palabras no pued^en proyectarse al mismo tiempo, como las 
imágenes, sino que se coordinan sucesivamente, en teorías que han de 
guardar el sosiego obligado dfe los cortejos. No pueden mostrársenos 
al mismo tiempo como se muestran las figuras de una danza. Nuestra 
atención es serial, y no simultánea. Así, esa variedad de aspectos é 
instantes que se nos manifiestan al mismo tiempo, como granados en 
enormes racimos, y no sucesivamente, fatigan y desorientan nuestra 
atención, y la obtención de la síntesis se malogra y frustra en tan pro- 
fusa variedad efe detalles. Gómez de la Serna ha llevado hasta su ultimo- 
límite el gusto del análisis, que se manifestó en la generación del 900, 
como consecuencia del espíritu escéptico de los escritores del 98. Su 
estilo, cortado por tantos incisos, cortado por tantas intenciones sinuo- 
sas, prolongacío en tantas direcciones opuestas, que recuerda los planos 
de las modernas ciudades, cansa las atenciones más ágiles y se hace 
fatigoso y árido. Habría que verlo también desde un aeroplano. Su obra 
supera, por esto mismo, en muchos momentos, los límites de una obra 
estética, para confundirse en una rara nebulosa de intenciones. Es 
como un árido cúmulo de mazorcas que será preciso tuncíir y desgra- 
nar, antes de gustarlas. Algo de esto ya lo ha hecho el autor mismo, 
creando esas greguerías, en que las estrellas de su nebulosa brillan ais- 
ladas, claras y distintas, como las primeras estrellas vespertinas. Coin- 
cidencia notable que este estilo profuso y difuso, que por el ansia del 
análisis, y quizá, mejor dicho, por un anhelo extraviado de una ab- 
soluta síntesis, se fructifica en largas y entralazadas marañas verbales, 
sea la última forma literaria la que deba corresponder, como expre- 
sión representativa, al vértigo con que en nustros días se ama y se 
vive y se muere, y la que haya, de ofrecer sus líneas estéticas á ese 
anhelo de brevedad en todo, que ya en 1900, con Manolo Machado. rr<ó 
entre nosotros el impresionismo literario, cuya aspiración era descri- 
bir las cosas con palabras efímeras y breves como gestos." Azorín, 



140 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-1907) 

A B C, ag. 1917: "Ramón Gómez de la Serna pudiera titularse psicó- 
logo de las cosas. Una greguería abarca una página, media página, 
ocho líneas, dos líneas. La base de la greguería es la observación es- 
crupulosa, fina, delicada, de la realidatí. Enamorado Gómez de la Ser- 
na de los escritores raros (como Silverio Lanza, Santos Alvarez, Ros 
de Olano, etc.), se a])arta (íe sus procedimientos en este rasgo funda- 
crupulosa, fina, delicada, de la realidad. Enamorado Gómez de la Ser- 
na quiere hacer algo distinto de los géneros literarios creados; pero 
si ellos principian por deformar la realidad, Gómez de la Serna se 
apoya precisamente en la observación escrupulosa de las cosas y dte 
la vida. Todas las cosas imaginal)lcs, en efecto, todos los tipos, todos 
los aspectos del vivir diario pasan por la pluma de nuestro autor; y 
sobre los detalles exactos, fidelísimos, de ese panorama del mundfo, Gó- 
mez de la Serna, interpretándolos, haciéndonos ver su espíritu, fabri- 
ca su original y sutil greguería." R. Gómez de la Serna: Entrando en 
fuego, santas inquietudes de un colegial, Mad'rid, 1904. Morbideces, 
vivisección espiritual, 1907. El Concepto de la nueva literatura, confe- 
rencia, 1909. La Utopía, dr., 1909. Cuento de Calleja, dr., 1909. El Co- 
frccifo encantado, 1900. El Drama del palacio deshabitado, 1909. Mis 
siete palabras, 1910. El Laberinto, 1910. La Bailarina, pantomima. 191 t. 
El Libro mudo, 191 1. El Teatro en soledad, dr., 1912. El Lunático, dr., 
1912. El Ruso, 1913. Ruskin el apasionado, 1913. Tapices. 1913. El Doc- 
tor Inverosímil. 1914. El Rastro^ 191 5- Primera proclama de Pombo, 
1915. Segunda proclama de Pombo, 1916. La Viuda blanca y negra, 
1917. Greguerías, 1917. Senos, 1917. Pombo, 1917. El Circo, 1917. Sil- 
veris Lanza, Páginas escogidas é inéditas, 1918. Muestrario, 1918. Nue- 
vas historias extraordinarias, de Edgar Poe, trad., 1918. El Crimen de 
lord Arturo Saville, Anécdotas de (Osear) Wilde, 1919. Consúltese 
A. Reyes, R. G. de la Serna, 1918 (en Hispania). 

Cansinos Assens, Las Escnel. liter., 1916, pág. 156: "Lsaac Muñoz 
fué entre nosotros, desde el primer instante, el príncipe oriental, so- 
ñador y fastuoso... Pero este príncipe oriental, que venía cíel Oriente 
y traía la nostalgia de su luz, de sus fragancias y de sus veladas be- 
llezas, había pasado antes por Grecia divina y por Roma heroica. Ha- 
bíase iniciado en los ritos bellos y crueles que comparten el Oriente 
semita y el Oriente ario y habíase adoctrinado en las escuelas de Pla- 
tón. Y bajo el arco del Triunfo romano había hablad'o largamente con 
D'Annunzio. Su mentalidad era la de un ario..., se adhiere desde lue- 
go á la legión de los preciosistas, que acaudilla don Ramón cíel Valle- 
Tncllán, y toma de ellos su amor á la palabra bella, á los sabios en- 
garces de gemas..., el gusto por las decoraciones antiguas, por los 
neologismos, por la Edad Media enorme y delicada, y también acaso 
algo de la aridez y sequedad de sus damasquinados verbales. Así en 
Alma infanzona y en Morena trágica, obras acerbas, llenas d'e diabo- 
lismo, de altivez y de noble aire antiguo. Y al Biismo tiempo rinde su 
tributo circunstancial al erotismo de los Zamacois y los Trigo, á la 
voluptuosidad moderna... Suntuosidad y erotismo son las virtudes pre- 



S. XX, 1904. RAFAEL PAMPLONA Y ESCUDERO I4Í 

dominantes de este escritor, que en cada uno de sus libros supera los más 
tendidos y fructuosos esfuerzos de los preciosistas... Pocos escritores 
modernos tan ricos de imágenes, de metáforas, de toda clase de sun- 
tuosas figuras retóricas... Sus bengalas, sus gemas, sus fuegos no se 
agotan nunca... Por esta condición es, efectivamente, un oriental. Pero- 
este oriental posee también la nobleza d'e la línea, la mesura lati»a, y 
es un latino, en suma. La inquietud d'annunziana, el rinnovarsi o mo- 
riré, la teoría de la superación, aprendida por D'Annunzio de Nietz- 
sche y tracíucida en versos claros, es la inquietud que alienta estas obras 
de decorado oriental y semita, en esta literatura que recuercki la de 
los gnósticos... En libros como La Fiesta de la sangre canta el placer 
y la belleza de la crueldad, y en cuyos libros amatorios, como Lejana 
y perdida, se exalta el amor en sus formas más desgarradoras y tor- 
turantes... Ese anhelo de tragedia por la belleza de las víctimas inmo- 
ladas no puede ser nunca oriental, aunque se le exprese con versículos 
coránicos... Libro de las victorias, evangelio de energías occidentales y 
modernas, no obstante su lema coránico y su consagración á la fatali- 
dad islámica." Isaac Muñoz : Vida, nov., 1904. Voluptuosidad, nov., 
1905. Libro de las victorias, diálogo sobre las cosas y sobre el más allá- 
de las cosas, 1908 (de donde parece haber sacado Ricardo León su Es- 
cuela de los sofistas). Morena y trágica, nov., 1909. Alma infanzona, no- 
vela, 1910. La Fiesta de la sangre, nov., 1912. Ambigua y cruel, nov. si- 
ria, 1912. La Agonía del Mogrcb, 1912. En el país de los cherifes, 191.3. 
En tierras de Yebala, 1913. La Corte de Teluán, 1913. Lejana y perdi- 
da, nov., 1914. Esmeralda de Oriente, nov. ynogrcbí, 1914. El Jardín de 
los deseos, poesías de Sid Mojand, trad., 1914. Los Ojos de Astartc. La 
Sombra de una Infanta. 

188. Año ipo4. Rafael Pamplona y Escudero (n. 1865-), 
zaragozano, abogado, político y vicepresidente del Ateneo de 
Zaragoza, publicó excelentes novelas, harto más de estimar que 
muchas de las que, por escribirse en Madrid por jóvenes ó se- 
ñores arrimados á la prensa ó pertenecientes á las sociedades de 
bombos mutuos, han sido trompeteadas á todo viento. Novelis- 
ta de robusto temple y sano realismo, cual suelen ser los escri- 
tores aragoneses, más empeñados en ejy^resar con ahinco la ver- 
dad que en barnizarla y a*n disfrazarla á poder de fantásticos 
adornos, descripciones interminables, idealismos nebulosos y 
floripondios poéticos, ha sido, como los demás de su tierra y 
comúnmente los escritores de provincias, tan poco conocido en 
la Corte cuan digno de serlo. Sobrio en el describir, va derecho 
al desenlace, aunque sin precipitaciones, antes con la calma que 
supone la vida provinciana de los personajes que describe y del 



I4S ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

íjue los describe; pintando de paso las costumbres regionales 
y apuntando consideraciones sociológicas nada intempestivas. 
El intento, sano, sin pretensiones didácticas; el estilo, natural 
y llano; el lenguaje, castizo y regional, cuando hace hablar á 
las gentes del pueblo. Los aires afectados del modernismo y de 
lo extranjero no han llegado á estos escritores alejados de Ma- 
drid, que siguen la tradición literaria nacional, perfeccionando 
los procedimientos y afinando el gusto estético sin alharacas ni 
aspavientos, sin extravagancias en la forma ni monstruosida- 
des éticas en el fondo, antes dejándose correr por los carriles 
naturales del tradicional realismo español y empapando sus obras 
en la sana moral del cristianismo, la cual les hace descubrir la 
hipocresía y demás lacras morales del vivir en los pueblos, que 
conservando las superficiales prácticas de la religión llevan den- 
tro la podre de todos los vicios propios del abandono, la miseria 
y la decadencia de la nación. 

Baldomero Lillo (n. 1867-), de Lota (Chile), enfermizo, 
criado en las minas de carbón de piedra, leyó después novelas 
europeas y comenzó á escribir viviendo ya en Santiago (1899) 
como empleado de una Compañía de seguros. Es hermano de 
Samuel, con quien frecuentó la bohemia y las tertulias litera- 
rias, adonde acudían Dublé Urrutia, Brenes, Mesen, Bórquez 
Sclar, Gana, Labarca Hubertson, Prieto Molina, Pezoa Velis, 
García Monje, Gamboa, Pérez Kallens, Cabrera, Pedro Antonio 
González. Escribió sus primeros cuentos Casa mayor, Juan Fa^ 
riña (premiado) y publicó su primer libro sobre los sufrimien- 
tos de los mineros, Suh térra. Supo de penalidades por sí y por 
los que le rodeaban, y vivió lo que contó. Pasó por desengaños y 
amarguras y amargóse su natural, haciéndose escéptico ; pero no 
tanto que mancillase la serenidad y sano humor de su tempera- 
mento artístico, merced á lo férreo y sufrido de su voluntad, 
bien que á veces estalle con el fervor de un compasivo apóstol 
de corazón magnánimo que defiende á los humildes. En algunos 
pocos cuentos, como en el casi autobiográfico Tienda y trastien" 
da, es regocijado, fresco, agudo y humorista á lo Dickens ; en 
Mis vecinos llega á mordaz satírico y maneja el cómico fino. 
Ensayóse en lo alegórico con Juan Fariña y El rapto del soL 
Lillo fué, en suma, el primero, y es uno de los mejores cuentis- 



S. XX, 1904. LUIS MARTÍNEZ KLEISER I /[3 

tas sudamericanos, sobrio y realista, honrado y sincero, puntual 
obsen^ador y narrador sentido de las miserias humanas. 

Juan Blas y Ubide (n. 1852-), de Calatayud, estudió Dere- 
cho y Filosofía y Letras en Zaragoza y Madrid, dióse á la abo- 
gacía y á la enseñanza privada en su ciudad natal. A los cin- 
<:.uenta de su edad publicó Sarica la Borda, en la Revista de Ara- 
gón, Zaragoza, 1903-04, 1904; después El Licenciado de Esco* 
bar, ibid., 1905 ; posteriormente una colección de cuentos ara- 
goneses titulada, del primero de ellos, Las Caracolas, Zarago- 
za, 1909. Si hubiera continuado cultivando la novela, no hay 
duda que Aragón tendría en Blas y Ubide su gran novelista re- 
gional; de todos modos, las muestras que dio bastan para apre- 
ciar su temperamento realista, sano, sencillo y candoroso, ene- 
migo de complicar la trama con artificios y episodios. Clara y 
limpia visión de la realidad, puntual pintura de paisajes, tipos y 
costumbres de los pueblos ribereños del Jalón, no sin su punta 
de ironía, en estilo llano y lenguaje regional. 

Antonio Velasco Zazo (n. 1884-), madrileño, pintor y no- 
velista de costumbres de la gente del bronce y chulapona de Ma- 
drid antes de Répide, escribe en estilo y lenguaje llano, con 
poca- complicación de trama, á brochazos, describiendo lugares y 
tipos generales más bien que tallando caracteres. Ha escrito tam- 
l)ién para el teatro. Si no trabajara tan de prisa, sino conden- 
sando y desmenuzando las almas, sería un gran novelista; pero 
sólo rasguña la superficie. 

José Fabio Garnier (n. 1884-), de Esparta (Costa Rica)» 
estudió en el Liceo Humanidades, Ingeniería y Arquitectura en 
Bolonia (1904-10), y antes (1905) había publicado en su tierra 
su primera novela La Primera sonrisa (1904). Luego, La Escla' 
va (1905), y en Italia se dio á la crítica Hteraria y al teatro del 
género ibseniano. Dirigía en 19 12, en San José, la revista Cor- 
delia, de cultura femenina, y colaboró en Nosotros. Es profesor 
de Matemáticas en el Liceo de Heredia y miembro del Ateneo de 
■Costa Rica. Vale, sobre todo, por su crítica perspicaz y honda, 
fundada en vastos conocimientos literarios. Su prosa es castiza, 
natural, propia y digna. 

Luis Martínez Kleiser (n. 1883-), madrileño, poeta del 
gusto antiguo, de pasmosa habilidad en la métrica, sobre todo 



144 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (18S8-I907) 

del soneto, ha publicado novelas de estilo natural, descriptivas 
al menudeo y no sin alguna chispa de humorismo, aunque acaso 
con demasiada charla del autor, que embaraza el paso con con- 
sideraciones filosóficas. 

Carlos González Peña, mejicano, excelente novelista, ob- 
servador puntual y certero, de estilo acicalado. 

189. No sé que la crítica madrileña haya hablado de Pamplona: 
no vive en Madrid, y esa es la razón, ó digamos sinrazón, de la crí- 
tica cominera madrileña. Sin embargo, hubo en 1903 un concurso de 
novelas en la casa Henrich. Del Jurad'o fué Galdós. Salieron premia- 
dos : i.°, Pedro Mata; 2.°, Mariano Turmo Baselga; 3.° Rafael Pam- 
plona ; 4°, Ricardo Carreras ; 5.°, Martínez Sierra ; 6.°, Magdalena San- 
tiago Fuentes, etc. Fundó la Biblioteca Argensola. Fantasio ha escrito : 
"Don Rafael Pamplona Escudero es un narrador vigoroso, sobrio, cla- 
ro. La personalidad del señor Pamplona es en extremo interesante. 
En esta época, en que con todo amor se cultiva en literatura la fili- 
grana, es encantador tropezar con una obra fuerte, con acción y con 
interés, en que el id'ioraa se cuida solamente lo preciso para que no 
suene mal, en que el estilo no está hecho á fuerza de palabras, sino á 
fuerza de espíritu. Tal es el caso del señor Pamplona, escritor, en 
este aspecto de lo narrativo, muy á la manera de Maupassant, que 
cuenta con singular soltura graves y menudos acontecimientos, y que 
en su cuento sabe poner todos los atractivos de la amenidad y el inte- 
rés." R. Pamplona : Cuarí^ de inválidos, Barcelona, 1904. Engracia, 
Mad'rid, 1905. Tierra prometida, ibid., 1906. El Camino de los ciegos,^ 
Zaragoza, 1908. Boda y mortaja, INIadrid. 1909. Juegos de damas, ibid., 
1910. Los Pueblos dormidos, Zaragoza, 1911. El Hijo de Parsifal, Ma- 
drid, 1912. El Asalto de Fuerte Aventin, ibid., 1912. El Cura de misa 
y olla, ibid., 1916. Don Martín el Humano, ibid., 1918. 

Armando Donoso, Los Nuevos, 1912, pág. 34: "Sus cualidades 
(de Baldomcro Lillo) sobresalientes : observación constante, emoción 
humana hasta el dolor y sobriedad' descriptiva... Es un milagro de 
sinceridad y de estudio austero. Este hombre, que sabe del sabor amar- 
go de la vida, pues ha vivido intensamente el dolor ajeno y el propio 
dolor, escribe más por desahogo sentimental que no por necesidad li- 
teraria... Después de los treinta años comenzó á rehacer en sus cuen- 
tos el recuerdo de su vida, con la tranquila sobriedad de quien se dis- 
pone á narrar una historia ajena á toda pretensión de supervivencia 
literaria. Hay en cierta época ¿e la vidia de Lillo un paréntesis dolo- 
roso, del cual data un escepticismo reposado y la franca amargura de 
su carácter... Sin embargo, en abierta lucha contra todos sus dolores, 
ha mantenido su virilicíad intelectual enhiesta sobre una voluntad fé- 
rrea... A pesar del sano humor que campea en sus cuentos y de cier- 
tos arranques bizarros de su vida, B. L. es un estoico á su manera.... 



S. XX, 1904^, AXTONIO VELASCO ZAZO 14^ 

En cierta manera, los ejemplos de Tourgueneff y de Tolstoi orientaron 
á Lillo hacia el naturalismo glorificador del dolor humilde y de la tra- 
geá'ia. de la vida cotidiana... Lillo no es, en verdad, un rebelde, como 
pud'ieran acusarlo las apariencias, sino un compasivo, dueño de un 
gran corazón. Por eso el dolor del sufrimiento ajeno ha echado tan 
hondas raíces en su espíritu, encontrando en su pluma un medio de 
propalarlo á los cuatro vientos con la energía de un canto de bronce 
imperecedero. En contraposición con el literato doloroso que se com- 
place en evocar todas las más negras miserias de la tierra, está en Li- 
llo el humorista regocijado, fresco y oportuno... Sus descripciones de 
paisajes están encuadradas en el marco de una sencillez maupassantiana, 
exenta de todo artificio y complicación. . . ; su sello de sinceridad! úni- 
ca..., la sobriedad descriptiva de sus cuentes..., en su afán de ser real 
y vigoroso hasta la máxima simplicidad, Lillo no ha cuidado el estilo.'* 
S'tib térra, Santiago, 1904, 1917. Sub solé, ibid., 1907. Consúltese Ar- 
mando Donoso, pról. á Sub térra, 1917. 

Andrés González Blanco, Hist. nov., pág. 847: ^^Sarica la Borda... 
(de Blas y Ubide) es una novela verdaderamente realista en el trazo 
de las figuras, en las situaciones, en el (íesenlace, hasta en el diálogo, 
que es fonográfico y muy conmovedor... Se siente un hálito de pro- 
vincia, el surco que dejan muchos años de trabajo y de quietud anti- 
cortesana. Hasta en el desenvolvimiento de la acción hay placidez y 
sosiego. En El Licenciado Escobar... el principal defecto es. á mi ver.» 
el lenguaje hasta cíesaliñado y antiliterario... Otro pequeño defecto 
es la ironía, que pretende ser fuerte y nunca llega, ni con mucho, al 
strong htmiour de im Thakéray... Mas ¿qué significan estos levísimos 
defectos frente á las resultantes bellezas del libro?... Se caracteriza 
este novelista por la honrada y simple anotación de la verdad, por el 
realismo estricto... ese arte de los que ven el mundo exterior y lo 
transcriben fielmente, sin agregarle ni modificarle en nada... Sólo los 
picarescos y los que, como Pereda, y ahora este nuevo novelista, les 
suceden, pueden llamarse con verdad realistas..., exclusión de todo lo 
que sea idea, lirismo, simbolismo... Escribe en lenguaje castizo..., rae- 
nos arcaico (que Pereda)..., más desaliñado... Es psicólogo de los que 
penetran en lo más recóndito... Tiene... el d^on de lo patético..." 

Velasco Zazo: Sangre joven, novela, 1904. El Teatro por dentro, 
artículos y biografías, 1906, Mujer de teatro, nov., 1908. La Esencia 
de lo chulo, ley., 1908. Las Chulas de Morería, ley., 191 1. Del barrio, 
moro, ley., 191 1. Espejo de picaros, nov., 1912. La Rubia de Naranje- 
ros, nov., 1913. La Villa de Manzanares, artículos de otro tiempo, 1913. 
La Flor de la corte, artículos de otro tiempo, T9T4. La Majeza de mi 
tiempo, nov., 1915. A tontas y a locas, nov., 1916. El Madrid de Alfon- 
so XIII, memorias, 1917, 1918. Anales y rutinas de Madrid, 1919. Aquel 
Madrid y aquellos días, 1919. Teatro: Andrés, cuadro dramático, 1902. 
Hacia la cumbre, impresión dramática, 1906. La Reina de los Mayos, 
zarzuela, 191 1. Mal vivir, drama, 1912. Vidas sombrías, drama, 1912. 

TOMO XII. — 10 



146 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

El Chavalillo, saínete lírico, 1914. El Saínete y don Ramón de la Cruz, 
conferencia, 1914. Tonadillas y comediantes, conferencia, 1915. 

J. Fabio Garníer: La Primera sonrisa, nov. (1904). La Esclava, no- 
vela (1905). Perfume de belleza, crítica literaria, Valencia, 1909. Lite- 
ratura patria, 1914. La Vida inútil, artíc. liten, 1909; París, 1915. Mor- 
nuel ligarte, crítica, 1909. Parábolas (s, a.). Para el teatro: El Re- 
torno, dr. (trad. del ital.). La Ultima escena, com. La Renuncia, dr. La 
Sombra de la hermana, com. La Enemiga, dr, ; todos del género ibse- 
niano. Teatro, t. I, Costa Rica, 1912. Pasa el ideal, dial., 1918. Boccac- 
cesca, 1918. 

Martínez Kleiser, en carta al autor: "Me hace usted la bond'ad de 
rogarme que en breves y publicables párrafos le describa lo que yo 
entiendo por ideal artístico, y á la verdad que es forzoso encerrarse 
en la morada del espíritu para poder satisfacer cumplidiamente á su 
demanda, en medio de tan encontradas tendencias y pretendidas for- 
mas de arte como fatigan la edad en que alcanzamos la gracia de la 
vida. La mayoría de ellas me parecen desprovistas de ideal artístico, 
aunque nutridas ricamente de ideales menos nobles y más positivos. 
Parece arte artificial ese que se fabrica á espaldas de la realidad, bus- 
cando preconcebidamente en la extravagancia el estilo propio, sustitu- 
yendo la inspiración por el estudio, ensuciando á sabiendias los timbres 
de sus glorias con los humos de la ind'ustria y avergonzando con rui- 
nes procederes artísticos la clara prosapia de su estirpe. Para mí el ideal 
artístico surge del amor al arte por el arte, del culto á la verdad y á 
la belleza, de la abstracción de todas las escuelas y de la concentra- 
ción de todos los sentimientos ; para mí, el ideal artístico es crear á solas 
con las musas, como colaborando con los ángeles, á distancia de la 
imitación y de la copia, en un semiolvido de la teoría y con una no per- 
dida ó reconquistada virginidad espiritual, obras que al pisar los um- 
brales del mundo arrastren consigo el título de su propia soberanía. 
El arte es un ideal; el ideal artístico es, por tanto, ideal de ideales, 
que sólo se engendra en la región de los sueños. Devolver á la vida 
real una realidlad después de asimilada por el espíritu y refundida en 
el crisol de una visión artística, es, en resumen, para mí el ideal del 
arte." L. Martínez Kleiser: Rarezas, tiovela (1904), Esteban Rampa, 
novela (1905). El Vil metal, novela (1906). La Obispilla, novela. El 
mundo novelado de Pereda, conferencia (1907). De hondos sentires, 
poesías (1915). Cantares que lloran, comedia (1915). Petición difícil, 
monól. (1917). Cuartillas de antaño (1917). 

Alfonso Reyes, Rubén Darío en México, 1916: "Apenas la novela 
tradicional tiene un campeón en González Peña, hombre de férrea 
voluntad, trabajador infatigable, que intenta reflejar las inquietudes 
contemporáneas en una novela concebida según la manera de Flau- 
bert." pstrenó El Huerto, dr., Méjico, 1904. De noche, nov., ibid., 1905. 
La Chiquilla, nov., ibid., 1906; Madirid, 1909. La Musa bohemia, nov.. 
Valencia, 1910. Conferencia sobre Lizardi, en Conferencias, Méjico, 
1910. El Hidalgo del amor, nov., Méjico, 1918. 



I 



S. XX, 1904. PEDRO MUÑOZ SECA 1 47 

190. 'Año IP04. Pedro Muñoz Seca (n. 1881-), del Puerto 
de Santa María (Cádiz), autor del género chico, á menudo del 
andaluz, escribe bien y tiene verdadera gracia, sobresaliendo en 
la pintura de costumbres. Los que fueron (1916) es diálogo pre- 
cioso; El roble de La jarosa, hermosa comedia, con atisbos trá- 
gicos. Ha compuesto, además, un sinfín de obrillas disparata- 
das, de astracán, que llaman, que dan dinero y están fuera del 
arte; pero puede esperarse mucho de su despierto ingenio, por- 
que en ellas lo hay y muy envidiable, bien que medianamente 
administrado. En la parodia hace portoitos, como La Vengan- 
za de Don Mendo, donde, además, la riqueza de versificación es 
admirable. 

José León Pagano, argentino, verdadero hombre de letras 
y trabajador serio, pintor, crítico literario, de arte y de teatro, 
en que sobresalió principalmente, se dio después a escribir dra- 
mas con menos fortuna ; algo ibsenianos y oscuros los primeros, 
con no pocas inverisimilitudes ó escaso interés los más. Es, con 
todo, de los que más han hecho adelantar la dramaturgia ar- 
gentina. 

191- P. Muñoz Seca: El Contrabando, saín., 1904. De halcón á 
balcón, entr., 1905. La Casa de la juerga, sain. lír., 1906. Una lectura, 
entr., 1906. Celos, entr., 1907. Las Tres cosas de Jerez, zarz., 1907. El 
Lagar, zarz., 1907. A prima fija, entr., 1907. El Niño de San Antonio, 
sain. lír., 1907. Floriona, jug., 1907 (del fr.). Los Apuros de don Cleto, 
jug., 1907. Mentir á tiempo, entr., 1908. El Naranjal, zarz., 1908. Don 
Pedro el Cruel, zarz., 1908. El Fotógrafo, jug., 1909. El Jilguerillo de 
los Parrales, sain., 1910. La Neurastenia de Satanás, zarz., 1910. Mari 
Nieves, zarz., 191 1. Tentaruja y compañía, pasillo, 191 1. Por petene- 
ras, sain. lír., 191 1. La Canción húngara, zarz., 1911. El Medio am- 
biente, com., 19 12. Coba fina, sain., 19 12. Las Cosas de la vida, juguete, 
1912. La Nicotina, sain.. 1912. Trampa y cartón, jug., 1912. La Cucaña 
de Solarillo. zarz., 1913. El Modelo de virtudes, jug., 1913. Lopes de 
Coria, jug., 1914. El Bien público, sátira, 1914. El Incendio de Roma. 
jug., 1914. El Pajarito, com., 1914. El Paño de lágrimas, jug., 1914. 
Fúcar XXI, dispar, cóm., 1914. Pastor y borrego, jug., 1915. La Niña 
de las planchas, entr. lír., 1915. Cachibache, sain. lír,, 1915. Naide es 
ná, sain. lír., 1915. El Roble de Lajarosa, com., 1915. Lolita Tenorio, 

1916. Los que fueron, 1916. Doña María Coronel, 1916. El Príncipe 
Juanón, i()iy. El Ultimo Bravo, 1917. Hugo de Montreux, melodr.. 

1917. El Marido de Engracia, sain. (con Pérez Fernández), 1917. Trai- 
ción, igiy. El Rayo, jug. (con López Núñez), 1917. El Sueño de Val- 



148 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

divÍQ, 1917. Albi-Melen (con Pérez y Fernández), 1917. Jhon y Thum^ 
1917. El Ul'timo pecado, 1917. Adán y Evans, monól,, 1917. Aires de 
campo, zarz. (con Pérez Fernández), 19 18. El Voto de Santiago, com. 
(con id.), 1918. Los Pergaminos, com., 1918. Garabito, 1918. Im Barba 
de Carrillo, 1918. La Fórmula 3 K ', 1918. La Verdad de ¡q mentira, 
com. (con Pérez Fernández), 1918. De rodillas y a tus pies, entr. (con 
id., 1918). Los Rífenos, entr. (con id., 1918). El Teniente alcalde de 
Zalamea, jug. (con id., 1918). El último pecado, com. 1918. La Vengan- 
za de don Alendo, parod., 1918. Trianerías, sain. (con Pérez Fernández 
y \'ives), 1919. La Casona,, tragicom., 1919. Las Verónicas, opereta (con 
Pérez Fernández), 1919. El Mal rato, entr. (con Pérez Fernández), 1919. 
Faustino, com., 1919. La Razón de la locura, 1919. Los Amigos del 
alma, 1919. Ei Colmillo de Buda, com., 1919. 

J. León Pagano: Al través de la España literaria, Barcelona, 1904, 
2 vols. El Parnaso Argentino, ibid., 1904. Federico Nietzsche, 1905. Más 
allá de la vida, dr., 1906, El Dominador, id. La balada de los sueños, 
id., 1906. Nirvana, com., 1906. Almas que luchan, com., 1906. Más allá 
de la vida, dr., 1906. Cómo estren-an los autores, crónicas de teatro, 
Barcelona, 1908. Los Astros, dr., 1916. La Ofrenda, dr., El Halcón, dr., 
1916. El Secreto de los otros, dr., 1917. El Sobrino de Malbrán, 1918. 
El Santo, el filósofo y el artista, 1918. 

192. Año 1904. The Spanic Society of America fué fundada en 18 
de mayo de 1904 por Archer Milton Huntington, en el Parque Audu- 
bon, de Nueva York, con 350.000 dólares como fondos de la institución, 
cuyo fin es el establecimiento de una Biblioteca pública y un Museo é 
institución cultural, destinados á difundir el estudio de los idiomas, lite- 
ratura é historia de España y Portugal, editar publicaciones y fomentar 
el conocimiento de los países de origen ibérico. Consta la Sociedad His- 
pánica de cien socios ordinarios, elegidos entre norteamericanos ó ex- 
tranjeros que se hayan distinguido por sus servicios á España ó Portu- 
gal en el campo de las letras, de las ciencias ó de las artes. Los socios 
correspondientes y honorarios son en número ilimitado. El edificio se 
inauguró en 1908. La Sociedad edita Bibliographie Hispanique, anual; 
Bibliotheca Hispánica, obras, y Revue Hispanique, trimestral; las tres 
dirigidas por Foulché-Delbosc. 

Jorge Cirot, francés, hispanófilo el más entendido en Historia ác 
España, cuyos trabajos son de ineludible consulta, publicó Les His- 
toires genérales d'Espagne entre Alphonse X et Philippe H, Burdeos. 
1904. Mariana historien, ibid., 1904. La Chronique Léonaisc, 1909 y 
1911, 1914 y 1916 (en Bullet. Hispan.). Chronique latine des rois de 
Castille, 1912-13 (en Bullet. Hispan.), Burcteos. 1913. Apéndices, 1917- 
18 (en Bullet. Hisp.). De operibus historiéis lohannis Aegidii Zamo- 
rensis (fase. I de la Bibliotheca latina medii aevi), Burdeos, 1913. Ar- 
tículos sobre Mariana (Bullet. Hispan., 1904, 1912, 1917), Higuera 
(1906), Alfonso de Falencia (1909), Ocampo (1914), Berreras (1918), 
Gil de Zamora (1914). Artículos sobre ser y estar (Mélangcs Brunot), 



S. XX, 1904. ARTURO AMBLARD I49 

París, 1904, sobre los arcaísmos de Mariana (Mélanges Chabaneau, 
Romanische Forschungen, 1907, y Bullet. Hisp., 191 1). Recherches sur 
les Juifs espagnols et portugais á Bordeaux, 1906-1909 (B-ullet. Hisp.), 
Burdeos, 1909. Les Juifs de Bordeaux leurs situations niorale et sociale 
de j¿5o á la Révolution, 1909-1918 {Rev. historique de Bordeaux). Ar- 
tículos en la Revue Pédagogique sobre l'enseignement primaire en Es- 
pagne (1910), sobre le role des professeurs de langues vivantes dans 
l'enseignement du frangais et sur la néccessité du latin (191 1). Biblio- 
graphies et comptes rendtis en el Bullet. Hispan., 1899-1918. 

Alberto María Carreño, mejicano, eruditísimo escritor en asuntos 
económicos é históricos, publicó muchas obras de este género desde 
1904, biografías sueltas y trabajos filológicos, todos los cuales puedfen 
verse en el hermoso libro Fray Miguel de Guevara y el célebre sánelo 
castellano '^No me mueve^ mi Dios, para quererte", Méjico, 1915, en 
donde sostiene ser su autor aquel fraile agustino. Don Victoriano 
Agüeros y mis primeros ensayos de escritor, 1912. Documentos relacio- 
nados con la Historia de México existentes en la nueva Biblioteca pú~ 
Mica de Nueva York, 1912. Compendio de la historia de la Real Ha- 
cienda de N. España, escrito en el año d'e 1794 por J. Maniau, Méjico, 
1914. Los Jefes del Ejercito mejicano en 184/, ibid., 1914. Vocabulario 
de la lengua Mame, Méjico, 1916. Clearco Meonio. Breves noticias acer- 
ca del ilustrísimo señor don Joaquín Arcadia Pagaza, 1919. 

193. Año 1904. Abul-Bagi, argentino, publicó Armonías y reben- 
cazos, 1904. Reincidencias, 1905-09. — José Acebal González publicó 
Roja y pinta, novela, Madrid, 1904. — R. Aguirre publicó Los Innomi- 
nados, nov., Barcelona, 1904. — Abel Alarcón (n. 1881-), boliviano, 
publicó Pupilas y cabelleras. La Paz, 1904. Insomnio, prosa, ibid., 1905. 
Litigio paraguayo-boliviano, ibid., 1905, De mi tierra y de mi alm'O, 
cuencos, ibid., 1906. El Imperio del Sol, poesías, ibid., 1909. En la corte 
de Yahvar-Huacac, nov. incásica, Valparaíso, 1916. La Literatura bo- 
liviana (i 545-1916), N. York, 1917 {Rev. Hisp.). Gitanjali, trad. de Ra- 
bindra Nath Tagore, Madrid, 1917 {Calece. Cervantes). — Lino Alonso 
Alda estrenó El Huérfano de Madrid, dr., Santiago de Chile, 1904. — 
Adolfo Alegret publicó El Monasterio de Poblet, Barcelona (1904). — 
Enrique Alvarez Henao, colombiano, poeta del desengaño, escribe con 
soltura y donaire, con cierta sonrisa en los labios al contemplar la va- 
nidad de todo, porque todo pasa. Acabados son sus sonetos La Abeja 
y Los Tres ladrones. Publicáronse sus poesías en Biblioteca Apolo, nú- 
meros II, 31, 34; una fechada en 1904. — Rafael Alvarez García es- 
trenó La Ventana del jazmín, boceto, Sevilla, 1904. — Sabino F. Alva- 
rez publicó Ante Dios y el hombre, lamentos del trabajo, poema en dos 
libros y catorce cantos, Madrid, 1. I, 1904; 1. II, 1906. — Ricardo Allué, 
de Valladolid, abogado, redactor d^ periódicos de provincias, como El 
Norte de Castilla, de Valladolid, publicó Junto al camino, crónicas, 
1904. — Arturo Amblard, senador en Madrid (1915), publicó Notas 
colonialci, Madrid, 1904, obra imparcial y elocuente. — Juan Julio 



1 5o ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (l888-iq07) 

Amor Calzas publicó Curiosidades históricas de la ciudad de Huete, 
Madrid, 1904. Faldas, aprop., 1909. — José Antich publicó Andrógino, 
poema, Barcelona, 1904. Egoísmo y alttutsmo, 1906. — Postales de An- 
TÓFiLO, poesías, Cáceres, 1904. — Francisco Antón y Casaseca^ zamo- 
rano, red'actor de El Correo de Zamora (1899...), gran conocedor del 
arte castellano, prosista ameno, fluido y castizo, publicó los cuadros 
regionales, pintados con brío, Llanura, novelita; El Nidal de la raza y 
'De la vida de un segundón. Además, El Coro de la Catedral de Zamo- 
ra, 1904. El Arte rotnánico en Zamora, Valladolid, 1918. — Fr;\ncisco 
Arce, gloriosamente herido, con once heridas, en Santiago de Cuba, 
publicó, además de sobre Jurisprudencia, Pasionales, cuentos, Madrid, 
1904; Habana, 1914. La Calatrava, nov., 1905. Impresiones sobre Gua- 
temala, Guatemala, 1907. — Mariano Armengol, por seud. Verdugui- 
llo, en El Toreo (Barcelona, 1889), publicó Secreto punible, drama, Lo- 
groño, 1904. — Arpas cubanas, poetas contemporáneos. Habana, 1904, 
pról. de Conde Kostia, de 29 poetas. — Alfredo Arvelo Larriva, de 
Barinitas (Venezuela), poeta de los mejores de su tierra, descriptivo, 
colorista y vivo, publicó Enjambre de ruinas. Ciudad dt Bolívar, 1904, 
Sones y Canciones, Caracas, 1912. — La Marquesa de Ayerbe publicó 
El Castillo del Marqués de Mos en Sotomayor, Madrid, 1904; Ponte- 
vedíra, 1905. — José Bañares y Magán publicó Napoleón I y Napo- 
león III, Soria, 1904. Cisneros y Richelieu, Pontevedra, 191 1. — Leo- 
poldo Basa, gallego, buen novelista, veloz en el desenvolvimiento y 
bastante psicólogo, de lenguaje limpio y expresivo, publicó Espigas 
sueltas, 1904. La Leña de la vida, dr., 1914. El Premio, nov., Madrid, 
191 5. — FÉLIX B. Basterra publicó Leyendas de la humildad, Montevi- 
deo, 1904. — El Beso de San Silvestre, entremés, por L. S. y A., 1904. — 
G. de Beugny d'Hagerne. chileno, publicó La Novela de un espía je- 
suíta, Santiago, 1904. — Biblioteca Mejicana histórica y lingüística 
(Anales del Musco Nac), ]\Iéjico, desde 1904. — José María Blázquez 
DE Pedro, director en Béjar áe El Joven Patriota (1895), -^^ Dinamita, 
El Caballero Andante (Panamá, 1918), publicó Latidos, 200 cantares. 
Ideas y sentimientos, poesías, Madrid, 1904. Rebeldías cantadas. Pen- 
sares. La Agonía del soldado, poema monólogo. El Derecho á los pla- 
ceres, conf. Himnos anarquistas. La Ciencia del dolor, poes., Panamá, 
1917. — Mariano G. Bosch publicó Teatro antiguo de Buenos Aires 
(piezas del s. xviii), B. Aires. 1904. Misericordiei, dr. trágico, 1907. 
Historia del teatro en Buenos Aires, ibid., 1910. — Luis Roberto Boza, 
chileno, publicó Rosas de Pasión, Santiago, 1904. La Urbe, nov., Val- 
paraíso, 19 1 7. — Francisco Bulnes publicó Las Grandes mentiras de 
nuestra Historia. La Nación y el ejército en las naciones extranjeras, 
París, 1904. El Verdadero Juárez y l-a verdad sobre la Intervención y el 
Imperio, ibid., 1904. La Guerra de Independencia, Hidalgo, Iturbide, 
México, 1910. — Eduardo Caballero de Puga (n. 1847-). madrileño, fun- 
dador de El Criterio Hispano y El Vigilante, redactor de La Discu- 
sión, La Iberia, La Prensa, publicó Flores al viento, poesías, Madrid, 
1904. Centellas filosóficas y morales, sociales y políticas, ibid., 1916. 



S. XX, 1904, LUIS G. COSTI l5l 

— Arturo Cabrera, diplomático chileno, por seud. Sir Arthur, Quito- 
Chile, Vizconde Chinda, publicó Prosa sencilla, cuentos, Santiago, 1904. 
El Ramo de prisiones, 1907. Hacia la ciudad de Shiris, Valparaíso, 191 1. 
El Doctor Hipólito Villegas, Santiago, 1912. — Canciones patrióticas, 
Madrid, 1904. — Ricardo Carreras publicó Doña Abtdia, Barcelona, 
1904. — Manuel del Castillo, director de El Renacimiento, en Cádiz 
(1896), publicó Recuerdos de ayer, poesías, Cádiz, 1904. — Manuel Cas- 
tro Alonso, obispo de Jaca, director de la R^ev. Eclesiástica (Vallado- 
lid, 1896-1902), publicó Episcologio vallisoletano (1904), La Moralidad 
del Quijote (1906), etc. Sermonario Marial (1909), Sermonario de Ani- 
mas (191 i). — ^Los Padres Federico Cervós y Juan M." iSolá, jesuí- 
tas, publicaron El Palacio ducal de Gandía, Barcelona, 1904. — Colec- 
ción de documentos para el estudio de la Historia de Aragón, diri- 
gida por Eduardo Ibarra y Rodríguez para editar documentos que sean 
fuentes de monografías, sobre las cuales se redacte la Historia de Ara- 
gón. Serie i/: Documentos eclesiásticos, reales y particulares hasta la 
Unión de Aragón y C^italuña : I. Documentos correspondientes al rei~ 
nado de Ramiro I (1034-1063), por E. Ibarra, Zaragoza, 1904. II. Do- 
cumentos correspondientes al reinado de Sancho Ramírez, t. I (1068- 
1094), por José SalarruUana de Dios, Zaragoza, 1903. Están dispuestos 
los originales para los documentos de los restantes monarcas. Don 
Juan Martínez de la Vega publicará los de Sancho Ramírez que fal- 
tan ; el señor Sinués, los de Pedro I ; el señor Galindo, el señor Mora y 
el señor Ramos Loscertales, los de Alfonso I; el señor don Pedro Lon- 
gás, los de Ramiro II. Serie 2.^: Ordenanzas de ciudades. I. Forum Tn- 
roli, por Francisco Aznar Navarro, Zaragoza, 1905. II y III. Orde- 
nanzas de la ciudad de Zaragoza en la Edad Media, por Manuel Mora 
y Gaudo, 2 vols., ibid., 1908. IV. Ordenanzas de Santa María de Alba- 
rracín, por Carlos Riba García, ibid., 191 5. El señor Mora prepara otras 
Ordenanzas. Serie 3.^: Documentos referentes al desarrollo material 
é intelectual: I. Antiguos gremios de Huesca, por Ricardo del Arco, Za- 
ragoza, 19 II. II y III. Memorias de la Universidad de Huesca, por id., 
ibid., 1912-16. Serie 4.° : Varia : I. La Representación aragonesa en la 
Junta Central Suprema, por Pedro Longás Bartibás, Zaragoza, 1912. Se- 
rie 5." : Jurídica. Preparan Ureña y Bonilla el Código de Huesca de don 
Vidal Cañellas. — Colección de Libros y Documentos referentes á la His- 
toria de América, ed. Victoriano Suárez, Madrid, 1904-13, 15 vols. — Co- 
lección escogida de canciones, décimas y guarachas. Habana, 1904. — Isi- 
doro Coloma Quevedo (n. 1864-), de Cevico de la Torre (Falencia), por 
seud. Ángel Guerra desde 1890, escribiendo en El Eco de Castilla, des- 
pués añadido El Mayor (1902) para distinguirse de Bethencourt, que 
había tomado el mismo seudónimo; fué celebrado periodista (1887-96) 
en los periódicos de Valladolid, redactó El Norte de Castilla (1895), 
es presidente de la Audiencia de Logroño y publicó Espuma, 1904. — 
J. Conangla Fontanilles (n. 1875-), de Montblanch (Cataluña), pu- 
blicó Elegía de la guerra, poesías, Barcelona, 1904. La Ciudadanía 
adoptiva, 1916. — Luis G. Costi, cordobés, periodista, publicó Un ca- 



521 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

bildo de altura, instantáneos, Habana. Plumas gratuitas y mercenarias, 
Guanajay, 1904. Tres conferencias, Cienfuegos, 1910. — Juan Cuísta 
Y DÍAZ publicó Colección de frases y refranes, Madrid, 1904, 5 vols. — 
Eduardo L. Chavarri, poeta A'alenciano, á quien delicadamente ha- 
blan las cosas manuales de la vida, las menudencias mudas, los rinco- 
nes solitarios, publicó Cuentos líricos, Valencia. Armónica, Madrid 
(1904). — LisiMAco CiiAvARRÍA (1877-1913), de San Ramón (Costa Rica), 
artista, escultor en madera y muy culto literato, que salió del pueblo y 
labró su fama á fuerza áe afanes, empleado en la Biblioteca Nacional, 
ingenuo y humilde, poeta demasiado fecundo, aunque "casi no hay com- 
posición suya en donde no brille la chispa del numen verdadero", como 
dijo Alejandro Alvarado (Bocetos, 1917) ; "su nota característica fué 
la dte reflejar como en paleta de pintor bucólico la vida de los campos 
de su país, la dulzura de las chozas, los vigores de los aldeanos, todlo 
eso en el cuadro de nuestra exuberante naturaleza tropical...; podía 
decirse que estaba obsesionado por la idea de hacer poesía regional". 
Escribió mucho en revistas y periódicos y publicó Orquídeas, poesías, 
1904. Nómadas, id., 1905. Desde los Andes, id., 1907. Añoranzas líri- 
cas, id. Manojo de guarios, id., 1913. — Los Hampones de la literatura, 
por Chiquiznaque, Madrid, 1904. — Pedro Dávalos y Lisson, peruano. 
cónsul en Cuba, publicó La Ciudad de los Reyes, nov., Habana, 1904, 
1906, obra excelente. Después escribió las novelas históricas Leguía y 
Manuel Pardo. — Alfonso Delgado Castilla estrenó Los Ministros, ju- 
guete (con E. Oláiz), 1904. — Ramón Detell estrenó Los Tejedores, 
drama lírico^ 1904. Colasín, zarz. (con Federico Riera), 1908. — Juan 
Pedro Didapp publicó Gobiernos militares de México..., Méjico, 1904. 
— Marcelino Domingo (n. 1884-), die Tarragona, director de La Saeta 
(Tortosa, 1904), publicó A punta de pluma. El vivir de un alma. Per- 
files y semblanzas. Yo acuso, discursos, Tortosa, 1918. Para el teatro: 
La Gaviota. Flores de almendro. Táctica nueva. Vidas enfermas, com., 
Tortosa, 1909. La Misma senda. Esperanza. — Ramón Domingo de 
Ibarra, coronel, de Guantánamo (Cuba), publicó Fusilados, recuerdo 
hist., Madrid, 1904. Cuentos históricos, Santa Cruz de Tenerife, 1905. — 
Antonio Domínguez Fernández (n. 1880-), de Santa Cruz de Tene- 
rife, juez municipal de IMadrid, buen escritor, estrenó El Bateo, saín, 
^música de Chueca). El Ciego de Buenavista, 1904. El Seductor (músi- 
ca de Chapí), 1905. Relatos, novelas, Madrid!, 1905. Los Viejos, zarz., 
1909. Ahajo los consumos. El Mayor éxito, com., 1909. ¡Solos al fin! 
La Nueva ley, 1910. Yo soy un hombre. Colgar los hábitos, sain., 1910. 
Gloria al vencedor, trag. El Fresco de Coya. La Buena voluntad, com., 
1913. El Buen español, com., 1914. Recuerdo, com. (con Pío Arias Car- 
vajal), 1917. Juan el tonto, com., 1918. Gloria y familia, com., 1918. — 
Raimundo Domínguez García (n. 1884-), granadino, ha publicado Ca- 
llejerías, diálogos andaluces, y para el teatro, La Niña de los Cantares, 
zarzuela ; El Piropo, entremés cómico ; La Competencia, id. ; El En- 
carguito, entremés lírico. En siete minutos (1908). — Manuel Escuder 
publicó Ratos de ocio, poesía y prosa, B. Aires, 1904.' — José Esteva y 



S. XX, 1904. EMILIANO GUILLEN 1 53 

González estrenó ¡Muerta!, novela, Madrid, 1904. — Gerardo Farfán 
DE LOS Godos, colaborador de Madrid Cómico, publicó Pavesas, poesías, 
Madrid, 1904. La Tía Javicra, jug. (con Ricardo Juvera, 1907). El Gri- 
to de la Independencia (con Javier do. Burgos), 1908. La Cruz del can- 
chal, zarz. (con Gabino Peraita), 1908. Rosiña, zarz. (con José Pérez 
López), 1909. La Fundición, zarz. (con Gabino Peraita), 1909. Los Gra- 
jos, zarz. (con Gabino Peraita), 1910. — Alejandro Fernández Garcí\, 
venezolano, publicó Oro de alquimia, poesías preciosistas, Caracas, 
1904. — Antonio Fernández de Heredia publicó Doctrinal fauróm-aco 
de "Hache", Madrid, 1904. — Juan de Dios Fernández estrenó Los 
Amores de un soldado. Habana, 1904. — Manuel Fernández Palomero 
(•j- 1914), llamado Palomero el Malo, para distinguirle de Antonio Pa- 
lomero, de quien dista infinito, escribió para el teatro obrillas del género 
ínfimo: La Regeneración (1904). Viva la niña (1904). Perico el Joro- 
beta (con A. López Laredo, 1905). Academia modelo (con E. Córdoba, 
1905). El Crimen pasional (con J. Moyrón, 1905). Lu Casa de Socorro 
(con id., 1906). El Pobrecito príncipe (con Javier de Burgos, 1908). La 
Penetración pacífica (con Pedro Pérez Fernández, 1908). A. C. y T., que 
se va el tío (1909). La Alegre doña Juanita, opereta (1910). Madrid ale~ 
gre (191 1). Malas pulgas, sain. (1912). El Banderín de la cuarta, zarz. 
(1912). De padre y muy señor mío (con M. Cambra Sanz, 1913). La 
Oración de la vida, com. (1916). Ojito con las mujeres (1917). — Pedro 
Lautaro Ferrer, chileno, publicó Historia general de la Medicina en 
Chile, Talca, 1904 (sólo un tomo). Los Brujos de Chiloc, Santiago, 
1908. — Luis Ricardo Fors, director de la Biblioteca Pública de La Pla- 
ta, publicó índice cronológico de los trabajos ejecutados en la Im- 
prenta de los Niños Expósitos de B. Aires durante los siglos xviii 
y XIX, y que existen en la Bibl. Pi'ibl. Prov. de La Plata, La Plata, 
1904. Espíritu del "Quijote", 2." ed., B. Aires, 1916. Vida de Cervantes, 
ibid., 1916. — Manuel José García publicó Celeste, poema, Madrid, 1904. 
Estudio crítico acerca de "El Vizcaíno fingido" de Cervantes, premia- 
dlo, 1905. — Antonio González Villa-Amil (n. 1842-), de Cáceres, abo- 
gado, director de La Reforma (1903), publicó Colección de cuatro mil 
epigramas, Barcelona, 1904, 4 vols. ; Madrid, 1914, 2 vols. — Jenaro Lu- 
cas González^ presbítero, publicó Granitos de incienso ó Colección de 
cuentos morales. Avila, 1904, 1906. — Lino González Ansótegui 
(■f- 1918), poeta palentino, premiado en varios Juegos Florales, cola- 
borador de El Mundo de los Niños (1891), redactor de El Día de Fa- 
lencia, colaborador de Blanco y Negro, publicó Efímeras, Falencia, 
1904. Cancionero de la Infancia, Burgos, 1907. — Francisco Gras y 
Elías publicó El Periodismo en Reus desde el año 18 13, Tarragona, 
1904. — Isidoro R. de la Guardia (f 1912), matancero, publicó Crisá- 
lidas, poesías, Cienfuegos, 1904. — Fray Cecilio Güemes (n. 1870-), de 
Burgos, agustino, publicó Adiciones y continuación de "La Imprenta 
en Manila", de don J. T. Medina, Manila, 1904. Filipinerías , Hoilo, 
1913. — Emiliano Guillen publicó Risas y lágrimas, versos, Madrid, 
1904. La Real moza, entremés (con J. del Pino), 1905. — León Felipe 



154 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-T907) 

GxJTiÉRREZ publicó Victorino^ memorias de un loco, novela, Santan- 
der, 1904. — Heraldo del Istmo, Panamá, 1904, rev. liter. — Isidoro Ho- 
yos y DE LA Torre, marqués de Hoyos, publicó Los Judíos españoles 
en el Imperio austríaco y en los Balkanes, Madrid, 1904. — Juan del 
Huerto publicó Dos horas en coche, comedia, 1904. La Hija de la por- 
tera, novela, 1904. — Carlos Lamarca Bello, chileno, estrenó El que 
menos corre, com., Santiago, 1904. El Fiacre n. 13, com., 1908, La Con- 
quista de la dicha, nov., 1910. Los Horizontes del bien, nov., 1911. El 
Bien y la galanura, com., igi2. — El padre Lucio Lapalma (n. 1864-), 
de Salto (Argentina), jesuíta (1884), publicó Musa cristiana, poesías. 
Buenos Aires, 1904. Tradujo en octavas los seis primeros cantos de La 
litada, — Celestino León publicó Mesa revuelta, Madrid, 1904. Con- 
sueliyo, zarzuela (con M. Falcón), 1905. El Barón de la Chiripa, zarz. 
(con Man. L. Cumbreras), 1907. Nubes de paso, jug., 1908. — S. Liva- 
ciCH publicó Historia de los Incas, B. Aires, 1904. — Julián López Pi- 
neda (n, 1879-), de Sensentí (Cofran, Honduras), teniente general, 
fundador en San Salvador de una Academia literaria (1904), doctor en 
Leyes (1905), profesor de Literatura castellana (1908), después abo- 
gado (1910) y periodista, publicó Marina, nov. Cosas sin alma. Vida 
y dolor, poesías. Verdadera libertad. Matrimonio. Lecciones de Gra- 
mática castellana. — Manuel Lozano Casado, andaluz, por seud. Bra- 
vonel^ publicó Claros de luna, poes., Habana, 1904. La Canción de los 
recuerdos, id., 1906. Del amor y del recuerdo, nov. cortas, 1907. Cova- 
donga, 1907. Tiempos de leyenda, poes., 1909. La Novela de la vida,. 
1913. — A. Mallo Herrera publicó Sombras de mi patria, novela, Ma- 
d!rid, 1904. — Fray Luis Mansilla publicó Las Misiones franciscanas ae 
la Araucania, Angol (Chile), 1904. — Manuel Mañas estrenó La Caja 
de mazapán, juguete, 1904. El Mejor caballo blanco, 1908. El Leñador, 
zarz., 1912. — Nicolás Mariscal, mejicano, profesor de Bellas Artes, 
publicó La Crisis artística y literaria en la época moderna, 1904, etc. — 
Jerónimo Martell estrenó El Serrano^ zarzuela, 1904. — Saturnino 
IM^RTÍN Cerezo, capitán de Infantería, publicó El Sitio de Baler, no- 
tas y recuerdos, Guadalajara, 1904; Madrid, 191 1. — Fray Víctor Matu- 
rano (n. 1862), de Colchagua (Chile), publicó Historia de los Agustinos 
en Chile, dos vols., Santiago, 1904. Vida de Santo Tomás de Villanueva, 
1908. Historia general de los Ermitaños de San Agustín, Santiago, 1912- 
14, 5 vols. — Sergio Medina, poeta venezolano, de La Victoria, de los me- 
jores de sil tierra, egloguista motíerno, publicó Églogas aragüeñas (de 
Aragua), sonetos, 1914. Poemas de sol y soledad, 1913. — Santiago de 
Mena y Aristeguieta estrenó Jordano Bruno, drama, 1904. Domiciano. 
tragedia, 1904. El Novísimo don Juan, juguete, 1904. Los Primeros 
hermanos, drama. 1904. Luchas de abnegación, id.. 1904. Buen padre 
y mala hija, poema, 1904. Mentira, poema, 1904. Decir la verdad min- 
tiendo, 1905. El Rico nuevo, 1905. Notas del alma, poesías, Madrid, 
1905. Cuentos en prosa, 1905. Cuentos y leyendas, poesías, 1905. El 
Avaro, zarz., 1913. Hacer por deshacer, com., 1913. — Mario Méndez 
Y Bejarano (n. 1857-), de Sevilla, catedrático de Francés del Instituto 



S. XX, 1904. VICENTE DEL OLMO 1 55 

de Granada (1887), y por concurso, de Literatura en Madrid (1899),. 
publicó La Ciencia del verso, 1904, 1908. Vida y obras de don José 
Blanco y Crespo, Madrid, 1905. Crónica de los Juegos Florales en Se- 
villa en igoQ. Instituciones de historia literaria. Analectas, 1909. His- 
toria política de los afrancesados, 1912. Biohibliografla hispálica de 
Ultramar, 1912, 1916. Conferencias sobre filosofía del arte, 1916. — 
Ramón María Menéndez (f 1913), de Matanzas, educado en España, 
juez en Puerto Rico, publicó A Martí, poesías, 1904. Cuba, Habana, 
1907. Turbonada, cuento, 1908. Morir habernos, nov., 1912. Ocaso, no- 
vela, 1913. — Benjamín Merchán estrenó El B-alcón, entremés (con 
F. R. Zaragoza.), Sevilla, 1904. — Ramiro Manuel Merino publicó Ratos 
perdidos; poesías festivas, Madrid, 1904. Poesías de un burgués, 1915. 
— César Miranda (n. 1884-), de El Salto (Uruguay), por seud. Pablo 
de Grecia, jurisconsulto (1908), diputado (1916), redactor de La Razón y 
El Tiempo (1916-17), poeta modernista, artificioso y rebuscado, publicó 
Letanías simbólicas, 1904. Las Leyendas del alma 1907. Prosas, 1916. — 
Manuel Monterrey (n. 1879-), de Badajoz, poeta modernista, pero no 
raro, publicó Mis primeros versos, Badajoz, 1904. Mariposas azules, 
poesías, íbid., 1907. Madrigales floridos. Lira provinciana, ibid., 1910. — 
Ramón Montero Brown, uruguayo, salesiano, revelóse poeta en el 
concurso de La Plata de 1904, premiado por su Excelsior: correcto, de 
hondo pensar y sentir. — Fulgencio R. Moreno publicó Diplomacia para- 
guayoboliviana, Asunción, 1904. Estudio sobre la independencia del Pa- 
raguay, Asunción, 191 1. — El padre Esteban IMoreu (n. 1863-), de Rq- 
bres (Huesca), jesuíta, publicó La Ciiez'a de Hércules, leyenda, Barce- 
lona, 1904. La Nave Victoria, Friburgo, 1904. Historia de un ángel, 
Barcelona, 1905. De color de cielo, narraciones, ibid., 1905. Fundamen- 
tos de cultura literaria, ibid., 1912, 1915. — Armando Muñoz y Marre- 
RO, matancero, publicó Azucenas, 7Jcrsos, Matanzas, 1904. — Diedo José 
Muñoz y López de Haro estrenó Regeneración, comedia, 1904. — Par- 
naso Michoacano, ]\Iorelia, 1905 (de 35 poetas). — Marcelino Navarro 
Allué estrenó La Escalera de los duendes, juguete, 1904. Miserias hu- 
manas, comedia, Bilbao, 1913. — Carmen Nevado, delicada poetisa, re- 
traída en Badajoz, colaboró en la Rev. de Extremadura (1904). — Gas- 
tón A, NiN, uruguayo, publicó Las Sonatas modernistas, Montevideo, 
1904. — Félix F. Noriega publicó Diccionario Geográfico de Costa Ri- 
ca, San José, 1904. — 'Luís de Olive y Lafuente estrenó Un aviso, bo- 
ceto, 1904. El Certificado, jug., 1908. No hay prenda como la vista, 
jug. (con Emilio G. del Castillo), 1910. — Vicente del Olmo (n. 1880-), 
de Puerto Rico, estrenó Matrimonio, jug., Gijón (1904). Las Fiestas de 
Somaeu, zarz. 1906. Morir viviendo, monól. (1909). El Mozo de tren 
(ídem). Dos jóvenes agraciados desean protección, entr. El Tango de 
la castaña, entr., Madrid (1910). Los Amores de Marta Luisa, dr., To- 
rrelavega (1913). El Travieso don Canuto, entr., Madrid (1914)- ^^ 
mozo sin labranza, entr. (1916). El Crimen de Cercedilla, pasillo (con 
Justo Fornovi, 1917). El Calvario de Cristo, jirón de la bohemia, no- 
vela, 1917. La Política de don Eduardo Dato, 1917. — Sinforiano 



156 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Omaña de León compuso Elisa y Gerardo, drama, 1904. — Ramón Orts- 
Ramos publicó Los Mayorazgos de Bcneloja, Barcelona, 1904. — Ak- 
TONio Otero y Novo (f 1913), gallego, publicó Bromas y veras..., ver- 
sos cubanos, cuentos criollos, Ferrol, 1904. — Nicolás í'alacios, chi- 
leno, publicó La Raza chilena, Valparaíso, 1904. — Federico de Palo- 
mera estrenó Tempestad y calma, 1904. La Niña del organillo, melo- 
drama, 1905. Siei'Hpre el dinero (con J. Salas Pont), 1905. Hermanos 
gemelos, 1906. Choque de automóviles, 1907. Piensa el ladrón..., com., 
1909. — Claudio Peñaranda (n. 1884-), poeta boliviano, publicó Líricas. 
— José Manuel Pérez Sarmiento (n. 1882-), de Bogotá (Colombia), pe- 
riodista, diplomático, hoy en Cádiz, culto y erudito, ameno y castizo es- 
critor, publicó La Guerra de Tolima, Bogotá, 1904. Apuntes sobre asun- 
tos colombianos, Caracas, 1908. Colombia contemporánea, ibid., 1909. La 
República de Colombia, Cádiz, 1913. Sobre fronteras y consulados de 
Colombia, ibid., 1914. Manual consular colombiano, ibid., 1915. Enfer- 
medades tropicales, ibid., 191 5. De fenomenología mágica en la Amé-^ 
rica prehistórica, disc, ibid., 1916. La Mujer en el descubrimiento y 
civilización de America, disc, ibid., 1916. El Proceso de Nariño, ibid., 
1916. Recuperación de Gibraltar, disc, ibid., 1917. Fiesta de la raza, dis- 
curso, ibid., 1917. Colombia (17^9-1918), ibid., 1918. Colombia, revista 
(siete años). — Luis Pérez-Rubín, archivero, colaborador de La Niñez, 
La Ilustr. Cat.. El Porvenir, de Valladolid (1902), publicó Vamba-Si- 
mancas, Valladolid, 1904. La Flor de la vida, Valladolid, 1914. La Li- 
teratura del "Quijote'', ibid., 1916, — Jesús Pernas estrenó El Anar- 
quista, juguete, 1904. El Hijo del general, jug. (con Gaspar Rivas), 
1910, Sangre castiza, sain., 1910. Los Cándidos pretendientes, 1914. — 
Paco Pico publicó Una doncella en peligro, novela, Barcelona, 1904. — 
Próspero Picíiardo y Arredondo, villareño (Cuba), por seud. Flori- 
mel, publicó Párrafos y estrofas, cuentos, poesías, Habana, 1904. Arte 
y vida, sonetos, crónicas, 1907. — Francisco S. Piedra, de Cárdenas 
(Cuba), publicó Crepusculares, décimas. Cárdenas, 1904. — Carlos 
Pietsch, profesor de la Universidad de Chicago, publicó The Spanish 
Particle he, 1904-05 (en Modern Philology). Notes on Spanish Folklo- 
re, 1907-08 (ibid.). Spanish Etimologies, 1909-10 (ibid!.). Duecho, 191 1- 
12 (ibid.). Znr Spanischen Grammatik, 1912-13 (ibid.). Preliminary No- 
tes on Tzvo Oíd Spanish Versions of the Disticha Catonis, Chicago, 
1912. Concerning Ms 2-G-5 of the Palacc Library at Madrid, 1913-14 
(ibid.). On the Spanish Grail Fragments, 1915-16 (ibid'.). — Ángel Pu- 
lido Fernández, madrileño, médico, por seud. U. P. Lido; en El Siglo 
Médico (1881), El Bachiller Triaca, publicó Los Israelitas españoles y 
el idioma castellano, Madrid, 1904. Cartas escandinavas, 191 1. — Puna- 
ditos de sal, chistes, Barcelona, 1904. — Pelayo Quintero y Atauri, 
de Uclés, pintor paisajista, publicó Uclés, Madrid, t. I, 1904; Cádiz, 
t. II, 1913; ibid., t. III, 1915. Sillas de coro, Madrid, 1908. Los Asuntos 
profanos en las esculturas de las iglesias españolas, 1912 (en Museum, 
abril). Necrópolis anterromana de Cádiz, 191 5. Cádiz, primeros poblado=^ 
res, hallazgos arqueológicos, Cádiz, 1917. — Teodoro Quirós Blanco 



S. XX, 1904. FEDERICO SANTANDER RUIZ ibj 

(1876- 1 902), de San José de Costa Rica, dejó Artículos escogidos, publi- 
cados en 1904. — Inocencio Rkdondo publicó Iglesias primitivas de Astu= 
rias, Oviedo, 1904. — Revista de la Universidad de Buenos Aires, direc- 
tor Rodolfo Rivarola, desde 1904. — Eduardo Rmítes Prósper (n. 18Ó0-), 
valenciano, ayudante de Ciencias por oposición (1887) y áú Jardín Bo- 
tánico (1893), catedrático át Fitografía en la Central (1902), gran bo- 
tánico, publicó Fauna y flora de In numismática española, Barcelona^ 
1904. Las Carofitas de España, IMacírid, 1910. Plantas curiosas de Ca- 
vanilles, ibid., 1912. Claveles y clavellinas de España, 1914. El Silphio 
maravilloso, 1915. Las Estepas de España y su vegetación, 1915. Dos 
noticias históricas de don A. J . Cavanilles y de Cavanilles y Centi, igiy. 
— Francisco de Reynoso, colaborador de La Ilustr. Esp., publicó La 
Corte del Mikado, bocetos japoneses, Madrid, 1904. — Manuel F. Río 
publicó Geografía de la provincia de Córdoba (con L. Achával). B. Ai- 
res, 1904-05, 2 vols. — 'Cecilio A. Róbelo^ mejicano, publicó Diccionario 
de aztcquismos (del castellano), Méjico, 1904. — Pedro Roca publicó Ca=. 
tálogo de los manuscritos que pertenecieron á don Pascual de Gayangos, 
Madrid, 1904. — Armando Víctor Roxlo y Miralles (1884-1912), i^onte- 
videano, hijo de catalanes, estudió en Buenos Aires, fué redactor de Le 
Razón (1906-12) y escribió poesías elegantes y sinceramente sentidas,, 
como Carnavalesca, La Manzanilla, Vuelve, Canción isleña^— huís Sáinz 
Montero publicó Un tninistro en Apcarsus, novela, Madrid, 1904. — José 
Salgado (n. 1875-), montevideano, abogado (1901), diputado, historiador^ 
catedrático de la Universidad, publicó Canto á la paz, 1904. Historia de 
la. Rep. Or. del Uruguay, h^sta. hoy 5 vols. Los Cabildos colonieiles, 1910. 
— .Galo Salinas Rodríguez, poeta laureado gallego, fundador en La Co- 
ruña de la Rev. Gallega (1896-900), estrenó Gloriosa derrota, Coruña, 
1904. — Alfredo G. Sánchez Ruidosam estrenó No hay remedio^ me sui- 
cido, monólogo, 1904. — Marqués de San Kmilio (¿Emilio Villaverde?) 
publicó Novelas cortas. Habana, 1904. — Federico Sangrador Mingúe- 
la publicó La Iglesia de San Benito el Real de ValladoUd, ibid., 1904. — 
Sangre de hermanos, crónica de la última guerra civil de la Rep. Or. 
del Uruguay, 1904. — Pedro Sangro y Ros de Olano publicó obras de 
Sociología desde 1904. La Sombra de Ferrer, de la semana trágica á 
la guerra europea, Madrid, 1917. — Miguel de S. Román (n. 1883-), lau- 
reado poeta vallisoletano, obtuvo la flor natural en su ciudad natal y 
es periodista en Madrid. Estrenó Ilusiones de niña^ nionól., Valladoli<í, . 
1904. Almas vídgares, boceto, 1907. Almas vulgares, comedia. Las Alon- 
dras, id. La Décima musa, poema en un acto. La Abuelita Ltilú, comedia. 
La Señora no quiere comer sola, id. El Pájaro verde, zarzuela. El Dia- 
mante azul, comedia. El Bululú, saínete. Flor de vida, poesías. — Pascual 
Santacruz, colaborador de La Provincia (Huelva, 1903), publicó Clíni- 
cas de la Historia {psicología nacional). Ciencia antigua y nueva. Noble- 
za obliga, novela. Plagas contemporáneas, crítica y sátira (1908). Del 
teatro de la vida, novelas cortas. Relámpagos de pensamientos, Málaga, 
1910. En Esp. Mod. : El Carácter del pueblo español (1904, jul.). El Siglo 
de los marimachos (1907, nov.), etc. — Federico Santander Ruiz Jimé- 



158 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

NEZ publicó varias novelas en la biblioteca Patria, como Epistolario , 1904. 
Alma mater, 1907. Por el nombre, nov. (1907). La Casa de Balsain, 1910. 
Por Francia y por Suiza, apuntes de viaje, 1913. — Manuel de Sara- 
LEGUi Y Medina, marino y académico no se sabe por qué, publicó Un 
negocio escandaloso en tiempos de Fernando VII, 1904. Los Consejos 
del "Quijote", Madrid, 1905. Disquisiciones nicotianas, ibid., 1905. Re- 
cuerdos y rectificaciones históricas, ibid., 1907. Cuadros de la Historia, 
ibid., 1908. El Corregidor Ponfejos, ibid., 1909. Silueta del almirante 
de Castilla don Alfonso Jofre de Tenorio, 1910. Una sorpresa en tierra 
y su desquite en el mar, igi2. Lo siento amicho, consideraciones y do- 
cumentos relativos ó... Blasco de Caray, 1913. Alonso de S. Crus, disc. 
recep. Acad. Esp., 1914. Las Trombas marinas, 1915. Refranero espa- 
ñol náutico y meteorológico, Barcelona, 1917. Menudencias históricas, 
jgiy. Los Monumentos megalíticos de España, 1918. — Alfonso de 
Sawa y Salazar publicó Sin madre, ensayo de novela, Madrid, 1904. 
A través de la vida, bocetos sociales, Madrid (1910). — Fernando Se- 
gundo Brieva y Salvatierra, catedrático de la Central, publicó Dis~ 
curso de inaug., Madrid. 1904. La Mujer española de la Historia, Gra- 
nada, 1914.— Francisco E. de Silva, cubano, publicó La Canalla dorada 
ó La Herencia de Martina, novela. Habana, 1904, 2 vols. — Luis Silva 
Lezaeta, chileno, obispo titular de Oleno, publicó El Conquistador 
Francisco de Aguirre, Santiago, 1904. — Javier A. Silvestre publicó 
El Tirano Juan Manuel de Rosas, anécdotas..., 1904. — Antonio C. Tay- 
BO, cubano, publicó Poemas cortos. Polos opuestos. Habana, 1904. 
Amor de artista, 1906. — Nicolás Tello López publicó Leyendas infan- 
tiles, Madrid, 1904. — Maximiliano de Thous, valenciano, autor dra- 
mático y desde 1901 actor, estrenó La Casita blanca, zarzuela (con 
Elias Cerda), 1904. Moros y cristianos (con id.), 1905. La Feliz pareja, 
1907. El Pecado venial, com. lír. (con id.), 1908. Episodios nacionales 
(con id.), 1908. Botón de rosa, posat., 1909. Los Tres embuste- 
ros, zarz., 1909. Las Molineras, z arz, (con Elias Cerda), 1909. El 
Carro del sol, zarz., 191 1. — Tomás Tornero Pedrosa estrenó Por 
iin legado, juguete, 1904. — Domingo Torres Frías, arg-entino. pu- 
blicó Nicasio Oroño, su biografía, 1904. Argentinas, prosa y verso, 
B. Aires, 1908. French y Beruti, páginas de Historia argentina, B, Ai- 
res, 191 1. — Mariano Turmo Baselga, de Barbastro, director en Zarago- 
za del Diario Mercantil, empleado en Filipinas, á su vuelta publicó la 
novela baturra Miguelón, con soltura, facilidad y gran fuerza realista, 
Barcelona, 1904.. Está escrita en habla del montañés ribereño del Cinca, 
mezcla extraña de baturro y catalán con gotas de francés. Un drama en 
Antigua, ibid., 1904. La Sed, nov. postuma. — ^Luis del Valle y Pascual 
publicó Alma triste, Madrid, 1904. — Honorato Vázquez, de Cuenca 
(Ecuador), diplomático, publicó unos villancicos en castellano viejo, en 
Cuenca. Memoria histór. jurid. sobre los límites ecuatoriano-peruanos, 
Quito, 1904. Exposición ante S. M. C. don Alfonso XIII en demanda de 
la Rep. del Ecuador contra la del Perú, Madrid, 1906. El Epílogo pe- 
ruano, ibid., 1907. Litigio de límites entre el Ecuador y el Perú, ibid., 



\ 



S. XX, 1905. ENRIQUE DE MESA Y ROSALES 1 ^9 

1909. — Rafael Vega^ cubano, por seud. El Villarcño, publicó Lirismos 
y lirazos, Santa Clara, 1904. — Leopoldo Velasco, de Córdoba (Ar- 
gentina), poeta romántico rezagado, oscuraño, lagrimoso y desenga- 
ñado antes de tiempo, publicó El Poema eterno, 1904. Luego hízo- 
se algo parnasiano en los sonetos que tituló Semblanzas de la tie- 
rra, 1908 (en Nosotros). — Antonio de Vilasalba tradujo de Shake- 
speare La Fiere cilla domada, Barcelona, 1904. Ótelo, ibid., 1904. — Ma- 
nuel María Villaverde_, cubano, deportado en 191 1, estrenó El Deber 
de amar, boceto, 1904. Celos vencidos de amor, sain., Gijón, 1906. Pu- 
nta Rosal, nov.. Habana, 1912. La Política en Cuba, 1913. La Rumba, 
nov., 1915. — L. Williams publicó Algunos intérpretes ingleses de Ham- 
let y el verdadero espíritu de don Quijote, dos ensayos, Madirid, 1904. 
■Castilla, ibid., 1904. 

194. Año 1905. Antonio Rey y Soto (n. 1879-), de Santa 
Cruz de xArrabaldo (Orense), presbítero, cantor trágico román- 
tico en asuntos y manera, pero con un gusto exquisito, funda- 
mento real y cuanto basta de idealismo para sazonarlo y hacer 
poética y aérea la obra. Como poeta es castizo, brioso y colo- 
rista, robusto en el decir y elegantísimo en el versificar. Como 
-dramático se estrenó con envidiable suceso : acción rápida, con- 
traste de caracteres, situaciones francas, desarrollo claro y ve- 
loz, mucha poesía, sana y sincera, y admirable versificación. Es 
>de los dramáticos que más prometen. La Loba es novela de cos- 
tumbres gallegas, en lenguaje regionalizado, á lo Valle-lnclán, 
con puntas de recia tragedia y espíritu gallego. 

Enrique de Mesa y Rosales (n. 1879-), madrileño, cola- 
borador de La Correspondencia (1901-) y Helios, es el moderno 
continuador, no poco afortunado, del Arcipreste de Hita y del 
Marqués de Santillana; autores de los cuales muéstrase muy 
enamorado, así como del Paular y del Guadarraina, que han ins- 
pirado sus libros. Aristocrático en gustos y exquisito en la for- 
ma, parece un parnasiano, tanto en prosa como en verso, el me- 
jor de los parnasianos españoles; pero tan sólc puede conside- 
rársele como tal por lo refinado en lo escultural y pictórico de la 
expresión, siendo de suyo de rancia estirpe española, sin afecta- 
ción alguna, en asuntos y lenguaje muy castizo. Ha cantado la 
sierra del Guadarrama, llevando al arte muchas voces serranas, 
"hoy vivas y que tienen añejo abolengo y gran fuerza pictórica, 
lo cual da á sus poesías cierto tinte de literatura regional. Pero 
casi es un puro poeta descriptivo. No se entraña en las almas. 



lÓO ÉPOCA REGIOXAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

no toma parte en sus luchas. Ni siquiera los acontecimientos le 
atraen, ni nos cuenta historias pasadas ó hechos presentes. La na- 
turaleza sola le trae embebecido en sus paseos veraniegos por 
la sierra. A lo más alude de paso á serranas y mocetones que 
van y vienen harto callados, sin descubrirnos apenas lo que lle- 
van bien guardado en su pecho. Algo frío parece, por lo mismo, 
este objetivo pintar de la naturaleza, apuntándose no más y de 
soslayo á la vida. Bien que un cierto dejo de soledad no poco 
humana y de grandezas pretéritas fenecidas se desprenda, suave 
y melancólico como olor á tomillo, acre y dulce á la vez, deí 
conjunto, y la al parecer objetiva serenidad y aun sequedad fría 
siente bien al carácter castellano, semejando en estos cantares 
á la Cjue se siente recorriendo la tierra y al leer el romancero. 
Es la sobriedad y como adustez castellana, quo. encierra soterra- 
do, bajo la serena objetividad, un fondo preñado de afectos, 
que, tanto en las personas como en la poesía popular castiza, no 
revientan y salen afuera con estrtiendos y pueriles pasmarota- 
das. La musa popular castellana es modesta cual aldeana de 
corpino y castamente retraída; y retraída y modesta es la musa 
del moderno autor de las serranillas. Ese soplo de soledad añeja 
y melancólicamente sonora, que á la callada orea la pura des- 
cripción en las poesías de Enrique de Mesa, hállase en el tí- 
tulo de su libro El silencio de la Cartuja, donde el poeta dejó pe- 
gada más alma á las puras descripciones serraniegas, bien que 
del moderno autor de las serranillas. Ese soplo de soledad añeja 
de la Cartuja y de la sierra cuentan las cosas, más bien diríase 
C[ue lo cuentan en silencio y como por señas. 

María Eugenia Vaz Ferreira, poetisa uruguaya, medita- 
bunda y soñadora, nacida poco después de 1880, arrebató la 
atención del público con sus primeros versos, correctos, de ritmo 
original y muy ajustados al fondo, en que yace cierta filosofía 
rayana con el esceptismo, envuelta en resignada tristeza ima- 
ginativa. Tal en Meditación, A una golondrina, La Eterna can-' 
ción, Era de noche, Una herceuse de Chopin. Distingüese en- 
tre las poetisas americanas por el gusto artístico, que no la deja 
caer en prosaísmos y vulgaridades ; pero sobre todo por la hon- 
dura de sentimiento. Ningún poeta americano se le allega más 



S. XX, 1905. ENRIQUE DE MESA Y ROSALES 



161 



á Bécquer, de cuya escuela, queriéndolo ó sin quererlo, es se- 
guidora. Como él en España, es acaso Vaz Ferreira la poetisa 
más trasparente y sencilla en la forma de la América española. 
VÍCTOR Domingo Silva_, de Coquimbo (Chile), por seudó- 
nimo Cristóbal de Zarate en El Mercurio de Valparaíso, del 
cual fué corresponsal al pasar á Buenos Aires. Publicó en San- 
tiago su primer libro Hacia allá (1905), poemas humanitarios 
como los de Dublé Urrutia y Alberto Ghiraldo, con notas anár- 
quicas atrevidas, tan opuestas al modernismo que acababa de 
pasar de moda: "pero antes que poeta, soy revolucionario". 
Obra revolucionaria y tumultuosa aquella primera, que corría 
parejas con su natural fogoso y turbulento y con su vida bo- 
hemia adrede y por mor del arte. Después mostró sus dotes de 
poeta colorista y prosopopéico que se bizarrea arrastrando ro- 
zagantes y joyantes vestes, á lo Chocano y Rueda, dando rien- 
da suelta á su rica imaginación, plasmadora de imágenes gran- 
diosas y derrochadora de tesoros de palabras, sin amaneramien- 
tos, pero también sin gran esmero ni corrección. Finalmente, 
asentados estos bullidores elementos algo románticos y juve- 
niles, hanse ido aclarando pensamiento y forma, y sus poesías 
son serenas y delicadas, sueltas y fáciles, festivas y jugueto- 
nas. Estrenó con aplauso altas comedias y es el primer autor 
dramático de su generación. 

195- Rey Soto: Falenas, versos, Orense, 1905. N'ido de áspides, 
versos, Madrid, 1911. Remanso de pas, impresiones de viaje^ en prosa, 
ibid., 1915. Amor que vence el amor, dr., 1917. Cuento del lar, trag., 
1918. La Loba, nov., 1918. Consúltese Antonio Valero de Bernabé, El 
Poeta de Galicia^ Madrid, 1919. 

Ramón Pérez de Ayala, Ensayo en Cancionero, 1917: "La poesía de 
E. de Mesa se caracteriza, como la añeja poesía castellana, por el vo- 
cabulario, compuesto de voces concretas. En ella cada cosa está desig- 
nada con su nombre. Lo cual demuestra que el vocabulario ha sido adí- 
quirido orahnente... Quizás E. de M. es el poeta contemporáneo que 
ha dado estado lírico á mayor número de voces orales de nombres de 
cosas..., emoción directa de naturaleza, emoción pictórica y de rea- 
lidad sintética... El romance añejo y la poesía moderna de E. de M. 
pertenecen, en su aspecto plástico, á la escuela de pintura castellana, 
la pintura realista... La poesía de E. M. abunda en cuadros plásti- 
cos...; el sentimiento es recóndito y pudibundo, y acaso por esto mis- 
mo singularmente intenso. Bajo la traza áspera y casi impersonal de 

TCMO XM.— II 



1 62 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

esta lírica, cada objeto de naturaleza está vivificado y animado de la 
sensibilidad del propio corazón del poeta... La perfección de la poesía 
de E. de M. refleja la perfección de. aquello? tres viejos maestros de la 
poesía castellana (Berceo, Hita, Santillana)." E, de Mesa: Flor pagana, 
prosa, Madrid, 1905. Tierra y alma, poesías, 1906. Tragicomedia, prosa, 

1910. Andanzas serranas, prosa, 1910. Cancionero castellano, poesías, 

1911, 1917 (aumentado). El Silencio de ia Cartuja, poesías, 1916 (con 
intr. de R. Pérez de Ayala). Stendhal, Rojo y Negro, trad., 1919. His- 
toria de Manon Lescaut y el caballero Des Grieux, trad., 1919. La Cor' 
te poética de los Trastamaras (en prensa). Consúltese J. Cejador en 
Nuevo Mundo, 8 marzo 1918. 

Vaz Ferreira no ha coleccionado sus versos. Es también notable 
compositora. Véanse algunas poesías en El Parnaso Oriental, 1905; en 
Hebe, 19 18 (núm. 4). Raúl Montero Bustamante en El Parnaso Orien- 
tal (1905, pág. 308) : "Es, sin disputa, la primer poetisa Jfe América, la 
uiás grande que ha tenido el país. Su personalidad artística sólo puede 
equipararse á la de Zorrilla de San Martín, por la intensidad del sen- 
timiento, lo hondo de la emoción y lo exquisitamente delicado de su 
arte. Es discípula de Heine y ha formado su estilo en el oscuro ger- 
manismo del poeta de Dusseldori, que ella ha sutilizado al reflejarlo en 
su exquisito temperamento. Pertenece á la raza de los sensitivos, y, sin 
duda, en su emotividad de apasionada hay una mórbida aspiración de 
"más allá". Escribe desdie niña, 3^ en todas sus composiciones está el 
sello de su alma poderosa e inquieta." Lo de Heine creo yo que debe de 
ser tan erróneo como tratándose de Bécquer, 

V. D. Silva, Hacia allá: "Mis versos no son prismas para el kalei- 
doscopio, I ni se pulen á lima. Quizás puedan ser opio | para los bellos 
ojos que gustan madrigales ¡ ó becquerianas puestas en tarjetas pos- 
tales. I ¿ Qué hacer ? Yo no he nacido para bordar misivas ¡ que con 
palabras muertas mienten angustias vivas... | mis versos son violentos | 
y revolucionarios como mis pensamientos." Rodolfo Polanco Casanova, 
Ojeada crit., 1913, pág. 38: "£Z Viernes Santo y don Quijote: su lec- 
tura nos impresionó dilatadamente i nos dijimos: Este es un gran poeta 
que irá mui lejos. El Derrotero i otras obras posteriores no han hecho 
sino confirmar nuestra creencia. Hoi la fama pregona su talento 
más allá de las fronteras patrias. Sus dramas representados en Bue- 
nos Aires con todo éxito... En su estreno, la poesía de este joven era 
de combate i tendía á un avanzado socialismo; pero un Mecenas... le 
atrajo á su grata sombra i hoi su vuelo lírico se espacia en más sere- 
nos horizontes." Armando Donoso, Los Nuevos, 1912, pág. 103: "Co- 
laboracíor de todas las revistas, mantenedor de Juegos Florales en Val- 
paraíso, corresponsal de El Mercurio en el extranjero, propagandista 
entusiasta de la literatura argentina y poeta en todas partes... Los ver- 
sos florecen en su espíritu como las rosas del rosal silvestre; son una 
modalidad del pensamiento; nacen hechos con la emoción que les dio 
origen; del tal modo la gimnástica del ritmo ha creacío en el poeta es- 
tados de sensibilidad cadenciosa, habituales en fuerza de ser fáciles... 



S. XX^ 1905. PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA 163 

Silva ha abusado, por cierto, de su facilidad..., es un pródigo de su 
tesoro... Sólo así se comprende esa fecund'idad extraordinaria que va 
más allá de todos los lirismos, puesto que abarca hasta los géneros 
más opuestos, desde la crítica de arte hasta el cuento y la novela 
psicológica... Silva ha hecho alarde, en sus versos de juventud y ma- 
cedad, de sus preocupaciones sociales y humanitarias, volviendio los 
ojos hacia el arroyo, hacia la vida humilde y el dolor vulgar... El 
poeta hacía vida bohemia por razón de arte y de independencia es- 
piritual, lo cual le llevó á observar de cerca la miseria del suburbio, 
que ha evocado en algunos de sus mejores poemas, como ese triste 
Desde los conventillos, preñado de santa ira y de horror humano... 
Aparte del poeta humanitario, con vistas al idealismo anarquista, hay 
en la obra de V. D. S- im aspecto sentimental y bizarro, con mucho 
de romántico y de metafórico, por oposición al pesimismo naturalista 
<ie sus versos, anunciadores de tempestades. Sin ser imitadlor de Cho- 
cano, como buena y desacertadamente ha creído Juan Mas y Pl, hay 
algo en algunos de sus mejores poemas que responde á la técnica vi- 
ril del lirismo creado por Díaz Mirón y por el autor de Alma Amé- 
rica. Bastaría recordar tan sólo ciertos fragmentos de Bajo el sol 
■de la Pampa ó de El Derrotero para advertir ese generoso afán por 
exaltar el verso hasta una luminosidad escultórica, mediante la imagen 
atrevida, hasta la prosopopeya y la rima suntuosa, que en Silva ha en- 
contrado un cultor entusiasta y apasionado... Silva es, ante todo, un 
poeta sencillo hasta el descuido, enemigo de amaneramientos y amante 
de la riqueza léxica hasta la incorrección... El derrotero marca per- 
fectamente un instante de la evolución de su verso hacia un mayor co- 
lorido y hacia una exaltación de la poesía sentimental, que tiene cier- 
tos puntos de contacto con los poemas románticos... Más tarde... sa- 
crificará la tiranía verbal en holocausto del ritmo interior..., el valor 
trascendental que en el verso le atribuye á la emoción comunicativa, á la 
sensación de realidad inmanente que va de un corazón á otro como 
im fluido imponderable y sutil hasta lo inconsciente y lo inesperado...: 
esta su última manera... que traduce el verdadero exponente creador de 
los grandes líricos: capacidad y poder emotivo para hacer sentir la be- 
lleza propia en el espíritu de los demás." V. D. Silva: Hacia allá, poe- 
mas orijinales, Santiago, 1905. El Derrotero, dr., Valparaíso, 1908. Go- 
londrina de invierno, Santiago, 191 1, 1917. Poesías, Iquique, 1914. Las 
Mejores poesías, Santiago, 1918. Comedias, como El Pago de una 
deuda, Santiago, 1908; Como la ráfaga. Dramas: Los Cuervos y Nues- 
tras víctimas, ibid., 1912. Obras todas estrenadas en Buenos Aires, 

196. Año ipo¿. Pedro Henríouez Ureña (n. 1884-), de 
Santo Domingo, hijo de Salomé Ureña, de los más cultos, eru- 
ditos y de acendrado gusto entre los literatos y críticos de Amé- 
rica en nuestros días, conocedor del griego, profesor de Litera- 



164 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

tura en la Universidad de Méjico, excelente crítico. Escribió un 
ensayo de primitiva tragedia griega, El Nacimiento de Dioni= 
sos, en donde se echa de ver su erudición humanística y refina- 
do' gusto estético, faltando tan sólo el que lo hubiera escrito en 
verso, como convenía á la índole del trabajo, 

Ismael López^ por seud. Cornelio Hispano^ nacido en el 
Valle del Cauca (Colombia), doctoróse en Derecho (1905) é imi- 
tando el Centauro, de Maurice de Guerin, tiró hacia el tono clá- 
sico, que ha ido acendrando más y más, bien que con dejos del 
cálido y paradisíaco valle del Cauca. Inspiróse en Grecia para 
su colección de poesías El Jardín de las Hespérides; en el cris- 
tianismo, para la vida de San Jerónimo de su Leyenda de oro, 
y en la patria presente, para sus Elegías Cancanas: especie de 
tríptico poético. Distingüese en el estilo y lenguaje por lo casti- 
zo, esmerado y elegantemente sencillo, conforme á la tradicio- 
nal manera de los grandes escritores colombianos. 

José de la Riva Agüero (n. 1885-), peruano, biznieto del 
famoso Riva Agüero, primer presidente de la República perua- 
na, célebre por su períianismo, contra la absorbente hegemonía, 
que por tiranía tienen algunos, instaurada por Bolívar en Colom- 
bia, ha heredado de su bisabuelo algo de esta doctrina, juzgando 
severamente al vencedor de Junin, siendo, por lo demás, aboga- 
do, catedrático en la Universidad, historiador imparcial, sereno 
y justo apreciador de los historiadores de aquella tierra, agudo 
crítico y erudito, discípulo de ]\I. Relavo, de maciza cultura his- 
tórica y segura probidad literaria. 

19 7. Pedro Henr. Ureña, El Nac. de Dionisos: "En este ensayo 
de tragedia antigua se ha tratado de imitar la forma trágica en usa 
durante el período inmediatamente anterior á Esquilo: la forma que... 
empleó el poeta Frínico y cuyas características son el predominio abso- 
luto del coro y la intervención de un solo actor en cada episodio. Na 
se lia omitido ningima de las partes esenciales de la tragedia griega: 
el parados, la entrada del coro ; los episodios, que contienen la acción 
(forma primitiva díe nuestros Actos) ; los stasima, cantos del coro que 
separan los episodios ; en cuanto al éxodo, el final, he adoptado, no la 
forma en uso desde Esquilo, en la que se (desechaba generalmente la 
forma lírica en favor de la dialogada, sino una de las formas primiti- 
vas, que subsiste todavía, por ejemplo, en Los Persas, del propio Es- 
quilo: las voces alternas del coro y el actor. He introAicido también eí 
commos, lamento alternado ciel coro y el actor... He preferido la pro- 



S. XX, 1905. PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA l65 

sa... En el lenguaje he tratado de seguir principalmente las formas de 
los trágicos." F. García Godoy, La Liter. Amer., 1915, pág. 128: "La 
característica principal, á mi ver, de la clara inteligencia de Pedro 
Henríquez Ureña consiste en su facilidad para descubrir y precisar los 
puntos de enlace cíe las ideas filosóficas, las analogías que las aproximan 
y las diferencias que más o menos realmente las separan... El toque 
«striba en poder percibir, bajo apariencias, muchas veces engañosas, el 
hilo finísimo y casi invisible que corre al través de esos sistemas, esta- 
bleciendo entre ellos nexos y conexiones de mayor ó menor importan- 
cia filosófica... Pedro Henríquez Ureña ha visto, y creo que ha visto 
bien, las conexiones que existen entre el bergsonismo y el dinamismo 
psicológico de Rodó." ídem, pág. 177: "Estas sinceras y expresivas pá- 
ginas, nutridas die sana y noble filosofía y de discretas y luminosas 
.apreciaciones críticas (Horas de estudio). Son frutos hermosos y sa- 
zonados de un intelectual, todavía muy joven, que no ha malgastado 
lastimosamente su tiempo en producir prosas vacuas y puerilidades ri- 
madas... Casi en la adolescencia ha tendido constantemente á avizorar 
cosas de verdadera enjundia ideológica, penetrando con pie firme y se- 
guro por la vasta selva para muchos inextricable de los más altos y 
fundamentales conocimientos humanos." Enrique Rodó (cart. part.) : 
*'JLeí El Nacimiento de Dionisos, y la impresión d!e mi lectura se con- 
cretó desde el primer momento en este juicio : Es lo más hermoso que 
ha salido de la pluma de usted y es una de las cosas más bellas de la 
nueva literatura hispanoamericana. El hondo y personal sentido del 
mito encarna en una noble belleza, díe estirpe muy superior á la que 
deslumhra los ojos del vulgo literario." Pedro Henríquez Ureña: En- 
sayos críticos (D'Annunzio, Bernard Shau, Richard Strauss, Wagner, 
Rodó, etc.). Habana, 1905. Estudios griegos (trad. del ingl. de Walter 
Pater), Méjico, 1908. Horas de estudio (estudf. crít. sobre Hostos, Ru- 
bén Darío, Gabriel y Galán, etc.), París, 1910. La Obra de J. E. Rodó, 
conf., Méjico, 1916 (en Conferencias del Ateneo). Antología del Cen- 
tenario ■ (1^00-1821) (con Luis G. Urbina y Nic. Rangel), ibid., 1910, 2 
vols. La Enseñanza de la literatura^ ibid., 1913. Tablas cronológicas de 
la liter. españ., ibid., 1913. Romances en América, 1913 (en Cuba Con- 
tempor.). Traducciones y paráfrasis en la liter. mexicana de la época 
de la Independencia, 1913 (en Anal. Museo Mexic). Don Juan Ruiz de 
Alarcón, ibid., 1914; Habana, 1915. El M. Hernán Pérez de Oliva, Ha- 
bana, 1914. El Nacimiento de Dionisos, esbor:o de tragedia á la manera 
antigua, N. York, 1916. De la Nueva interpretación del ^^Q>iiijote^\ San 
José, 1916 (en Ariel). Rubén Darío, N. York, 1916 (en Eleven Poems 
of R, Dorio). El Primer libro de escritor americano, ibid., 1917 (en 
Román. Review). Literatura dominicana (hasta 1844), París, 1917 
{Rev. Hisp.). Antología de la versificación rítmica, S. José, 1918 (en 
Convivio). Campoamor, 1918 (en Rev. Hisp.). Las Nuevas estrellas de 
Heredia, N. York, 1908 (en Román. Reviezv). La versificación irregular 
en la poesía castellana (en prensa). Antología dominicana (poetas, con 
Manuel F. Cestero, en prensa). 



l66 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Marco Fidel Suárez, Pról. á Colombia en la guerra, de la Indep., 
1914: "El estilo de usted es reflejo de un entendiimiento reposado, pro- 
fundo y cultivado esmeradamente por medio de estudios serios y ame- 
nos. El fondo de sus escritos está inspirado por una crítica genuína que, 
aplicada especialmente á la narración histórica, practica constante- 
mente aquello que dijo un autor antiguo hablandfo de otra materia, que 
no pasa partida si no muestra quitanza, es decir, que apoya en pruebas 
y documentos sus afirmaciones. Admiro su labor artística y el tesón 
con que busca usted modelos de sencillez y aticismo en el acervo in- 
menso de la vieja literatura para acendrar más su bella manera de es- 
cribir. Nada d'e amaneramiento, espontaneidad deleitosa, forma con- 
versada en cierta manera, y al mismo tiempo capaz de sentimiento y 
energía, escrupulosa corrección, modos de decir sacados á veces de 
urnas antiguas, pero graciosos y claros é inteligibles para todo lector: 
esas son las dotes de su tersa y delgacía pluma." 

Corn. Hispano: Régimen internacional de los ríos navegables, tesis 
doctoral, Bogotá, 1905. El Centauro^ poema antiguo, imitación del cé- 
lebre fragmento de Maurice de Guerin, ibid., 1906. El Jardín de las 
Hespérides (La Madre Grecia), ibid., 1910 (colección de poesías). Le- 
yenda de oro (El Cristiani-mo), Caracas, 1911 (es la vida cíe San Jeró- 
nimo en alejandrinos). L. Perú de Lacroix, Diario de Bucaramanga 6 
Vida íntima del Libertador Simón Bolívar, publicado por primera ves, 
con una introd. y ñolas, París, 1912. Elegías cancanas (La Patria), ibid., 
1912. De París al Amazonas, las fieras del Putumayo, Bogotá, 1914. 
Colombia en la guerra de la Independencia, Bogotá, 1914. Bolívar, 
ibid., 1917. 

Gonzalo Zaldumbide, Letras, enero, 191 3 : "No es precisamente (Riva 
Agüero) un arrumbador de inteligencias : sería más bien un modelador 
de hechos y resultados. Curioso también (como Francisco García Calde- 
rón), pero menos por el placer de saber que por el imperioso deseo de ser- 
vir : su erudición es vasta y de las m'ás utilizables y genuínas ; pero con- 
fina sus preferencias, que de día en día irán siendo más unilaterales, a la 
realidad circunstante y á la historia patria. Profundamente arraigado en 
este suelo, nutriéndose, mediante el estudio asiduo de sus anales, del alma 
y la experiencia de los mxiertos..., debe al pasado lo que el árbol al te- 
rreno que le sustenta; así la fuerte ramazón de su espíritu crece en el 
sentido de la historia." En el Congreso histórico ríe Sevilla (1914) pre- 
sentó dos Memorias come delegad'o del Perú : Diego Mexia de Fernan- 
gíl, poeta sevillano del siglo xvi, avecindado en el Perú, y la Segunda 
parte de su Parnaso Antartico y Descripción anónima del Perú, com- 
piiesta á principios del siglo xvii por un judío portugués y existente 
en la sección de Manuscritos de la Biblioteca Nacional de Paris. Cola- 
boró en la Revista Histórica del Instituto Histórico del Perú, y en la 
del Ateneo de Lima. En la primera sostuvo larga polémica con Manuel 
González de la Rosa ('el que acusó d'e plagiario a Jiménez de la Espada) 
acerca de la biografía y autenticidad de los escritos del Inca Garcilaso. 
En preparación: Per la sierra, de paisajes andinos del Perú. En la En~ 



S. XX, 1905. ENRIQUE LÓPEZ ALARCÓN 1 67 

ciclopcdia Americana hay un artículo suyo sobre ¡as Influencias imita- 
tivas cu la literatura del Perú; otros sobre el movimiento Utera-io del 
Perú en los años 1909 y 1910 y sobre la Sociología cíe Mariano Cornejo, 
y se tradujeron al francés en Bulletin du Groupement des Universités de 
France et de l'Amérique Latine, dirigido por Ernesto Martinenche, 
J. Riva Agüero: Carácter de la literatura del Perú independiente, tesis, 
Lima, 1905, que aprovechó M. Pelayo para su Hist. poesía lúsp.-araer. 
Don José Baquijano y Carrillo de Córdoba, 190Ó {Ateneo de Lima, nú- 
meros 38-39). La Historia en el Perú, Lima, 1910. Fundamento de los 
interdictos posesorios, tesis, ibid., 191 1. Concepto del Derecho, ibid., 
1912. Declaración de principios del Partido nacional, 1915. Elogio del 
Inca Garcilaso, 19 16. E:l Genio de la lengua y de la liter. cast. y sus 
caracteres en la historia intelectual del Perú, Lima, 1918. 

198. Año ipo¿. Antonio Ramos Martín (n. 1885-), ma- 
drileño, hijo del famoso Ramos Carrión, estudió Filosofía y 
Letras en la Central y estrenó desde 1905, en colaboración con 
su padre. Tiene grandes cualidades dramáticas, saca de la rea- 
lidad cuanto lleva a las tablas, tipos vivos y diálogo animado; 
sino que se ciñe á lo tradicional ^^el género de su padre, ó por 
falta de fuerza creadora ó por gusto estético. Debiera buscar 
alguna mayor originalidad. 

Luis Linares Becerra (n. 18S7-), madrileño, estudió en la 
Universidad Central, entró por oposición en la Escuela de Es- 
tudios Superiores del Magisterio (191 3), donde tomó el titu- 
lo de catedrático de Escuelas Normales (1916); fué director de 
Estudios en ia Asociación de Autores (191 3), de La Razón, de 
La Puhliciáad y de otros periódicos; cronista de El País, re- 
dactor del Diario Universal. Es estudioso, sabe mucho de teatro 
y de otras cosas, escribe bastante bien, tiene buen gusto, y aun- 
que ha escrito más de 90 obras teatrales, todavía no ha llegado 
á la madurez del arte, pudiéndose esperar bastante de él. Sus 
más aplaudidas obras son Alma negra (10 edic). Como las flo- 
res. El Cuento del dragón, La Escuela de las cortesanas, El Poco 
juicio. Ha traducido de Brieux, Richepin y Mirbeau. A sus poe- 
sías Canciones rebeldes, acompaña un prólogo de Rueda. 

Enrique López Alarcón (n. 1S91-), malagueño, en Ma- 
drid desde 1903, redactor de El Nuevo Evangelio, El Intransi" 
gente, El Mundo, (1907-11), La Mañana, La Época; redactor 
jefe de La Tribuna, fundador de la Gacetilla de Madrid, es versi- 
ficador brioso y castizo, poeta lírico y dramático inclinado á ic 



1 68 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

romántico con toques de idealismo moderno, de modo que su 
teatro tiene sobra de lirismo y aun de simbolismo y mengua de 
acción, trama y caracteres reales. 

199. Tomás Borras, La Tribuna, 16 febr. 1917: "De él (su padre) 
ha heredado (Ramos Martín) el buen gusto, la habilidad para componer 
y el estro regocijado y apacible... La pasión está ausente, el latido dra- 
mático no existe, la imaginación es escasa, y la ironía, la poesía y tantos 
otros elementos aprovechados por el arte, apenas rozan la sensibilidad 
de los personajes. Ramos Martín (Antonio) y Ramos Martín (José, su 
hennano) son, en cambio, buenos observadores y conocen el escribir en 
lo que tiene de oficio. Saben su obligación. Y no fracasan nunca. Sin 
embargo, Antonio, buscando los ambientes populares, parece anunciar 
un gran sainetero... Nos complace ver... el horror del astracán, la fide- 
lidad de la verdad! y una tendencia moralizadora que, si no es nece- 
saria en el género, en cambio le avalora cuando no predomina hasta el 
punto de convertir el sainete, de cuadro pintoresco de costumbres, en 
ejemplo didáctico." José áe. Laserna, El Imparcial, 27 marzo 1919: 
"Entre nuestros jóvenes comediógrafos, que se pueden contar por los 
dedos, y sobrarán dedos, destacóse ya notablemente Antonio Ramos 
desde sus primeros tanteos escénicos. Cosas para el teatro, más ó menos 
ingeniosas, y más bien menos que más, hay muchos que las hacen ; pero 
de esas obras inspiradlas en un noble y honrado propósito de arte caen 
pocas en libra. Abundan en mayor número los industriales que los ver- 
daderos artistas, y para un sacerdote hay en el templo de Talía cien mer- 
caderes. Esto parece mitología, pero, desgraciadamente, no es un mito. 
Es una verdad como un templo. Ramos Martín se ha inhibido volun- 
tariamente de las pornografías, astracanadas y los fusilamientos, dis- 
frazados de arreglos, adaptaciones, versiones y otras caretas, ó franca 
y denodadamente ejecutados por los truchimanes que firman y cobran 
lo que escriben otros, y ha procurado seguir la tracíición de la escena 
española en sus comedias y saínetes y, sin estancarse, conservar las 
esencias y hermanar los procedimientos al compás de los tiempos. Aun- 
que sólo fuese por la intención, sería eso plausible y digno de estí- 
anulo; acompañado, como suele ir, en las introducciones todas de Antonio 
Ramos por muy relevantes aciertos, el persistente esfuerzo del joven 
autor y su satisfactorio resultado merecen justamente la consideración 
literaria y el favor del público. La nueva obra, que se estrenó anoche en 
Lara con éxito excelente, no se desvía de las norm.as precedentes y se- 
ñala una nueva conquista, no sólo en los principios fundamentales de 
la técnica — imprescindibles en todo arte, digan lo que quieran los pe- 
dantes y los impotentes — sino también en la (iinámica interior de los 
espíritus y los caracteres. Lo que se desea es lo que no se tiene ; verdiad 
axiomática y que, por lo tanto, no necesita demostración... ni aun en una 
comedia. Pero la vulgaridad del tema — los temas están agotados y son 
siempre los mismos — no excluye las variaciones. Una variación en 



S. XX, 1905. LUIS LINARES BECERRA 169 

lo cómico y algún tanto en lo sentimental, es Lo que no se tiene. Mari- 
dos que inútilmente buscan fuera la felicidad que tienen en casa, hemos 
visto muchos en el teatro y en la vida. Pero éste de Ramos Martín 
€s uno más, y siendo el mismo es diferente, y en eso está el toque y 
la gracia. La sonata es igual, la variación es nueva. El riesgo de la aven- 
tura es peligroso, más que para el propio marido, para el autor. Ya 
presentimos que, al fin y al cabo, la oveja, ó mejor dicho, el cordero 
descarriado, volverá al redil, y esta será la moral de la comedia, en 
este respecto de cierto cariz moratiniano. El compromiso del autor era 
sortear con discreción, con tacto, con buen gusto, la situación esca- 
brosa á la que lleva al marido, ó á la que le lleva el marido á él. El autor 
lo ha hecho asi y también se ha salvado. Por eso el público celebró su 
ingenio y su habilidad, le aplaudió y llamó al final de los actos, entre los 
que el mejor es el segundo, y salió complacido de la obra y de los in- 
térpretes." Calabazas, entr., 1905. El Incierto porvenir, com., 1918. Los 
Niños de Tetuán, 1908. El Sexo débil, sain., 1912. La Cocina, sain., 1912. 
La Redacción, sain., 1913. El Mejor de los mundos, entr., 1914. Que nos 
entierren juntos, id., 1914. La Afición, sain., 19J5. La Real gana, id., 

1915. El Entierro de la sardina, id., 1915. Hormiguita, 1916. ¡¡¡Puní!!!, 

1916. Mantequilla de Soria, 1917. La Gran familia, 1917. Tras Tristón, 
1918. Lo que no se tiene, 1919. Soleares, 1919. 

L. Linares Becerra: Los Dos cienos, dv., 1905. Gloria á Cervantes, 
aprop., 1906. Gránete, jug., 1906. La Canción de la bruja, com. lír., 1906. 
Alma negra, dr., 1907. El Calor del nido, sain., 1908. El Belén nacional, 
rev., 1908. Corazón serrano, dr. lír., 1908. Entre tejas, entr., 1909. La 
Nubecita, com. (con Jav. Burgos), 1909. El Castillo de las águilas, dr. 
lír., 1909. Como las flores, com. (con J. Burgos), 1909. Los Ojos va- 
cíos, episodio histór., 1909. ¡A ver si va á poder ser!, rev., 1909. Las 
Estrellitas del cielo, sain., 1909. El Clown bebé, com. lír., 1910. El Pueblo 
soberano, ár., 1910. El Amor al prójimo, sain., 1910. Sor Angélica, com. 
lír. (con J. Burgos), 1910. ¡Qué te quieres apostar!, rev., 1910. Sobre 
todas las cosas, com. lír., 1910. ¡Y sigue la vida!..., dr., 1910. La Noche 
del rompimiento, entr. (con J. Burgos), 1910. Los Ojos vacíos, epis. (con 
J. Burgos), 1910. Los Angeles mandan, com. lír., 1911. El Cuento dd 
dragón, com. lír., 1912. Los Lugareños, opereta (del alemán), 1912. El 
Amigo de la casa, sain., 1912. Los Pantalones de mi mujer, vaudeville 
(con José M. Martín de Eugenio), 1913. El Buen amor, com., 1914. 
Los Marinos de papel, jug., 1914. El Poco juicio, saín., 1914. El Gran 
simulacro, zarz. (con J. Burgos), 1915. La Escuela de las cortesanas, 
poema erótico, 1915. La Casa del Sultán, com. lír., 1915. El Barrio la- 
tino, opereta, 1915. La Gente baja, 1915. El Ángel bueno, 1916. El 
Puente de los crímenes, 1916. La Desertara (de Brieux), 1916. La Ben- 
jamina (de Tristán Bemard), 1916. Los Cinco, 1916. El Secreto de la 
biblioteca, 1916. El Hombre invisible, melodi., 1918. Secretaría particu- 
lar, com. (con Antonio Estremera, 1919. Además : Canciones rebeldes, 
poesías, prólogo de Salvador Ruecía, 1908. Estudio económico de la isla 
de Cuba, 1914. Cómo se hacen las cosas, 1914. La Bondad en la ense- 



lyO ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

ñanza y en el arte, conf., 1915. El Teatro de policías, conf., 1916. Can- 
ciones y cantores, estudio de la canción en España, 1916, Tierra de mo- 
ros, estudio geográfico é histórico de la ciudad! de Osma, 1916. 

La Tirjona, 19 14 (de López Alarcón, con Ramón Gocíoy), tiene tro- 
zos de hermosa versificación castiza y épica; pero poca acción dramá- 
tica y sobra de simbolismo, y aun de lírica; bastantes cosas inverisími- 
les que atan mal la fábula, y ningún carácter, fuera del protagonista, 
que '^n vez de valiente resulta fanfarrón. Publicó Constelaciones, poe- 
sías. Málaga, 1905. Melilla en ipop, Madrid, 1911. Melilla en ipop, 
crónica de un testigo, 1913. Fara el teatro: Golondrinas (1905). Con 
mujer y sin mujer (1908). Gerineldo (con Cristóbal de Castro, 1908). 
Las Manos largas (1909). 'Loj Insaciables, comedia de mucho parlamen- 
to y poca acción (con Crist. de Castro). La Mano de la reacción (1909). 
La Tizona (con Ramón Godoy, 1914). Fígaro, barbero de Sevilla (191 5). 
Sebastián el Bufanda (con Ignacio Alberti, 1916). La Madre Quime- 
ra, farsa (con Ramón Godoy, 1918). El barbero de Sevilla, com. de 
Beaumarchais, trad., 1919. 

2 00. Año 1905. Enrique A. Carrillo (n. 1876?-), peruano escritor 
humorista y de costumbres y crítico en El Comercio, La Prensa, El Dia- 
rio, Prisma, Actualidades, juntó algunos artículos de crítica social en el 
libro Viendo pasar las cosas, Lima, 1915. Publicó las novelitas Sábado 
de Gloria y Pereza sentimental; tradujo poesías francesas. Pero, sobre 
todo, escrib'ó la lindísima novela Cartas á una turista, Lima, 1905. don- 
de por primera vez, aclimatada la leve y femenina literatura de Francia, 
se cuenta en estilo de Prevost, con bruscos desfallecimientos de soltero- 
na, la fiesta amable de la ciudad. 

Mariano -Miguel de Val (1874-1912), zaragozano, poeta exquisito, 
castizo, ciacelad'or del verso, publicó Edad dorada, versos, Madrid, 1905. 
Las Dos luces, dial., ibid., 1905. La Poesía del "Quijote^', ibid., 1905. 
Los Novelistas en el teatro, ibid., 1906, De lo bueno y lo malo, críticas, 
1909. Policromías. Los Amantes de Teruel. Alfredo Viccnti, poeta. En 
la conmemoración de los Sitios, 1910. Romancero de los Sitios de Zara- 
goza. Les Sitios de Zaragoza, homenaje de los generales franceses y 
españoles. Teatro de Martín de Santos (con A. Bonilla). El Barbero de 
Sevilla, óp. cóm. El Burlador de Salamanca, ley. de Espronccda adap= 
tada á la escena. 

Juan Mas y Pí (f 19 16), catalán, redactor de La Reforma (La Pla- 
ta), El Diario Español (B. Aires), Renacimiento, que dirigió; La Ra- 
zón (Montevideo), Nosotros (R. Aires), excelente cronista y crítico, 
publicó Canciones de la vida, poemas, 1905. Cuentos extraños, 1907. 
Almaftierte, 1907. Ideaciones, crít. liter., 1908. Alberto Ghiraldo, crít. 
liter., 1909, 1916. Las Tragedias de la vida vulgar, cuentos, 1910. Le- 
tras españolas, crít. liter., 191 1, 1916. La Educación del peligro, crít. 
social, 1911. Leopoldo Lugones y su obra, 1911. Artículos en Nosotros 
(1916, marzo). 

Emilio Cuervo Márquez, bogotano, brillante prosista, publicó Tic- 



S. XX, 1905. CAMILO MAR^A ABAD I7I 

rras lejanas, 3." ed., Bogotá, 1905: recuerdos de viaje, con honda 
impresión evocadora, que lleva al lector adonde el autor quiere y 
le mete en la realidad, y no menos le llena el alma de trascendentales 
pensamientos empapados de hondo sentir. Phinées, trarjedia de los tiem-^ 
pos de Cristo, ibid., 1909. Estudios críticos. 

Udón Pérez^ venezolano, de pura raza india, culto y lírico objetivo 
á lo Chocano, publicó Ánfora cñolla, ]\!aracaibo, 1913. El Gordo, dr., 
Maracaibo, T916. Gonz, Picón-Febres, La Liter., V'mez., 1906, pág-. 337: 
"Udon Pérez pisa con firmeza y dignidad sobre las huellas de su con- 
terráneo Yepes y procura dar á su obra el colorido humano y también 
el regional. Posee para expresarse facilid'ad sorprendente, y por poseer 
facilidad tan difícil y envidiable no siempre la castiga con el cuidado 
que merece, para que la expr-esión no tenga m.anchas ni defectos. Tanto 
en sus poesías líricas como en sus poemas y en su interesante drama 
Frutos naturales, representado con éxito en Caracas, lo que primero 
se ve es la irradiación ardiente del verdadero numen. En teda la ex- 
tensión (¡ óigase bien !) de la obra que ha compuesto es superior á Ye- 
pes, por la elegancia de la forma, siendo él mismo más notable que en 
sus odas en algunas de sus composiciones líricas y en sus poemas. Los 
titulados La Venganza de Yaurepara y Vencida (me refiero al que se 
publicó en El Cojo Iluaradc correspondiente al i.° de enero de 1905), 
son dos obras hermosas.'' 

Manuel Romero de Terrero', y Vinent^ marqués de San Francisco, 
entre los Arcades de Rom.a Gliconte Tirio, estudioso erudito, publicó 
Aldos y Elzevirios, apuntes bibliográficos, Méjico, 1905 (en El Tiempo 
Ilustrado, 16 abr.). Sinopsis del Blasón, ibid, 1906. Apuntes biográf. del 
ilustrísimo señor don Juan Gómez de Parada, obispo de Yucatán, Gua- 
temala y Guadalajara, ibid., 1908. Los Condes de Regla, apuntes biográf., 
ibid., 1909. Las Ordenes militares en Méjico, ibid., 1913 (en Anal. Mu- 
seo Nac. de Arqneol., Hist. y Etnolog., t. IV,. La Casa Colonial, ibid., 
1913 (ibidem, t. V, núm. 3). Viaje de la Marquesa de las Amarillas, des- 
crito en verso por don Antonio Joaquín de Rivadencyra Barrientos, im- 
preso en Méjico en IJ^J y ahora reimpreso, ibid., 1914 (ibidem, t. "^7", 
núm. 4). La Orden de Carlos III en Méjico, ibid., 19 15 (en Rev. de Re- 
vistas, domingos 14 nov., 21 y 5 dic). Del antiguo Méjico, los jardines 
del Virreinato, ]\Iadrid, 1915 (en La Esfera, 27 nov.). Arte colonial, 
Méjico, 1916. Floréenlas de S. Felipe de Jesi'is, ibid., 1916. Los Corre- 
gidores de Méjico. Madrid, 1917 (en Rev. Histór. y Gcneál. Española, 
año VI, núm. i). Torneos, mascaradas y fiestas reales en la Nueva Es- 
paña, 1919 (en Cultura, de Méjico). Inédito: Los Grabadores de Méjico 
durante la época colonial. Próximos á publicarse; La Corte de Agus- 
tín I. La Vida social en la Nueva España. Tresguerras, su vida y sus 
obras. La Ci':a de Parada. 

201. Año iQOj. Camilo María Abad publicó El Culto de la Inmacu- 
lada Concepción en la ciudad de Burgos, Madrid, 1905. — A B C, desde 
1905, periódico fundado por Torcuato Luca de Tena. — Álbum cervan- 



172 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

tino aragonés de los trabajos literarios y artísticos con que se ha cele- 
brado en Zaragoza y Pcdrola el tercer Centenario... del ''Quijote^\ Ma- 
drid, 1905. — Álbum de los Sitios de Zaragoza, ibid., 1905. — Alfonso 
Benito Alfaro estrenó Frasco=Lnis, zarzuela, 1905. Ya se van los quin- 
tos, madre, zarz., 1908. El Hijo de la Patria, dr., 1909. — Antonio Alo- 
MiA publicó Mis alboradas, poesías, París, 1905. — Fernando Alonso es- 
treno ¡Zapatero... á tus zapatos!, entremés, 1905. — Francisco Alvarez 
RoDRÍGUEZ-ViLLAMiL publicó Crónica de un reinado, Carlos III..., Ma- 
drid, 1905. Solaces, ibid., 1906. Adelfas (1909). — Anales de la Universi- 
dad de Oviedo, ibid., t. III (1903-05), 1905. — Julio César Arce, bogota- 
no, publicó Búcaros, Bogotá, 1905. — Abel Antonio Arellano R. (na- 
cido 1880-), presbítero y poeta chileno, castizo, cristiano y patriótico, 
acabado en los metros, ardiente, movido y robusto, publicó Los Héroes 
de Rancagua, canto épico, Santiago, 1905. Recuerdos del Centenario 
ecos de gloria (1810-ipio), 1910. Oda á Pío X, 191 1. A ti, 1913. — César 
DEL Arenal y Garen estrenó Una obra de caridad, Cienfuegos, 1905. — 
Luis Armando^ elegante poeta, autor de Flor de lis, poesías, Madrid, 
1905. — Joaquín Arnedo compuso El Niño travieso, zarzuela, Valencia, 
1905. — El Ateneo de Madrid en el III Centenario... del "Quijote", 1905. 

^^Ramón Ayguavives y Moy publicó La Condesa de Lima, Madrid, 1905. 

— Resurrección María de Azkue, bilbaíno, presbítero, publicó el mag- 
nífico Diccionario vascoespañolfranccs, 2 vols., Bilbao, 1905-06. Diccio- 
nario español y vasco, Bilbao, 1916 — Francisco Aznar Navarro^ eru- 
dito aragonés, publicó Régimen municipal aragonés (Rev. Arag.) y Za- 
ragoza, 1905. Forum Turolii, Zaragoza, 1905. Los Solariegos en León 

■y Castilla, 1906. El Cabildo de Zaragoza en 1808 y i8op: Enlaces anglo- 
cspañoles, 1906 (en Ateneo, I). — El Doctor Bacteria publicó Cuentos de 
vacaciones, narraciones pseudocienttficas, IMadrid, 1905. — Pedro Ba- 
llester y Pons publicó Costumbres popidares de Menorca, Mahón, 1905. 

— Ema de la Barra, por seud. César Duayen, nieta de Eduardo d'e la Ba- 
rra, chilena, residente en la Argentina, publicó novelas sobre la aristo- 
cracia de esta República, distinguiéndose por la fina observación y por 
el velo de ensueño de que hablaba Eqa de Queiroz, con el cual envuelve 
la realidad de los episodios. Stella, novela de costumbres argentinas, 
1905 (4." ed.), 1906; Barcelona, 1909. Mecha Iturbe, B. Aires, 1906. El 
Manantial, nov., B. Aires, 1908. Cartas maternales, Madrid, 1917. — 
Eugenio Bartolomé Mingo publicó Cantos escolares (con música), Ma- 
drid. 1905. — Lorenzo Piñeiro y Fernández de Villavicencio, marqués 
de Bendaña, publicó Dos siglos de nuestra historia (1469 á 1668), Ma- 
drid, 1905. — Valentín Benedicto publicó Sonrisas y lágrimas. Las Pal- 
mas, 1905. — Enrique de Benito publicó Criminología del "Quijote^*, 
Zaragoza, 1905. Partenón, lances y ensueños de amor de don Demetrio 
de Herreros y Figneroa, Oviedo, 1909. A ratos perdidos, 1914- — Rodol= 
Fo Bergés, dominicano, publicó Cuba y Santo Domingo, de mi diario en 
campaña (1895-98), Habana, 1905. — Evelio Bernal, español, publicó 
Ráfagas, poesías. Habana, 1905. — Constancio Bernaldo de Quirós, re- 
•dactor de la Revista de Legislación (1903), publicó Peñalara, Madrid, 



S. XX, 1905. JACINTO CAPELLA Ijd 

1905. El Doble suicidio por amor, 1910. La Cargante del Espinar;. 
1913. Guadarrama, 1915. — Bihliographie Hispanique, N. York (The His-- 
panic Society of America), 1905-17, 13 vols. — José Luis Blasio publicó 
Maximiliano íntimo..., memorias de un secretario, París, 1905. — Luis-. 
BoTTARO^ chileno, publicó La Espada y la Cruz, episodios de los primeros 
siglos cristianos, Santiago, 1905. — Emilio Bravo publicó Las Batallas- 
del amor, de distinta cuna, nov., Madrid, 1905. Sueños y realidades, ibid., 
1908. — A. Briceño Valero publicó Factores étnicos de la raza hispano-^ 
americana, Valera (Venezuela), 1905. — Milton A. Buchanan, biblió- 
grafo y crítico hispanista norteamericano, perspicaz y sereno, profesor 
de la Universidad de Toronto, escribió resúmenes bibliográficos y crí- 
ticas en Kritischcr Jahrcshcricht über die Fortschritte der Romani- 
scJien Philologie (1911-13), trabajos muy originales sobre Cervantes y 
Calderón, cuya comedia La Vida es sueño editó, Toronto, 1909, así como 
la de Mira Esclavo del demonio, Baltimore, 1905. Otros artículos en 
varias revistas. — Javier de Burgos_, sobrino del autor del mismo nom- 
bre, estrenó Gloria á Cervantes, aprop., 1905. Maese Elí^ opereta (con 
Ángel Cuéllar), 1910. El Clown bebé, com. (con Linares Becerra), 1910. 
Los Hijos de Hungría (con José Carmena), 1911. Los Dos amores, zar-i- 
zuela, 191 1. Las Gentes de rompe y rasga, zarz., 191 1, El Niño castizo, 
saín, (con Silvio Figarelo), 1913. Y otras con otros colaboradores. — 
P. BusTAMANTE publicó Peregrina, nov., 1905. — José Antonio Caba- 
llero publicó Guia de Sanlúcar de Barrameda, Jerez, 1905. — Domingo 
Cabré y Estany publicó Cladio, el tenedor de libros..., novela, Barce- 
lona, 1905. — Caireles y León Fogoso publicó Chascarrillos baturros,.. 
1905. Nuevos chascarrillos baturros, 1909. 5 vols.; 2.* serie, 1910, 1912. 
Chascarrillos taurinos, 1909- Chascarrillos estudiantiles, 1910. Chasca- 
rrillos teatrales, 1911. Chascarrillos aragoneses (1912). — Manuel J. Ca-. 
LLE (n. 1866?-), de Cuenca (Ecuador), admirable period'ista, ejerce ca- 
prichosamente, y á veces con despiadado regocijo, la policía crítica de 
las Letras; publicó Leyendas del tiempo histórico, episodios de la gue- 
rra de la Independencia, Guayaquil, 1905 ; Madrid*, 1918. Leyendas his- 
tóricas, Guayaquil, 1909. Leyendas del tiempo heroico, 1918. — Francisco 
DE Camba, gallego, publicó Camino adelante, novela, Madrid, 1905. Los 
Nietos de I caro, nov., 191 1. A través de Galicia, por el hidalgo de Tor, 
notas de viaje. El Amigo Chirel, nov-, 1918. La Revolución de Laiño, 
nov., 1919. — Cancionero de la Academia de los Nocturnos de Valencia 
(del s. xvi), ibid., 1905-12, 4 vols. — Antonio Cañas Cantero, de Tzna-- 
jar (Andialucía), dirigió en Madrid Vida Literaria y publicó Pétalos 
sueltos, poesías. Los dos cienos, drama (con L. Linares Becerra), 1905. 
— Jacinto Capéela (n. 1880-), barcelonés, redactor de La Aurora, de 
Barcelona (1897), La Renaixensa (1903), colaborador de Hispania 
(1903), estrenó en Madrid, g-eneralmente en colaboración con Joaquín 
González Pastor y otros, obras del género libre en su mayoría, y, por 
consiguiente, de muchas representaciones, para regodeo de la crasa 
plebe y duelo del arte. La Boleta de alojamiento. A ras de tierra, 1905. 
Casa propia, 1905. La Gatita blanca. El Recluta. La Machaquito. El 



174 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-1 9O7) 

Guante amariUo. El Palacio de cristal. La Vida alegre, 1907. La Brocha 
gorda, 1907. La Gran noche, 1907. Granito de sal, 1908, Yo, gallardo y 
calavera, 1908. Ki-tha y Pohn, 1908. La Boda roja, 1908. La Mujer es- 
pañola, 1908. La Eterna revista. El Trust de las mujeres. El Garrotín. 
Biscuit glacé. El Becerro de oro, 1909. La Ciudad iranguíla. 1916. La 
Habana alegre. De la Habana á la luna. Intimas, poesías, — Ignacio Ca- 
KRANZA publicó Mis Tccuerdos, prosa y verso, Madrid, 1905. — Neftalí 
Carranza publicó Oratoria argentina, recopilación cronológica (1810- 
1904), La Plata, 1905, 5 vols. — Manuel Martín Carrascal publicó Ma- 
riposas, jSIadrid, 1905. — Francisco Carrera Justiz, cubano, entre otras 
obras, publicó Introducción á la Historia de las In^tiii'.ciones locales de 
Cuba, Habana, 1905, 2 vols. Estudios polit.-soc, ibid., 1911. Orientacio- 
nes necesarias: Cuba y Panamá, ibid., 1913. — Tomás Carreras y /VrtAu 
publicó La Filosofía del Derecho en el ^^Quijote", Gerona (1905). — 
Eduardo Carrió, redactor de Actualidades (1902), estrenó La Fuen- 
tecica, zarzuela (con L. Ibáñez), 1905. Los Corrigendos (con L. Porta), 
1906. — Catalanes ilustres... por varios autores, Barcelona, 1905. — Ca- 
tálogo de la Exposición celebrada en la Bibl. Nac. en el HI Cente- 
nario... del "Quijote", 1905. — Centenario de la aparición del '■^Quijote" 
en el Bolct. Soc. Geog: . de Madrid, 1905. Cen'mario del "Quijote" en 
Galicia, Con\ña, 1903. Centenario del "Quijote" en I^ev. Penitenciaria; 
1905. Centenario... en el Teatro Real, 1905. Ídem, Acad. de Mecíicina, 
1905. — G0DOFREDO D. Coca, argentino, publicó ruegos fatuos, poesías, 
1905. — Francisco Comes estrenó Tres en una, juguete, 1905. Zapatero y 
Detective ó la Banda del Dedo Gordo, sain. (con Enrique Arroyo, 1917). 
— Luis Cornéela publicó Se^ñlla pura, Madrid, 1905. — León de Corral y 
Maestre (n. 1855-), zamorano, catedrático de Medicina en la Universidad 
de Valladolid, publicó Don Diego de Corral y Arellano y los Corrales de 
VaUadolid, Madrid, 1905. Don Alvaro de Luna según testimonios inéditos 
de la época, Valli-dolid, 1915. — Deusdedit Criado, colaborador de La Li-= 
dia (1890...), Barcelona Cómica (1896), El Correo Ilustrado (1S97), Plu- 
rna y Lápiz (1902), estrenó La Tirana, zarzuela, 1905. — Crónica del Cen- 
tenario del "Don Quijote", Madrid, 1905. — Crónicas de los cervantistas, 
historia del Centenario, 1905. — Lorenzo Cruz de Fuentes (n. 1855-). 
de Ahnonte (Huelva), catedrático auxiliar del Instituto de Jerez (1881), 
y en propiedad de Retórica en el de Cabra (1893), y de Lengua y Li- 
teratura castellana en el de Huelva (1898), director del mismo Institu- 
to, publicó obras de texto y Discurso sobre el "Quijote", Huelva, 1905, 
Gertrudis Gómez de Avellaneda, Autobiografía y Cartas, Madrid, 1907, 
1914. Abnonte, documentos de las fundaciones religiosas y benéficas de 
Ja villa, Huelva, 1908. — Manuel Cruzado, mejicano, publicó Bibliogra- 
fía jundica mexicana, México, 1905. Memoria para la ídem, ibid., 1894. 
— \'. M. Chiapa. chileno, publicó Noticias bibliográficas sobre la colec- 
ción de historiadores de Chile y documentos relativos á la hist. nac., 
Santiago, 1905. — Jorge Dawton, joven dramático chileno, que promete, 
estrenó Poetas y campesinos, Buin, 1905. — Jacinto María Delgado 
publicó Adiciones á la historia del ingenioso hidalgo don Quijote de la 



S. XX, 1905. EL PADRE JUAN GARCÍA 1 75 

Mancha..., escritas en arábigo por Cide-Hamete Benengeli, Barcelona, 
1905. — Manuel Díaz Caro publicó Cosas de la vida, novelas cortas, Se- 
villa. 1905. Abandonado, novela, Sevilla, 1907. Las Apariencias, novela, 
Madlrid, 191 1. — Documentos inéditos ó muy raros para la Historia de 
México, México, 1905-11, 36 vols. — Guillermo Domínguez Roldan, 
catedrático de la Universidad de la Habana, publicó Lugar que ocupa 
Cervantes en las letras castellanas, confer.. Habana, 1905. Estudio com- 
parativo de Cervantes en reí. con los literatos de su época, 1905. Ocios, 
cuentos, etc., 1909. La Literatura cubana, confer., 191 5. La Refor^na 
constitucional y el cambio de régimen, confer., 1918. La Guerra actual, 
ídem., 1918. Elogio del doctor Luis Padro, id"., 1918. — Juan Pablo 
Echagüe publicó P'untos de vista^ crónicas de bibliografía y teatro, 
Barcelona, 1905. — Enciclopedia Universal Europeo-Americana, José Es- 
pasa, Barcelona, desde 1905 (?). — Alfonso Espejo Morales, de Lorca, 
publicó Consejas de guerra y amor, Lorca, 1905. — Francisco Tomás 
Estruch (n. 1860?-), uruguayo, residente en España, buen dibujante y 
poeta muy romántico, publicó Vándalo, poema, Barcelona, 1905. — Luis 
Fació estrenó Lq Venida del Mesías, juguete, 1905. Cosas de novios, 
1905. — Francisco Falcón y Cercos publicó Apuntes críticohistóricos de 
la villa de Gelsa, Zaragoza, 1905. — Eleuterio Fernández Torres pu- 
blicó Historia de Tordesillas, Valladolid, 1905, 1914. Sor Angela, dr., 
1909. Con flores á María, 1914. A ofrecerte venimos, 1914. — Justo 
Fernández y González estrenó Deshonra y venganza, drama, Logro- 
ño, 1905. — Manltel Fernández Villamarzo Cánovas publicó Estudios 
geogr.-Jiisfór. de Cartagena desde los tiempos prehistóricos hasta Ux 
expulsión de los árabes, Cartagena, 1905. — 'Ovidio Fernández Ríos, 
montevideano, director de La Semana, redactor de El Día, diputado, 
publicó Sueños de media noche, 1905. Por los jardines del alma, 1908. 
JEl Alma de la casa, com., 1911. El Fracaso, com., 1912. Las Leyendas 
•milagrosas, 1912. Horizontes de luz, B. Aires. — Fiestas en Honduras por 
«1 Quijote, Tegucigalpa, 1905. ídem en Oran, Oran, 1905. — Emilio Finot 
(n. 1886-), poeta boliviano, ha publicado Breves. Rosas. Gabriel Rene. 
Moreno y sus obras, Bolivia, 1910. — Floresta cómica, colecc. de cuentos, 
agudezas y descripciones de los graciosos de nuestras comedias, Madrid, 
1905. — José María Folch y Torres publico Cataluña pintoresca, Bar- 
celona, 1905. Las novelitas Bondad y alegría, Cleto y Mariana, Dios 
premia á los buenos. El Retrato de Juana, La Fuerza de voluntad. La 
Verdadera felicidad, Una vida, cada una aparte, Barcelona, 1910. El 
Pirineo, nuevos cuentos del Ampurdán, Barcelona, 1912. Aventuras 
extraordinarias de Noteapures (con Juan Junceda), ibid., 1912. La Fa- 
milia del capitán Delmar, nov., 1917. — Manuel Formoso Llamas publicó 
Apuntes para la historia de Chantada, Madrid, 1905. — Gaceta Médica 
de Granada y del Sur de España, en el Cent. HI del ^'Quijote", Gra- 
nada, 1905. — A. Galdo López publicó Recuerdos del tiempo viejo, tea= 
tros, autores, actores y músicos^ Alicante, 1905. — Manuel José Gan- 
DARiLLAs publicó Don Bernardo O'Higgins, Santiago de Chile, 1905. — 
El Padre Juan García, iiiisionero del Corazón de María, publicó 



176 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Sermones en honor del Snw. Corazón de Jesús, Madrid', 1905. — Pe- 
dro DE Alcántara García publicó La Patria española, su formación..., 
orografía..., hechos históricos..., momimentos..., productos, Madrid, 
1905- — VÍCTOR García Olalla publicó Lepanto y Cervantes, romance 
heroico, Madrid" (1905). — Victoriano García Martí, por seud. Los Du- 
ques de El, red'actor de El Liberal, estrenó Fidelidad, drama, Vigo, 1905- 
La Sonrisa de un espíritu, novela (191 1). Del mundo interior, medita- 
ciones (191 i). Del vivir heroico, medit. (1915). Don Severo Carballo, 
nov, de cost. gallegas (1917). — Manuel Garrido (-j- 1917), redactor del 
Heraldo y La Tribuna, estrenó La Estatua de don Tancredo (con R. Re- 
yes), 1905. Y decías que me amabas, dial., 1910. Ei Ultimo juguete, 1914. 
Arriba, caballo moro, entr., 1915. El Sastre del Campillo, sain., 191 5. 
La Buena estrella, 1916. El Gitanillo, zarz. — Pablo Gaulot publicó 
Sueño de Imperio, México, 1905. — Vicente Gay y Forner (naci- 
do 1876-), valenciano, catedrático en la Universidad de Valladolid, pu- 
blicó Constitución y vida del pueblo español, Madrid, 1905, y otras obras 
de política. Los Trovadores en la vida del pueblo, 1913. El Imperialisma 
y la guerra europea, 1915. El Pensamiento y la actividad alemana en 
la guerra europea, 1916. En Esp. Mod.: La América moderna (1910). — ■ 
Gener Gener é Hilario B. Omedes estrenaron El Señor ministro, com., 
Barcelona, 1905. — Geografía de la Rep. de Bolivia, edic. oficial, La Paz, 
1905. — Salvador Gestal Rueda publicó Trozos literarios. Málaga, 1905. 
— Antonio Gil Basagoitia estrenó Generosa^ diálogo, 1905. — Isidro 
Gil Gavilondo (f 1916), burgalés, estuvo algún tiempo en Portugal y 
publicó en El Laberinto y el Semanario Pintoresco narraciones cortas, 
inspiradas en Alejandro Herculano cuando este autor portugués estaba 
en el apogeo de su gloria; trabajos históricos en Arte Español (1913), 
y El Castillo de Loarre y el alcázar de Segovia, Burgos, 1905. El Bar- 
bero de un privado. Memorias históricas de Burgos y su provincia. 
Burgos, 1913. — Pedro Giralt publicó Bellezas del "Quijote^\ Habana, 
1905. Soledad, nov., 1907. Estética de la figura humana, 1910. Una 
dama entre dos fuegos, com., 1911. Destellos de arte y de crítica, 1916. 
— Francisco Gómez Hioalgo y Alvarez (n. 1886-), de Val de Santo 
Domingo (Toledb), publicó Papel y tinta, artículos y cuentos, Talavera, 
1905. El Pecado de Adán, cuentos, Madrid, 1909. Belnionte, el miste- 
rioso, Barcelona, 1912. Historia política y parlamentaria del señor Po- 
sada Herrera, Madrid, 1916. ¿Cuándo y cómo ganó usted su primera pe- 
seta?, recopilación, etc., 1916. — Juan Gómez Renovales estrenó El So- 
brino del autor, comedia (1905). Lo Eterno, com. (1907). Mujeres co- 
nocidas, nov., Madrid, 1919. — Juan González y Sánchez publicó His- 
toria de la ciudad de Arjona, Madrid, 1905. — Rafael González Mer- 
chant publicó La Divina Eucaristía, conferencias, Madrid (1905). Re- 
volución y Cristianismo, conferencias, Sevilla, 1907. — Luis Gonzalvo 
publicó Avance para un estudio de las poetisas musulmanas en España, 
Madrid, 1905. — Alta poesía. Floríctdas cariátides rimadas libertaria- 
mente por el condolido poeta don Ópalo Gorbéuches; hay un zaguán de 
Furcio Fúrciez, Madrid, 1905. — Ángel de Gorostidi y Gulbenzu pu- 



S. XX, 1905. JULIO LERENA JUANICO 1 77 

blicó artículos eruditos en Euskal-Erria, 1905-06. — Fortunato Gran- 
des publicó Apuntes históricos de Salvatierra, Vitoria, 1905. — Juan 
Guerra Núñez, de Camagüey (Cuba), publicó Vae Soli, novela-poema. 
Habana, 1905. — Clodoaldo Guerrero compuso Montiel, drama (1905). 
B<ailcn, zarz. (1907). — Teófilo Guiard y Larrauri publicó Historia 
de... Bilbao, ibid., 1905-08, 3 vols. Historia del Consulado y Casa de 
Contratación de Bilbao y del comercio de la villa, ibid., 1913; t. II, 1916. 
— Manuel Guisado Sánchez, presbítero, publicó Sermones varios, Se- 
villa, 1905, 1909. — Francisco José Herboso, abogado chileno, publicó 
Estudios penitenciarios, Santiago, 1892. Reminiscencias de viajes, t. I, 
Caracas, 1905; t. II, ibid., 1905; t. III, Santiago, 1906. — Luis Herrera 
Y Robles publicó La Eneida, irad. en verso, Madrid, 1905. — Homenaje 
á Cervantes, Mérida de Yucatán, 1905. — Homenaje á Cervantes, Ma- 
drid, 1905 (por la Rcv. General de Marina). — Ramón Domingo de Iba- 
rra publicó Cuentos históricos, Santa Cruz de Tenerife, 1905. — Ignacio 
Iglesias, catalán, estrenó Las Urracas, comedia (1905). Los Emigran- 
tes, trag. (1916). La Señora Marieta (1919). — Francisco Jardiel, canó- 
nigo en Zaragoza, publicó Elogio fiinehre en honor de M. de Cervantes, 
Zaragoza, 1905. — Andrés Jiménez Soler publicó Caballeros españoles 
en África y africanos en España, 1905-07 (en Rev. Hisp., ts. XII y XVI), 
Un autógrafo de don Juan Manuel (ibid., t. XIV). La Expedición á 
Granada... en 1319, MacSrid, 1905 ( y en Rev. Arch., t. XII, 1905). Epi- 
sodios de loy historia de las relaciones entre la Corona de Aragón y Tú- 
nez, 1907 (en Instituí d'Estudis Catalans, Anuari MCMCH, págs. 195- 
224), Retrato histór. de Alfonso V de Aragón, 1907 (en Rev. Aragone- 
sa). La Corona de Aragón y Granada, Barcelona, 1908. Itinerario del 
rey don Alonso de Aragón, el que ganó á Ñapóles, Zaragoza, 1909. La 
España primitiva según la filología, ibid., 1913. Estudio de historia ara- 
gonesa, siglos XVI y xvii, t. I, ibid., 1916. — Epigramas de El Bachiller 
Kataclá, Madrid, 1905. Cantes gitanos, Logroño, 1907. — Guillermo 
Labarca Hubertson, chileno, profesor, restaurador del cuento criollo, 
pintoresco narrador que sabe describir acknirablemente el paisaje, pu- 
blicó Al amor de la tierra, Santiago, 1905. Mirando al océano, ibid., 
1911. — Joaquín Labios González de Rojas estrenó Toros en sombra, 
entremés (con E. Lacuix), Sevilla, 1905. — Isidoro Lapuente Sáez pu- 
blicó Estudio crítico de nuestro libro rey (el Quijote), Madrid, 1905. — ■ 
Justo' de Lara publicó Cervantes y el "Quijote", Habana, 1905. — Ángel 
de Larra y Cerezo, médico militar, director de la Rev. de Terap. y 
FarmacoluQia, La Medicina Militar Esp. (1903), fundador del Diario 
Médico (1882), por seud. A. Dickter, Doctor Veritas y Licenciado Ba- 
doret y García, publicó Historia resumida del periodismo médico en 
España, Madrid, 1905. — Eduardo León y Ortiz publicó Tiempos y 
tiempos, ensueño con motivo del "Don Quijote", Madrid, 1905. — Julio 
Lerena Juanicó, artificioso poeta modernista del Uruguay, hombre de 
letras, dilcttante á veces, escaso en escritos, pero fino, penetrante y aris- 
tocrático en sus versos. Dirigió Los Debates y Vida Moderna. Publicó 
en diarios y revistas y en el Parnaso, de Montero Bustamante, poemas 

TOMO XII.— 12 



178 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

breves delicados. Parques amigos y Baladas del viento (en Almanaque 
Ilustrado). Gesta del silencio (en la rev, Apolo). — Letras, rev. quincenal. 
Habana, 1905-14, 10 vols., dirigida por Néstor Carbonell, José M. Car- 
bonell. — Caklos López Rocha, argentino, publicó Palideces i Púrpuras^ 
versos, B. Aires, 1905. — F. López-Alen publicó sobre erudición vascon- 
gada en Euskal-Erria (1905-06). — Sarah Lorenzana publicó Acuare- 
las, cuentos y poesías, Madrid, 1905. La Quinta de los lagos, cuentos y 
máximas morales para lectura de los niños, Aladlrid, 1907. Al amor de 
la lumbre, lecturas, 1908. Las Aventuras de Hugo, 3 partes., 1908, 1909. 
Villa Rosalba, 1909. Lis, 1910. Cuentos de color de oro, 191 1. Las Aven- 
turas de Hugo, 1913. Bosquejos, cuentos, 1913. Las Aventuras de Hu- 
go, VIH, 1914. Cuentos de color de amatista, 1914. — Adrián de Loyar- 
TE publicó Pinceladas de Basconia, t. I, Tolosa, 1905; t. 11, Tolosa, 1907. 
Ideas de nuestro tiempo, 1912. Donostiarras del s. xix, San Sebastián, 
1913. Eduardo Dato, ibid., 1914. El Genio vasco en las épocas modernas, 
ibid., 1917. — Federico Lozano Gutiérrez publicó Historia de Ronda, 
ibid., 1905. — Feliciano Luengo González publicó Triste realidad, Ma- 
drid, 1905. — José Mariano Llórente y Llórente publicó Algunas ideas 
del "Quijote^' aplicadas á la doctrina fundamental de la administración, 
Vallacíolid, 1905. — Estanislao Maestre, colaborador de Barcelona Có- 
mica (1895-96) y Azul y Rosa (1903), publicó La Hija del usurero, no- 
vela, Madrid, 1905, 1917. Almas rústicas, 1906. Los Vividores, nov., 
1910. El Mantón de Manila, nov., 1910. — Luis Maffiote y La Roche 
(n. 1862-), de Las Palmas (Canarias), empleado del Estado, publicó Los 
Periódicos de las islas Canarias, apuntes para un catálogo (1898-1905), 
Madrid, 1905-06, 3 vols. — Lucas Mallada y Pueyo (n. 1841-), de Hues- 
ca, ingeniero de Minas, autor de obras geológicas, publicó Cartas ara- 
gonesas dedicadas á S. M., Madrid, 1905. — José María Mariscal y 
Luis publicó El Gobierno de Sancho, Valladolid, 1905 (con Ramón Ee- 
rreiro Lago). — Manuel Martín Carrascal, colaborador de Madrid 
Cómico, Vida Galante, La Ccrresp. Militar (1903), ABC (1904). pu- 
blicó Mariposas, Madrid, 1905. — N. Martín Mateos publicó Recuera 
dos gloriosos de Aragón, Madrid, 1905. Gloria á dos sabios, 1905. 
— E. Martínez Gomar estrenó El Capitán Robinsón, zarzuela. 1905. — 
Manuel Martínez Domínguez, médico matancero, publicó Cabrilleos, 
versos. Habana, 1905. — Salvador Martínez publicó Nieves, París, 1905. 
— Gabriel Maura Gamazo (n. 1879-), madrileño, colaborador de La 
Lectura y Alma Española (1903), publicó La Cuestión de Marruecos, 
Madrid, 1905. Rincones de la Historia, ibid., 1910. La Historia y la mi- 
sión de España, según M. Pelayo, ibid., 1913. Carlos II y su corte, ibid., 
1911; t. II, 1915. — Atanasio Melantuche, aragonés, redactor de El. 
País (1892-1902), escribió para el teatro piezas regionales aragonesas: 
La Vara de alcalde, carz. de costumbres aragonesas (1905)- Idcícas, zar- 
miela baturra (1905). El Golpe de Estado (con S. Oria, 1906). La Taja- 
dera, zarz. baturra (1909). La Pirula, zarz. (1913)- ^""^o., opereta (1915). 
— Santiago de Mena y Aristeguieta publicó Notas del alma, poesías, 
Madrid, 1905. — Pajareras, poesías. Bnen padre y mala hija, poema. Men- 



s. XX, 1905. LUIS parís y cadexas 179 

tira, poema. Cuentos y leyendas, poesías, Madrid, 1905. Cuentos en pro- 
sa. Domici-ano, tragedia. Luchas de abnegación, dr. El Novísimo don 
Juan, com. Los Primeros hermanos, ár. Jordano Bruno, dr. El Rico 
nuevo. Decir la verdad mintiendo (arreglo). — Mil y una curiosidades, 
archivo de cosas raras..., Barcelona (1905, 4 vols.). — A. Minguexs Pa- 
rpado publicó Poesías, Córdoba (Argentina), 1905. Evocaciones, 1910. 
Canto secular, Córdoba, 1913. — Juan Moneva y Puyol (n. 1871), cate- 
drático en la Universidad de Zaragoza, publicó El Clero en el "Quijo- 
te", Zaragoza, 1905. — Manuel Mora y Gaudó (n. 1874-), zaragozano, 
catecírático interino de Arqueología en la Universidad de Zaragoza, 
auxiliar de la de Barcelona, publicó Tapicería de la Catedral de Alha- 
rracín, 1905 (en Rev. Arch.). Ordinaciones municipales de Zaragoza en 
la Edad Media, 2 vols., Zaragoza, 1908. La R€mendona, saín, (con José 
Camero), 1908. Cabezudos, zarz. (con id.), 1909. — Juan José Morato 
publicó Don Quijote y los oprimidos, 1905 (en El Ateneo, 351-360). — 
Francisco Moret Pérez (n. 1863-), de Bolondrón (Cuba), farmacéu- 
tico, estrenó Perdón que redime, dr.. Matanzas, 1905. — Mario Muñoz 
BusTAiMANTE (n. 1881-), habanero, poeta y más pensador que poeta, pu- 
blicó Crónicas humanas, Habana (1905). El Pantano, de crítica social, 
1905. Ideas y colores, 1907. Rimas de gozo, 191 5, libro doliente y amar- 
gamente apasionado. — José Nieto publicó Cervantes y el autor del falso 
^'Quijote", Madrid, 1905. La Familia de Bambolla, Valladolid, 1912. — 
Nueva historia y monografías geográficas de las provincias de España. 
Galicia, 1905; Barcelona, 1907, etc. — Federico Obanos Alcalá d^l 
Olmo publicó La Marina en el bloqueo de la isla de León (1810-12), 
Madrid, 1905. España, cuadros históricomarítimos ^ Aíadrid, 1908. — Fe- 
derico Olóriz Aguilera (1855-1912). granadino, célebre médico, pu- 
blicó Caracteres físicos de los personajes del "Quijote", Madrid, 1905. — 
Luciérnagas, por Omega, Cádiz, 1905. — Ramón Orbea publicó La Re- 
conquista de América, Madrid, 1905. — Ordenanzas del Consulado de 
Burgos de 1538, Burgos, 1905. — Fernando Ortiz Fernández (n. 18S1-), 
de la Habana, catedrático auxiliar de la Universidad, publicó Las Sirn^ 
patíos de Italia por los mambises cubanos, Marsella, 1905. Hampa Afro= 
Cubana, los negros brujos, Madrid, 1906, 1916. Para la agonografía 
española. Habana, 1908. Los Mambises italianos, apuntes para la histo- 
ria cubana, Habana, 1909. La Reconquista de America, París, 191 1. 
Entre cubanos, París (1913). — Salvador Padilla publicó Gramática 
Jíístór. de la lengua cast., Madrid, 1905 (2." ed.), 191 1. Gloria á Cervan- 
tes, Orense, 1905. — Vicente G. Paesa estrenó El Asistente, juguete, 
1905, 1908. E\ Cierre dominical, 1908. Cómo está el mundo, 191 1. El De- 
cir de las flores, entr., 191 5. — Matías Pallares publicó La Caja de 
Valderrobres ó Peña de Aznar la Gaya..., Alcañiz, 1905. — Leopoldo 
Pardo é Irureta estrenó El Serzñcio, juguete, Santander, 1905. El 
Nuevo gobernador, 1906. La Previa censura, entr., 1909. Femina, co- 
anedia, 1914. La Guerra de los treinta años, com., Madrid, 1917. — Luns 
París y Cadenas, empresario teatral, redactor de La Nación, cíirector 
de Militares y Soldados (1896), estrenó El Trágala (con J. J. Cadenas), 



l8o ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

1905. Donde las dan..., 1906. — Onofre Peligro y Valle publicó Nueva 
Ortografía del idioma castellano, Badajoz, 1905. — M. Peña publicó En- 
sayo para un estudio histór.-crít. comparado del Fuero de Salamanca, 
ibid., 1905. — Emilio Pérez Egea publicó Cantares, Madrid, 1905. — 
Fidel Pérez Mínguez publicó La Casa de Cervantes en l^alladolid, 
Madrid, 1905. Entre pinares, 1916. El Maestro López 'Je Hoyos, Ma- 
drid, 1916. — J. PÉREZ Y Pando publicó Historia de la imagen y santua- 
rio de Nuestra Señora de Montesclaros, Vergara, 1905. — Marcial Pé- 
KEZ Cordero, chileno, publicó Amor y muerte, poesías, Santiago, 1915. 
— Pedro Pérez Fernández publicó Las Mannoñas, saínete (con G. 
Jiménez Athy), 1905. Niña de Lunares, novela andaluza, Sevilla, 1907. 
A la vera der queré, sain. (con José Camero), 1909. Para pescar un 
novio, 1910. El Alma del querer^ sain., 1910. Del alma de Sevilla, 
París, 191 1. Los Últimos frescos (con Fernando Luque, 1917). El 
Señor Pandolfo, fars. (con Fernández Ardavín), 1907. El Oro del 
moro, sain., 1918, — Manuel Pinos, nacido en España, rec>actor del 
Diario Español (1915), publicó Ropa ligera, prosa y verso (s. 1. n. a.). 
La Escuela del periodismo, 1905. — Antonio Plañiol estrenó La Mujer 
de cartón (con F. Lepina y J. Villarreal), 1905. Todo corazón,^ jug,, 
1917. Colaboró con otros. — A. Poblete Garín, poeta chileno, publicó 
Poemas del amor y de la muerte, Santiago, 1905. — Poetas guajiros, por 
un vueltabajero. Habana (1905). — José Pontes estrenó La Peseta en- 
ferma (con Femando Pontes), 1905. Cosas del querer, sain. (con Pedro 
Baños), 1908. — Por esos Mundos, rev., desde 1905, ]\Iadi id. — La Prensa 
de Buenos Aires, Corbeil, 1905. — Estado de la Provincia Agustiniana 
del Santísimo Nombre de Jesús, de Filipinas..., Madrid, 1905. — Sera- 
fín Puertas, buen cuentista regional vasco, publicó La Virgen de la 
Casita, patraña de Alacjos, colección de poesías, Medina del Campo,. 
1905 (con Daniel H. Galán). Asmodeo, novela (1914?). El Pastor ciego, 
cuento, Barcelona, 1916. Los Pequeñuelos, cuento, 1916. Adelina, cuen- 
to, 1916. Pierdechivos, cuento, 1916. La Desgana de vivir, nov., Madrid, 
1917. El Sátiro Priapo y la diosa Hebe, nov., Barcelona, 1917. La Bribo- 
na, nov., Madrid, 1919. — Nicanor Puga y Sancho estrenó ... Y callar 
es bueno, proverbio (con F. Cabana), 1905. El Triunfo en la derrota 
(con José Rincón Lazcano), 1912. — José Quilis Pastor, redactor de 
La Idea, Toledo (1903), publicó Alborada^ nov,, Madrid, 1905. Luciana, 
zarz., 1908. Leyendas hispanoamericanas escritas en verso, Madrid, 1908. 
Estaba escrito, entr., 190S. La Fuente del zarzal, cuentos de aldea, Ma- 
drid, 1909. La Infanta, 1909. La Alujer, conf., 1910. La Cigarra, zarz., 
1910. A Roma se va por todo, 1910. El Suplicio de Tántalo, 191 1. La 
Isla verde, 191 1. El Ladrón misterioso, dr., 1915. — Jaime Ouiroga Par- 
do Bazán, hijo de doña Emilia, publicó Aventuras de un francés, un 
alemán y un inglés en el s. xix, t. II de Obras completas, Madrid (1905). 
— José Oberto Ramírez de Arellano, mestizo de Santiago de Cuba, 
director del Álbum Literario, de Camagüey, publicó Arpa cubana, Ca- 
magüey, 1905. Idealidad, poema en dos cantos, 1905. — Santiago Ramón 
Y Cajal, famoso histólogo aragonés, publicó Psicología de don Quijote y 



S. XX_, 1905. JOSÉ MIGUEL KOSALES 181 

el quijotismo, disc, 1905. Cuentos de vacaciones, 1905. Reglas y consejos 
sobre investigación biológica, Madrid, 1916. Recuerdos de mi vida, 2 vo- 
lúmenes, Madrid (1901-1915), 1915, 1917. — Lola Ramos de la Vega es- 
trenó La Estoca de la tarde, zarzuela, 1905-1908. La Buñolá, entre- 
més, 1905. Dc¡ valle... al monte, 1906. Un cordobés, 1907. El Niño de 
Brenes, zarz., 1908. Canñito ciego, entr., 1908, El Caserón de las flo- 
res, 1909. La Calderada, zarz. (con Luis Ibáñez Villaescusa), 1910. 
El Califa, dial., 1912. — Federico Heparaz, rediactor de La Corres- 
pondencia, estrenó El Cinematógrafo, juguete, Bilbao, 1905. La Fn- 
mosa Teodora, com., 1908. Veinte días á la sombra, jug., 1909. La 
Princesa de los Balkanes, com., 191 1. El Enemigo de las mujeres, 
jug., 1912. Lluvia de hijos, 1914. Los Maridos alegres, farsa, Madrid, 
1917. — Reseña del homenaje que á M. de Cervantes... dedicó el exce- 
lentísimo ayuntamiento de Sevilla, ibid., 1905. — Revista de la Facul- 
tad de letras y Ciencias, Habana, desde 1905, dirigida por Evelio Ro- 
dríguez Lendián. — Gabriel M. del Río_, archivero en la Biblioteca Na- 
cional, redactó el Catálogo de la Exposición celebrada en la Bibl. Nac. 
en el tercer Centenario de la pitblicación del "Q<uijote^\ Madrid, 1905. 
— Juan Rivero, de Oviedo, publicó Galicia, con prólogo de M. Curros 
Enríquez, Habana, 1905. — Felipe Robles Decano^ presbítero, de Avila, 
publicó Ortología clásica de la lengua castellana, 1905. Filosofía del 
verbo, 1910. Los Disparates gramaticales de la R. Academia Española, 
1912. — Pío Roca estrenó La Cachunda, entremés, 1905. El Pañuelo ver- 
de, 1906. — Miguel A. Rodenas, colaborador del Mercurio (1904), publicó 
Tierras de paz, Madrid, 1905. Romeros del dolor, novela, ibid., 1907. 
De las viajadas al otero, novela (1913). Jacobo de Vorágine, La Leyen- 
da dorada. Vida de Sanios, trad., 2 vols., Madrid, 1914. — Francisco 
Rodríguez del Busto publicó Impresiones, Córdoba (Argentina), 1905. 
— Julián Rodríguez Ferra, de Lorca, publicó Pensamientos y siem- 
previvas, poesías, Lorca, 1905. — ^L. Rodríguez Embil publicó Pecado 
Murtal, nov. corta, premiada en los Juegos Florales de Salamanca, 1905. 
Gil Luna, artista, Madrid, 1908 (14 cuentos). Observaciones, ibid., 1908. 
Almas oscuras, nov. (1906?). La Insurrección, nov., París, 1911. De 
paso por la vida, nov., ibid., 1913. — José Romeo y Sanz estrenó Gas- 
pacho gitano, entremés, 1905. Artista en crímenes, dr., 1908. Almas bo- 
hemias, com., 1911. El Gran Carracedo, 1911. El Ciego del barrio, saín., 
1911. La Filarmónica, saín, (con Jav. Palacios), 1912. La Venus mo- 
derna, 1913. El Primer fresco, jug., 1914. La Conquistadora, 1915. — 
Rodolfo Romero (n. 1880-), de Las Piedras (Uruguay), que vive en 
Buenos Aires, fué periodista en La Prensa, Caras y Caretas, Fray 
Mocho, y escribió cuentos en gallarda prosa, como El Imperio del 
'músado. La Rubia de las medias violetas. El Destino de Juan Lanas, La 
Progenie de Adán, La Herencia del tío. El Soborno de San Pedro, El 
Negocio del día. — José Miguel Rosales, colombiano, publicó Los Con- 
quistadores españoles del siglo xvi, 1905 (en Ilustr. Esp., LXXIX, 154- 
55). Construcciones españolas en América (ibid., LXXX). Costumbres 
de tierra caliente (ibid., LXXX). Historias y paisajes, Barcelona, 1909. 



l82 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-T907) 

— J. RoviRALTA BoRRELL publicó Hamlct, trad., Barcelona, 1905. Ro- 
meo y Julieta, trad., Barcelona, 1908. — Ángel Royo Villanova publicó 
Cervantes y el derecho de gentes, Zaragoza, 1905. — José Victoriano 
Rubio y Cardona publicó El "Quijote^' como obra literaria, Zaragoza, 
1905. Compendio de Gramática castellana, 191 1. — El Ruiseñor, caucione^ 
ro... de vates americanos, París, 1905. — Luís Salado^ zamorano, ha 
publicado la acertada novela regional En marcha, Madrid, 1905. — 
Julio C. Salas^ venezolano, profesor de Sociología en la Universidad 
de Mérida, publicó una carta impresa en Mérida, hacia 1905, de Etnolo- 
gía c Historia de Tierra-Firme (Venezuela y Colombia), 2." ed., Ma- 
drid, 1916. — Salvador Salas Garrido, director dfe La Libertad (Málaga, 
1903), publicó Exposición de las ideas estéticas de Miguel de Cervan- 
tes, Málaga, 1905. — Honorato de Saleta y Cruxent (-j- 191 5), general 
de Ingenieros, publicó Las dos docenas, Zaragoza. Un libro más, que es 
la historia de otros veinticuatro libros, ibid., 1905. Estudio histórico so- 
bre el primer duque de Villahcrmosa don Alonso de Aragón, 1912. — 
Adelakdo Sánchez Arévalo, colaborador de Vida Galante, publicó A 
orillas del Ebro, cuentos en prosa y verso, historietas y cantares batu- 
rros, Barcelona, 1905. — Cristino Sánchez Arévalo, periodista en la 
Habana (1889-97), estrenó La Gran huelga (con S. Vaurell), 1905. — 
Simón Sánchez publicó Cartas amorosas satíricoliterarias, Madrid, 
1905. — Fernando A. Santibáñez Puga, chileno, por seud. Fernando 
Santiván y Fernando Arauco, novelista de temperamento cerebral y 
ardiente, que se distingue por el brío y el amor á la vercíad y por su 
prosa elocuente y sobria, publicó Palpitaciones de vida, cuentos y nov. 
cortas, Santiago, 1905, 1909. Ansia, nov., 1907, 1910. El Crisol, nov., 
1913. La Hechizada, nov., 1916. — Carlos María Santigosa y Rautens- 
TRAUCH (n. 1846-), sevillano, publicó El Río de la, Plata, Sevilla, 1905. — 
Julián Sanz y García (n. 1886-), de Cienfuegos, residente en la Ha- 
bana, estrenó Dar de comer al hambriento, monól., Cienfuegos, 1905. 
El Abuelito, entr., 1906. Los Líos del entresuelo, com., 1907. Los Her= 
manos Quintero, jug.. Santa Cruz de Tenerife, 1909. Susanita, entr. La 
Risa, entr. Por primo, entr. andaluz, 1910. Rosalba, com., 1916. Mi 
novio. De acá y de allá, jug. (con Jacinto Ca pella). Villa Margarita, 
com. (con N. Lugo Viña). La Historia de Adán, com. (con Gustavo 
Sánchez Galarraga, 1914). Rosalía, com. (con León Ichaso, 1916). La 
Flor del camino, dr. (con id., 1918). — B. Sarmiento publicó Sarmiento 
anecdótico, B. Aires, 1905. — José Segarra, valenciano, redactor de El 
Heraldo de Guadalajara (1899), El Radical, de Valencia (1903), publicó 
Vocación, novela, Mach-id, 1905. Excursión por América (con Joaquín 
Julia), San José de Costa Rica, 1906-1907; 2.^ parte. Recorriendo la isla. 
La Ruta de Hernán Cortés, Madrid, 1910 (con J. Julia). — G. Sela pu- 
blicó Política internacional de los Reyes Católicos, Madrid, 1905. — Ra- 
món Seoane y Ferrer, marqués de Seoane, publicó Correspondencia 
epistolar entre don José de Vargas Ponce y don Juan Agustín Ceán 
Bermúdes, Madrid, 1905. Navegantes guipuzcoanos, Madrid, 1908. — 
Antonio Serra Orts, coronel español que militó en las dos guerras de 



S. XX^ 1905. CARLOS MARÍA URIEN 1 83 

Cuba, publicó Recuerdos de las guerras de Ciiba (1868-98), Santa Cruz 
de Tenerife, 1906. Para el teatro: Angela, monól., Cárdenas (Cuba), 
1905. Instantáneas, monól.. Habana, 1907. El Juez, jug. Por los astros, 
jug. ¡Vaya un chasco!, jug. — Fray Luciano Ildefonso Serrano y Pi- 
neda (n. 1879-), de Castroceniza, cerca de Silos, en cuyo Monasterio 
estudió y profesó de benedictino (1897) ; descíe 1917 es abad; archivero 
de la Embajada en Roma, publicó ¿Qué es canto gregoriano t, Barce- 
lona, 1905, Música religiosa, ibid., 1906. Fttentes para la historia de 
Castilla, Valladolicí, 1906-07-10, 3 vols. Correspondencia de los Reyes 
Católicos con el Gran Capitán durante las campañas de Italia, 1909-11 
(en Rev. Arch., XX-XXV). Becerro gótico de Cárdena, Madrid, 1910. 
Correspondencia diplomática entre España y la Santa Sede durante el 
pontificado de San Pío V, Roma, 1914-18, 4 vols. Archivo de la Em- 
bajada de España cerca de la Santa Sede. I, índice analítico de los do- 
cumentos del s. XVI, Roma, 1915. Alfonso XI y el Papa Clemente IV. 
durante el cerco de Algeciras, Madrid', 1915. Primeras negociaciones de 
Carlos V con la Santa Sede (1516-1518). Causas de la guerra entre el 
papa Paulo IV y Felipe II. La Liga de Lepanto, t. I, Madrid, 1918. — Vi- 
cente Serrano Puente publicó Relaciones por el Océano Atlántico del 
mundo antiguo con la América precolomhiana, Gijón, 1905. — Sesión so- 
lemne que el Colegio de Médicos de... Madrid dedica al inm. M. de Cer^ 
vantes, 1905. — Eugenio Silvela^ director de la Rev. de las Prisiones 
(1902), alcalde de Madrid, publicó Cervantes poeta, 1905. Vida picaresca 
Madrid, 1910. Aventuras contemporáneas, 1912. — Manuel G. Simancas 
publicó Artistas castellanos del s. xiii, 1905 (en Soc. Esp. Exc, XIII). 
— Solemne sesión... R. Academia de San Fernando... para conmemo- 
ran... "Quijote", 1905. — Isidro Soler estrenó La Bohcme, comedia (con 
Ángel Custodio), 1905. La Cuna de Jesús, 1905. Los Tientos, 1906, El 
Cortijo (con Ángel C. Pintado), 1908, La Alegría de triunfar, com. (con 
A. Custodio), 1909. Choque de pasiones (con Alfonso Jorge), 191 1. — ■ 
Juan Ramón Somoza^ gallego, publicó Horas de ocio, art. liten, Haba- 
na, 1905. — Antonio Sotillo estrenó La Corte de Transmania, zarzuela 
(con J. B. Pont), 1905. Un negocio de oro, com. (con Sinibaldo Gutié- 
rrez), 1913. — León A. Soto (1874-1902), de Panamá, poeta delicado, 
trasparente y suelto, escribió Eclécticas, sonetos (póst.), 1905. — David 
Federico Strauss publicó Estudios literarios y religiosos. Valencia 
(1905). — Juan Ta vares estrenó El Trianero, zarzuela (con Antonio Ló- 
pez), 1905. Copla gitana, zarz., 1909. Sebastián el Marquesita, sain. (con 
Carlos Díaz Valero, 1919). — Alberto Tena, argentino, escritor de cos- 
tumbres y crítico de arte, de estilo fácil y colorido, publicó mucho en 
periódicos, y Buscando el sol, B. Aires, 1905. La otra Alemania, 1915. 
El Pájaro sin alas, novela llena de afecto y sencillez, 1916. Narra= 
dones literarias y de tierra adentro, 1917. — Raimundo Tirado estrenó 
Chirivita, saínete, 1905. Las Capeas, sain., 1912. — Mauricio Torres es- 
trenó ¡Honradez .', diálogo, 1905. — Miguel Torroella Plaja publicó 
Cientos que son historias, Gerona, 1905. Margarideta, nov., ibid., 1907. 
— Carlos María Urien, historiador argentino, publicó Revolución cu- 



184 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

bana^ B. Aires, 1896. Esteban Echeverría, ibid., 1905. Quiroga. ibid., 
1907. Lq. Carga de Junin, ibid., 1909. La Rep. Argentina en ipio. La 
Victoria de Maipú. Soberana Asamblea general Constituyente de 181^, 
1913. El General Lucio Victorio Mansilla. 1914. Paso de los Andes y 
batalla de Chacabuco, 1917. — La Resurrección de don Quijote... por el 
padre Valbuena, Barcelona (1Q05). — Santiago Yanrell, mallorquín, co- 
laborador de El Correo Ilustrado (1897), estrenó Especialista en divor^ 
cioSj juguete (con L. Bxiceta), 1905. — Eduardo Várela Zequeira, ca- 
magüeyano (Cuba), hermano de José, publicó Los Bandidos de Cuba, 
documentos, 1891. La Policía de la Habana, 1895, La Política en ipo^. 
Habana, 1905. Expiación, ár., 1907. Hogar y patria, dr., 1908. La Re- 
conquista, com., 1910. — Pedro Vela de Almazán publicó Relación de 
los Caballeros Maestrantes de Ronda, Sevilla. Granada. Valencia y Za- 
ragoza, desde la creación de estos Cnierpos, Madrid, 1905. — Velada que 
la R. Sociedad Económ. Matrit... "Quijote". 1905. — María E. Veláz- 
QUEZ DE Olózaga compuso Las Cucharetas, cuadro cómico, Bilbao, 
1905. — Manuel Verdugo Bartlett (n. 1879), de Manila, publicó Hojas, 
poesías, Madrid, 1905. — Fray Luis Villalba Muñoz, agustino, cola- 
borador de La Ciudad de Dios (1898-1903), publicó Costumbres musi- 
cales españolas en tiempo de Cervantes. 1905 (en Ciudad de 
Dios, LXVII). Las "ensaladas" de flecha (ibicí). Cuentos de Navidad, 
Madrid, 1913. Antología de organistas clásic'^s, traducción del texto 
musical antiguo, recopilación y notas biográficas y críticas, ibid,, 1914. 
Últimos músicos españoles del s. xix, ibid., 1914. — Emilio K. del Vi- 
llar publicó España y América, monografías populares, redactadas por 
distinguidos publicistas, Madrid, 1905. Las Repúblicas hispanoamerica- 
nas, Barcelona, 1907, 2 vols. Geografía general, Barcelona (s. a.). Ar- 
chivo geográfico de la Península ibérica, Barcelona. 1916. 

201. Aíio ipoó. Emiliano Ramírez Ángel (n. 1883-), de 
Toledo, es el cronista de la clase media de Madrid, el Meso- 
nero Romanos de hoy, acrecentado en tercio y quinto ; por- 
que es el cronista del intimo vivir, de las delicadezas que en- 
cierran las almas burgesas ó que como artista cj[ue las lleva 
dentro de sí, las ve en ellas y se las presta para que nos sola- 
cemos contemplándolas. Las menudencias que se nos pasan 
á los demás por alto abrillántanse al pasar por la coloreadora 
fantasía de Ramírez An¡gel, y destellan, no como brillantes 
sino como rubíes y zafiros, comió esmieraldas y topacios, quie- 
ro decir con todos los colores y matices de colores que nos 
atraen los ojos, hacen que en ellas reparemos y que descan- 
semos diciendo : " ¡ Cuiánta hermosura hay en la vida ordinaria 
para el que sabe cribarla de la prosaica realidad!" Para ello 
hay que ser niño, mirando las cosas como frescas, digo con la 



N 



S. XX, 1905. MAX ENRÍQUEZ UREÑA 1 85 

frescura del primier mirar del niño, y hay que ser sincero, no 
pretendiendo hacer literatura, pretensión en la cual toda afec- 
tación anida. Por eso Ramirez Ángel, no sé si sin querer y 
sin saber o si queriéndolo y sabiéndolo, ello es que escribe 
en suelto, variado y expresivo castellano. Su ingenio humorís- 
tico salpimienta toda narración. En la elección de epítetos, 
€n el forjar de frases tiene un acierto y novedad de poeta 
que sólo pueden brotar de una rica fantasía y de un pecho 
tierno y sensible a cualquiera ondullación del aire. Sus obser- 
vaciones y salidas brotan tan naturales como hondas á veces 
y siempre á punto, nuevas, mariposeadoras y que hacen un 
muy agradable tilín. Es uno de nuestros grandes escritores 
que saben leer en las cosas y comunicarnos á todos los deli- 
cados sentimientos que en ellas leen. 

Carlos Arturo Torres (1867- 19 i 2), colombiano, de San- 
ta Rosa de Viterbo, académico desde 19 10 en Bogotá, inglés por 
educación y gran viajero, fué ecléctico, transigente con todos 
y templado en sus juicios. Crítico serio y poeta de ideas, aman- 
te de todo elevado pensamiento, independiente en arte, de tono 
lírico épico, más pensador que poeta, descuella harto más por la 
inteligencia que por la fantasía ni el sentimiento. Simbolista, pero 
á lo Vigny, claro y clásico en la hechura y tono general de sus 
versos. ''Adimiremos en buena hora á Sthephane Hallarme 
— dice — ; pero que esa admiración no nos haga olvidar á André 
Chénier. " El Cali:; y La Abadía de Westininstcr son sus más ce- 
lebradas poesías. En la prosa vSeñorea la inteligencia á la fan- 
tasía y es demasiado abstracto y hasta oscuro. 

Max Henríquez Ureña (n. 1885-), de Santo Domingo, 
hermano de Pedro é hijo de Salomé Ureña, fué á la Habana 
en 1903, donde fundó con Jesús Castellanos la Sociedad de Con- 
ferencias. Escritor de varia cultura, sereno y correcto, de abierto 
criterio, quie sabe amenizar cuanto itoca y revestirlo de muy 
personal y apropiado colorido. Clásico por temperamento y por 
sus aficiones eruditas, emplea en sus versos demasiadas voces 
exóticas, grecolatinas, que les dan un tinte erudito, del cual hu- 
yen los ojos y que no vibran en los oídos, y no menos esdrú- 
julos, que refuerzan el ritmo, pero á costa de atiesar los versos, 
como si estuviesen almidonados. Son, pues, poesías eruditas, de 
hechura elegantísima, cual de ánfora griega, esmeradamiente 



1 86 ÉPOCA REGIOXAL Y MODERNISTA (188S-I907) 

contorneadas, clásicas en la hechura y llenas de sentimiento 
motivado por el recuerdo ó por la descripción suave y lángui- 
da de las cosas. 

Luis María Jordán (n. 1883-), de Buenos Aires, colabo- 
rador de El País, El Gladiador, La Nación, Ideas, director 
del Museo y Biblioteca Pedagógica por cuatro años, des- 
de 1907, catedrático de Historia, director del Museo esco- 
lar Sarmiento; escribió primero cuentos fantásticos, después 
otros más realistas pero orlados de un nimbo ideal y aun filo- 
sófico, finalmente la novela erótica y urbana Los Atormen= 
tados, con fuerte visión de la realidad y soltura de gran no- 
velista. En estilo y lenguaje es correcto, castizo y expresivo. 
Más recuerda todavía á los clásicos castellanos en sus libros 
de poesías, donde hay riqueza de variados tonos y de metros. 
De inspiración es clásico, distinguiéndose entre los poetas mo- 
dernos de su tierra por la sinceridad, sin efectismos, y por el 
discreto buen gusto, sin rarezas modernistas. No es ameri- 
cano en asuntos sino cosmopolita; pero maneja castizamente 
y con maestría el habla castellana en prosa y en verso y eleva 
con ideas trascendentales la realidad bien observada. 

Ángel Falco (n, 1885-), de Montevideo, soldado (1904),- 
ácrata en doctrinas y muy humanitario, batallador periodista 
después en favor del proletariado, encarcelado, arengador,. 
poeta, escribió sobre todo en el Diario del Plata, dirigió Pro^ 
tea (1916-17), La Raza (19 17); compuso novelas, dramas y 
versos. De estirpe épica, es pomposo y abundante; pero, como 
improvisador y hecho á las lides periodísticas, fogoso y algo- 
declamatorio. Sobresale en cantar líricamente proezas épicas 
con boato sonoro y elocuencia tropical, en tomo de pensa- 
mientos macizos que sirven de motivos centrales, sobre doc- 
trinas libertarias... 



202. Ramírez Ang:el, en carta al autor: "Frivolidad, optimismo^ 
cierta leve zumbonería, piedad, amor á Madrid — el Madrid actual, hu- 
milde y joven — y ternura para pintar la clase medía, entre la que vivo... 
He hablado de las modistas, de los estudiantes, de los empleados, de 
las muchachas solteras que viven en los pisos terceros; de la vida de 
siempre, de la gloria que no Ilesa, y del tranvía que se retrasa ; de las. 
barcas del Retiro y de las hondonadas de la Moncloa... He querido co- 
municar la tristeza de lo cotidiano, de lo vulgar y manso que nos ro- 



S. XX, 1905. EMILIANO RAMÍEEZ ÁNGEL 187 

dea; del pobre hombre que, muy á menudo y á pesar suyo, lleva en sí todo 
vanidoso, todo farsante, todo ilustre... Quisiera lograr del lector, no 
una lágrima, ni una carcajada, sino una sonrisa. Sonreír: he aquí la 
honra, la victoria mayor que, á mi juicio, puede satisfacer más á un 
pintor de costumbres. Por pesimista, propendo al humorismo. Me se- 
ducen, aun sin quererlo, los detalles, las cosas menucfas, el gesto, la 
frase, el minuto; y frivolamente unas veces, emocionadamente siem- 
pre, las describí, elogié ó glosé. A Azorin, el de antaño, debo estos pla- 
ceres míos. Me agradaría repujar, enriquecer la prosa; pero me con- 
tento con ser sencillo y atrapar — si tengo esa fortuna — el matiz. Creo 
que la sinceridiad, en arte, es lo que salva. A ella vivo gustosamente 
esclavizado. Mis ocupaciones, ajenas á la literatura hasta hace cuatra 
ó cinco años, me impidieron leer lo debido. No pudte, como deseaba, 
entrar en las Bibliotecas, y me quedé, paseando, á la puerta. Amigos 
bondadosos me llaman "cronista de Madrid, cronista de la clase media". 
No sé si lo soy; pero reconozco que no podría ser otra cosa. Sinceridad, 
fervor y observación del natural : eso busco. Y, á propósito, y para 
concluir esta confesión: con motivo de mis obras se recuerda, para 
honra mía, á Larra, á Mesonero Romanos, á Galdós... Lealmente de- 
claro que, cuando escribí estos libros, apenas conocía sino muy poco de 
estos españoles. Ni quise, pues, imitarlos, ni seguirles en nada, como no- 
fuera en lo expresivo de la prosa ó en lo genial de la observación. Aun 
sin existir tales literatos — á los que admiro de veras, especialmente á 
Larra y á Don Benito — yo hubiese pensado, sentidb y escrito como lo 
hago. En cuanto á autores extranjeros, no sé si habrán influido poco ó- 
mucho en mí Flaubert (Madame Bovary, Bouvard ct Pecnchet) ; Zola, 
Daudet — más que Zola, ¡ya lo creo! — ; Maupassant, Balzac y el por- 
tugués Eqa de Oueiroz... Resumen: mi temperamento no me llevará 
nunca — y lo siento de veras — á las tragedias, á los conflictos alboro- 
tados, al realismo áspero, acre y parcial... Media tinta, placidez, amar- 
gura que corre por dentro ; una sonrisa y un suspiro. Lo épico de todos 
los días: dramas sin sangre, sin relumbrón, sin retórica... ¿Cómo no 
declarar fervorosamente que el Quijote me maravilla y consterna? 
Luego de ver'cómo hablan el hidalgo y el rústico, cómo reflexionan y ' 
sienten, yo rompería la pluma. Pero..." Cansinos Assens, Los Mermes, 
1916, pág. 224: "Desde el primer momento, Emiliano ha tomado para 
sí la belleza humild^e. popular, de lo visto por todos : la belleza de los 
arco iris, die los domingos con sol, de los jardines públicos y de los 
balcones con macetas ; todo eso que sólo puede magnificarse por la con- 
templación afectuosa... Su Cabalgata de horas, La Vida de siempre. 
El Perfecto casado, son el diario sentimental de un buen muchacho 
provinciano en medio de la corte, que trabaja y sueña y ama el buen 
domingo. Y un día ha dicho: "La verdad está en unos ojos negros, y 
"todo lo demás es literatura." ¡ Qué lejos está todo esto de los precio- 
sismos de los antecesores, de la fastuosidad verbal de los jóvenes maes- 
tros ya célebres! ¡Qué lejos del arte por el arte! La rebeldía estética 
está aquí, en el desaliño de la frase, en el desgaire con que se maní- 



1 88 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (188S-I907) 

üesta un sentimentalismo pródigo; está en la inexperiencia juvenil del 
escritor y en su sencillez evangélica. Emiliano, bajito y moreno, modesto 
y laborioso, aparece rebelde como un San Pablo artesano, en el círculo 
literario de los olímpicos decadentes. Una rebeldía de golondrina y de 
alondra alborotadora. Imposible desconocer lo que de aquellos maes- 
tros ha tomado: de Martínez Sierra ha aprendido la pulcritud en el 
decir y ese humorismo humilde y teresiano que sonríe al través de su 
emoción; de Martínez Ruiz. ese sentido diminutivo de ias cosas que 
tan bien sienta á su prosa ingenua, un poco trivial, un poco loca; de 
Man. Machado, seriecfed y sencillez, y de todos, en fin, laconismo y mo- 
dernidad. Entre todos han vestido á este niño; pero de sí mismo ha sa- 
cado él su cordialidad simpática y su modestia de diácono. Su labor es 
sencilla y diáfana, cual la de un Trueba... Se hace el cronista román- 
tico de ^ladrid y fija de una vez su carácter de escritor realista y sen- 
timental..., cantor del medio ambiente, pintor de cuadros de costum- 
bres madrileñas." Andrés González Blanco. Hist. nov., pág. 871 : "Al 
joven prosador Ramírez Ángel, que, en las encantadoras páginas de 
sus novelas ha sabido cifrar la vida cotidiana au jottr le jotir, con to- 
das sus mezquindades y sus grandezas ; el épico de las modistas madri- 
leñas, y de los estudiantes locos y livianos, y de las muchachitas alegres 
que nos han encantado al pasar con sus estelas perfumadas y sus sem- 
blantes risueños y bonitos, y de los empleados de seis mil reales, y de 
la existencia de los hijos de familia bajo la luz doméstica de un quin- 
qué ; el creador de una nueva fórmula y de una prosa que responde con 
exactitud á su temperamento de artista; una prosa matizada y fina, á 
veces doliente, como los íntimos sollozos de un alma que no encuentra 
lo que anhelaba, á veces jovial y loca como la risa de las nenas esbeltas 
y rubias que van á los bailes de la Bombilla; una prosa que quedará 
como documento histórico, como expresión del sentir de una genera- 
ción entera ; una prosa rubia y alada, frágil, dulce y mimosa, como las 
niñas bonitas, como los caramelos de los Alpes, como los besos de los 
enamorados en una calle obscura, como las orquestas de los teatros re- 
fulgentes." ídem, pág. 1008: "La Tirana, llena de vitalidad, aunque en 
más incorrecto estilo que sus obras posteriores, en las cuales ha lle- 
gado á crearse una prosa repujada y nielada como hay pocas entre sus 
contemporáneos. La conclusión de su obra es tremendamente pesimista, 
como la de todas las novelas del naturalismo; pero en el curso de ella 
sucédcnsc las escenas de amor y de alegría, que abren horizontes claros 
frente á la vida plena y libre." Ramírez Ángel: La Tirana, novela de 
costum.bres (1906). Madrid sentimental (1908). El Príncipe sin novia 
(1909). La Vida de siempre (1909). Cabalgata de horas (1909). Después 
de la siega (1910). Beethoven (1913). Haendel (1913). La Voz lejana 
(1915). Biografía anecdótica de José Zorrilla (1915). Penumbra, no- 
velas de setitimentalismos y zumbonerias (1915). Bombilla, Sol v 
Ventas, peligros y seducciones de esta coronada villa (1915). La Tra- 
gedia del amor (1916). La Tragedia del comedor (1916). Los Ojos 
abiertos, nov. (1916). Egdar Poe, historias extraordinarias, trad., 1918. 



S. XX^ 1906. CARLOS ARTURO TORRES 1 89 

En El Cuento Semanal: De corazón en corazón (1907). Juventud,. 
Ilusión y Compañía (1910). Historia sin desenlace (191 1). La Prima- 
vera y la política (1911). En Los Contemporáneos: El Duende (1909). 
Al borde de la vida (1910). Santiago el Verde (191 1). El Rincón de 
los suspiros (1912). La Invasión de los bárbaros (1915). En El Libro 
Fopidar: Todos, gorriones (1913). Cambio de conversión (1914). En 
Los Cuentistas: Donde nace el amor (1910). En El Cuento Ilustrado: 
El Alma del abuelo (1911). En La Novela de Bolsillo: Alas y pezu- 
ñas (1914). 

En el estilo de Arturo Torres abundan demasiado los abstractos y 
voces generales que lo oscurecen algpjn tanto: la inteligencia sobrepuja 
á la fantasía. Ejemplo: "Pero voy más lejos aún. No ya la evolutiva 
transformación sino la misma repudiación de lo anterior, el absoluto 
cambio de frente, si obra de sinceridad irreductible, lejos de disminuir, 
constituye á las veces el alimento esencial, la surgente milagrosa de la 
grandeza y del valor de un esfuerzo. Llega para ciertas almas férvidas 
un momento de crisis profunda, en que lanzan el Everlasfing NO de 
Carlyle : deponen para siempre el fardo y pesadumbre de los errores 
y pretéritas esclavitudes de la mente ; es entonces el erguirse del in- 
tegral en su majestad* nativa, porque la repudiación del prejuicio con- 
substancial constituye el acto más valeroso de autonomía humana y la 
liberación áél espíritu es la más augusta de todas las liberaciones." Esta 
oscurísima logomaquia la topo abriendo al azar Los ídolos del Foro 
(19 16, pág. 43). Lo que sigue es todavía más oscuro y abstracto, y puede 
verlo el curioso lector. Andrés González Blanco, Escrit. repres. de Ame- 
rica, 1917, pág. 165: "Un ejemplo de las organizaciones á la vez refi- 
nad^amente intelectuales y curiosamente artistas es la personalidad emi- 
nente de don Carlos Arturo Torres... Nunca fué un profesional, sino un 
dilettante... Hombre de buena alcurnia, magníficamente instalado en la 
vida, viviendo en continuo roce con las grandes corrientes del pensa- 
miento europeo, viajero incansable y aprovechado, avecindado en Lon- 
dres... Se ha asimilado mucho del espíritu inglés... Tiene el señor To- 
rres también del genio inglés la misantropía agria, que á veces se tra- 
duce, por ironías díe la realidad, en altruismo fecundo..., serio y macizo, 
como las construcciones inglesas; algo bronco, como su idioma, y casi 
siempre fértil y ubérrimo, como sus praderías... Limpia, de trazos fir- 
mes y seguros su escritura..., la figttra de C. A. T., como estatista, se 
muestra serena, inmóvil, sin una mancha de linaje..., culto crítico y ele- 
gante poeta..., fantasía amplificadora, sensibilid'ad intensa, sin dejo 
alguno de sensibilismo meloso... En sus opiniones jamás es excesivo ni 
violento..., la moderación de sus juicios y la templanza de sus censuras. 
Jamás es violento ni mordaz; correcto, pulido..., poeta elegante y clá- 
sico..., sin desdeñar la manera nueva. Su escuela poética podría deno- 
minarse la del buen sentido..., lóricoépico..., sobriamente emotivo." An- 
tonio Gómez Restrepo, Antol. Colomb., Cádiiz, 1915, pág. 15: "Carlos 
Arturo Torres es muy coftocidb como artista ,v literato. Sus Estudios in- 



igO ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-IQO7) 

__gleses hacen honor á las letras colombianas. Pero él habría muerto in- 
conforme, si hubiera creído que la posteridad prescindía de sus versos. 
Y no ha ocurrido esto: porque Torres tuvo la ambición de la poesía 
trascendental y filosófica, y d'ejó pruebas suficientes para demostrar que 
su vigoroso talento era capaz de vencer las asperezas del género y con- 
quistar la palma del triunfo. Fué un poeta de la escuela de Vigny, á 
quien rendía culto fervoroso y de quien tradujo estrofas admirables; es 
decir, era poeta simbolista; pero sus símbolos, como los del autor de 
Eloa, fueron claros y traslúcidos ; y contribuye á darles relieve la ener- 
gía del estilo y el vigor quintanesco de la expresión. Su poesía no es 
■popular, porque es más intelectual que imaginativa ó de sentimiento; 
-porque no se olvidarán en nuestra historia literaria cantos como la me- 
■ciitación En la Abadía de Westminster, en que el poeta, con inspiración 
vigorosa, canta la grandeza de Inglaterra, simbolizada en ese panteón 
■de sus grandes hombres..." Publicó en un mismo tomo Estudios ingle- 
ses y Estudios varios, Madrid, 1906. Obras poéticas, Madirid, 1906, que 
contiene Poesías varias, En la arena. Poemas filosóficos. Poemas cre- 
pusculares y Poemas simbólicos. Idola Fori, 1910; Madridí, 1916. Dis- 
curso recepc. en la Academia Colombiana {Anuario, t. II, 1911, pág. 14). 
Literatura de ideas, discursos y conferencias, Caracas. 1911. Estudios 
de crítica moderna, estudios ingleses, estud. amer., estud. varios, Ma- 
drid, 1917. Consúltese: Andrés González Blanco, Contemporáneos, 
2.^ serie, París. 

Max H. Ureña, Preliminar á Ánforas: "Estos versos que ahora pu- 
blico son la cosecha de mi edad juvenil. Vida de ensueños y peregrina- 
ciones ha sido hasta ayer la mía. Por eso, en estas páginas tan sólo á 
ratos se manifiesta un pesimismo ocasional y prematuro. Es el otoño 
que se anticipa. No sólo mi credo artístico ha variado..." Max Enrí- 
quez Ureña: Whistler y Rodin, conf., Habana, 1906. La Vida y las obras 
de Jesús Castellanos, 1912 (en Rev. Bim. Cub-). Martí en Santo Do- 
mingo^ 1913 (en Cuba Contemp.). Caracteres del teatro francés con- 
temporáneo, 1914. E. J. Varona, París, 1913 (en Rev. Amer.). Diego Vi' 
tente Tejera, conf. Ánforas, poesías, Valladolid-Habana, 1914. Tres 
poetas de la música. Habana, 1915. La Combinación diplomática, com., 
ibid., 1916. José Enr. Rodó y Rubén Darío, conf., ibid., 1918. El Ocaso 
del dogmatismo literario, conf., Santiago d'e Cuba, 1919. Los Estados 
Unidos y la República Dominicana, Habana, 1919. 

Ángel de Estrada, Pról. á La Tthiica, de Jordán : "Estos cuentos, 
que empiezan con la evocación de una Túnica de Sol y acaban con las 
bodas de Psiquis, son de esencia puramente imaginativa. Aun cuando la 
materia... encierre un dolor íntimo, predomina siempre el golpe de ala 
que trae de los jardines y de los cielos su perfume de flores y su luz de 
estrellas. Jordán ha escrito acariciado por sus propias ideas... Y sus 
cuentos vibran con la realidad que la imaginación alucinada comunica 
á las cosas y que vale tanto como la otra..., vibran tanto como los toma- 
dos del natural... Quien ha escrito este volumen es un temperamento. 
'En las más deficientes de sus páginas, aun en aquellas en que se ve más 



S. XX, 1906. ÁNGEL FALCO I9I 

tina mano de muchacho, hay siempre una sensación, una imagen, una 
idea salvadora. El autor revela, sin esfuerzo, gran savia, presta á trans- 
formarse en hojas. Demuestra, además, instinto de artista, cazando á 
menudo al vuelo el detalle pintoresco que realza el conjunto...; en las 
entrañas del volumen se agita el manantial de una mente de poeta... Se 
siente en su pluma el cuidado alerta de perseguir una bella forma... y 
-eso, que significa una comprensión, es el principio de un futuro triunfo." 
Roberto F. Giusti, Nuestros poct. jóv., 1912, pág. 129: "Esta Ofrenda 
que encabeza el libro (de Jordán, Los Jard. gal.), es sentida, lo confieso... 
Su arte es muy europeo y muy moderno, con mucho de francés, con nada 
■de argentino — si se exceptúa le lengua — ... Hay, además, en él su po- 
quito de m.itología y lo cruza una que otra figura prerrafaelista, y por 
todas sus páginas se difunde un ambiguo y refinado espíritu entre mís- 
tico y erótico." Luis María Jordán : La Tiinica del Sol, cuentos, Bue- 
nos Aires, 1906; Barcelona, 1910. Cavalcanti, cuentos, B. Aires, 1907. 
Los Jardines galantes, poesías, ibid., 191 1. La Copa de oro, poesías, ibid., 
1914. Los Atormentados, nov. escrita años atrás, Aíadrid, 1917. La Evo- 
lución de los Museos, B, Aires, 1918. Un idilio, 1918 (en La Novela de 
Hoy). Museos escolares, B, Aires, 1919. Preparados: La Bamhina, no- 
vela. Don Mida, nov. Nuevos poemas (ya publicados en la prensa). 

Amadeo Almada, Vidas y obras, 1912, pág. 45: "Hay en él (en Án- 
gel Falco), por lo pronto, un agitador, un filósofo revolucionario; un 
■hombre de partido, en fin ; pero hay también im poeta y un grande y de- 
licado poeta... El pensamiento fundamental, que corre viboreando co- 
mo un torrente de fuego, deslumbrador de puro claro, al través del bos- 
caje opulento de imágenes é ideas por donde pasa y repasa igual á un 
vértigo, aunque sin salir de sus inquietos dominios, la inspiración del 
poeta... No es un colorista al modo de Papini..., no es tampoco un can- 
tor de cosas sentimentales como Roxlo...; es un poeta quintanesco, que 
vuela en un pegaso macizo todo de pensamiento y de cerebro, con gran- 
•des alas, como los ensimismados toros simbólicos de Persépolis. Su ins- 
piración no es la de un paj arillo que canta, sino la de un cóndor que 
A'^uela. Tormentosa y crujiente, parece nacer, más bien que de la gar- 
■ganta, del roce de las alas y de las ansias nunca satisfechas del vuelo, 
al través del viento desencadenado. Su poesía es música, pero es idea; 
es color, pero, ante todío, pensamiento; es brillo deslumbrador, pero es 
•filosofía... Su poesía, que participa en algo del desarrollo atropellado 
de las ideas revolucionarias del poeta, con sus excesos de expresión y 
la hipérbole de sus comparaciones, podría compararse más bien á la 
■música de Wagner, tocada á toda orquesta. Su poesía es guerrera, tal 
«cual suele serlo en nuestra época, palenque abierto á los rudos y á ve- 
ces cruentos combates del pensamiento." Ángel Falco : Ave, Francia, 
canto, Montevideo, 1906. Garibaldi, poema, ibid. 1907. Vida que canta 
(más de 160 sonetos), ibid., 1908. Cantos rojos, 1908. Breviario galante, 
1909. El Paso de los Andes. El Alma de la raza, poema, 1910. El Hon%~ 



.'92 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

bre quimera, igii. Auroras atlánticas. La Leyenda del patriarca, poe~ 
ma (á Artigas), 1911. La Tragedia de las alas, 1914. Troquel de fuego, 
sonetos, 19^7. 



204. Año 1906. Manuel Abril (n. 1884-), madrileño, poeta senti- 
mental y elegante, publicó Canciones del corazón y de la vida, Ma- 
drid, 1906, libro de ternura y sentimiento. Hacia la lus lejana, Madrid, 
1914, versos cariñosos en metros levemente rítmicos, que remed'an el 
asunto con armonía imitativa. La Filosofía de Parsifal, conf., 1914. Fe- 
lipe Trigo, síí vida, su obra, sti moral, ipi?. Ta Princesa que se chu- 
paba el dedo, comedia á modo de linda y filosófica farsa, 1917. Leve 
discusión con una momia, de E. Poe, trad.. 1918. Margot, nov., trad., 
Madrid, 1918. 

J, P. WiCKERsiiAM Crawford, norteamericano, profesor de la Uni- 
versidad de Pensilvania, hispanista infatigable en editar y comentar 
autores, publicó The Spanish Pastoral Drama, Philadelphia, 1915. Life 
and Works of Cristóbal Suárcz de Figneroa, ibid., 1907; trad. por 
N. Alonso Cortés, Valladolid, 191 1. Textos anotados: ^^Representación 
de los mártires Jtisto y Pastor", de Francisco de las Cuebas, en Reviie 
Hispanique, 1908, vol. XIX; '^Tragedia de Narciso", de Francisco de la 
Cueva y Silva, Philadelphia, 1909; "El Hijo que negó á su padre", en- 
tremés del siglo xvi, en Ptthlications of Modern Languages of America, 
1910, vol. XXV; Comedia á lo pastoril para la noche de Navidad, en 
•Revue Hispanique, 191 1, vol. XXIV; Tercera jornada de "Las Fulle- 
rías de amor", de Gaspar de Avila, ídem, id. ; La Quinta angustia de 
Nuestra Señora, en Romanic Rcviczv, 1912, vol. III. Artículos : Notes on 
"La Constante Amarilis" of Cristóbal Suáres de Figueroa, en Modern 
Lafiguages Notes, 1906, vol. XXI ; A Rare collection of spanish "En- 
tremeses", ídem, 1907, vol. XXII; "El Principe don Carlos", of Ximénez 
de Enciso, ídem, id. ; A Letter from Medinilla to Lope de Vega, ídem, 
1908, vol. XXIII; Analogues to the story of Sclvagia in Montcmayo/s 
"Diana", ídem, 1914, vol. XXIX : The Sevcn Liberal Arts in Lope de 
Vega's "Arcadia", ídem, 1915, vol XXX; The Source of the Third 
Eclogue of Francisco de la Torre, ídem, id.; The Catalán Mascarón 
cnd an Episode in Jacob van Macrlant's "Merlijn", en Pubh'cJtions of 
The Modern Languages Association of America, 191 1, vol. XXVI: 
Teófilo Folcngo's "Moschaea" and José de Villaviciosa's "La Mos- 
quea", ídem, 1912, vol. XXVII; The "Vision Delectable" of Alfonso 
de la Torre and Maimonide's "Cuide of the Perplexed" , ídem, 1913, 
vol. XXÍVriI: Ineditcd Letters of Fulvio Orsini to Antonio Agustín. 
ídem, id.; The Inflnence of Séneca' s Tragedles upon Perrera' s "Cas- 
tro" and Gerónimo Bermúdes's "Nise Lastimosa" and "Nise Laurea- 
da", en Modern Philology, 1914, vol. XII; Some Unpublished Verses of 
Lope de Vega, en Revue Hispanique, 1908, vol. XIX; The Source of 
Encina's "Égloga de tres pastores", ídem, 1914, vol. XXX; The Devil 
as a Dramatic Figure in the Spanish Religious Drama befare Lope de 



S. XX^ 1906. CARLOS PEREYRA IqS 

Vega, en Romanic Review, 1910, vol. I ; The Braggart Soldier and Ru- 
fián in the Spanish Drama of the Sixteenth Cenhiry, ídem, 191 1, vo- 
lumen II; The Pastor and Bobo in the Spanish Religions Drama of the 
Sixteenth Ccntury, ídem, id.; The Seven Liberal Arts in the "Visión 
Delectable" of Alfonso de /-o Torre, ídem, 1913, vol. IV; Siiárez de Fi- 
gueroa's ^'España defendida" and Tosso's "Gerusalemrne Liberata'^ 
ídem, id.; Notes on the Tragedies of Lupercio Leonardo de Argensola, 
ídem, id.; "Echarse Pullas", a Popular Form of Tenzone, ídem, 1915, 
vol. VI ; Notes on Three Sonnets attributed to Francisco de Figue- 
roa, en Modern Languages Review, 1907, vol. II ; Notes on the Amphi- 
trion and "Los meneemos" , of Juan de Timoneda, ídem, 1914, vol. IX. 
Eloy Díaz Jiménez y Molleda (n. 1885-), de León, catedrático en 
el Instituto (ie Pontevedra (1913) y León (1913), estudioso erudito, pu- 
blicó La, Casa de los Guzmanes, León, 1906. Una leonesa ilustre (la 
condesa doña Sancha), Madrid, 1908 (en Patria y Letras, set.). Ethe- 
ria, 1908 (ibid., set.). El i?. Monasterio de Carr acedo, 1909 (ibid, ene- 
ro). Juan del Encina en León, Madrid, 1909. F'clix Mendelssohn, su vida 
y sus obras, León, 1910. El Castillo de Ponf errada, Valladolid, 191 5 (en 
Rev. Castellana). El Renacimiento leonés y Juan de Badajoz, 1915 (en 
Ateneo). Enrique de Arfe, Valladolid, 1916 (en Rev. Cast.). Fray Ber- 
nardina de Sahagún, ibid., 1916 (ibid.). Historia de los Comuneros de 
León, Madrid, 1916 (premio de la Acad. Hist.). Fray Diego de Valen- 
cia, su vida y sus obras, 1917 (en Castilla). Nuevos datos para la His- 
toria de la Herrajería: Las Rejas leonesas, 1917 (en Rev. Castellana). 
Fray Cipriano de la H-uerga, su vida y sus obras, 1918 (ibiA). Don Lu- 
cas de Túy, su vida y sus obras, 1918 (ibid.). La Vuelta del caballero, 
1918 (Castilla). Historia del R. Monasterio Benedictino de San Claudio 
de León, reprod. de un ms. incd. del s. xvii. El Arte del s. xvi en León. 
San Isidoro de León, 1917. Sampiro, 1919 (en Rev. Castellana, mayo). 
Fray Diego de Valencia, 1919 (ibid., jun.). Preparados: Santo Marti- 
no. Clemente Sánchez de Verdal. R. Moseh Ben Sem Toh. R. Joseph 
Ben Chabib. R. luhaquob lehudah. 

Carlos Pereyra (n. 187 1-), del Saltillo (Méjico), doctor en Leyes, 
abogado fiscal en aquella capital, profesor de Sociología é Historia en 
su Universidad, diputado y agente diplomático hoy en Madrid, publicó 
obras históricosociológicas de grande erudición y de no menor originali- 
dad y valentía en sus juicios. Polémica historial, Méjico, 1906. La Doc- 
trina de Monroe, el destino manifiesto y el imperialismo, Barcelona, 
1908. Historia del pueblo mejicano, 2 vols., Barcelona, 1908. Juárez, su 
obra y su tiempo (con Justo Sierra), ibid., 1909. La Conquista del Aná- 
huac, ibid., 1909. El Crimen de Woodrow Wilson, Madrid, 191 5, 1917. El 
Mito de Monroe, ibid., 1916. Hernán Cortés y la epopeya del Anáhuac, 
2.* ed., ibid., 1916. Francisco Pizarra y el Tesoro de Atahiialpa, ibid., 

1916. Humboldt en América, ibid., 1917. Bolívar y Washington, ibid., 

1917. El General Sucre, ibid., 1917. Tejas, la primera desmembración 
de Méjico, ibid., 1917. La Constitución de los Estados Unidos coma ins- 
trumento de dominación plutocrática, ibid., 1917. La Disolución de Rn- 

TOMO xn. — 13 



194 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

sia, ibicí., 1917. La Discusión, cuestiones púhl. eiirop. y amer., 1918. El 
Pensamiento político de Alberdi, ibid., 1918. Francisco Solano López y 
la guerra del Paraguay, ibid., 1919. Rosas y Thicrs, ibid., 1919. En pre- 
paración: Descubrimiento y exploración del Nuevo Mundo. El Impe- 
rio español. 

Ceferino Rodríguez Avecilla (n. 18S0-), de Valladolid, redactor de 
Diario Universal (1903), Excelsior (1912) y España Libre; director de 
El Gran Bufón, Nuevo Mundo, Castilla (Alcalá), publicó Los Crepúscu- 
los, nov., Madrid, 1906, Rincón de humildes, id., ibid., 1908. La Princesa 
de los ojos verdes, id La Vida eterna, id. Para el teatro : Silencio, com. 
(1913). Tupi-Palace, .sain. (1914). Su afectísimo amigo, com. (1914). En 
colaboración con Manuel Alerino: El Enemigo malo, com. (1915). La 
Mala tarde, zarz. (1915). Las Alegres chicas de Berlín, opereta (1916). 
La Máscara de don Juan, dr. (1917). El Estudiante de Salamanca, zarz. 
(19 17). Los Caminos de Roma, com, (1917). La Máscara de don Juan 
(con Manuel Merino) es comedia dramática, muy bien planeada, realis- 
ta y viva, d'e fino gusto y final idealista, simbólico y trágico. 

José Antonio Ramos, cubano, estrenó Almas rebeldes, dr., Barcelo- 
na, 1906. Una bala perdida, dr., ibid., 1907. Im Hidra, dr., Habana, 1908. 
Nanda, alta comedia, ibid., 1908. Humberto Fabra, nov., 2 vols., París, 
1909. Hacia el ideal, dr. De las Villas á la Habana, sain., 1910, A la Ha- 
bana me voy, sátir. lir.-bufa. Liberta, nov. esccn., Madrid, 191 1, con 
pról. de Benavente. Entreactos, artículos, Madrid, 1913. Satanás, dr., 
ibid., 1913. Cuando el amor muere, com, (al final de Liberta). Caliban 
Rex, dr. pol., 1914. El Hombre fuerte, dr., Madrid^, 1915. Manual del 
perfecto Frdanista, Habana, 1916. Tembladera, dr., 1916. Max Hen- 
ríquez, sobre Liberta: "Es un drama intenso y fuerte. Es obra fuerte 
y bella, y por eso debo decirle que el único reparo esencial que ella me 
sugiere se halla en el cuarto acto... Liberta representa para mí uno de 
los empeños más valientes y una de las concepciones más vigorosas que 
en estos últimos tiempos se han escrito en lengua española." José de 
Armas, sobre Satanás: "F's un gran cuadro de caracteres, en que cada 
personaje surge con relieve asombroso; una serie de retratos que el 
lector ve con todos los colores de la verdad, y que aparecen en el 
transcurso de una trama llena de interés..., una gran obra, original, pro- 
funda y nueva en el fondo y en la forma." 

Francisco Herrera Concha^ chileno, por seud. F. H-, Doctor Franc, 
Franc Huise, Julián del Clavo, médico-cirujano, escritor de fina obser- 
vación y de los mejores dramáticos contemporáneos de su tierra; como 
novelista, describió las costumbres de una ciudad provinciana. Los Ma- 
les del alcohol, Talca, 1906. Consejos á las madres, 1907. El Tapete ver- 
de, nov., 1910. ¡Vencido!, dr., y Gregorito, dr., entrambos Talca, 1912. 
¡Gané, gané!, dr.. 1913. Alma nostra, cuentos, ibid., 1914. Teatro {Los 
Sacrificados, Estilo moderno, Five O'Clok Tea, Talca), 191 8. 

Hugo D. Barbagelata (n. 1887-), montevideano, director de Revista 
Estudiantil (1903-05), Razón (1907), corresponsal en París de varias 



S. XX, 1906. ERNESTO ARNALDO GUZMAN igS 

revistas, publicó El Centenario de la Reconquista, Montevideo, 1906. 
Páginas sudamericanas, ensayo de hist. y liter., Barcelona, 1909. Bolt- 
var y San Martín, París, 191 1. Hombres de América, 1913. Artigas y 
la revolución americana, pról. de RoAS, París, 1914. La Literatura 
uruguaya (con V. García Calderón, Rev. Hisp.), París, 1917. L'Infhíen- 
ce des idees frangaises dans la Revohition et dans l'Evolution de l'Amé- 
rique Espagnole, ibid., 1917. Pages choisies de J. Enrique Rodó, Pa- 
rís, 1918. 

José García Mercadal (n. 1883-), zaragozano, doctor en Leyes, fun- 
dador y director en Zaragoza de Rev. Aragonesa (1907-08), Aragón 
{1910-11), La Correspondencia de Aragón, La Crónica de Aragón (1911- 
16), redactor de La Corresp. de España, publicó Del jardín de las dolo- 
ras, impresiones, Z'iragoza. 1906. Frente á la vida, id., ibid., 1908. Zara- 
goza en tranvía, crónicas, ibid., 1908. Ante el centenario, id., ibid., 1908, 
Los que esperan, cuentos, ibid., 1910. Cuentistas aragoneses en prosa, 
antología, ibid., 1910. El Viajero del siete, nov., 191 1 (en Los Contem- 
poráneos). Remanso de dolor, nov., Zaragoza, 1912. Los Cachorros del 
león, nov., ibid., 19 12. Vida y tnilagros de N. S. D. Miguel de Cervan- 
tes, ibid., 1916. España vista por los extranjeros, t. I., Madrid, 1918; 
t. II, 1919. Ideariiim español, Costa, 1919. Los Grandes cuentistas hún- 
garos, 19 19 (con Andrés Revesz). 

Federico García Sanchiz (n. 1886-), valenciano, conferenciante y 
escritor pictórico y preciosista en prosa y verso, que escribe para da- 
mas, publicó Por tierra fragosa, Madrid, 1906. Las Siestas del Cañave- 
ral, ibid., 1907. Historia romántica, 1908 (en Cuento Seman.). La Come- 
dieta de las venganzas. 1909. Nuevo descubrimiento de Canarias, 1910. 
Pastorela, 191 1 (en Cuento Sem.). El Barrio Latino, 19 14. El Delito, 
■ár. (con Fernándiez Ardavín), 1915. Al son de la guitarra, 1916. El Arte 
de Anglada, 1916. Champagne, diario de un bohemio mundano, 1917. La 
Sulamita, nov., 1918. Color, sensaciones de Tánger y Tetuán, 19 19. 
Cansinos-Assens, Los Hermes, 1916, pág. 229: "Como un joven fauno, 
■henchido hasta reventar de la alegría de vivir..., audaz y jovial, festivo 
y saltante..., ebrio de alegría y de buena sensualid'ad..., arrojando bra- 
zados de flores y puñados de frutos levantinos y tornasoladas f>omnas 
•de jabón y chiribitas solares... Por tierra fragosa. Las Siestas del Ca- 
ñaveral..., tencíencia al preciosismo, al cromatismo bizantino..., la ga- 
lanura provenzal..., pincelada sutil y fina." 

Ernesto Arnaldo Guzmán, profesor chileno, poeta á lo Unamuno, á 
quien ad'mira y sigue y se parece casi en todo. Hay á veces en él chis- 
pazos de ideas hermosas, aunque en esto Unamuno le gana. Por lo de- 
más, son uno y otro poetas prosaicos; esto es, prosistas que versifican 
ideas filosóficas en versos bastante libres y alargados párrafos, sin 
fantasía visual ni auditiva. Quiere d'ecir que falta color y música, lag 
dos alas de la poesía. Pero fáltales no menos el alma de ella, que es el 
sentimiento. Son secos, fríos, austeros, cerebrales. A veces resulta Guz- 
mán enrevesado y palabrero en demasía. En pos, versos, Santiago, 1906. 
Vida interna, versos, 1910. Albores, versos, 1912. Los Poemas de la seré- 



196 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

fiidad, 1914. El Árbol ilusionado, 1916. Sus artículos en Rev. de Biblio- 
grafía Chilena, set., 1913, pág. 187. Consúltese Armando Donoso, Los 
Nuevos, 191 2. 



205. Año igoó. El. Doctor Aeella publicó Pitorreos médicoqui- 
rúrgidcofarmacéuticos, equívocos, agudezas, chocarrerías, genialidades, 
sátiras, etc., Madrid (1906). — Ángel Alarcón publicó De mi tierra y de 
mi alma. La Paz, 1906. — Fray Domingo de Guzmán María de Albora- 
YK, capuchino, publicó Historia del Monasterio de Yuste, Madrid, 1906, 
— Hermilio Alcalde del Río^ santanderino, publicó Las Pinturas y 
grabados de las cavernas prehistóricas en la prov. de Santander, Alta- 
tamira, Covalanas, Hornos de la Peña, Castillo, Santander, igo6. So- 
bre lo mismo en Portugalia (1908, 11, págs. 137-178). Escenas cántabras, 
Torrelavega, 1914 (en dialecto montañés). — José B. Alfonso, de 
San Antonio de los Baños (Cuba), publicó Manía poética. Habana, 1906. 
— Augusto de Altozanos publicó El Nuevo Pascual ó La Prostitución, 
novela, Barcelona, 1906. — Julio Alvarez Arazuri estrenó La Rogativa, 
boceto líricodramático de costumbres aragonesas, 1906. — Eloy Luis 
André, catedrático de Filosofía en los Institutos de Soria (1904), 
Orense (1904), Toledo (1914) y Madrid (1919), de la escuela de 
Wundt, pero de dioctrinas propias, publicó El Histrionismo español, 
ensayo de psicología social del pueblo español, Barcelona, 1906. Harol- 
do Hoffding^ Filósofos contemporáneos, trad., Madrid, 1909. Etica es- 
pañola, ibid., 1910. Alejo Bertrand, Léxico de Filosofía, trad., París, 
1910. Rodolfo Eucken, La vida, su valor y su significación, trad., Ma- 
drid, 1912. Guillermo Wundt, Introducción á la Filosofía, trad., 2 vols,, 
Madrid 1913. Mentalidad alemana, ibid., 1914. La Cultura alemana, 
ibid., 1916. Educación de la adolescencia, ibid., 1916. Mentalidad espa- 
ñola (en revistas). Estudios de Etica social (ibid.). Sistema de Filosofía 
de los valores, t. I, La Etica, Mad*rid, 1919. Estudios y problemas de 
Economía Nacional y Política (en revistas). Dos idearios y dos demo- 
cracias, 1919. — El padre Cándido Arbeloa (n. 1867-), de Caseda (Na- 
varra), jesuíta (1884), publicó Conferencias científicorreligiosas. Ha- 
bana, 1906. — Gonzalo de Arcos, español, predicador de S. M. Católica, 
publicó Jesucristo, sermones, Trinidad (Cuba), 1906. — Juan Arenas 
Alonso publicó Cuentos sencillos, Madrid, 1906. El Sueño de Calixto, 
novela, 1907. El Puente de los fantasmas, cuento 1909. — Aniceto Areta 
Larrea estrenó María Soledad, drama, 1906. — Pedro Arizmendi Brito 
publicó Parnaso venezolano, Barcelona, 1906. — Ateneo, rev., Madrid!^, 
1906-11. — Aventuras del cabo Lopes en el Transvaal y en Inglaterra, 
contadas por el mismo López; contiene más de 200 chistes..., 2.* ed., au- 
mentada, Madrid, 1906. — Severino Aznar Embid (n. 1870-), zaragoza- 
no, catedrático de la Central, publicó obras de sociología y Los Estrenos 
en Madrid, 1906 (en Cultura Española^ 409-23, 732-43, 112-134). Las 
Grandes instituciones del catolicismo, órdenes monásticas, institutos 
misioneros, Madlrid, 1912. Conferencias, 3 vols., 1916-17-18. — Joaquín 



S. XX, 1906. ALFRED COESTER 1 97 

Barrionuevo (n. 1884-), de Alajuela (Costa Rica), publicó Albores, ver- 
sos, 1906. — Enrique Barrios de los Ríos, mejicano, por seud. Duralis 
Estars ó Almavis Estars, excelente paisajista, publicó Pompillas, poesías 
festivas, México, 1906. Océano, versos, 1907. El País de las perlas, cuen- 
tos californios, 1908. Paisajes de Occidente, Sombrerete, 1908. — Anto- 
nio Berasategue publicó Amor que enseña^ Santander, 1906. — Daniel 
Blanco (n. 1859-), poeta de Medina de Ríoseco, ha escrito poesías líricas, 
zarzuelas y el monólogo dramático El Ultimo adiós de mi hijo, 1906. — 
Francisco Blanco Sánchez publicó Abortos literarios, Cád!iz, 1906. — 
Fray Martín Blanco García (n. 1869-), de Astorga, agustino (1893), 
fué á Colombia (1898) y Lima (1903), Habana, Nueva York, Morelia 
(1910) y Puebla (1912), escribió con acerada pluma y no sin donaire, 
Ripios colombianos, por Antonio Valmala (seud.), Bogotá, 1906. Los 
Voceros del modernismo, Barcelona, 1908. Además, muchos artículos y 
versos en revistas. — Claudio Boutelou y Soldevilla publicó Estudio 
de la miniatura española desde el siglo x al xix, 1906 (en Bol. de la Soc. 
Esp. de Exc, XIV). — Augusto Briga, brillante y galano poeta contem- 
poráneo, ha publicada Mundanas, canto al paganismo, Madrid, 1906. — 
Enrique A. Butti estrenó Tras el placer, dr., Barcelona, 1906. — José 
M. Camacho publicó Historia de Solivia, La Paz, 1906. — Tomás Felipe 
Camacho (n. 1887-), de Santa Cruz de la Palma (Canarias), publicó 
Ritmos y notas. Habana, 1906. Novelas cortas, 1910. — Miguel Ángel 
Campa (n. 1883-), habanero, abogado, fué galante autor de Novelas de 
espumas, y amores y risas, Habana, 1906. Amores y risas, nueva calece. 
de cuentos y novelifas, 1906. — Juan Canales Carazo, de Puerto Rico, de 
la raza de color, publicó Cuba por dentro (1898-1906), San Juan. Amar- 
guras y realidades. Habana, 1910. — Carcajadas, archivo de la alegría, 
cátedra del buen humor, enciclopedia de la risa, Barcelona (1906). — Ju- 
lio Carrasco, cubano, publicó Dolorosos, poesías. Habana, 1906. — Án- 
gel DEL Castillo López (n. 1886-), de La Coruña, publicó La Arquifec- 
tura cristiana en Galicia, Lugo, 1906; Coruña, 1907. Protohistoria, los 
castros gallegos, Coruña, 1908. Burgo del Faro, ibid., 1915. — Vicente 
Castro Legua, maestro, director de El Criterio (1896) y El Movimiento 
Escolar, publicó El Travieso Pititi, aventura de un niño aldeano, Ma- 
drid!, 1906. Grandezas de España, 1909, 12 vols. Geografía de la Penín- 
sida Ibérica, 1910. — Francisco Javier Cavada y Contreras, chileno, 
canónigo en Ancud, por seud. Davierco y Francacon, fundó varios pe- 
riódicos y publicó Oraciones fimebres, varias, 1906-08. Vocabulario de 
provincialismos, Ancud, 1910. Chiloé y los chilotes, estudios de folklore 
y lingüística, Santiago, 1914. — Enrique María Cerrillo y Peres, pres- 
bítero, colaborador de El Universo (1903), publicó El Socialismo agra- 
rio en Andalucía, Córdoba, 1906. Tempestad y calma, novela, 1913.^ 
Alfred Coester, hispanista norteamericano, publicó Compression in the 
Voema del Cid, 1906 (en Rev. Hisp.). A Bibliography of Spanish-Ame- 
rican Litcratitre, 1912 (en The Romanic Revicrv). Spanish Grammar, 
Boston, 1912. The literary history of Spanish America, N. York, 1916. — 
La Corte de los poetas, Madrid, 1906, florilegio de poetas, los más mo- 



198 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

dernistas, los de los "suspirillos germánicos y vuelos de gallina", que de- 
cía Núñez de Arce. Afrancesados, más ó menos, en fondo y forma, sólo 
respetan de los españoles á Góngora, por sus extravagancias. — Fran- 
cisco DE Cossío, por seud. Pedro Lacor, poeta y novelista, publicó La 
Casa de los linajes^ nov., Valladolid, 1906. Macbeth, trad., 1913. Del 
sentimiento castellanista, ibid., 1914. En el limpio solar^ dr., 1917. — Al- 
fonso Cravioto, mejicano, prosista fluido, musical, lleno de vida y co- 
lor, fundó Savia Moderna, México, 1906, con Luis Castillo Ledón, cuya 
"redacción era pequeña como jaula. Algunas aves comenzaron allí á 
cantar". Así Rafael López, y de hecho se agruparon allí los nuevos es- 
critores. Cicentos de Anatole France, trad. y pról., Méjico, 1918. — F. R. 
Cros publicó Tipos de mi lugar, Zaragoza (1906). — Cultura Española, 
rev., JMí-drid, 1906-09, 14 vols. — Curiosidades históricas, i. II, Madrid, 
1906. — Chascarrillos andaluces, contados por Curro Venenito, Madrid, 
1906. — Alfredo Deulofeu publicó Alrededor del mundo sin un centavo. 
Habana, 1906. — Belisario Díaz Romero publicó Tiahuanacu, estud. de 
prchist. americana, La Paz, 1906. — Novísimo Diccionario de la lengua 
castellana..., por una Sociedad de escritores, París, 1906. — Enrique 
DÍAZ Cañedo (n. 1879-), de Badajoz, poeta modernista, descosido en fra- 
ses, descolorido y opaco, publicó Versos de las horas, Madrid, 1906. 
La Visita del sol, ibid., 1907. Del cercado ajeno, traducciones, ibid., 1907, 
Imágenes, versiones, París, 1910. La Sombra del ensueño, ibid., 1910, 
La Poesía francesa moderna, Madrid, 1912. E. Lleine, páginas escogidas, 
trad., 1918. — Facundo Dorado^ colaborador de los periócíicos republi- 
canos, publicó Renacimiento, novela, Madrid, 1906. — G. Droz publicó 
Tristezas y sonrisas, Barcelona, 1906. — Juan D'Sola (-j- 1908), venezo- 
lano, publicó La Parroquia, nov.. Habana, 1906. — María de Echarri^ 
colaboradora en Barcelona del diario madrileño El Universo (1903), 
publicó Fvvor por favor, novela, Santander, 1906. Los Misericordio- 
sos, nov., Madrid (1909). Narraciones para niños, 1909. La Terciaria 
según el espíritu de San Francisco, 1914. El Lago azul y otras narra- 
ciones, 1915. Las Vacaciones de Elena y otras narraciones, Barcelona, 
1915. — Ricardo Espí Luengo publicó Efemérides militares de España, 
1906. — Salustiano Esquerro publicó Los Viajantes de comercio, come- 
dia, Oviecío, 1906. — José Faraldo (1859-1910), madrileño, conocido por 
José de la Corte, publicó Corregidores y alcaldes de Madrid desde I2ip 
á ipoó, ibid., 1906. Relación de todo lo sucedido en la lucha de los fran- 
ceses con el pueblo de Madrid, ibid., 1908. El Año 1808 en Madrid, ibid., 
1908. — Alfonso Feijóo y Cazañas publicó Magdalena ó La Regenera- 
ción de un nihilista, novela históricofilosófica, Guadalajara, 1906. — 
Esteban Fernández y González^ poeta zorrillesco contemporáneo, de 
Valladolid, ha sido laureado en muchos certámenes. En el "certamen 
público celebrado con motivo del concurso de premios decílcado á Nues- 
tra Señora de Aránzazu. Segunda parte", por la Academia Bibliográfi- 
co-Mariana, Lérida, 1906, hay, entre otras obras, la siguiente : El Esca- 
pulario, por don Esteban Fernández y González. — Manuel Fernández 



S. XX^ 1906. DOMINGO HERGUETA Y MARTIN 1 99 

Valdés (n. 1870-), de Güines (Cuba), abogado, redactor en jefe en la 
Habana de La Instrucción Primaria, redactor de La Discusión, El 
Triunfo^ Cuba y América, La Escuela Moderna, La Escuela Cubana; 
inspector de escuelas, publicó Espigando, buenos artículos. Habana, 
1906. Motivos escolares, 1906. Efluvios, versos lánguidos. 1909. Poe- 
sías selectas, 1911 (de otros poetas). Biografía de Francisco Cal- 
cagno, 191 5. — Ramón Font y Jiménez (n. 1885-), poeta matancero, 
publicó Preludios, Habana, 1906. — Eduardo Gaffarot publicó Comen,' 
tartos á Civilización y barbarie, ó sea compadres y gauchos, por un 
nieto de Quiroga, Buenos Aires, 1906. — Luis Gai.dames, chileno, pu- 
blicó Estudio de la historia de Chile^ Santia§:o, 1906, 191 1, 1914. Jeo- 
grafía económica de Chile, 1911. — Francisco García de las Bayonas 
publicó Multicolores, versos, Alicante, 1906. — José García CASrjuLr.ÓN 
estrenó El Poeta y su labor, diálogo, 1906. — José García del Morat^ 
publicó Galería de escritores médicos montañeses, Santander, 1906. — • 
José Benigno García^ por seud. Marcos del Torniello, poeta bable, es- 
trenó La Esfoyeta^ boceto de costumbres asturianas, Madrid, 1906.^ 
Rafael García Rodríguez estrenó Jarabe de pico, entremés, 1906, 
1915, bonito y gracioso.-— Salvador García DacaRreto publicó Diccio- 
nario de los verbos irregulares y defectivos castellanos. Avila, 1906. — • 
Antonio Garrido estrenó La Segunda mujer, drama, 1906. — Ramón 
B. Girón publicó Historia general de España, 7 vols., Barcelona, 1906. 
— Carmen González Trigueros, poetisa de la Normal de Falencia, 
fué premiada en los Juegos Florales de Lérida, 1906, por su leyenda 
La Bella de Castejón. — Eloy Guillermo González, cíe Guanare (Ve- 
nezuela), historiador serio, crítico excelente, de abundoso decir, brio- 
so y conciso, aunque últimamente diera en la ampulosidad y retor- 
cimiento de la frase, publicó Al margen de la epopeya, Caracas, 1906. 
Dentro de la Cociata, ibid., 1907. La Ración del boa, ibid, iqoS. El 
Banquete llanero. El Hastío del Libertador. Conferencias. — José Gonzá- 
lez Llana (f 1898), padre de Félix, el dramático, coronel, redactor en 
Oviedo de El Trabajo, El Carbayón, etc., estrenó Torrijas, episodio 
melodramático (con A. Martínez Olmedilla), iqoiS. — Juan José Gonzá- 
lez Y Gómez publicó Epítome histórico de Mérida, Madrid, 1906. — Jus- 
to González Garrido, de Ríoseco, allí colaborador de La Crónica de 
Campos (1902), publicó Del Ródano al Vesubio, viajes, 1906. — Vicente 
González de Castro (n. 1886-), de Figueras (Asturias), viajó por 
América, fué orador fogoso y poético, compuso dramas como Al fon- 
do, Alma sajona. Final de una tragedia. El Crepúsculo, El Idilio de 
las sombras, El Niño, La Bestia humana. Bajo la nieve (1913)- No- 
velas : Triste infancia^ Amor á pedazos, Las Notas de una reina. Fun- 
dó en la Argentina España en el Plata. Consúltese Alejandro Andra- 
de. El Via crucis del orador, Quito, 1913. — Valeriano G. Gutiérrez 
publicó Desde el Zanjón hasta nuestros días. Cárdenas, 1904, 1905; 
Habana, 1906. Cuba y España, impresiones histór. y descrip.. Haba- 
na, 1909 (2." ed, corregida), 1910. — Domingo Hergueta y Martín 



200 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

(n, 1855-), de Aguilar (Navarra), inspector técnico del Timbre en 
Burgos, publicó Noticias históricas de... Haro, ibid., 1906. Fuero de 
Cuevacardiel y V illalmnndar , 1907 (en Rev. Arch., XVI, págs. 417-22). 
El Fuero de Logroño, 1907 (en Bol. Acad. Hist., L). Noticias hist. de 
don Jerónimo Aznar, 1907 (en Rev. Arch., XVII). Cantos y poesías 
populares de la guerra de la Independencia, recopilados, Burgos, 1908. 
Rememhranms de la batalla de las Navas de Tolosa, ibid., 1912. Con- 
súltese: La Labor histórica de don N. Hergueta, 1907 (en Rev. Ar^ 
chivos, XVII, págs. 272-75). — Alvaro de Holguera, La Viudita, co- 
media, Logroño, 1006. — Los Hombres de la Restauración, Madrid^, 
1906. — Luis IbAñez Villaescusa estrenó La Sardinera, 1906. Chi- 
nita, 1906. — Fernando Iglesias Calderón, mejicano, publicó Recti- 
ficaciones históricas, Méjico, 1906-07. — César Jago de Salvador (na- 
cido 1893-) madrileño, por seud. Fray Galán, pintor, publicó De la 
primera cosecha, 1906. Fatal regreso^ drama romántico, Barcelona, 
1910. El Misterio de un robo, nov. La Muerta viva, nov. Laura, dra- 
ma premiado, 1912. La Trigueña bruta, nov. Barcelona, 1913. — 
F. Jiménez Ruiz publicó Mis flores^ poesías. Murcia, 1906. — Sebas- 
tián Jodar Pérez, d^e Lorca, publicó El Meteoro, poema, Loica, 1906. 
— Valentín Letelier publicó Ensayo de onomatoloaía ó Estudio de 
los nombres propios y hereditarios, Madrid, 1906. — O. Ltmk publicó 
Novela histórica^ i.' parte. Equivocación; 2.* parte. Historia de una 
Cubana^ B. Aires, 1906. — Manuel Linares (f 1909), de Tenerife (Ca- 
narias), en Cuba desde los diez y siete de su edad, periodista, publicó 
Un libro más, fragmentos de 188 1 á ipoó, Habana, 1906. — Logroño 
íntimo, por varios, ibid., 1906. — Ramón López Montenegro y de 
Frías-Salazar (n. 1877-), zaragozano, por seud. Cyrano, caricaturis- 
ta, compositor, periodista en el Heraldo de Aragón, El Liberal, de 
Bilbao (1903); El Liberal, de Macírid (1903-11), A B C, ha estrenado 
más de 50 obritas de teatro: El Corral ajeno, jug. (1906). El Suceso 
del día, sain. (1910). El Primer espada, saín, (con Julio Martínez Le- 
cha, 191 1). Las Hermanas Frescales, opereta (1912). Yo amo, tú amas, 
monól. (1914). Los de la cola, entr. (1915). El Señor Ulpiano, monól. 
(191 5). Los Gabrieles (con Ramón Peña, 1916). La Concha (con id., 
1916). ¡¡El autor!! ¡¡El autor!!, monól., Madrid, 1916. La Línea de 
fuego, entr. (1917). Los de Alcañiz, sain. (con id., 1917). El Ascensor 
(ron id.. 1917). El Trancazo (con id., 1918). El Niño perdido, com. (con 
ídem, 1919). — Zacarías Llera (n, 1877-), poeta vallisoletano, publicó 
Iris, cuentos, 1906. Amapolas, versos, 1907. Nido sin aves, novela, 1908. 
De la vida á la estrofa, versos, 1913. — Miguel A. Macau (n. 1886-), de 
Matanzas (Cuba), publicó Arpas amigas, poesías (con José G. Villa), 
1906. Influencia de la literatura en las costumbres, conf., 1909. La Jus- 
ticia en la inconsciencia, dr., 1910. Julián, monól., 1910. Impresiones del 
camino, prosa, artíc. crít., 191 1. Lírica saturnal, poes., Barcelona, 1912. 
La Partida, dr. (con los otros dos publicados), 1913. El Triunfo de la 
vida, dr., 1914. — Juan Maluquer y Viladot (n. 1856), jurisconsulto bar- 



S. XX, 1906. PEDRO NAVARRO BADALS 201 

celonés y literato catalán, publicó Recuerdos de un viaje á Canarias, 
Barcelona, 1906. Recuerdos de una excursión á Dinamarca y Suecia, 
1907. En pro de Cataluña, 191 1, — Bernabé de María publicó Obras li- 
terarias, B. Aires, 1906. — Vicente Marín, de Rioseco, publicó El Men- 
tidero, artículos, 1906. — León AIartí Granizo (n. 1886-), leonés, aboga- 
<Ío y viajero perpetuo desde los veinte años, publicó Prosa y verso, León, 
1906. Abelardo, nov. histór.-filos. del s. xii francés, Milán, 1908. De 
lo que vio un castellano en Suiza, León, 1909. Impresiones de Italia, 
ibid., 1914. Mis viajes por España, conf., Valladolid, 1916. Portugal, 
Madrid, 1917. — Evaristo Martínez Alonso publicó Ascuas entre 
flores, cuentos, Habana, 1906. — Gustavo Martínez Alomía, meji- 
cano, publicó Historiadores de Yucatán, Campeche, 1906. — R, J. Mar- 
tínez Medina publicó Espinas sin rosas, cantares, Madrid, 1906. — 
Emilio Martini Ponzoa publicó Nebulosas, poesías. Murcia, 1906. Al 
asar, poesías, ibid., 1907. — Víctor M. Maurtua publicó Antecedentes 
de la Recopilación de Indias, IMadrid, 1906. — Carlos F. Meló, argen- 
tino, doctor y poeta correcto, pero pobre de fantasía y de sentimiento, 
publicó Espuma (1906), de asuntos biológicos y cosmológicos. — José 
Mariano Milego (n. 1859-), de Alicante, fundador del Álbum Poé- 
tico, en Alicante de El Republicano, en Granada de El Universal, pu- 
blicó Alicantinos ilustres, Alicante, 1906 (con A. Galdó López). — Ju- 
lio Milego y Díaz (n. 1884-), de Toledo, catedrático de Artes 
é Industrias en Valencia, redactor áe España Nueva, El Radical, 
Nuevo Mundo, España, publicó Emilio Castelar, su vida y su obra, 
Valencia, 1906. El Teatro en Toledo durante los siglos xvi y xvii, 
ibid., 1909. La Retirada de Jenofonte, comedia, 1914. El General Cu- 
dorna, Madrid!, 1915. Lord Kitchener, ibid., 1915. Hombres y cosas. 
Valencia, 191 5. El Problema catalán. ¿Separatismo ó regionalismo f, 
Madrid, 1917. — Carlos Miranda (1870-191S), de La Coruña, redac- 
tor de El Liberal desde 1902, colaborador de otros periódicos, Madrid 
Cómico, etc., fundador de Madrid Alegre, popularizó los versos pro- 
saicos; escritor festivo, poeta fácil, rico en lenguaje y, cuando que- 
ría, pomposo, publicó Cosas de la calle, versos festivos, Madrid, 1906. 
Mi niña, nov. corta., 19 10. El Crimen de la calle de Tudescos, ídem, 
1912. Mi Dulcinea, id., 1913. Rosas de Pasión, poesías, 1914. La Caída 
de Isabel II, nov. corta, 1914. Juegos malabares, prosa rimada, 1915. 
Bergantín, nov. corta, 191 5. — Francisco Molla tradujo La Descrip- 
ción de España^ de Ibrahim Abulfeda, Madrid, 1906. — Pedro Mon- 
cayo, ecuatoriano, publicó El Ecuador de 182^ á iS^j, Quito, 1906 
(2.* ed., correg.). — Francisco Montesino publicó Enigma, nov.. Ha- 
bana, 1906.— Luis Morales García-Goyena publicó Documentos his- 
tóricos de Málaga, Granada, 1906-07, 2 vols. — Nadie: Horóscopo^ nov. 
hist. del tiempo de Constancio, 1906. — Pedro Navarro Badals estre- 
nó Amor eléctrico, entremés, Toledo, 1906. Los Novatos (con M. F. 
Abaytua), 1906. La Primera jornada (con Abelardo Rivera), 1907. 
La Batería, 191 1. Un ladrón y un detective, com.. 1911. La Caja de 



202 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

soldados, com., 1912. — José María Niño^ montevideano, publicó His- 
toria del general Mitre, 2 vols. Apéndice, Montevideo, 1906. — Juah 
Oliva Bridgman, barcelonés, redactor de periódicos de aquella ciu- 
diad (1902), colaborador de Madrid Cómico y Pluma y Lápiz (1903), 
publicó Jovenesa, poesías, Barcelona (1906). — Pablo Ordás Sabau 
(f 1904), lírico particularmente religioso, premiado en Juegos Flo- 
rales, colaborador de La Ilustr. Esp. (1885) y La Ilustr. Cat., publicó 
Cien sonetos. Madrid, 1906. — Fray Ángel Ortega, O. F. M., publicó 
Cancionero de San Antonio de Padua. Sevilla. 1906. Vida... de la il. 
sevillana doña Juana Manuela de Solís y Fedengui, Estepa, 1911. 
Historia documentada de la imajjen y santuario de Nuestra Señora 
del Rosario, Patrona de Cádiz^ Lérida. 19 17. La Tradición concepcio- 
nista en Sevilla, siglos xvi-xvii, Sevilla, 1917. — Simón Ortega (Fer- 
nando de Ayala) publicó Fragmentos de alma, Valencia (Venezuela), 
1906. Rosas del Espíritu Santo, poema del Sol, ibid.. 1912. El Palacio 
de diamante, poema, ibid., 1914. Arminio y Débora, ibid., 1916. — Gui- 
llermo Osma publicó Apuntes sobre cerámica morisca, 3 vols., Ma- 
drid, 1906-0S-09. La Industria de los alfareros españoles, ibid.. 1909. 
Azulejos sevillanos del siglo xni, ibid.. 1909. Los Letreros ornamen- 
tales en la cerám. morisca del s. xv, ibid (s. a.). — El Pájaro azul. 
Resplandores, Fantásticas, Galantes, Zaragoza, 1906. — 'Lisí^l\co Pa- 
LAU_, colombiano, publicó Colombia en la mano, Bogotá. 1906. 50 poe- 
sías selectas de autores colombianos, 1912. — Erasmo Pellés, cubano 
publicó Primicias, versos. Habana, 1906. — Ramón María Pereda es- 
trenó El Abrazo de Maroto, juguete, 1906. El Edil, pas., 1908. Querer 
baturro, zarz. (con Pedro Ortiz Montijano), 1909. Lotería internacio- 
nal, entr. (con Ant. R. Ferrándiz), 1909. Estrellas fugaces, entr (con 
Pedro Ortiz de Montijano), 1910. Para ese viaje..., jug.., 191 1. La 
Cruz de los rosales, zarz. (con Pedro Ortiz Montijano), 19 18. — Igna- 
cio Pérez Kallens, escritor chileno, muy discutido, de la escuela mae- 
terlinckiana, con bastante de D'Annunzio, por seud. Leonardo Pena, ha 
escrito Las Puertas, Santiago, 1913, tres piezas buenas para leídas. 
Además, novelas: Yo, ibid., 1906. Las Siete locuras del amor, 
ibid., 1908. El Alma perdida de la princesa, ibid., 1912. — José Pérez 
Y PÉREZ publicó Flores de Alcarria, Guadalajara, 1906. — Fernando 
Periouet estrenó El Tío del gabán, monól., 1906. La Conquista del 
marido (con José Camero), 1907. Naufragio y salvamento, nov., 1913 
(en Los Contempor.). Exhausta, nov., 1914 (ibid.). Pepe Zorrilla, co- 
media, 1914 (ibid.). Apuntes para la historia de la tonadilla y de las 
tonadilleras de antaño, Barcelona (1914). Después de la batalla, epi- 
sodio de la guerra francoprusiana de i8yo ( con J. Octavio Picón), 
1915 (en Los Contempor.). Exposición nacional de 1915, Madrid, 1915. 
La Fornarina, cancionista (1884-1915), ibid, 1915. Goyesca (teatro), 
1917. — Ramón Peris, redactor de El Imparcial, estrenó El Barbero de 
S. E., juguete (con R. Solís), 1906. — Eliodoro Pichardo B., camagüe- 
yano (Cuba), publicó Un padre como hay muchos, pasillo cóm.-lír., Ca- 



S. XX, 1906. FR. MANUEL SANCHO 2o5 

maguey, 1906. — Federico Pita, director de El Progreso de Mclilla- 
(1902), publicó Derrotados, novela, Madrid, 1906. — Antonio PovedA;.. 
pardo de Santiago de Cuba y representante ó dliputado, publicó Pórfi- 
dos, poesías. Habana, 1906. — Juan de la Cruz Puig, crítico argentino, 
ha publicado Critica literaria, 1906. Antología de poetas argentinos, 
1910. — Renacimiento, rev. liter. fundada por Martínez Sierra, Ramón 
Jiménez, Machado y otros, Madrid, 1906. — Revista histórica, órgano 
del Instituto del Perú, de Lima, desde 1906, 5 tomos. — Luís Reyna 
Altvundos (n. 1874-), argentino, abo,gado (1900), asesor del gobierno, 
profesor en La Plata (1910-15), poeta premiado por el poema Invoca- 
ción (1903), noblemente clásico, sin mitologías ni imitaciones, cantó ele- 
gantemente las bellezas de la naturaleza y el amor, en estilo bien figura- 
do y fluido. Poesías, La Plata, 1906; Barcelona, 1908. Dactiloscopia ar-. 
gcntina, La Plata, 1909. Origen é influencia jurídicosocial del sistema 
dactilográfico argentino, ibid., 1912. El Ultimo señor feudal, poema, 
ibid., 1917. Rama florida, B. Aires, 1918. Hacia la anarquía, ibid., 1918, 
191 9. — C. Ricci publicó La Invasión inglesa (i8o6-ipo6), ensayo de so^ 
ciología americana, B. Aires, 1906. Dios en la Historia..., 1913. Un pu- 
ritano argentino (Francisco Ramos Mexía), 1913. El Texto del Nuevo 
Testamento, 1913. — Martín Rico publicó Recuerdos de mi vida, Madrid, 
1906. — Federico Riera estrenó La Taberna, sainete (con Rosendo Ro- 
dríguez), 1906. Los Esclavos, com. (con Joaquín Prats Peralta), 1910. 
El Aventurero, zarz., 1912. — Camilo Riquer y Zabecoe escribió sobre- 
marinos vascos en Euskal-Erria (1906). — Francisco Aníbal Ríu, 
poeta argentino, publicó Silex, versos, B. Aires, 1906. La Musa erran- 
te, versos, B. Aires, 191 1. Gritos de combate, 1912. — Manuel Rochina 
estrenó A los pies de usted, entremés (con S. Figarelo), 1906. — José 
María Rodríguez Alcalá publicó Camino de abrojos, novela, Madrid, 
1906. — Fermín Rojas, boliviano, publicó Antología boliviana (con su 
hijo), t. I, Cochabamba, 1906; La Paz, 1914. Constará de 6 vols. de 
escritores de Cochabamba, según promesa de los editores. La Trai- 
nera, zarz., 1910. Astucias de amor, 1912. — Fray Casiano Rojo (na- 
cido 1877-), de Acinas, benedictino de Silos, enseñó música sagrada 
en varios seminarios y publicó Método de canto gregoriano, Valla- 
dolid, 1906. — Juan Román y Calvet publicó Los Hombres y la impor- 
tancia arqueológica de las islas Pythiiisas, Barcelona, 1906. — Sofía 
Romero estrenó Fifí, diálogo. Málaga, 1906. — Ángel Ruiz Pablo, pu- 
blicó Episodios ribereños, Menorca, 1906. El Ultimo hidalgo, Barce- 
lona, 1912. Poesías, Mahón, 1911-12. La Nevatilla, nov., 1912. Clara 
Sombra, nov., Barcelona, 1915. La Metamorfosis de un erudito, Bar- 
celona, 1918. — Horas de lectura. Panquijote, por M. Saavedra de Cer~ 
vantes, Madrid, 1906. — Fermín Sacristán, escritor castizo, publicó 
Refranes sociales leídos en la velada celebrada en 6 de mayo de ipoó 
en el Centro de Defensa Social, Madrid. 1906. Doctrinal de Juan del 
Pueblo (refranes), Madrid, 1907 y 1912. 2 vols. Regalo de boda, Bar- 
celona, 1910. Estudianterías, amasijo literario, 1910. De mi banasta, 
1913. — Fray Manuel Sancho^ mercedario, publicó Pascualico ó El' 



204 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

'Trovero de las Bochas, novela de costumbres aragonesas, Zaragoza, 
1906. Cuentos y fantasías, Barcelona, 1910. Elecciones, zarzuela, 1912, 
La Envidiosa, zarz., 1912. La Manía literata, com., 1912. Las Menti- 
:rosillas, com,, 1912. Las Muñecas, zarz., 1912. Los Reclutas, zarz., 1912. 
— Ramón Sanjuán y Cazorla estrenó Gente de alforja, zarzuela (con 
J. Roques), Zaragoza, 1906. Camino de la Vicaría (id.), 1908. Neta, 
com., 1909. — E. DE Sandoval publicó Seis meses entre salvajes, Bar- 
celona (1906). — Juan B. Selva, argentino, publicó El Castellano en 
América, su evolución. La Plata, 1906. Porvenir del habla castellana 
en América, Madrid, 1910 (en Esp. Mod., dic). Acepciones nuevas, 
B. Aires, 1914. Algunos cambios de acepción, Madrid", 1914 (en El 
Lenguaje). Guía del buen decir, \h\d., 1916. Crecimiento del habla, 
acción de los sufijos, B. Aires, 1916 (en R^v. Universidad). — Romero 
Seris de Latorre (n. 1879-), granadino, publicó Ecos del Hudson, im- 
presiones de un cronista, Habana, 1906. Gradualidad de la conciencia, 
tesis doctoral, ibid., 1908. — Agustín P. Soriano estrenó La Miguela, 
boceto (con M. R. Gómez Salcedo), 1906. — Francisco Ulloa, chileno, 
novelista folletinesco, publicó Astucias de Pancho Falcato. — Fray 
Agustín Urcey y Prado publicó Breve historia de Valvanera, Lo- 
groño, 1906. — El Marqués de Valero de Urria, de familia cubana, 
vino á Asturias (1890), ¿"onde casó y volvió á Cuba, publicó Crímenes 
literarios y meras tentativas escritúrales y delictuosas perpetradas por 
el profesor D. Iscariotes Val de Ur..., precedidos de una biografía 
del mismo, por Rafael Urdeval (todos seudónimos de su persona), 
Oviedo, 1906. — Javir Vales Failde, gallego, vicario en Madrid, de 
la Rota, publicó Rosalía de Castro, Madrid, 1906. El Autor de la 
Salve, S. Pedro Mezonzo, Madrid, 1907. Ernestina Manuel de Villena, 
1908. Un sociólogo purpurado, 1909. La Emperatriz Isabel, 1918. — ■ 
Armando de Valle, cubano, publicó Lo que puede un choffer^ nov., 
Habana, 1906. Catalina, nov., 1908. — León Varney, colombiano, pu- 
blicó El Sentido de una vida, 1906. El Internado. — Veladas del Ate- 
neo, prosa y verso, Santiago de Chile, 1906. — Manuel F. Villegas 
(■j- 1918), hermano de Francisco, publicó El Palacio de las brujas, Ma- 
drid, 1906. Flevit super illam, novelas cortas, 1908. — Heraclio S. Vi- 
TERi publicó Bagatelas, Segovia (1906). La Aguja hueca, com. (con 
Enrique Guzmán de Mauro), 1912. — Luis Zurdo Olivares, director 
(íe la Rev. de Tracción Ferroviaria (1902), publicó Esperanza, la cau- 
tiva del Mediterráneo, Barcelona, 1906. 



206. Año iQoy. Enrique J. Banchs, argentino, poeta que 
■se distingue por la ingenuidad, la sencillez en la expresión de 
sus sentimientos íntimos, primero alegre é infantil en sus dos 
primeros libros, más tarde melancólico y doliente, de más hon- 
do lirismo. Muy aficionado al tono popular y aim á la poesía 
•-erudita de la antigua España, imitador del espíritu de Berceo, 



S. XX, 1907. JOSÉ LÓPEZ PiNILLOS 203 

MÍO Cid y del siglo xvi; pero sin afectación, con llaneza y na--, 
turalidad. También tiene poesías algo modernistas, bien que: 
sin rarezas, mirando a los primitivos. Es de los mejores poe- 
tas de este siglo en la Argentina. 

José López Pinillos (n. 1875-), por seud. Panneno, de 
Sevilla, donde estudió Leyes, aunque al irse á licenciar acabó- 
de arruinarse su familia y se vino á Madrid (1900) con diez 
duros prestados, y con el primer acto de un drama, que estre- 
nó á los seis meses con tan buena suerte, que Romero Robledo 
le dio un destinillo. Racha de la suerte fué no menos el que á 
los tres meses, venteando del lado siniestro, le quitó el desti- 
nillo de las manos y hasta sopló á los empresarios de teatro 
que no le aceptasen obra alguna. Tuvo que engancharse como 
un pobrete en el periodismo, entrando en el Globo (1902) 
con 35 sabrosas pesetas de sueldo; luego en España con 200, 
después en El Liberal de Bilbao, que dirigió, en El Liberal de- 
Madrid, y en el Heraldo, donde hoy escribe. Como novelis- 
ta se señala por el empleo hábil del rico léxico castellano, por 
la creación de recios "personajes algún tanto caricaturescos a 
fuerza de arreciarlos, y por la ironía caliente, digamos, que no- 
excluye el sentimiento. Sentimientos y caracteres pecan, sin 
em'bargo, por exclusivamente varoniles, duros á veces hasta 
el extremo, perversos los más. Lo bondadoso, lo tierno, lo fe- 
menino están ausentes en los sentimientos y personajes de- 
Pinillos. Es en esto lo opuesto de Martínez Sierra y débese á 
su propio natural y al dechado de todos sus cariños, Echega— 
ray. Como dramaturgo fracasó al principio por este exclusi- 
vismo de lo echegarayesco y de su natural duro. Propúsose- 
hacer teatro valiente, contra el afeminamiento y blandengue- 
ría que hallaba en el teatro contemporáneo; pero una cosa es 
la valentía y otra la dureza y tiesura de caracteres aviesos y 
sobradamente perversos y la falta de ternura. El amor y la 
mujer, elementos importantísimos de la vida y del arte, no- 
parece sentirlos ni quererlos Pinillos. Tiende á enfrascarse en 
acciones violentas, de gran turbación trágica y en problemas 
sociales, al igual que Echegaray. Con su fiereza de buril se rego- 
dea en modelar personajes odiosos, á quienes echa desnudos 
á las taiblas para que el público se ensañe en ellos. En Hacia-^ 



206 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Ja dicha, menos imo, todos los personajes son unos perfectos 
canallas, rnioral y aun físicamente. Este cultivar sólo una nota, 
la somibría, descaminó su innegable talento. Templó su dure- 
za en Esclavitud (1918), que fué aplaudido con razón porque, 
fuera de lo tierno, femenino y aanoroso, que el asunto no 
pedia, sus demás defectos casi desaparecieron, campeando sus 
hermosas cualidades dramáticas, que son excelentes y muy pa- 
recidas á las de Echegaray. En este drama es realista á la es- 
pañola, sin caer en el naturalismo de lo feo y perverso ex- 
<-lusivamente ; afronta los contrastes de afectos como Echegaray 
y aun es miás sobrio que él y prepara con mayor naturalidad 
y arte las situaciones; crea sobre todo caracteres reales, hu- 
manos, entre los que sobresale el del viejo secretario hasta 
sobre el del cacique, protagonista de la obra. Enrique Borras, 
nuestro mejor actor dramático, logró su mayor triunfo encar- 
nando ese personaje de don Pedro, y realzó el drama doblando 
su valor. 



2 7. Roberto F. Giusti, Nuestros podas jóv., 1912, pág. 85: "Es 
(Banchs) ingenuo y sereno. Ama su aldea imaginaria, con su templo 
sencillo, su casa pobre, las novias mocíestas, las generosas manos ma- 
ternas, las buenas hermanas, la santidad del hogar, todo lo humilde, 
todo lo suave... De este su espíritu infantil, primitivo, es emanación 
su poesía. Su característica fund^amental es la sencillez. Toda ella es 
una protesta contra la afectación, contra la retórica. La armonía es 
el sueño del poeta. No es escéptico ni pesimista... Su verso respira 
salud, frescura, alegría. Ni hay en él polvo de arroz ni sudor de lu- 
chadores, noble, pero maloliente. Y no que Banchs no sepa entonar 
el canto de las protestas — que bien lo probó en Las Barcas — ; sólo 
que El Libro de los elogios rebosa optimismo, porque ha sido conce- 
bido en un instante de felicidad Desde aquella fecha el niño bueno ha 
visto muchas cosas, ha vivido y sufrido, y ya no tía podido darnos li- 
bros enteramente hijos de la dicha. Los dos últimos traen en la frente 
el sello del cíolor; han nacido de la misma madre, la comprensión de 
V infinita vanitá del tutto, al desgarrarse sobre los ojos del poeta el velo 
color rosa que los cubría. Hasta angustioso es á veces El Cascabel 
del halcón (¿resonarían en él los ecos de una íntima tragedla? ¿Seria 
por una reciente lectura de Maeterlinck ?) ; no tan atormentado, aun- 
que sí lleno de melancólica desesperanza La Urna. Pero ¡ qué varia, 
qué d^ulce, qué alada melodía, tan hondamente conmovida, tan alta- 
mente lírica, se desprende de ambos ! ¡ Qué de emociones dormidas me 
ha despertado este poeta en el alma!... Enumerarlas equivaldría á se- 
;^alar composiciones y más composiciones, en cada una de las cuales 



S. XX, 1907. JOSÉ LÓPEZ PINILLOS 2O7 

resuenan de continuo voces diversas, que se funden luego para damos 
con la obra entera una sola y múltiple impresión de armonía. ¿ Era 
Heine — dije — el que cantaba? — No, no es Heine; no es más que 
un melancólico Bécquer... — ¡Pero si ese discurso indeciso y sutil es 
de Verlaine ! — ¿Verlaine? Usted perdone, pero me parece de Gar- 
cilaso. — ¿O del mismo Petrarca? — Creo que confunden ustedes el 
acento. Hemos escuchado á Teócrito. — ¡No tan lejos, no tan lejos! 
Esas son cosas de la corte de díon Juan II. — ¿Y por qué no de las 
cortes provenzales? — Ninguno, ninguno de ellos. El que canta es 
Banchs, hermano de todos por la universalidad de su poesía... Si á la 
poesía se le pide ideas, á más de imágenes y emoción, Banchs tiene 
derecho de reclamar para La Urna los honores debidos á esa realizada 
trinidad. Cada uno de los cien sonetos que el libro contiene desenvuel- 
ve con gallarda seguridad un pensamiento, realzado con todas las galas 
al par elegantes y sencillas del arte. Es la musa de Petrarca la que 
inspiró á Garcilaso, á Hurtado de Mendoza, á Gutierre de Cetina, la 
que revive en Banchs; sin embargo, la ignorancia no lo ha advertido. 
Nunca la voz que cantara el dulce lamentar de Salicio y Nemeroso 
había vuelto á sonar en lengua castellana tan pura como en los sonetos 
de La Urna, y probablemente todavía se seguirá hablandfo de Banchs 
como de un mozo que ha hecho algunos buenos versos. ¿Buenos vet- 
sos? Cien sonetos admirables, trabajados con insuperable esmero, en 
los cuales la forma esbelta y exacta se ciñe á todas las sinceridades 
del pensamiento." E. J. Banchs: Las Barcas, B. Aires, 1907. El Libro de 
los elogios, ibid., 1909, 1910. El Cascabel del halcón, 1909. La Urna, 
cien sonetos, 191 1. 

Andrés González Blanco, Hist. nov., pág. 982: ^'La Sangre de 
Cristo (de Pinillos) es una bella novela...; en ella resplandecen... un 
conocimiento estupendo del léxico castellano, un gran sentidlo de la 
creación de personajes resultantes y una perfecta noción de la ironía." 
Parmeno, en La Tribuna: "En el prólogo con que encabezó Ber- 
nard Shaw sus comedias no "alegres", decía que las calificaba d'e 
francamente desagradables, porque su fuerza dramática sólo se pro- 
ponía obligar al espectador á encararse con hechos desagradables ; y 
agregaba que las obras que se edifican sobre problemas y conflictos 
humanos tienen que pugnar con el monstruoso concepto de que la mi- 
sión primordial cíe la poesía dramática es agradar únicamente. A esto 
se podría añadir que es posible agradar á un público inteligente, ahon- 
dando en las cosas desagradables, cuando el escritor — que hurga en la 
llaga con intenciones de médico y no de verd^ugo — siente el ambicioso 
deseo de contribuir á que desaparezcan. Yo creo que los que protestan 
contra todo lo que no sea trivial; que esos que sostienen la hedionda 
majadería de que "al teatro no se va á padecer" — porque confund'en 
la emoción malsana producida por la realidad real con la emoción es- 
tética engendrada por la realidad artística — , han estado siempre db- 
minados por la multitud, sana de entendimiento y de corazón, que se 
afina y se purifica con los bruscos sacudimientos á que la somete el 



208 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

arte dramático. Porque creo en la existencia de ese público, y por- 
que confío en él, me doy el gustazo de escribir — con un desinterés 
absoluto — obras como la que se estrenará mañana. Y mientras cuen- 
te con actores como Borras, capaces de defenderlas, no me faltará 
el ímpetu optimista con que las escribo." Tomás Borras, en La Tri- 
buna: "López Pinillos ha sido uno de los favoritos de los actores de 
la fibra. Enrique Borras estima en él — como lo estimaba el glorioso 
muerto Tallaví — un poderoso espíritu diramático, de castizo realismo, 
de extraord^inaria intensidad y de una medula ideológica moderna. 
También un grupo de compañeros — y singularmente de cronistas tea- 
trales — hemos visto en Pinillos la conjunción — la evolución — del 
ímpetu romántico con la sobriedad naturalista. Esta, que pudiera ser 
la definición de Pinillos, se completa con cierto acento humorística 
que tienen sus últimas obras. Pinillos que, por su edad, recoge el tea- 
tro en sus postrimerías echegarayescas (no se olvide que su primera 
obra es un drama imitando) á Echegaray), por su edad también alcanza 
las últimas revoluciones literarias (véase Los Senderos del mal, vista 
en Bernard Shaw). Entre esos dos puntos Pinillos evoluciona; pero 
sin perder el eje, la sustancia, el alma de su estética, la sangre de su 
credo, el realismo. Pinillos es duro hasta la crudeza, porque dtescribe 
la áspera vida española; dramático, porque lo es el carácter español y 
el carácter de los problemas y las papsiones españolas; sincero y veraz, 
parco y pintoresco, porque éstas son nuestras cualidades eternas." 
Enrique Borras, en Esclavitud: "Señor don Alejandro Pérez Lugín. 
Mi querido amigo : Esclavitud, que me ha proporcionado uno de los 
triunfos más grandes de mi vida — quizás el mayor — , es tal vez la 
obra que he aprendido más fácilmente. De mí — que nunca me reser- 
vo, que doy en todas las ocasiones cuanto puedo dar — se ha solido 
decir en noches dte desgracia: "Borras no ha querido. No ha estudia- 
"do el papel." Y eso no es verdad, porque yo estudio siempre. Lo 
que me pasa es que siempre no puedo aprender. Cuando el personaje 
que se me encomienda es falso, inhumano, huero, y cuando su false- 
dad! se traduce en discursos sin sustancia, en gárrula palabrería, yo 
realizo un esfuerzo enorme para humanizarle, para infundirle un poco 
de verdad, y acabo rendido, aunque no me exija apelar á la violencia. 
Cuando el personaje no es un muñeco, sino un hombre, yo lo visto cor» 
mi carne, sin que la dificultad de la empresa me arred*re y doy la ba- 
talla frente al público con absoluta serenidad, y después de las escenas 
más violentas apenas si noto una levísima alteración nerviosa. El don 
Pedro Govantes de Esclavitud me cautivó desde que Parmeno me 
leyó la obra. Es un vencido, un hundido, un guiñapo de hombre. Vive 
esclavizada sin intentar romper la cadena, porque el egoísmo y el pa- 
vor le adormecen la voluntad; pero reacciona, hericío en las entrañas, 
noblemente impulsado por el amor paternal, y débil, achacoso, medio 
muerto, decide imponer el castigo. Y esto es lo más difícil — y lo más 
fácil — del drama y lo que más me gusta. Hay que balbucear, hay 
que llorar, hay que rugir; hay que temblar como una hoja, lleno de 



S. XX^ 1907. ALBERTO INSUA 209 

supe oLicioso terror ; hay que gemir con una angustia sobrehvunana ; 
hay que sollozar, por último, con una alegría infinita... Alegría, mie- 
do, angustia, díolor, desesperación, ciega acometividad, cobarde aban- 
dono... Todos estos sentimientos, y todas estas pasiones, y todos estos 
impulsos contradictorios se atropellan en el cerebro y en el corazón 
del ex hombre alcoholizado, protagonista de Esclavitud. Que ¿ cómo he 
hecho el papel? Como los hago todos: autosugestionándome, dejando 
de ser Borras para ser don Pedro, y estudiando mucho para llegar á 
este resultacío. No quiero terminar sin darles las gracias con todo 
mi corazón á la crítica, que me ha enorgullecido con sus excepcio- 
nales elogios, y á este admirable, inteligentísimo y entusiasta pú- 
blico de Madrid, tan bueno conmigo, al que le debo en gran parte lo 
que soy. Y añadiré que nunca me han sabido más a gloria los aplausos 
y los elogios, porque consagran el triunfo y cimentan la fama de un 
hermano mío, de José López Pinillos, que siempre tuvo en mí un cre- 
yente. Desde que me llevó Nuestro enemigo confié en él. Esperaba, 
pues, la resonante victoria de Esclavitud. — Enrique Bvrrás'^ (De He- 
raldo de Madrid). Obras cíe L. Pinillos. Novelas: La Sangre de Cris- 
to, 1907. Doña Mesalina, 1910. Las Águilas, 191 1. Frente al mar, 1914, 
Ojo por ojo, 1915. El L-tichador, 1916. Lo que confiesan los toreros, 
1917. Obras teatrales: El Vencedor de sí vúsmo, drama, 1900. Hacia la 
dicha, comedia, 1910. El Burro de carga, comedia, 1912. La Casta, co- 
media, 1912. El Pantano, drama, 1913. Nuestro enemigo, drama, 1913. 
La Otra vida, drama, 1915. Hombres, hombrecillos y animales, igiy. 
A tiro limpio, com., 1918. Los Senderos del mal, com., 1918. Las Alas, 
com., 1918. Esclavitud, dr., 1918. Caperucita y el lobo, com., 1919. La 
Red, dr., 1919. 



207. 'Año 190/. Ajlberto Insúa (n. 1883-), hijo del escri- 
tor Waldo Alvarez Insúa, nació en la Habana, vino á Kspaña 
en 1898, se bachilleró en La Cortina, licencióse en Derecho 
en Madrid. Ha viajado mucho para ilustrarse, y lo ha con- 
seguido. Es novelista psicólogo, sobresaliendo en la finura y 
tino con que obser'va los estados, mudanzas y variedad de las 
almas y en la propiedad certera y sobria con que las pinta. 
Posee, ademiás, gran ingenio inventivo para buscar casos y 
sjltuaciones en que los movimientos anímicos se manifiesten, 
y no menos facilidad en la trama de la acción. Personajes bien 
matizados y afectos que brotan naturalmente. El lenguaje, 
sin ser muy castizo, sin cualidades particularmente sobresa- 
lientes, ea también natural, corriente, llano, apropiado y co- 
rrecto. De los naturalistas franceses heredó el determinismo 
positivista; el realismo es español, y el tono general nada 

TOMO XII. — 14 



aie ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

encierra de pesimismo, ni el gusto por los asuntos feos le per- 
miite seguir a Zola en pintar sólo heces sociales, en algunas 
novelas mostróse en demasía aficionado a lo erótico; pero en 
las más, el principio de la urdimbre es filosófico y trascen- 
dental, aunque nada tenga de cristiano. Filosofa acerca de 
la vida según los hedí os que ve y conforme á la doctrina de- 
terminista. Tiene grandes cualidades para ser novelador ex- 
celente, y cada vez mejora y se perfecciona más y mlás. Las 
novelas de Insúa caerían m'ucho mejor en una sociedad des- 
creída como la francesa y como gran parte de la madrileña, que 
lo es de hecho, aimque por cristiana se tenga. Pensador des- 
pierto sin fundamento religioso, es Insúa un escéptico: revc^- 
lotea sin cesar en su cabeza el problema moral de la vida. Eji 
el fondo de su conciencia lleva un lastre de ética cristiana, 
acaso sin darse cuenta ; pero comjo la educación moderna y la 
observación de las gentes le hacen ver un mundo en el que 
esa conciencia ética anda harto abandonada y ni en sí ni en 
los que trata ha hallado fe verdadera en Cristo que la fun- 
damente y asegure, y además ha leído muoho de ciencia mo- 
derna que prescinde de Cristo y de Dios, se le ve subir y 
bajar, remontarse esipirituaLmente y materialmente abaitirse, 
sin hallar solución á la vida. Es el estado de alma de todos 
los pensadores de hoy que, desprovistos de fe religiosa, guar- 
dan, sin querer, en medio de la irreligiosidad de nuestro siglo, 
un fondo cristiano y espiritual que tal vez no desaparezca nunca 
de las conciencias europeas, como advirtió Hegel. Con su novela 
De un mundo a otro comienza una serie que promete será de 
Episodios Internacionales. 

Rafael López de Haro (n. 1 876-), de San Clem'ente 
(Cuenca), publicó poesías, siendo estudiante, en Madrid Có- 
fnico, El Gato Negro (1898), El Labriego de Ciudad Real 
(1898) y otros periódicos. Hizo la carrera de notario, que hoy 
ejerce, y 'Ouando pudo volver á la literatura compuso nove- 
las, que él mismo clasifica en tres clases, de la carne, de 
la vida y de las almas. Las primeras no las considera como lite- 
rarias, sino como un medio para allegar recursos. Las dos me- 
jores son, según el autor. Poseída y Sirena, mezcla de realismo 
en muchas escenas particulares y aun del naturalismo zolesco 
que cimde en las demás, bien que en estas dos sólo se vea algii- 




FELIPE TRIGO 




ALBERTO INSUA 



S. XX, 1907. ALBERTO INSÚA 211 

lias veces ; y de un idealismo filosófico, en parte errado, pero que 
siempre da a la armazón de entrambas obras una firmeza robus- 
ta y una valentía ibseniana. Los caracteres fuertemente rebulta- 
dos, nobles en sus empeños y agradables, sinceros, bien que 
idealizados algún tanto, sobre todo el de Sirena, que a veces fri- 
sa en símbolo de sobrehembra nietzscheniana. EJ estilo, suelto, 
jugoso, nervudo, preciso y bien coloreado; el habla, comúnmen- 
te castiza y rica. Pero mucho mejor que ambas novelas, con 
todas sus bellezas y sin ninguna de sus manchas, es Dominado' 
ras, verdadero tetra pico de la mujer moderna, cosa vista y 
vivida, sobria descripción de toques valientes, encuadrada en 
el marco de una concepción filosófica, tan amarga como verda- 
dera, armónica tetralogía que desenvuelve los pliegues del alma 
mujeril y desenmaraña sus reconditeces, clasificando á las 
liemibras modernas, y aun de siempre, en cuatro géneros 
;i cual más caros para el desgraciado quie de cualquiera de ellos 
se encapriche. Los nietos de los Celtas es admirable pintura 
plástica y viviente del alma gallega. 

209. Amanda Labarca, La Novela Castellana de hoy: ''En T'e- 
rra de santos y La Hora trágica bastan para demostrar claramente la 
individualidad de Alberto Insúa. Hay en ellas más espíritu cíe obser- 
vación y clarividencia de la época que en muchas novelas de fama; 
hay vida más intensamente sentida; hay, sobre todo, más ambiente ac- 
tual, más ideas, más sentimientos, de estos que palpitan y bullen en 
cierta clase intelectualmente refinada. Dando la mayor importancia á 
la vida del intelecto, Alberto Insúa ha trasladado á su novela la ca- 
racterística mejor definida de la existencia moderna." Cansinos Assens, 
Las Escuel. liter., 1916, pág. 150: "A este ciclo de la representación 
estética d!e Madrid, de la transcripción realista de su vida, hay que 
incorporar esa admirable novela, seria y fuerte, de Alberto Insúa, que 
se titula Las Flechas del amor...; nos ha dado la visión más real de 
una parte de Madrid, la más honda y oscura: una visión que completa 
las revelaciones fragmentarias de los otros estilizadores d'e la vida 
madrileña." Pág. 180: "Alberto Insúa, en cambio, menos serio, más 
frivolo y galante (que Trigo y López de Haro), arma sus naves para 
Citeres con más sereno gesto y las enguirnalda con flores más lozanas 
y frescas, unidas en ramos más simétricos y pulcros...; en obras como 
La Mujer fácil resucita de nuevo la novela galante, la novela fácil, 
galante y elegante, bien escrita, sonriente y ligera. En A. I. canta 
la sensualidad alegre y sana, no enseriecida demasiado por la preocu- 
pación d!e la moral... Es la antigua novela galante á lo Zamacois, con 
más psicología acaso, con más moderna belleza de estilo." Ramón 



a 12 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-IOO7) 

María Tenreiro, en La Lectura, jul., 1914: "Alberto Insúa, que no 
acertó á librarse de la zafiedad ambiente en sus años de novelista eró- 
tico, ha ido aprendiendo después los sutiles secretos de un arte refinado 
y complejo, que, bajo una aparente simplicidad de formas, oculta un 
profundo conocimiento del modo como ha de proceder el novelista 
para que loa monig-otes de la fábula se alcen ante los ojos del lector 
con apariencia de auténticas criaturas humanas. Y no es ello porque 
Insúa ponga á sus personajes en tales situaciones que con la violen- 
cia de sus gestos puecían despertar en nosotros una falsa sensación 
de la vida. Muy lejos de eso... Voluntariamente huye de toda violen- 
cia en este libro {Mary)... En los pasajes afortunados de su novela 
da el autor la sensación de la realidad, merced! á finas observaciones 
del estado de ánimo del personaje, á un estudio paciente de las frases 
en que se expresa, á una serie indefinida d!e diminutas pinceladas sua- 
ves, casi sin color, que poco á poco diseñan ante nosotros las figuras 
con su debido bulto; merced, sobre todo, al estilo simple, familiar, 
ligero, gris, horro de imágenes — tal como Mary se hablaría á sí pro- 
pia — , en que lentamente se va desenvolviendo el nada complicado ar- 
gumento. Estas virtudtes dan un cierto exotismo á la narración de 
Insúa; adviértese en ella un inmediato parentesco con algimas de los 
mejores novelistas franceses del momento: con las de André Gide, 
por ejemplo... Toda la obra está cuajada de personajes y episodios 
llenos de vifía... Hay en ello un gran caudal de conocimientos de la 
humanidad y sus flaquezas... El libro es demasiado largo..., hay tipos 
convencionales y filosofías un tanto incomprensibles y ociosas. Pero, 
á pesar de todo, esta novela tan pesimista, donde el único hombre 
bueno acaba suicidándose, es, no sólo la mejor obra de Alberto Insúa, 
sino uno de los libros más excelentes cíe estos últimos tiempos." Alb. 
Insúa: Don Quijote en los Alpes, Madrid, 1907. En tierra de santos, 
1907. La Hora trágica, 1908. El Triunfo, 1909. La Mujer fácil, 1910. 
Las Neuróticas, 1910. La Mujer desconocida. 1910. El Demonio de 
la voluptuosidad, 1911. Las Flechas del amor, 1912, El Deseo, nove- 
las cortas, 1912. Los Hombres, Mary los descubre, 1913. Los Hom- 
bres, Mary los perdona, 1914. En familia, comedia (con A. Hernández 
Cata), 1914. Nunca es tarde, boceto de comedia, 1914. Cabecita loca, 
com., 1914. El Greco (trad. de M. Barres), 1914. El Amor tardío, dr., 
1915 (con H. Cata). El Peligro, 1915. El alma y el cuerpo de don Juan, 
1915. De un mundo á otro, 1916. Por Francia y por la libertad, 1917. 
Nuevas páginas de la guerra. 191 7. El Bandido, melodr. (con Hem. 
Cata), 1918. La Madrileña, com., 1918. Nunca es tarde (con Hem. 
Cata), 1918. Los Bandidos, com. (con id.), 1919. 

López de Haro, en carta al autor : "En la época de estudiante hizo 
ensayos y vio su firma en los principales periódicos. Entonces hacía 
sólo versos. Pensaba ser como Espronceda, poeta y político. Un sus- 
penso en la Universidad y un (íía de hambre hiciéronle^ comprender 
que no tenía ni perseverancia ni salud para resistir la época de bo- 
hemia precedente á las posiciones políticas y literarias. Suspendió en 



S. XX, 1907. RAFAEL LÓPEZ DE HARO 213 

absoluto toda producción y se dedicó á estudiar. Ganó cuatro oposi- 
ciones seguidas. Cuandb pudo tener esa afición como im pasatiempo, 
vilvió á escribir. Notario y novelista, ó novelista y notario. Dos N., 
dos negaciones que impuso la dura realidad. Como el orador político 
fué á notario, fué el lirico á novelista. Una capitulación impuesta 
por la necesidad de vivir, de criar los hijos. Así, alejado de los círcu- 
los y mentidteros madrileños, este escritor labora incesantemente y 
dice de cada obra : / O parve liher tu ibis in urhcn sine me ! Este 
novelista clasifica sus obras en novelas de la vida, de la carne y de 
las almas. Sin duda las de la carne son concesiones al bolsillo: se 
escriben para ganar dinero. Su obra predilecta es Sirena, que será, 
de lo hasta hoy producido por él, lo que quede. En esta novela López 
de Haro ha cuidado la forma más que en ninguna otra. Elogiadísima 
por la crítica, no se vendió ni se vende la edición. El ideal novelís- 
tico de López de Haro estriba en trasmitir al lector fielmente las im- 
presiones subjetivas. Quisiera él hacer en sus obras la vida como él la 
ve. Por eso sus novelas de la vida son las más intensas. Poseída es el 
libro de más empeño de cuantos ha publicado y el que más acabada- 
mente le da á conocer. Quien se proponga leer uno solo de sus libros 
debe leer Sirena ó Poseída- López de Haro lucha por adquirir una 
autoridad! literaria para poder, en su día, llevar al teatro un género 
suyo que, hoy por hoy, no puede imponer. Díaz de Mendoza, después 
de leer tin drama suyo, le dijo que era maravilloso, pero que sus per- 
sonajes y las pasiones de ellos pertenecían á una superhumanidad 
que el público no entendería ó no admitiría; más allá de Ibsen, Mien^ 
tras esa hora no llega, López de Haro estudia, hace novelas y autoriza 
escrituras. Su aspiración trascendental, acaso su locura, permanece 
amada é inconfesada." Raf. López de Haro, Dedic. de Entre todas 
las mujeres: "Yo no soy sistemático. Cada novela mía no parece 
hermana de las otras. Hasta de estilo cambio. El asunto me domina 
y me hace, esclavo del asunto, escribir de un mo<ío, pensar de un modo 
que suele ser, no ya diferente, contrario á mi modo anterior. Creo 
que un artista puede esculpir con los mismos cinceles una Venus y 
un santo; y encuentro muy puesto en razón que no le coloque barbas 
á la Venus, ni al santo formas apetitosas y rotundas. Así, cada no- 
vela mía hace hablar á los critiquillos de evolución y rectificación. 
Son unos linces. Si un día me ven ir al campo en traje de caza y otro 
día en un baile en traje de etiqueta, dirán que be evolucionado y rec- 
tificado. A estos tales, que tan discretamente enjuician, les contestó 
un crítico serio, al decir: "R. L. de Haro ha hecho todas las especies 
"de novelas que hoy pueden hacerse, plasmando la vida contempo- 
"ránea bajo todtos sus aspectos seductores y desagradables." Poseída, 
de López de Haro, es novela mucho más realista que Sirena. El autor 
quiso pintar al vivo personajes reales y acierta en los que conoce, y 
tiene más ó menos vividos en Carlos, Somonte, las hijas de Péi-ez- 
Aracil y demás gente secundaria de mundana vida. El carácter de los 
dos primeros está magistralmente esculpicio. Con la mejor intención 



214 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

fracasó en la pintura del Penitenciario, convirtiéncíole en caricatura de 
horrible y despiadado inquisidor, como acaso no lo haya habido, y 
algún tanto en la pintura de Emma. En su primera época de inocente 
es casi admirable pintura, por el encanto que despierta, aunque la 
supone dtemasiado ignorante, y así el paso á la época de pecadora es 
extremadamente brusco. Débense estas faltas en el autor á la nin- 
guna experiencia que parece tener de la vida cristiana. Por lo mismo, 
diríase participar del desconocimiento que pone en sus personajes 
acerca de lo que es la doctrina evangélica. Siempre el sofisma de con- 
fundir esta doctrina, en sí purísima, con los mortales que la practican, 
al encamar en los cuales tiene que mancillarse necesariamente, hasta 
en los mayores santos, pues nadie en este mundfo es perfecto. Así, con 
este sofisma, fácil es ensalzar el amor libre y hasta el desenfreno de 
las pasiones y afear el matrimonio y demás instituciones cristianas. 
Parece olvidar el autor, arrastrado por las doctrinas de Nietzsche, 
que la razón, reguladora de los naturales instintos, es tan natural 
como ellos, y que sin la razón, el hombre se degracfe. á la condición 
de las bestias. Poseída es un himno sofístico cantado á los instintos bes- 
tiales. Si tales doctrinas sólo las sustentasen algunos personajes, como 
suyas solamente y no del autor, y en cambio los personajes cristia- 
nos fuesen, con sus menguas y todo, reflejo de los cristianos, y no ca- 
ricaturas afeadas del cristiano, nada habría que oponer, porque tal es 
la realidad! de la vida. Pero en la caricatura de éstos y en la fruición 
con que pinta aquellos otros se nota que el autor no tiene experiencia 
de la vida cristiana y participa de la filosofía naturalista, glorificadora 
del brutal instinto, todo lo cual, además de hacerle falsear la. realidad 
en los personajes cristianos, rebaja la filosofía que vierte en sus no- 
velas, ya que esa filosofía naturalista es la más rastrera de las filoso- 
fías, envenena<?ora de almas incautas, que no calan el sofisma, y des- 
quici adoras (íe toda moral y de la sociedad entera. Añádase que Em- 
ma es una histérica, y tanto su perversión como su conversión final, 
un verdadero caso de psiquiatría. Con lo cual pudiera disculparse la 
mentirosa visión d!el cristianismo que el autor pone al frente de la 
visión de la vida moderna irreligiosa; j>ero tan hermoseada queda ésta 
en los dos catedráticos y tan afeada aquélla en Emma, en el Peniten- 
ciario, en la cofradía, etc., etc., que semejante disculpa no puede ad- 
mitirse. Es harto socorrido fundamentar novelas sobre personajes 
anormales, y es feo de toda fealdad mostramos la religión más hu- 
mana y divina al través de una histérica, de un desaforado inquisidor 
y dte una cofradía que se olvidan de la caridad, alma de esa religión. 
Ahora, dadas las doctrinas del autor, así erradas, cuanto á la expre- 
sión artística, si queda errada no menos por falta de realidad, cuanto 
al vivir cristiano, es, por lo demás, sincera, de gran reciura, viva y 
pujante, como la dte nuestros mejores novelistas. Poema idealista en 
prosa es Sirena, sobre todo por el carácter poco humano de la pro- 
tagonista; pero hondamente rebutido de hermosa filosofía, esmerada- 
mente torneado y burilado en el decir. Es obra de refinado artista para 



S. XX, 1907. RAFAEL LÓPEZ DE HARO 2 l5 

artistas refinados. Pero como nació de la soñadora fantasía y no es 
eco de la realidad, no pudo gustar al común de las gentes. Sirena 
es un símbolo, no es una mujer, no tiene el primer atributo de la mu- 
jer, que le es sustancial: la ternura y el amor. Harto mejor conocía á 
la mujer Somonte, el de Poseída, y, por consiguiente, conócela el 
autor, sino que en Sirena quiso idear fantásticamente una hembra que 
no lo es, sino puro símbolo de una hermosa filosofía. En cambio la 
nena es figura angelical, y el novelista amante no es menos real y no- 
ble caballero. Bien se ve que en el alma del autor anidlan sentimientos 
nobles y generosos, á pesar de los errores sobre el cristianismo que 
anublan su, por lo demás, clara inteligencia, que le hace ser perspicaz 
observador de la vida y de las almas." Andrés González Blanco, Hist. 
nov., pág. 1004: "Raf. López de Haro es un novelista á la moderna, 
genuinamente á la moderna, que salió á la pista literaria después cíe 
haberse amaestrado por largo espacio de tiempo en la siempre fecunda 
soledad... Erh un lugar de la Mancha, donde hay todavía indecisión y 
tanteo, pero grandíes presagios de algo superior. Hay una intensidad 
casi bárbara á lo largo de sus páginas. Se respira un ambiente de ca- 
lentura que va en crescendo... En los capítulos primeros sobra deta- 
llismo; en los otros sobra pathos. En todo, es el tipo del perfecto na- 
turalista el señor L. de H. Si perece el naturalismo, no perecerá por 
él. Se ha constituido en el gran propugnáculo de las doctrinas del 
Profeta de Mecían en España. Lo mismo por el amor á la descripción 
recargada y á veces engorrosa, que por el amor á los temas sombríos, 
espeluznantes cíe puro obscenos. Alguien ha dicho, hablando del na- 
turalismo, que era un folletinismo saturado de auras románticas... 
Empezó con su primer novela, que deja una impresión excesivamente 
dolorosa y nauseabunda, por lo trágico del cíesenlace..., y acabó por 
escribir, poco ha, im verdadero folletín naturalista (Batalla de odios, 
1909)... Escribió después Dominadoras, donde triunfa el retórico so- 
bre el técnico de la novelística; cíonde hay más lirismo, más exaltación 
y más léxico..., es una obra épica, por la entonación y por el fuego. 
La obra es de un pesimismo absorbente, porque no queda de ella más 
regusto que el ácido zumo del dolor... El Salto de la novia, donde lo 
repulsivo del tema está atenuado por la grancíeza espiritual de la he- 
roína. Es, indudablemente, doble mérito artístico sacar arte de una can- 
tera tan negra y tan fétida como es la curación de un sifilítico ; y la 
grandiosa figura de Alma irradia con luz espiritual sobre tcxio el libro... 
Batalla de odios...: el autor intenta una conciliación de la fórmula na- 
turalista con el interés folletinesco. La novela se deja leer, como las 
Aventuras de Rocambole, por lo jadeante que está el ánimo al acer- 
carse al desenlace. Mas por debajo de esto palpita un arte exquisito y 
una emotividad sobrepujante." Emiliano Ramírez An£:el, en El Salto 
de la novia, estudio sobre Novelistas jóvenes, R. L. de Haro: "Su pri- 
mera novela, En un lugar..., es un sombrío drama rural, cíe rembranes- 
cas tonalidades... L. de H.,.. suscita el recuerdo de Octavio Mirabeau. 
Tiene del grande fustigador francés el verbo rotundo, la crispación 



2l6 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

potente, el desatado realismo, que hace de sus prosas, pingajos de vida^ 
habladores documentos humanos... La pluma del señor L. de H. es un 
látigo. Con la mirada tenaz va el intenso calor del flagelamiento..." 
Cansinos Assens, Las Escuel. litcr., 1916, pág. 179: "Como en Felipe 
Trigo, prevalece en él, sobre la intención estética, la social intención. 
Es la misma exaltación humana del maestro, la misma sed de amar ex- 
presada en francos clamores reivindiicatorios, el mismo fervor de apo- 
logista de los instintos. Y con todo esto, el mismo descuido de la forma 
literaria... En L. de H., como en Felipe Trigo, el elemento principal es 
la emoción, la sensación, la corriente magnética y apasionada que vi- 
vifica las palabras y las hace estremecerse y saltar dinámicas y vivas 
como lo es cada parte orgánica en el furor genésico: la erótica emoción 
que se expresa en el lenguaje entrecortado de los grand'es momentos 
vesperales, en frases reiterativas y elípticas... Mía mía, nita...'^ Publicó 
en El Ciiento Semanal, El Libro Popular, Los Contemporáneos, La No- 
vela de Bolsillo, etc., etc., más de cuarenta novelas cortas. Escribió cró- 
nicas en El Liberal y colaboró en muchas revistas españolas y ameri- 
canas. R. López de Haro: En un lugar de la Mancha, Madrid, 1907. 
Dominadoras, ibid., 1907, 1914. El Salto de la novia, ibid, 1908, Batalla 
de odios, ibid., 1909. Fioración, ibid, 1909. La Novela del honor, ibid., 
1910. Sirena, ibid., 1910; Barcelona, 1919. Entre todas las mujeres, 
ibid., 191 1. Poseída, ibid., 1912. La Imposible, ibid., 1912. El País 
de los medianos, ibid., 1913. Las Sensaciones de Julia, ibid, 1915, 
1918. Muera el señorito, ibid., 1916. Los Nietos de los celtas, ibid., 
T917. La Zarabanda de las pasiones, ibid., 1918. El más grande amor, 
ibid., 1918. Su Majestad el individuo, 1919. Novelas cortas: Del Tajo 
en la ribera (Cuento Semanal). Vulgaridad (id.). El Caso del doctor 
íturbe (en El Libro Popular). El Amor de Doria (id). El Amor, la 
codicia y la muerte (id.). La Mujer de los dos (id.). Eleonora (en El 
Cuento Galante). La Hija del mar (en La Novela de Bolsillo). El Beso 
supremo (id.). Meg la frivola (en Almanaque ^^Amor"). Nora la intré-^ 
pida (en Los Contemporáneos) . 

209. Año igoy. Manuel Gálvez (n. 1882-), de Paraná 
<' Argentina). Acabó sus estudios jurídicos en 1904, fundó la 
revista Ideas (1903); es inspector de enseñanza secundaria; 
casó con E>elfina Bunge, autora de un admirable libro de 
versos franceses titulado Simplement. Crítico de arte en Nos- 
otros y en el Museuin de Barcelona, crítico literai'io en La 
Rev. de América. Su libro poético Sendero de humildad fué 
muy discutido, pero desde su publicación todos los poetas jó- 
venes argentinos han querido ser humildes y sencillos. La maes- 
tra normal, novela, levantó buena polvareda. Describe mara- 
villosamente la vida provinciana, dando la sensación de vivirla 



S. XX, 1907. MANUEL CALVEZ 217 

uno niismo mientras lee. Aquellos cuatiros no se borran de 
Ja cabeza. Es gran novelista de costumbres, que promete ser 
si ya no lo es, el mejor de la Argentina ; realista natural de cas- 
tizo y expresivo estilo. No sobresale tanto en la pintur* psico- 
lógica de las pasiones; su temperamento es descriptivo, obser- 
vador de las costumbres comunes, más bien que creador de 
conflictos dramáticos. Pero en dar la impresión del común 
vivir popular y del espíritu, sobre todo, de Córdoba del Tu- 
cumán no le aventaja hoy nadie en su tierra. 

AIlfonso Hernández Cata (n. 1885-), novelista haba- 
nero, que vive en España, ha pinltado las miserias y dolores 
<ie la vida con pincel naturalista, en estilo sobrio y recio, 
dando la trágica y dolorosa sensación de tristeza que hace 
de sus obras, si no libros de liviano entretenimiento y solaz, 
antes de amargo malestar al leerlos, pero de enseñanza tras- 
cendenltal y de desahogo y consuelo después de leídos al ver- 
se uno libre de tantas penas como tejen la vida de los hom- 
bres. 

J. Eduardo Barrios (n. 1884-), de Valparaíso (Chile), su 
padre chileno y su madre peruana, hizo sus plumeros estudios 
en Lima, volVió a Chile á los quince de su edad, estuvo dos 
años en la Escuela Militar, tuvo que luchar con la miseria 
por desgracias de familia, viajó por América y se entregó 
£ las letras. Comjpuso obras teatrales; pero sobre todo cuen- 
tos y novelas, en las que sobresale por el destmenuzamientó 
psicológico de los estados de conciencia y de los caracteres, 
como atinado observador de la realidad y buen pensador. 
Un perdido es novela notable, de las mejores escritas en Chile. 

Manuel A. Bedoya (n. 1888-), del Callao (Perú), aven- 
turero rebelde, que dejó su tierra por no encajar su natural 
independiente y arisco en aquella sociedad religiosa y mo- 
rigerada; residente en Madrid, escritor desenfadado, brioso 
y suelto, que ha medrado no poco en España como artista de 
la palabra, y promete todavía más. 



211- Bn 1904 se publicó La Paz del sendero, de Ramón Pérez de 
Ayala; de 1907 á 1909 compuso Manuel GáJvez y publicó el último de 
estos años Sendero de humildad. Ambas poesías están emparentadas 
por la ingenuidad de la estética prerrafaelista, remedando la sencillez 



2l8 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

de los tiempos de Berceo y de Juan Ruiz, ya en los sentimientos, ya en 
el modo de expresarlos en ritmo libre y como que brota al desgaire, 
añadiento á lo antiguo cierta complacencia en detenerse en cosas me- 
nudillas como niño que en todo repara, á quien todo habla y enseña 
aquella cándidía filosofía de que se sustentan los poetas, que son los 
niños de la humanidad culta y creciera. Es de suponer que Gálvez imitó 
á Pérez de Ayala. Sendero es voz de los títulos de entrambas obras. 
Hay en Pérez de Ayala más humorismo y peor versificación; en Gál- 
vez, más sencillez y menos chispazos de ternura. La Maestra normal es 
realista, en el proceííimiento minucioso de pintar las costumbres, por 
lo cual, con gran motivo, se detiene el autor en hacer sentir el am- 
biente con la descripción puntual de lo más menudo. El Mal melafísico 
es de mayor inquietud psicológica y de tendencia bien encauzada. En 
la sombra del convento pinta á maravilla á los jesuítas y nos da una 
visión de Córdoba. Manuel Gálvez, en carta al autor: "Desde luego, 
yo ya no haré sino novelas. Tengo un plan muy vasto, y pretendo re- 
flejar la vida múltiple de este país tan complejo. El mes próximo pu- 
blicaré El Mal metafísico {vida romántica). Estoy por el arte humano y 
verdadero, y no comulgo con los escritores que creen que todo consiste 
en hacer palabritas bonitas. Odio el sensualismo de la frase, tan común 
en América, y creo que el estilo es un medio y no un fin. En cuanto á 
la cuestión del casticismo, tengo opiniones un tanto heréticas. Me parece 
que un giro ó una palabra empleados por 10.000 millones de hombres 
libres que hablan castellano, son tan castellanos como un giro ó una 
palabra empleados en Castilla. Creo que esta es también su opinión.'^ 
Me temo que esta teoría le ha hecho descuidar últimamente el lenguaje, 
por atenerse al común que por ahí se emplea. Sin faltar á la verdad ni 
á la sinceridad, el artista debe cuidar más el estilo y levantar el len- 
guaje común : por eso es artista y arte lo que hace. No se trata de 
fotografiar, sino de sintetizar é idealizar la realidad, sin que deje de 
parecer real. La realidad artística no es la realidad real. Me atrevo á 
recomendar á mi querido amigo dos cosas : que cuide el estilo y lengua- 
je y que ponga más pasión en sus obras, no contentándose con pintar 
las costumbres. 

Man. Gálvez. La Sombra del convento, pról.: "En... La Maestra 
normal he escrito algunas frases de la vida vulgar de mi patria, y en El 
Mal metafísico he mostrado cómo se sueña entre nosotros : ahora inten- 
to mostrar cómo se crece." José Santos Chocano (carta particular) : 
"Tiene su libro páginas decisivas, y por todas ellas sopla un viento de 
melancolía que nos place respirar á los que retorcemos nuestro tem- 
peramento en la pugna. Siéntese la caricia de una mano feme- 
nina sobre los cabellos encrespados y rebeldes. Esto conforta y con- 
suela." Julio Herrera y Reissig: "¡Cuanto de hondamente bello hay 
en esas breves y artísticamente desmañadas exhalaciones polirrítmicas, 
con pespuntes vagos y puntílleos metafísicos de imposible y de abstru- 
so fatalismo, que les asemejan á la vaporosa música del divino Schu- 
mann, del tembloroso y pálido Grieg, del místico y diluido Brahms, y. 



S, XX, 1907. MANUEL CALVEZ 219 

á las veces, del vampirico y siempre humano Federico Chopin ! Sit 
exquisito numen, siempre exótico, pero siempre eterno, siempre ama- 
sado de arcilla y de ensueño, siempre lunado de amorosa quimera y de 
cerebral misantropía, ha triunfack) de verdad para loor del buen gusto^ 
y del refinamiento egoísta de las almas replegadas y mudas. Su libro 
es legítimo, por eso mismo, y será duradero como todo lo que es natu- 
ral y sinceramente humano. Su belleza sutil, su dolor discreto, su in- 
dumentaria de medios tonos rosa té y lila pálid'o, sus maneras sin es- 
tilos y su música sin cobres ni contrapuntos pedantes, eso es su mé- 
rito grave ; precisamente eso es la aureola sin academia y su dulce al- 
curnia aristocrática, y eso será su prestigio, más fuerte y bruñido que 
el oro de Ophir." (E^te curioso juicio de Reissig, que en vez de reco- 
mendar al poeta lo pone entre los modernistas amaneradlos, era digno 
de estamparse como muestra de la prosa que gastaba el montevideano.) 
Julio Noé, en Nosotros, marzo, 1916: "Con ella (la novela) Gálvez se 
halló á sí mismo. Capaz de objetivar su atención con intensidad no co- 
mún, hallábase facultado para sorprender los mil aspectos de nuestra 
vida colectiva... Gálvez inició así su labor novelesca con orientación 
diversa á U de la mayoría de nuestros escritores. Para éstos, salvo ex- 
cepciones escasas sólo el "criollismo" podría dar base á obras en ver- 
dad argentinas... El mérito fundamental de M. G. consiste, precisa- 
mente, en haber tratado esos nuevos tipos con exactitud que no podría 
desconocérsele y en haber descrito el ambiente porteño con vigor y 
verdad... Comenzó... estudiándonos la vida provinciana... ; pero en 
ese ambiente colocó nuevas figuras y lo conmovió por nuevas idteas... 
La juventud intelectual de Buenos Aires... ha encontrado en M. G. su 
cronista fiel. Las desorientaciones de la hora, las inquietudes, las lu- 
chas, las desesperanzas y los optimismos, los esfuerzos y los fracasos, 
toda esa cruzada por el arte, en momentos en que el país sólo juagaba 
los valores materiales, están descritos en las páginas de El Mal meta- 
. físico con exactitud fotográfica... En su celo verista, Gálvez nos diice 
todo lo que ha visto, aun lo insignificante. Por eso su novela, como los 
cuadros en que el pintor ha detallado los últimos planos como los pri- 
meros, carece de relieves... Entre esos detalles... los hay de la más 
segura receta naturalista... El estilo caprichoso, desaliñado y pinto- 
resco de sus obras recientes respondió en parte á propósito del autor..., 
escribe como sus personajes hablan, confundiendo así la psicología de 
éstos con su propia psicología... Gálvez tiene de todo, menos de artífice 
de su prosa, capaz de detenerse largamente en un párrafo hasta darle 
musicalidlad y belleza. Si logra éstas es por azar, y rara vez por pro- 
pósito." Roberto F. Giusti, en Nosotros, dic, 1917: "Manuel Gálvez, 
escritor de filiación naturalista, ó realista, si lo primero le incomoda... 
Con seguridad sabemos lo que quiso hacer en La Maestra normal : des- 
cribir la vida de provincia, el alma "voluptuosa, sencilla, poética" de 
tierra adentro... Menos dudamos sobre El Mal metafísimo: es la no- 
vela (Je las almas románticas de los artistas que la gran ciudad fascina 
y extravía, poblándoles la cabeza de ilusiones, desdeñándolos y abando-- 



220 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

■nándolos después por inadaptados...'^ La Sombra del 0onvento... "Ex- 
pongo... imparcialmente, diversos matices del sentimiento religioso... 
¿ Necesitaré agregar que esta novela, como las otras mías, no tiene 
tesis?..." El defecto común á las traie novelas... es su monótona difu- 
sión... El vulgar conflicto que constituye la acción externa, y el me- 
diocre drama interior de José Alberto, lentamente expuesto en largas 
reflexiones, difícilmente pueden conmover y apasionar al lector. Las 
interminables descripciones deben, por fuerza, cansarlo. Quisiéramos 
respirar en la novela ternura, pasión, heroísmo, y apenas si nos llega 
de tarde en tarcíe un vaguísimo soplo de tales sentimientos... Crónica 
menuda, pura crónica, hecha de notaciones rápidas y secas, en que la 
prosa se rompe en frases brevísmas, perdiendo todo brío, amplitud y 
eficacia... Queremos en la novela el pathos trágico." Maru Gálvez: El 
Enigma interior, poemas (1907). Sendero de humildad, poemas (1909). 
El Diario de Gabriel Quiroga, opiniones sobre la vida argentina (1910). 
Darío de Regoyos, crítica de arte (1912). La Inseguridad de la vida 
■ obrera (1913). El Solar de la ra^a, España (1913), 1918 (4.* ed). EL 
.Salón nacional de iQis, crítica de arte (1914). La Maestra normal, no- 
■ziela (1914), 1918. El Mal metafísica, novela (1916). La Vida múltiple, 
arte y literatura (críticas, 1910-16), 1916, La Sombra del convento, 
•novela, 1917. Los mejores atentos, 1919. Nacha Regules, nov., 1919. 

Ramón María Tenreiro, La Lectura. 1919 (oct.) : "Los cuentos de 
Fernández Cata suelen poseer el don de la novedad...; los temas... 
pertenecen al alucinante mundo de las fuerzas inaprensibles que pa- 
recen actuar oscuramente en nuestro interior más recóndito y en torno 
á nosotros. Suelen estos cuentos planteamos una misteriosa interroga- 
ción ; semilevantan por un instante ante nosotros la piedra que cubre 
la insondable caverna de lo incongnoscible y una bocanada glacial de 
tinieblas y espanto nos hace estremecer. Y es que ca^i siempre se alzan 
del frivolo mundo de la anécdota, que apenas ñas entretiene un mo- 
mento, y alcanzan un sentido ejemplar humano. Una vez leídos, encon- 
tramos que hemos enriquecicío nuestro conocimiento del mundo y sus 
hombres; que hemos aumentado nuestra fría y amarga experiencia... 
Tal intensidad de efecto no puede lograrse sin gran arte... Posee el don 
■supremo de saturar de expresión cada una de sus frases, y al final no 
quedarán vibrando ante nosotros muchas brillantes combinaciones de 
palabras como en otros autores, pero queda hondamente grabada en 
tiuestro ánimo la angustia de unas cuantas dolientes slí^uaciones buma- 
tias." 

Cansinos Assens, Los Hermes, 1916, pág. 242: "Pertenece á la 
nueva generación, optimista y laboriosa, en la cual se ha borrado todo 
resabio de rara rebeldía y de pesimista indolencia..., preferencia por 
las formas objetivas del arte..., ecléctico y oportuno, explora la rea- 
lidad con la intención curiosa de un Pérez de Avala y nos la muestra 
-en diáfanas zonas estéticas impersonal y varia... Cuentos pasionales, 
páginas encendidas en el último rescoldo del erotismo... en La Juven- 
-tud de Aurelio Zaldivar y en Pelayo Gonsálea acomete la norela psi- 



S. XX, 1907. J. EDUARDO BARRIOS 22? 

cológica de una latitud concienzuda... ¡Frutos ácidos, llenos de acer- 
bidad realista." Ramón María Tenreiro, en La Lectura, febr. 1916: 
"Las tres novelas cortas... son tres encamaciones de una misma negra 
visión de la vida. Según le es anunciado al lector ep el prólogo, "aun- 
^'que los personajes humanos cambien de una á otra de las novelas, las 
"dos protagonistas ideales, el Dolor y la Muerte, le acompañarán desde 
"la primera página hasta la última..." Coinciden también estas histo- 
rias en la desusada novedací de personajes y situaciones. Hernández 
Cata, que en 3u Aurelio Zaláivar supo expicsar literariamente su pie- 
dad hacia uv desdichado tipo de criatura... conserya siempre muy 
plausible interés por las vidas extrañas... Seméjanse, además, todos 
ellos en que los dolores de que sus páginas son crónica no son sufri* 
mientos de gran espectáculo, con sollozos, gritos..., sino que se sola- 
pan sordamente en fondos grises y borrosos y mil veces podemos pa- 
sar por el lado de quien los pacíece sin sospechar su tormento. Im- 
pregnados están, adlemás, estos relatos, y este es un nuevo lazo que los 
une, en la inteligencia y piedad que el autor siente por e! oscuro des- 
tino de cada imo de sus nada heroicos héroes. Cata, sobre sus altas 
cualidades de artista, muestra tener un corazón humano... El estilo en 
que el libro (Los Frutos ácidos) está escrito adáptase á maravilla al 
fondo de los asuntos narrados : voluntariosamente opaco, sobrio, oscuro, 
mesurado, pero preciso, justo, sólido, expresivo, sabe clavarnos en el 
fondo del alma la callada congoja con que el artista imaginó y desen- 
volvió sus tristes fábulas." ^ 

Alf. Hern. Cata: Cuentos pasionales, Madrid, 1907; París, 191 r. 
Caracteres predominantes de la actual lírica castellana, Habana, 1908 
(en Diario de la Marina). Lo teatral, dr.. Habana. Novela erótica, Ma- 
drid, 1909; Barcelona. 1917. Pelayo González, París, 1909. La Jucen- 
iud de Aurelio Zaldívar, nov,, Madrid, 191 1 (dos ed.), 1914. La Distan- 
cia, nov. La piel^ nov., 1913 (en La Novela Cubana). Los Frutos áci- 
dos, novelas, Madrid, 1915, 1919. Fuegos fatuos, novelas, 1916. Pelaya 
Gon::álea, nov., 1917. Pensamientos, de Sthendal, trad., Madrid, 191S. 
Los Siete Pecados, cuentos, 1919. Zoología pintoresca, 1919. El País- 
de los ciegos, de H. G. Wells, trad., 1919. Para el teatro, con Alberto 
Insúa: Amor tardío (1913). Cabecita loca. En familia (1914), El Ban=s 
dido (19 18). 

Ed. Barrios, en una entrevistar "Siempre hubo en mi una voluntad 
firme, que me diaba combatividad ante los peligros; era una fuerza 
ciega que me envolvía, me arrojaba duro de coraje en la brega y me 
inflamaba súbitamente en medio de cualquier desaliento. He tenido du- 
rante la lucha una extraña y casi inconsciente tenacidad, acaso la tes- 
tarudez del bruto, acaso la obsesión irrazonada del iluminado; en los 
momentos más difíciles he procedido por raras intuiciones, y á veces 
como conducido por alguien que invisible me guiase." F. Santiván, 
Rcv. Artes y Letras, mayo, 1918: "Podemos asegurar que... Ed. Ba- 
rrios ha conquistad de golpe un sitio definitivo en la novela nacional y-- 



222 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

que se le puede citar entre los cultores más esclarecidos del difícil arte 
de sintetizar la realidad en páginas de aparente sencillez y de interesa- 
do entretenimiento... El delicado autor de El Niño que enloqueció de 
amor, sin abandonar sus primeras cualidades, se convierte en escritor 
acorazado de fuerza, de sobriedad imperiosa, de impasibilicíad domina- 
dora de los acontecimientos que desfilan ante su pupila de sereno artis- 
ta... La exquisita sensibilidad de Barrios, sus dtotes de observador hu- 
mano, comprensivo de las ocultas miserias... En psicología infantil 
E. B. es sencillamente maestro." Domingo Melfi, Pról. á Vivir: "El tea- 
tro de Barrios presenta tipos humanos, extraídos de la realidad, con 
gran vigor de síntesis... Conocéis su saínete Por el decoro, que, si bien 
es pequeño y fugitivo, señala, sin embargo, el comienzo de la orienta- 
ción en el autor hacia los estudios minuciosos y profuncíos de la vida y 
del corazón, orientación que, pasando por la comedia Lo que niega la 
vida, dolorosamente irónica, y por la novela El Niño que enloqueció de 
amor, estudio sagaz y meticulosos, viene á dar en este drama Vivir, 
recio é inquietante, principio, indudablemente, de nuestras tragedias 
burguesas... Una ironía suave que, á veces, se trueca en sarcasmo, una 
burla sosegacia que á veces suele latiguear con audaz desenfado. Fl 
dolor vibra en esta comedia á la sordina; pero la brutalidad de la vida 
ejerce en ella un imperio desconsolador y pesimista..., un obra audaz, 
nueva para nuestro ambiente, sentida y recia." Ed. Barrios: Del na- 
tural, cuentos y novelas cortas, Iquique, 1907. Mercaderes en el tem- 
pla, dr. (premiado), Santiago, 1910. Por el decoro, com., ibid., 1913. Lo 
que niega la vida, com., ibid.. 1914. El Niño que enloqueció de amor, 
■nov., ibid., 191 5. Vivir, dr., ibid., 191 5. Un perdido, nov., ibid., 1918. 

Ventura García Calderón, La Liter. peruana, 1914, pág. 90: "Ma- 
nuel Bedoya, agresivo cronista en su mocedad, acaba de publicar una 
novela policíaca : las aventuras del detective Mack Bull, muy celebrada 
por la Prensa madrileña. Pero él no está contento. Sólo sueña, mien- 
tras escribe versos de confuso y melancólico ritmo, con poner en es- 
cena sus acerbos dramas españoles. Bríos y talento no le hacen falta 
para las grandes travesías. Sólo el viento inminente del éxito." Man- 
Bedoya : El Hermano mayor, nov., Lima, 1906. La Ronda de los muer- 
tos, dr., ibid, 1907. Los Desaparecidos, nov., Madrid, igi2. El Secreto 
del Kaiser, ibid., 1914. La Señorita Carlota, nov., ibid., 1915. Cuarenta 
y un grados de fiebre, nov., ibid., 1915. Una mano en las tinieblas de 
Constantinopla, nov., ibid., 191 5. El Hombre de las gafas de color de 
amatista, nov,, ibid., 1915. La Bola de sangre, nov., ibid., 1916. Entre 
santos y piratas, nov., ibid., 1916. El Alma de las brujas, nov., ibid., 
1916. El Hijo del doctor Wolfan, nov., ibid., 1917. La Feria de los ve- 
nenos, nov., ibid., 1917. 

211. Año igoy. Andrés González Blanco (n. 1886-), 
asturiano, esitudió en el Seminario de Oviedo (1897- 1903) y 
«n la Universidad Central (i 904-1 906), escribió poesías de 



S. XX, 1907. RICARDO ROJAS 223 

Icno provinciano, correctas, bien coloreadas y armoniosas; 
•coimpuso novelas juveniles, sobre todo de color regional, con 
frescura de impresión y suelta mano; pero ha trabajado niás 
en la critica de autores y obras modernas de España y Amé- 
rica, siendo de los que mejor conocen la literatura castellana 
contemporánea. Lanzado algo prematuramente en campo tan 
espinoso y que requiere vastos conocimientos de la historia 
literaria de otras épocas, que no ha dado muestras de co- 
nocer a fondo, tanto, por lo menos, como la contemf)o ranea, 
castellana y extranjera, notóse en sus primeras obras la fo- 
gosidad juvenil por lo voluble y poco asentado de algunos 
de sus juicios y lo variable de sus principios estéticos, pri- 
mero muy afrancesado, luego cada vez más español, antes 
naturalista y enemigo de Grecia, después amigo de Grecia 
más que naturalista, ora encomiando el modernismo, ora 
reprobando no pocas de sus cosas. Pecaba no menos de lu- 
jurioisa exuberancia yéndose tras cualquier idea que le sa- 
liese al paso y amontonando citas sin fin. Su ardimiento le 
llevaba a exagerar los encomios en unos autores y los de- 
fectos en otros. Pero ha ido podando y asentando el criterio 
por días. A'un en sus primeras obras dio muestras de cuali- 
dades excelentes. Trabajador infatigable, muy leído en todo 
linaje de libros modernos, despejado, curioso, inquieto, abier- 
tC' de corazón para albrazar toda belleza, para apropiarse 
todo hermoso sentimiento, sincero y hasta osado en fallar y 
en expresar lo que siente, ameno y suelto en el estilo. Tiene 
frescura de im(presión, perspicacia para atinar en la crítica 
y fuerza expresiva en el decir. 

Ricardo Rojas (n. 1882-), de Santiago (Argentina), huér- 
fano de padre á los diez de su edad y sin medios de fortu- 
na, debe á su talento y laboriosidad el nombre y puesto que tie- 
tie en las letras de su patria. Redactor de La Nación, primer ca- 
tedrático de Literatura Argentina (191 2), polígrafo de los más 
cultos de aquella tierra, orador, prosista y poeta. De su na- 
tural es romántico, de estilo numeroso, rotundo y aun rim- 
bombante, tanto en prosa como en verso, aunque la educación 
y entreveros discretos de modernismo le retengan á cierta al- 
tura magnífica y algo aparatosa, dentro de las lindes del más 



224 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

refinado gusto helénico moderno, algún tanito preciosista y 
rebuscado. Su obra de mayor empeño es la Historia de la Li- 
teratura Argentina, de vasta erudición, con sano criterio y 
honda penetración en el tomo Los Gauchescos, con criterio 
enciclopedista, y por consiguiente bastante antiespañol, en el 
tomo Los Coloniales; el lenguaje, más natural y llano, bien 
que poco denso y cuidado. Es la mejor historia literaria pu- 
blicada en América. 

Federico García Godoy, dominicano, alma del movi- 
miento nacionalista comenzado en La Vega, donde vivía, con 
la fundación de la sociedad Patria, y que continuó fervoro- 
samente en periódicos, folletos, libros y conferencias- Gran 
propagandista, además, de la noble idea de desenvolver la per- 
sonalidad colectiva, el alma hispanoamericana, mediante la 
literatura, contra la absorbente raza sajona. Como escritor 
es crítico excelente, estilista de pinceladas briosas y bien co- 
loridas, bien que de lenguaje á veces poco castizo. 

Juan Antonio Zubillaga (n. 1870-), monitejvideano, co- 
laborador de la Rev. de Ciencias (1892), Rev. Nac. de Liter. 
y Cieñe. Soc. (1896-97), donde publicó Zebedeo, nov. ; secretaria 
de redacción de La Prensa y El Censor, director de Montevi- 
deo Noticioso (1895), El Orden, que fundó con Rodó, Pérez 
Petit y Martínez Vigil (1898); fundador con Enrique Kubly 
de La Reforma (1903), director de la Razón (1906); redactor 
en Buenos Aires de La Mañana (1911-12), donde escribía 
sus celebrados bocetos Gente Eximia; subdirector, luego direc- 
tor, de la Biblioteca Nacional. Es escritor de la alta crítica en su 
tierra, perspicaz y de mirada comprehensiva ó sintética. 

213. cansinos Assens, Las Escuel. liter., 1916, pág. 209: "Loj 
Poemas de provincia, de A. G. Blanco, son una amplia sinfonía en la 
que cantan todos los temas de la provincia. Son el himno de la pro- 
vincia, su madrigal más largo y más sostenido... Toda la belleza dte la 
provincia, sus ingenuas gracias, su melancolía, su elegancia marchita, 
su aspiración nostálgica á la belleza viva y tumultuosa de las grandes 
ciudades ; su tedio lírico y su quietud llena de ensueño, su vetustez he- 
roica..., tiene su exaltación en este libro...; ha formado su libro como 
un gran ramo en el que hay flores de muchos jardines... La intención 
psíáblógica y el humorismo de las descripciones pudieran venirle del 
Campoamor de los Pequeños poemas y del Clarín de La Regenta; el 
ingenuo tono lírico y hasta el prosaísmo premeditado de la versifica- 




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^ 





RICARDO ROJAS 



S. XX, 1907. RICARDO ROJAS 225 

Clon, el aire obsoleto y estrafalario de algunos poemas, formatios con 
las líneas intencionales de la pura prosa, hasta la adjetivación, en mu- 
chos instantes nos hablan del influjo de Azorín. A. G. Blanco es un 
hijo de este renacimiento literario y está lleno del espíritu nuevo, que 
ha acertado á esbozar en libros de crítica como Los Contemporáneos 
y Salvador Rueda y Rubén Darío (1908). El mismo surge en liuestras 
letras en 1906, con aquel interesante estudio La Novela en el siglo xix, 
premiado en un concurso por el Ateneo. Es, pues, un epígono de los 
gloriosos hermes, y nada tiene de extraño que de ellos tenga muchos 
rasgos espirituales y que en la obra de estos hermes se hallen las 
imágenes originales que han estampado huellas indelebles en sus pá- 
ginas. Pero si las primeras intenciones de algunas obras suyas no son 
absolutamente originales; si en Matilde Rey y Doña Violante siguió 
la orientación madrileñista ya iniciada, y si en este* Poemas de pro- 
vincia hay muchas resonancias efe liras anteriores, á él corresponde el 
lauro de haberles dado una coordinación definitiva y armónica y for- 
mado la más larga teoría de motivos sentimentales en torno á los pena- 
tes provincianos. Después de él la provincia, como tema lírico, que- 
dará exhausta; porque en esta obra suya han cristalizado ya, con for- 
tuna perenne, todas las vagas sugestiones del encanto provinciano. 
G. B. ha recogidlo la más alta suma de poesías que puede brindarnos 
la provincia." A. González Blanco : Los Contemporáneos, apuntes 
para una historia de la literatitra hispanoamericana á principios del 
s. XX, 2 vols., I.^ serie, París, 1907; i vol., 2." serie, ibid., 1910; 2 vols., 
3.* serie, ibid, 1912. Los Grandes maestros Salvador Rueda y Rtibé?i 
Darío, Madrid, 1908. Historia de la novela en España desde el roman- 
ticismo, ibid., 1909. Poemas de provincia, Madrid, iQio. Elogio de la 
crítica, ibid., 1910. Matilde Rey, nov., ibid., 191 1. Campoamor, ibid.. 
1912. M. Men'éndez y Pelayo, ibid., 1912. Doña Violante, nov. La Eter- 
na historia, nov. Antonio de Trucha, su vida y sus obras, páginas es- 
cogidas, Bilbao, 1914. Jidieta rediviva, nov., Madrid, 1915. Alberto de 
Bélgica, ibid., 191 5. El Paraíso de los solteros, nov., ibid., 1916. Un 
déspota 6 un libertador, el problema de México, ibid., 1916. El Kron- 
prinz, 1917. Escritores representativos de América, ibid., 1917. Los 
Dramaturgos españoles contemporáneos (Benavente, Linares Rivas, 
Dicenta, Marquina), ibid., 1918. Mademoiselle Milagros, nov., ibid., 

1918. Edgar Poe, nuevas histor. extraordinarias, trad. (tomo V), 1918. 
Las Frivolas y las perversas, ibid., 1919. Larra, 1919. Jacopo Ortis, de 
Hugo Foseólo, trad., Valencia, 1919. Stendhal, paseos por Roma, trad, 

1919. Prosas bárbaras y otros ensayos, de Ega de Queiroz, trad., Ma- 
drid, 1919. Anteras de Quental, Víctor Hugo y otros ensayos y obras, de 
Eqa de Queiroz, trad., 1919. Tradujo otras varias obras de E>;a de 
Queiroz. Balzac, Tratado de la vida elegante, trad., 1919. 

No sé á qué pueda atribuirse en escritor que tan amante se mos- 
tró en otras ocasiones de España como Ricardo Rojas, el frío desdén 
y hasta menosprecio que muestra de Los Coloniales y de la cultura 

TOMO XII.— 15 



226 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

que España llevó á América; y, lo que peor es, los errores históricos ó 
patrañas, buenas para mitin plebeyo y pasaderas en labios de los ame- 
ricanos cuando se apartaron de España, pero que ya no son admitidas 
en ninguna parte. Tales son las ideas acerca de la Inquisición y la pro- 
hibición de lecturas. "El clero católico" no "ejercía la policía del pen- 
samiento", sino puramente la del dogma católico, ni "Inquisición es 
decir la que inquiere el secreto de las conciencias ajenas", ni "ser- 
víanse (los inquisidores) hasta del último confesor y sus fieles, teme- 
1 arios y temerosos". Tal como esto suena y se entiende, es infamante 
para la Iglesia, va contra el sagrado secreto de la confesión sacramen- 
tal y es históricamente falso. Todo el libro está escrito en tono amargo 
y quejoso de que España hubiese matado en América la nonnata li- 
teratura, cuando ha sido la única nación que llevó á sus colonias todos 
los elementos d'e cultura y no las consideró como puras explotaciones 
materiales. Los Coloniales que describe Rojas no son los verdaderos 
coloniales; no son, á Dios gracias, los padres de los actuales argen- 
tinos, sino fantasmas falseados, supongo que por desconocimiento de 
las cosas, más bien que por intención aviesa. "En tal ambiente langui- 
decían los estímulos del arte y la libre variedad de la vida sensual." 
Como si el desenfreno de la sensualidad fuese cosa tan de desear para 
la educación y civilización de los indios y al arte faltasen estímulos 
por recogerse los libros heréticos y las novelas caballerescas. "Tanto 
como á los enciclopedistas del siglo xviii, dióse en perseguir las cró- 
nicas de América. Se deseaba ocultar á los americanos el origen bru- 
tal de la conquista." Cortar la leyenda negra y falsa historia, comen- 
zada con el libelo de Las Casas, es lo que se quería; ninguna nación ha 
escrito y publicado más crónicas de sus colonias. ¡ Ojalá se conociese 
la conquista y colonización americana ! ¡ Entonces sí que se conocería 
el espíritu de conquista americana y no se llamaría "brutal conquista !" 
Los Gauchescos es otra cosa muy superior^ es la más honda investiga- 
ción que se ha hecho sobre la materia. Tanto va el tener cariño ó mal- 
querencia al asunto histórico que se trata. Ricardo Rojas no mira con 
buenos ojos al catolicismo y la antigua España que lo defendió: tal 
es la raíz de los desaciertos en que cae al juzgar las cosas de España, 
en esta y en sus demás obras. Y es un duelo, porque en todo lo demás 
da muestras de gran talento, vasta erudición y es acabado hombre de 
letras. Acaso este mismo desvío antirreligioso y antiespañol le llevara 
á buscar en los indios más de lo que la Historia ha visto respecto de 
la etnología hispanoamericana. Algo de sangre india corre por las ve- 
nas de los hispanoamericanos; pero por más que Rojas se empeñe, 
ellos siguen siendo en espíritu tan españoles como los que acá se que- 
daron. Man. Gálvez, La Vida múltiple, 1916, pág. 233: "Rojas es, orgá- 
nicamente, un ideólogo. En este país, donde los escritores tienen escaso 
apego á las ideas, tal vocación le caracteriza. Su obra, pues, lejos 
de ser puramente literaria, se acrecienta en mérito por su haber ideo- 
lógica. Salvo en La Restauración nacionalista, donde el pensador pre- 



S. XX, 1907. RICARDO ROJAS 227 

domina claramente sobre el literato, en los libros de Rojas las ideas 
sólo forman el fondo íntimo, y á veces no aparecen visibles, disimu- 
ladas, como están, por el exceso literario. Pero tan ideólogo es Rojas, 
que se inició en las letras — cosa singular tratándose de un adoles- 
cente — con un poema ideológico : La Victoria del hombre. La incli- 
nación de Rojas á la elegancia, su amor al estilo y su carencia de pe- 
dantería, le hacen dar á sus libros aspecto literario. Así este Blasón 
de plata, que, siendo fundamentalmente un libro de ideas, resulta la 
obra de un literato y de un poeta... La ideología de Rojas — conti- 
nuando — es, más que psicológica ó moral, política. Se trata de un 
espíritu práctico, de un hombre de acción que filosofa sobre múltiples 
cuestiones que atañen á la sociedad. Le interesan los grandes proi)¡c- 
mas sociales, los destinos de los pueblos, la educación, los sentimien- 
tos colectivos. No es un psicólogo del subjetivismo, ó, para decirlo me- 
jor, un "intimista", sino un pensador político. Y así, en más de un 
sentido, es un descendiente espiritual de Alberdi y de Sarmiento. De 
su vago socialismo de los veinte años, Rojas ha pasado después de la 
pequeña y feliz evolución que necesitaba, á ser apóstol y verbo del ac- 
tual movimiento nacionalista... Ningún libro de Rojas está mejor pla- 
neado, mejor escrito, mejor hilvanado. Ninguno causa tanta emoción 
ni tanto cíeleite. Ninguno presenta la misma unidad total. Es un libro 
personal, vigoroso, sincero, inspirado. No debe nada á nadie, si no es 
á su propio autor. Hay en todo él un grande amor á la patria, y se 
diría que vientos proféticos hacen vibrar sus páginas. Además, cons- 
tituye para el pueblo, á quien va dirigido, una enseñanza y un ejem- 
plo. Está escrito en estilo numeroso, fácil, elocuente, musical, quizás 
en exceso sonoro y oratorio. Es la prosa de un maestro, aunque no 
es la prosa que debe estimarse en más. Yo prefiero, desdle luego, la 
prosa viviente, jugosa, sin énfasis ni empaque alguno; la prosa sin 
literatura y que es toda precisión y energía. Pero esta preferencia no 
me autoriza á desdeñar esta otra, que, bien manejada, puede dar ad- 
mirables resultados. Tal es el caso de Rojas. Se ha acusado á Rojas 
de usar un estilo en exceso retórico, sobre todiQ en Blasón de plata. 
La acusación me parece injusta. Rojas no es un retórico. Sus libros 
han nacido, no de otros libros, que es lo que caracteriza á la literatura 
retórica, sino de fuentes vivas. El País de la seh'a procede del pueblo, 
de sus costumbres y tradiciones. Es un documento para el estudio del 
folklore argentino. Blasón de plata ha soirgido de las entrañas misrnas 
de nuestra raza y ác nuestras tierras. ¿ Pueden ser retóricos tales li- 
bros? Además, lo retórico huele á decadencia, á lug'ar común, á frial- 
dad. Blasón de plata, que emociona, ¿puede ser un libro retórico? El 
estilo de Rojas es altisonante, algo enfático, siempre lírico; pero el'o 
no implica la calidad de retórico. Adfemás, las indicadas caracte- 
rísticas no son malas, al contrario: el caso es saber usarlas. Y Rojas 
lo sabe, pues tiene el sentido de la adecuación. Yo estoy seguro de que 
él jamás escribiría una novela en la prosa de Blasón de plata." Ro 



228 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I9O7) 

berto F. Giusti, Nuestros poetas jóv., 1912, pág. 70: "A semejanza 
de Jaimes Freyre, sólo adquirió en principio un superficial barniz 
modernista, sin transformar su naturaleza romántica, otro de los jó- 
venes y brillantes poetas que rompieron la marcha diez años atrás: 
Ricardo Rojas. No se inició con peregrino brillo, pero sí con feliz se- 
guricíad. Después de Las Montañas del oro, después de Castalia Bár- 
bara, La Victoria del hombre (1903), el meditado poema con que se 
presentó el gallardo mozo que de poco había pasado los veinte años, 
venía á afianzar el prestigio de la nueva generación. Reveló, en pri- 
mer término, á un estudioso y una mente equilibrada: por cierto que 
el poeta no engañó las esperanzas que en él puso el reducido círculo 
que le leyó. Lo hemos visto más tarde superado por el prosista cíe 
austero y pomposo estilo; por el catedrático, justo orgullo de la Uni- 
versidad de La Plata; por el propagandista de un noble ideal — tan 
noble como discutible — ; sin embargo, es menester hacer la salvedad 
que en ellos, en el escritor, en el profesor, en el apóstol, el poeta es 
lo substancial, el motor oculto. Ante todas cosas. Rojas es un soñador. 
¿Quién no conoce la predicación idealista á que se ha consagrado? 
Un poeta, un soñador, pues, pero también un predicador. Y tiene, en 
efecto, de éste el genio oratorio. Rojas siempre declama, en verso y 
en prosa, cuando habla y cuando escribe... Las influencias que más se 
advierten en el Rojas de la primera época : la de Víctor Hugo y la dt 
Núñez de Arce, dos oradores en verso. Y establezco esta diferencia de 
épocas, porque la reciente obra poética de Rojas, Los Li^es del blasón 
(1911), se orienta según otras tendencias... La Victoria del hombre 
fué una ambiciosa tentativa juvenil por desarrollar en un poema cí- 
clico un trascendental pensamiento sociológico. Al magnífico abuelo 
que escribió la inmortal Leyenda de los siglos, habían de nacerle arro- 
gantes nietecillos en esta América... "Hombre del siglo — ha dicho 
"Rojas, explicando su concepción — he aceptado mi solidaridad con 
"él, inspirándome en sus más generosos ideales..." No; no es tocíavía 
un gran poeta Ricardo Rojas, pero es un buen poeta. No tiene la fas- 
cinante pujanza de Lugones, ni la encantadora alma lírica de Banchs; 
pero no carece de ninguna de las condiciones que dan valor á su arte; 
su mente es clara, su corazón ardiente, ágil su fantasía, musical su 
voz; los más nobles objetos le inspiran: el amor, la amistad, la patria, 
la belleza; le preocupa el misterio de las cosas y... tiene conciencia 
de lo que dice... Yo encuentro en Rojas, sobre todo, el alma de un 
gran poeta civil, austera y vibrante de emoción patria ; á mi ver, le in- 
dican el camino que debe seguir la Oda latina, el Oratorio laico y el 
Cíinto de la mañana de mayo." Ríe. Rojas: La Victoria del hombre, 
poema, 1903. El Pais de la selva, París, 1907. La Sangre del sol, poe- 
ma (en La Nación). Biblioteca Argentina, 18 vols. El Alma española, 
ensayo sobre la moderna literatura castellana. Valencia, 1908. Cartas 
de Europa, Barcelona, 1908. La Restauración nacionalista, informe de 
educación, 1909. Cosmópolis, París. 1909. Blasón de plata, B. Aires, 
1910 (en La Nación), 1912. Bibliografía de Sarmi-cnto, ibid., 1911. Los 



S. XX, 1907. JUAN ANTONIO ZUBILLAGA 22g 

Lises del blasón, poesías, B. Aires, 191 1. La Piedra muerta (en La 
Nación), ibid, 1912. La Literatura argentina, ibid., 1913. Archivo ca- 
pitular de Jujuy, ibid., 1913-15, 3 vols. La Universidad de Tucumán, 
ibid., 191 5. La Argentinidad, ensayo histór. sobre nuestra conciencia na- 
cional en la gesta de la emancipación (1810-16), ibid., 1916. Poesías de 
Cervantes, ibid,, 1916. Historia de la Literatura argentina : t. I, Los 
Gauchescos, ibid., 1917; 11, Los Coloniales, 1918; III, Los Proscriptos, 
y IV, Los Modernos (en preparación). Olegario Andrade, en La Lectura 
(VIII, págs. 152-180). Rubén Darío, en Mercure de France (LXXII, 
págs. 459-474). Carlos Guido y Spano, en Nosotros (1918, oct,). Con- 
súltese La República, 1917 (cric), 

Mariano Abril, Plumas amigas, 4.' fase, 1913: "García Godoy, en 
el actual movimiento literario dominicano se destaca con personali- 
dad propia, con robusta y vigorosa personalidad, porque se inspira en 
el medio ambiente que le rodea, porque se satura de las pasiones que 
agitan á su pueblo. No es un novelista en la verdadera acepción de la 
palabra; carece de la inventiva necesaria al novelador. Sus inclina- 
ciones y sus estudios le llevan hacia la crítica y la filosofía, en los que 
ha librado ya algunos combates. Alma dominicana no es una novela, 
aunque así la titule su autor. La factura novelesca es muy pobre en la 
obra; se reduce á dos ó tres pinceladas de color, admirablemente tra- 
zadias, y al tipo de Pedro Antúnez, en el que encarna al pueblo domi- 
nicano; pero toda la obra es una serie dte disquisiciones políticas sobre 
cierto período histórico de la vida de aquel pueblo: el período de la 
anexión. Se ve que es el autor el que habla, censura ó aplaude; si 
todas esas disquisiciones salieran de labios de un grupo de personajes 
trazados á la manera de Pedro Antúnez, Alma dominicana sería un 
Episodio nacional á estilo de los del maestro Galdós, porque hay en ella 
cuadros descriptivos hermosos, como el de La Bandera, y un tipo bien 
delineado, psicológicamente, el de Pedro Antúnez, el único que apa- 
rece en la obra, pero que refleja fielmente la psiquis del criollo domi- 
nicano, pendenciero y enamorado, rústico y generoso, dispuesto siem- 
pre á sacrificar la vida por su bandera, que simboliza la independencia 
de su patria... La obra de García Godoy es una obra patriótica, en la 
que palpita el alma de un pueblo heroico." F. García Godoy: Recuer- 
dos y opiniones. Impresiones. Perfiles y relieves, Santo Domingo, 1907. 
La Hora que pasa. Rufinito. Alma dominicana, nov., 191 2. Páginas 
efímeras, reimpresas con el título de La Literatura americana de nues- 
tros días, Madrid, 1915, Guanuma^ nov., 1915. La Literatura domini- 
cana, N. York-París, 1916 {Rev, Hisp.). De aquí y de allá, notas criti- 
cas, Santo Domingo, 1916. Americanismo literario, Madrid, 1917, 

Zubillaga : La Prensa independiente en la época de José Batlle y Or- 
dóñez, Montevideo, 1907. Sátiras é ironías, páginas del periodismo^ 
ibid., 1913. Crítica literaria, ibid., 1914. La Obra de Rodó. Nuevos es- 
tudios críticos. La Obra del doctor Luis Melián Lafinur, 191 5 (en 
Nosotros, oct.). 



23o ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

214. Año 1907. Federico Urbach (n. 1873-), de Matanzas (Cu- 
ba), poeta intenso y melóciico, publicó Oro, poesías (con su hermano 
Carlos Pío), 1907. Amor de ensueño y de romanticismo, versos, Ha- 
bana, 1908. Doloroso, idil. trág., 1910. Resurrección, nuevos poemas, 
1916. El Dolor de la vida, poesías (en prepar.). 

Felipe Cortines y Murube, sevillano, colaborador de El Carha- 
yón de Oviedo (1903), poeta discípulo de Gabriel y Galán, buen colo- 
rista, publicó Ideas jurídicas de Saavcdra Fajardo, Sevilla, 1907. De 
Andahicía, rimas, ibid., 1908. El Poema de los toros, ibid., 1910. Nue- 
vas rimas, ibid., 191 1. Del campo y de la vida, crónicas. Jornadas de 
un peregrino^ viaje á Tierra Santa, ibid., 1913. Romances del camino, 
ibid., 1916. Un sevillano en París, Madrid, 1918. 

Alberto Zum Felde (n. 1888-), de Bahía Blanca (Uruguay), por 
seuA Aurelio de Hcbrón, subdirector de El Día, oficial primero del mi- 
nisterio de Relaciones Exteriores, secretario de la Biblioteca Nacio- 
nal, publicó Domus Áurea, versos, Montevideo, 1907. El Uruguay ante 
el concepto sociológico, 191 1. El Eluanakauri, ensayo filosófico, 1917, 
proclama poéticoideal á los americanos sobre el desprenderse de todo 
lo extranjerizo y tirar á un desenvolvimiento en lo propio y exclusivo 
del Nuevo Mundo. El Caudillo, dr., 1918. Consúltese Alberto Lasplaces, 
Opiniones literarias (pág. 185). 

Mariano Alarcón (n. 1883-), de La Línea de la Concepción (Cá- 
diz), pinta refinamientos eróticos (en Campo de Gules) y convierte en 
carnal el amor de María Magdalena para con Jesús en El Narrador 
de parábolas. Hombre de talento, que ha viajado por América y Euro- 
pa, no acaba de encauzar sus muchas energías en dirección determi- 
nada, y así no se puede todavía dar fallo diefinitivo acerca de su obra. 
Publicó dos libros de teatro en 1907. El primero, Moisés contemporá- 
neo, que contiene la trilogía dramática: El Éxodo, En el desierto y La 
Tierra de promisión; el segundeo, Rescatada, Rayo de sol (solas muje- 
res), La Fucr::a de la corriente. Además, El Narrador de parábolas, 
1910, 1914. En campo de gules, 191 1, 1914. Palabras de loco, 1914. Co- 
ram populo, conferencias, 1916. El Castillo, com., 1918. Impresiones de 
un viaje á N. York, Madrid, 1918. Hijos de Adán, trag. campesina, 
1918. La Sangre del leopardo, com., 1918. 

Juan Givanel y Mas, catalán, muy erudito, publicó Una edición 
crítica del "Quijote''^ (por Cl. Cortejón), Madrid, 1907. Don Quijote en 
Cataluña, Barcelona, 191 1. Estudio crítico de la novela caballeresca 
''Tirant lo Blanch", 191 1 (en Arch. de Invcst. Hist., 213, 319; H, 392, 
477). Examen de ingenios (sobre la edición del Quijote por Rodríguez 
Marín), Aladrid, 1912. La Novela caballeresca española, estudio del 
"Tirant lo Blanch^\ 1912. Prosa epistolar, colccc. de cartas de los prin- 
cipales escritores de los siglos xv y xvi, 1913. Devocionario poético, 
1913. Una mascarada qttixotesca celebrada á Barcelona l'any iój3, 
Barcelona, 1915. Tres documents inéd. ref. al Don Quijote^ 1916. Ca- 
talcg de la Collecció Cervántica formada por don Isidoro Bonsoms, 



S. XX_, 1907. ENRIQUE BLANCO ROJAS 23 1 

ibid., 1916. Les Edicions goiiques del ^'Tirant lo Blanch" en la Bihl. de 
Catalunya, ibid., 1917. Argot Barceloní, ibid., 1919. 

215. Año 1907. Francisco Aguado estrenó La Esposa de Jesús, 
juguete, 1907. — Aitz-gorri (seud.) : Hojas de otoño, Habana, 1907. — 
Catalina Albert, por seud. Víctor Cátala, publicó Vida trágica, cuen- 
tos, Madrid, 1907. La Enjuta, nov,, 1910. Pardo Bazán, en Helios, t. III, 
pág. 269: "El sentido dte la fatalidad, la percepción de lo trágico en 
la realidad más humilde, las encontramos en una escritora que empieza 
á ser conocida y se oculta bajo el seudónimo masculino de Víctor Cá- 
tala. Ignoro su verdadero nombre; pero sus novelas cortas, escritas 
en catalán, revelan un vigor nada común de observación y expresión... 
Dramas rurales... : el estudio de la victe, dramática aldeana es muy real.'' 
— Álbum nacional (argentino), B. Aires. 1907. — Tomlá.s Alcántara 
Vicente publicó Pasionarias, Guadalajara, 1907. — Carlos A. Aldao 
publicó A través del mundo, B. Aires, 1907 (2." ed.), 1912 (4." ed., au- 
mentada). Reseña histórica de guerreros de la Independencia, ibid., 
1910. Samuel Haigh, bosquejos de Buenos Aires, Chile y Perú, traduc- 
ción, B. Aires, 1918. Basilio Hall, el general San Martín en el Perú, 
traduce, ibid., 1918. — Alma latina, apuntes biográficos redactados por 
notables escritores, París, 1907. — Luis Almayor Beinat estrenó Car- 
men y Marieta, zarz. (1907). — Antonio Alonso Terrón publicó Polí- 
ticos granadinos, Granada, 1907. — Lisandro Alonso Llamazares^ poe- 
ta modernista, premiado por Iba solo en los Juegos Florales de León, 
1907. — Basilio Alvarez, presbítero gallego, publicó Por tos agros ceU 
tas, cuentos, Madrid, 1907. El Libro del periodista, 1912. Abriendo el 
surco, 1913. — Los Amantes de Teruel, Antonio Serón y su Silva á Cin- 
tia, Madrid, 1907. — Fray José Antón y Gómez (n. 1878-), de Acinas, 
benedictino de Silos (1896), director de la Rev. Eclesiástica, de Valla- 
díolid (1907-18), donde publicó muchos artículos de Historia, Teología 
y de cosas presentes. — Archivo General de la Nación, acuerdos del 
extinguido Cabildo de B. Aires, ibid., 15 ts., desde 1907 á 1917. — Ar- 
chivo y Musco Histórico de Montevideo, rev., Montevideo, desde 1907. 
— Manuel Arias, asturiano, publicó La Grandeza en lo pequeño, nov., 
Matanzas, 1907. — Jaime Arroyo publicó Historia de la Gobernación de 
Popayan, ibid., 1907. Popayan en la Colonia, ibid., 1910. — Juan Ayme- 
RICH, argentino, poeta parnasiano, imitador de Heredia y á veces ro- 
mántico en Joyeles, Córdoba, 1907, gran cincelador d!e sonetos, no del 
todo fríos; díespués compuso poesías más variadas en metros y tonos, 
como las suaves y melancólicas de Primavera sentimental. También ha 
hecho traducciones. — Manuel Barros Arguelles, poeta mejicano, pu- 
blicó Candentes, 1907. — Osealdo Bazil, delicado poeta de endecasílabos 
y métrica algo libre, d'e Santo Domingo, publicó Arcos votivos, versos, 
Habana, 1907. Parnaso dominicano, Barcelona, 1917. — Luis Bello, 
periodista madrileño, publicó El Tributo á París, 1907. — Alejandro 
Bergalli publicó Vademécum del estudiante, B. Aires, 1907. — Enrique 
Blanco Rojas estrenó La Llegada de los Reyes, jug. (1907). — R. A. 



232 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

Blázquez y González publicó Sumaria descripción de Avila y su pro~ 
vincia, ibid., 1907. — Jacinto Bonilla y Sánchez, de Albalate de la 
Jara, director de El Eco de Talavera, publicó Mis últimas poesías, Ma- 
drid, 1907. — Isidro Bonsoms y Sicart, catalán, publicó La Edición 
príncipe del "Tirant lo Blcinch", Barcelona, 1907. Noticia de algunas 
chra-s de Bibliografía, hiohiblio grafía y Catálogos españoles, ibid., 
1907. Introducción á la lectura de unos fragmentos de las traduce. cOr- 
talanas de la "Fiamtnetta^' y del "Decamcrone"..., 1908 (en Bol. Acad. 
B. L. Barc, IV-V). Books printed in Lima and elsczvhere in S. Amc= 
rica (iSoi-3p), Boston, 1908. Fragmentos de las traduce, catal. de la 
"Fiammeta" y del ^'Decamerone" de Bocc, ambas anónimas y del si- 
glo xr, 1909. — Ricardo Buenanar publicó Juveniles ensayos de rima::, 
Habana, 1907. — ^Alejandro Bueno García publicó Reseña histórica de. 
la villa de Nerja, Vélez-Málagra, 1907. — Juan Antonio Bueno publicó 
Balbuceos, poesías, Madírid, 1907. — J. S. {Fray Buscón) publicó Cartea 
intimas {Memorias filosóficas de un novicio), Palma. 1907. Sueños 
fantásticos, ibid., 1907. — R. de Bustamante publicó Nieves, prosas ri- 
madas, Tenerife, 1907. — Constantino Cabal^ asturiano, redactor del 
'Diario de la Marina, publicó Del amor, cantos, Habana, 1907, Cova- 
donga, Madrid, 1918. — Cándido Cabello Sánchez publicó Pasionarias, 
versos, Toledo, 1907. — El padre Dionisio Cabezas publicó La Flor 
del Ebro, S. Dominguito del Val, ley. poét., Barcelona (1907). — 
Juan Bautista Cabrera publicó Poesías religiosas y morales, Madrid. 
1907. — El padre Calasanz Rabaza escribió Poesías, Valencia, 1907. Es- 
pinelas, ibid., 1914.' — Antonio Calero Ortiz estrenó ¡Vaya caló!, dial., 
(}907). Curro Achares, entrem. (1915). El Bautizo del nene, sain. 
(1917), Sangre virgen, dr. lírico (con Rubiales), 1918. El Triunfó del 
Trianero, sain. (con César García Iniesta, 1918). Nubccita de vcra^ 
no, com., 1919. — Enrique Calonge publicó De una vida, cuartele- 
ras, 1907. Pepe Luis, novela, Madrid 191 1. La Pitusilla, 1919. — M. Cal- 
VACHE publicó El Crimen de ahora, nov. repres. (1907). — José I\Iaría 
Campoy_, de Lorca, publicó De mi pueblo, apuntes para la historia de 
Lorca en el s. xix, Lorca, 1907. El Fuero de Lorca^ Toledio, 1915 
(2.' ed., la i.^ en El Eco de Lorca). — Cancionero de los Amantes de 
Teruel, colección de ¿00 cantares, escritos por los mejores poetas con- 
temporáneos, ívladrid, 1907. — Tomás M. Cañas^ periodista, publicó 
Perdón y olvido, nov., 1907. Entre sombras, comedia dramática. La 
Obsesión, dr„ Habana, 1910. Mostacilla, jug. La Sierpe, dr. Alma 
triunfante, com. El Torbellino, com. — Francisco Cañellas, de Cien- 
fuegos (Cuba), publicó Del camino, Habana, 1907. La Vida que pasa. 
Valencia, 1912. Al través de mis lentes, crón. y crít., 1916. — Ignacio 
Cardenal estrenó Marca de presidio (con Lucas Sánchez Cuesta), Cá- 
ceres, 1907. — Mariana A. B. Carretero publicó Dos primos célebres, 
ley. hist... Burgos (1907). — Manuel Casas Fernández publicó Pláticas 
y crónicas, Coruña, 1907. — Augusto Castrobello publicó El Pernales, 
historia de este célebre bandido, Barcelona, 1907. — Francisco Cepeda 
Y Taborcias publicó Anales de Navia, varioe libros, 1907-10, MadritL 



S. XX, 1907. AURELIO DÍAZ MESA 233 

Notas de papeles viejos, afectuosidades de versos y prosas, 19 10. 
— Manuel M. Cervera publicó Historia de... Santa Fe (1573-1853), 
2 vols., Santa Fe, 1907. Juan de Garay y su retrato, B. Aires, 191 1. — 
José María de los Corrales publicó La Boda, cuentecito montañés, 
Torrelavega, 1907. — Manuel B. Cossío, de la Institi:ción Libre de En- 
señanza, director del Museo Pedagógico, nombrado catedrático de Pe- 
diagogia sin oposiciones, publicó El Greco, 2 vols., Madrid (1907). El 
Entierro del Conde de Orgaz (1914). Lo que se sabe de la vida del 
Greco (1914). — Costumbres y rebuznos alcarreños en renglones cortos 
y largos, por el Celipe y el Pólito, Madrid 1907. — Abel de la. Cuadra 
Silva, costumbrista chileno, publicó Una remolienda, 1907. De antaño 
y hogaño, 1908. Leyendas y tradiciones religiosas de Chile, 1908. — El 
Cuento Semanal, Madrid", desde 1907, donde se han publicado cosas muy 
buenas á vuelta de no poca broza y esperpentos novelescos. — Rufino 
Cuervo Márquez, bogotano, periodista, redactor de El Correo Nacio- 
nal, publicó Colombia y su renacimiento, Caracas, 1907, — Jorge y José 
DE LA Cueva (n. 1884- y 1887-), hermanos, naturales de La Palma 
(Huelva), siguiendo las huellas de los Quinteros, escribieron el sainete 
Aquí hase farta un hombre (1907), con música de Chapí, premiado por 
el Heraldo, que gustó mucho y despertó esperanzas... fallidas. Fueron 
á menos en Perlas buscadas, comedia (1909) ; Buena recomendación, 
entremés (1909) ; Agua de mayo, comedia (1910) ; Al alcance de la ma- 
no, con música de Bretón (191 1). — Adelardo Curros Vázquez es- 
trenó Mañana de gloria (1907). El Manojo de claveles (1907). — Atilio 
M. Chl\ppori, excelente novelador argentino, publicó Bordeland, Bue- 
nos Aires, 1907, con una novela corta al principio, digna de todo en- 
comio. La Eterna Angustia, 1908. Man. Calvez, Los Mejores cuentos, 
1919, pág. 15: "Es, tal vez, el más artista de nuestros autores de cuen- 
tos. Posee una rara y sutil sensibilidad, el difícil sentido de la com- 
posición y el don de la prosa artística. Si sintiera y conociera el cas- 
tellano como siente y conoce la música y el color d'e las palabras, se- 
rían escasísimos los estilistas hispanoamericanos que pudieran com- 
parársele. Su literatura, enfermiza é impresionante, arte de sensacio- 
nes, exhibe, en forma no exenta de piedad, la vida angustiosa de los 
pobres seres que están al borde de la locura. Sus dos obras de índole 
narrativa — Borderland, cuentos, y La Eterna a^ngustia, novela — , 
diestilan la melancolía de lo irremediable y el horror de la tragedia. 
Ha publicado, además, La B\clleza invisible, crítica de arte. El cuento 
La Corbata azul, la mejor de sus páginas, es una pequeña obra maes- 
tra." — Philip H. Churchman, profesor de la Universidad de Har- 
vard, publicó Espronceda's Blanca de Borbon, 1907 (en Rev. Hisp.). 
More Inédita, 1907 (ibid.). An Spronccda Bibliography, 1907 (ibid.). 
Himno al Sol, de Espr., 1908 (en Modcrn Languagcs Notes). Byron 
and Espronceda, 1909 (en Rev. Hisp.). Biginings of Byronism in 
Spain, 1912 (ibid.). — Aurelio Díaz Mesa, chileno, que supo dar en 
sus saínetes con la vena popular, estrenó, con loa, Rucacahuin, dr., 
Santiago, 1907. En la Araucania, Santiago, 1907. Bajo la selva, dr.. 



i34 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

1913. Con SU destino, com., 1913. Damas de moda, opereta, 1914. His^ 
toria de Chile, Barcelona, 1915. Amorcillos, com., 1916. Martes, jueves 
y sábados, dial., 1916. Consúltese I. Otero Bañados, Aur. D. Mesa (en 
Ideales, Concepción, 1916). — Pedro Díaz Valdizan publicó R^ecuerdos 
de mi Cantabria, Sevilla, 1917. — Documentos correspondientes al reí' 
nado de Sancho Ramírez, Zaragoza, 1907. — Documentos referentes á 
los indios llamados Xicaques en la Amér. Central, por Antonio Graiño, 
Madrid, 1907. — Amalia Domingo Soler publicó Las Grandes virtudes, 
cuentos para niños, Barcelona, 1907. — F. del Dongo publicó El Beso de 
la Muerte, nov., Barcelona, 1907. — Eladio Egaña, salesiano, publicó 
Vida del V. P. Juan Bosco, Sevilla, 1907, 1916. — Miguel Eróles Ruiz 
publicó En el arroyo, dial, en verso, de costumbres madrileñas, Córdoba, 
1907. Ultima noche, monól. (con Felipe Gil de Arana), 1908. — Manuel 
Escude Bartoli publicó Atlas geogr. iberoamericano: t. I, España^ 
descripc. geogr. y estadística, Barcelona (1907). — Januario Espinosa, 
chileno, por seud. Tomás Gordeieff, Juan Doble, dulce é idílico pintor 
de la vida campesina en su primera novela (Cecilia), trató de presen- 
tar en La Vida humilde las costumbres de la clase media. Publicó Ce- 
cilia, nov., Santiago, 1907. La Muerte misteriosa de Marini, folletín po- 
licial, 1912. La Vida humilde, nov., 1914. Las Inquietudes de Ana Ma- 
ría, nov., 1916. — FerNíÁndez Brochado estrenó Amor eterno, entr. 
(1907). Los Teléfonos, jug. (1907). — Alvaro Fernández de Miranda 
publicó Historia de... Grado y su Concejo, Madrid. 1907. — Mariano 
Fernández de Echevarría y Veytia publicó Los Calendarios mexi- 
canos, México, 1907. — El Marqués de la Florida publicó Estela de 
un muerto, Madrid, 1907. — Fernando Fortún (1890-1914). madrileño, 
publicó La Hora romántica, poesías, Aladrid, 1907. La Poesía fran- 
cesa moderna, ibid., 1913, buena antología. Reliquias, ibid., 1915. — 
Antonio Galán publicó De mi tierra, poesías, Cád'iz, 1907. — Pedro 
Luis de Gálvez, por seud. Dorio de Gados, publicó Tregua, nov.. 1907. 
Existencias atormentadas, id., 1908. Un cobarde, id., 1909. Lolita Acu- 
ña, id., 1909. Princesa de fábida, id., 1909. La Princesa de fábula y 
Cambio de postura, novelas, 1910. Por los que lloran, monól. (con Fran- 
cisco Martínez), 1910. La Tragedia de don Iñigo, 191 1. Cuentos al oído, 
191 1. Amor de reina, nov., 191 1. Al margen de la vida, 191 1. La Casa 
verde, nov., 1913. De los malditos á los divinos, anécdotas, 1914.— 
Claudio Gárate, cubano, publicó Ernestina (20 cuentos). Habana, 1907. 
— G. García Valenzuela publicó Rumor de notas, versos, Madrid*, 1907. 
— Joaquín García Cruz estrenó Carne de tablao (1907). Sol de África 
(1907). A''. P. U. (1907). — Salvador García Torres publicó Flores 
de amor, poesías, París, 1907. — Francisco J. Garriga (n. 1864-), 
de Cadaqués (Cataluña), periodista, poeta en catalán, catedrático 
de Literatura en los Institutos de Reus (1892) y Barcelona (1913), 
puntual y erudito tratadista de literatura, publicó Soledad, nov. 
de Víctor Cátala, trad.. Barcelona, 1907. Menéndez y Pclayo, dis- 
curso, Madrid, 1912. Preceptiva, 2 vols., Barcelona. Literatura del an- 
tiguo Oriente y los clásicos, ibidem (1918). Poesías (núm. 306 de Lee- 



S. XX, 1907. DÁMASO LEDESMA 235 

iura Popular), 1919. — Pablo Giacometti estrenó La Muerte civil, dr.^ 
Barcelona, 1907. — IManuel Gilm.\n publicó Renglones cortos, poesías, 
Huesca, 1907. — Mario Giral Ordóñez publicó Debilidades mundanas 
(13 cuentos), Habana, 1907. Figuras de carne, cuentos, ibid., 1908. Sol 
de invierno, nov., ibid., 1910. Los Celos de un príncipe, nov., 191 1. La 
Hora negra, nov.. Valencia (1912). Lo Imprevisto, nov., 1915. — M. 
GiSTAU Ferrando publicó La Guardia civil, historia, Valdemoro, 1907. 
— ^Alfredo Gómez Jaime, fecundo poeta colombiano, de fantasía bri- 
llante y versificación caprichosa, sugiere y sueña en las Mil y una no- 
ches. Parece discípulo de Rueda en Rimas del Trópico, Madrid, 1907. — 
Julio y Joaquín Gómez Bardají y José Ortiz de Burgos publicaron 
Anales parlamentarios, Madrid!, desde 1907. — Hipólito González Re- 
bollar estrenó Vado difícil, comedia dramática, 1907. — Enrique 
Gruntz publicó El Tálamo del amor, páginas de un loco, Montevideo, 
1907. — E. Guardiola Valero publicó Importancia social del arte, Ma- 
drid, 1907. — Ubaldo Ramón Guerra fn. 1878-), de Las Piedras (Uru- 
guay), d'iputado, diplomático, publicó muchas poesías en revistas y 
La Defensa de Montevideo y la guerra del Paraguay, Montevideo, 
1907. — Joaquín Guichot y Barrera publicó Primeros escritos litera- 
rios, Sevilla. 1907. — Melchora Herrero de Vidal publicó Cuentos de 
aldea, Madrid, 1907. — Julio Hoyos (n. 1882-), valenciano, colaborador 
de Rev. de Arte (1903), La Correspondencia y Vida Marítima (1903), 
poeta laureado en los Juegos Florales de Alicante (1907) por su poe- 
sía Velada de espera, publicó El Dolor de la casa, nov., 190S. Los 
Ojos del lazarillo, cuentos, 1908. Camino de hierro, nov., 1909. Los 
Anarquistas, nov., 1910. Como la estrella del Norte, nov., 1914. El 
Solar de Arias Gon'salo, Zamora histórica y monumental, 1917. — 
Benjamín Ibarrola estrenó El Jicarazo, jug. ("con Ant. P. Camacho), 
1907. — Gonzalo Jover estrenó Los Niños del Hospicio, melodr. (con 
Salvio Valentí), 1907. Fenisa la Comedianta, zarz. (con Emilio G. del 
Castillo), 190S. Holmes y R^ffles (con id.), 1908. Las Bandoleras, 
zarz. (con id.), 1908. La Garra de Holmes (id.), 1908. Los Segadores, 
ZRvz. (con Emilio G. del Castillo), 1909. Sol y alegría, zarz. (con id.), 
T909. El Amigo Nicolás (con id.), 1910. El Príncipe Sin-miedo, ope- 
reta (con id.), 191 1. Sangre y arena, zarz. (con id.), 191 1. La Maja 
de los claveles, sain. (con id.), 1912. Abierta toda la noche, saín, (con 
Enrique Arroyo), 1912. Alicia, opereta (con Joaquín Cánovas), 1915. 
De Sevilla á los corrales ó El Debut de Cirineo (con Arroyo), 1917. 
— Labra y Vilar estrenó La Sal de la Tierra, zarz. (1907). — Lorenzo 
Lafuente Vanrell publicó Cómo se vive, nov., Madrid (1907). Lo 
Grande y lo pequeño, nov., 1917. — ^Angel Laga Lanchares estrenó La 
Florista, mofiól. (1907). — Larra (Fernández de la Puente y Torregro- 
sa) estrenó El Solitario, dispar. (1907). — Carlos Larrabure y Correa 
publicó Noticia histórico-geográfica de algunos ríos de nuestro Orien- 
te, Lima, 1907. — Jorge Lavalle Cobo, argentino, minucioso v sagaz cos- 
tumbrista, publicó Voces perdidas, B. Aires, 1917. — Dámaso Ledesma 
publicó Folklore ó Cancionero salmantino, Madrid, 1907, obra me- 



236 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-^907) 

-litísima. — Libro de los chistes, Madrid (1907). — Lima, unos cuan= 
tos barrios y unos cuantos tipos al comenzar el s. xx, por 0I 
Tunante, Lima, 1907. — Jacinto Linares Fernández publicó Curro, 
dial, cóm., 1907. El Señor del violón, id., 1907. El Ultimo sacri- 
ficio, monól. dram., 1907. — Eugenio López Aydillo (n. 1888-), de 
Orense, profesor en la Universidad de Valladolid, muy erudi- 
to en literatura gallega, publicó Galicia ante la solidaridad, Ma- 
drid, 1907. País de abanico {Teatro de ensueño), Madricí, 1912. Las 
Mejores poesías gallegas, Madrid, 1914. En la masa de la sangre, no- 
vela, Madrid, 1916. El Obispo de Orense en la regencia del año 1810, 
1918. Una cantiga desconocida del Rey Santo, 1918 (en Rev. Histór.). 
Os miragres de Santiago, 1918. Fernando III, poeta castellano portu- 
gués (con S. Rivera Monescau), Valladolid, 1918. — Feliciano López 
publicó Hist. doc. y crít. de la santa y milagrosa imagen de Jesús Cru- 
cificado... Santísimo Cristo de Burgos, Salamanca, 1907. — Hipólito 
López Bernal publicó Apuntes históricos de B clorado. Estepa. 1907. 
— Rafael Mainar publicó El Arte del periodista, Barcelona (1907). — 
José Matías Manzanilla, peruano, diputado por lea, publicó varios to- 
mos de Discursos parlamentarios, 1907-14. — Luis Manzano Mancebo es- 
trenó El Cojo, entr. (1907). — Mariano Marfil García publicó Relacio- 
nes entre España y la Gran Bretaña desde las paces de Utrecht hasta 
nuestros días,'^a.drid, 1907. — Alejandro P. Maristany estrenó La Mu- 
ñeca eléctrica, jug., 1907. Tratado de pa^, boc. de com., 1908. Los Mani- 
rrotos, jug., 1913. El Ángel rebelde, com., Madrid, 1916. La Comedia del 
honor, dr. (con Mariano Colobardas), Cádiz, 1917. La Audaz aventura, 
1917. El Rey del acero, dr., 1917. — Julián ]\íartín de S.'^lazar publicó 
A través de la vida, Madrid, 1907. Por asalto, diálogo, 1908. — Leoca- 
dio Martín-Ruiz, colaborador de La Crónica (Guadalajara, 1903), 
publicó Tierra sultana, prosas, INIadirid, 1907. Las Canciones del Llano, 
Sevilla (1914). — José Martínez Reverte (n. 1882), murciano, pu- 
blicó La Hora de juego, entremés, 1907. Buena suerte, id., 1909. Alma 
huertano, zarzuela, 1910. Nochecica de abril, escena de costumbres, 
1914. El Triunfo de la primavera, humorada lírica, 191 5. Cosas de la 
edad, artículos. Colección de sonetos y poesías festivas. — Juan Bau- 
tista Martínez de Castro publicó De Historia y Arqueología, Al- 
mería, 1907. Algo sobre arqueología almcriense, ibid., 1907. Naderías, 
ibid., 1908. — Luis Martínez Pineda, riojano, publicó Primicias, poe- 
sías (1907). — L. Martínez de Tovar estrenó La Riqueza de los pobre.;, 
boceto, Málaga, 1907. — Fray Zacarías Martínez Núñez (n. 1864), 
de Valdearados (Burgos), agustino (1881), publicó Discursos y ora- 
ciones sagradas, Madrid, 1907. Conferencias científicas acerca de la 
evolución materialista y atea, 1910. — El padre Manuel Mas (na- 
cido 1862), de Barcelona, escolapio, publicó Elogios de varones ilus- 
tres del Maestrazgo, 1907. Necrología sodalium Sch. P. — José Maza, 
abogado chileno, estrenó Once de Estudiantes, jug. cóm., Santiago, 
1907. — Baldomero Mediano y Ruiz publicó El Vergel de las niñas, 
-colección de cuentos morales, leyendas, poesías..., 7.* ed., Madrid, 



S. XX, 1907. LUIS MARIANO PÉREZ '^^ 

1907; Barcelona, 1911. El Faro de las niñas, cuentos, 1908. — José 
Trajano Mera (n. 1862-), de Ambato (Ecuador), hijo de Juan León, 
estudió Derecho, fundó la Rev. Ecuatoriana (1889), fué cónsul en Eu- 
ropa y vino á España (1890) á estudiar en los archivos. Coleccionó sus 
poesías, propias y traducidas, en Sonetos y sonetillos^ Madrid (1907?). 
Estrenó en Quito dos juguetes cómicos en 1914, publicándolos en 1915. 
— Juan J. Mirabet, publicó Castañas frías y calientes, Habana, 1907, 
artíc. liter. y políticos. — Gonzalo Molina, poeta contemporáneo, de ca- 
denciosos y sentidos versos, ha publicado Rimas bohemias, Madrid, 1907. 
Estrofas de dolor, 1909. — Joaquín Montaher Castaños (n. 1892-), de 
Villanueva de la Serena (Badajoz), redactor de La Publicidad, publicó 
Cantos, i^y. Sonetos y canciones, Barcelona, 1911. Juan Farfán, poe- 
ma, 1913. Primer libro de odas, 1914. Poemas inmediatos de la guerra, 
1916. Antología de poetas cast. clás. para los niños, 1917. Para el teatro: 
El Ilustre don Beltrán (1911). La Honra de los muertos (1916). — Enri- 
que Morales Ruiz publicó Prosas líricas. Ciudad Real (1907). — José 
Morato publicó La Jova, tragedia vulgar, Barcelona, 1907. — Oros- 
man Moratorio (n. 1883-), montevideano, hijo de Orosman Morato- 
rio, redactor de El Plata, estrenó por primera vez en Buenos Aires 
el año 1907, y el mismo año en Montevideo, La Jaula, premiada en el 
certamen España dte aquel año. El Hijo del otro, Dulce calma, Sol de 
otoño. El Pan nuestro. La otra Magdalena, Luces pálidas, versos. — 
José R. Moré_, asturiano, publicó Flores silvestres, versos, Habana, 
1907. — Miguel Moreno, poeta ecuatoriano, publicó Libro del cora- 
zón, poesías, Cuenca (Ecuador), 1907. — Pedro A. Morcado, joven 
poeta andaluz, ha publicado Aleteos, poesías, Granada, 1907. — Mer- 
cedes G. DE Moscoso publicó Abuela, dr., Guayaquil, 1907. — Alfonso 
Muñoz de Diego estrenó Amor esclavo^ com., 1907. Carnaval, el libro 
de los amores y de los odios, Madrid, 1910. La Muerte del bardo. 
Granada. — Antonio de Nicolás publicó Portillo, recuerdo de una 
villa castellana, Madrid, 190709. — Nosotros, rev. mensual de Uter., 
hist., arte^ filosofía, B. Aires, desde 1907. — Rafael Padilla publicó 
Leonor, drama; Julia y Segundo, Zaide, Un sueño, cuentos; todo junto, 
Madrid, 1907. España actual, Madrid, 1908. Incógnita, dr., 1909. Sangre 
argentina, Madrid, 1910. Carlota Corday, dt., 1911. Por mi país, 1912.— 
Pasquino : Episodios de i8o8-p, Zaragoza, 1907. — J. Pastor Rubira es- 
trenó Soledá, zarz. (con R. del Villar), 1907. Las Niñas alegres, entr., 
1907. La Perra chica, 1908. Amor ciego, zarz. (con Man. Penella), 1908. 
La Leyenda mora, zarz., 1908. Corpus Christi, dr., 1909. La Noche de las 
flores, 1909. — T. Pavie publicó El Amor de una criolla, historia perua- 
na, Barcelona, 1907. — ^Ricardo Pedrosa publicó 'Amor es vida, nov., 
Madrid, 1907. — Leonardo Penna, chileno, publicó Yo, Santiago. 1907. 
— Antonio Pérez de Arce publicó De afición, versos, Madrid, 1907. 
— Luis Mariano Pérez, de Jamaica, publicó Apuntes de libros y fo- 
lletos impresos en España y en el extranjero que tratan expresamente 
de Cuba desde principios del s. xvii Jtcísta 1812, Habana. 1907- ^^ 
tudio sobre las ideas políticas de J. A. Saco, ibid., 1908. Bibliografía 



238 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-I907) 

de la revolución de Yara, 1908. Biografía de Miguel Jerón. Guiiérrcs... 
{en El Siglo XX). — Rafael Pérez del Bosque estrenó Tretas estu- 
diantiles, paso, 1907. Lo de siempre, com. Malas partidas, jug., 1910. 
Almas perdidas, com. Del amor y del dolor, versos (1912), del tono de 
Meléndez. — Julio Perrín publicó La Necesidad del crimen, Barcelona 
(1907). — Francisco Pino, cubano, publicó Laborando, artíc. polít. y 
liten, Cruces, 1907. — Juan de Pina publicó Casos prodigiosos y cueva 
encantada, novela, Madrid, 1907. — Constantino Piquer publicó Cuentus 
aristocráticos. Valencia, 1907. Siluetas de principes, Madrid, 191 1. — 
Martín Pizarro, cubano, por seud. Tik Nay, publicó Abandonado, mo- 
nólogo, Habana, 1907. Las Mañanas en la Corte, ibid., 1910 (crónicas de 
los juzgados correccionales). — Francisco Plancarte y Navarrete, 
obispo de Cuernavaca (Méjico), publicó Colecc. de documentos inéd. y 
raros para la hist. ecles. mexicana^ Cuernavaca, 1907. — Policromías, 
versos festivos, escenas^ cuentos... por Policromio, Madrid, 1907. — Ca- 
rolina PoNCET Y DE CÁRDENAS (n. 1880-), de Guanabacoa (Cuba), maes- 
tra de la Escuela Normal, publicó Lecciones de lenguaje, Habana, 1907. 
Biografía de J. L. Luaces, 1910. El Romance en Cuba^ 1914- Todas 
obras premiadas y la última como tesis doctoral. — Ramón Pontones y 
Navarro publicó Prosas íntimas. Murcia, 1907. A tono menor, versos, 
Madrid, 1908. — ^JosÉ Ponzano estrenó Una gota de sangre, zarz. 
(1907). — Faustino Poza Matesanz estrenó Los Amores de un sonám- 
bulo, jug. (1907). — Fray Norberto del Prado (1852-1918), de La- 
viana (Oviedo), dominico (1869), profesor en Filipinas, y durante 
-treinta años en Friburgo, teólogo y filósofo tomista, publicó obras teo- 
lógicas y sermones, y, adema s. Estudio crít. -teológico del drama "El 
Condenado por desconfiado", de Tirso, Vergara, 1907. Enseñanzas del 
Rosario, 3 vols., ibid., 1914. — José María de Fuelles y Centeno publicó 
Recuerdos de mi juventud, Cádiz, 1907, 191 2. — Juan Pujol (n. 1883-), 
primero poeta, después cronista de periódicos, publicó Ofrenda á Astar- 
tca, poemas, 1907. Jaculatorias y otros poemas, 1908. De Londres á Flan,, 
des con el ejercito alemán en Bélgica, 1915. En Galitzia y ellsonzo, 1916. 
La Guerra, 1917. — P. Silvino Pulpón estrenó Robo a tiempo, dr., 1907. 
Elena, drama histórico, 1912. — Rodrigo de Rahavanez^ colombiano, 
publicó la novela realista Caprichos, escenas de la vida intima, novela 
colombiana, Barcelona, 1907. — Juan Ramírez Pérez publicó Peccata 
mundi, nov., Almería, 1907. — José M. Requejo estrenó Agencia ma- 
trimonial (con M. Real), 1907. — Revista Latina, dirigida por Fran- 
cisco Villaespesa, 1907. — Cipriano de Rivas y Cherif publicó con el 
seud. de Leonardo Sherif, Versos de abril, Madrid, 1907. Los Cuer- 
nos de la luna, 1908 {Cuento Semanal). El Cristal con que se mira, 
com., 1909. Florecillas de San Francisco, trad., 1913. Casanova, Me- 
morias, trad., 2 vols., Madrid, 1917. La Rochefoucauld, Memorias, 
trad, 1919, — Amancio Rodríguez López, burgalés, publicó El R. Mo- 
nasterio de las Huelgas y el Hospital del Rey, Burgos, 1907-9, 2 vols. 
— Manuel Rodríguez Cívico publicó Amor al fresco, diálogo andalu::, 
. en prosa^ Cádiz, 1907. Partía serrana, dial., 1909. — El Romancero 



S. XX, 1907. ISIDORO TORRES ORIOL aSg 

chileno, recop. por M. J. Bobadilla y Guillermo de A., Valparaíso, 
1907. — Esteban Clemente Romeo (n. 1887-), poeta vallisoletano y 
médico, ha publicado Versos de la aurora, 1907. — Gabriel A. Romero 
Landa publicó Bl Cronista del porvenir, Palma, 1907. La Libérala, 
zarz., 1911. — Antonio Ros publicó El Niño de la trenza lisa, novela 
irágicómicotaurina, Madrid, 1907. — Ramón Ruilópez publicó Chita, 
aiov., Habana, 1907. Elisa del Monte, nov., Valencia (191 1). — Manuel 
E.UIZ Rodríguez, de Corralillo (Cuba), obispo de Pinar del Río (Cu- 
ba), publicó Cartas pastorales (30) desde 1907. Liras y estrofas (con 
seud. de Lucas del Cigarral), Habana, 1910. Impresiones de un viaje 
Á Tierra Santa, 1915. Los Tronos de Cristo, 1916. — Julio Saavedra 
Molina^ chileno, profesor de Francés, publicó Nuestro idioma patrio, 
Santiago, 1907. Repeliendo la invasión (del castellano de España), 
1908. R-eformemos nuestra enseñanza secundaria, 1912. De la reno- 
vación de la Gramática castellana, 1914. Enseñanza cultural de idio- 
mas extranjeros, 1916. — José Salarrullana y de Dios (n. 1867), de 
Huesca, catedrático de Historia en la Universidad de Zaragoza, pu- 
blicó Documentos correspondientes al reinado de Sancho Ramírez 
(t I d!e S. Juan de la Peña), Zaragoza, 1907. — José Sánchez Rojas 
(n. 1 885-), de Alba de Tormes, doctor en Leyes, publicó A propósito 
.de los exámenes, Salamanca, 1907. El Problema del anarquismo, Ma- 
drid, 1908. Elogio de Sánchez Ruano, Barcelona, 1912. B. Croce, Es- 
tética, trad., Madrid, 1912. Las Mujeres de Cervantes, ibid., 1915. Sol 
•entre nieblas, Madirid, 1918. Paisajes españoles, ibid., 1918. Sonetos 
y canciones, ibid., 1918. El Crepúsculo de los filósofos, trad. del ital. 
Juan Papini, Valladolid, 1918. Josué Carducci, La Vida es sueño, etc., 
trad., 1918. Castilla y Cataluña, 1919. Paisajes y cosas de .Castilla, 
1919. — Ramón Sánchez Saráchaga estrenó El Héroe del cortijo, zar- 
zuela, Barcelona, 1907. — Felipe Santana Espino, canario, estrenó 
Rosa canaria, zarz., Albisu, 1907. — Antonio Santero publicó Don 
Juan de Austria, nov. hist., Macírid (1907). — Luis Seco de Lucena 
publicó Guia práctica y artíst. de Granada, ibid., 1907, 1910. Plano de 
Granada árabe, 1910. Síntesis y glosario de la historia de Granada, 
ibid., 1916. La Alhambra, 1919. — Vicente de la Serna y de Maza£ 
publicó Villa Luz, nov., Madrid, 1907. — V. Serrano Clavero publicó 
Berzas en vinagre, poesías, Barcelona, 1907. — Rafael Solís estrenó 
La Boda de la Felipa, saín, (con Ramón Peris), 1907. — Julián Sorel 
publicó Cortesanas célebres, Barcelona, 1907, 2 vols. — Maximiliano 
G. S0RIAN0 publicó Yeclanertas, poesías, Madrid, 1907, 3.' ed. — Juan 
Téllez López (f 1915), militar, publicó De espaldas al sol, nov., Ma- 
-drid (1907). Vidas sin vida, novela, Madrid, 1915. — Gonzalo Terra- 
DiLLOS PÉREZ, segoviano, publicó Predicar con el ejemplo, nov. patrió- 
tica, Segovia, 1907; Madrid, 1908. — R. de Torre Isunza publicó La 
Eilosofía, de la historia y el regionalismo, Madrid, 1907. — Francisco 
DE Torres Galeote publicó La Mística española y los triunfos del 
£ímor de Dios de fray Juan de los Angeles, Sevilla, 1907. — Isidro To- 
rres Y Oriol publicó Bnrcelotva histórica, antigua y moderna, ibid.. 



240 ÉPOCA REGIONAL Y MODERNISTA (1888-1907) 

1907. — Tomás Trujillo y Roldan, cubano, publicó Arbustos, aisayo 
poético, Cárdenas, 1907. Hojas secas, poesías, ibid., 1911. — Ernesto 
TuRiNi, argentino, poeta melancólico y lángi^ido; discípulo, al pare- 
cer, de D'Annunzio, publicó Líricas, 1907. Anima, 1908. — Francisco 
DE Ulacia, vascongado, publicó Martinchu ta Matilde, nov., Bilbao, 
1907. El Caudillo, nov. cubana, ibid., 1910. Don Fausto, nov. — G. U. 
Umphrey publicó Aragonese Texts, now edited for the first time, 
1907 (en Rcv. Hisp.). — Daniel Ureña, costarriqueño, publicó Sombra 
y tus, pasatiempo dram., 1907, María del Rosario, dr., 1907. Los 
Huérfanos, dr., 1910. — ^Alejandro Urrutia, cordobés, publicó Ecos del 
alma, Valladolid, 1907. El Cantar de los cantares. Murcia, 1908. Un 
libro, prosa, Córdoba, 1910. Versos, ibid., 1915. — S. Valentí Cam» 
publicó Premoniciones y reminiscencias, Barcelona. 1907. — Ricardo 
Valero estrenó La Heredad, dr. (1907). — Luis Vallejo estrenó El 
Retrato de mi marido, jug. (con Ricardo Valero), 1907. — Agustín 
Vedia, argentino, publicó La Constitución argentina, 1907. Martín 
García y la jurisdicción del Plata, 1908. — Curro Venenito publicó 
Chascarrillos andaluces, Madrid, 1907. Nuevos chascarrillos taurinos,. 
1910. Chascarrillos gitanos, 2 series, 1918. — Francisco Vergara Royo, 
director de El Radical de Albacete (1904), estrenó Ley suprema, boceto, 
Albacete, 1907. La Santerica, cuento-novela, Albacete, 1907. — F. Vezi- 
NET, francés, publicó Les Maitres du román espagnol contemporain, Pa- 
rís, 1907. Moliere, Florión ct la littcr ature espagnole, ibid., 1909. — Ange» 
LES Vicente García de Elormendi (n. 1878-), de Murcia, que desde los 
diez estuvo en América, hasta 1906, publicó Teresilla, 1907, novela; Los 
Bxiitres, cuento, 1908; Zezc, 1909, novela; Sombras, 1910, cuentos. Otros 
cuentos y artículos en varias revistas. — Manuel Vidal^ presbítero, 
residente en Vigo, publicó La Salve explicada, Madrid, 1907. Don 
Porrazo ó Mi cubierto de plata, á guisa de novela de costumbres ga- 
llegas, ibid., 1909. Antología de apólogos castellanos de cien escritores 
y poetas moralistas, ibid., 1910, 1912 (2.* ed.). Elena de Síbaris, nov., 
1912. La Novela del trabajo, ibid., 1912, Canciones de Navidad... de poe- 
tas castellanos de los siglos xv, xvi y xvii, 1913. — Ramiro Vieral Du- 
ran publicó Siluetas de las personalidades más salientes de Galicia, Vigo'i, 
1907. — Juan Villarreal estrenó El Músico ambulante, zarz. (1907). — 
Manuel Villarreal y Pérez (n. 1885-), sevillano, auxiliar en la Fa- 
cultad de Letras en Madrid, fundador de Vida Española, semanario 
católico, publicó El Justicia de Aragón, Sevilla, 1907. Alonso Sánchee, 
sus viajes y embajadas, Sevilla, 1907. — F. de Viu estrenó F'eria de 
amor, com., Guadalajara, 1907. Las Nubes, com., Macírid, 1917. — 
Eufronio Vizcarra, venezolano, publicó Casos históricos y tradicio- 
nes de la ciudad de Mizque, Cochabamba, 1907. — J. J. Ylla Moreno 
publicó Rubíes y amatistas, versos, Montevideo, 1907. — Federico de 
Zabala y Allende publicó El Consulado y las ordenanzas de Comer- 
cio de Bilbao, ibid., 1907. — ^Manuel M. Zamora, colombiano, publicó 
Guia de la Rep. de Colombia, Bogotá, 1907. — José María Zeledón,. 
costarriqueño, publicó Musa nueva, cantos de vida, 1907. 









MempsiReissiq 



PÜKTAS URUGUAYOS 



ESBOZO DE ÜN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

DE LA LITERATURA CASTELLANA 



Llegados al término de tan largo viaje (}), aunque nos hayamos 
reposado y detenido por cortos momentos cuando pedían aclara- 
ción los cambios evolutivos de la historia literaria, mayormente en 
la introducción de cada una de las épocas, que son como las jorna- 
das del camino, y siempre que un nuevo género literario nacía 
y se ofrecía á nuestros ojos, importa ahora echar una ojeada, como 
á vista de pájaro, á lo largo de toda su carrera. Se ha dicho que la 
cronología y la geografía son los ojos de la historia. Con esos ojos 
hemos de echar ahora esa ojeada de conjunto. Los tiempos y re- 
giones traen, mudan, matizan y caracterizan los grandes aconte- 
cimientos históricos de la literatura, que se llaman géneros litera- 
rios, ó sea las maneras universales de la expresión literaria. 

Tócanos aquí señalar ceñidamente los momentos históricos en 
que el espíritu literario de la raza muestra mayor pujanza ó aba- 
timiento, las aportaciones extrañas y cómo y hasta dónde se las 
apropia nuestra literatura, á la par que su fuerza de expansión y 
de influencia en ellas; la vivacidad, duración y fecundidad de los 
diversos géneros y escuelas entre nosotros ; el enlace genético de 
unos con otros ; sus orígenes, nacimiento, transformación y fene- 
cimiento ; las diferencias regionales que los autores traen al arte 
de escribir, y otros puntos que nos permitan poner en claro la na- 
turaleza de la literatura castellana, su unidad y diferenciaciones. 



(i) Este trabajo se escribió para el final de toda la obra; pero pónese 
aquí, por haber quedado corto el tomo presente y no referirse la materia a 
la época contemporánea que abarcará el tomo siguiente, sino a los tomos 
ya impresos que de suyo encierran la historia definitiva. 

TOMO xii. — 16 



242 ESBOZO DE UN ENSAYO CRITICOHISTÓRICO 

SUS cualidades, su desenvolvimiento y su valor en el mundo del 
arte universal. 

A tres puntos reduzco este esbozo, que con mayor prolijidad 
pudiera dilatarse y desenvolverse en un Ensayo críticohistórico de 
la Literatura castellana : el tiempo, el espacio, los géneros. El tiem- 
po abarca la evolución literaria; el espacio distingue el espíritu 
regional de cada una de las regiones españolas que han mostrado 
particular carácter literario; los géneros diferencian las diversas 
maneras de expresión de nuestra literatura. 



CAPITULO I 

EL TIEMPO Ó LA EVOLUCIÓN LITERARIA 

Por cuatro dilatadas eras corre nuestra historia literaria y 
nuestra cultura, que pudieran tenerse por otros tantos mundos en 
que ha vivido durante los siglos que cuenta. El mundo romano, el 
medioeval, el clásico y el romántico. El mundo romano abarca 
siete siglos y medio, desde medio siglo antes de la era cristiana, 
en tiempo de Cicerón, hasta la invasión mahometana (711); el 
medioeval comprende siete siglos (viii-xiv), hasta los comienzos 
del XV; el clásico, cuatro (xv-xviii), hasta 1830; el romántico, 
desde 1830 hasta nuestros días. Cuatro diferentes maneras de vi- 
vir del arte literario, cuatro manifestaciones artísticas distínguen- 
se en estos cuatro mundos y échanse al punto de ver á la primera 
mirada general sobre el curso de nuestra historia literaria, for- 
mando, por consiguiente, su primera y principal división. 

La literatura española, mientras señorearon los romanos en 
nuestra Península, es literatura romana, por el habla latina en 
que se escribe, por el espíritu romano que la alienta, hasta por el 
lugar donde se cultiva, que fué la misma Roma. Nada sabemos to- 
cante á la España de aquellos tiempos más de lo que los romanos 
quisieron decirnos, y siendo su intento historiar las cosaá romanas, 
acaecieran en España ó en las Gallas, en Italia ó en Roma, nos 
vemos privados de los conocimientos de la verdadera historia de 
España, de su privado y común vivir, de su popular literatura, 
de su vulgar idioma, á no ser en cuanto se roza con las cosas ro- 
manas. De la España no romana, de la nuestra, de los españoles 
no romanizados, apenas si dejan traslucir los escritores romanos 
la menor noticia que no sea para ilustrar su propia historia. La 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP, I 2¿\3 

literatura española que conocemos de aquella época no puede ser 
más que la literatura latina, escrita en latín y con espíritu romano, 
por algunos españoles romanizados ó italiotas de origen, mejor 
dicho, por los colonos nacidos en España mientras vivieron y flo- 
recieron en Roma. Con ser romano el espíritu de tales escritores, 
lleva, sin embargo, no poca liga del mismo metal de la raza espa- 
ñola, que después ha de brillar en los escritores castellanos. Per- 
tenecen, por consiguiente, á la literatura española, ya que no á la 
castellana, no sólo por su nacimiento, sino por la mitad de su na- 
tural y espíritu. Y no es corta gloria de nuestra nación el haber so- 
brepujado á todas las demás del imperio en el número y calidad 
de los escritores que dio á la literatura latina. Tras la época de oro 
(83 antes de Jesucristo — 16 después de Jesucristo), en la que bri- 
llan, más que los romanos, los italiotas, la época de plata (14-117 
después de Jesucristo), que comienza con el reinado de Tiberio, 
está toda ella, puede decirse, en manos de españoles. Errados 
anduvieron Tiraboschi y otros italianos del siglo xviii_, victo- 
TÍosamente rechazados por los nuestros, al afirmar que el mal 
gusto y decadencia literaria debióse en Roma á los escritores es- 
pañoles. Con los aceros de su temperamento, su vigoroso, sin- 
cero y recio decir, su pensar altamente ético y educador, fueron 
los únicos que se opusieron á la afeminada decadencia que trajo 
la imitación helénica, alma de la erudita literatura latina, sin 
arraigo alguno nacional y nacida en la época decadente y pe- 
dantemente erudita de la literatura griega de los tiempos alejan- 
drinos. El viril desprecio de las recitaciones ó falsa oratoria, que 
muestra Séneca el retórico; la reciedumbre estoica en el pensar y 
en el decir de aquel gran apóstol de toda levantada moral, que se 
llamó Séneca el filósofo, el cual está cien codos sobre todos los de- 
más moralistas paganos, incluso el padre de todos y corruptor de 
menores, Sócrates; la magistral pedagogía de Quintiliano, el se- 
gundo Cicerón en latinidad ; el ático y realista azote de Marcial ; 
la cristianización de la lírica personificada en Prudencio, la enci- 
clopedia del saber romano remansada en San Isidoro, para no citar 
más que las altas cumbres de la literatura latinohispana, hubieran 
levantado de su postración á la caída literatura romana si humano 
medio hubiera podido darse para hacer revivir lo que se moría por 
momentos, por no tener arraigo en el pueblo romano y ser puro re- 
medo de un arte extraño cultivado en las estufas de los eruditos. 
Es mu]¿ de notar en Séneca el retórico el menosprecio que 
muestra de la oratoria de salón ó recitaciones, en tiempos en que 
.sobresalían retóricos cortesanos como Votienus Montanus, el de 

\ 



244 ESÜOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

Narbona, por su escolasticismo en los discursos que echaba en las 
escuelas de retórica; Mamercus Scaurus, exquisito en el decir, en 
el vivir de malísima fama; Asinius Gallus y Largius Licinus, que 
escribieron un Ciceromastix tachando á Cicerón de impropiedad, 
desconsideración y otros mil defectos de estilo y lenguaje; Domi- 
tius Afer, de Nimes, que murió de un entripado en el mismo ban- 
quete cuando de sus dotes oratorias, venidas á menos, se le reían 
ya los oyentes. De Séneca el filósofo no es menos de recordar que 
fué el primero, entre los antiguos, que trató á sus esclavos como á 
hombres, mostrando aquel espíritu democrático y de igualdad tan 
propio de nuestra raza, tan ajena siempre á la división de castas 
y clases sociales. Su entereza, hasta morir por ella, en una corte 
depravada y aduladora, no es menos de nuestra gente. En Mar- 
cial hallamos al bohemio español de siempre, al picaro que vive á 
la que salta, y que, sin embargo, lleva en su pecho una increíble 
ansia de justicia, que le mueve á satirizar la corrompida sociedad 
que le rodea. La seriedad de Quintiliano y su sinceridad pedagógi- 
ca y oratoria es de la misma cepa que la de Séneca el retórico. No 
hay duda: los escritores hisponorromanos se distinguen por la se- 
riedad y la sinceridad, por la robustez y por la grandeza ética de 
sus ideas, y esto en una civilización ficticia y de mentirijillas, vi- 
ciosa, gastada y decadente, tanto en literatura como en costumbres. 
Muerto el idioma del Lacio, ó transformado, mejor dicho, en 
lenguas románicas, siguió, con todo eso, viviendo, en cierta ma- 
nera, artificial y eruditamente, hasta nuestros días, avivándose, so- 
bre todo, en España desde los Reyes Católicos hasta mediado el 
siglo XVII, merced al Renacimiento. De esta suerte, la literatura 
hispanolatina, ya cristianizada, acompañó siempre á la literatura 
castellana, yendo á par de ella y dando obras en todo tiempo. Pero 
hay que tener en cuenta que, siendo idioma muerto el latín para 
los autores que lo usaron desde la época arábiga, como lo había 
sido muy de atrás para el pueblo, sus escritos son todos obra de 
eruditos, y su latín un idioma convencional, que se alimenta de vo- 
ces y construcciones tomadas del vivo romance. Así lo vemos de- 
caer con la cultura ó mejorarse y allegarse más al verdadero latín 
antiguo según van, en la Edad Media bajando, ó subiendo los es- 
tudios clásicos en la época del Renacimiento. Las obras que du- 
rante aquellas épocas se escribieron en latín no podían tener la 
frescura de las escrita-s en el idioma nativo, y ya. nadie se acuerda 
de ellas. ¡ Cuántos afanes puestos en hacer obras artísticas en latín 
durante el Renacimiento se perdieron para la literatura castellana f 
Por el contrario, es un duelo no siguieran escribiéndose en latín 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. I 245 

los libros científicos de filosofía y otras disciplinas técnicas, que 
facilitaba y unificaba la ciencia de toda la cristiandad, aberrándose 
el tener que aprender, como hoy, tantos idiomas, con sólo apren- 
der el latín. El cultivo de este idioma fué, por otro lado, un grave 
peso que embarazó siempre el del idioma patrio. Los eruditos hi- 
cieron siempre mucho daño al castellano. Sin esa traba tradicional 
se hubiera aquí apreciado nuestro idioma en lo que vale y se hu- 
biera llevado toda el habla del pueblo á la literatura, como en Gre- 
cia se llevó ; pero ni la mitad del idioma popular castellano ha sido 
todavía aprovechada por los escritores. Veinte siglos de vida de 
nuestro romance castellano no han bastado para que llegásemos 
•del todo á conocerlo : han sido viente siglos de lucha con el latín, 
y esta es la fecha que todavía no ha ganado la partida, habiendo 
ayudado al latín desde el siglo xiii en esta deshonrosa lucha el 
francés, que hoy lleva la mejor parte. Persegmdo por el latinismo y 
por el galicismo, el romance castizo anda en los libros como á som- 
bra de tejado. Las influencias lingüísticas extrañas tengo para mí 
que han sido para nuestro idioma antes nocivas que provechosas. 
Sólo durante el reinado de Felipe II puede decirse que el idioma 
patrio señoreó vencedor y triunfante en la literatura. Para la vida 
de un idioma, corto espacio fué, y no pudo llegar á la literatura 
todo su inmenso caudal. El Diccionario del castellano verdadero ó 
popular está todavía por recoger. 

La savia de los escritores hispanolatinos ha corrido por los más 
robustos troncos de la cultura universal y ha dado ramas de escue- 
las y hojas admirablemente escritas en todas las literaturas. La 
filosofía moral de Séneca dio robustez ética á toda la literatura es- 
pañola. La colección de sentencias que corrían debajo de su nom- 
bre educó nuestra Edad Media; el senequismo comunicó firmeza 
estoica al, de suyo, afeminado Renacimiento; encarnóse en Que- 
vedo y Gracián, y fuera de España endureció las fibras muscula- 
res de toda fuerte filosofía. El arte dramático europeo debió á 
sus tragedias más de la mitad de lo que creyeron los mismos auto- 
res deber al teatro griego. La sátira epigramática de Marcial fué 
la maestra de los epigramáticos y satíricos posteriores. La retó- 
rica earopea adeuda á Quintiliano más que á todos lo? demás re- 
tóricos griegos y latinos juntos. La himnodia eclesiástica y sagra.- 
da parte de Prudencio. La cultura medioeval europea, y más la es- 
pañola, mantúvose de las migajas caídas de la espléndida mesa 
que le puso San Isidoro en sus Etimologías, enciclopedia del saber 
humano antiguo. Orosio llevó á la historia el providencialismo, y 
Gsio redactó el Símbolo de Fe del más trascendental de los Con- 



246 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

cilios, el de Nicea. Durante los siglos vi y vii, hundida Europa 
por los bárbaros en noche de profunda ignorancia, los Padres de la 
Iglesia española y los Concilios toledanos conservan esplendorosa 
en España la cultura desaparecida del resto de Europa, y se forja 
el Fuero Juzgo, aconteciendo de nuevo lo que se vio en la Roma 
vencedora respecto de los griegos vencidos, que la cultura hispano- 
latina de los vencidos españoles venció y amaestró á los bárbaros 
vencedores visigodos. Cultivóse la jurisprudencia, la latina poe- 
sía, la oratoria, la historia, las ciencias, la teología, la liturgia, los 
cánones, la hagiografía, la música, la exégesis bíblica. Con todos 
estos materiales, esencialmente católicos, los Padres visigodos fra- 
guaron en los Concilios toledanos la unidad religiosa y nacional de 
visigodos, romanos y españoles, unidad y atadero que la Providen- 
cia apretaba á tiempo, porque había de ser, á poco, el baluarte de la 
nación contra los embates de la morisma y el ariete que había de 
volverla a echar de la patria tras ocho siglos de reconquista glo- 
riosa. De aquí que el nombre de godo quedase después como sím- 
bolo, en España, de aristocracia y nobleza de linaje, porque en 
aquella era se echaron los cimientos de la unidad nacional, de la 
reconquista y de los reinos de España. 

Ocurre ahora preguntarse por qué fué la Península el rincón 
de todo el imperio romano donde se refugió y conservó la cul- 
tura latina después de la invasión de los bárbaros, durante los si- 
glos VI y VII, hundida tan sólo por las hordas mahometanas el año- 
711, como había sido hundida en el resto de Europa dos siglos an- 
tes. No ha de atribuirse á los visigodos, tan bárbaros como los de- 
más devastadores del imperio, y que si es cierto contribuyeron 
algo al dejar la herejía arriana con el bautismo de Recaredo, fué 
tan sólo por haberse así sometido á la Iglesia católica, siendo lo? 
Concilios toledanos la fragua de donde salió la unidad nacional y 
el esplendor de los mismos reyes, y los grandes prelados hispano- 
latinos los verdaderos autores de todo. Tampoco ha de atribuírse^ 
á la posición geográfica de España, ya que á ella vinieron tantas 
naciones de bárbaros como á la que más y sirvió de puente para 
pasar no pocos de ellos á la vecina África. La causa verdadera creo 
yo que fué el haber sido España la región del imperio donde más 
hondas raíces había echado la cultura latina. Nuestra Península 
había sido para los antiguos fenicios y griegos la Jauja, las tierras 
últimas y lejanas del oro y de la plata, algo así como las Indias de 
la antigüedad; para los romanos fué la niña mimada. Baste re- 
cordar que habiendo sido la primera, fuera de Italia y Córcega^ 
que atrajo las miradas de Roma, merced á su riqueza minera, tan 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. I 247 

codiciada por celtas, griegos, fenicios y cartagineses, y habiendo 
sido campo de lucha con estos últimos para la dominación del 
mundo, habiendo poblado las ricas riberas del Betis y del Ebro lo 
más granado de los colonizadores italiotas, que desenvolvieron allí 
la agricultura con el cariño que muestra nuestro Columela, bri- 
llaron sus ciudades como las más famosas de las antiguas de 
Oriente: Gades, Osea, Hispalis, Cartago Nova, Tarraco, Calagu- 
rris, Emérita Augusta, Caesar Augusta, Juliobriga y Corduba. Las 
escuelas de Corduba y Osea hiciéronse famosas; Balbo fué el pri- 
mer bárbaro que logró el consulado ; su sobrino, del mismo nom- 
bre, el primer bárbaro que alcanzó el triunfo. Trajano, el primer 
bárbaro que llegó á emperador romano. De este modo se explica 
que España diera á Roma la mayor parte de sus más grandes em- 
peradores y los más celebrados escritores del imperio. Si durante él 
fué España la provincia más culta, no es mucho siguiera siéndolo 
tras la venida de los bárbaros y que, si antes la cultura gentil ro- 
mana había alcanzado en la Península sus más gloriosos timbres, 
los alcanzara después de hecha cristiana, venciendo á los mismos 
bárbaros vencedores. Lo que para Roma pesaba y valía España 
colígese, entre otros muchos, de aquel acontecimiento, al parecer 
extraño, que cuentan los historiadores de César. Dicen que some- 
tida Roma é Italia, cuando el grueso de sus enemigos se hacía 
fuerte en Macedonia, adonde parece natural se dirigiera César con 
sus legiones para dar el golpe mortal á sus adversarios, no lo hizo, 
sin embargo ; antes, volviendo los ojos á España, pesó más en su 
estima de gran estratega y político la sumisión de nuestra Penín- 
sula que la del resto de la república teda entera. Y es que, si geo- 
gráficamente España era el extremo de los dominios romanos, de 
hecho y moralmente fué siempre el eje de la política romana, el 
almacén de su riqueza y el centro de su cultura. La arquitectura, 
que suele ir siempre del brazo de ella, dejó en España los más 
grandiosos monumentos romanos ; á España se acogió Sertorio 
para hacer frente á Roma ; Numancia tuvo en jaque á sus más 
celebrados generales ; en España se decidió la suerte de Roma 
en las ocasiones más criticas : en las guerras contra Cartago, en la 
de los hijos de Pompeyo, en las de Cantabria, último triunfo del 
pacificador Augusto. España fué la primera provincia cuya con- 
quista Roma emprendió y la última que acabó de conquistar. Es- 
paña, la región más querida de los romanos, la más culta, hubo de 
conservar su civilización después de la entrada de los bárbaros y 
del hundimiento del poderío romano, siendo la última en caer, 
como había sido la primera en alzar su grandeza. 



248 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

Fecha aciaga la del año 711, que pasan á España las hordas 
arábigoaf ricanas, arrasan ciudades, yerman campos y apagan aque- 
lla esplendorosa civilización romana, retraída de todo el Imperio 
en nuestra Patria. Entonces sí que acaba de cerrarse y encapo- 
tarse el cielo y se echan las nieblas espesas de la Edad Media sobre 
toda Europa. Puede la Edad Media partirse en dos períodos. En 
el primero (siglos viii-xi) brillan apenas, á medio apagar, durante 
cuatro siglos mortales, algunas temblonas lucecillas de la cultura 
romana, conservada entre las cenizas de aquellas ruinas y rudos 
tiempos, á pesar de la devastación con que los africanos habían 
pisoteado y arrasado el suelo de la Patria. En monasterios é igle- 
sias es donde se conservó el menguado rescoldo. Hay un Liber 
glossarum de hacia el año 750 y una Crónica, anónima, antes atri- 
buida al Pacensis ó Isidoro de Beja, del año 754. Elipando renue- 
va la herejía de Nestorio y le refutan San Beato de Liébana y 
Etherio. Escribe, además, el primero un famoso comentario ai 
Apocalipsis, con el primer mapa conocido del mundo. 

Suena en la corte de Cario Magno el nombre del español Teo- 
dulfo como único poeta de ella, nombrado Alissus dominicus y 
consejero del Emperador (798) ; en el Sínodo de París (849), el 
del aragonés Prudencio Galindo, obispo de Troyes, con su tratado 
sobre la predestinación ; en Turín, el del obispo Claudio, discípulo 
de Félix de Urgel, que escribe poesías hacia 871. También las 
hace (871) Romano, prior del monasterio de San Millán. Redactan 
sus cronicones Sebastián, obispo de Salamanca (866) 'y el monje 
anónimo de Albelda (883) y su continuador Vigila (976). San ^'a- 
lerio. abad del Vierzo, escribe á fines del siglo ix algunos tratados 
eclesiásticos. Es cuanto pudo hacerse entre cristianos en los dos 
primeros siglos de la Reconquista, cuando, recogidos los más en las 
montañas de Asturias y Aragón y convertidos en guerreros, des- 
aparecidas, con el desastre de Guadalete, las diferencias sociales, 
nace la nueva nacionalidad española, guerrera y democrática, libre 
é igualitaria, con sus adalides y campeones, que serán troncos de 
la monarquía y de la nobleza, con sus municipios, defendidos por 
fueros y cartaspaeblas. Los cristianos sometidos, llamados mozá- 
rabes; antes de desaparecer, martirizados, en odio de la Fe, por 
los Califas de Córdoba, dan el último destello de la cultura latino- 
hispana isidoriana, señalándose el abad Esperaindeo, San Eulogio, 
Paulo Alvaro y el abad Samson. En la cultura arábigohispana se- 
ñálanse los mozárabes entre los más ilustres escritores, pudiendo 
además, asegurarse que ella fué la que despertó y dio más á la 
arábiga de la Península que no la arábiga á la española. Por se- 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. I 249 

gunda vez, como en tiempo de los godos, los vencidos vencieron 
culturalmente á los militarmente vencedores. 

En el siglo x suenan el notario real de León Sampiro, por su 
Chronicon (982) ; Josef el Español, por su tratado ; Salvo, abad de 
Albelda, por sus himnos latinos, y Vigila, del mismo monasterio, 
por su famoso Códice. En el siglo xi, Oliva, abad de Ripoll ; el 
presbítero Juliano, de Alcalá, y Grimaldo, monje de Silos. Tal 
es la menguada labor de cuatro siglos. El rudo y continuo batallar 
contra la morisma no daba lugar á más altas empresas de cultura, 
si más alta puede imaginarse que la de reconquistar palmo á palmo 
el suelo patrio y echar, con la acción, las zanjas de la nueva Es- 
paña. Los primeros invasores, africanos incultos, nada pudieron 
traer á la civilización española, ni entre los estragos y odios de la 
guerra podía haber comunicación posible entre ellos y los cristia- 
nos. Los califas de Córdoba llamaron á su corte á cuantos sabios 
y hombres de valer habían recopilado en Oriente, en Damasco, 
Bagdad, el Cairo y Kairuan los despojos de la India y de Bi- 
zancio, formando con ellos la ciencia arábiga, ciencia de segunda 
mano, con la que los príncipes Abasidas, Abu-Djafar-Mansur, 
fundador de Bagdad ; Arum-al-Rachid y Abdalah-al-Mamun qui- 
sieron adornar sus cortes y suavizar la barbarie mahometana de 
Mahoma y sus primeros califas. Aristóteles y Platón, Sócrates y 
Pitágoras, Euclides y Tolomeo, pasaron al árabe, y no menos por 
la Persia los apólogos de la India, como pasaron á las mezquitas 
y demás edificios arábigos las columnas y demás elementos de la 
arquitectura romana y bizantina. Obra de amalgama fueron todas 
las ciencias y artes, entre los hijos del desierto en Oriente y en 
España, adonde de Oriente vinieron durante el Califato cordobés. 
Abder-Rahman, que las trajo con los mismos fines que las esti- 
mularon los Abasidas en Bagdad, receloso de que los mozárabes 
ayudasen al rey Alfonso el Católico en sus gloriosas expediciones, 
atóles corto y persiguióles con crueles medidas y martirios. En- 
conada la lucha más y más entre moros y cristianos, ninguna in- 
fluencia tuvo entre los españoles por entonces aquella breve y fu- 
gaz cultura, tan brillante en la superficie como vacía de carácter 
propio, formada de elementos allegadizos y medianamente dige- 
ridos; su influjo se sentirá más tarde, al juntarse moros y mude- 
jares, judíos y cristianos, en Toledo, ya conquistada por nuestros 
Reyes. 

Efectivamente, el segundo período medioeval viene cabalmente 
de este acontecimiento y comunicación, comenzando por la cultura 
española con la toma de Toledo (1085) por Alfonso VI y el esta- 



2 5o ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

blecimiento del Colegio de traductores en tiempo de Alfonso VIL 
Si con el primero de estos Reyes (1073-1109), siendo arzobispo de 
Toledo don Bernardo, cluniacense francés, los monjes de Cluni 
despiertan la cultura latinoeclesiástica, con el segundo (1126-1157), 
siendo arzobispo de Toledo, esta vez español, don Raimundo, los 
sabios musulmanes y hebreos, acogidos á aquella ciudad en la per- 
secución almohade, injertan en la cultura latina la semítica, sobre 
todo la arábiga, depositarla del saber griego y del saber indiano. 
La ciencia arábiga fué toda prestada de Grecia y de la India. Los 
árabes, en los tiempos de su mayor esplendor, los de más oscura 
barbarie para Europa, fueron como depositarios de la ciencia an- 
tigua, clásica y ariana. Toledo, con su Escuela de traductores, 
fué el conducto por donde aquella ciencia pasó á Europa, tradu- 
cida primero al latín, después al romance castellano. Los hombres 
más entendidos de Occidente sacaron de allí cuanto después se 
supo del saber griego é indiano, hasta que el Renacimiento acudió 
derechamente á las fuentes clásicas, romanas primero, luego he- 
lénicas. 

En Toledo se empolló, por consiguiente, la cultura española y 
europea. Alberto Magno y Santo Tomás, fundadores de la Esco- 
lástica, conocieron á Aristóteles por el español Averroes. La as- 
tronomía pasó de los árabes al latín, y con Alfonso el Sabio ql 
castellano. En literatura, la didáctica fué la primera en ser cul- 
tivada, llegando de Oriente, primero al latín, mediante el judío 
converso (1106) Pedro Alfonso, después al castellano por la tra- 
ducción de obras morales, traídas en arábigo desde la India, en la 
forma de apólogos, cuentos y sentencias, tradicionales en aquella 
parte del Asia. 

El estímulo vino, por consiguiente, de Francia con los clunia- 
censes ; la materia científica, de Oriente, con los árabes y judíos. 
De esta manera se juntaron en Toledo las dos grandes corrientes 
científicas, oriental y occidental, durante los reinados de Alfon- 
so VI, Alfonso VII, Alfonso VIII, hasta el siglo xii; después, 
en los reinados Fernando III y Alfonso X, en el siglo xiii. Los 
cronicones y crónicas toman más amplio vuelo en latín, hasta que 
el Rey Sabio escribe en romance la Crónica general, que irá refun- 
diéndose é imitándose, y hasta que el Renacimiento la convierta 
en historia. En la primera mitad del siglo xiii, bajo los auspicios 
de San Fernando (1230-1252) y de don Jaime el Conquistador 
(1213-1276), comienza á emplearse el castellano en la especulación 
científicojurídicoliteraria, tanto en Castilla como en Aragón, antes 
que en ninguna otra lengua románica ; pero acaso ya á fines del si- 



DE LA LITERATUILrK CASTELLANA. CAP. I 25 1 

glo XII se escribió por primera vez la epopeya popular castellana, - 
naciendo asi á la par el habla literaria y la literatura castellana 
erudita, ya que la literatura castellana no escrita y el idioma cas- 
tellano hablado y sin llegarse á escribir, son dos cosas harto más 
viejas, nacidas al choque del latín con el habla indígena de Es- 
paña, llamada Euskera. El estímulo venía no menos aquí de Fran- 
cia, con la literatura épica francesa; la materia tomóse del pueblo 
castellano, cuanto al asunto épico; la forma, ó sea el idioma, to- 
móse no menos del pueblo ; cuanto á la métrica, quiso el autor de 
Mió Cid emplear el alejandrino francés, y mezcló mucho pie de 
romance popular. El mismo influjo francés se nota en el mester 
de clerezia, cuanto al metro de la cuaderna vía ; el asunto, en cam- 
bio, tomóse de los libros latinos eclesiásticos, y mediante ellos se 
trataron otros de la clásica antigüedad, como de Alejandro y Apo- 
lonio. El Auto de los Reyes Magos está tomado de la liturgia fran-- 
cesa. 

La literatura castellana erudita nace, por consiguiente, bajo 
dos influencias : la eclesiástica, que traen los cluniacen^es france- 
ses, y la semítica é indiana, que traen árabes y judíos. La semítica 
sólo influyó en los asuntos, dio libros que traducir y nada más ; no 
tocó á la forma, por lo desemejante que era el idioma castellano 
y su métrica respecto de los idiomas semíticos y su poesía. Al 
revés, la eclesiástica francesa influyó en la forma métrica ; los 
asuntos de los libros eclesiásticos eran de todo el Occidente de 
Europa, y la materia épica estaba en los cantares populares. Los 
escritores fueron ó clérigos ó grandes príncipes y reyes, por ser 
unos y otros los que únicamente sabían escribir y ^eér. Tal es la 
literatura erudita, nacida en esta época. A par de ella y más por lo 
bajo, corre la literatura popular no escrita, consistente en refranes, 
cantares líricos y en romances épicos ; pero, como no se es- 
cribe, tan sólo se trasluce por su influencia en la literatura escrita. 
De igual manera el idioma vulgar se trasparenta en el lenguaje li- 
terario, que se allega más al latín eclesiástico, sabido por los eru- 
ditos que lo escriben. Nótase harto la lucha entablada entre el 
pueblo castellano, criado en la independencia de la guerra, y la 
corte, afrancesada por el poderío del monasterio de Cluni. Escul- 
pida quedó aquella lucha en el refrán : O quieren reys allá van Icys, 
El rito mozárabe mudóse por el romano ; la escritura isidoriana ó 
gótica, por la francesa. Abadías, monasterios, todo quedó á merced 
de los cluniacenses, que señoreaban la corte. En estas circunstan- 
cias nació la literatura castellana en Toledo, á estímulo de los clu- 
niacenses galos. A los eruditos, hombres de corte, los primeros que 



252 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

■ escribieron en castellano, podemos, pues, llamarlos afrancesados, 
como á los literatos del siglo xviii. De ellos fué, sin duda, el que 
por primera vez quiso escribir en castellano el Cantar de Mió Cid ; 
de ellos el que compuso el Cantar de Roncesvalles, y si otros hubo 
que escribieran otros poemas hoy perdidos. Tales asuntos épicos 
andaban en trozos y romances no escritos, cantados por juglares, 
entre las gentes del pueblo. Su espíritu era netamente castellano, de- 
mocrático, independiente. Ensalzábase á los adalides populares de la 
Reconquista, dejando en la sombra á los Reyes; y, con todo el acata- 
•miento y lealtad que por ellos mostraban adalides y pueblo, bien 
se trasparenta el que se les considera como interesados y algo con- 
trarios á las libertades populares. Tal era el espíritu de la admi- 
rable epopeya castellana, popular y no escrita, que pasó prosificada 
á la Crónica general, y afrancesada en metro al Cantar de Mió 
Cid, á pesar de ser erudito y af ancesado, digamos, su autor. Pero 
tenía que escribir conforme á la moda francesa, que privaba, en 
• el metro francés alejandrino, y el Cantar resultó híbrido: en la 
ínateria y espíritu castizamente castellano ; en el metro, francés. 
Los clérigos que cultivaron el saber eclesiástico rindieron parias 
igualmente á la moda francesa en el metro, y tales son 1^ obras 
de Berceo y demás escritores del mester de cleresia; esto es, de 
Tos escritores eruditos ó clérigos, en oposición á los Jugíares que 
seguían cantando sus romances. El influjo cluniacense, francés, 
eclesiástico y erudito, si nos trajo el nacimiento de la literatura 
erudita, fué, en cambio, causa de que se menospreciase la litera- 
tura popular, de tan contrario espíritu. Sin semejante influencia 
francesa, acaso la literatura, al nacer, hubiera brotado toda en- 
tera de la popular, en asuntos, espíritu y metro, y hoy conserva- 
ríamos los tesoros épicos que se perdieron por no haberlos copia- 
do los eruditos afrancesados. Era, sin embargo, tan grande la pu- 
janza de aquella popular epopeya, que se impuso al autor de Mió 
Cid, y dejó en la Crónica general sus más briosas y valientes pin- 
celadas. Tal fué, en el primer nacimiento de nuestra literatura, el 
primer encuentro entre los eternos contrarios del campo literario, 
e4 espíritu popular y el erudito, venciendo éste aquella vez. Sólo 
cuando se concierten en el reinado de los Reyes Católicos y en el 
de Felipe II, será grande y original la literatura castellana. Con 
todo, el espíritu popular, criado en la Reconquista, fué tan fuerte, 
que, aun vencido por el erudito, caracterizó nuestra literatura, más 
en España que en ninguna otra nación. Es nota propia de nuestra 
literatura, efectivamete, desde su nacimiento, la nota popular, 
como lo es de nuestra raza la nota de democrática independencia 



DE LA LITERATUR.\ CASTELLANA. CAP. I 253- 

en medio del feudalismo europeo. Ello débese á las condiciones de^ 
igualdad é independencia con que se formó la nacionalidad espa- 
ñola por el pueblo, anegadas i&s clases sociales visigóticas en las 
aguas del Guadalete. Aquel al parecer triste desastre fué origen" 
venturoso del natural español, fraguado durante la Reconquista. 
Alfonso X (1252-1284) es el principal escritor erudito que apro-- 
vecha todas las corrientes científicoliterarias y escribe ó hace escri- 
bir de todo, prosa y verso, filosofía, ciencia, historia, leyes. Su cor- 
te es la más culta y sabia de la Edad Media. Las Partidas, la Cró- 
nica general, los Libros del saber de astronomía. Las Cantigas, 
obras son que ni antes ni después, hasta el Renacimiento, tienem 
par ni semejante en España. 

Berceo, del mismo siglo xiii^ es el poeta del mester de clerezia 
por excelencia; el príncipe don Juan Manuel y el canciller Pero. 
López de Ayala, entrambos de la primera y de la segunda mitad 
del siglo XIV, los más cultos prosadores. La influencia francesa 
quedó casi reducida al verso alejandrino, y perdió mucho terreno 
ya en el siglo xm^ ganándolo, en cambio, la influencia popular en. 
el sin par Juan Ruiz, en el Poema de Alfonso Onceno, en el Cantar 
de Rodrigo, en el Rabí Sem Tob, en las obras históricas de Fer- 
nando Sánchez de Tovar. 

Resumiendo : desde la toma de Toledo (1085), en el siglo xi. 
júntase en aquella ciudad la cultura oriental de árabes y judíos 
con la eclesiástica occidental de los cluniacenses franceses. Aqué- 
llos traen la ciencia y la filosofía de Grecia y el apólogo de la In- 
dia; éstos dan origen á la literatura castellana escrita, que nace de 
la epopeya popular y de la métrica francesa. En el siglo xiii se~ 
escriben en castellano las leyes, los fueros, los documentos; se" 
vierten los libros arábigos de ciencia y filosofía griegas y los libros 
arábigos de apólogos y sentencias de la India. Alfonso el Sabio,. 
que hace traducir todas estas obras, escribe otras originales, en 
prosa y verso, todavía de mayor valer y alcance. Por la influencia 
francesa, nace, además, el méster de clerezia, en el que sobresale - 
Berceo. En el siglo xiv varios ingenios cultivan, sobre todo, la li- 
teratura didáctica, y descuella como genial poeta el inmenso Ar-- 
cipreste de Hita. 

Alguna mayor aclaración pide la lírica escrita en gallego por" 
Alfonso X en su libro de Las Cantigas, y por otros eruditos cor- 
tesanos desde los tiempos de su padre San Fernando. Si la épica 
castellana llegó á escribirse merced al influjo francés, que entra en- 
España con los cluniacenses y con los romeros de Santiago, la-, 
lírica se escribió merced al influjo de los trovadores provenzales- 



254 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

• que asistieron á las cortes de entrambos Reyes. Pero si ellos echa- 
ron las semillas, la granazón vino por Galicia y Portugal, de la 
corte del rey don Diniz, donde se cultivó á la par la lírica pro- 
venzal y la popular gallega, entrambas en el á la sazón único idio- 
ma del Noroeste, el galaicoportugués. Por eso, en las cortes de 
San Fernando y Alfonso X sólo se escribió la lirica en el mismo 
idioma, no llevándose á la literatura escrita la lírica popular cas- 
tellana, que corría, sin duda, en labios del pueblo no menos que 
los romances ó cantares de la epopeya. La lírica propiamente 
castellana no nace á la literatura hasta que la escribe el Arcipreste 
de Hita, imitándole, á fines del siglo xiv, el canciller Ayala, y 
hasta que empiezan á cantar los más viejos poetas del Cancionero 
de Bacna. Esta lírica popular es sagrada y profana en aquellos 
dos poetas ; en los del Cancionero, la profana, la más común, tiene 
mucho más de erudita, salvo cuando es satírica y maleante entre 
juglares venidos del pueblo. Sobre todo, entre los cortesanos es 
erudita y cortesana, distinguiéndose como más antiguas las influen- 
cias provenzal y gallega, y como más modernas las italianas, pri- 
mero la del amor conceptuoso petrarquista, después la alegórica 
dantesca. El elemento puran-kente castizo en toda esta lírica es la 
métrica, por haber venido de Galicia ya desde las Cantigas, y ser 
la métrica galaicoportuguesa la misma que la de Castilla, la que 
el canciller Ayala llamaba versetes, en oposición á los versos ale- 
jandrinos franceses en la cuaderna vía empleada en el mester de 
clerezia y en toda obra de empeño erudita. Pero la lírica del Can- 
cionero de Baena, aunque por sus más antiguos poetas toca á la 
segunda mitad del siglo xiv, por la mayor parte de ellos y de los 
más eruditos pertenece al siglo xy^ cuando la imitación de Petrar- 
ca y Dante trae de Italia los primeros albores del Renacimiento. 
En el siglo xiii debe nuestra cultura á la francesa el Luci^ 
dorio, sacado del Speculum naturole, falsamente atribuido á Vi- 
cente de Beauvais ; la Gran conquista de Ultramar, que encierra 
la Historia de la tierra de Ultramar, del francés Guillermo de Tiro, 
fragmentos de las canciones De Antloquía, provenzal y francesa, 
y algunos elementos franceses de la Historia del Cauallero Cifar. 
En el siglo xiv, la versión de la Crónica Troyana, de Benoit de 
Sainte-]\Iore. A la cultura italiana se debe, en el siglo xiii, el 
Libro del Tesoro, de Brunetto Latini; en el siglo xiv, fuera de la 
influencia lírica petrarquesca, la versión de El Regimiento de los 
príncipes, de Gil de Roma, y lo que de esta misma obra entró en 
J^os Castigos y docum.entos. »- 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. I 255 

A fines del siglo xiii pasa la lira de Provenza á Cataluña, y se 
<iesen;vuelven las literaturas catalana, valenciana y niallorquina, 
que brillan cada vez más en los siglos siguientes, quedando absor- 
bidas, como la gallega, por la literatura castellana en tiempo de los 
Reyes Católicos. La cultura del reino de Aragón da grandes nom- 
iDres, no menos á la literatura castellana y latina. Bastará recordar 
los más sobresalientes : en el siglo xiii, Raimundo Lull, Arnaldo de 
Vilanova, fray Ramón de la Puente, San Pedro Pascual, San 
Raimundo de Peñafort, Vidal de Canellas, el rey don Jaime, fray 
Ramón Martí; en el siglo xiv^ fray Pedro de Perpiñán, fray Ar- 
naldo de Rosignol, fray Antonio Andrés, fray Guillermo Rubio, 
los comentadores de las leyes aragonesas ; después, fray Guido de 
Terrera, fray Juan de Claravó, Pedro IV, fray Nicolás Rossell, 
fray Guillermo Anglés, fray Nicolás Eymerich, Guillermo Des- 
paborde, fray Juan Ballester, fray Francisco Bacó, fray Bernardo 
Oller, fray Francisco Martí, fray Bernardo Armengol, Juan Fer- 
nández de Heredia, fray Francisco Eximeniz, fray Antonio de Gi- 
nebrada, San Vicente Ferrer y otros, los más, religiosos de todas 
las órdenes. 

Considerada ahora la Edad Media, mayormente desde el re- 
nacimiento de la cultura por la toma de Toledo, con relación al 
arte literario, hay que lamentar un gravísimo error, del que ya 
hemos tratado. Toda esta literatura es, de suyo, erudita, y el gra- 
-vísimo error estuvo en que, pudiendo haber sido en gran parte 
popular, no lo fué sino muy débilmente. Corrían entre el pueblo 
dos corrientes estéticas admirables: la épica y la lírica. Traspa- 
réntanse harto en la literatura erudita, para que puedan poneré 
•en duda; no faltaban tampoco elementos dramáticos populares, 
ya que la obra teatral, popular enteramente, y sin que intervenga 
la elaboración unificadora del artista erudito, acaso no se haya 
dado en ninguna parte. La lírica popular castellana se trasluce en 
algunos de los romances viejos, en estribillos y cantarcillos de 
Berceo, de Juan Ruiz, de los Cancioneros y de las obras de mú- 
.-sica de ios siglos xv y xvi. Del siglo xv, ó más antiguos, son : 



"Quita allá, que no quiero, 
falso enemigo; 
quita allá, que no quiero 
que huelgues comigo." 

"Ojos de la mi señora 
¿y vos qué avedes? 
¿por qué vos abaxades 
quanoo me vedes?" 



256 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

"Aquel pastorcico madre, 
que no viene, 
algo tiene en el campo 
que le duele." 

Así Otros cantares, y serranillas que debieran recogerse en un 
Florilegio lírico popular. La epopeya popular castellana, prosifica- 
da en la Crónica de Alfonso X, y, según va después modificándose 
entre el pueblo, llevada no menos á sus posteriores refundiciones, y 
recogida, por último, en los romances viejos que se imprimieron á 
principios del siglo xvi, es ya un hecho que no requiere comproba- 
ción. La épica y la lírica de los eruditos medioevales, aun sin que- 
rer, llevan, tomados del pueblo, tantos elementos populares^ 
que por ello se distinguen de la épica en la lengua d'oil francesa: 
y de la lírica provenzal en la lengua d'oc; pero, por lo mismo, 
es un duelo no hubiesen estimado más los eruditos del si- 
glo XII esas manifestaciones estéticas populares. Nuestra litera- 
tura escribióse por primera vez en Toledo, al calor de los: 
eruditos franceses y de la erudita Escuela de traductores. 
El Cantar de Mío Cid y Ronc esvalles son obras de imitación- 
francesa, sobre todo en el metro francés alejandrino, á pesar de 
que sobrepuja el espíritu popular castellano, tomado de la epo- 
peya popular cantada por juglares. Y es tan poderosa la fuerza 
de la tradición, que hasta Juan Ruiz se atiene generalmente á la- 
métrica alejandrina. Nuestra literatura medioeval es acaso la que 
más elementos populares encierra entre las europeas ; pero es de 
lamentar no se hubiesen escrito en el siglgo xii los romances épi- 
cos, los cantarcillos tal como sonaban en labios de los juglares y 
el teatro vulgar, fundándose así una tradición literaria que nos 
hubiera dado otra literatura de altísimo valor, ya que es inapre- 
ciable lo poco que de lo popular pasó á los escritos, sobre todo el 
sin par romancero, cuyo influjo en toda la literatura posterior^ 
mayormente en el teatro, fué decisivo, y á ello se debe lo nacional,, 
lo personal de nuestra literatura, hasta la de la época clásica. 

Hasta el Arcipreste de Talavera, la prosa de los autores es sa- 
bia, la del Rey Sabio primero de todos ; pero no tiene la enjundia 
ni el sabor castizo de la del Arcipreste, que es la misma enjundia 
y sabor de los refranes y dichos populares, verdadera prosa del' 
pueblo, dechado natural de la artística. La Celestina volvió á ella 
y de La Celestina corrió por todo el siglo xvi hasta Cervantes. Por 
otro cabo, los místicos más allegados al pueblo, sobre todo los fran- 
ciscanos, dieron en la misma vena, y juntas entrambas corrientes, 
subió la prosa popular y erudita á la vez en muchedumbre de 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. I 267 

obras, sobresaliendo, en cantidad y calidad, las de los místicos de 
los reinados de Felipe II y Felipe III. Cervantes, Mateo Alemán 
y Quevedo le deben, entre los profanos, sus más ricas preseas. 
Villarroel y el padre Isla le son deudores de lo mejor que se escri- 
bió en el siglo xviii. En el xix son rarísimos los trozos que en el 
pueblo se inspiran : nuestros escritores desconocen enteramente el 
habla popular; hasta tienen por antiguallas de libros viejos las 
frases y voces, lo único que vive, sin la pega erudita, de idioma 
castellano en aldeas, campos y sierras. Cuantos hemos estudiado 
ese castellano del pueblo nos heaiios maravillado de la riqueza que 
encierra, de lo viejo que es, que apenas difiere del habla del Ar- 
cipreste, de La Celestina y de Cervantes, y de lo que difiere de 
estotro castellano urbano, erudito, más ó menos castizo, y perio- 
dístico, más que castizo, afrancesado, que suele usarse en los li- 
bros. El divorcio entre el idioma vivo popular y el erudito ha lle- 
gado al extremo, y es consecuencia del decaimiento del espíritu 
nacional, partido en dos castas; mejor dicho, porque el espíritu 
no se parte, retraído á los rincones donde mora la plebe, por ha- 
ber desaparecido el verdadero pueblo con la división de castas que 
el absolutismo trajo á España desde el siglo xvi, y que fué en 
crecimiento hasta nuestros días. Sólo cuando una nación es gran- 
de fraguan un todo social sus clases con un solo espíritu, y sólo 
entonces puede decirse que hay pueblo. Entonces hay idioma na- 
cional, porque entonces hay nación. En una nación caída todo se 
disgrega, y hay tantas maneras de expresarse como clases y ban- 
derías, y descontentos los más con lo propio, apetecen lo extraño, 
extranjerízanse y se extranjeriza su lenguaje. Entonces, digo en 
la España presente, no hay pueblo que sea una nación, ni hay pro- 
piamente idioma nacional; hay plebe y pedantes extranjerizados, 
y el habla, en lo que tiene de castizo, queda arrinconada y oscu- 
recida entre la plebe, dominando entre los pedantes dominadores 
un habla medio extranjerizada, como extranjerizado es su espíritu. 
Los aristocráticos y afrancesados académicos, no tomando por 
norma el habla popular sino el lenguaje escrito de los cultos y sus- 
tituyendo la ortografía fonética tradicional por la etimológica de 
los franceses, han sido causa de que el lenguaje literario, y aun el 
hablado de los cultos, se haya latinizado feamente. Los mejores 
prosistas del siglo xix lo son por haber tenido más ó menos del es- 
píritu y del habla de la plebe, depositaría del idioma. Y si esta des- 
composición lingüística se ha dado en España, en América, cuyos 
escritores se formaron en París, menospreciando el habla popular, 
acaso mejor conservada en el pueblo americano que en el español, 

TOMO XII. — 17 



258 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHIStÓRICO 

el lenguaje de los escritores ordinarios es sencillamente detestable, 
con menos sabor castizo que el habla de los judíos españoles de 
Oriente. 

Im misma fuerza de espíritu se halla en la poesía popular, en 
letrillas y romances viejos, y el mismo desleimiento por grados se 
advierte en la poesía de los eruditos, según se van apartando de 
este dechado natural del arte. A fuer de tozudo y machacón, no 
saldré de aquí ni dejaré este criterio del arte popular, contrapuesto 
al erudito, que he guardado desde el principio al escribir esta His- 
toria, y será acaso lo único original y propio que haya en ella. 

La exquisita elegancia de Garcilaso halaga, pero no se mete 
más adentro que la piel. De Góngora, cualquier letrilla vale más 
que todo su carnaval clásico y culto. En Lope, que tiene de todo, 
es maravilloso lo aldeaniego, lo legendario y lo místico, por ser lo 
inspirado por la musa popular. Otro tanto se diga de Tirso y aun 
de Calderón. Los versos petrarquescos de Herrera nos apestan, 
con ser dechados de la tal escuela. Los romances eruditos de fines 
del siglo XVI y comienzos del xvii, y los moriscos, á pesar de la 
lima clásica, encantan por lo que conservan del espíritu y manera 
de los romances viejos. Cualquier letrilla popular del siglo xvi 
vale más que las cien glosas que la vistieron con arreos eruditos. 
En Quevedo, romances y jácaras son lo vivo; lo demás vale por 
el ingenio de caricaturista que muestra en su autor. Si á la épica 
pasamos, no hay quien apechugue con un solo canto de los cente- 
nares de poemas en octavas que, á imitación de Tasso, se han 
compuesto en España. Cualquier romance de los viejos vale más 
que todos ellos. Cuanto al teatro nacional, imponente por su gran- 
deza, hasta desmesurada, al pueblo la debe, que se encariñó con 
él y estimuló á los ingenios, por ver retratado en él su propia ín- 
dole, sus creencias y la historia é ingenio de la raza. Y por to- 
car más á lo vivo de las costumbres y habla popular, es para mí 
más original y admirable el teatro del siglo xvi y del reinado de 
los Reyes Católicos, donde, sin embargo, contrasta y está bien pa- 
tente lo italiano y lo erudito, que más bien lo mancilla que no 
lo engrandece. La mayor parte de los autores dramáticos de los 
siglos XV y XVI son estudiantes ó clérigos populares. Dan mues- 
tras de erudición clásica, pero atiénense en la sustancia á las gen- 
tes del pueblo, para quienes escriben y entre quienes ellos mismos 
se cuentan. 

Otra nota de la literatura castellana desde la Edad Media es 
el realismo que encierra la epopeya, el poco apego á lo fantástico, 
propio de las literaturas del Norte, que, á pesar de haber hecho 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. I sSq 

en Castilla tanta presión desde el siglo xiii con la llamada litera- 
tura caballeresca, vencióla al fin y desterróla con obras tan realis- 
tas como las de los dos arciprestes, La Celestina y sus imitaeio- 
nes, el teatro de Encina, Fernández, Vicente, Rueda y todo el del 
siglo XVI, las novelas picarescas y el Quijote, que le dio el golpe 
de gracia. 

Otra nota tan de casta como la popularidad y el realismo es 
la gravedad ética de fondo y la sentenciosa de forma, que se halla 
desde el principio de la versión de los libros orientales y que no sólo 
siguió dando en todo tiempo la inmensa literatura moralizadora de 
los ascéticos, políticos y satíricos, sino que empapó hasta los libros 
más profanos y de puro entretenimiento, como el Libro de buen 
amor y La Celestina. En la Edad Media la literatura era educa- 
dora en España. Estaba en manos de clérigos, obispos y frailes, 
de reyes y magnates, y dirigíase á una raza guerreadora, en con- 
tinua lucha de campamento, cerril y rústica. La reconquista ha- 
cíase no menos en nombre de la religión contra los infieles; judíos 
y mahometanos codeábanse con los cristianos en el cotidiano vi- 
vir. Didáctica, moral y religiosa tenía que ser la literatura ; grave, 
sentenciosa, cuajada de apólogos y de ejemplos; criticadora de las 
malas costumbres y satírica. Tal es la literatura de los siglos xiii 
y xiv^ hasta en la épica, que ensalza á los héroes guerreros, justos 
y enterizos, honrados y compasivos tanto como valientes y dignos 
vasallos de los reyes ; hasta en la crónica y en la historia, que ofre- 
ce dechados de hombría de bien, de santidad y religión. Después, 
desde el Renacimiento, nuestra literatura es en gran parte de en- 
tretenimiento, de puro arte, y, sin embargo, sigue siendo tan moral 
en el fondo y aun en el propósito de los autores. Y nótese cuánto 
difiere en esta parte de la literatura francesa, más doctrinaría ó 
interesada, generalmente, y, con todo, menos ética y cristiana. En 
la Edad Media, su épica, según la última manera de ver, es obra 
interesada en torno de los monasterios, adonde trataba de atraer 
romeros y devotos ; la literatura clásica del siglo xvii es de una 
moralidad mundana, sistemática y hasta científica ; en el xviii, doc- 
trinariamente política. Y, sin embargo, hácese ya en la Edad Me- 
dia, naturalista y pagana, desmoralizadora y poco cristiana, en los 
fabliaux, en el Román de la Rose, en los Sermons joyeux y otras 
parodias eclesiásticas, dramáticas, blasfemas y escépticas de los 
goliards; luego en Rabelais, más tarde entre los libertinos, Vol- 
taire y la Enciclopedia, en el romanticismo francés y en el moder- 
no naturalismo. La gravedad española y la ligereza francesa son 
notas conocidas. De aquí la ninguna influencia de aquella litera- 



26o ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

tura naturalista en la nuestra, como ni de la lírica provenzal, pro- 
caz por una parte y grosera en sus diatribas personales ; por otra, 
endiosadora de la mujer y del amor lascivo hasta el extremo. Ni 
la lascivia ni la irreligión se hallan en nuestra literatura medio- 
eval, ni en nuestra literatura posterior, puede decirse, por lo menos 
doctrinaria y sistemáticamente. 

Estos principales caracteres de la literatura castellana eran 
consecuencia natural del duro vivir de los españoles durante la 
reconquista por la patria y por la fe, de la igualdad democrá- 
tica de la civilización castellana, nacida entre las montañas des- 
pués de quedar rota por la invasión arábiga la diferencia de cas- 
tas y linajes de la época visigótica. En aquella guerra contra la 
morisma todos eran iguales, señalándose los buenos tan sólo por 
el valor y el ardimiento patriótico y religioso ; de aquí el verdadero 
espíritu democrático, que impide la entrada del feudalismo y en- 
salza en la epopeya á los héroes, olvidando á los reyes. El duro 
vivir crea temperamentos esforzados, enteros, graves, de morales 
costumbres ; ahuyenta todo lo fantástico, alimentándose de la sencilla 
realidad, y no tiene vagar para refinamientos afeminados. Este 
vivir y natural del pueblo castellano retratóse en la epopeya y 
en toda la literatura medioeval española, y no menos en nuestra 
posterior literatura. 

Con el siglo xv llegamos al mundo del Renacimiento clásico, 
que abraza cuatro siglos (s. xv-xviii), y puede dividirse en seis 
épocas. La primera comprende los reinados de don Juan II y En- 
rique IV (1401-1473) : son los albores. La segunda, el de los Re- 
yes Católicos (1474-1516): es la época de los humanistas. La ter- 
cera, el de Carlos V (1517-1554): época erasmiana y de transición, 
en la que el puro clasicismo italiano lucha con el renacimiento de 
los estudios eclesiásticos, que proclama Erasmo, del hebreo y los 
Santos Padres y con el aprecio de lo nacional castellano. La cuar- 
ta, el de Felipe II (1555-1598); época de armonía, en que se con- 
ciertan la antigüedad clásica, los estudios eclesiásticos y lo cas- 
tizo nacional. La quinta, el siglo xvii : época en que la imitación 
y erudición, propias del clasicismo, dan sus frutos decadentes, 
conceptismo y gongorismo, y el nacionalismo da los suyos, teatro 
y novela. La sexta, el siglo xviii (1700-1829): época seudoclásica, 
remedo del clasicismo francés y lucha de éste con el arte nacional, 
que le vence. 

El Renacimiento comienza para la Europa medioeval en To- 
ledo, donde torna á conocerse lo griego, traducido del árabe, pa- 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. I 26 1 

sando la antigua cultura al Occidente, tras una tenebrosa noche 
de varios siglos, por medio de los árabes, que la habían providen- 
cialmente guardado, jugueteando con ella con miras políticas y 
lujosas de pueblo rústico y brutal, que por medio de conquistas 
bárbaras logra hacerse poderoso y hasta cortesano^. La filosofía 
escolástica del siglo xiii ensalza á Aristóteles. Luego toma el Re- 
nacimiento extraordinario empuje en Florencia, haciéndose más 
clásico y helénico, sobre todo con el estudio de Platón, Derrámase 
por Italia durante el siglo xiv, y en el siglo xv lo traen á España 
los prelados que asisten á los Concilios de Constanza y Basilea 
(1414-1431), sobre todo el gran don Alonso de Cartagena, que 
con toda su familia y descendientes fué el principal propulsor de 
los estudios clásicos. Las comunicaciones con Italia se hacen más 
frecuentes por días. El Colegio de Bolonia contribuyó no poco, y 
más los esclarecidos prelados españoles que brillaron en Roma: 
fué siglo aquel de grandes obispos españoles, y continuó siéndolo 
el siglo XVI. Los estudios clásicos fueron levantándose muy poco 
á poco, hasta llegar la imprenta. Son albores del Renacimiento. No 
se pasa del sentido y doctrina, no se llega á la forma, en el verter 
y tomar de los libros de la antigüedad. Época de versiones, de tras- 
vase erudito de sentencias. Cuando se proponen imitar la forma 
del decir latino, echan á perder el castellano. En prosa y en verso, 
es de ver las contorsiones que dan á la frase por remedar el hi- 
pérbaton latino y el hacinamiento de latinas voces con que creen 
hermosear la dicción. Diríanse tanteos de muchachos que en la 
escuela tratan de imitar el estilo y lenguaje de las personas ma- 
yores. Pero ¡ qué fervor de latinidad ! Juan de Mena en la poesía, 
don Enrique de Villena en la prosa, Santillana en prosa y verso, 
trasiegan, imitan sin tino, con más loable intención que buen su- 
ceso. El Marqués de Santillana, sobre los demás, muestra una 
curiosidad y una codicia de todo lo italiano y latino, de lograr có- 
dices y versiones, que sólo admite comparación con don Enrique 
de Villena, el hombre más entendido en lenguas y en todo linaje 
de disciplinas de su tiempo en España. Hernán Pérez de Guzmán 
y el Arcipreste de Talavera, más arrimados á lo castizo, libráron- 
se del barroquismo latinizante, logrando dar á la prosa : el primero, 
un brío y rotundidad de avisado erudito, á la vez castellano y la- 
tino; el segundo, un corte y color enteramente populares. Juan 
de Lucena es archilatinizante ; Alfonso de Palencia ya es casi un 
humanista, que prefiere escribir el latín. 

De los poetas del Cancionero de Baena ya dijimos: imitadores 
de la lírica galaicopori;uguesa y por ella de la provenzal, luego de 



202 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

la alegoría dantesca y de la metafísica amatoria de Petrarca, qué- 
danse, generalmente, con la corteza y lo peor de tales dechados y 
sólo aciertan en la métrica, castiza, que moldean y afinan, y con 
las sátiras personales, groseras á menudo, pero de vena popular. 
La alta poesía de Santillana, de Pérez de Guzmán, de Gómez Man- 
rique, de Guillen de Segovia, es moral, seriota en demasía y por 
demás erudita. Juan Rodríguez de la Cámara es el que trae de la 
sensible y cariñosa Galicia cierto sincero lirismo que preludia la 
novela sentimental. Juan de Mena, el rey de los poetas eruditos, 
es un alegorista dantesco y un latinizante descaminado, á pesar de 
sus verdaderas dotes de poeta. Hay que acudir al ropero de Gíf- 
doba, y á las anónimas sátiras de las Coplas del Provincial y de 
Mingo Revulgo, para hallar sinceridad de expresión popular y 
castiza, 

^{Cancionero de Stuñiga nos lleva á otro acontecimiento que 
enlazó más estrechamente á Italia con España y abrió más ancha 
carrera por donde pasara acá el Renacimiento: la entrada en Ña- 
póles del rey Alfonso V de Aragón (1443), de aquel verdadero hu- 
manista y Mecenas de humanistas y literatos, en cuya corte se jun- 
tan los de Italia, Aragón y Castilla. Los frutos literarios son esca- 
sos, al parecer; pero allí se forman los primeros humanistas espa- 
ñoles y por él se nos abren de par en par las puertas de la cultura 
italiana. ♦ 



El año 1474 comienza el reinado de los Reyes Católicos y se 
introduce la imprenta en España. Es .la época segunda del Re- 
nacimiento, la de los humanistas. Arias Barbosa enseña por pri- 
mera vez griego en Salamanca y el conocimiento del griego es 
la llave del verdadero Renacimiento. Nebrija, padre de la filo- 
logía española, viene de Italia y desterrando á los bárbaros', en- 
seña latín y castellano y escribe de todos aquellos conocimientos 
que abarcaban los antiguos gramáticos griegos, los filólogos 
modernos, los humanistas del Renacimiento. Hernán Núñez fué 
otro de los grandes humanistas, también estuvo en Italia, enseñó 
griego, editó obras latinas y fué el primer folklorista español 
con su colección de refranes. Entre los demás humanistas, Juan 
Sobrarías, Villalobos, Ciruelo, Núñez Delgado, León Hebreo, 
Alfonso de Zamora, Hernando Alonso de Herrera, Rodrigo de 
Santaella, Luis Vives, son los más renombrados. Traducciones de 
obras latinas se hacen muchas y más á conciencia que en la época 
anterior. 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. I 



263 



Pero mucho más importante que el Renacimiento clásico de 
los humanistas es en esta época el nunca antes visto aprecio 
que de la literatura .popular muestran los eruditos y el tinte po- 
pular que comunican á sus obras originales. Descúbrese por pri- 
mera vez el romancero, esto es, la verdadera epopeya popular 
castellana que en el siglo xiii se muestra en el Cantar de Mió 
Cid y en las prosificaciones de la Crónica General. Aconteci- 
miento es éste de los más importantes, acaso el más importante 
de nuestra historia literaria. Porque no solamente la enriquece con 
una de las epopeyas más originales que se conocen, sino que Con 
el romancero se echan los cimientos del teatro nacional, que de él 
se alimentó. 

Las causas principales de este acontecimiento pudieran ser, 
primero, la conquista de Granada, que llevó á los españoles á vol- 
ver los ojos atrás sobre la reconquista, recordando con fruición 
los romances fronterizos que narraban los episodios más cele- 
brados, y yendo más atrás, los héroes de la reconquista, como el 
Cid, y los fundadores de los reinos, como Fernán González. 
Por eso se publican las crónicas sobre estos héroes y los ro- 
mances se venden sueltos colgados de cordeles en las esquinas, los 
cantan los ciegos y los recopilan y remedan los eruditos. La otra 
causa pudo ser la fiebre que el público mostraba tener de leer 
libros de caballerías, difíciles antes de copiar, impresos ahora, 
y más buscados y leídos después que Montalvo imprimió refun- 
dido y añadido el Amadís de Caula. Las ideas caballerescas ha- 
bían ido ganando terreno desde el siglo xiii entre la gente vulgar 
que se repastaba en ellas. De aquí los viejos romances caballeres- 
cos, que ahora se tomaban de labios del vulgo y se vendían impre- 
sos juntamente con los fronterizos é históricos. El espíritu aven- 
turero y guerreador que tras el triunfo total sobre los moros re- 
quería los romances que narraban episodios de la reconquista y se 
solazaba con ellos, repastóse no menos en los fantásticos cuentos 
de los libros y romances caballerescos. 

Otro hallazgo importantísimo de esta época es el teatro po- 
pular, religioso y profano, que se lleva por primera vez á la 
literatura escrita por vates populares y eruditos á la vez. Los 
primeros asomos fueron las Representaciones de Gómez Man- 
rique y el Diálogo entre el amor y un viejo de Rodrigo de Cota, 
el viejo, verdadero trozo teatral representable, que imitaron Juan 
del Encina y otros. Juan del Encina fué, sin embargo, el ver- 
dadero fundador del teatro; tras él vinieron Lucas Feniández, 
Gil Vicente, Torres Naharro, Diego Sánchez de Badajoz, Tanco 



264 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

de Fregenal y Fernando de Rojas con su incomparable Celestina. 
Todo este teatro es verdaderamente popular, por más ingredien- 
tes eruditos é italianos que le añadieran sus autores. 

Más renacentista y erudita es la novela sentimental, psico- 
lógica y medio caballeresca que nace también en esta época. Des- 
pués de Juan Rodríguez de la Cámara, Diego Fernández de San 
Pedro fué el primero que se presentó con El Tractado de amores 
de Arnalte y Luccnda y con la Cárcel de Amor; después Juan de 
Flores con su Breve tractado de Grimalte y Gradissa; vino des- 
pués la versión de la Historia de los amantes Eurialo y Lucrecia 
Senesa de Eneas Silvio Picolomini ; la del Decameron de Boccac- 
cio, de La Fíamela; la anónima Questión de Amor, y La Peni- 
tencia de Amor de Pedro Manuel de Urrea. Sin duda fué la novela 
caballeresca la que inspiró este género novelesco, juntamente con el 
italiano Boccaccio, y de entrambos espíritus está fraguada de he- 
cho. Realmente no se tradujeron las novelas de Boccaccio hasta 
esta época, y no por haberse desconocido antes el autor, pues se 
habían trasladado, sus demás obras, la Caída de Príncipes, De 
las mujeres ilustres y el Liher de Montibus, etc., porque sus asun- 
tos eran conforme el gusto de las épocas anteriores. Sólo cuando 
lo hubo por las aventuras caballerescas y sus amoríos se tra- 
dujeron los cuentos y nació en España la novela sentimental y 
caballeresca. 

El primer poeta lírico de esta época es el famoso Jorge Man- 
rique, que fijó para siempre el modelo de elegía castellana en sus 
Coplas por la muerte de su padre. Dos franciscanos fueron los 
que supieron por primera vez juntar en una la vena erudita y la 
popular: fray Iñigo de Mendoza en la poesía, levantando el ro- 
mance y llevándole á los palacios, y fray Ambrosio Montesino en 
ia poesía y más en la prosa. Cultivó la alegoría dantesca Diego 
Guillen de Avila y fué algo petrarquista Ped^ro Manuel de Urrea. 
El Cancionero de Hernando del Castillo nos conservó las flores de 
los poetas menores de este reinado y el de Resende las de los poe- 
tas portugueses que en castellano escribieron. 

La prosa deja ya los andadores latinos con que la apiolaban 
los escritores de la pasada época y se muestra gallarda y señoril, 
henchida de jugos, numerosa y suelta, en mosén Diego de Vale- 
ra, en Hernando del Pulgar, en Gonzalo Ayora, en Garci Ro- 
dríguez de Montalvo, en Villalobos, en López de Vivero, en 
Gabriel Alonso de Herrera, en Andrés Bernáldez, además de 
los novelistas y traductores. ^ 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. I 205 

En st-ima, la literatura da un paso tan de gigante en el reinado 
de los Reyes Católicos como la politica y el poderío de España. 
Asiéntanse los fundamentos macizos del Renacimiento sobre 
las humanidades, siendo maestro de latín y castellano Ne- 
brija; de griego y folklore castellano, Hernán Núñez; y gran re- 
tórico, de una retórica enteramente amplia y moderna, gran pe- 
dagogo, gran humanista y gran filósofo, Luis Vives. Pero la 
literatura propiamente castellana diríase que es enteramente 
nueva por dos conceptos : por tomar la savia del tronco popular 
y por la diferenciación de los géneros poéticos que ahora co- 
mienza y es consecuencia del sesgo castizo que toma la literatura. 
La poesía de la época medioeval fué didáctica y educadora, 
como para una cultura en formación; la de la época ante- 
rior, como de donceles cortesanos, fué un mariposeo por en- 
tre las literaturas extrañas, la galaicoportuguesa, la proven- 
zal, la italiana de las varias escuelas de Dante y Petrarca. 
Ahora, injertándose lo popular en la literatura escrka, nacen 
en ella los géneros bien diferenciados de la popular, todos cas- 
tizos y nacionales : la épica con el romancero, la lírica ; el teatro, 
ya sagrado, ya profano; la novela, ya psicológicosentimental, 
ya caballeresca; el género epistolar, la filología castellana, la pa- 
remiología, el estudio de la agricultura; la filosofía con sus va- 
rias ramas, aristotélica, antiaristotélica é independiente de He- 
rrera ; la platónica, de León Hebreo ; la ecléctica y armónica de Vi- 
ves ; la mística, en prosa y verso ; la picaresca y de germania de Ro- 
drigo de Reinosa y de la Celestina. 

El Renacimiento clásico con los humanistas y el injerto de 
la literatura popular castellana en la erudita, con la consiguiente 
diferenc''^.ción de los géneros, son los grandes acontecimientos 
literarios de la época de los Reyes Católicos. La de Carlos V, 
tercera del Renacimiento, trae otra gran novedad, otro renaci- 
miento, el de los estudios eclesiásticos, debido al espíritu de 
Erasmo. Su influencia en España y en el Renacimento diríase 
aún desconocida, puesta por lo menos en balanza. Suena su nom- 
bre á lucha y discordia en el campo católico, y su bandera, que 
á todas partes la lleva de hecho, parece todavía á muchos, como 
pareció en su tiempo á no pocos, mancillada por ráfagas de pro- 
testantismo. Fué realmente un protestante, pero no de los ene- 
migos de la Iglesia; protestó contra el paganismo del Renaci- 
miento en Italia y contra la mundanología de los eclesiásticos en 
el pueblo cristiano. No es mucho se sintieran los eclesiásticos y 



266 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICO HISTÓRICO 

religiosos que no alcanzaban la alteza de sus intentos, bien aípol- 
tronados en sus regaladas prebendas y le declaran guerra sa- 
ñuda, a la cual respondiera él con la fiereza de su sátira ju- 
venalesca. Hora es ya de prescindir de estos chasquidos del 
azote, de aquellos enconos interesados y de acendrar los propó- 
sitos y los excelentes frutos de aquella lucha. Unos y otros 
quedan indicados. Nadie negará que Erasmo fué uno de los 
grandes humanistas, acaso el más sonado y el que más discre- 
tamente supo apropiarse la flor y nata del clasicismo, el amor 
práctico á la belleza de la forma literaria. Y sin embargo hizo 
la guerra al Renacimiento italiano, porque su fibra recia de 
hombre del Norte hallaba falseado el clasicismo en Italia con 
un afeminamiento y rotura de costumbres, con un pensamiento 
naturalista y pagano, que ni ajustaban del todo al verdadero cla- 
sicismo de la antigüedad, ni menos se avenían con el espíritu ul- 
traterreno y grave de la doctrina cristiana. Sobre su depravación 
medioeval, efecto del cisma de Occidente, habían eclesiásticos 
y religiosos echado el no menos depravado manto, por afeminado 
y mundano, de las brillanteces del Renacimiento. La Roma de 
los papas había así juntado, á las heces de la más caida de las 
épocas cristianas, las del más anticristiano paganismo. Erasmo, 
humanista, renacentista en arte y forma, amamantado en la 
pura doctrina de los Padres y Santos del siglo iv y de los orí- 
genes de la Iglesia, llevaba el más puro y viejo cristianismo en 
el fondo de su alma.- Y sintióse avergonzado de que los pasto- 
res del rebaño de Cristo fuesen tan malos cristianos en costum- 
bres como buenos paganos en ideas. Abogó por los estudios pa- 
trísticos y exegéticos, los dos sustanciales estudios eclesiásticos; 
puso en solfa las (pueriles triquiñuelas y cavilaciones aéreas de 
la decaída teología y blandió gentilmente el azote sobre las es- 
paldas de los codiciosos, interesados, regalones y mundanos clérigos 
y religiosos. Practicó los estudios eclesiásticos que pregonaba; fué 
lucha continua de palabra y de acción la suya en pr® de la forma 
clásica y del fondo cristiano, contra el fondo pagano de las 
ideas y la forma superficial no más de las costumbres cristianas. 
Dividiéronse en España los campos. Por fortuna los más y los 
mejores ensalzaban los intentos de Erasmo, y España empren- 
dió la reforma de la Iglesia en las órdenes religiosas y en el 
clero secular y consiguió se convocase el Concilio de Trento, 
donde brillaron como principales lumbreras nuestros teólogos. 
La literatura tomó un tinte satírico de una y de otra parte. Lu- 
ciano asomó su burlona faz en el bando de los escritores eras- 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. I 267 

mistas y les enseñó sus mañas. Toda esta época se resuelve erpi 
la lucha de los seguidores de Erasmo entre el Renacimiento clá- 
sico á la italiana de fondo pagano y el Renacimiento clásico eras- 
miano, esto es, de fondo eclesiástico y cristiano. Y nacional á la- 
vez y como consecuencia. Porque puestos uno frente á otro en 
la época anterior, el exclusivo clasicismo y el casticismo nacio- 
nal de lo popular llevado á la literatura, vienen á las manos en. 
esta época, hay verdadera crisis y las dos tendencias, clásica y 
nacional, se contrapesan. En la lírica los italianizantes Boscán, 
Garcilaso, Acuña, Cetina, etc., hállanse muy contrabalanceados 
por los amigos de los metros castellanos, como Castillejo, Silves- 
tre, Luis de Escobar, Sepúlveda, Luis Hurtado, Sebastián de Ho- 
rozco, etc., y no pocos alternan entrambas métricas, como Sa de 
Miranda, Diego Hurtado de Mendoza, Jorge de Montemayor»- 
En el teatro luchan los elementos italoclásicos con los populares. 
En la novela Montemayor trae lo pastoril italiano, pero el Laza- 
rillo, de casta popular, introduce la picaresca. Los hermanos Val- 
des ofrecen una felicísima armonía en estilo, de la elegancia 
clásica con la pureza castiza. Los estudios serios y graves apro- 
véchanse de la forma clásica; pero en el fondo son cristianos y 
españoles, conforme el criterio de Erasmo. Así reforman, her- 
mosean y macizan la teología y la filosofía escolástica varones 
de tan apurado gusto coino enjundia doctrinal, cuales son Mel- 
chor Gano. Victoria y Soto, y la gran mística comienza ya á resplan- 
decer con fray Francisco de Osuna, fray Alonso de Orozco, el pa- 
dre maestro de Avila y fray Luis de Granada. Pero el fruto princi- ■ 
pal del erasmismo vióse en la época siguiente, con el hermoso 
florecimiento de los estudios bíblicos y patrísticos. Prosiguen- 
en ésta las traducciones de libros clásicos, mas en hermosura., 
de lenguaje ganan á todas, las obras de Erasmo. Ambrosio 
de Morales es el primero que busca documentos para fundamentar 
la historia y la de América la emprenden los mismos conquista-- 
dores en cortas y jugosas cartas ó relaciones y los que les ayudaron 
en sus empresas ó asistieron á los primeros establecimientos y 
ciudades. En suma, el clasicismo lucha con el arte popular nacional, 
con ventajas de éste, y no menos las lleva en su lucha con lo ita- ■ 
liano, que influye en la lírica con el endecasílabo, el soneto, eí 
terceto y la octava real, y en la novela con lo pastoril. Las obras 
de Guevara se estudian mucho en todas las naciones extranjeras 
y en parte se debe á él el cuphuismo inglés. No menos señorío ejer- 
cen nuestros libros de caballerías en toda Europa, que se tradu-- 
cen y hasta se tienen por cosa española. 



■268 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

La cuarta época del Renacimiento es la de Felipell (1555-1598), 
en que vence el espíritu nacional al renacentista. Tomado que hu- 
bieron de él cuanto no desdecía del espíritu cristiano y español, 
volvieron nuestros escritores los ojos al arte nacional : al habla po- 
pular, con la cual enriquecen, doblegan, atildan, colorean y refuer- 
zan el habla literaria ; á los metros castizos antiguos, sin por eso 
desaprovechar los italianos; á la lírica popular de villancicos, le- 
trillas y coplas ; á la popular épica del romancero, componiendo los 
llamados romances eruditos y romances moriscos. Habían pasado 
ios tiempos épicos, y así, fuera de estos romances, sólo se hicieron 
poemas conformes á los modelos clásicos italianos, como La Araw 
cana de Ercilla. Género de imitación en octavas reales, al modo 
italiano á imitación del Tasso, no tenía arraigo castizo ; por muchos 
que se compusieron, faltóle carácter nacional y no prosperó. En 
cambio la lírica erudita armonizó la inspiración hebraica con la 
clásica grecolatina y con la nacional, dándose obras de tan alto em- 
puje como las de Herrera, fray Luis de León, Góngora y Lope. 
Pero la que más se señaló en esta época fué la literatura espiri- 
tual cristiana, en sus varias ramas de mística, ascética, elocuencia 
y oratoria, en sermones del género patrístico de la homilía y en 
tratados exegéticos al alcance del pueblo. Bien se ve el triunfo 
del espíritu cristiano y nacional y no menos el efecto del erasmis- 
mo de la anterior época, que da en ésta sus frutos. No fueron, 
pues, vencidos los partidarios de Erasmo, puesto que venció su 
espíritu. La lucha se apagó por haberse recogido los frutos que 
se intentaban : la reforma de la Iglesia y de las costumbres de clé- 
rigos y religiosos y el hacer literatura cristiana, bíblica y patrística 
en el fondo con las elegancias de la forma clásica. Esto y no 
otro pretendían los erasmistas y conseguido que se hubo, la lucha 
cesó. 

La nota característica de la literatura en esta época cuanto á la 
forma es la serenidad, gravedad 3^ armonía clásica y juntamente 
el lenguaje popular, llevado como nunca á los escritos; cuanto 
al fondo, la religiosidad, la mística, la exégesis bíblica y la elo- 
cuencia y doctrina de los Santos Padres. Época de madurez, ar- 
monízanse las tendencias estéticas que antes luchaban, la clásica y 
la nacional : conciértanse fondo y forma, y además añádese el estu- 
dio de la Biblia y de los Santos Padres, tan proclamado por Erasmo. 
Fray Luis de León, clave del edificio literario de esta época, ofre- 
ce maravillosamente remansadas todas estas corrientes, la clásica, 
la nacional y la bíblica, y esto en fondo y forma, en prosa y verso, 
en asuntos, estilo y lenguaje. 



DE LA LITERATUR.A CASTELLANA. CAP. I 269 

Tan poderoso es el empuje de nuestra literatura en esta época,, 
que Italia sólo influye con el poema clásico en octavas, a lo Tor— 
cuato Tasso y en cambio se vierten en varios idiomas los más de 
nuestros libros, sobre todo los del padre Granada y Santa Teresa... 
señoreando nuestra literatura á las demás. 

La quinta época del Renacimiento abarca todo el siglo xvii,. 
Dos son los acontecimientos más sobresalientes. El gongorismo 
ó culteranismo y el conceptismo afean y avejentan la literatura; 
nacen el teatro nacional y la novela. Decadencia en lo uno, engran- 
decimiento en lo otrO', diríanse dos cosas contrarias é inexplicables. 
Nada más llano de entender, sin embargo. La decadencia fué con- 
secuencia natural del arte clásico. El Renacimiento había llegado 
al otoño de su vejez. Tras la infantilidad de la primera época, cu- 
yos escritores cortos de alcances, cual tiernos infantes, no alcan- 
zando la forma clásica, contentábanse con "el seso", con la doctrina, 
las mitologías, etc. ; tras la niñez de los humanistas que estudian 
como muchachos las lenguas clásicas en la época segunda; tras la 
mocedad de la tercera, en que luchan entre varias tendencias lo 
clásico y lo nacional, lo pagano y lo cristiano, el clasicismo de Ita- 
lia y el de Erasmo ; tras la madurez de la cuarta época en que, ar- 
monizadas las tendencias, cesa el combate y asiéntase el juicio de 
los escritores, tenía que llegar la vejez, cayendo en las chocheces 
de los viejos. Las cuales chocheces suelen consistir en que vuelven 
á lo de los primeros años, á no entender las cosas sino como los 
niños, jugueteando con ellas, contentándose con los superficial y 
accidental, sin calar lo hondo ni sacarles la sustancia. Y lo super- 
ficial y pueril del arte clásico está en la pura imitación y en el 
atenerse á la mitología y á las maneras de decir de otros. En ve^ 
de ver las cosas en la naturaleza, veíanlas los renacentistas en los 
libros, por medio de los autores. Todo se les iba en imitarles. Es 
propio de los niños repetir lo que oyen, no juzgar por sí, remedar 
á los mayores. Otro tanto hacen los viejos, vueltos niños en su tan- 
to. Lo clásico era cosa extraña para los pueblos cristianos, era cosa 
pegada y que se quedaba por fuera. El alma cristiana tenía poco 
que ver con el alma pagana. Querer mirar á la naturaleza, no en sí, 
sino mediante los autores antiguos era otra causa de segura deca- 
dencia. Imitar es, por otra parte, quedarse sin alcanzar el modelo, 
ser discípulos perpetuos. Tales eran los vicios que el clasicismo 
traía consigo y que tarde ó temprano habían de dar sus propios 
frutos. Y los dio al llegar el otoño de esta época, tras la madurez 
del espíritu clásico. La afectación en los conceptos jugando corí 



270 ESBOZO DE UN ENSAYO CRITICOHISTORICO 

-ellos, y en la manera de decir exagerando metáforas y abusando 
del léxico latino y de la mitología, fué el último fruto del arte clá- 
sico, imitativo por naturaleza, de segunda mano para ver las cosas, 
■copiándolas de como las dijeron y vieron los antiguos, arte erudito 
de suyo, que mira los libros en vez de mirar la viva naturaleza. La 
literatura decadente del siglo xvii son las hojas amarillentas y 
■secas que caen del árbol del Renacimiento. Por eso la decadencia 
y mal gusto fueron generales, de todas las literaturas, no sólo de 
la castellana. Si en ésta se encarnizó más la peste fué por ser á la 
sazón la más robusta; si cayó más bajo fué por erguirse más alta. 
Otra más temible peste invadió los estudios históricos con los fal- 
son Cronicones que inventó el falsario Jesuíta padre Román de la 
Higuera, arrastrado de un celo indiscreto y de motivos falsamente 
religiosos. Más de un siglo costó desarraigar las raices que echó 
-esta superchería en terreno abonado por la decadencia de los es- 
tudios, que iba creciendo por días, y un sinfín de obras quedaron 
mancilladas y desautorizadas para la crítica moderna. 

¿ Cómo concertar esta decadencia del buen gusto literario y del 
■criterio histórico, este otoño y vejez con la primavera y juventud 
del teatro nacional y de la novela cervantina? Estos dos géneros 
son los más complejos y piden más largo espacio para desenvol- 
"verse. No podían ir á la par con los demás, quedábanse rezagados 
■en su desenvolvimiento. Así en la época anterior, cuando los demás 
géneros llegaban á madurez, la novela era todavía cuento y el tea- 
tro andaba luchando entre la tragedia clásica y el entremés na- 
cional. Igualmente en la antigüedad el teatro fué lo último que 
en Grecia nació, comO' que fué un abrazo de la épica y de la lírica, 
cuando llegaron á su madurez, y la novela apenas si apuntó en la 
-época bizantina. En la época anterior maduran épica y lírica ; su 
•conjunción en el teatro tenía que venir algo más tarde. La épica 
clásica de poemas en octava rima, imitación lejana de la épica an- 
tigua é inmediata imitación de Torcuato Tasso, nO' hubiera podido 
dar teatro alguno, porque el teatro para ser nacional ha de fun- 
'darse en la nacional epopeya. Cuando ésta maduró, resucitándose y 
íinipliándose el romancero ó épica nacional, el primer paso para el 
teatro estaba dado. La lírica igualmente italiana en la época de 
Carlos V en manos de la escuela de Boscán, tenía no menos que 
volver á ser nacional, como en la de Felipe II, en ía que quedó 
vencedora de la italiana. Maduradas de esta manera épica y lí- 
bica nacionales dieron el nacional teatro de Lope. 

Con este desenvolvimiento de los elementos de nuestro teatro 
«durante todo el siglo xvi corre parejas el desenvolvimiento nove- 



DE T,A LITERATUR-\ CASTELLANA. CAP. I SJI 

leseo. En la época de los Reyes Católicos nace la novela corta psi- 
cológicosentimental por influjo de la italiana de Boccaccio y la ca- 
balleresca medioeval, y propágase la pura caballeresca merced á 
la imprenta y á la refundición del Amadís. El diálogo castizo y 
la pintura de costumbres nacionales, elementos sustanciales de la 
novela, nacen igualmente en la misma época con La Celestina y 
van desenvolviéndose durante el siglo xvi en sus continuaciones y 
en autos y entremeses. La novela de costumbres populares, con 
no poco condimento de /picaresca, germanía y rufianesca, va for- 
mándose en La Lozana andaluza de Francisco Delicado, en las 
obras de Cristóbal de Villalón, en los Colloquios de Antonio de 
Torquemada, en El Abencerraje de Antonio de Villegas y en El 
Lazarillo, en las obras de Lope de Rueda y J iian de Timoneda, en 
la Floresta de Melchor de Santa Cruz. Tres entorpecimientos 
halló este desenvolvimiento novelesco. El primero fué la moda de 
la novela caballeresca, que en los reinados de los Reyes Católicos 
y del Emperador sorbió el seso de las gentes comunes. El segundo 
fué la novela pastoril, imitada por Montemayor en su Arcadia, de 
la Arcadia de Sannazaro y continuada en la Diana enamorada de 
Gil Polo, en la Calatea de .Cervantes, etc. : novela de origen ex- 
traño, hechiza, sin arraigo en la realidad y que sólo pudo durar 
imos años, entre eruditos. El tercero fué la gravedad de los estu- 
dios durante la época de Felipe II, en la que señorean la mística, 
la historia, la alta poesía y la afición á los romances. Durante aque- 
lla época no se escribió ni una novela ; la misma novela picaresca, 
tan gallardamente nacida con El Lazarillo, no dio muestras de sí 
hasta que después Cervantes la continuó. Preparados, como dicho 
queda, los elementos novelescos, Cervantes, con sij varilla mágica, 
dio vida á la gran novela moderna. Primero compuso las más aca- 
badas de los géneros precedentes, de la pastoril en la Calatea, de 
la italiana, á lo Boccaccio en El Curioso impertinente, de asunto 
y estilo italiano; en La Señora Cornelia, de asunto ya español, 
aunque suceda todavía el cuento en Italia ; en La Española inglesa; 
en Rinconetc y Cortadillo, de asunto, estilo y lenguaje enteramente 
castizos y del género picaresco; en el Coloquio de los perros, del 
género satírico y lucianesco de Villalón. Con las Novelas ejem- 
plares fué de esta manera no sólo el primero que noveló como él 
dijo, esto es, que trajo cumplidamente al castellano la novella ita- 
liana, sino el que la españolizó enteramente, injertando en ella 
todas las anteriores clases de novelística en España cultivadas. 
Finalmente, en el Quijote hizo la mejor novela caballeresca, ingirió 
novelas psicológicosentimentales, la de Zoraida y la de Cardenio 



272 ESBOZO DE ÜN ENSAYO CRITICOHISTORICO 

y Lucinda, novelas pastoriles, una novela italiana y no pocas es- 
cenas picarescas. El Quijote, como dijimos en otra ocasión, es la 
tumba de los géneros novelescos antiguos, llamados á desapare- 
cer, y de los géneros de transición: en él fenecen y se trasforman 
el género caballeresco, el género italiano, el género pastoril. El ge- 
nio flexible de Cervantes se inspiró en todos los modelos que le 
precedieron; pero su realismo español, al infundir nueva sangre 
en la novela, la trasformó, dejándolos á todos ellos oscurecidos, y 
creando la novela moderna de caracteres y costumbres. 

El teatro nacional, creado por Lope, y la novela en toda la 
amplitud, creada por Cervantes, no podían venir más que des- 
pués del siglo xvi^ en que fueron madurando sus varios elemen- 
tos componentes. Asi coincidió el nacimiento de estos dos nuevos 
géneros, los más trascendentales de las literaturas todas hasta et 
presente, con la decadencia propia del otoño en que hubo de parar 
el Renacimiento. Teatro y novela son géneros los más complejos 
y acabados, en que se dan la mano lo más puro del arte y gusto 
popular y lo más refinado y estudiado del arte erudito. Son la 
epopeya de las edades avanzadas y cultas, de los tiempos moder- 
nos: la novela es la epopeya narrada en prosa; el teatro, la epo- 
peya y la novela puestas en acción. A la formación de una y otro 
concurren todos los otros géneros literarios, sobre todo los prin- 
cipales, la epopeya nacional primitiva y la nacional lírica. Donde 
no se den lírica y épica nacionales no puede darse teatro nacional 
ni nacional novela, porque novela y teatro son la conjunción de 
géneros literarios populares, de leyendas y tradiciones, y del diá- 
logo, conforme al habla popular, llevado por escritores eruditos y 
populares á la vez á la literatura. Lope y Cervantes fueron inge- 
nios extraordinarios que supieron fundir maravillosamente los di- 
versos ingredientes dramáticos y novelísticos, y que se habían 
apropiado con igual cariño la elegancia clásica y la realidad na- 
cional. Nadie como ellos apreció las leyendas españolas, el conte- 
nido y espíritu del romancero, y pocos como ellos se apropiaron 
el espíritu del clasicismo. 

Góngora y Quevedo, ingenios tan excelsos como Lope y Cer- 
vantes, dejáronse descaminar, á vueltas de obras muy castizas, por 
cosas ajenas al puro arte. Góngora, por naturaleza lírico poeta, de 
los más grandes de España, codició ser único y solo, y aunque en 
sus letrillas y romances había sobrepujado á todos los líricos de la 
escuela castiza española, quiso igualmente sobrepujar á los líricos 
todos de la escuela clásica y extremó los elementos brillantes de 
esta escuela, que eran cabalmente los oropeles de un arte extraña. 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. I 273 

erudita y de imitación, la cultalatiniparla y la hojarasca metafóri- 
ca, despeñándose asi el más alto lírico español, y precisamente por 
serlo, por sus ambiciones y su fecunda vena, en el abismo de lo 
más g-rotesco, oscuro, insincero y afectado, ó sea lo menos lírico 
que darse puede, de Las Soledades y El Polifemo. 

Quevedo, ingenio tan excelso que rayaba más en filósofo, como 
Séneca, con ser, como Séneca, poeta de tan rica fantasía, tampoco 
se contentó con sus coronas de novelista picaresco, de lírico po- 
pular en letrillas, jácaras y romances, de satirico lucianesco en 
sus Sueños, de tratadista históricosatíricosocial ; sino que, al sati- 
rizar la cultalatiniparla de Góngora, cayó en el conceptismo, cam- 
po propio donde su especulativa condición filosófica podía espla- 
yarse, dejando á todos oscurecidos. Su fantasía poderosa llevó 
las metáforas hasta la caricatura, y las dos Cumbres de su Par- 
naso, á vueltas de inimitables poesías de la escuela antigua espa- 
ñola, género en el cual dificultoso es decidir quién gane á quién, 
Góngora ó Quevedo, intrincó el más enmarañado boscaje de poe- 
sías conceptuosas y de fantástico decir, en son de broma, de he- 
cho sin ton ni son, una especie de farsa carnavalesca de mil colo- 
lines, caricatura bufonesca de la verdadera lírica, sincera y se- 
rena, levantada y grave, honda y filosófica, para la cual tenía con- 
diciones naturales de ingenio, sin par ni semejante. Cayó Queve- 
do, como Góngora, en tan honda sima, por ser tan excelso ingenio 
como él, y si Góngora, poeta de pura fantasía, se despeñó en lo 
culto y enigmático de la expresión, Quevedo, poeta y todavía más 
filósofo, hundióse en el hondón del enrevesado conceptismo. Otro 
tercer ingenio, tan grande como los anteriores, más filósofo que 
poeta, redactó el código del conceptismo, el por otro cabo inimi- 
table Gracián. 

Con esto la decadencia del arte del Renacimiento quedaba ca- 
nonizada, y con él el decaimiento, la enfermedad grave, la muerte 
de la literatura castellana. Quedaba realmente muerta y enterrada 
la literatura erudita por los tiempos de Carlos II, y no habiendo ya 
pueblo, como el medioeval, desaparecido entre las garras del abso- 
lutismo monárquico y de las injusticias de los privados, tan sólo se 
dejaron oír coplas bajunas de la plebe, sátiras que gemían en la- 
bios de la nación agonizante. Los eruditos satisfacíanse con car- 
telas de túmulos regios ó principescos, con certámenes conmemo- 
rativos de canonizaciones y fiestas de santos, con panegíricos y 
poesías de compromiso. 

En todo el siglo xvii apenas se nota en la castellana el influjo 
de las literaturas extranjeras; el mismo Shakespeare es desconocido 

TOMO Xll. — 18 



274 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

en España; en cambio, el de nuestra mística y picaresca, el de las 
demás clases de novelas, y, sobre todo, el del teatro, en todas las 
literaturas de Europa es avasallador. El teatro nacional y la no- 
vela realista de Cervantes son origen de la novela y del teatro mo- 
derno, entrambos resucitados en el siglo xix con el romanticismo. 
La mezcla de lo cómico y de lo trágico y el no tener cuenta con 
las famosas unidades dramáticas, fundamentos del teatro nacional 
español, lo fueron de todo el teatro europeo después de caer, con 
el romancismo, en todas partes el seudoclasicismo francés. 

La sexta y última época del Renacimiento es de verdadera 
caducidad : el seudoclasicismo francés, trasladado á España en 
el siglo XVIII por nuestros eruditos, ignorantes de nuestra añe- 
ja literatura y encandilados con la que hallaban en Francia. Qa- 
sicismo el francés de tercera o cuarta mano, con pujos de he- 
lenista, hasta creerse que sus trágicos habían mejorado á 
Eurípides, era imitación del clasicismo italiano, el cual lo era 
del latino y éste del griego. Del francés quiso serlo el español 
y así el abolorio resultaba tan luengo y remoto que no quedaba 
del helénico clasicismo ni la sombra. Con esta que no llegaba 
á sombra de clasicismo pretendieron, sin embargo, nuestros in- 
fatuados eruditos del siglo xviii, resucitar la muerta literatura 
castellana. Burláronse de Lope y de Calderón, no tuvieron noticia 
de Tirso ni del teatro de los siglos xv y xvi, castizo y popular; 
no supieron del romancero ni de la epope}'a castellana; prefirie- 
ron el falso Quijote de Avellaneda al verdadero y único de Cer- 
vantes, y con este bagaje literario, bien repletas, por el contrario, 
las maletas de cuanto podían arramblar en sus viajes de París, 
proclamaron las unidades dramáticas francesas, hicieron églo- 
gas, tragedias y poemas didácticos, todo según los patrones ver- 
sallescos ; y cuando los franceses nos quisieron pagar tan sendl 
sumisión á su literatura como realmente debe pagarse, á pun- 
tillazos y metiéndose en España para amarrarla al carro de triun- 
fo de Napoleón, se restregaron las manos de gusto los afrance- 
sados escritores, fuéronse á Francia con sus literaturas, dejando 
ahí eso para que se arreglase como pudiese el pueblo español, de 
ellos tenido por canalla vil. Esta farsa literaria afrancesada tras 
la jomada postrera, acabada en muerte, de la época anterior, fué 
como el saínete con que á su vez acabó el largo espectáculo del 
clasicismo, el fin y remate del mundo del Renacimiento. 

Meléndez é Iglesias escriben églogas versallescas donde Juan 
del Encina las hizo del terruño salmantino con el habla sayaguesa 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. I 2"]^ 

que allí todavía se habla. Villarroel, por rara excepción, supo 
trasladarlo de alguna manera á la literatura. El entremés castizo 
de Ramón de la Cruz y la comedia de Bretón eran aplaudidos en 
€l teatro, mientras las obras de los afrancesados, apoyadas por 
el gobierno, no podían representarse por falta de espectadores. El 
estudio renovado en Europa de la antigua Grecia, del cual sacó 
Chenier sus poesías, de un clasicismo harto más verdadero que el 
usado hasta entonces en Francia, dio en España algunos buenos 
helenista á fines del siglo xviii^ que hicieron hermosas ediciones 
y versiones. 

Pero toda corriente estética venida de fuera trae sus venta- 
jas, aunque no sea más que la de una renovación, siempre con- 
veniente al arte. El influjo francés despertó en el siglo xviii 
la literatura, que realmente estaba muerta. Siglo de crítica histó- 
rica por serlo de crítica política, filosófica y religiosa, despertó en 
España la conciencia histórica, descaminada por los falsos croni- 
cones, moviéndose debates y apurándose las fuentes y los hechos 
por hombres tan estudiosos como Nicolás Antonio, Martí, el Mar- 
qués de Mondéjar, Alvarez de Toledo, Ferreras, Segura, Feijóo, 
Mayans, Flórez, Alonso Vázquez, Risco, Masdeu, Villanueva y 
otros que fundamentaron la maciza erudición histórica. Las Aca- 
demias, aunque fundadas con el criterio estrecho y académico de 
las de Francia, estimularon la afición á la cultura : la Academia Es- 
pañola, la de Medicina, de la Historia, de Bellas Letras en Bar- 
celona, de San Fernando y otras. Si el arte puro no vio levantarse 
grandes ingenios y aun los que se dieron desperdiciáronse no poco 
por el mal gusto reinante, mezcla del gongorismo pasado y del 
presente seudoclásico prosaísmo, como Torres de Villarroel, que 
en otras edades más propicias hubiérase alzado con más gloriosos 
timbres, hubo, á lo menos, muchos y grandes eruditos que asen- 
taron en firmes cimientos la cultura moderna, como Lucas Cor- 
tés, Berganza, Mayans, Juan de Iriarte, Larramendi, Murillo Ve- 
larde, Flórez, Sarmiento, Jorge Juan, Antonio de Ulloa, Luis José 
Velázquez, Llaguno, Piquer, Pérez Bayer, Berni, Burriel, etc. 
Las desaforadas invectivas de los afrancesados contra nuestra 
vieja literatura levantó un bando hispanista en su defensa, y con- 
tra los escritores artísticos de la escuela francesa brillaron otros 
de la escuela popular, que al cabO' venció, preparándose de este 
modo el reinado del romanticismo, que en el teatro y la novela 
no desdecía de nuestra tradición literaria, hasta el punto de ha- 
ber alzado los alemanes como enseña del teatro romántico nuestro 
leatro nacional del siglo xvii. 



276 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

Llegamos al mundo literario moderno, al mundo romántico 
que entró en España hacia 1830, parte mediante tradiciones de 
obras románticas extranjeras desde fines del siglo xviii^ parte 
por medio de los emigrados á su vuelta de Inglaterra. El roman- 
ticismo se alzó en toda Europa, hasta en Francia, contra el seu- 
doclasicismo francés, rechazó el arte clásico de imitación ex- 
traña, volviendo á la naturaleza misma, en la escuela lakista in- 
glesa y en las novelas francesas de Rousseau y Saint-Pierre 7 
otros, tornando al arte propio de la cristiandad, sobre todo his- 
tórica y caballeresca medioeval, entre los poetas alemanes y en el 
inglés Walter Scott. Arte del Norte de Europa trajo las notas 
septentrionales de una lírica íntima, musical y sensible, de cierta 
vaguedad enigmática, fantástica y doliente, de no poca exageración 
en fondo y forma; nacido en época descreída, escéptica y des- 
alentada, vino empapado en el pesimismo ó mal del siglo ; revolu- 
ción literaria tras las revoluciones religiosa, filosófica y política, 
proclamó la rotura de preceptos y leyes. El romanticismo pasó 
á las costumbres y fué bohemia literaria, la revolución y la exa- 
geración en todo, en un siglo todo él revolucionario. 

Pasada la época del mayor hervor romántico (1830-50), quedó 
lo sano del romanticismo, la contemplación de la naturaleza y rea- 
lidad en sí misma, del alma humana y sus luchas y deseos del 
"\iivir presente del hombre ; la contemplación, en suma, de lo pro- 
pio, no de lo ajeno ni mediante los autores antiguos y de los li- 
bros. Tal fué el realismo de la segunda época (1851-87), que 
mantuvo la sustancia del arte romántico, sin la hojarasca exage- 
rada y sin las notas germánicas. En Francia se extremó ciñén- 
dose á lo feo, al determinismo humano, á la parte bestial del 
hombre, con propósitos de ciencia experimental, llamándose na- 
turalismo zolesco. 

En la tercera época (1888-1907) vuelve, por reacción, en Fran- 
cia á matizarse el arte con las notas septentrionales, y esta vez ade- 
más, con el refinamiento de una sociedad gastada, que llevaba al 
arte decadente, simbólico, musical, matizado y vaporoso, aristocrá- 
tico y para pocos: es el modernismo, preparado por los parnasia- 
nos. Las tres épocas del mundo romántico pueden compararse á la 
mocedad suelta y bulliciosa, á la madurez de la asentada edad 
y á la caducidad pueril de la vejez, recorriendo de esta manera el 
arte romántico en un siglo las varias edades de la vida que en 
el mundo clásico del Renacimiento tardó cuatro siglos en recorrer. 

Desde que las ideas enciclopedistas vinieron á España, á pesar 
de la guerra de la Independencia llevada á cabo por el pueblo 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. I 277 

abandonado de los propagadores de tales ideas, como en manos 
de ellos cayó la política española, hízose francesa y durante todo 
€l siglo XIX nuestra patria ha seguido como un dotrino sometido 
con una á manera de servidumbre de los hombres políticos á la 
vecina república. Las letras han tenido que rendir parias igual- 
mente á Francia, aunque no fuera más que por ser literatos no 
pocos de los políticos que trasegaban de Francia sus ideas. Sin 
embargo, puede asegurarse que desde el romanticismo, si se han 
aprovechado algunos buenos elementos de la gran literatura mo- 
derna francesa, la nuestra ha vivido independiente y se ha des- 
envuelto conforme á su propia naturaleza. Traducciones de no- 
velas y de obras teatrales para la gente común se hicieron á man- 
ta ; pero por encima de esta literatura plebeya, traducida pro pane 
lucrando, se alza nuestra verdadera literatura durante todo el si- 
glo, con inspiración á veces francesa, pero de hecho y en sí misma 
enteramente nacional. ¿Quién más afrancesado que Larra? Y, sin 
embargo, su obra es toda española. Mesonero Romanos inspiróse 
€n escritores de fuera, pero es autor tan de dentro de casa, como 
El Solitario. Espronceda imitó á Byron ; pero no es su repetidor, 
sino muy original poeta. El Duque de Rivas, Zorrilla, Campoamor, 
Hartzenbusch, García Gutiérrez, la Avellaneda, la Coronado, Na- 
varro Villoslada, Balmes, Villegas, Fernández y González, Serra, 
¿qué tienen de francés? Anudaron á la vieja tradición el hilo de 
sus fantasías y remozaron la épica y el teatro antiguo con tonos 
de lirismo nuevo, dejando todo lo extraño del clasicismo. El ro- 
manticismo español benefició los ricos mineros de leyendas y 
tradiciones que España posee, viéndose así muy lejos y apartado 
del romanticismo francés y de su terrible descora ¿onamiento y 
pesimismo, de su cruel desengaño escóptico, de su fiebre positi- 
vista de goces, de su baja lujuria, de su descreimiento religioso.. 
Trabajada aquella nación por varias generaciones de escritores 
libertinos, por la literatura mundana de los salones, por la En- 
ciclopedia, por el sarcasmo ateo de Voltaire, por el positivismo 
más desconsolador, la nuestra no acababa de aceptar tales doctri- 
nas, educada como había sido durante siglos con la sana moral de 
la religión católica, con la doctrina de los teólogos, con el arte 
cristiano. Los escritores franceses han agitado las conciencias so- 
cavando las viejas y asentadas doctrinas, y con su gracia é inge- 
nio, ameno siempre, con su espíritu mundano, elegante y atrac- 
tivo, han logrado desparramar por el mundo sus libros y la bien 
lograda fama de sus nombres. Pero no por seguir diferente de- 
rrotero han sido menos grandes nuestros escritores, menos eos- 



278 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

mopolitas, pero más nacionales ; menos novadores, pero más afe- 
rrados al tradicional espíritu de nuestra literatura, la cual tiene 
las grandes ventajas de ofrecer mayor unidad en toda su historia. 
más alta y noble manera de pensar, base moral más firme^ 
mayor robustez nacional, más asentada cordura, sin perder en 
independencia y originalidad, antes sobresaliendo por lo mismo en 
estas cualidades. 

En la época realista muéstrase todavía más la diferencia de 
entrambas literaturas. No se dan en España esos dos extremos 
de la admirable repulida orfebrería poética del Parnaso y de la 
brutalidad, maravillosa por su fuerza, del naturalismo; pero 
queda á descubierto, sin los exagerados floripondios románticos 
que vinieron de allende, la vida real en la novela de Fernán Ca- 
ballero, Antonio de Alarcón, Pereda, Valera, Galdós, Palacio 
Valdés, Blasco Ibáñez, Felipe Trigo ; en' el teatro de Ayala, Ta- 
mayo, Echegaray, Galdós, Benavente, Grau ; en la zarzuela y el 
género chico ; en la lírica de Bécquer, Núñez de Arce, Rueda, Ga- 
briel y Galán. ¿Qué tienen que envidiar á los extraños tan origi- 
nales ingenios? No es menos íntimamente lírico Bécquer ende- 
chando amores platónicos que Musset cantando amoríos lascivos ; 
ni Fernán caballero y Pereda pintando regiones españolas y cos- 
tumbres sanas, nobles y características como las que más, tienen- 
por qué bajar la cabeza ante ningún escritor de costumbres de 
fuera de España. Y si Galdós puede emparejar como novelista 
con Balzac, á Balzac no se le ve ante Galdós dramático. La va- 
lentía de Echegaray hallará quien la venza fuera de España, pero 
no la de Tamayo en ir contra la corriente de ideas corruptoras con 
la misma fuerza dramática del más pintado. Valera no queda pos 
debajo de Anatole France en la gracia é ironía y le gana en buen án- 
gel y en filosofía sana y educadora. Gabriel y Galán espera en vano 
quien pueda comparársele en alteza de pensar, en hondura de sen- 
tir, en frescura y armonía de expresar el hogar doméstico y el pa- 
trio terruño. Tampoco hicieron mucha mella en España las deli- 
cadas extravagancias modernistas, fuera de la mocedad casquivana 
que perdió el seso unos días idolatrando en Rubén Darío, y no 
Fin motivo, ya que Rubén Darío supo coger las flores todas de 
las escuelas francesas con elegancia más graciosa y trasparente, 
en suma, más española. 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. II 279 

■ CAPITULO II , , 

EL ESPACIO Ó EL ESPÍRITU REGIONAL 

Siguiendo las doctrinas de los seudoclásicos del siglo xviii, 
solía afiliar Menéndez y Pelayo á los autores en escuelas, la sal- 
mantina, la sevillana, la cordobesa, la aragonesa. Cierto que los 
grandes autores hallan quienes les imiten, y en tal caso maes- 
tros pueden llamarse de escuelas literarias. Pero todo discípulo é 
imitador mientras lo sea no alcanza á tener personalidad artística, 
y de hecho los grandes escritores no pueden clasificarse en escue- 
las, puesto que cada uno funda la suya. Los discípulos, puros re- 
petidores de los maestros, agrandan, por decirlo así, su sombra ; no 
son luz de ninguna especie, no cuentan aparte para nada. Baltasar 
del Alcázar es sevillano y no veo cómo pueda caber en la escuela 
sevillana, esto es, de la de Herrera, su contemporáneo. Yo no doy 
importancia alguna al encasillado por escuelas. Cada grande es- 
critor tiene imitadores á modo de escuela; pero los grandes es- 
critores no forman una escuela. 

Se me dirá que hay un cierto aire de familia entre los 
escritores sevillanos ó entre los salmantinos. Y no lo negaré, antes 
lo aceptaré tan gustoso que desearía estudiar ese aire de familia; 
sino que yo creo que ese aire no se debe á escuela alguna : débese 
al espíritu regional. No hay quien no vea el parecido de Góngora 
con Lucano y no lo atribuya á ser ambos cordobeses, y, con todo, 
no perteneció á la escuela de Lucano, ni cultivó el mismo género, 
ni tuvo el mismo espíritu poético Góngora, ni le imitó como 
discípulo. Es el espíritu regional, no la escuela, el que explica el 
j>arecido de entrambos. El espíritu regional viene á ser el medio, 
el clima, la tierra, la raza, las costumbres, la educación común 
y el común atavismo de las regiones ; el aire de familia, por otro 
nombre, puesto que el parecido en los individuos de una familia 
á todo eso se debe, sobre todo al atavismo de la sangre. 

Taine pretendió explicar todo el arte por estas circunstancias 
del medio y de la raza ; no se explica por ellas todo el arte. 
pero sí gran parte del arte. El escritor debe á ellas acaso la mi- 
tad ó la tercera parte de su arte ; el resto débelo á su índole per- 
sonal y á la educación propia y modo de vida en que se desenvol- 
vió en cuanto difiere de los demás. Hay un aire de familia en 
todos los escritores de una nación: es lo único cierto de cuanto 



28o ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

discurrió Taine. De la misma manera hay mi aire de familia en- 
tre los escritores de cada región dentro de la misma nación. Es- 
trechando ó ensanchando el círculo siempre hay un cierto pare- 
cido, un espíritu común, como hay una cierta manera de hablar 
desde el pueblo nativo, la región, la nación, la raza y por este 
mismo orden va el parecido desHéndose y atenuándose. Habla, 
espíritu, manera, todas las cualidades humanas diferéncianse en- 
tre individuos de raza sajona y de raza española. Pero dentro de 
la raza española los hispanoamericanos difieren de los españoles 
más que los españoles entre sí, que tienen un aire de familia en 
todo, más parecido del que los une á los hispanoamericanos ; más 
íntimo es todavía el aire de familia ó espíritu regional de los ga- 
llegos entre sí ó de los andaluces, y dentro de Andalucía los se- 
villanos difieren de los cordobeses ; y entre los cordobeses hay 
más parecido entre los de la misma ciudad de Córdoba respecto 
de los otros cordobeses de fuera de la ciudad. Es verdad que no 
pide demostración, como lo es que cada familia cordobesa tiene 
un aire de familia que la distingue de las demás, y sólo acaba el 
parecido y señorea la mayor diferencia en la personalidad de 
cada individuo. 

Lo que decimos del espacio téngase por dicho del tiempo. 
Con los tiempos cambian habla, ideas, arte; sin que por eso se 
pierda enteramente el espíritu de la raza y de la región. La lite- 
ratura castellana conserva durante todo el curso de la historia 
ciertas cualidades que la distinguen de la de los otros pueblos; 
dentro, sin embargo, de ella el mudar de los tiempos las La ido 
modificando. Hay un aire de familia entre los escritores andalu- 
ces de todas las épocas históricas que los distingue de lo? ara- 
goneses; la literatura andaluza y la aragonesa participan de las 
cualidades de la literatura castellana como diferente de la france- 
sa; pero todas ellas, la francesa y la castellana, y dentro de ella 
la andaluza y la aragonesa, van modificándose al correr de los 
tiempos. Bueno que se compare al aragonés Marcial con Góngora 
el andaluz; pero después que se le ha) a comparado con el anda- 
luz Lucano de su mismo tiempo, y lo mismo á Séneca con Gra- 
cián, pero después de haberlo hecho con Quintiliano. 

Acaso haya menos distancia de Marcial á los Argensolas ó 
de Lucano á Góngora, que de Marcial á Séneca ó de Góngora á 
los Argensolas. Ello indicaría que el tiempo separa menos que el 
espacio, que el espíritu regional es más firme y duradero que la 
semejanza llevada por el espíritu de una época á los escritores de 
ella. Pero, si bien se advierte, las doctrinas cambian más con el 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. II 201 

tiempo; las cualidades artísticas, hijas de las facultades humanas, 
difieren más según las regiones, y el tiempo apenas las mella. Ideas 
paganas en los uno, cristianas en los otros; pero siempre sobre- 
puja la fantasía en los andaluces y la inteligencia en los arago- 
neses: Lucano y Góngora, Marcial y Gracián. 

Asuntos como el presente préstanse á probar tesis más ó me- 
nos imaginarias, con lo que se desvirtúa el propósito, que debiera 
ser tan solamente diferenciar el alma de cada región para mejor 
ahondar en el alma común de la raza. Tales cotejos dan, efectiva- 
mente, ripio á mano para probar las más opuestas opiniones, como 
lo dan siempre los documentos históricos de cualquier jaez á los va- 
rios intérpretes que de ellos se sirven para afianzar las variadas 
maneras de opinar. 

Im.porta no llevar tesis alguna en la cabeza al entrar en este 
campo de investigación serena y desinteresada. Por de más está 
advertir que tampoco se trata de ensalzar ó abatir, de apocar ó 
eugrandecer á regiones ni ingenios, que todos son sobresalientes 
y sin par, buscándose tan sólo las diferencias distintivas, no las 
graduales que panegíricamente las escalonan por su valer. 

Los dos Sénecas y Lucano, cordobeses; Columela, gaditano; 
Mela, de Algeciras, todos andaluces, son los primeros escritores 
que cronológicamente nos presenta la historia. Dejando á un lado 
los dudosos Valerio Flaco, Floro, Juvencio y Silio Itálico, siguen 
después Marcial, Quintiliano y Prudencio Clemente, todos arago- 
neses. Son las dos regiones antes y más latinizadas, merced á los 
TÍOS, el Betis y el Ebro, en cuyas márgenes buscaron los romanos 
digamos mejor, los italiotas romanizados, campos feraces que cul- 
tivar. Los primeros y más ricos terrenos halláronlos en Andalucía, 
donde, por lo mismo, florece antes la cultura romana y se hace fa- 
mosa la escuela de latinidad de Córdoba ; después viene Aragón y 
la escuela de Huesca. 

Podemos dejar á un lado á Columela y á Mela, escritor de agri- 
cultura el uno, de geografía el otro, y entrambos de menor valer 
literario. Tres para tres, pudieran parearse, por la igualdad de los 
géneros cultivados, Séneca el retórico con Quintiliano, Lucano con 
Prudencio Clemente y Séneca el filósofo y poeta con el poeta y algo 
filósofo Marcial ; pero es preferible cotejarlos á todos á la vez en 
cada género y asunto. 

El espíritu lírico de Lucano y Séneca es el mismo. Tío y sobrino 
distínguense entre todos los poetas romanos por el color. Aventa- 
jan en esta cualidad á los aragoneses Marcial, Quintiliano y Pru- 
dencio. En cambio, ganan los aragoneses á los andaluces en buen 



i82 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

gusto, en aticismo, cualidad que es más propia del entendimiento^ 
como la otra lo es de la fantasía. 

Y ésta creo que es la fómula: sobrepuja el entendimiento en 
Aragón, la fantasía en Andalucía. El hecho es manifiesto en todo 
el curso posterior de la historia ; pero no es menos de maravillar el 
que lo sea entre escritores de raza itálica, con sólo haberse tras- 
plantado el linaje á dos diferentes regiones españolas. ^: Tanto pue- 
de la región, que á unos mismos italiotas los convierta en andaluces 
y aragoneses ? Nada sabemos de si estos escritores llevaban ya algo 
de sangre española en sus venas ; pero tales divergencias son para 
mi prueba incontestable. Sólo á la mezcla de sangre, juntamente 
con la educación, puede atribuirse el singular fenómeno de que en 
la Argentina se fundan tan presto italianos, ingleses, franceses y 
alemanes, y que el espíritu resultante que sobrenada sea castiza- 
mente argentino, quiero decir español, con el matiz de america- 
nismo bien conocido en los hispanoamericanos. 

El color por una parte, hijo de la fantasía, y por otra el buen 
gusto, la mesura, la armonía en las cualidades artísticas, que pro- 
viene de la inteligencia, distinguen ya desde aquellos tiempos á lo* 
ingenios andaluces y aragoneses. 

No creo necesario descender á casos particulares para compro- 
barlo. Séneca y Lucano son, junto á Marcial, Quintiliano y Pru- 
dencio, lo que la rosa más encarnada junto á la rosa de color de 
rosa. La brillantez y abundancia de metáforas, el fuego y ardi- 
miento, el tono enfático, el giro retórico, la rotundidad, tanto en la' 
prosa como en el verso, la pompa y majestad, cualidades son harto 
conocidas de La FarsaUa, de las Tragedias y de las obras filosóficas 
de Lucano y Séneca. Todo lo contrario en Marcial, Quintiliano y 
Prudencio. Marcial en poesía y Quintiliano en prosa, son los es- 
critores romanos más áticos y mesurados. Señorea en ellos la inte- 
ligencia, como en los ingenios helénicos, con todas sus cualidades,. 
la claridad y trasparencia del pensamiento y del modo de expre- 
sarlo, la propiedad y justeza, el ningún derroche de pámpana or- 
namental ; en una palabra, lo que se llama elegancia, aticismo. No 
es pobreza ó escasez ; es continencia y mesura, es finura del senti- 
miento que escoge ; discreción de la inteligencia que poda lo no ne- 
cesario; robustez intelectual, que se satisface con los menores y 
más apropiados medios, confiada y segura de lograr por ellos lo que 
otros más codiciosos, por temerosos y desconfiados, no acaban de 
creer que alcanzaran si no amontonan cuanto les sugiere su rica 
fantasía. 

Séneca no se harta de repetir por mil maneras las mismas sen- 



DE LA LITERATURA CASTELLANA, CAP. II 2ÍÍ3 

tencias y doctrinas, cual fogoso y machacón apóstol que inculca y 
torna á inculcar. Educador no menos es Quintiliano, y de la gente 
menuda; pero deslizase, sesgo y tranquilo, por las serenas márge- 
nes, desde las fuentes primeras hasta la última formación del ora- 
dor. Rayos y truenos deslumhran y atruenan La Farsalia y las 
Tragedias, mientras le bastan á Marcial cuatro, diez versos, escul- 
pidos como en mármol, para cauterizar los vicios de Roma, y unas 
cuantas flores silvestres sencillas á Prudencio para tejer ligera 
guirnalda á los mártires. 

Brío y vigor hay en unos y otros, distinguiéndolos de todos los 
demás escritores romanos de la misma época, tanto en la solidez 
de las doctrinas como en la manera de decir. Satíricos todos, firmes 
en sanos principios, educadores en filosofía y no menos robusto.^ 
y firmes en sus pinceladas, en la manera sentenciosa. Pero ese brío 
y vigor, cuanto á la expresión, encomiéndanla Séneca y Lucano á lo • 
vivo del color, á lo cortado de la frase, al relampagueo lírico, á la 
fogosidad oratoria ; Marcial, Quintiliano y Prudencio no salen • 
afuera con ese empuje; permanecen serenos, mas confiados en la 
clarividencia de su razonar, en lo ineludible de su dialéctica, en la 
naturalidad de lo que dicen. Séneca el retórico, parangonado con 
Quintiliano, con tratar los mismos asuntos que él, difiere en espíritu- 
y estilo. Es más brusco Séneca, más ligero, más cortado, más arre- 
batado; Quintiliano tiene más asiento, cava más hondo, hila y tra-- 
ba más el razonamiento, es mucho más sereno y elegante. El vigor 
en Séneca está en la superficie del decir ; en Quintiliano, en lo hon- 
do del razonar. Las mismas sólidas doctrinas defienden entrambos 
sobre la elocuencia; pero el andaluz diríase torrente que se des- 
peña, choca en la canchas, salpica y ofusca, brinca otra vez, ocúl- 
tase y vuelve á salir siempre espumoso; el aragonés semeja la 
mansa y dilatada tabla del ancho río que, al parecer, no se mue- 
ve, según brilla de tersa y sosegada sobre la haz. Con haber vivido 
más cercano á Cicerón, di.sta más de él Séneca, cuanto al estilo, que 
no Quintiliano, el más ciceroniano de los escritores paganos, como 
de los cristianos lo fué Lactancio. La misma vivacidad y rebullicio ■ 
andaluz échase de ver en su hijo, Séneca el filósofo y trágico. Pa- 
rece filósofo peripatético en no saber estar sentado. Figúraselo uno 
siempre de pies y aun revolviéndose de aquí para allá por su rica 
y bien abastada quinta. Probablemente no se meneaba de su asien- 
to ; pero moralmente es misionero andariego, que salta de un tema 
á otro ; nunca acaba el que comenzó, volviendo en cien lugares 
sobre él, saltando de asuntos y en estilo no menos á saltos y como • 
á llamaradas, de disertador fogoso. La lírica de sus tragedias, que 



284 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

de hecho no son más que desahogos líricos flojamente trabados, 
ofrece la misma vivacidad é inquietud, parecidos chispazos y de- 
tonaciones. Con haber sido harto más bohemio y callejero el po- 
brete de Marcial, con su toga raída, muestra más asiento en su de- 
cir, más elegante serenidad, más acabado tornear de pensamiento 
y expresión. Lucano es volcán que no cesa un minuto de echar fue- 
go, llamas, estampidos ensordecedores; Prudencio es el ángel plá- 
cido del cristianismo que asoma por entre nubes pulsando suave- 
mente la lira para marcar el sesgo vuelo á los mártires que suben 
de la tierra. Su lírica en nada se parece á la de Lucano ni á la de 
Séneca. 

No cabe duda : la fantasía colorista, fogosa y bulliciosa señorea 
en las obras de los andaluces, los dos Sénecas y Lucano; la inteli- 
gencia serena y asentada en las de los aragoneses, Marcial, Quin- 
tiliano y Prudencio. 

Los escritores de la época visigótica son por la mayor parte le- 
vantinos y aragoneses. Paulo Orosio, de Tarragona, distingüese 
por la profundidad del pensar. Los santos Leandro, Fulgencio c 
Isidoro, aunque obispos de Sevilla el primero y tercero, nacieron 
probablemente en Cartagena. En Zaragoza florecieron Juan Ce- 
saraugustano, Máximo, Braulio, Tajón, San Eugenio, que después 
fué obispo de Toledo. De allí mismo fueron obispos San Ildefonso 
y San Julián, nacido en Cuenca. Todos ellos eruditos y graves. 
Pero pueden cotejarse con los escritores que á poco brillaron du- 
rante el siglo IX en Córdoba : el abad Esperaindeo, San Eulo- 
gio, Alvaro Cordobés, el abad Samsón. En medio de la postración 
de los estudios, entre sufrimientos y martirios, es harto notable el 
'prurito retórico que distingue el estilo de todos aquellos cordobe- 
ses y que contrasta con la severidad de los Padres visigodos, ara- 
goneses y levantinos. Hacinamiento de metáforas, de conceptismos, 
de todo linaje de floreos, exuberante adjetivación, excesivo color, 
retorcimiento de la frase : todo eso se da en Córdoba en el siglo ix, 
como entre los cordobeses del siglo i ; y nada de eso en los arago- 
neses y levantinos de los siglos vi y vii de la época visigoda. Has- 
ta los títulos de los libros son coloristas : Luminosus Indiculus, 
Liher Scintillarum. 

El espíritu español, en general, está de manifiesto en el Cantar 

de Mío Cid y en la epopeya popular castellana, conocida por las 

prosificaciones de la Crónica general y de sus posteriores reiuncii- 

aciones. Queda todavía más de relieve si se compara esta epopeya 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. II 285 

con la francesa, por ejemplo con la Ckanson de Roland, con la cél- 
tica o caballeresca de los bretones, con la lírica de los trovadores 
provenzales y con la lírica gallega : manifestaciones artísticas de la 
misma época. 

La cualidad más saliente de nuestra epopeya es la de ser, como 
la lírica gallega, de origen enteramente popular, y de ésta nacen 
todas las demás cualidades. Y ante todo el realismo, esto es, la sin- 
ceridad en describir tal como fueron los hechos, la epopeya cas- 
tellana y en expresar cómo se sentían los afectos del alma, la lírica . 
gil llega. La epopeya francesa mira los hechos con los cristales de 
aumento de una imaginación desaforada ; la épica caballeresca pier- 
da hasta los estribos de la realidad histórica; la lírica provenzal exa- 
gera por manera exorbitante el amor endiosado á la mujer y el odio, 
llegando al sarcasmo y á la sátira personal más cruda y desvergon- 
zada. Las tres exageran la realidad, dando rienda suelta á la ima- 
ginación, de suerte que lo fantástico señorea y oscurece lo que de 
realidad pudiera yacer en el fondo. Lo milagroso es cosa corriente. 
Lo desaforado de las pasiones, la crueldad, la lascivia, el amor 
como canonizado y endiosado, anuncian la llegada del Román de 
la Rose, en el cual los instintos naturales triunfan. Es el poema del 
naturalismo, cuyo continuador será Rabelais al llegar el Renaci- 
miento, Rousseau en el siglo xviii y Zola en el xix. Las ideas pa- 
ganas del Renacimiento contribuyeron á extender estas doctrinas 
naturalistas en la literatura francesa; pero, por lo dicho, tenían 
más honda raíz en la raza. Por ellas se distingue de la literatura 
castellana, que es, por el contrario, religiosa, providencialista y 
ética. 

No sobresale la epopeya castellana por la fantasía ni por el sen- 
timentalismo. Por lo primero distingüese de las restantes litera- 
turas europeas de su época ; por lo segundo apártase, no ya de ellas, . 
sino del mismo arte lírico gallego. Es más bien seca, aunque sin 
crueldad, como efecto del tono varonil de sus guerreros; emplea 
breíves y recios brochazos, en lugar de toda la paleta pictórica, 
para matizar y diluir. No faltan, pues, corazón ni fantasía; pero 
quedan subordinados al ansia de sinceridad y de realismo y al vi- 
gor guerrero de sus héroes. La nota varonil de la epopeya caste- 
llana lo será de toda nuestra literatura. Sólo al pasar á Francia 
parece blando y sensiblero el Cid, vidriosilla y hasta neurótica Ji- 
mena. No es que sea el Cid duro de entrañas ; es tierno, cuidadoso 
y amante de su esposa y de sus hijas. Bien claramente se ve en 
la segunda mitad del Cantar de Mió Cid, que de salir por ellas tra- 
ta ; pero no es con gemidicos ni caricias como muestra el Cid su 



286 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

. ternura. El cariño es hondo y lleva á obrar más que á manifestarse 
sentimentalmente. No hay tampoco crueldad ni encono en aquellos 
héroes; hay anhelos de salir por la justicia, por la libertad; de ven- 
gar los caprichosos entuertos, hasta las intenciones aviesas de re- 
yes y poderosos. Recabada la justicia, dadas prendas de amistad, 
olvidan sus querellas, deponen sus odios, se abrazan con sus ad- 
versarios. No son hombres rudos ni salvajes, son sencillamente 
varones ecuánimes y esforzados. ¿Qué actos de barbarie, de fero- 
cidad, pueden señalarse en nuestra epopeya, hirviendo, en cambio, 
en la épica caballeresca junto al afeminamiento y lascivia más baja, 
que entre los nuestros jamás se parece? Alucho menos refinada se 
muestra la sociedad en nuestra epopeya que en la literatura caba- 
lleresca, en la épica francesa, en la lírica provenzal y aun que en la 
epopeya homérica ; pero distingüese de las sociedades pintadas por 
todas aquellas literaturas en ser mucho más culta y civilizada 
•cuanto á los principios éticos, que son los del cristianismo, y cuanto 
^al sentir y pensar, noble é hidalgo, magnánimo y justiciero, inde- 
pendiente y libre. De aquella raza sin par podian esperarse gran- 
des cosas. Y que lo era y no por pura fantasía de los cantores, se 
ve claramente en la epopeya, ajena á todo prurito literario é hija 
de la más desinteresada sinceridad. Las cualidades apuntadas de 
la epopeya castellana lo son muy particularmente del arte regional 
•de Castilla la Vieja, cuyas características son la sobriedad y aun 
sequedad, el tener más de fondo y pensamiento que no de forma y 
ornamentación, como lo pedía la seca y adusta meseta castellana. 
Conforme se baja de ella á las costas, la sequedad parece como 
que se moja y ablanda, y el verdor y las flores se sobreponen, ocul- 
tando el fondo y deteniendo la vista en la forma superficial. El arte 
de Castilla la Nueva distingüese ya del de Castilla la Vieja por la 
mayor elegancia y armonía, debidas, sin duda, á la corte, en Toledo 
y Madrid, y después á la mayor influencia clásica renacentista, que 
en la corte tenía su asiento. Pero bájese hacia las costas, y hallare- 
mos en Andalucía más color, volubilidad y ligereza que en la meseta 
central; en Portugal y Galicia más sensible melancolía y comunica- 
tivos afectos; en las costas de Levante más flexibilidad y armonía 
clásica. Aragón, cruzado de montes, con estrechos valles, tiene de la 
sequedad castellana y señálase más todavía que en ella el señorío 
de la inteligencia, participando á la vez del refinado gusto levan- 
tino, que de la misma inteligencia procede. La misma Extrema- 
dura ofrece como característica el brío propio de Castilla y de 
Aragón ; pero con arrestos de aventurero inquieto, que no se hallan 
•en estas dos regiones. Salamanca, con sus dehesas y pastores, origincS 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. II 287 

la égloga, en lo que se une á Galicia por sus serranillas y á las miá- 
mas regiones serranas de la meseta. Estas ideas que anticipo las 
veremos después comprobadas con la comparación de los autores. 
Sin salir de la epopeya, el Cid es el héroe castellano, hecho de un 
solo bloque, el que mejor cifra el tipo épico de toda España, por 
lo mismo que es el tipo cortadamente castellano viejo. Tal como 
lo dejó esculpido la epopeya popular, encierra las cualidades to- 
das del arte de la Vieja Castilla, y las que son comunes á todas las 
otras regiones de la Península. Hay que verlo en Mió Cid, en las 
prosificaciones de la primera Crónica general y en los romances. 
Compáresele después Bernardo, héroe leonés y catalán y de todo el 
Norte de España, en las varias trasformaciones legendarias del 
arte popular de aquellas regiones. Diríase un Cid menos castellano ; 
español siempre, pero como policromado, más dúctil, más blando, 
hecho del mosaico de los variados materiales de regiones varias. 
Ya no es el bloque único arrancado de la Bureba; el espíritu regio- 
-tial norteño lo cinceló menos épico, más lírico casi, más poético en 
•este sentido; esto es, más fantástico y menos realista que el Cid 
castellano. Ambos héroes padecen, con el correr de los años, las 
varias contaminaciones extrañas del espíritu caballeresco, como 
puede verse en las crónicas rimadas y en las refundiciones de la Ge- 
neral. El espíritu particular del siglo xvii le pone después su pro- 
pio sello en nuestro teatro y en el poema de Balbuena, y al 
.atravesar la frontera ya son otros enteramente. Tanto puede el es- 
píritu de cada región en las obras de arte. 

De la lírica popudar gallega á la aristocrática provenzal hay un 
abismo. La lírica gallega es la más honda y sentida, la más llana en 
expresión, la más sincera que conocemos de la Edad Media. Aun 
prescindiendo de lo satírico y grosero de la provenzal, la lírica amo- 
rosa es en Provenza abstracta, conceptuosa, exagerada en la idea 
vdel amor. Cualidades son éstas que pasarán á Italia y darán al pe- 
írarquismo. La idea del amor es la misma que se halla en las obras 
caballerescas y que jamás se dio ni en la lírica gallega ni en la lite- 
ratura castellana, aun en las épocas más cortesanas. La razón de 
>esta diferencia está en ser popular la gallega y cortesana, aristocrá- 
tica la provenzal; pero no menos en el carácter realista y sincero 
de la lírica gallega, como de toda la literatura castellana, y en la 
'tendencia idealista, abstracta, exagerada en fondo y forma, que 
tiene la lírica provenzal. Huele á artificio de trovadores que escri- 
ben, tanto como huele á naturalidad de obra improvisada por gen- 
tes populares la lírica gallega. Entrambas líricas, la gallega popular 
y la provenzal cortesana, cultiváronse por el rey don Diniz de 



288 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

Portugal y sus cortesanos, por nuestros reyes San Fernando y Al- 
fonso X en el Libro de las Cantigas. La diferencia de entrambas 
échase al punto de ver en todos los Cancioneros galaicoportugue- 
ses, que las han conservado. En Las Cantigas el asunto es religio- 
so, y la tonalidad, grave y sencilla y más castellana que gallega. 

La ribera del Ebro, desde la Rioja y la Navarra no montañe- 
sa hasta Aragón, es, espiritualmente hablando, una sola región: 
el carácter de sus habitantes es sustancialmente el mismo y no 
menos lo es el arte. En esta acepción Berceo pertenece a la región 
?ragonesa, no menos que Quintiliano. Apenas difiere el tudelano 
del zaragozano ni se aparta el riojano de uno y otro. Berceo, per- 
sonificación del mester de clerezia, sobre todo si, como parece 
hecho probable, es autor del Alixandre, pertenece á Aragón por 
su manera de pensar y de escribir. Como en los escritores ara- 
goneses, predomina en él la inteligencia, el espíritu práctico, se- 
sudo, discreto ; la manera realista, franca y sincera ; la llaneza )• 
naturalidad, la honradez á carta cabal. Sus fuentes son las ecle- 
.siásticas, no pocas de ellas francesas ; su metro, el erudito de los 
franceses ; pero el espíritu no sabe á francés lo más mínimo. 
La misma milagrería está tratada á la española, sin sueños fan- 
tásticos, con ima candidez de niño, pero con un realismo y dis- 
creción de verdadero ibero ó celtíbero, si se prefiere. Nada fan- 
tasioso ni aparatero, no pretende pasar por literato ; escribe para 
comunicar su devoción á la gente menuda de su tierra, no para 
atraer gentes de lueñes tierras ni para darse tono de ninguna es- 
pecie. Práctico, realista, llano y sincero, de más inteligencia que 
fantasía, parécese Berceo á Quintiliano y á los escritores arago- 
neses. Aragonés parece no menos haber sido el autor del Libro 
de Apolonio, de la escuela del mester de clerezia. De la misma re- 
gión fué el fraile navarro que dio una de las primeras muestras de 
la prosa escrita en los Diez Mandamientos, y el famoso arzobispo 
toledano don Rodrigo Ximénez de Rada, natural de Puente de la 
Reina, en Navarra. Es el más sesudo y discreto de los cronistas 
españoles que con grave tino y juicio sano supo recoger lo mejor de 
todos sus predecesores y poner el fundamento de la Crónica gene 
ral del Rey Sabio. 

Con el cual estamos ya en Toledo, corazón de España, y en 
Castilla la Nueva, la región de los príncipes del habla castellana 
y del arte nacional.. En Toledo renació la cultura española y euro- 
pea. Desde la reconquista por Alfonso VI (1085) hasta la muerte 
de Alfonso X (1284), esto es, durante tres siglos, fué el principal 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. II 289 

centro del saber de Occidente. Aragonés fué y judio converso 
Pero Alfonso, el primero que trajo á España los apólogos orienta- 
les en latín. El Rey Sabio ordenó la traducción al castellano de 
los más famosos libros de este género, así como de astronomía y 
ciencias ; agasajó en su corte á los trovadores provenzales, escribió 
en gallego sus poesías y en prosa magistral castellana La Crónica 
general y las Partidas. El Rey Sabio pudiera considerarse como 
el fundador de la literatura castellana. Juntó y armonizó las varias 
corrientes, el antiguo saber grecolatino y el saber oriental, la 
poesía provenzal y la gallega, la ciencia eclesiástica y la profana. 
2'anjó las ciencias naturales, la jurisprudencia, la historia. Puso 
su sello indeleble, regio y castizo, á toda la literatura española pos- 
terior. En sus obras y en las que por su orden se escribieron, que 
abarcan todo el saber de su tiempo, dejó, efectivamente, selladas 
las cualidades de nuestra literatura: la gravedad y alteza en las 
ideas y en la manera de escribir, la religiosidad, la moralidad, la 
seriedad. Para apreciar estas cualidades de la literatura caste- 
ilan en toda la edad media y, por el consiguiente, en las épocas 
posteriores, no hay más que recordar las tan opuestas que ofrece 
la literatura francesa y cómo, á pesar de su vecindad, no pudie- 
ron estas cualidades de fuera mancillar nuestra literatura. El na- 
turalismo en ideas y la ligereza no menor en la forma, que se com- 
pendian en el Román de la Rose y en los fahliaux, no tuvieron en 
España eco alguno, fuera de algún atisbo que se nota en el Arci- 
preste de Hita, merced al asunto y género de crítica social que 
abrazó. Este carácter del las obras del Rey Sabio y de la literatura 
castellana puede decirse carácter regional de Castilla la Nueva, 
donde se armonizan y funden las cualidades de las regiones to- 
das de la Península, resaltando las que á todas ellas son comu- 
nes : el sabor popular, el tono realista y el contenido éticocrítico. 
Toda nuestra cultura medioeval se cifra en Alfonso X, como 
nuestra cultura de la época visigótica se cifra en San Isidoro. 
En la región levantina brillaron en el siglo xiii Raimundo Lulio, 
Arnaldo de Vilanova y Ramón Martí, que con la expansión ara- 
gonesa por todas las costas del Mediterráneo, fueron famosos por 
¿US obras y escritos no menos fuera que dentro de España. En 
todos tres sobresalen las notas del ingenio levantino. 

Dos grandes escritores brillan en el reino de Toledo durante 
el siglo XIV. El príncipe don Juan siguió las pisadas de su abuelo 
en la afición á los apólogos y moralidades orientales y en la pro- 
sa. El arcipreste Juan Ruiz fué poeta tan original y sin par que, 
además de recoger los asuntos y formas literarias de su tiempo, 

TOMO XII .— 19 



2gO ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

lo oriental de los apólogos, lo gallego de las serranillas, lo fran- 
cés de cuentos y ficciones, lo dramático del Pamphilus, fundién- 
dolo todo en su obra críticosocial del Libro de buen Amor, lle- 
vó, con su genial vigor poético, á esta su obra la diferencia- 
ción de los géneros literarios niás castizos de la posterior litera- 
tura castellana, propios todos ellos de la región toledana, donde 
nació y vivió. No se conoce lirica castellana más antigua qu<? 
la suya, erudita y más todavía popular, profana y sagrada, de 
todos los tonos y para todos empleos, desde el filosófico himno 
á Cristo triunfador de la muerte y los gozos y cantares á la Vir- 
gen, hasta las trovas cazurras y coplas para danzaderas, estu- 
diantes y pordioseros. Apunta en este libro la picaresca ; queda 
delineada la comedia del tipo de la Celestina; de serranillas y 
pastorales castizas hay dechados inimitables. Pero sobre todo cam- 
pea la sátira social y personal de todos géneros y maneras, con 
el mismo ingenio y socarronería, con el mismo brío y realismo 
que después hicieron inmortales á Cervantes, Quevedo y Villame- 
diana y á los autores todos de la novela picaresca y del teatro 
de costumbres. De la Puebla de Montalbán, en el mismo reino de 
Toledo, fué Fernando de Rojas, autor de Celestina; de Talavera 
fué el otro Arcipreste que hizo en prosa lo que en verso hizo 
el de Hita; de Toledo fué el autor del Lazarillo, probablemente 
Sebastián de Horozco, autor del Cancionero, obra que corre pa- 
rejas con el Libro de buen Amor; de entre Toledo é Hita, de 
Alcalá de Henares fué Cervantes. Son nuestros más altos in- 
genios, dejando fuera de la cuenta los que dio Madrid, que per- 
tenecen a la misma región de Castilla la Nueva. 

Más secos parecen los escritores de Castilla la Vieja, serios 
moralistas en demasía: Fernando Sánchez de Tovar ó de Va- 
lladolid, el cronista del siglo xiv ; el Rabí Sem Tob de Carrión, 
judío, autor de los Proverbios Morales, en verso ; el Canciller 
Pero López de Ayala, nacido en Vitoria, poeta satírico morali- 
zador en su Rimado de Palacio y prosista en sus Crónicas y 
otros libros. Sátiras sociales escriben Juan Ruiz y López de Aya- 
la ; pero el segundo no parece sino un discípulo del primero, y el 
discípulo diríase más serio, más encanecido que el maestro, el cual 
tiene de mozo jovial y brincador más que de maestro grave y 
machucho. El fondo es el mismo en entrambos, el intento grave 
y ético no difiere entre ellos ; la forma artística los diferencia. 
Es en demasía seca, sermoneadora la de López de Ayala. Por algc 
era canciller. 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. II 29 1 

Mas también era arcipreste, de oficio más serio, como de ecle- 
siástico, Juan Ruiz. Y con todo, distingüese el arcipreste dei 
canciller, el eclesiástico del lego, el maestro del discipulo, como 
la primavera se distingue del otoño y como la mocedad de la ve- 
jez. Hay mayor lozania, frescura, jugo primaveral, vida buUente, 
calor de juventud en el castellano nuevo, mayor sensatez y ape- 
sadumbramiento de- forma, mayor sequía y frialdad en el cas- 
tellano viejo. 

El príncipe don Juan Manuel es artísticamente y en asuntos 
tan oriental como el Rabí Sem Tob y es cristiano que aboga por 
la moral, como éste es judío que aboga por ella. Sin embargo, el 
-castellano nuevo de Escalona es más placentero, el castellano viejo 
de Carrión, más serióte. Las máximas que éste nos da escuetas, 
aquél las diluye en cuentos. Moralistas entambos en el intento, 
€l Príncipe, más ameno y abierto, nos lleva de mañana paseando 
'por variadas florestas; el Rabí, más cejijunto y huraño, nos detiene 
sentados en torno de su escritorio al caer de la tarde. 

Los primeros prosistas del Renacimiento, atentos al latín, es- 
cribieron en tan erudito, latinizante y afectado castellano, que 
lio ofrecen el menor rasgo de regionalismo: tales don Enrique de 
Villena, el Marqués de Santillana y Juan de Lucena. Otros son 
menos latinizados, pero emplean un lenguaje demasiado erudito 
y alejado del habla popular: Fernán Pérez de Guzmán, los Car- 
tagenas, el Bachiller Alfonso de la Torre, el Príncipe de Viana, 
Gutierre Díaz de Gómez, Pero Tafur, Alfonso de Palencia, Die- 
go Rodríguez de Almela, Diego Enríquez del Castillo. Tan sólo 
el Arcipreste de Talavera es, en unos cuantos trozos, dechado del 
decir castizo toledano en prosa, como lo fué á poco Fernando de 
Rojas en La Celestina, cuando ha' Ln los personajes populares. 
Los poetas son no menos eruditos y cortesanos en sus versos y 
íinen casi todos ellos el mismo tono de imitación gallega, petrar- 
quesca ó dantesca y un lenguaje de pura convención erudita. Con 
todo y en medio de su laberinto seudoclásico, con su media len- 
güilla latinizante, hartas muestras da Juan de Mena de ser cordo- 
bés en el énfasis y ahuecamiento. 

La novela en prosa y verso. El Siervo Ubre de Amor, de Juan 
Rodríguez de la Cámara, trasciende á gallega, como su autor, por 
ti sentimentalismo apasionado y misterioso, el sentimiento de 
lí naturaleza, y el ritmo afeminado y lánguido. T os poeta? del 
Cancionero de Baena muéstranse gallegos, aun cuando no lo son. 
al remedar la lírica gallega, como parecen toledanos, reciamente 



292 ESBOZO DE UN ENSAYO CRITICOHISTORICO 

realistas y populares, cuando hacen coplas satíricas. Fuera de 
estas dos venas, que son las que los convierten á veces en poetas 
más ó menos sinceros, se balancean en la conceptuosa vaguedad 
petrarquesca ó entre las alegorías dantescas, de suerte que todos 
ellos parecen ser un solo poeta, tan poco se diferencian los unos 
de los otros. El más popular y mejor satírico es el cordobés Antón 
de Montero ; el madrileño Alvarez Gato sobresale en lo erótico. 
Gómez Manrique, natural de Amusco, en tierra de Campos, es 
tan moralizador como el Marqués de Santillana, nacido en Ca- 
rrión, y como Sem Tob, de la misma ciudad. Son secos moralistas 
(le Castilla la Vieja, demasiadamnte graves y seriotes en sus poe- 
sías, aun cuando el Marqués se aligere de pies y entrevere la 
socarronería castellana en sus famosas serranillas, en las que hay 
un cierto gusto y refinamiento clásico é italiano. Discípulo de 
Gómez Manrique es Pero Guillen de Segovia, donde vivió, por 
miás que naciera en Sevilla. Las coplas satíricas anónimas del 
reinado de Enrique IV son alegóricas, conforme á la escuela dan- 
tesca, con elementos populares de picante mordacidad. 

En el reinado de los Reyes Católicos la poesía moralizadora 
medioeval en que vimos señalarse á los poetas de Castilla la 
Vieja, López de Ayala, Sem Tob, Santillana y G<^mez Manrique, 
da su más exquisita y aromática flor en las célebres Coplas de 
Jorge Manrique. El sello regional de Castilla la Vieja queda bien 
patente. Jorge Manrique nació en Paredes de Nava, de la misma 
provincia de Palencia, de donde fueron los tres últimos poetas 
moralistas mencionados. De la misma tierra del Marqués de San- 
tilJana debió de ser fray Iñigo López de Mendoza, con él em- 
parentado, por lo menos espiritualmente. Poeta religioso, mo- 
ralista y satírico, tuvo la dicha de ser el primero en apreciar cl 
arte popular, tan menospreciado por el Marqués. Por algo era 
franciscano. El enlazó por primera vez la corriente erudita y 
clásica con la popular y apreció y levantó el romannce. llevándole 
de las gentes "de baxa é servil condición", que el Marqués dijo, á 
les palacios de nuestros reyes. Empleó además quintillas, hizo vi- 
llancicos y una escena dramática del ángel con los pastores de 
l^elén y en habla casi sayaguesa y ciertamente pastoril, inspirán- 
dose en las Coplas de Mingo Revulgo. Juan de Padilla, El Car^ 
tujano, natural de Sevilla, no acaba de apartarse de la alegoría 
dantesca, solemnizada por el andaluz Juan de Mena. A pesar de 
habe^ imitado á Petrarca y á los italianos en general, el arago- 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. II 293 

nés Pedro Manuel de Urrea fué poeta tan sincero como todos los 
<1e su tierra. 

Las primeras obras dramáticas que conocemos, fuera del 
Auto de los Reyes Magos, imitación francesa de principios del 
siglo XIII ó poco antes, son las dos representaciones religiosas de 
(lómez Manrique, conforme á la tradición medioeval y el Diálogo 
entre el au^or y un viejo, de Rodrigo de Cota, judío converso to- 
ledano, obra no menos conforme á los diálogos y disputas tan 
usadas en la Edad Media, como los Denuestos del agua y del 
vino ó la Disputoison du vin et de l'aue y La Disputa de Elena y 
María, obras del siglo xiii. Finalmente, recordemos la escena dra- 
mática, ya mencionada, de fray Iñigo López de Mendoza, en estilo 
y lenguaje muy parecido á los de Juan del Encina, aunque anterior 
á las obras de este dramático y músico salmantino, padre del teatro 
castellano en cuanto compuso y escribió obras religiosas y pro- 
fanas,' más acabadas, es de suponer, que las que se representa- 
ban en la Edad Media y nos son desconocidas, y refinadas por el 
arte clásico aprendido en Italia. Tiene Encina poesías renacentistas ; 
pero valen mucho más las populares con música que puede verse 
en el Cancionero de Barbieri. Es en música y cantares el maestro 
de la bucólica castizamente española. Es su cuerda y aun por 
eso tradujo las Bucólicas de Virgilio. Dramatizado el género, dio 
las Églogas de Navidad, obras dramáticas pastoriles, con los sen- 
timientos y lenguaje de los rústicos de Sayago y pueblos cerca- 
nos, llamado por ello dialecto sayagués. Llevó el realismo á tal 
punto que hasta presenta hablando á los zagales con las propias 
diferencias dialectales y matices de cada pueblo, como ya notó 
Cañete, diciendo uno Ilacerado, llevanta y Ilugar, mientras proi- 
nuncia el otro lugar, levanta, lacerado; éste no, nos, nunca, aquél 
ño, ños, nunca, distinguiendo muy bien por el habla á los per- 
sonajes de la ciudad y á los de los pueblos chicos. Otro salman- 
tino que compuso un Canto de la Pasión, farsas y églogas en dia- 
lecto sayagués, fué Lucas Fernández. Salamanca, región de ga- 
naderos, fué, por lo visto, la tierra donde tenía que nacer la églo- 
ga castizamente española, tan diferente de la seudoclásica italiana, 
que más tarde infestó la literatura castellana. Algo de virgiliano 
hay que atribuir al arte salmantino, algo de la suavidad y frescura 
de Virgilio, de la candidez propia de niños y pastores. Juan del 
Encina tenía un temperamento poético muy parecido al poeta 
mantuano ; Lucas Fernández es algo más varonil : así hanlos com- 
parado relativamente á Lope y á Calderón. 



294 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

Otra región junto á Salamanca clió señales de vida artistica 
en la misma época de los Reyes Católicos y en la siguiente de 
Carlos V. Extremadura diriase haber monopolizado el teatro 
de aquellos tiempos. Nacido en Ecija, pero oriundo de Badajo/, 
fué Garci Sánchez de Badajoz, el autor de las escandalosas Liciones 
de Job apropiadas á las pasiones de amor. Bien se le entendía de 
ellas, pues dicen enloqueció de amores de una su prima. De retazos 
de canciones enamoradas compuso la alegoría dantesca Infierno de 
Amor. En fin, músico, poeta y loco. Acaso fué Garci Sánchez de la 
familia de Diego Sánchez de Badajoz, natural de aquella ciudad ó de 
Talavera la Real, extremeño de todos modos y tan atrevido erasmia- 
no en mezclar lo sagrado con lo profano como Garci Sánchez. Fué 
en España lo que Torres Naharro en Italia. Sacó más y más el 
teatro á la plaza que sus antecesores, porque, sin duda, no se 
hallaba á gusto entre clérigos y frailes, á quienes prefiere ver 
entre las gentes del pueblo bajo, y así los pinta aporreados y bur- 
lados de la chusma soez, aunque su religiosidad y aun devocióii 
harto se echan de ver por sus dos poesías místicas que él llama 
romances. Fué gran improvisador, de gen'o avispado, gran soca- 
rrón, pintor realista admirable de la gente baja y de personaje.? 
á quienes hace risibles y de quienes se burla despiadadamente. 

Todo el brío que llevaron los extremeños á la conquista de 
América pusiéronlo no menos en el arte literario. Torres Na- 
harro, de la provincia de Badajoz, soldado cautivo de moros en 
África, criado en Roma del cardenal de Santa Cruz, clérigo al 
fin, hízose famoso en Italia por sus comedias de valiente realis- 
mo, cuyos personajes, cuando son de varias naciones, hablan cada 
cual su idioma. Conoció el teatro latino y el italiano; pero to- 
dos los argumentos de sus piezas son suyos propios, no menos 
que el mayor enredo puesto en la fábula y el brío y color con 
que pinta desenfadadamente tipos, sobre todo de gente bajuna. 

También extremeño, de Fregenal de la Sierra, fué Vasco 
Díaz Tanco de Fregenal, clérigo muy corrido, leído y escribido, 
verdadero aventurero como Torres Naharro, cautivo con él en 
África, en fin, tan hombre de arrestos como sus paisanos que so- 
juzgaron á América, y tan socarrón y burlón como los demás 
escritores de su tierra, hasta frisar en estrafalario. Escribió é 
hizo representar en su mocedad y en su vejez toda suerte de 
farsas, comedias, tragedias, coloquios, ya á lo divino, ya á lo 
profano. Otros dramáticos extremeños brillaron en la época si- 
guiente. Nuestros primeros dramaturgos fueron de las parte.i 
de poniente de la Península. A esta época misma pertenece Gil 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. II agS 

Vicente, portugués, que escribió en su lengua y en castellano y 
que, si cedió como músico á Juan del Encina, le aventajó como 
dramático en la inventiva, en la pintura de costumbres, en lo 
cómico y satírico y aun en el delicado sentir de la naturaleza y 
ce la vida campestre. Erasmista, sin pasar los linderos de la 
ortodoxia, remedó gallardamente á Erasmo y á Luciano' en lo 
picante y mordaz de la sátira. Su levantada fantasía le lleva á 
concepciones alegóricas de lo cómico verdaderamente aristofa- 
nescas. Muy sobresaliente es esta cualidad en los escritores por- 
tugueses, sobre todo los modernos, y en los dramáticos extreme- 
ños, con la robustez y fuerza de colorido para caricaturizar 
burlonamente. 

Durante la época de Carlos V (1517-1554) hallamos la her- 
mosa Tragedia llamada Josephina de Micael de Carvajal, ex- 
tremeño de Plasencia; la Comedia Pródiga de Luis de Miranda, 
de la misma ciudad. De Salamanca fueron probablemente Ló- 
pez de Yanguas y ciertamente M. Sancho de Muñón. Los cuatro 
son de los mejores dramaturgos. 

Para acabar con el teatro, recordemos : de Toledo, á Gaspar 
Gómez, Sebastián de Horozco, Alonso Villegas Selvago y al au- 
tor de la Comedia Clariana; de Cuenca, á Jaime de Huete; de 
Avila, á Pedro Altamirano ; de Burgos, á Francisco de las Natas; 
de Silos, á Jorge de Bustamante ; de Valladolid, á Juan Rodríguez 
Florián ; de Segovia, á Lorenzo de Sepúlveda y á Juan de Pe- 
draza. Aragoneses fueron Juan Pastor, de Morata ; Fernando 
de Basurto, de Jaca; Bartolomé Palau, de Teruel. Sevillanos, 
Alonso de Proaza y Lope de Rueda. De otros muchos drama- 
turgos no se sabe el lugar donde nacieron. Parece, pues, que de 
Salamanca y Extremadura pasó y se derramó por toda España 
la comezón dramática en esta época. 

Pocos son, en cambio, los poetas líricos de la época del Empe- 
rador, y aun los principales, por seguir á la corte, fueron los que 
se italianizaron, restando fuerzas á la poesía popular y regional. 
Por seguirla ocurriósele al barcelonés Boscán, por insinuación de 
Navagero. traer la métrica italiana al castellano, siguiéndole su 
amíp^o Garcilaso de la Vega, toledano de nacimiento y cortesano, 
íntimo de Carlos V. De Alcalá fué Francisco de Figueroa. pero 
formóse no menos en Italia y fué de los mejores poetas renacen- 
tistas. Sólo siguió entre los toledanos, siguiendo la tradición es- 
pañola, Sebastián de Horozco, satírico y dramático castizo, con- 
tinuador en verso de los dos Arciprestes, y no menos en prosa, si 



296 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

fué él, como parece muy probable, autor del Lazarillo. En 
Castilla la Vieja tan sólo es nombrado Hernando de Acuña, valli- 
soletano, que por seguir á la corte fué también renacentista. £1 es- 
píritu popular y regional de Salamanca mostróse en Cristóbal de 
Castillejo, natural de Ciudad Rodrigo, el gran adalid de los que 
alzaron bandera contra el arte italiano, y no por falta de estudios 
clásicos, puesto que tradujo poesías de Ovidio y remedó á Catulo, 
sino porque, á imitación de Juan del Encina y de los extremeños, 
prefirió ser el Catulo y el Anacreonte castizamente español, cre- 
yendo, como era la verdad, que así se debía ser clásico en España, 
haciendo con espíritu español lo que con espíritu helénico hicieron 
los griegos en Grecia. Portugueses de nacimiento y de la misma 
preferencia de la región occidental de la Península, fueron Jorge 
de Montemayor, que hizo arte castellano tradicional y arte italiano, 
valiendo más en el primero, é introduciendo la falsa é italiana no- 
vela pastoril con su Diana; Sá de Miranda, que se italianizó via- 
jando por Italia, y Gregorio Silvestre, nacido en Lisboa, pero 
oriundo de Zafra y discípulo de Garci-Sánchez de Badajoz y To- 
rres Naharro, y fué poeta castizo, que vivió en Montilla y Grana- 
da. De aquella ciudad era Diego Hurtado de Mendoza, digno imi- 
tador de su bisabuelo el Marqués de Santillana, humanista, prosista 
y poeta, tanto renacentista como castizo, conforme á la poesía 
nuestra tradicional. 

Sevillano fué Gutierre de Cetina, que por sus correrías y tratos 
en Italia resultó poeta renacentista. 

De todos estos líricos sólo libraron enteros y castizos Sebas- 
tián de Horozco, que conserva todo el espíritu toledano ; Cris- 
tóbal de Castillejo, que guarda el salmantino, y Gregorio Silvestre, 
que mantiene vivo el extremeño. A medias castizos y á medias ita- 
lianizantes fueron Jorge de Montemayor y Diego Hurtado de 
Mendoza. Aragón no dio poeta alguno : argumento negativo que 
dice más que muchos positivos sobre el carácter de aquella región. 
Diríase que en España la poesía suena en las laderas y ver- 
tientes de la meseta, en las costas, en todo cuanto hoja la penínsu- 
la y que en la meseta central sobrepuja la hermosa prosa en Cas- 
tilla la Nueva y las obras de la inteligencia más severas y secas en 
Castilla la Vieja y en Aragón. Efectivamente, tomando el agua de 
un poco atrás, toledanos son los prosistas más célebres: Fernán 
Pérez de Guzmán, Hernando del Pulgar y Gabriel Alonso Herrera, 
en el reinado de los Reyes Católicos; en el del Emperador: Alejo 
Venegas, Blasco de Garay, Luis Hurtado de Toledo, Juan de Ver- 
gara, Gregorio Hernández de Velasco y el autor del Lazarillo son 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. II 297 

toledanos ; de la misma región de Castilla la Nueva, Gonzalo Her- 
nández de Oviedo y Pedro Salazar fueron de Madrid ; Alvar Gó- 
mez de Ciudad Real, de Guadalajara; el Beato Juan de Avila, de 
Almodóvar -del Campo , fray Alonso Orozco, de Oropesa ; mo- 
sén Diego de Valera (?), fray Ambrosio Montesino, Alonso de 
Valdés, Juan de Valdés y Melchor Cano fueron de Cuenca. 

A los mejores de estos prosistas no pueden hacer competencia 
los mejores de Castilla la Vieja, que, en cambio, tienen más vasto 
caudal científico : El Tostado, de Avila ; Alfonso de Falencia, Alon- 
so Fernández de Madrid y Antonio de Torquemada, palentinos; 
Ruy Sánchez de Arévalo, Andrés Laguna y fray Domingo 
Soto, segovianos ; Hernán Núñez de Toledo y Cristóbal <ie Villa- 
lón, de Valladolid ; Antonio de Villegas y Gómez Pereira, de Me- 
dina del Campo; el bachiller Alfonso de la Torre, fray Pedro de 
la Vega, Martín Laso de Oropesa, Francisco de Enzinas, Jerónimo 
Fernández y Francisco Valles, burgaleses; Pedro Rúa, de Soria. 
De la banda vertical del Occidente de la Península, que comprende 
Asturias, León y Extremadura, tenemos al asturiano fray Antonio 
de Guevara, de los escritores más guasones y socarrones que dio su 
tierra en todos tiempos; á los leoneses Andrés Bernáldez y fray 
Luis de Escobar; á los zamoranos Francisco López de Villalobos, 
Alfonso de Zamora y Florián Docampo; á los extremeños Luis de 
Avila y Zúñiga y Francisco Sánchez de las Brozas ; á los salmanti- 
nos Juan López Palacios Rubios y Feliciano de Silva. 

Los aragoneses no ceden en ingenio ; antes algunos sobrepu- 
jan á todos los citados : Juan Fernández de Heredia, mosén Ugo 
de Urríes, Martín Martínez de Ampies, micer Gonzalo García de 
Santa María, Juan Sobrarius, Pedro Sánchez Ciruelo, antes del 
Emperador ; después : Miguel Servet, Alonso López de Corella, 
Martín Alpizcueta, Antonio Agustín, mosén Pedro Valles, Jeró- 
nimo Jiménez de Urrea, Juan Lorenzo Palmireno, Juan Crisós- 
tomo Calvete de Estrella, fray Diego de Estella. 

Tratándose de escritores, más distinguidos por su saber que 
por su estilo, no es fácil deslindar el carácter artístico. Por de con- 
tado, son más hermosos y castizos prosistas los de Castilla la Nue- 
va; tienen estilo más personal y, por consiguiente, son maestros 
de estilo y lengua ; en algunos, los más, el gusto clásico, propio de 
la corte, armonizado con el espíritu castizo, dieron los mejores de- 
chados de prosa castellana. Los castellanos viejos diríase que no 
han acabado de incorporarse el pulimento renacentista. Cristóbal 
de Villalón, por demasiado aventurero y cosmopolita, con ser de 
estilo más literario, parece que, cuanto á la práctica artística, no 



298 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

ha digerido del todo el clasicismo. Martin Laso de Oropesa es el 
magnífico, y parecería más bien cordobés que no burgalés : sin duda 
débelo á Lucano, á quien tradujo. Los de la banda occidental ya 
no son de la meseta ; en espíritu poético sobrepujan los costeños. 
Fray Antonio de Guevara, el asturiano, es, sin duda, el de más sa- 
liente originalidad. El zamorano Villalobos no le va casi en zaga. 
Pero entrambos fueron cortesanos y muy impuestos en el arte re- 
nacentista, que añadió el esmero del estilo al espíritu castizo, soca- 
rrón y chistoso. 

Tan impuestos ó más en el arte clásico están los aragoneses; 
pero en ellos el fondo sobrepuja á la forma, carr-cter muy de la re' 
gión. Sobrarías, Sánchez Ciruelo, Servet, Corella, Alpizcueta, An- 
tonio Agustín, Palmireno, Calvete de Estrella fueron los varones 
más sabios de su tiempo y grandes renacentistas ; pero no sobre- 
salen por el estilo. El de fray Diego de Estella, el más literario, 
es sentencioso en demasía, teniendo en esto de Gracián, de Marcial 
y de Quintiliano, que destellan sentencias por doquier. 

Viniendo ya á Andalucía, Gonzalo Ayora, Hernán Pérez de 
Oliva y Juan Ginés de Sepúlveda, son cordobeses por nacimiento 
y magnificencia de estilo. Cordobeses fueron también Fernando de 
Córdoba, que escribió en latín, pero cuyas valentonadas por Europa 
y cuyos triunfos en las lides intelectuales muestran su arrogancia 
cordobesa; Ambrosio de Morales, que era más historiador que ar- 
tista, y Pedro de Soto, que era más teólogo que otra cosa. 

Granada no tenía tradición literaria. Renacentista ciceroniano 
fué fray Luis. 

Otros andaluces no sevillanos : Francisco Delicado, que se for- 
mó y escribió en Italia, nació en Martos ; Alonso García Matamoros, 
que escribió en latín ciceroniano, fué del Condado de Niebla ; Fran- 
cisco Thamara fué humanista gaditano. 

De Sevilla fueron maestros humanistas : Rodrigo Fernández de 
Santaella, Nebrija y Juan de Mal-Lara. Grandes místicos, Juan 
de Padilla el Cartujano y fray Francisco de Osuna. Científ eos, 
Fox Morcillo, Monardes, Pedro de Medina y Pedro Mexía. 

Como literatos distinguiéronse los dos escritores de viajes Pe- 
ro Tafur y Gutierre Díaz de Gamez, por el pincel colorista y no 
menos por él y por las que llamaremos trufas y exageraciones an- 
daluzas, Francisco López de Gomara y fray Bartolomé de las 
Casas. La pasión exagerada y el color son, según esto, dos notas 
regionales sevillanas. Alfonso de Proaza, añadidor de la Celestina 
y trufador en ella, y autor probable de la Serafina y la Tebaida, 
mostróse fino sevillano. 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. II 299 

De Valencia hay que recordar tres grandes humanistas : Luis 
Vives, Pedro Juan Núñez y Juan Martín Cordero. El humanismo 
integral, la ciencia universal y como enciclopédica es nota de los 
escritores sabios valencianos. Y es que por naturaleza de la tierra, 
son armónicos y helénicos en gusto y en arte y saber. Lo abarcan 
todo, todo lo funden, los conocimientos como las dotes literarias. 
En el siglo xviii fué dechado de esta clase Vicente Mariner, y en 
el XVIII, otros muchos. 

En la época de Felipe II siguieron haciéndose autos populares, 
de los que se hallan 96 en un manuscrito de la Biblioteca Nacional 
(M. 273); pero autores nuevos conocidos sólo se pueden citar: 
Juan Timoneda, de Valencia, y los dos extremeños Pedro Hur- 
tado de la Vera, de Plasencia, y Joaquin Romero de Cepeda, de 
Badajoz. Venció el conato de teatro clásico desde 1560 á 1590, so- 
bre todo en los colegios de los Jesuítas. Sobresalieron en él Juan de 
la Cueva, fray Jerónimo Bermúdez, Lupercio Leonardo de Argen- 
sola, Cristóbal de Virués, Laso de la Vega y Cervantes. Miguel 
Sánchez es nacional y ya del teatro de Lope. 

Mucho se ha hablado de la escuela poética sevillana, cuyos co- 
mienzos habría que poner en esta época con Hernando de Herrera, 
que es una mezcla del tono bíblico y del tono pindárico en sus can- 
ciones, y petrarquesco en las demás poesías amorosas. Pero lo bí- 
blico y pindárico no parece en los demás poetas sevillanos ; Bar- 
tolomé del Alcázar tiene algo más que ver con Marcial y aun mu- 
cho más con Horacio. Su espíritu epicúreo es de Horacio y de la 
muelle Andalucía, no de Marcial, el aragonés, satírico de cos- 
tumbres, severo y muy ético en el fondo. Juan Luis de Rivera 
es de espíritu místico, con pompa y boato y tan sólo por eso 
muestra ser andaluz, tan sevillano como cordobés. Juan de la 
Cueva, también inclinado á lo nacional, en el romance como en 
el teatro, mediano poeta en ambas cosas, no tiene nada que ver 
con Herrera ni con Alcázar ni con ningún sevillano. Juan de 
Castellanos, de Alanís, que hizo una crónica rimada de cosas de 
América al tono antiguo, y Pedro de Espinosa, natural de Ante- 
quera, conceptista y luego culterano, clásico, en suma, de segundo 
orden, son muy desemejantes de los poetas sevillanos que hemos 
recordado. Rodrigo Caro, con su oda á las Ruinas de Itálica, de 
entonación clásica, no lo es menos. Y esta es la escuela sevillana, 
traída y llevada por los clasificadores del siglo xviii, perpetuos 
afrancesados en esto como en lo demás. Ni hay tal escuela con 
maestro y discípulos, ni siquiera unidad de tendencias fuera de 



300 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

toda escuela. Sevilla era la Babilonia de España, el puerto común 
para las Indias, donde había de todo en mercancías, en habitantes 
y en poetas. 

La nota sevillana suele ser cierta gracia donairosa, añadida i 
la nota común andaluza, que es la brillantez superficial de expresión. 
En el siglo xvi no sobresale en los escritores sevillanos ni aun 
esa nota donairosa; hay gran variedad de tonos y tendencias. L-o 
más común es el arte clásico, que pone mesura al despilfarrado arte 
andaluz, como en la pintura sevillana domina la mesura académica. 
Lo de escuela sevillana debe desterrarse de la historia literaria: 
es un falso concepto, neciamente patriotero, de algunos tratadistas, 
lo mismo que lo de escuela salmantina. 

Efectivamente fray Luis de León, á quien se pone como maes- 
tro de ella, nació en Belmonte de Cuenca y no se parece en nada á 
los verdaderos poetas salmantinos, á Juan del Enzina, el primero 
de todos, el gran egloguista castellano. No hay en fray Luis nada 
de pastoril ni siquiera de impresión verdadera y sentida del campo. 
El recuerdo del huerto, lo mismo lo hubiera tenido sin salir de la 
ciudad, como el recuerdo del mar y de otras cien cosas más, vistas 
por entre las poesías de Horacio. Y con fray Luis, nada salman- 
tino, sino conquense, horaciano, platónico y bíblico en cuanto es- 
cribió, sea en prosa, sea en verso, se acaba la fantástica escuela sal- 
mantina. Salamanca era demasiado teóloga y escolástica para en- 
gendrar poetas en este tiempo ; ni siquiera prosadores artísticos en- 
gendró. Sólo puede citarse á fray Juan de Tolosa, prosista rico en 
habla popular, pero de segundo orden y más desconocido de lo 
que merece. ¡i 

Volviendo á Andalucía, Córdoba mostróse siempre ella misma, 
con la más señalada originalidad acaso de las ciudades españolas. 
La originalidad cordobesa es tan manifiesta en Luis de Góngora 
y Lucano que todo el mundo la ha visto. Luis Barahona de Soto, 
el segundo poeta cordobés de este tiempo, tuvo, como Góngora, dos 
épocas, la castiza y la italianizante, y en entrambas la gallardía y 
estro poético no desdice del estro poético cordobés tradicional. Juan 
Rufo, aunque más pedestre, hincha sus monótonas octavas reales 
de un tufo harto cordobés. 

Quedan por recordar de Andalucía Pedro de Padilla, natural 
de Linares, romancerista nacional, y Vicente Martínez Espinel, na- 
tural de Ronda, tan nacional en poesía con su espinela como en mú- 
sica con su guitarra y en prosa con su novela picaresca. 

De Castilla la Nueva, fuera de fray Luis de León, conquense. 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. II ¿01 

de estro semítico y clásico puro helénicolatino, el mejor es Fran- 
cisco de la Torre, de Torrelaguna (Madrid), discípulo de Garcilaso 
é italianizante. Madrileños son Eugenio de Salazar, Alonso de 
Ercilla y Gabriel Lobo Laso de la Vega; los dos segundos épicos 
á la italiana, con bastante de espíritu nacional ; el primero y último 
no menos poetas líricos según la tradicional manera castellana. 
Los demás son poetas menores, más ó menos italianizados : de Al- 
calá, Pedro Lainez y Cervantes; de Guadalajara, Luis Gálvez de 
Montalvo; de Toledo, Gabriel López Maldonado y Juan López de 
Ubeda, poeta más bien popular. 

En Castilla la Vieja sobresalen San Juan de la Cruz, de Hon- 
tiveros (Avila), místico hebraico ; Jerónimo Lomas Cantoral, valli- 
soletano y clasicote ; fray Antonio de Maluenda, burgalés, limpia- 
mente clásico; Miguel Sánchez, el divino, de Piedrahita (Avila), 
con dos poesías magistrales y de inspiración castiza; y el vallisole-- 
tano Diego Alfonso Velázquez de Velasco, en metro y estilo de 
fray Luis. 

De los extremeños, Cristóbal de Mesa, de Zafra, y Luis Zapata,, 
de Llerena, entrambos clásicos ; Joaquín Romero de Cepeda, de 
Badajoz, poeta lírico y dramático de pura cepa castellana ; Alon- 
so de Azevedo, de Plasencia, autor del esmerado poema Creación 
del Mundo. 

Los poetas aragoneses tampoco forman escuela, pero tienen más. 
de espíritu regional. Los Argensolas ocupan el primer puesto, 
no sólo en Aragón, sino en toda España, como satíricos horacianos. 
Tanto en lo éticocrítico como en el aticismo de la forma y el e» 
. quisito gusto, parécense á Marcial é hicieron en verso lo que des- 
pués Gracián en prosa. La seriedad y gravedad, el ingenio sesudo, 
discreto y hondo, propio de los aragoneses, incapaces de escribir 
ligerezas, échase bien de ver en estos autores. Un Bartolomé del 
Alcázar cabe en Sevilla ; pero no cabe en Aragón : se despegaría- 
de los demás escritores. Los Argensolas, tan clásicos y tan hora- 
cíanos, dejan de serlo en lo que Horacio tiene de ligero cuanto al 
pensar, en ese superficial epicureismo, alma de Baltasar del Al- 
cázar y de Horacio. Hay en esta época otros dos poetas : Jerónimo 
de Arbolanches, tudelano, y Liñán de Riaza, que se duda si fué 
toledano ó aragonés. Entrambos tiran á lo popular, con todo el 
gusto de los clásicos. 

Viniendo ya á la prosa, los andaluces se distinguieron por lo 
pomposos, huecos y estufados cual pavos reales y por el fuerte 
colorido ; pero á todos llevan en ello la palma los cordobeses. 
Efectivamente, baste recordar al cordobés padre Martín de Roa.. 



302 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHIStÓRICO 

el más hueco y pomposo de los prosistas españoles. Fray Alonso 
de Cabrera y Barahona de Soto son propios, bien coloridos, nu- 
merosos prosistas cordobeses. El padre Francisco de Toledo escri- 
bió en latín. Entre los sevillanos hay más variedad. Numeroso y 
rítmico es Francisco de Medina, dechado de discurseador acadé- 
mico. Elocuente, fray Hernando de Santiago. Las dotes de entram- 
bos junta fray Luis de Rebolledo. Completemos la lista de sevilla- 
nos con el verboso y llano padre Francisco Arias, el clásico Pedro 
de Espinosa y los más bien eruditos Francisco Pacheco, Argote de 
Molina y Rodrigo Caro. De los demás andaluces. Espinel, el ronde- 
ño y el sabio filósofo y teólogo granadino padre Francisco Suárez. 
Los prosistas de Castilla la Nueva siguen en esta época distinguién- 
dose por su hermosura y acabada armonía en juntar las elegantes 
cualidades de la prosa clásica antigua con la propiedad, reciura y 
modismos populares castellanos. Lo popular es en esta región cosa 
de abolengo ; lo clásico débese, sin duda, á la corte y mayor tra- 
to con Italia y el Renacimiento. Aquí vienen los grandes maes- 
tros. De Madrid, Eugenio de Salazar, el más perfecto dechado 
-en el género epistolar, donde la elegancia clásica y la riqueza 
castiza se hermanan maravillosamente ; fray Juan de los Angeles, 
apacible y blando ; el sabio exégeta latino padre Alfonso Salme- 
rón. De Toledo, el sapientísimo Pedro Chacón, el suave y llano 
padre Pedro de Ribadeneira, el castizo y muy erudito Pedro 
Sánchez, el elocuente y riquísimo en vocabulario fray Lorenzo 
de Zamora, natural de Ocaña ; el galano Jerónimo Huerta, de 
Escalona ; el grave y castizo padre Juan de Mariana, de Talavera ; 
Juan de Horozco, fray Cristóbal de Fonseca y fray Diego de 
Vega, castos, ricos y elocuentes escritores. De Cuenca, el sabio 
padre Gabriel Vázquez, y de Belmonte, fray Luis de León, el 
más completo y armónico de los escritores españoles, sabio, poe- 
ta y prosista, semítico, clásico y nacional á la vez, bíblico y pla- 
tónico en una pieza. De Guadalajara, Juan Páez de Castro, ei 
humanista, Luis Calvez de Montalvo, Bemardino de Mendoza. 
De Sigüenza, el elocuente y numeroso fray José de Sigüenza. 
De Alcalá, Cervantes, el príncipe de los ingenios españoles, el 
más armónica y elegantemente clásico y nacional á la vez. De 
Alcaraz, Pedro Simón Abril, gran maestro de humanidades y 
de habla castiza, y doña Oliva Sabuco. 

Grandes escritores y algunos muy castizos, se dieron en Castilla 
la Vieja; pero no les llegan, generalmente, á los que acabamos de 
ver; suelen ser menos esmerados en el decir, ni suelen armonizar 
^tan concertadamente lo popular con lo clássico. Los dos más sobre- 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. II 3o3 

salientes, Santa Teresa, de Avila, y San Juan de la Cruz, de Onti- 
veros, en la misma provincia, los más sublimes de nuestros místi- 
cos, hondos conocedores de los abismos del alma, del altísimo pen- 
sar, señálanse: la Santa, por el habla popular y no aprendida; el 
Santo, por el lenguaje elegantísimo y culto. De Valladolid, el semi- 
tizante León de Castro, el apostólico segundador de Santa Teresa, 
fray Jerónimo Gracián, Alonso López Pinciano, el que expuso las 
doctrinas clásicas. De Medina del Campo, padre Gregorio de Va- 
lencia, padre José Acosta, historiador de América ; el teólogo fray 
Domingo Báñez, el padre Juan de Torres y el más acaudalado en 
palabras de los escritores castellanos fray Juan de Pineda. De Se- 
govia, Juan de Vergara y el historiador Antonio Herrera, ratu- 
ral de Cuéllar. De Burgos, fray Pedro de Oña. De Dueñas, Gon- 
zalo de Illescas y Melchor de Santa Cruz. De Soria, Antonio de 
Fuenmayor. 

Los aragoneses también quedan debajo de los castellanos 
nuevos, aunque haya algunos ingenios especialistas y escritores 
sentenciosos y densos, cualidades entrambas de aquella tierra. Así 
Jerónimo Zurita es el mejor historiador español; pero literaria- 
mente le gana el talaverano padre Mariana. Juan Huarte de San 
Juan, navarro, es único en sus observaciones. Jerónimo Blan- 
cas, investigador ; Pedro de Navarra, Antonio Pérez, consumado 
escritor político, denso y sentencioso; Jerónimo de Mora, fray 
Diego Murillo, y fray Pedro Malón de Chaide, de Cascante, 
el más artista y poeta de todos. 

Tan grandes ó mayores ingenios descuellan en Extremadura : 
Benito Arias Montano, de Fregenal, el primer semitizante, gran 
poeta y polígrafo, y Pedro de Valencia, de Zafra, gran econo- 
mista y filósofo. Añadamos de la región occidental al todavía 
mayor filósofo y escéptico Francisco Sánchez, natural de Túy ; 
y á Fray Antonio Alvarez, de Benavente (Zamora), uno de los 
más castizos escritores castellanos. 

Cotejemos ahora brevemente los mayores poetas de aquel 
reinado. Góngora es el tipo artístico cordobés, el Lucano del si- 
glo XVI. Los Argensolas son típicamente aragoneses, sucesores de 
Marcial en el mismo siglo cuanto al exquisito aticismo de la forma 
y al espíritu práctico y moral, éticosatírico del fondo. Tienen del 
moral Horacio de los Sermones; pero dejan el liviano y epicúreo 
Horacio de algunas odas para que sea representado en España 
por el sevillano Baltasar del Alcázar. Herrera es andaluz por la 
pompa y magnificencia ; pero sevillano por la gracia y mesura clá- 
sica que la refrena. San Juan de la Cruz, como viejo castellano, es 



3o4 Esrsozo de un ensayo críticohistórico 

de más asentado juicio práctico, míslicoascético, el más grave y fir- 
me moralista, hasta llegar á la cima de la santidad. Pero el más ar- 
mónico de todos, el que mejor supo aunar lo nacional con lo clá- 
sico y con lo bíblico fué el conquense fray Luis de León, dechado 
del arte de Castilla la Nueva, como había armonizado entram- 
bas tendencias castiza y renaciente Fernando de Rojas, de la 
Puebla de Montalván, y los conquenses hermanos Valdés. 

Extrañará que saque yo de Salamanca á fray Luis y le vuel- 
va adonde por espíritu y nacimiento le corresponde ; pero en Sa- 
lamanca no halló fray Luis más que contrariedades. No era su es- 
píritu el de aquella Universidad. Fray Luis de León hubiera asen- 
tado como en su propio centro en la Universidad de Alcalá, donde 
florecieron los estudios exegéticos, semíticos y humanísticos, que 
fueron los suyos propios. 

Entre los prosistas reina el primero Cervantes, alcalaíno, más- 
armónico en la prosa que fray Luis de León, el cual muéstrase 
en ella más poeta. El padre Martín de Roa es enteramente cor- 
dobés por la magnificencia y color; Francisco de Medina, tipo- 
de prosa sevillana, esmerada y no menos magnífica. De Cas- 
tilla la Vieja, lo más típico como popular es Santa Teresa. De 
Aragón, Antonio Pérez, político, sentencioso, denso y recio en 
lenguaje. 

En la época de Felipe III la mayor centralización cortesana 
acrecienta en Madrid los autores, que son los más renombrados : 
Lope, Ouevedo, Villamediana, Agustín de Rojas, fray Juan 
Márquez, Matías de los Reyes, Francisco de Avila, Tirso, Salas 
Barbadillo, Fernando de Ludeña, Sebastián Francisco de Me- 
drano, Rodrigo Herrera, Gonzalo de Céspedes, Hortensio Félix 
Paravicino, Tomás Tamayo de Vargas, Juan Pérez de Mon- 
talván, Anastasio Pantaleón de Ribera : todos madrileños. Toledo- 
no decae todavía: allí nacieron José de Valdivielso, Francisco 
López de Ubeda, Medinilla, Quiñones de Benavente. De Tala- 
vera son Francisco Verdugo y Tejada de los Reyes. De Valde- 
peñas, Bernardo de Balbuena. De Almedina, Jiménez Patón. De 
Sigüenza, Villaviciosa. De Cuenca, fray Alonso Remón. De Gua- 
dalajara, fray Hernando de Camargo. Todos estos escrirores 
son de Castilla la Nueva y entre ellos están los más castizos y 
elegantes, nacionales y clásicos á la vez. No les llegan en nú- 
mero ni en valer los castellanos viejos. De Segovia, el conceptis- 
ta Alonso de Ledesma y el popular y galano Jerónimo de Alcalá. 
De Valladolid, los historiadores fray Prudencio Sandoval y fray 



DE LJi LITERATURA CASTELLANA. CAP. II 3o3 

Antonio de Yepes, el llanísimo padre Alonso Rodríguez,, el pe- 
sado moralista, satírico y algo pedante Cristóbal Suárez de Fi- 
gueroa. De la Rioja, el anacreóntico y vanidosillo Esteban Manuel 
Villegas y Francisco López de Zarate. De Silos, el muy castizo 
y grave íray Antonio Pérez. De Burgos, fray Ángel Alanrique, 
De Ahnazán (Soria), Agustín Salazar, 

El emporio sevillano sigue siendo cuna cada vez de más nu- 
merosos ingenios, pero de tendencias variadas. Muy sevillano 
por su verbosidad y amenidad en el contar, pero no por su se- 
riedad moralizadora, es Mateo Alemán. Alegre y manirroto 
gastador, aristocrático, exquisito renaciente y esmerado sonetista 
fué Juan de Arguijo. En Sevilla nacieron el orador fray Pedro 
de Valderrama, amigo de imágenes y escenas bíblicas bien colo- 
ridas; Francisco Pacheco, Diego Jiménez de Enciso, excelente 
dramaturgo histórico; Luis Belmonte Bermúdez, fecundo y do- 
nairoso dramático; Juan de Jáuregui, renacentista, de fino gusto, 
pero de variable criterio respecto del culteranismo; Diego de 
Hojeda, de coloreada imaginación; Felipe Godínez, Pedro Ve- 
negas, Francisco de Rioja, pintor de las flores. Todos ellos amigos 
de imágenes y del color como andaluces y esmerados como clásicos. 
Los cordobeses sobresalen en lo de siempre : Pablo de Céspedes pin- 
tor y gran colorista; Antonio de Paredes, Luis Carrillo, que de- 
fendió el primero teóricamente d culteranismo. Otros andaluces : 
Mira de Amezcua, de Guadix; Luis Vélez de Guevara, de Ecija; 
Alderete, de Málaga ; Bonilla, de Baeza ; fray Antonio de Cáceres, 
de Granada. 

Es notable el teatro valenciano, el mejor después del de Ma- 
drid: Gaspar de Aguilar, Carlos Boyl, Guillen de Castro, Agustín 
Tárrega. También son de Valencia Pedro Juan de Réjanle, Luxán 
de Sayavedra y Sebastián Mey. Murcianos: Gaspar de Avila y 
Andrés de Claramonte. 

En Extramadura disminuyen los escritores : Gonzalo Correas 
y Luisa Carvajal son de Jaraicejo; Diego López, de Valencia de 
Alcántara; Juan Antonio de Vera, de Mérida. En cambio son bas- 
tantes los portugueses que escriben en castellano: fray Pedro de 
Vega, de Coímbra; Violante do Ceo, de Lisboa; Manuel de Faria. 
De Llanes, en Asturias, es Diego Duque de Estrada. De Aragóo 
suena tan sólo fray Tomás Ramón, de Alcañiz. 

En los reinados de Felipe IV y Carlos II son todavía más 
los portugueses: Manuel de Gallegos, Francisco Manuel de Me- 
llo, Isaac Cardoso, Juan Matos Fragoso. De Extremadura quedan 
Gabriel Azedo de la Berrueza, de Jarandilla, y Diego y José de 

TOMO XII. — 20 



3o6 ESBOZO DE UN ENSAYO CRITICOHISTORICO 

Figueroa. Coruñés fué Francisco de Trillo y Figueroa, que por 
cierto mostróse fino gallego en la ternura y sentimientos dulces. 
De León, Bernardino Rebolledo. De Sabugo, en Asturias, Dances 
Candamo, que tiene del humorismo asturiano. 

Desquitase Aragón de la estirilidad anterior con excelentes 
escritores y eruditos: José Pellicer, fray Jerónimo de San José, 
Ana Francisca Abarca, Andrés de Ustarroz, Juan Moncayo, Juaa 
de Palafox, Vicente Sánchez, todos zaragozanos; Jerónimo de 
Cáncer, de Barbastro ; Jacinto Francisco de Funes, de Belilla ; Mi- 
guel de Molinos, y el famoso P. Baltasar Gracián, de Calatayud, 
gloria de Aragón y personificación regional, con el dominio de 
la inteligencia sobre las demás facultades y con la reciura y con- 
cisión sentenciosa en el decir. 

Sigue pujante la cultura literaria en Valencia, como en el 
reinado anterior : Francisco de Moneada, Alejandro Arboreda, Ja- 
cinto Alonso Maluenda; de Tortosa es Francisco de la Torre y 
Sevil ; de Alicante, Carlos Coloma ; de Hellín, en Albacete, Cris- 
tóbal Lozano. En Murcia : Pedro de Castro y Anaya, Salvador 
Jacinto Polo y Diego Saavedra Fajardo. 

Decae, en cambio, Seaálla, de donde fueron el padre Pedro de 
Quirós, Nicolás Antonio y Gabriel Alvarez de Toledo. De Gra- 
nada, Alvaro Cubillo y Jerónimo de Barrionuevo. De Montilia, 
Manuel de Barrios. De Baena, Miguel de Colodrero. De Alcalá 
de Guadayra, Cristóbal de Monroy. 

Vienen á menos los castellanos viejos y en cambio la cen- 
tralización cortesana aumenta los escritores madrileños. En Cas- 
tilla la Vieja: Antonio Hurtado de Mendoza, de Castro Urdíales; 
Alonso de Castillo Solórzano, de Tordesillas ; Gabriel de Corral, 
de Valladolid ; fray Diego Niseno, de Alcázar ; María de Je- 
sús de Agreda, de aquella población soriana ; Luis de Ulloa, Je 
Toro; José Sáenz de Aguirre, de Logroño; Francisco Benegasi, 
de Arenas de San Pedro. 

En Castilla la Nueva, de Madrid: Francisco de Lugo y Dá- 
vila, Diego de Vera y Ordóñez, padre Juan Ensebio Nieremberg, 
Gabriel Bocángel, Calderón de la Barca, José González de Salas, 
Jerónimo de Villaizán, Antonio Coello, Juan Caramuel, María 
ce Zayas, Agustín Moreto, Juan Cr. Vélez de Guevara, Francis- 
co de Castro, Juan de Zabaleta, Jerónimo de Cuéllar, Juan B. 
Diamante, León Mercliante, Francisco Santos, Lanini, Vázquez 
de Zamora, J. Claudio de la Hoz. Toledanos : padre Luis de la 
Palma, Francisco de Rojas Zorrilla. De Oropesa, Manuel Martí. 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. II 3o7 

Pe Cuenca, Antonio Enríquez Gómez, Juan Izquierdo de Pina. 
De Alcalá, Antonio de Solís. Manchego fué Luis Tribaldos. 

De tanto nombre del siglo xvii vamos á recoger los más re- 
nombrados. De Castilla la Nueva: Lope, Quevedo, Villamediana, 
Tirso, Quiñones de Benavente, Balbuena, Nieremberg, Calderón, 
Salas Barbadillo, Moreto, Zabaleta, Rojas Zorrilla, Solís, Son, 
sin duda, los maestros, como lo fueron los toledanos y demás cas- 
tellanos nuevos en el siglo xvi, sino que con la Corte pasa á 
Madrid la cuna de los más. Toledo, sin embargo, sigue dando 
grandes escritores. 

Compárense ahora los mejores castellanos viejos: Villegas, 
Pray Antonio Pérez y Solórzano solamente pueden ponerse junto 
á ellos y en segunda fila, mientras que los de Castilla la Nueva son 
casi todos de primera. 

Sevillanos principales : Mateo Alemán, Jiménez de Enciso, 
Ilojeda. Cordobés, Pablo de Céspedes. Ecijano, Vélez de Gue- 
vara. 1 os demás son de segunda fila y aun lo son éstos compara- 
dos con los de Castilla la Nueva, fuera de Mateo Alemán. 

En Valencia : Aguilar, Guillen de Castro ; mas Carlos Co- 
loma, de Alicante, y Saavedra Fajardo, de Murcia, compiten con 
los mejores escritores de segunda fila. En Aragón: fray Tomás 
Ramón y fray Jerónimo de San José, lo son de la misma; de 
primera, el padre Baltasar Gracián. En Extremadura: Luisa de 
Carvajal, excelente y briosa poetisa. En Portugal nacen en el si- 
glo XVII los mejores autores portugueses que escribieron en cas- 
tellano ; los principales : fray Pedro de Vega, Mello y Matos Fra- 
goso. 

La nota regional apenas se trasluce en el siglo xvii, hasta en 
los grandes maestros, cabalmente por ser estos ingenios cortesa- 
nos y todos urbanos, cultos, cosmopolitas en arte, clásicos y na- 
cionales en diversos grados, pero sin diferencias regionales. Lope, 
Quevedo, Calderón y Tirso son claros ejemplos de esta fusión. 
Nacieron en Madrid, y lo más regional en ellos es el sabor popular, 
tan propio por tradición de lo'S escritores de Castilla la Nueva, des- 
de los dos Arciprestes y Femando de Rojas hasta Sebastián de 
Horozco y Cervantes. 

Ingenios muy nacionales y típicos y maestros no menos del 
arte clásico, admirablemente unidas entrambas condiciones. Fué 
Lope tipo del español en el derroche de sus facultades y menos- 
precio del cuidadoso estudio, dejándose llevar más bien del na- 
tural instinto que de los preceptos; independiente y cerril, que no 
reconocía autaridad ni reglas ; apegado á la tradicional epopeya que 



308 ESBOZO DE UN ENSAYO CRITICOHISTÓRICO 

llevó al teatro y ganoso de sobrepujar a todos. Quevedo es otro 
Séneca en la entereza del obrar, en la alteza del pensar, en la 
reciura sentenciosa del decir y un satírico formidable. Tirso es no 
menos independiente y genial en el tratar á la mujer en sus co- 
medias y gran observador del habla y maneras populares. No 
predomina en ellos la cabeza, ni la fantasía, ni el corazón; antes 
armonizan las tres facultades, como Cervantes y los demás es- 
critores de Castilla la Nueva. En Aragón Gracián remansa toda 
la robustez de su tierra ; sobresale, cual fino aragonés, por el en- 
tendimiento tan pujante y por la gravedad y alteza de pensar tan 
filosófica, que sintetiza lo que Séneca y Quevedo desparraman á 
puñados y les gana en lo sentencioso y en la grandeza de su obra 
filosóficosatirica. 

Los seudoclásicos del siglo xviii. Mejor haríamos desterrán- 
dolos á París con sus maestros. El seudoclasicismo es un barniz 
tan artificioso que apenas deja clarear nada regional en los poe- 
tas. Los más populares fueron Gerardo Lobo, toledano; Arriaza, 
madrileño, ambos de Castilla la Nueva, seguidores de la tradi- 
ción. El salmantino Torres Villarroel, imitador de Quevedo en 
lo urbano, remedó á veces el sayagué? como los antiguos dramá- 
ticos salmantinos y ofrece toda la valentía y desenfado de los 
escritores de la banda occidental de la Península. Vengamos ya 
á las escuelas sevillana y salmantina. 

La tan traída y llevada Escuela Sevillana fué ocurrencia de 
Manuel María de Arjona en el Correo de Sevilla (23 julio 1806), 
que creyó debía clasificarse por escuelas la poesía española, como 
se clasificaba la pintura, distinguiendo seis escuelas. Siguióle Félix 
José Reinoso (ibid., 16 agosto 1806), distinguiendo tan sólo cua.- 
tro escuelas : la primera, italohispana, de Garcilaso ; la segunda o 
sevillana, de Herrera; la escuela hucna española, de Lope de Vega, 
y la escuela Española corrompida o decadente, de Góngora. 
En 1839 Manuel María del Mármol, antiguo consocio de Ar- 
jona y Reinoso en la Academia Sevillana de Letras Humanas 
y director de ella á la sazón, abrió un concurso sobre el particu- 
lar, que no tuvo buen resultado. Volvió á abrir concurso aquella Aca- 
demia en 1867 y fué premiada la obra de Ángel Laso de la Vega 
Historia y juicio crítico de la Escuela poética sevillana en los si- 
glos XVI y XVII, Madrid, 1871, con introducción de Amador de los 
Ríos. Ni el autor del libro ni el de la introducción prueban que 
hubiese tal escuela sevillana en nuestra edad de oro. De los poe- 
tas sevillanos de fines del siglo xviii González Carvajal fué ene- 
migo de la Academia Sevillana. Quedan Arjona, de Osuna; Mar- 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. II 309 

chena, de Utrera; Blanco White, Alberto Lista y Reinoso, de 
Sevilla. ¿Qué tienen de común estos poetas? ¿En qué se diferen- 
cian de la escuela salmantina? Todos son más ó menos seudo- 
clásicos, casi todos hacen églogas; no se asemejan los sevilla- 
nos á Herrera ni á fray Luis los salmantinos. ¿En qué se pa- 
recen el candoroso fray Diego González, el sarcástico Forner, el 
delicado Meléndez y el epigramático Iglesias? Lo único de co- 
mún que tienen los salmantinos es la preferencia que dan á la églo- 
ga. Aunque seudoclásica é imitada de toda Europa, es notable esta 
preferencia, que fué nota de los salmantinos de los siglos xv y xvi. 
Meléndez Valdés, extremeño de nacimiento, fué salmantino de es- 
tro en esta parte, como lo fué el salmantino Iglesias, egloguista más 
sincero, ó digamos mejor observador del campo. No lo es menos 
Gregorio de Salas, aunque inficionado del prosaísmo de la época, 
y que nació en Jaraicejo, de Extremadura. Fray Diego Tadeo 
González nació en Ciudad Rodrigo y fué, con Iglesias, menos 
seudoclásico. En suma, la llamada escuela salmatina del siglo xviir 
fué egloguista y campestre, más ó menos virgiliana, como Juan del 
Encina, y nada tiene que ver con aquella soñada escuela salman- 
tina del siglo XVI, capitaneada por fray Luis de León. Forner, de 
Mérida, mostró en sus continuas polémicas el brío extremeño. 
Salmatino fué Sánchez Barbero; extremeño, Cristóbal de Beña 
y zamorano, Nicasio Gallego. 

Armónicos y universales en ideas, como Vives, fueron los 
valencianos Eximeno, Juan Andrés y Mayans. Señaláronse como 
buenos aragoneses por su puro saber intelectual Piquer, Luzán, 
Nasarre, Nipho, Jordán Asso, los Azaras y el rio j ano Fernán- 
dez de Navarrete. Punto y aparte merecen Bretón, riojano y, por 
consiguiente, aragonés de espíritu, fiel retratista de costumbres, 
satírico de necedades sociales, y Ramón de la Cruz, madrileño, 
continuador de Quiñones de Benavente y de los demás drama- 
turgos populares. 

Llegados á la época romántica, lo primero que advertimos es 
que los escritores andaluces sobrepujan en número á los de cual- 
quiera otra región española, aun á los de Madrid, donde sin em- 
bargo asienta el centro literario de España y adonde acuden de 
todas partes. Andaluz, de Granada, fué el primero que se mos- 
tró romántico, Alberto de Lista; andaluz, cordobés, el primero 
que triunfó definitivamente, el Duque de Rivas ; andaluz, de Chi- 
clana, el primer dramaturgo romántico que fué sacado á las ta- 
blas para vitorearle y uno de los más famosos y, sin duda, el 
más romántico de los dramaturgos, García Gutiérrez. Andaluces 



3 10 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

fueron los románticos más de tumba y hachero, los más desafora- 
dos, los Bermúdez de Castro, de Jerez ; García Tassara, de Sevilla. 
Andaluz el que más se señaló ipor lo pintoresco regional, el ma- 
lagueño Estébanez Calderón, y andaluces los dramaturgos y des- 
cripcionistas que trajeron el género andaluz con sus no menos 
pintorescas costumbres, el malagueño Rodríguez Rubí con sus 
Poesías andaluzas, el sevillano Marqués de Santa Ana, que 
fué el primero que lo llevó al teatro; el gaditano José Sanz Pé- 
rez, que le siguió con el andaluz Sánchez Albarrán y algunos 
otros. Andaluz fué el mejor orador parlamentario, el rondeño 
Ríos Rosas, como después el malagueño Castelar, rey de la ora- 
toria florida, pormposa, asiática, que equivale á decir andaluza. 
Andaluz el zarzuelero por excelencia, el malagueño Luis Olona. 
Andaluz el padre del periodismo diario, el sevillano Manuel M. de 
Santa Ana, Andaluz el mayor novelista por entregas, el padre 
en España de la novela folletinesca, extremada de color, pasión 
é interés, que bien podemos dar por andaluza cuanto á la exage- 
ración en todo, el sevillano Manuel Fernández y González. Ese 
gran movimiento literario en Andalucía llegó á dar cuatro de los 
más eruditos literatos : Aureliano Fernández Guerra, de Granada ; 
Amador de los Ríos, de Baena; Manuel Cañete, de Sevilla, y 
Adolfo de Castro, de Cádiz. Creería cualquiera que el romanticis- 
mo había nacido en Andalucía, y lo que hay, según á mí me parece^ 
es que el romanticismo, por lo que tenía de exagerado en todo, era 
naturalmente andaluz. La andaluzada ó exageración andaluza en 
el decir, sobre todo en el color, en lo musical, en lo pomposo y 
enfático, parece explicar este hecho histórico. 

Confirmaráse yendo al polo opuesto de Andalucía, que es 
Aragón, Navarra y las provincias vascas, que son una misma 
cosa en espíritu, tan opuesto á la exageración. Los dos únicos 
poetas son allí Alejandro Rivero, de Bilbao, que vivió en Méjico, 
y Agustín Príncipe, de Caspe, escritor sesudo que sobresalió por 
sus Fábulas. Navarro Villoslada, de Viana, es el novelador his- 
tórico más serio y macizo. Trueba, de Vizcaya, el cuentista más 
sano y sencillo. Eugenio de Oohoa, guipuzcoano, y Borao, zara- 
gozano, eruditos. 

Después de Andalucía, sobresalió en la época romántica la 
región levantina, que de hecho es la segunda en la afición pictó- 
rica; pero sus escritores nada tienen de exagerado, antes aman 
lo armónico y clásico. Qásico es de hecho Cabanyes, de Villa- 
nueva y Geltrú, el único clásico de la época romántica, como 
después lo será Querol. Sensibles al arte, nada románticos cuan- 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. II 3ll 

to á exageraciones, pero muy pictóricos, fueron el Marqués de 
Molins, de Albacete; Tomás Aguiló, de Mallorca, el Marqués de 
Valmar, de ^Cartagena; Juan Vila y Blanco, de Alicante; Rubio 
y Ors, de Barcelona; Antonio Flores, de Elche; Piferrer, de 
Barcelona; Julián Romea, de Murcia, y Quadrado, de Menorca. 
Como polígrafos atentos á todo saber y armónicos de pensamien- 
to, tenemos á Víctor Balaguer, de Barcelona; Balmes, de Vich, y 
Milá, de Villafranca del Panadés. Pictórico y sentimental fué 
Arólas, de Barcelona. Grandes oradores, pero nada asiáticos, Pi 
y Margall, de Barcelona, y Aparisi, de Valencia. 

Los escritores madrileños siguen la tradición inclinándose á 
pintar el habla y manera de hablar del pueblo; son realistas y 
sinceros : Larra, Mesonero Romanos, Larrañaga, Hartzenbusch, 
Segovia, Ramón de Navarrete, Francisco Zea, Mariano Pina, 
Serra. Patricio de la Escosura fué muy variado y versátil. Eru- 
ditos fueron el Marqués de Miraflores, Gayangos, Cayetano Ro- 
sell, Antonio Pirala. 

Más descuidados que los mejores escritores madrileños son 
los mejores de Castilla la Vieja, aun cuando viviesen los más en 
Madrid : el mismo Zorrilla, de Valladolid ; Modesto Lafuente, de 
Falencia ; Santos Alvarez, de Valladolid ; Martínez Villergas, de 
Valladolid ; Forentino Sanz, de Arévalo ; Ibo Alfaro, de Logroño ; 
José Somoza, de Piedrahita. 

Pocos, pero excelentes escritores hubo de la banda occiden- 
tal. De Asturias: el Conde de Toreno, Campoamor, Suárez Bravo 
y Pedro José Pidal. Gallego, de Lugo, fué Pastor Díaz, extremada- 
lücnte sensible y lóbregamente triste, hasta rayar en lo enfermizo 
por lo supersticioso. Es el alma gallega toda entera que se ex- 
presa románticamente. Gallega, del Ferrol, fué la insigne Con- 
cepción Arenal, que llevó su ternura á cárceles y otros lugares 
de desgracia. Enrique Gil, de Villafranca del Bierzo, poeta y pro- 
sista de tonos delicados, tiernos, melancólicos : diríase lo feme- 
nino gallego, mientras que Pastor Díaz era lo masculino. 

Los extremeños distínguense por el brío y empuje. Nadie !e 
ganó en esta parte á Esipronceda, entre los poetas, ni más tarde 
á Carolina Coronado, ambos de Almendralejo. Ni entre los ora- 
dores á Donoso Cortés, nacido en Villanueva de la Serena. An- 
tonio Hurtado, de Cáceres, dramaturgo de brío y color y de her- 
mosos tipos morales, narrador amante de lo tradicional español, 
romancerista y cantor popular. Ardiente polemista fué Gabino 
Tejado, de Badajoz. 



3l2 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

El salmantino Ruiz Aguilera distinguióse por el tono popular 
en cantares y cuentos. 

Cabe ahora con un solo rasguño, comparar á los mejores 
poetas románticos que con la común tonalidad romántica re- 
flejan cada uno su región. El Duque de Rivas, por el color y 
magnificencia, es cordobés; Espronceda, extremeño por el brío 
de la pasión y de la frase; Cabanyes, levantino por lo clásico y 
y armónico ; Campoamor, asturiano por el humorismo y la pi- 
cardía filosófica; Zorrilla, vallisoletano, de la meseta castellana, 
aunque el más descuidado y á la pata la llana, como castellano 
viejo, es el más allegado al pueblo y á la raza. 

Con la época realista comienza á señalarse lo regional. Fué la 
primera en la novela Fernán Caballero; pero en la manera de ex- 
presarse no tiene nada de andaluza, y de hecho era extranjera. 
Menos todavía tiene de Sevilla, con haber allí nacido, el gran poeta 
Bécquer. Los demás sevillanos tienden á lo clásico, sin prescindir 
de la exageración andaluza, que no encajaba bien en aquella época 
de mesura y reflexión. Pero siempre el arte sevillano parece se 
distinguió dentro del andaluz por su tendencia clásica, con la nota 
particular de la gracia. Narciso Campillo, ya romántico, ya clásico, 
es bastante salado en epigramas y cuentos. Clásicos fueron La- 
marque y su esposa Antonia Díaz, natural de Marchena. Clásicos 
y finamente chistosos, Felipe Pérez y González, Rodríguez Marín, 
natural de Osuna, y el jerezano padre Luis Coloma, discípulo de 
Fernán Caballero. Clásicos, castizos y más serios, Blanca de los 
Ríos y Luis Montoto. Díaz Martín, de Montellano, es más popu- 
lar. Clásicos, en fin, Adelardo López de Ayala, de Guadalcanal, 
padre de la alta comedia, y Eguilaz, de Sanlúcar. 

Cordobés, por nacimiento y por lo exagerado é hinchado, fué 
Carlos Rubio; Manuel Reina, de Puente Genil. no lo fué menos 
por el colorido, sin hinchazón alguna, según pedían los tiempos, 
y aun acaso á ellos se deba la cortedad en todo del cordobés Grilo. 
Juan Valera, de Cabra, se llevó toda la gracia andaluza, siendo, 
además, el más clásico de los prositas de su siglo en España. 
De Cádiz fué Castelar, el tipo oratorio andaluz, y otros de segun- 
do orden; el castizo y ameno Sbarbi, Jackson Veyan, del género 
chico ; el dramaturgo Novo y Colson, Fernández Shaw, poeta bien 
colorido ; y de la provincia, el doctor Thebusem, de Medina Si- 
donia ; Manuel Osorio y Bernard, de Algeciras ; Javier de Burgos, 
del Puerto; José de Navarrete, de Rota; José P. Velarde, de Co- 
nil. En Málaga naceti los escritores de segundo orden: Cánovas, 
Simonet, Flores García, Limendoux, el Conde de las Navas ; pero 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. II 3l3 

puede gallear aquella provincia con el gran poeta colorista Salva- 
dor Rueda. De Granada fueron José de Castro y Serrano, Afán 
¿€ Rivera, Mariano Pina Domínguez, Eugenio Selles, y de Guadix, 
Antonio de Alarcón, el único de valer en todas sus obras, buen 
colorista, ameno y castizo. 

El novelista regional valenciano es Blasco Ibáñez, y el gran 
poeta, Teodoro Llórente: ambos reflejan el arte regional, de fon- 
do clásico y armónico, pero con mayor brío y color. Clásico puro 
fué el poeta Querol. Los demás, secundarios, Pérez Escrich, 
Liern, Pelayo del Castillo, Navarro Gonzalvo, Matoses; Pons 
Samper, de Villena. 

En Murcia notóse mayor delicadeza en Selgas, Arnao, Balart, 
de Priego ; y Ricardo Gil. De Mahón fué Patxot, de Mallorca Pa- 
lou y Coll y el padre Miguel Mir. Catalanes : Camprodón, de 
Vich; Manuel del Palacio, de Lérida; Melchor de Palau, de Ma- 
taró ; Bartrina, de Reus ; de Barcelona, Pompeyo Gener, el gran 
crítico Ixart y el gran autor de zarzuelas José Feliu y Codina. 

El novelista regional de Madrid fué Galdós, aunque nació en 
Canarias. Al teatro llevaron la sociedad madrileña, no la baja, sino 
la menos diferenciada, Tamayo, Enrique Gaspar y José Echega- 
ray. Más populares, del género chico, fueron Luis Mariano de 
Larra, José Picón, Pedro Escamilla, Granes, Luceño, Miguel 
Echegaray, Bustillo de Lustonó, Ortega Morejón, Ceferino Fa- 
lencia, Pérez Zúñiga, López Silva. Novelistas de segundo orden 
fueron Moreno Godino, Frontaura, Nombela, Liniers, Manuel 
Cano, Jacinto Octavio Picón, José Ortega Munilla, Pérez Nieva. 
Otros escritores madrileños : Barbieri, Severo Catalina, Gómez 
de Arteche, La Barrera, Manuel de la Revilla, Silverio Lanza, 
Fernanflor, Francos Rodríguez. Conquense, de Cañete, fué el 
novelista regional Polo y Pe3Tolón. 

Si comparamos los dramaturgos, López de Ayala, el andaluz, 
es más clásico y esmerado de forma ; Tamayo, Gaspar y Echega- 
ray, madrileños, tienen más fibra y vigor, ni les va en zaga el ca- 
talán Felíu y Codina. Cuanto á los novelistas, Coloma, Valera y 
Antonio de Alarcón, andaluces, son más ó menos clásicos ; Blasco 
Ibáñez, valenciano, es más colorista y brioso ; Galdós, más rea- 
lista y humano, el más cumplido de todos. Los líricos andaluces 
Rueda y Reina brillan por las luces y color ; los murcianos Selgas, 
Arnao, Balart y Ricardo Gil, por la delicadeza y sentimientos 
suaves ; en Mb.drid no hubo líricos notables, supliendo el vallisole- 
tano Núñez de Arce, el más acabado en la técnica y el más opor- 
tunamente humano y casi cantor cívico. El lírico santanderino 



3 14 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

Amos de Escalante pinta la naturaleza con cierta melancolía; e! 
novelista montañés Pereda gana á todos en apego al terruño, pro- 
pio de todo habitante de montañas. Enrique Menéndez y Pelayo, 
tanto en los versos como en la novela, ofrece el mismo tono oto- 
ñal y suavemente melancólico de los santanderinos. Pero los ga- 
llegos son más hondamente sentidos, más tristones y embrujados. 
Díganlo Rosalía de Castro, de Santiago, y Sofía Casanova, de 
Coruña, y hasta Pardo Bazán, también coruñesa, escritora á me- 
nudo cosmopolita, pero también noveladora del alma de su tierra. 
De La Coruña fué el historiador Antonio Cavanilles ; de Vigo, el 
bufoneí^co y caricaturesco Tabeada. Eruditos, Menéndez y Pe- 
layo, de Santander ; Antonio Machado y Alvarez, de Santiago ; 
Emilio Cotarelo, de Galicia. 

El humorismo asturiano brilló en Palacio Valdés, de Entral- 
go, y Clarín, aunque nacido en Zamora. No difiere mucho el fino 
cómico del dramático asturiano Vital Aza y del zamorano Ramos 
Carrión. 

Los leoneses suelen ser más duros, y aun ceñudos, en todo : 
pueden compararse las feroces sátiras de Antonio de V^albuena, 
de Pedrosa del Rey, con las de Clarín, más humorísticas, y con 
las demasiado fofas y bastas de Taboada. Clarín tiene el humo- 
rismo húmedo de Asturias y la hosca dureza zamorana. Otros 
castellanos viejos no citados son de segundo orden: Perillán Bu- 
xó, Leopoldo Cano y Ferrari, de Valladolid ; Macías Picavea, de 
Santoña ; Zahonero, de Avila ; Sinesio Delgado, de Támara ; José 
Rodao, de Segovia. De Badajoz fué el erudito Vicente Barrantes. 

Falta Aragón, Navarra y Vascongadas. Típico aragonés en el 
sentido práctico, en la inteligencia, en la sinceridad, en la reciura 
de alma, fué Joaquín Costa, cuya oratoria, verdaderamente 
ática (no académica) hay que comparar con la asiática del andaluz 
Castelar, con la durísima del catalán Pompeyo Gener y con la algo 
seca de Macías Picavea, de Santoña. No menos aragonés novelista 
es José María Matheu, zaragozano, fiel observador del vivir co- 
tidiano. También pintó las costumbres de Aragón Castro Les, de 
Ayerbe. Cavia, zaragozano, ha sido gran periodista; Marcos Za- 
pata, de Ainzón; Eusebio Blasco y Pedro Marquina, zaragoza- 
nos, cultivaron el teatro en Madrid y la lírica ; Ram de Viu fué 
en Zaragoza extraño cantor de los muertos. 

En Navarra se distinguieron Arturo Campión, novelador de 
los guipuzcoanos ; Fiacro Irayzoz, pamplonés, lírico y dramático, 
y Federico Lafuente, de Lodosa, que cantó el vivir de los leone- 
ses. La época siguiente, desde 1888, fué regional por excelencia. 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. III 3l^ 

además de modernista ; pero conviene no tocarla ya, por lo dema- 
siado cercana á nosotros. 



CAPITULO III 

LOS GÉNEROS LITERARIOS 

De tradición clásica, venida con el Renacimiento y alimen- 
tada en las escuelas con el estudio de la Retórica, es la famosa 
clasificación de las obras literarias por géneros: lírico, épico, dra- 
mático, satírico, epigramático, didáctico, cuanto á la poesía; ora- 
torio, novelesco, didáctico, histórico, epistolar, etc., cuanto á la 
prosa. Todavía hay quien cree que la historia literaria debe es- 
cribirse agrupando autores y obras por géneros, sacrificando la 
cronología y la científica visión de la evolución literaria, que de 
la cronología depende, á este encasillado pueril, y partiendo la 
personaHdad literaria de los escritores en cien pedazos, según Ios- 
varios géneros que los más de ellos cultivaron. Conviene, sin em- 
bargo, tenerlos en cuenta, y aun echar una ojeada de conjunto 
sobre cada uno de los principales en particular, porque son diver- 
sas manifestaciones estéticas que responden á diferentes tempe- 
ramentos literarios, ó, por lo menos, á diversos estados anímicos 
del escritor, y tiene un cierto fundamento histórico y psicológico. 
En Grecia, donde nace el arte europeo, distínguense primero dos 
géneros poéticos, antes de amanecer la prosa: la lírica sagrada de 
los himnos y la épica que canta á los semidioses. La Ilíada en la 
guerra, la Odisea y las obras de Hesiodo en la paz. Estos dos gé- 
neros responden á la expresión de lo subjetivo del cantor, de sus 
propios sentimientos religiosos y á la expresión de lo objetivo, de 
los acaecimientos que llegan á su noticia de lo que está fuera de 
él. Anónimas unas y otras obras, como populares, son producto 
de muchos autores, aunque los poemas homéricos suponen bas- 
tante cultura técnica en la forma en que después fueron copila- 
dos y escritos. De la lírica consagrada á Baco, esto es, del diti- 
rambo, nace después la dramática, poniéndose en acción por los 
varios personajes los sucesos antes narrados del dios, conserván- 
dose las exclamaciones líricas en el coro. La lírica profana va bro- 
tando á poco, la individual en Lesbos, la coral en el Peloponeso, 
la guerrera con Tirteo, la satírica con Arquíloco, la triunfal con 
Pindaro, la sentenciosodoctrinal con Teognis, la amorosa y do- 



3l6 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

iiente con Mimnermo, la alegre y frivola con Anacreonte. Teócrito 
inventa el idilio y la bucólica, géneros dramáticos de suyo que no 
se representan, cuadritos dialogados y de acción breve. La prosa 
nace con los logógrafos ó prosificadores de la épica, con Hero- 
doto, verdadero épico en prosa, y con la oratoria siciliana, que 
cae en manos de los sofistas y de los demagogos y oradores polí- 
ticos y forenses de Atenas. Los muelles cuentos milesios son el 
primer atisbo de la novela. Esopo trae de Oriente el apólogo, 
Platón inventa el diálogo filosófico. Los géneros se entrecruzan y 
mezclan ya y á veces es difícil encasillar en uno ú otro los partos 
del ingenio. En Grecia estaban más especializados, en uno ú otro 
género literario, los escritores: eran épicos ó Úricos casi exclusi- 
vamente, oradores ó dramaturgos. Otro tanto sucede en Roma, 
aunque ya abundan más los escritores polígrafos. En España es- 
cribieron prosa y verso, ó por lo menos cultivaron varios géneros 
á la vez, la mayoría de los escritores. No hay manera de clasifi- 
carlos por géneros sin llevar la confusión á la historia literaria. 

En España hay que distinguir, ante todo, el arte popular, que 
nada debe á la literatura tradicional grecorromana, y el arte eru- 
dito, que es, en parte continuador de ella en castellano, en parte 
nacido de la popular, apropiados otros elementos de Francia é 
Italia. 

El popular manifiéstase primero en verso, después en prosa, 
xomo en Grecia, y ofrece los dos mismos géneros primordiales, 
lírico y épico, según se expresen los propios y subjetivos senti- 
mientos ó los objetivos acontecimientos del mundo exterior. La 
«pica popular castellana, tan anónima como la griega, y mucho 
menos técnica por largamente trabajada, nace en medio de una 
sociedad muy diferente de aquélla, aristocrática y pagana : es cris- 
tiana, democrática y enteramente guerrera. No encierra influen- 
cia alguna de reminiscencias romanas, ni godas, ni francesas. 
La lírica no es menos nacional, como se ve claro por la popular 
gallega, de la cual no debió de distinguirse la castellana popular 
más que en el lenguaje. Hallámosla en Juan Ruiz, con sus versos 
cortos y sin nada del espíritu provenzal. Sus serranillas parécense 
■á las gallegas, como sus cantares sagrados á los gallegos de las 
Cantigas de Alfonso X, y es casi seguro que ni unas ni otros vi- 
-nieron á Castilla desde Galicia, sino que brotaron en ambas re- 
giones muy parecidos en espíritu, tono y metros, y en todo ello se 
diferencian de la lírica trovadoresca provenzal y de los cantos de 
Bretaña y pastorelas del Norte de Francia. Diferenciase la lírica 
gallega en que á menudo son las mujeres las que lloran por los 



DE LA LITEIL\TURA CASTELLANA, CAP. IIT Siy 

hombres, cosa muy natural, conocido el espíritu de la mujer ga- 
llega, tan diferente de la castellana. Las Cantigas mismas del Rey- 
Sabio, con narrar milagros comunes á la literatura francesa, son 
más realistas y al mismo tiempo más castas, y con estar en ga- 
llego, tienen menos melancolía y afeminamiento que los cantares 
gallegos; encierran espíritu más castellano. 

El género satírico es una rama del lírico, pues expresa el pro- 
pio sentir, no menos que la lírica amorosa y la sagrada, aunque, 
va contra otros : la lírica abraza el amor y el odio. La sátira popular 
castellana y cantares cazurros no son tan soeces como los provenza- 
les, ni tan crueles ni amargos, con ser tan realistas y personales. . 
Aunque en los Cancioneros del siglo xv hay mucho fermento pro- 
venzal, revuelto con otros, gallego, italiano y puramente caste- 
llano, pueden muy bien deslindarse todos ellos y merecía este des- 
linde libro aparte. En tiempo de los Reyes Católicos se lleva la., 
lírica popular á los escritos y aparecen el villancico, las pastore- 
las, las coplas y glosas, de origen antiguo popular, no menos que. 
las populares sátiras de Mingo Revulgo, etc. 

El género dramático popular dióse en Castilla como en todas 
partes, aunque no haya quedado obra alguna. Es la unión de lo 
épico puesto en acción y de lo lírico y su originalidad y ningún 
recuerdo del teatro clásico antiguo se ve manifiestamente en Juan . 
del Encina y demás primei;os dramáticos del siglo xv, en los cua- 
les presto se echa de ver el elemento italiano, pegado al nacional. 
Es realista hasta hablar los personajes, pastores sayagueses, su- 
propio dialecto. Conserva trazas de su origen religioso y de su na- 
cimiento en las representaciones de Navidad y Pasión de Cristo;., 
con el elemento profano que fué tomando ensanches, hasta sacarlo 
enteramente de la iglesia, dividiéndose desde entonces en dos : el. 
profano, ó farsas, y el religioso, ó autos. 

Viniendo ya á la literatura erudita, nació en España de la po- 
pular, á estímulo de los franceses, y así Mió Cid y Roncesvalles 
tienen espíritu y manera castellanos y metro en parte francés, conr. 
algunas otras reminiscencias, bien pocas, por cierto, del Roland. 
Erudito y extraño es el género caballeresco, que pertenece á la 
épica, céltico de origen, ó carolingio, y contaminó cada vez más la - 
épica castellana erudita y hasta la popular, en las Crónicas rima- 
das y en los romances del siglo xv; pero aun en los carolingios 
y demás caballerescos el espíritu de la épica popular castellana, 
dejó impreso su sello, nacionalizándolos cuanto pudo. 

La lírica erudita aparece con Berceo y demás autores del mes- 
ter de clerezia, bastante francesa en el metro y eclesiástica en 



3l8 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

asuntos, y á veces profana, como en el Alixandre, Apolonio, etc., 
derivaciones no menos francesas, pero que en espíritu encierran. 
«1 mismo tinte nacional, ajeno á las milagrerías, al puro natura- 
lismo y descoco lascivo y blasfemo de mezclar lo sagrado 
con lo profano, cualidades que distinguen á la lírica francesa. Es 
la nuestra religiosa y seria, sentenciosa y ética, nada chocarrera 
ni liviana. De parecido temple es la sátira social en Juan Ruiz, 
Sem Tob, López de Ayala, etc. En el siglo xv la lírica erudita 
toma los colores todos de la provenzal y de la italiana, aunque 
conservando su seriedad ética y espíritu cristiano en Santillana 
y los principales autores. Después señorea la lírica italiana entre 
eruditos, luchando con la nacional hasta quedar ésta vencedora, 
incorporada la extraña cuanto á los metros y elegancias clásicas. 
La prosa siempre es erudita y así es continuación en Espa- 
ña de la prosa latina, mejorándose conforme se va mejor cono- 
ciendo la literatura clásica. Es narradora de suyo, objetiva y épi- 
ca, digamos, ó científica y docente. En las traducciones de apó- 
logos orientales toma una tonalidad sentenciosa y grave, semítica 
y aun indiana, que cuadraba al ingenio castellano. En las obras 
de Alfonso el Sabio el dechado es ya la prosa clásica de la anti- 
güedad. No faltan, con todo, autores que se inspiran en el habla 
popular : el Arcipreste de Talavera es el primero ; luego, Fernando 
de Rojas. 

Los varios géneros prosaicos, todos objetivos, se deslindan en 
el reinado de los Reyes Católicos, siguiendo la norma iialiana y 
renacentista. El sello clásico jamás dejará ya de verse en la pro- 
sa castellana y á él se debe el período, que algunos tienen como 
cosa propia de nuestro idioma, no siendo sino de origen clásico, 
latino y en último término griego. El castellano se presta á todo, 
y habiendo nacido y criádose la prosa erudita en brazos del cla- 
sicismo, se apropió el estilo amplio y periódico ; mas no es tan del 
genio de nuestro idioma como el estilo cortado, sentencioso, el'p- 
tico. Puede verse en el arcipreste de Talavera, en la Celestina, 
en Lazarillo, en Cervantes, en Mateo Alemán, en Quevedo, cuan- 
do remedan el habla popular, y no menos en los escritores espiñ- 
tuales de fines del siglo xvi y comienzos del xvii, que son los 
que más tomaron del pueblo cuanto á lenguaje y es'ilo. No se 
atienda en todos estos autores y escritos á la puntuación, que jun- 
ta en largos períodos los que no lo son. Puntúese como pide la 
frase y se hallará ser ésta breve, cortada, concisa. Tal hice yo en 
mis ediciones del Lazarillo, de Quevedo, y, sobre todo, del Guz- 
jnán de Alfarache, que puede ponerse como ejemplo muy particu- 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. III 3I9 

lar de este estilo, propio del castellano, así como fray Luis de Gra- 
nada lo es del estilo periódico á lo Cicerón. 

El estilo es el hombre, se ha dicho; pero, por lo mismo, es no 
menos la nación y raza y está sellado en el idioma, que es lo más 
propio de cada pueblo. Ahora bien, la norma del estilo propio 
del castellano está en la región central de Castilla, y es la del na- 
tural de sus habitantes. Hay que tratar con ellos, con los viejos, 
sobre todo, y con los viejos menos urbanizados, para echar al 
punto de ver su cortedad y concisión de frase. Hablan poco, hay 
que sacarles las palabras del cuerpo, y entonces se expresan sen- 
tenciosa y lacónicamente, con mucha elipsis y reciura de lenguaje. 
Una sola conjunción suple á veces grandes rodeos. No emplean 
más que palabras precisas, como insinuando, más bien que no des- 
arrollando, el asunto. Sentencias, sin verbo muchas veces, omisión 
de artículos, poco epíteto. Las descripciones á pinceladas cortas, 
pero de un brío extraordinario. Comparaciones gráficas y justas. 
El brío, el decir sentencioso y cortado, brusco y de evocación tan 
infinita como los largos surcos sin fin que tienen delante de los 
ojos: responde todo ello á la sequedad de la tierra, á la altura del 
cielo y á lo interminable de la llanura. De ahí la preñez de pen- 
samiento y lo escueto del expresarse. Añádase la doctrina espi- 
ritual de nuestra religión, en que se educaron, con un infinito en 
el concepto de Dios y de la vida eterna, tan ajustado al infinito 
de la llanura donde espacian su vista y de la altura y serenidad 
del cielo que tienen sobre sí, y se advertirá la diferencia en su 
pensar, sentir y expresar, en su estilo y lenguaje, de lo que tenía 
que suceder á los griegos, limitados en sus creencias y en sus tie- 
rras, para quienes la mesura, la armonía y la sencillez de líneas, 
de visión, de dioses, de la vida, habían de espejarse en su pensar, 
sentir y creer, y en su idioma y estilo. Lo limitado junto á lo infi- 
nito, el antropomorfismo pagano junto al infinito del Dios cris- 
tiano y de la cristiana eternidad; las islas pequeñas, los pequeños 
valles, las lindas costas, los altozanos asequibles, junto á la in- 
mensa llanura castellana, sólo cortada por sierras cuya altura pa- 
rece, por lo mismo, más exagerada. Si la mesura es la caracterís- 
tica del arte griego, y la serenidad olímpica lo es de sus dioses y 
de su artística expresión, tanto escultórica como literaria, lo infi- 
nito, los grandes contrastes, el hondo pensar y el recio decir, te- 
nían que ser la norma del arte pictórico y literario de Castilla. 

La poesía cultivóse antes que la prosa en España, como en to- 
das partes, y tardó más en llegar á su acabada perfección. Lo que 
pasa á los individuos pasa á las sociedades. La poesía suele estar 



320 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

en manos de la juventud, y sólo los poetas de cuerpo entero si- 
gnen cantando toda su vida; los demás dejan los versos por me- 
nesteres que se juzgan de más tomo é importancia. Los acabados 
prosistas necesitan, por el contrario, años y años de aprendizaje. 
Pocas poesías hay perfectas, pero hay menos perfecta prosa en 
el mundo. El metro ata y lleva á la gimnasia del lenguaje y de las 
ideas ; la prosa, del dominio cotidiano de todos, sin trabas ni leyes- 
fijas, no constriñe á sus cultivadores ni les lleva á gimnasia algu- 
na en que se sientan obligados á domeñarse y disciplinarse. Es- 
más sutil y más dificultosa de entender la hermosura de la prosa, 
por no poderse reducir á preceptos como la del verso. Dechado de- 
prosa, como de verso, es el arte inconsciente popular. A él miró 
desde el principio nuestra épica en el Cantar de Mió Cid y demás, 
trozos conservados en las Crónicas; la prosa no se allegó al habla- 
popular hasta que vino el Arcipreste de Talavera. La prosa cas- 
tellana oficial, copia de los documentos públicos latinos, comenzóse- 
á escribir cuando éstos se redactaron en castellano, en la primera 
mitad del siglo xiii, en tiempo de San Fernando en Castilla (1230- 
1252) y de don Jaime el Conquistador en Aragón (1213-1276); 
pero ya antes, á mediados del siglo xii, se escribió acaso por prime- 
ra vez la epopeya castellana con el Cantar de Mió Cid. La prosa 
erudita ó escrita la hallamos empleada por primera vez en el Liher 
Regum y en los Diez Mandamientos, á principios del siglo xiii. 
Entre 1219 y 1250 se escribieron en castellano los Anales toledanos; 
hacia 1222 se romanceó el Fuero Viejo de Castilla, y después de 
1241 el Fuero Juzgo. 

En la misma primera mitad del siglo xiii, reinando don Fer- 
nando, tradujéronse, créese que á instancias de su hijo don Alfon- 
so, las obras didácticas tituladas Flores de Filosofía, El Libro de 
los buenos Proverbios y El Libro de los doce sabios, como algo des- 
pués, por consejo del Rey Sabio, se vertieron la Poridad de Pari- 
dades y Bocados de Oro. El Kolila et Digna ordenólo traducir 
en 1 25 1, y el Sendebar en 1253. Pero su reinado (1252-12S4) fué 
brillante por las obras en prosa que por él mismo, ó por otros, se 
compusieron. 

Siguióle muy de cerca el príncipe don Juan Manuel (1282- 
1348), en sus cuentos y obras instructivas, y Pero López de Ayala 
(1332-1407) en sus Crónicas. A pesar de haber imitado el estilo la- 
tino, no llegaron estos autores á condensarlo, redondearlo, pulirlo 
y robustecerlo, como más tarde los renacentistas. Escriben al des- 
gaire y con cierto candor de niños. Llegado el siglo xv, los pri- 
meros clásicos, don Enrique de Villena y el Marqués de Santilla- 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. III 321 

na, por menospreciar el genio de la prosa vulgar castellana y em- 
peñarse en remedar el de la latina, encrespan su decir con voces 
de aquel idioma, lo enrevesan, oscurecen y hasta lo sacan de qui- 
cio con el hipérbaton y trasposiciones inaguantables á los oídos 
españoles. Casi otro tanto puede decirse del habla del Arcipreste 
de Talavera; pero en algunos capítulos prestó atención al diálogo 
familiar, y cuando menos era de esperar, sacó de la fuente del 
pueblo el verdadero estilo castizo, tan inimitable y tan hermoso, 
que poquísimos supieron remedar, fuera de Rojas en La Celestina 
y Cervantes cuando hace hablar á las gentes del pueblo. Los más 
celebrados prosistas desde el tiempo de los Reyes Católicos toma- 
ron por norma la serenidad y el rodado y numeroso decir del es- 
tilo sabio de griegos y romanos. Alguna que otra vez, sin em- 
bargo, sobre todo los predicadores y exégetas en los siglos xvi 
y xvii^ por dirigirse al pueblo, trasladan su dialogado y cortadas 
expresiones á sus libros, mayormente Santa Teresa, dejando ma- 
ravillosos trozos de prosa popular y castiza. Los largos períodos 
que comúnmente se creen ser propios de nuestro idioma, son crea- 
ción erudita, á imitación del decir latino, porque el castellano da 
de sí para todo ; pero el genio del idioma va más bien por el cauce 
del decir conciso y sentencioso, cortado y á pinceladas sobrias y 
elípticas. Mateo Alemán lo comprendió bien, á pesar de la ele- 
gancia y tono clásico que le añadió de su parte ; Cervantes y Santa 
Teresa lo prueban manifiestamente, dejándolo en su popular des- 
nudez. El conceptismo y el culteranismo acicalaron la prosa tanto, 
que, aun dejada aparte la afectación en metáforas y términos la- 
tinos, difiere grandemente toda la del siglo xvii de la natural y 
llana del siglo xvi. En el xviii se aplebeya, y aunque se carga de 
galicismos, es harto más rica y casta que la del siglo xix^ que 
gana en corrección académica lo que pierde en soltura, fuerza, ri- 
queza y propiedad castiza. Por alejarnos del habla popular he- 
mos perdido el secreto de aquella gallardía en el cortar el caste- 
llano, aquel tesoro de palabras, aquella soltura de construcción 
que encantan en cualquier autor del siglo xvi. 

Cuanto al origen de los géneros en España y su evolución pos- 
terior, queda dicho lo necesario, y no hay más que resumir. No- 
tabilísima es la epopeya popular castellana, por ser enteramente 
indígena. Ni romanos ni germanos ni árabes tuvieron parte en 
ella. Nació en una época de guerra con los últimos y cuando ya 
nadie se acordaba de los otros dos pueblos para que sus obras pu- 
diesen en ella influir. Los romanos no tuvieron epopeya popular; 

TOMO XI!. — 21 



322 ESBOZO DE UN ENSAYO CRITICOHISTORICO 

de los germanos, si la tuvieron, ni por las ideas ni por el idioma, 
perdidos tiempo había, puede sospecharse que influyeran en lo más 
mínimo. La epopeya castellana ó mcsler de juglaría es única en la 
literatura universal. Es la única epopeya enteramente popular, hu- 
mana y realista que ha habido. La epopeya homérica de Grecia 
tuvo no poco de aristocrática, de sobrehumana é ideal. Nació en 
la época de los viejos reyes, reyezuelos y señores, cuyas linajerías 
y hazañas sobrehumanas se propuso cantar y ensalzar, elevándo- 
los á la categoría de héroes ó semidioses ; hizo intervenir á los dio- 
ses y echó mano de toda la milagrería mitológica y de todo el ele- 
mento sobrehumano religioso. La epopeya castellana nació en la 
época guerrera de un pueblo en formación, con todas las cualida- 
des de independencia é igualdad democrática, ensalzando á los 
adalides populares, que lo mismo luchan contra los moros enemi- 
gos de la patria, que contra los reyes y señores que se desmandan 
y abusan de su poder. Nada de sobrenatural, milagrero ni mara- 
villoso hay en ella; todo es profundamente humano y tomado de 
la realidad. Por ser tan popular y ajena de todo propósito litera- 
rio, nunca se escribió, y sólo la conocemos por tres fuentes, de las 
cualefe ha podido, en cuanto cabe, rastrearse: i.°, por la Cró- 
nica general de Alfonso el Sabio, que prosificó largos trozos, y por 
sus refundiciones en varias épocas, en las que hallamos Igual- 
mente prosificadas sus trasformaciones sucesivas; 2.°, por lo que 
de ella tomó el autor semierudito del único cantar conocido de su 
primera época en el siglo xii, esto es, el Cantar de Mió Cid, y por 
lo que de ella tomaron en sus posteriores trasformaciones las de- 
más obras épicas escritas, todas semieruditas ; 3.°, por su última 
trasformación y desenvolvimiento durante los siglos xiv y xv, 
en los llamados romances viejos, publicados durante el siglo xvi. 
Estos romances nos presentan la última forma de la epopeya cas- 
tellana; sus formas anteriores, desde sus orígenes hasta el si- 
glo XIV, tan sólo pueden rastrearse por las prosificaciones de 
la Crónica general y de sus varias refundiciones y por las obras 
épicas escritas, todas semieruditas. No fué la epopeya castellana 
obra exclusiva del pequeño rincón del primitivo condado de Cas- 
tilla, según se viene afirmando comúnmente, teniendo los ojos 
puestos en el Cantar de Mió Cid, como si á él se redujera la epo- 
peya castellana y no fuera él más bien un retal de la popular epo- 
peya, artizado por mano erudita. Sus héroes son de toda España : 
el rey don Rodrigo, á pesar de sus trascendentales errores y de 
haber sido el causante de la pérdida de la patria, en cuanto era 
símbolo trágico de ella, héroe propiamente toledano, esto es, del 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. III 323 

corazón de España; don Bernardo, héroe leonés, aragonés y ca- 
talán á un mismo tiempo en los injertos épicos legendarios ; héroe, 
en suma, de todo el Norte de la Península; Fernán González, hé- 
roe húrgales ; el rey Fernando, cantado por leoneses ; don San- 
cho Segundo, cantado por castellanos, y los adalides del cerco 
<ie Zamora; los Infantes de Lara, héroes trágicos, como lo son 
la mayor parte de los héroes de la epopeya; el Cid, castellano, y 
cuyas hazañas brillaron en Aragón y Valencia. 

Como de la epopeya homérica en la griega literatura, corrie- 
ron las aguas de la epopeya castellana por la literatura castellana 
de todos tiempos, fecundándola, renovándola, siendo como su 
fuente manantial, dándole á toda ella unidad de espíritu en fondo 
y forma, no menos que asunto y materiales, conservando y man- 
teniendo sus características cualidades de popularidad, religiosi- 
dad, realismo, altos pensamientos éticos de hidalguía, valor, jus- 
ticia, independencia é igualdad, siendo la fuente de la crónica é 
historia, de la lírica, de la novela, del teatro, de la leyenda román- 
tica, de todos los géneros literarios verdaderamente nacionales. 
Ella luchó con el extraño clasicismo en los siglos xv, xvi, xvii 
y xviii^ y con el idealismo germánico del siglo xix, venciéndolos 
al cabo y señoreando siempre en las letras hispanas. Ella, con su 
espíritu popular, fecundó toda obra erudita, dándole lo que de 
más humano y nacional encierra. Como su metro en Grecia, el 
epos ó hexámetro, fué en España el romance ú octosílabo, el metro 
popular y nacional, que ha señoreado siempre á los demás metros. 
Sobrepújala en cantidad ó extensión la épica francesa, más eru- 
dita que popular y que no llega á ser verdadera epopeya, si no es 
acaso en el Roland, de asunto tan español como francés. Pero 
queda muy por bajo de la nuestra aquella abigarrada, farragosa 
y enorme cantidad de cantares épicos, eruditos, fraguados en tor- 
no de los monasterios para atraerles peregrinos y limosnas, con 
toda la milagrería vulgar de la literatura eclesiástica y la fantasía 
soñadora y descabellada, ajena á la realidad, que ni asoma si- 
quiera en nuestra popular, desinteresada, realista y puramente 
humana epopeya. Hay tanta distancia de nuestra epopeya á la de 
Francia, como del Quijote, su verdadero sucesor en espíritu, á 
los libros de caballerías, sucesores de la épica francesa. La épica 
y la caballería son hijas en Francia del mismo espíritu feudal, 
aristocrático, fantástico y milagrero, como en España la epopeya 
y el Quijote lo son del espíritu democrático y Ubre, popular y rea- 
lista. Los restos de nuestra epopeya, sacados de las Crónicas y 
algo modernizados en los romances viejos, son las preseas más ri- 



324 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

cas de la literatura castellana, fuente de toda ella en todos tiem- 
pos y la más clara manifestación del alma de la raza. Hijuelas de 
la popular epopeya castellana y obras ya propiamente eruditas ó 
del mester de cleresia, fueron el Cantar de Mió Cid, el Cantar de 
Roncesvalles, los demás Libros ó Poemas y Crónicas rimadas. 

El autor de Mió Cid conoció el Roland, que suele ponerse en 
1080, y pretendió hacer epopeya á la francesa, imitando el verso 
alejandrino; pero el espíritu es tan diferente y hasta opuesto, que 
la influencia francesa no pasó de la superficie. Ninguna se ve en 
los antiquísimos romances en que se cantaron los héroes castella- 
nos y que pasaron prosificados á las Crónicas, ni en los romances 
que conocemos del siglo xv con el nombre de romances viejos. En 
el siglo XVI se hicieron otros, á su imitación, por romanceristas 
semipopulares ; pero les falta ya el sello popular anónimo y les 
sobra la huella de imitación y el prosaísmo de copleros que es- 
criben en época ya nada épica. Imitaron los romances viejos veo 
menos á fines del siglo xvi y comienzos del xvii los grandes poe- 
tas eruditos é inventaron los romances moriscos. En unos y otros 
sobra pulimento y falta inspiración verdaderamente épica y po- 
pular. El poema épico clásico, á imitación de Tasso y Ariosto, 
viene cultivándose desde el siglo xvi como obra de pura erudi- 
ción, ilusionados siempre sus autores con el sueño de hacer una 
verdadera epopeya, cuando ya no se dan las circunstancias épi- 
cas indispensables ni propiamente hay pueblo, que es la primera 
de todas para que la inspiración sea popular. El formulario re- 
medo clásico de los renacentistas desjarretó á los dos poetas épi- 
cos más sobresalientes de España, que pudieran haber sido poe- 
tas nacionales de cuerpo entero, cuando sólo lo fueron á medias 
por no querer dejar de ser discípulos de los clásicos : Ercilla y 
Camoens. Camoens, sobre todo, hombre nacido para cantar las 
proezas de la raza española en los momentos de su mayor pujan- 
za, fué triste víctima de la imitación clásica. Al Renacimiento de- 
bemos grandes cosas, pero también le debemos el desmedro de la 
lírica y el agostamiento en flor del que hubiera sido nuestro gran 
poeta épico nacional. La antigua epopeya castellana desvióse por 
dos cauces más propios de la Edad Moderna, el teatro y la no- 
vela. Son teatro y novela en España de tan gran valor y origina- 
lidad como la epopeya, de la cual se derivaron. En el siglo xix 
brotó otra hijuela, la leyenda, en romances, cultivada por el Du- 
que de Rivas, Zorrilla y otros muchos escritores románticos. 

La Crónica toma á manos llenas de la epopeya, pero no nació 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. III 325 

de ella en España, como cree Brunetiére que nació en Francia. La 
Crónica escribióse acá en latín y primero en forma de escuetos 
Cronicones. Alfonso X la pone por vez primera en castellano, y 
para ello tiene ante los ojos y aprovecha las historias romanas, la 
Biblia, las crónicas latinas y la epopeya popular. Admitió cada vez 
más elementos caballerescos, confundiéndose á veces con la no- 
vela; pero en las obras principales del reinado de Alfonso XT 
conservó la gravedad histórica y tomó vuelos de verdadera his- 
toria al alborear el Renacimiento. En el siglo xvi Morales, Zu- 
rita y Páez de Castro la fundamentan en documentos, epigrafía 
y medallas, y el último de estos eruditos planea la historia que hoy 
llaman interna, del pueblo, de las costumbres, de la cultura y ci- 
vilización. En el siglo xvii el padre Román de la Higuera y sus 
seguidores, llevados de un celo indiscreto, no sin protesta de otros, 
introducen la piadosa superchería de los falsos cronicones, que en 
el siglo xviii quedan desechados. En este mismo siglo comien- 
zan la impresión de fuentes y documentos y la crítica histórica 
eruditos meritísimos, que á duras penas han sido igualados raras 
veces durante el siglo xix. La historia interna ha dado sus pri- 
meros atisbos en las obras de Altamira y Antonio Ballesteros; 
pero todavía no ha vuelto á renacer la historia artística, que re- 
vive épocas y personajes, con la cual acabó Voltaire y la escuela 
francesa del siglo xviii, sustituyéndola por la seca y farragosa 
historia documentada, que no llega á historia y sólo es almacén, 
más ó menos ordenado, de materiales para labrarla. 

La novela ó relación ingeniosa de una acción fingida, pero 
verisímil, entre personas particulares, preparóse desde el siglo xiv 
con el apólogo oriental, traído en latín por Pero Alonso y vertido 
del árabe al castellano en hermosa prosa en buen golpe de libros. 
Los fabliaux franceses, de los cuales el más antiguo, Richeut, es 
de II 59, y los más de principios del siglo xiii, no entraron en Es- 
paña. Ni hubo aquí, como en Francia, l'émancipation intellectiielle 
du vilain, que dice Brunetiére, ni venía bien el género con nues- 
tras costumbres. Sólo el Arcipreste de Hita, con su socarrón tem- 
peramento, los aprovechó. El cuento medioeval español fué ético 
y grave, como su fuente oriental. En cambio no halló jamás po- 
pularidad el cuento verde á lo Boccaccio, ni los amoríos lascivo?, 
ni aun en la novela picaresca. La novela parece en nuestra lite- 
ratura en el siglo xiv con los 49 cuentos que, con título de Conde 
Lucanor, escribió el infante don Juan Manuel algunos años antes 
de que Juan Boccaccio escribiese en Italia los cien cuentos ó no- 



3*6 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

velas de su Decameron. El Arcipreste de Hita cuenta, aunque en 
verso, sus supuestos amores con doña Endrina. Las novelas Ca- 
ballerescas extranjeras corren desde el siglo xiii y toman vuelo 
extraordinario en el reinado de los Reyes Católicos con la refun- 
dición del Amadís por Montalvo, muriendo á manos de Don Qui- 
jote á comienzos del siglo xvii. A pesar de su espíritu, tan ajeno al 
español, fueron extraordinariamente leídas en España entre la 
gente común, sirviendo de pasto al hambre de aventuras que los 
descubrimientos ultramarinos y las hazañas de los nuestros en 
Europa y África habían despertado. De España pasó su voga á 
todas partes, traduciéndose en varias lenguas europeas. Diríase 
que la novela caballeresca habla nacido en España. Este espíritu 
novelesco, venido de fuera, coloreó, antes de publicarse el Amadís, 
toda nuestra literatura de la segunda Edad Media, haciendo bas- 
tardear la vieja epopeya castellana, como se ve en las varias re- 
fundiciones de la Crónica general y en los poemas eruditos, de la 
popular epopeya más ó menos nacidos. En la Gran Conquista de 
Ultramar, de fines del siglo xiii, hállanse las leyendas del Caba- 
llero del Cisne, de Berta y de Mainete. De la misma época es la 
Historia del Cavallero Cifar, inspirada en fuentes bretonas y fran- 
cesas. 

Visiones cuasi novelescas ofrecen los libros de viajes, tan gus- 
tados en el siglo xv^ como la Historia del gran Tamorlán é Itine- 
rario y enarración del viaje y relación de la emhaxada (1407), 
la Crónica de don Pero Niño (1447), las Andangas é viajes de 
Pero Tafur (1455). La literatura caballeresca encarna en la rea- 
lidad del Paso honroso, redactado por el notario Pero Rodríguez 
de Lena (1434). A este género pertenecen otras relaciones de via- 
jes que siguieron después escribiéndose, y aun las muchas cartas- 
y relaciones de Indias, que ya tienen valor geográfico é histórico. 

De la caballeresca y de la de Boccaccio nació, en el reinado de 
los Reyes Católicos, la novela psicológicosentimental, unida en sus 
orígenes al sentimentalismo gallego de Juan Rodríguez de la Cá- 
mara, que escribió El Siervo libre de amor, verdadera novela ro- 
mánticocaballeresca, ó caballerescosentimental, escrita antes de 
1439. La primera parte autobiográfica está inspirada en la Ftam- 
mefta de Boccaccio ; la segunda, ó Estoria de los dos amadores 
Ardaulie é Liesa, en las ficciones del ciclo bretón y en los viajes 
aventureros. Pero el dechado de este género es la Cárcel de Amor 
(1492), de Diego de San Pedro, novela preparada por El Trac- 
tado de amores de Arnalte y Lucenda, publicado por el mismo 
autor el año antes (149 1). Tienen espíritu caballeresco, psicológi- 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. III 827 

co y sentimental. En 1495 se publicó el Breve tractado de Gri- 
malte y Gradissa, y á poco el Tractado del triste fin de. los amo- 
res de Grisel y Mirahella, obras ambas de Juan de Flores, conti- 
nuación la primera de Fíammetta é imitación la segunda del Filo- 
colo. En 1496 se tradujo la Historia de dos amantes de Silvio 
Piccolomini. La Cárcel de amor influyó no poco en La Celestina. 
En 1 5 13 imprimióse la anónima Question de amor de dos enamo- 
rados, y en 15 14 La Penitencia de Amor de Pedro Manuel de 
Urrea, inspirada en la Cárcel del Amor y en La Celestina, cuyo 
primer acto puso, además, en verso. Dante y Petrarca eran por 
entonces los maestros de la lírica; Boccaccio lo fué de la novela. 
Tal era el poder del arte italiano en los primeros tiempos del Re- 
nacimiento. No lo tuvo menor en el siglo xvi, sobre la novela, 
cuando Montemayor trajo de Italia la pastoril de Sannazaro, que 
vivió medio siglo y engolosinó al mismo Cervantes, que escribió 
La Calatea. Pero entrambos géneros novelescos, el sentimental y 
el pastoril, como extraños al espíritu realista español, duraron lo 
que las rosas. También trajo Cervantes de Italia la novela corta, 
pero como, españolizada, entraba en el molde realista castizo, dio 
en sus manos la gran novela moderna, resucitada más tarde por 
Fernán Caballero en la época realista del siglo xix, tras los medio 
fracasados intentos, durante la romántica, de la románticohistórica 
á 10 Walter Scott. La novela folletinesca, venida de Francia en el 
mismo siglo y que se publicó por entregas y en folletines de pe- 
riódicos, fué, como la novela caballeresca de nuestros tiempos, de 
un mismo espíritu extraño al arte español y que sólo sirvió para 
repastar la gente menuda su sed de curiosidad en narraciones ex- 
traordinarias de aventuras. 

La novela picaresca, género enteramente español, sátira so- 
cial autobiográfica del picaro aventurero, apunta en el Ribaldo 
de la Historia del caballero Cifar y aun en el mozo del Arci- 
preste de Hita y en el libro de Les Dones de Jaume Roig, médico 
de doña María, esposa de Alfonso V de Aragón; redondéase, 
cuanto á la rufianesca y lo germanesco, en las coplas de Rodrigo de 
Reinosa, en La Celestina y en sus continuaciones, y tiene su pri- 
mer dechado en el Lazarillo, al que sigue fecunda y variada prole 
después del reinado de Felipe II, dilatándose casi hasta nuestros 
días. Satíricoerasmiana se presenta y con toda su frescura na- 
tural y flamante en el Lazarillo; satíricomoral y harto grave, sen- 
tenciosa, doctrinaria y con mayores ensanchas en Gusmán de 
Alf aradle ; frondosa en fraseología y voces populares, bien que 
algo desmañada cuanto á trama y caracteres, en la Picara fus- 



328 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

tina; hampesca, germanesca y con toda su humana realidad y su- 
prema elegancia en Cervantes ; ingeniosa y entretenida en Marcos 
de Obregóti, en la Ingeniosa Elena, en la Segunda parte del La- 
sarillo de Luna y en El Diablo Cojuelo; caricaturesca y como he- 
rrada con el fuego satírico en El Buscón. Después los tópicos se 
repiten, aunque siempre con bastante originalidad personal en los 
autores posteriores del siglo xvii. Cuanto á la vida bohemia y 
al ingenio y desenfado, Villarroel hereda el espíritu de la pica- 
resca en el siglo xviii; y no menos, cuanto á lo satíricoliterario en 
Fray Gerundio de Campasas el padre Isla. 

Pero la sátira, tanto en prosa como en verso, cruel ó serena, 
social y privada, humorística ó moralmente instructiva, ofrece en 
la literatura castellana dechados admirables y nunca interrum- 
pidos. Casi toda nuestra literatura hasta la época romántica es 
una sátira grave ó ligera y una pintura con intento moral de la 
gente española. Las dos maneras extremas, la grave moraliza- 
dora y la humorística ligera las hallamos ya en los escritores his- 
panolatinos, en Séneca y Marcial y tienen en nuestra historia 
literaria dos tan originales manifestaciones como son la mística 
y la picaresca. Hablo de la mística en su sentido lato, aludiendo 
á los escritores espirituales, en cuyas obras abundan cuadros de 
costumbres con intento de corregirlas. Nuestra mística, que siem- 
pre va cargada de ascética ó enseñanza práctica de la vida espi- 
ritual activa, hasta en el cogollo más místico, de San Juan de la 
Cruz y de Santa Teresa, trata de llevar al buen vivir práctico, 
es moralizadora y encierra una á modo de sátira, grave y como 
divina. La picaresca tiene un fondo satíricosocial, desenvuelto con 
humorismo muy sutil por manera autobiográfica. 

Otra gran manifestación satírica es el teatro, que desde sus 
comienzos pone en solfa las costumbres para ridiculizarlas ; sobre 
todo puede verse en el bachiller Diego Sánchez de Badajoz, 
en Torres Naharro y en todas las Celestinas. El elemento docen- 
te en nuestros grandes dramaturgos, Lope, Tirso, Calderón, en- 
cubierto entre las flores del arte el propósito moral en todos ellos, 
y más transparente en Alarcón, sin llegar jamás á convertir el 
teatro en lo que llaman obras de tesis, es tan patente, que nues- 
tra dramaturgia distingüese por lo moralizadora. 

Moralizadores e instructivos son todos nuestros primeros mo- 
numentos literarios, apólogos y cuentos, moralidades y sentencias, 
todo ello traído por los árabes desde la India. No otra cosa son las 
obras devotas de Berceo, los cuentos del conde Lucanor y demás 



DE LA LITERATURA CASTELLANA, CAP. III 329 

libros del príncipe don Juan Manuel, la poesía sentenciosa y mo- 
ral del rabí Sem Tob. 

La pura sátira en castellano puede decirse, sin embargo, que 
comienza con el Arcipreste de Hita, que dio vida en su Libro de 
Buen Amor á todos los géneros literarios, pero que es, ante todo, 
una obra satírica, la más grande que se escribió en España, si 
en España no se hubiera escrito el Quijote. 

Sátira en verso de la vida clerical del siglo xiv, que tiene su 
continuación en el libro del otro Arcipreste, el de Talavera, en 
prosa, del siglo xv. Sátira poética es no menos El Rimado de Pa- 
lacio de Pero López de Ayala. En el reinado de Enrique IV la sá- 
tira política popular brota del desbarajuste de la corte y rotura 
consiguiente de costumbres, sobresaliendo las Coplas de Mingo 
Revulgo y las del Provincial. Repitióse la decadencia política y 
rebrotó la popular y política sátira en los reinados de Felipe IV, 
Carlos II y Felipe V, y merced á la invasión francesa á princi- 
pios del siglo XIX. 

Pero ¿en qué época no se escribieron sátiras políticas y de to- 
das clases en España? En la época de los Reyes Católicos siguió 
cultivándose por nuestros dramaturgos la sátira clerical comen- 
zada por los dos Arciprestes, y toma desusados vuelos en la del 
Emperador, con el tono erasmiano por un lado, y con el lucianesco 
por otro. Erasmianos y lucianescos son todos los grandes escritores 
satíricos de aquella época: Cristóbal de Castillejo, los dos Valdés, 
Cristóbal de Villalón, Enzinas, Sebastián de Horozco. Satiricohu- 
morísticos fueron el doctor Villalobos y, sobre todo, fray Antonio 
de Guevara. En el reinado de Felipe II la gravedad de los tiem- 
pos dejó el humorismo y revistióse de moralidad, mayormente en 
los escritores ascéticos. Pero apenas subió al trono Felipe III re- 
aparece la picaresca, nace el teatro nacional con Lope y la novela 
con Cervantes. En los reinados de los dos Felipes, III y IV, la sá- 
tira política, personal y social brota con grande empuje. Cervan- 
tes es el gran satírico, no solamente literario, al burlarse de la 
novela caballeresca, sino social, en el Quijote. Villamediana dis- 
tinguióse en la sátira personal. En la social y política fué insupe- 
rable maestro Quevedo, y en la filosófica, Gracián. Todavía en la 
universal postración artística del siglo xviii sobresalió la sátira 
en las coplas populares, en el agudo Villarroel y en el ingenioso 
padre Isla. Los periodistas festivos del siglo xix recogieron tan 
rica herencia satírica. 

El arte dramático presenta en España una galería de obras 



33o ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

que en variedad, número y grandeza no puede presentar literatura 
alguna. El teatro religioso es muy antiguo; pero sólo conocemos 
el Auto de los Reyes Magos, de origen francés, del tiempo de los 
cluniacenses. Desconocido, como los demás géneros verdadera- 
mente nacionales, aparece en la literatura erudita, como los demás, 
en tiempo de los Reyes Católicos con Gómez Manrique, Juan del 
Encina y Fernando de Rojas. Hay imitación italoclásica en las 
obras de empeño de los dramaturgos de aquella época y durante 
el siglo XVI ; pero el público fué rechazando cuanto no era nacio- 
nal. Autos, églogas y entremeses, sagrados y profanos, tienen su 
mayor valer estético en la fiel pintura de las costumbres, tipos y 
caracteres, sobre todo las piezas escritas en dialecto sayagués ó 
salmantino sobre las costumbres pastoriles. Juan del Encina, Lu- 
cas Fernández, Gil Vicente, Sánchez de Badajoz, Torres Naharro^ 
Lope de Rueda, Timoneda y Cervantes, por una parte; La Celes- 
tina y sus continuadores, por otra, forman un teatro originalísimo^ 
de realidad y humanidad, de color y viveza, de naturalidad y sen- 
cillez inimitables, y no superadas después por los grandes dramá- 
ticos del siglo XVII. Hay, además, un sinfín de piezas cortas anó- 
nimas, que hacen coro á las de los citados autores y de otros de 
segundo orden, más ó menos conocidos. Por su mayor parte, todos 
estos dramaturgos de los siglos xv y xvi son estudiantes ó clérigos 
populares, que se entretienen en abastecer el pedido teatral para 
fiestas en ciudades y pueblos chicos. Alardean de la erudición re- 
nacentista que acaban de aprender y la mezclan con lo nacional, 
pero lo nacional sobrepuja y da el tono. Los eruditos tuvieron em- 
peño en traer la tragedia clásica y en apoyar la comedia italiana; 
pero ni una ni otra llegaron á cuajar. Entre Lope de Rueda y Lope 
de Vega, esto es, de 1560 á 1590, hubo un relativo triunfo del arte 
clásico en la dramática, que retrasó el teatro nacional. En los cole- 
gios de Jesuítas se representaron muchas piezas clásicas hechas 
por los Padres. No menudo esfuerzo y novedad fué la de Lope 
al romper con esta moda para volver á lo popular y nacional. En 
la época de Felipe H es muy de notar que se calló la picaresca^ 
comenzada con El Lazarillo, y se calló el teatro popular de pas- 
tores y gente baja. En cambio, el teatro se hizo clásico y lo popular 
brilló en los escriturarios y oradores. Es el reinado de la gravedad. 
Lope se asió á la vieja epopeya castellana ; abarcó, además, la his- 
toria, la mitología, la hagiografía y la vida presente, fundando el 
gran teatro nacional sobre las anchas y firmes bases de expresar 
la vida en toda su amplitud, juntando lo trágico y lo cómico como 
en ella se halla. Deslumhrados los seudoclásicos del siglo xviií 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. III 33 I 

con la tragedia francesa y la reglamentación de las tres unidades, . 
no tuvieron ojos para ver el teatro nacional, tuviéronlo por gro. 
sero batiburrillo. Ramón de la Cruz volvió al saínete, y Bretón 
á la comedia de costumbres. El romanticismo trajo el drama ro- 
mántico de Rivas y Zorrilla; el realismo, la alta comedia de Ta- 
mayo y Ayala y el drama de Enrique Gaspar. Populares fueron 
en el siglo xix la zarzuela y el género chico. Para los de la gene- 
ración del 98, sucesores de los seudoclásicos del siglo xviii, toda 
esta inmensa galería teatral, de tan variados matices, pero de un 
fondo idéntico, nacional y realista, no vale dos cornados. 

Los mismos señores iconoclastas, modernistas y europeizan- 
tes, han proclamado que no hubo lírica en España hasta que ellos, 
con el modernismo, vinieron; y la razón, la falta de sensibilidad 
de los españoles. En la lírica, como en los demás géneros, hay que 
distinguir la popular y la erudita. La popular, aunque algo se 
trasluce en los escritores medioevales y los cronistas nos la re- 
cuerdan, no se puso por escrito hasta los Reyes Católicos ; desde 
entonces la estudian los tratadistas de música, la glosan los gran' 
des poetas y la imitan los dramaturgos en coplas, letrillas, villan- 
cicos, y la mezclan con la lírica erudita en el teatro. Por la auto- 
ridad de Menéndez y Pelayo sigúese creyendo que la más antigua 
lírica en España fué la galaicoportuguesa, desde San Fernando y 
Alfonso X ; pero esa lírica fué erudita y cortesana. La lírica po- 
pular castellana es tan antigua, sin duda, como nuestro idioma. 
Hasta llegó a influir en la lírica arábiga de España en el siglo xi 
y claramente se ve tal influencia en las canciones del cordobés 
Aben Cuzmán. Las crónicas nos hablan de canciones de victoria, 
de endechas y de otros cantares líricos populares de los siglos xi 
y XI i. Don Lucas de Túy nos recuerda un estribillo popular de 
cuando murió Almanzor: 

"En Cañatañazor 
perdió Almanzor 
ell atamor." 

La Crónica general de 1344 trae prosificada y como convertido 
en romance épico una composición lírica de las que el pueblo can- 
taba en primavera : 

"Por el mes era de mayo, cuando ihace la calor, 
cuando canta la calandria y responde el ruiseñor..." 

De principios del siglo xiii tenemos el cantar con su estribillo 
que trae Berceo, ¡eya velar! 



332 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

En la primera mitad del siglo xiv el Arcipreste de Hita, que 
dio principio á todos los géneros literarios desenvueltos después, 
llevó por primera vez á la literatura escrita la lírica popular de 
todas clases : la religiosa, la amorosa, la estudiantil, la pordiosera y 
de ciegos, la cazurra, la serrana. Esta última merece particular 
mención, por cuanto apenas ofrece parecido con la pastorela del 
Norte de Francia, con la provenzal, que es más cortesana, ni con 
la gallega, más vaga y menos descriptiva. La serranilla de Juan 
Ruiz es de origen popular castellano, se distingue por su metro, 
por su recio realismo y por la pintura nueva de serranas forzudas 
y guerreras que guían al caminante ó defienden los puertos de la 
sierra. Santillana las afinó con su gusto aristocrático y con ele- 
mentos de la pastorela provenzal. En la época de los Reyes Cató- 
licos toman los eruditos del pueblo, al par de los romances, los 
villancicos, coplas y letrillas, sobre todo los dramaturgos, y com- 
ponen otras á su imitación. Del Cancionero de Sbarbi, del de 
Uppsala, etc., y de los tratadistas de música pueden sacarse un 
sinfín de todo linaje de canciones líricas, más ó menos populares, 
muchas de ellas glosadas por los escritores eruditos. Diferenciase 
la lírica popular de la popular epopeya: i.°, en que no feneció ni 
se agotó jamás, y hoy mismo se recoge en colecciones líricas y 
folklóricas; 2°, en los metros cortos; 3.°, en que siempre se cantó, 
generalmente, con acompañamiento de música. 

La lírica erudita escribióse primeramente en gallego desde los 
tiempos de San Fernando y de Alfonso el Sabio, por influjo de 
la corte portuguesa de don Diniz, hasta los Reyes Católicos, épo- 
ca en que la literatura castellana sobrepónese á la portuguesa y 
catalana. Entre los poetas líricos eruditos, cuyas obras se conser- 
van en Cancioneros desde el más antiguo, de Baena, de la segunda 
mitad del siglo xiv y de todo el xv, hay que distinguir varias co- 
rrientes artísticas. De ellas, las únicas que dan valor poético 
á la poesía son la popular gallega, sentimental y melancólica, y la 
popular castellana, sobre todo satírica; las demás, la provenzal 
cortesana, venida de Portugal; la petrarquista y la dantesca, die- 
ron una poesía cortesana conceptista, abstracta, llena de tópicos 
amorosos comunes, de simbolismos fríos y eruditos; en suma, de 
artificiosas imitaciones, repetidas en cien variantes de poca sin- 
ceridad y menor originalidad. El símbolo dantesco y el latinismo 
de lenguaje malearon las obras de los mejores poetas, sobre todo 
del famoso Juan de Mena. Algo más vale la alta poesía moral de 
Gómez Manrique, y sobre todo las célebres coplas de Jorge 
Manrique y la demás lírica religiosa del reinado de los Reyes 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. III 333 

Católicos. En el de Carlos V lucha la lírica italiana, traída por 
Boscán y Garcilaso, con la nacional, y aunque parece vencerla, 
queda de hecho vencida, bien que incorporado el endecasílabo y 
estrofas italianas á nuestra métrica. Herrera funde en sus Odas 
el tono pindárico con el bíblico, fray Luis de León se atiene más 
á los Carmina de Horacio, los Argensolas á sus sermones satí- 
ricos y San Juan de la Cruz se inspira en el Cantar de los Can- 
tares. De este modo, en el reinado de Felipe II se armonizan las 
corrientes clásica, bíblica y nacional en los más grandes poetas, 
Góngora, en su primera época, es dechado del romance, villancico 
y letrilla populares. El clasicismo afina la forma, con mengua del 
sentimiento personal, y en Herrera y otros no menos lo amengua 
el petrarquismo. Lope es admirable en la lírica popular, religiosa 
y profana, y la lleva al teatro juntamente con la italiana, aprove-- 
chando todos los tonos, nacionales y extranjeros. La lírica clásica, 
siempre algún tanto fría, objetiva y marmórea, no sólo por el 
ideal clásico, sereno y abstracto, sino por ser imitación de los an- 
tiguos y de los italianos, bastardea, como toda imitación,» en el 
gongorismo ó cultismo y en el conceptismo, á principios del si- 
glo XVII. Renace la sátira popular en el reinado de Carlos II y en 
el de Felipe V, como en tiempo de Enrique IV, á manera de des- 
ahogo popular contra los desafueros políticos. La égloga seudo- 
clásica, venida de Italia, cunde en el siglo xviii por toda Europa, 
siendo en España Meléndez el principal corifeo, hasta que las 
ideas sociológicopolíticas suenan con retumbo algo herreriano en 
la lira de Quintana. Sucédenle Espronceda, Campoamor, Bécquer, 
Núñez de Arce, Rueda, Rubén Darío y Gabriel y Galán, cada cual 
con su nueva tonalidad, pero todos más íntimamente líricos, más 
individuales y más sinceros que los clásicos, que habían sido imi- 
tadores y algún tanto objetivos por naturaleza. 

La mística halló siempre campo abonado en España, por el 
natural extremoso de nuestra casta, que ó se abraza estrecha- 
mente con el vivir ó se deshace de él, con arranque estoico igual-- 
mente desaforado y rudo en ambos casos ; mira á la tierra y á 
ella se apega como alapa aunque haya de pasar por todas las 
penalidades de los picaros, ó mira al cielo y vuela osadamente 
hacia la inmaculada divinidad. De estos dos extremos nacieron 
la novela picaresca y la mística, géneros exclusivamente nues- 
tros. Famosa es la mística arábiga y judía de los judíos y moros 
españoles, razas que no han solido darse á la mística fuera de 
España, por ser las más apegadas á la carne la una, al oro la. 



334 ESBOZO DE UN ENSAYO CRITICOHISTORICO 

*otra. Aben Masarra, español, convierte en mística española cuan- 
tas corrientes místicas extrañas halla en Oriente. Raimundo Lull, 
convertido repentinamente y á la española de galanteador mun- 

■ dano en místico y apóstol, torna á españolizar ya cristianamente 
todo ese misticismo difuso que de Alejandría y del neoplato- 
nismo corría entre musulmanes. 

Por Aben Masarra pasa á Dante y á la Europa meridional; 
por Raimundo Lull pasa á la Europa septentrional, á los mís- 
ticos alemanes y á Tomás de Kempis ; sufriendo en el Norte y 
Mediodía las transformaciones debidas al carácter de aquellos 
pueblos, dejando ya de ser así misticismo español. De Dante pasó 
á Petrarca, ya más cerebralizado y hecho conceptismo poético y 
amor conceptuoso y platónico. El misticismo de Platón, formu- 
lado como nadie por el español León Hebreo, fué otra corriente 
que desaguó en la mística española erudita, sobre todo median- 
te fray Luis de León y demás renacentistas. Pero la mística 
nacional fué sustancialmente otra y nació de otras fuentes. El 
influjo de Lull (siglo xiii) en nuestra mística del siglo xvi sólo 
es como el de una corriente de tantas que se añaden al gran río ; 
el de Dante y Petrarca fué tan sólo poético en la alegoría y con- 
ceptismo de los poetas de los siglos xv y xvi. 

La defensa de la fe, en la que Lull fué ciertamente de los 
más esclarecidos adalides, pero que fué obra de toda España 
peleando contra la morisma y por Santo Domingo y sus hijos 
contra las herejías medioevales, dando entre ellos como fruto 
principal la inquisición, señalándose tanto nuestras órdenes mi- 
litares de caballería en el campo de batalla como nuestros escla- 
recidos Prelados en los concilios generales, fué la que dispuso 
el terreno para que el florecimiento de la mística llegase á apun- 
tar cuando los Reyes Católicos, juntando en sus manos todas 
las instituciones nacionales dispersas, acabaron de echar de Es- 
paña á moros y judíos y sistematizaron el Tribunal de la Fe, 
y cuando Cisneros comenzó la reforma eclesiástica del clero re- 

; guiar. 

Los orígenes de esta mística española nacional no han sido 
estudiados. Libros de edificación son los de Berceo en verso, 

.las hagiografías y narraciones milagrosas medioevales en prosa, 
que lo mismo se escribieron en España que en Francia. Satírico- 
rreligiosa es la obra del Arcipreste de Talavera. La poesía devo- 
ta y aun mística tuvo gran boga en el reinado de los Reyes Ca- 
tólicos, mayormente entre franciscanos, y no menos entre los 

ícartujanos la prosa. Estas dos órdenes religiosas fueron las que 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. III 335 

pusieron los fundamentos de nuestra mística: los primeros tra- 
jeron la mística franciscana del siglo xiii; los segundos, la mís- 
tica alemana. 

De entrambos y del carácter realista, práctico y nada soña- 
dor de nuestra raza, salió la mística española, merced á la 
reforma que Cisneros emprendió de las órdenes religiosas, si- 
guiéndole San Pedro de Alcántara, Santa Teresa, San Juan de la 
Cruz y San Ignacio de Loyola, enfervorizándose la devoción en 
España para contrastar la rotura de costumbres de la corte roma- 
na y como respuesta la más adecuada á los protestantes alemanes. 
Contribuyeron á ella no menos los estudios bíblicos y patrísticos 
preconizados por Erasmo. Tales son las causas y circunstancias 
que dieron nacimiento y adelanto á la mística. 

En tiempo de los Reyes Católicos se echaron los fundamen- 
tos. Fray Iñigo de Mendoza, franciscano, publicó su Vita Christi 
(1582) y otras obras poético devotas, en las que se encierra el 
'espíritu de la mística franciscana. No menos, sino más, se rezuma 
este espíritu, particularmente el de los Cantos espirituales del beato 
Jacopone de Todi, en el Cancionero del franciscano fray Am- 
brosio Montesino; pero su obra principal fué el Vita Cristi car- 
tuxano roniangado, traducción en elegante prosa, hecha á pe- 
tición de la reina, del Vita Christi del cartujano de Strasburgo 
Landulfo de Sajonia, llamado comúnmente El Cartujano. Im- 
primiéronse sus cuatro hermosos tomos á costa de Cisneros en 
Alcalá (1502-03). 

Este libro, contínuam.ente leído por el padre Avila y Santa 
Teresa y muy aprovechado por los místicos y predicadores del 
siglo XVI, jtmtó el espíritu cartujo alemán y el franciscano ita- 
liano y es, sin duda, la principal fuente de la mística española. 
Juan de Padilla, monje de la Cartuja de Santa María de las Cue- 
vas, llamado El Cartujano, publicó poesías devotas, Retablo de la 
vida de Cristo (1516) tomado del cartujano Landolfo, y Los Doce 
triunfos de las doce Apóstoles (1521). Micer Gonzalo García 
de Santa María tradujo del latín, de Dionisio Cartujano, El Libro 
de las cuatro cosas postrimeras (novísimos, 1491) ; las Vitas pa- 
irurn de los monjes de Egipto y Tebaida, obra de San Jerónimo 
(1491), y el Tratado de las diez cuerdas de la Vanidad del Mundo 
(1494) de San Agustín. Fray Bernardo Boíl, ermitaño de Monse- 
rrate, publicó traducido el Libro llamado Abbat ysach (1489), ó sea 
el /.Tflíir de Rcligionc. El contcmptus mundi se imprimió tra- 
ducido por anónimo, en 1490. Las obras más devotas de San 
ISuenaventura, San Bernardo, vSan Agustín y San Jerónimo se 



336 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

vertieron y tradujeron en la misma época. La versión de las Fio- 
retti, Floreto de Sant Francisco, es de 1492. El bachiller Juan 
Alonso de Logroño, canónigo de Sevilla, tradujo las Contem- 
placiones (1495) del cartujo italiano Gaspar Gozrio. Fray Her- 
nando de Talavera hizo poesías devotas y tratados espirituales. 
La célebre poesía Ven, muerte, tan escondida, es del embajador 
de los Reyes Católicos cerca de la Santa Sede desde 1497, poeta 
castellano y valenciano, Juan Escrivá. El siglo xvi se abre con 
la obra del presbítero toledano Gómez García Carro de dos vi- 
das... vida activa é vida contemplativa (1500), á la que siguió 
su Lamedor espiritual (151 6); y con la de fray Francisco García 
de Cisneros, abad de Monserrate, Ejercitatorio de la vida espi- 
ritual (1500). Del año 1504 es la traducción de dos obras muy 
leídas y citadas por los místicos: Sant Juan Climaco que trata 
de las tablas et escalera spiritual, y Meditaciones de San Anselmo. 
La Subida de Monte Sión por la vía contemplativa salió en 1509 
como del dominico fray Jerónimo de Alcozer, y en 1535 como 
anónima, después como del franciscano fray Bernardino de La- 
redo. De 151 1 es la versión de las obras de Santa Catalina de 
Sena. Otras varias obras espirituales se publicaron, sobre todo 
las del franciscano fray Alonso de Madrid ; pero hay que poner 
punto y aparte con fray Francisco de Osuna, franciscano, que pu- 
blicó su primer Abecedario spiritual en 1528, y con el padre Avi- 
la, que publicó el año 1538 el Audi filia, escrito en Ecija el año 
1530. Entrambos pueden considerarse como padres de nuestra 
mística. 

Sus obras fueron cotidiana lectura de Santa Teresa y de toda 
España y fuente de donde sacaron ideas y hasta párrafos enteros 
todos nuestros escritores espirituales. El maestro Sánchez Cirue- 
lo publicó también obras de devoción y Contemplaciones muy de- 
votas... con un tratado de teología mística (1547). Hijuelas de 
nuestra mística y ascética, que son acá una misma cosa, puede 
decirse, fueron los tratados exegéticos en romance y los sermo- 
narios, en forma de homilía, á la manera de los Santos Padres,, 
verdadera oratoria cristiana en que se declaran al pueblo la Bi- 
blia y los Padres y se corrigen y reprenden las costumbres. Fue- 
ron todas estas obras espirituales manifestación del espíritu cató- 
lico, sincero y ferviente, que animó á España en aquel dorado si- 
glo, contrarreforma ó reforma verdaderamente cristiana y moral, 
ante la herética y cismática de los protestantes. Por ellas llegó 
á la literatura toda la riqueza del habla popular. El espíritu de 
los tiempos que corren no es muy favorable al estudio de esta 



DE LA LITERATURA CASTELLANA. CAP. III 33/ 

parte principalísima de la literatura castellana; pero la historia 
de la mística española, el día que se escriba, mostrará su extra- 
ordinario valor literario, filológico, psicológico y religioso. Es 
un tesoro riquísimo en todos conceptos. ¡ De cuan alto caímos y 
cuan por lo bajo nos arrastramos hoy en día ! Olvidado todo aquel 
tesoro, las personas devotas mantienen el espíritu con lecturas 
de libros espirituales extranjeros, y cuando alguno de aquellos 
admirables libros nuestros se reimprime suele caer en manos de 
impresores catalanes que osan corregir aquel decir divino, mo- 
dernizándolo ¡ mal pecado ! con galicismos y frases plebeyas. 

En el género epistolar puede ofrecer la literatura castellana 
hermosísimos dechados. Un sinfín de cartas confidenciales de 
muchos autores y de hombres célebres por varios conceptos ya- 
cen todavía en archivos y docvunentos sueltos, aguardando á ser 
publicados ó recogidos. Poco se ha hecho todavía en esta materia 
tan importante, sobre todo si se compara con las que se han publi- 
cado en Francia. No tenemos, sin embargo, que envidiar á nación 
alguna la primacía en este género, si se exceptúan, acaso, las 
que escribió Cicerón. En el mismo latín tenemos ya las Cartas ó 
LuciHo, de nuestro Séneca, de las más celebradas en el mundo. 
En la época de los Reyes Católicos son modelo de doctrina po^ 
lítica y cortesana y no menos de estilo y lenguaje las de mosén 
Diego de Valera. las de Hernando del Pulgar, las de Villalobos, 
las de Gonzalo de Ayora, y por su asimto del descubrimiento de 
América, las importantísimas de Cristóbal Colón, En el reinado 
de Carlos V fueron célebres en toda Europa las Epístolas fami- 
liares de don fray Antonio de Guevara. La del Bachiller de Ar- 
cadia y la respuesta del Capitán Saladar no les van en zaga en 
humorismo. El Epistolario del beato Juan de Avila y las de Cor- 
tés al Emperador sobre la conquista de Méjico no hay para qué 
ponderarlas. Pero quedan sobre toda ponderación las de la época 
de Felipe II : las de Santa Teresa, las elegantes, ingeniosas y hu- 
morísticas de Eugenio de Salazar y las del secretario Antonio Pé- 
rez. En el siglo xviii merecen citarse las Cartas eruditas del padre 
Feijóo, las Cartas familiares del padre Isla y las Cartas Marrue- 
cas, de Cadahalso. 

La historia literaria y mayormente la crítica, por ser obras 
de reflexión ya adelantada, no se revelan en la historia sino 
muy tardíamente. Son la última manifestación, puede decirse, del 
;»rte literario. A modo de noticias y con crítica más ó menos 



338 ESBOZO DE UN ENSAYO CRÍTICOHISTÓRICO 

discreta hállase por primera vez algo de esto en los dos más 
cumplidos literatos del siglo xv, humanistas en cierne, grandes 
conocedores el uno del arte provenzal, don Enrique de Villcna; 
del arte italiano el otro, el Marqués de Santillana. El Arte de 
trovar del de Villena ó Arte de la Gaya Sciencia, y el Prohemio 
ó carta que envió al Condestable de Portugal con las obras suyas 
de Santillana, son los más antiguos documentos de historia y 
crítica literaria en España. En el prólogo de su Cancionero dijo 
algunas ideas estéticas harto vagas y sutilizadas Juan Alfonso 
de Baena, Nebrija se atuvo al lenguaje castellano y mirándolo 
con ojos de humanista latinizante. El Comendador griego, Hernán 
Núñez de Toledo, fué acabado humanista que anota obras anti- 
guas, glosa el Laberinto y funda la paremiología. esbozada tan 
sólo en los Refranes, que corren como del ^Marqués de Santillana. 
Hay que llegar hasta el Diálogo de la lengua (poco antes de 1536) 
de Juan de \'aldés, para hallar algo macizo en punto á crítica de 
autores, cuanto al lenguaje y al estilo, hasta fray Miguel Salinas 
para tener la primera Rhetorica en lengua castellana, Alcalá, 1541 ; 
y hasta Alonso García Matamoros para dar con algo que ataña á 
historia literaria en su obra De adserenda Hispanorum eruditione 
(1553). El Brócense (1574) y Herrera (1580) en sus Anotaciones á 
Garcilaso, vertieron algunas ligeras ideas estéticas y Simón Abril 
expuso otras muy originales pedagógicas y críticas sobre los clási- 
cos antiguos y el modo de aprovecharse de ellos. Juan Huarte de 
San Juan filosofó sobre el Examen de Ingenios (1575). Francisco 
de Medina escribió su admirable Discurso sobre la lengua castella- 
na (1580). La Retórica clásica, tomada de Aristóteles, Cicerón y 
Quintiliano, fué expuesta por los Jesuítas, sobre todo desde el pa- 
dre Cipriano Suárez (1565). El padre Diego García Rengifo es- 
c